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miércoles, 30 de julio de 2014

Misas negras satánicas en la corte de Luis XIV, el rey Sol: Venenos, Brujería y Glamour (1443)


Julie, chevalier de Maupin
Charlotte Brandstrom 2004
Guión: Bruno Dega y Patrick Laurent
Sarah Biasini (hija de Romy Sshneider)
Sinopsis: Julie tiene una marca a fuego en la espalda con el número de la Bestia (666) sobre los blasones de sus padres que la intentaron sacrificar a Satanás en una "misa" negra de la que sobrevivió. Julie busca a sus padres en la corte de Luis XIV



Son varias las damas que durante el reinado de Luis XIV solventaron su rivalidad a punta de espada, un tiempo en el que se estima que había en París más de diez mil duelistas entre el Barrio Latino y el Faubourg Saint-Germain. La más famosa de las mujeres es tal vez Julie d’Aubigny, llamada La Maupin, igualmente conocida por haber sido cantante en la Opera de París. Por su nacimiento, pudo haber aspirado a una vida cómoda, repleta de lujos y caprichos, pero no era eso lo que ella buscaba. Julie, ardiente, anhelaba la emoción de la aventura, y sabía cómo encontrarla. Las proezas de la dama, de la que se afirma que dio muerte o hirió al menos a diez hombres en otros tantos duelos, inspiraron a diversos novelistas, incluido Théophile Gautier. Leer más:

Veinte años después de la coronación de Luis XIV como su rey, Francia gozaba de la supremacía política, militar, lingüística y artística de Europa. Los galos vivían el máximo esplendor de las artes, la cultura, el refinamiento y el buen gusto. Para ese entonces, el monarca francés conocido como “El Rey Sol” había establecido a toda su corte en Versalles donde obviamente se encontraban sus amantes. Estas señoras, de cuyos maridos el monarca se ocupaba apropiadamente de enviar a algún campo de batalla, generalmente asistían a la reina como sus cortesanas.

Entre las “favoritas” de Luís XIV más conocidas se encuentran Louise de La Vallière, Athénaïs de Montespan y Madame de Maintenon, quien se convertiría en su segunda esposa. Los franceses, particularmente los cortesanos, orgullosos de los logros de su amado soberano eran fieles al pensamiento cartesiano y racionalista, por lo que no daban lugar a la creencia en ritos satánicos, misas negras, brujas y menos aún en hechizos, al menos eso creían sus vecinos.

A lo que sí temían, era a los envenenamientos. Los venenos más populares por aquella época eran el arsénico y el antimonio que solían administrarse mediante enemas, procedimiento que se llevaba a cabo para contrarrestar las excesivas comilonas. Desde la época de Catalina de Médicis nadie dudaba de la efectividad del método y cuando la duquesa de Orleáns, Enriqueta de Inglaterra, murió con terribles dolores se pensó que había sido envenenada. Pero que el uso del veneno era una práctica difundida en Francia, quedó al descubierto con la condena a tortura y decapitación de la esposa de un oficial del rey. Ésta hallada culpable de cometer excesos sexuales tales como el incesto, había envenenado a su padre y a sus dos hermanos. Lo que nadie imaginó fue que una nueva investigación en torno al caso, cubriría con una sombra de sospecha a la mismísima refinada corte de Luis XIV.

Todo comenzó cuando en 1677 detuvieron a una adivina Magdeleine La Grange, acusada de colaborar en el envenenamiento y muerte de una persona, quien para defenderse solicitó entrevistarse con el poderoso Ministro de Guerra del rey, el marqués de Louvois. En su solicitud aseguraba que tenía información sobre un complot que se estaba gestando para asesinar al monarca y al Delfín (título nobiliario aplicado a los príncipes herederos al trono francés que fuesen hijos legítimos del rey). Entonces la adivina fue trasladada a la Bastilla (reservada para los presos políticos) mientras que la investigación se encomendó a un hombre de confianza de Louvois: Nicolás Gabriel de La Reynie, quien desde hacía una década ostentaba el cargo de Jefe de Policía de París.

La Reynie estaba convencido de que había una conspiración en marcha que podría desestabilizar al Gobierno, por lo que ordenó llevar a cabo redadas de videntes y adivinas. Entonces se comprobó que las pitonisas además de ejercer la clarividencia y tirar el tarot, se dedicaban a vender filtros de amor, afrodisíacos y maleficios; que también realizaban abortos, y que si lo creían conveniente, sugerían a sus clientes el uso del veneno. De los interrogatorios surgían nuevos culpables de rango social cada vez más elevado, cuyos crímenes eran escalofriantes. Como las personas detenidas se tornaban más y más numerosas, Luís XIV siguiendo el consejo de Louvois, decidió crear una Comisión cuyos miembros eran 14 jueces escogidos de lo más alto de la magistratura, con el objeto de llevar adelante las investigaciones que tuvieran que ver con el uso de venenos. Esta Comisión que actuaba con absoluta reserva, asumió el nombre de “Cámara Ardiente”.

En 1679 se produjo el encarcelamiento de las adivinas Marie Bosse y Catherine Monvoisin (llamada Voisin) y del mago Adam Coeuret (alias Lesage), quienes confesaron haber realizado envenenamientos por encargo, además de haber hecho abortar a varias mujeres. También declararon haber realizado misas negras y ritos satánicos donde se sacrificaban niños recién nacidos. De la confesión de Lesage surgió que el mariscal de Luxemburgo (estimado por Luis XIV) le había pedido que oficiara un ritual satánico que lo pusiera en contacto con el mismo diablo para ser victorioso en las batallas, por lo que el mariscal purgó varios meses en la Bastilla. Asimismo, hubo pruebas contundentes de que la Voisin había sido contactada por la condesa de Soissons, sobrina de Mazzarino (Primer Ministro de Luis XIII) para envenenar a la duquesa de La Valliere, que la había desplazado con sus encantos de los favores, el amor y la recamara del rey.

Cuando la Voisin fue condenada a la hoguera en 1680, el resto de los detenidos acusaron ni más ni menos que a Madame de Montespan que en ese momento era la amante favorita del monarca francés, de que les había encargado filtros de amor para mantener al rey a su lado; también según refirieron, les había comprado veneno para matar a Mademoiselle de Fontanges y había participado en misas negras “oficiadas en su vientre desnudo por un siniestro prior llamado Guibourg acompañadas del sacrificio de un niño recién nacido” (Craveri). 

Las acusaciones que eran proclamadas siempre bajo tortura, se tornaban cada vez más macabras y afectaban a gran parte de la numerosa corte del rey, y por si fuera poco, en todo este escándalo no se encontró atisbo de conspiración contra el monarca y el Delfín. Por tal motivo, en 1682 la Comisión que se había reunido más de 200 veces y que había ordenado más de 300 detenciones, fue disuelta por El Rey Sol. Asimismo, a través del Real Decreto del 31 de agosto de 1682, fue regulada estrictamente la venta de los venenos, y fue convertido en delito realizar prácticas supersticiosas y artes ocultas. Supuestamente, la Comisión o la “Cámara Ardiente”, había contribuido a deformar la verdad, según sostuvo Colbert (administrador de las Finanzas del reino) cuando Luís XIV le consultó por la investigación que implicaba a su amante predilecta. Es más, aparentemente Louvois habría utilizado este escándalo a través de su hombre de confianza La Reynie, para debilitar a los grupos de poder que le eran hostiles, entre ellos Madame de Montespan, que era pariente y amiga de Colbert. 

Lo que este asunto dejó al descubierto es que los cartesianos franceses no eran tan racionales, y lo llamativo es que en 1709, a la muerte del Jefe de Policía, Luís XIV se hizo entregar la documentación que vinculaba a Madame de Montespan con el asunto de los venenos, las misas negras y los filtros de amor; y personalmente se deshizo de las incómodas pruebas arrojándolas al fuego. El Rey Sol en sus Memorias del Arte de Gobernar, escritas para el Delfín, redactó un largo capítulo titulado “Precauciones políticas en sus amores”, donde entre otras apreciaciones sobre el trato que el monarca debía dispensar a sus amantes, decía que "es difícil tomar precauciones cuando se está enamorado, pero que en situaciones difíciles es donde se demuestra la virtud del príncipe". Y sin duda esta era una “situación difícil”, es probable que Luís XIV no haya creído en las acusaciones que le hicieron a aquella mujer que además de ser su amante, era la madre de sus 8 hijos ya que si él hubiera querido, obviamente podría haberla confinado en un convento, o podría haberse deshecho de ella desterrándola o en el peor de los casos, podría haberla condenado a muerte. Sin embargo, curiosamente, sea por amor o producto de los hechizos y conjuros, Luis XIV le permitió a Madame de Montespan permanecer en la corte gozando de todos sus beneficios, al menos por 10 años más. Leer más:


AHORA YA LO SABES!
Lic. Alicia Di Gaetano (20 de julio de 2011)

Bibliografía:
1. Craveri, Benedetta, Amantes y reinas, El poder de las mujeres, México, Ediciones Siruela 2006
2. Luís XIV, Memorias sobre el Arte de Gobernar, Buenos Aires, Espasa-Calpe Argentina 1947