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martes, 14 de octubre de 2014

Escritores Leoneses: de Juan del Encina y Padre Isla a Enrique Álvarez "Garabandal, la sonrisa de la Virgen" (1547)

Poeta, Músico y Dramaturgo
(Fermoselle 1468 – León 1529)

Autor del Pre-Renacimiento español en la época de los Reyes Católicos. Perteneció, junto a Juan de Anchieta entre otros, a la primera época de la llamada escuela polifónica castellana, una de las más importantes de España, y que mejor representa su evolución. Alcanzó gran altura lírica en sus glosas y villancicos. Como dramaturgo está considerado iniciador y patriarca del teatro español. Su arranque se puede fechar en la Navidad de 1492 cuando representó ante los duques de Alba dos églogas dramáticas en que unos pastores anuncian el nacimiento de Cristo.
León: Instituto Padre Isla
Novelista y Religioso jesuita 
(León 1703 – Bolonia 1781)

Aunque nacido accidentalmente en Vidanes (cerca de Cistierna) en la montaña oriental leonesa, pasó su infancia y adolescencia en la villa de Valderas de donde era su madre oriunda, en el sur de la provincia de León. Precoz, despierto y de inteligencia superdotada, fue desde niño un lector compulsivo y se graduó de bachiller en leyes a los once años de edad, según su biógrafo José Ignacio de Salas, e ingresó en la Compañía de Jesús con dieciséis (1719) en el noviciado de Villagarcía de Campos, estudiando filosofía y teología en la Universidad de Salamanca.

A los diecinueve tradujo la Historia del emperador Teodosio de Flechier. En colaboración con un profesor, el también jesuita, padre Luis de Losada (1681-1748), escribió La juventud triunfante (Salamanca, 1727), descripción en prosa y verso, con cuatro comedias intercaladas, sin nombre de autor, de las fiestas celebradas con motivo de la canonización de san Luis Gonzaga y de san Estanislao de Kostka. Fue profesor de Filosofía y Teología en Segovia, Santiago de Compostela, Medina del Campo y Pamplona; en esta última población tradujo el Compendio de Historia de España del padre Duchesne y el Año cristiano del padre Jean Croisset; destacó también como predicador en Valladolid y Zaragoza. El marqués de la Ensenada lo propuso como confesor de la reina doña Bárbara de Braganza, pero él no aceptó.

Publicó bajo el nombre ficticio de Francisco Lobón de Salazar, beneficiado de Aguilar y cura de Villagarcía de Campos, la más importante de sus obras, la primera parte de la Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, en 1758, que se agotó en tres días y cuyo éxito quedó maculado por la Inquisición, que en no menos de un mes tomó cartas en el asunto y prohibió la obra; sin embargo la segunda parte se publicó en 1768, ya exiliado el autor, en edición clandestina, también prohibida por la Inquisición. Se trata de una novela de muy escasa acción, en la que se conjugan del modo más extraño dos elementos: una narración novelística satírica y burlesca acerca de los malos predicadores, que aún seguían el estilo pomposo y pedante de los predicadores gongorinos del barroco, y un tratado didáctico de oratoria sagrada. En esta combinación intercala el autor además diversos cuentos y chascarrillos; se percibe en la obra el influjo de la novela picaresca y de Cervantes y lo que más destaca en la misma es su ingenio y su ironía, a pesar de su prácticamente inexistente acción. De la obra se agotaron los 1500 ejemplares de la edición en tres días.

Durante varios años residió en Villagarcía de Campos (Valladolid), hasta que la Compañía fue expulsada de España en 1767. Muy enfermo partió de Pontevedra y pasó por Córcega y distintas ciudades italianas hasta instalarse en Bolonia, donde fue hospedado por los condes Tedeschi en su Palazzo; allí tuvo asiduo trato con los estudiantes españoles albergados en el Real Colegio de España fundado por el cardenal Gil Álvarez de Albornoz; durante su destierro mantuvo correspondencia en un estilo llano, casero y afectuoso con su hermana doña María Francisca de Isla, correspondencia que formó el volumen Cartas familiares; en Bolonia se entretuvo realizando diversas traducciones, como la de las Cartas de Jose Antonio Constantini en ocho tomos, que acabó en los Estados Pontificios, del Arte de encomendarse a Dios del padre Bellati y la de la famosa novela picaresca de Alain René Lesage, Gil Blas de Santillana, en cuyo prólogo acusó al autor francés de haber saqueado y traducido diferentes novelas españolas del género para componer la suya; esta traducción fue impresa en 1787 y 1788; la traducción tuvo tal éxito que se conocen no menos de cincuenta y seis reimpresiones antes de comenzar el siglo XX.

«Escritores de la provincia de León»
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Escritor y Académico
 (Villablino-León 1942) 

Nació en Villablino, pueblo minero de las montañas del noroeste de León situado en el centro de la comarca de Laciana. Su padre, Florentino Díez, era secretario del Ayuntamiento de ese municipio leonés y el futuro escritor nació precisamente "en la vieja casona consistorial, asentada en el corazón del valle sobre el antiguo solar donde un día se alzó la Torre que erguía el recuerdo de los concejos ancestrales".

A los 12 años, se trasladó a León donde su padre había sido nombrado secretario de la Diputación. Luis Mateo estudió el bachillerato en el colegio leonés Nuestra Señora del Buen Consejo y en 1961 ingresó a Derecho en la Universidad Complutense de Madrid; finalizó la carrera en Oviedo.

Entre 1963 y 1968, participó en la redacción de la revista poética Claraboya junto a Agustín Delgado, Antonio Llamas y Ángel Fierro. Por ese entonces aparecieron sus primeros poemas, que fueron reunidos en 1972 en Señales de humo.

Sin embargo, su creación lírica fue efímera y dejó paso definitivamente a la ficción narrativa. Su primer libro de cuentos, Memorial de hierbas, apareció en 1973 y su primera novela, Las estaciones provinciales, casi 10 años más tarde, en 1982. A estas le han seguido muchas otras, algunas de las cuales han obtenido prestigiosos premios, como La Fuente de la Edad (1986) o La ruina del cielo (2000; ambas Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica).

Algunas de sus obras han sido adaptadas al cine. Así, el cuento Los grajos del Sochantre ha sido llevado a la pantalla grande por José María Martín Sarmiento (Chema Sarmiento) en El filandón (1984), película en la que se relatan cinco historias (Díez relata la suya; y lo propio hacen Pedro Trapiello con Láncara, Antonio Pereira con Las peras de dios, José María Merino con El desertor y Julio Llamazares con Retrato de bañista); la novela La fuente de la edad fue rodada en 1991 por Julio Sánchez Valdés para Televisión Española. Sarmiento también adaptó Los males menores en 2011 bajo el título de Viene una chica, película de la que Díez fue coguionista.

Ingresó en 1969, por oposición, en el cuerpo de Técnicos de Administración General del Ayuntamiento de Madrid, convirtiéndose en jefe de su servicio de documentación jurídica. Fue elegido miembro de la Real Academia Española el 22 de junio de 2000 y tomó posesión sillón "I" el 20 de mayo de 2001. Es patrono de honor de la Fundación de la Lengua Española y miembro habitual de un gran número de jurados de concursos de cuento y de novela.

Garabandal
"La sonrisa de la Virgen"
Enrique Álvarez 2010

Mesa de presentación del Libro
Santiago Lanús (Autor)
Madre Nieves (Formadora de Conchita)
Javier Paredes (Catedrático y Editor)
Juan Manuel de Prada (Escritor)
Enrique Álvarez (Novelista)
*****
"María Madre de Dios y Madre nuestra
Fátima-Ámsterdam-Garabandal"
Literatura Leonesa Actual
Suplemento FILANDÓN
Nicolás Miñambres 
(20/03/2011)

Tristemente, la desaparición de nombres excelsos como Antonio Pereira o Victoriano Crémer, no tan lejanas, nos obligan a recordar el inexorable cumplimiento de la ley biológica. A pesar de ello, Victoriano Crémer sigue presente. En un marco universal como es la Feria del Libro de Guadalajara, hubo múltiples actos con la literatura leonesa como eje central y, de forma concreta, su obra. 

Gonzalo Santonja (receptor junto con Adolfo Alonso Ares de la obra) presentó la última versión de sus memorias, Los cuadernos de la pelea. Una obra de la que les había hecho entrega pocos días antes de su muerte. Una salvedad debe quedar patente en estas líneas. No faltan en esta relación de autores y obrasdisfunciones cronológicas: algunas de las obras incluidas en este panorama no pertenecen al año que acaba de terminar. Hay una explicación básica que puede servir de atenuante, la imposibilidad de leer o publicar el comentario de todas las obras llegadas a nuestro suplemento Filandón . Y, en algún caso, el desconocimiento de alguna de estas obras, explicable casi siempre por la falta de interés de su autor para que se divulgue un comentario sobre ella. La avalancha de publicaciones leonesas es inabarcable y es, por otra parte, el mejor índice de la buena salud de la que disfruta nuestra literatura. Para facilitar la estructura y el orden del presente trabajo, estas líneas se ajustarán a la distribución habitual, siguiendo las distintas tendencias que presenta la narrativa actual y, por tanto, la leonesa.

Novela histórica
La caída del Imperio Romano sirve de marco, aunque sólo de forma abstracta para la novela de Margarita Torres La profecía de Jerusalén , en la que (en un amplísimo escenario, que incluye espacios leoneses, y con relaciones complejas muy ricas) se refleja el nacimiento de un cristianismo emergente dentro de las turbulencias del Imperio. No faltan otros elementos misteriosos, como esa «profecía» cuyas claves llegan hasta José de Arimatea, dotando a la obra de gran originalidad temática. Entre novela histórica y novela negra bascula el contenido de su segunda novela, La cátedra de la calavera, ambientada en la Salamanca del siglo XVI y con una serie de personajes femeninos (como son Isabel de Vargas y Luisa de Medrano) de gran relevancia en la obra. 

La Edad Media sigue siendo un momento histórico atractivo para los novelistas leoneses, que aportan obras diversas que evocan ese momento desde perspectivas diferentes. Ángel Fierro, en El contador de vientos , ofrece una mirada plena de referencias culturales, centrada en la música, la poesía y las tradiciones populares. La presencia de oficios seculares como el herrero o el cantero sirven de testimonio de un mundo ancestral. Junto a ellos, las niñas son símbolo de los sentimientos más delicados, aunque con el peligro de sufrir los embates de la brutalidad humana. 

Medieval es también el ambiente en el que se sitúa la obra de Ricardo Puente, La alicornia de San Pedro , con la presencia de ese animal mitológico que en sus encuentros con Valerio («un pastor de once años») le sirve al escritor para trazar una bella y divulgativa imagen del mundo medieval en un paisaje de ecos bercianos. 

La mirada de Luis Fernández-Arias Argüello en El señor de Poladura y la daga mágica se inclina por la Reconquista en tiempos de Enrique IV, El Impotente. La presencia de judíos, moros y cristianos, ofrece un panorama rico en sucesos y aventuras, cuya clave, una daga mágica, tendrá influencia decisiva en el desenlace. 

Medieval es también la ambientación de El enemigo de Roma , novela en la que Antonio Martínez Llamas desmonta convencionalismos hagiógráficos en la persona de San Francisco de Asís, ofreciendo desde la perspectiva de la medicina, una imagen novísima del santo que incluye una visión inesperada y renacentista del sentimiento del amor y una actitud de valiente rebeldía ante la iglesia triunfante representada por Roma. 

Juan Manuel Sainz Peña, en La mano de Dios presenta un caso de filantropía cristiana en el siglo XIV. Pablo, un niño huérfano encuentra en fray Julián el apoyo necesario para vivir en un mundo de pobreza y miseria.

Entre lo histórico y lo estético hay que situar la novela de José Luis Rodríguez El tercer concierto , una bella y desgarrada evocación de la vida de Friederich Chopin, con una interpretación biográfica novedosa. 

El bañezano Javier Menéndez Llamazares dio a la luz una novela extensa y ambiciosa, El método Coué. Protagonizada por un joven español alistado en la División Azul, familiar lejano del autor, el protagonista presenta una brillante trayectoria personal, que le lleva a convertirse en persona relevante y, sobre todo, en testigo de la delicada situación de un Berlín destrozado al final de la guerra. 

La Alemania de entreguerras es también el escenario de El gris , obra, entre el género negro y la visión histórica, en la que Javier Pérez retorna al espacio germánico donde ya había ambientado alguna obra anterior. En la novela el comisario Müller tendrá que resolver, en un mundo de crisis y turbulencias, los crímenes que, con un punzón, Lothar lleva a cabo. 

Un espacio y un tiempo que van desde la Europa de entreguerras hasta el Madrid de los ochenta, pasando por Budapest, Moscú, la Valencia de la guerra civil y espacios leoneses, sirve de marco a las tribulaciones familiares, especialmente femeninas, descritas por Marifé Santiago Bolaños en La canción de Ruth.

Novela negra
Un género tan en boga como la novela negra no ha escapado a la atención creativa de los escritores leoneses. Alejandro Gallo, un maestro del género, en Operación Exterminio novela unos hechos ocurridos entre 1946 y 1948, y en los que aparece como objetivo esencial la guerrilla republicana. Un sabio manejo literario de los dos planos esenciales (el de los ambientes políticos y militares y el apasionado recuerdo de María Libertad Llaneza García, convertida en escritora con el paso de los años), dotan a la obra de un planteamiento nada tópico. 

Noemí G. Sabugal sitúa El asesinato de Sócrates en San Martín, una ciudad que puede ser León. La muerte de Fernando Gómez Fuentes (un conocido periodista, conocido como Sócrates en los ambientes culturales y bien relacionado socialmente) es la tarea que se le plantea a Marcos Robles, un comisario que recibe un tratamiento muy humano en la obra.

Aunque pueden ser consideradas novelas de teórico ambiente religioso las que se indican a continuación (ambas tienen clarísima vinculación con el mundo del Vaticano) se trata en realidad de novelas pertenecientes a este mismo género. Rafael Paz Fernández en La mujer del Papa , protagonizada por un personaje leonés, elabora una trama de grandes implicaciones mundiales, con el Vaticano como eje decisivo. 

Diego Buenosvinos, por su parte, en El llanto del ángel ofrece una novela trepidante, en la que el tráfico de órganos es el motivo central, con abundantes implicaciones históricas y mundiales.

Al campo de la novela negra pertenece la obra de Oscar M. Prieto Love is a game , novela de claras conexiones culturalistas, como se observa en la presencia de ciertos personajes, desde Alfred Jarry a Banski. Muy peculiar resulta el detective Óscar Palmer. En el ambiente madrileño el detective aprovecha sus secretos psicológicos y oníricos para evitar o solucionar ciertas situaciones. A lo peculiar de su condición se une el ambiente filosófico-estético que flota en muchos momentos de la obra.

Aunque no sea propiamente una novela, la amenidad con que Fermín Cabal presenta la personalidad de Vicente Enrique y Tarancón en Tarancón. El Quinto Mandamiento , justifica su presencia en estas líneas.

Escenarios exóticos y novela psicológica
No es preciso el epígrafe, pero puede servir para englobar una serie de títulos que se alejan de forma clara de los espacios leoneses, tan frecuentes en nuestra narrativa, e incluso de los nacionales. Es el caso, por ejemplo, de José María Menéndez López que, en Memoria del odio , lleva a cabo una actualización de los cuentos tradicionales, en colaboración con las observaciones de su hijo, atento oyente y agudo observador. 

De muy novedosa hay que calificar la novela de Miguel Paz Cabanas, cuyo título anticipa de alguna manera el tratamiento narrativo, El viaje del idiota, una original utilización de técnicas poco usuales en la narrativa española: el sentido del esperpento, el expresionismo y un curioso aprovechamiento del absurdo. 

Kafkiana resulta en buena medida parte de la novela de Miguel Ángel Otero Furelos, Detrás de un retrato, una crónica de pasado y del presente, desarrollada en llamativas situaciones. Entre Madrid y Vadinia, escenario muy leonés, discurre la experiencia vital de Anselmo descrita en Regreso a Vadinia , con un futbolista retirado a la montaña de León, que vivirá la nostalgia de viejos amores y un extraño sentimiento de panteísmo en ciertos momentos. 

Casi una saga familiar es el contenido de La senda de aquella mina , una crónica de la dureza vital reflejada en la trayectoria de Ricardo Ceol. 

Un caso relevante de estos mundos distintos es lo recreado por Enrique Álvarez en "Garabandal, la sonrisa de la Virgen". Las extrañas apariciones de la Virgen a unas niñas en esta población santanderina allá por los años sesenta fue un extraño acontecimiento. En la novela, el autor profundiza en aspectos todavía necesitados de alguna explicación.

En Pervivir en la memoria, Julio Mauriz plantea una novela de mensaje humano. El retorno de Augusto a Villafranca y su propósito de enmienda será el comienzo de una serie de experiencias vitales de doble sentido: tristes al comprobar la decrepitud que lo martiriza y alegres, o al menos nostálgicos, al recordar con su cuñada Alicia, su cuidadora, el tiempo que se fue. 

Tragicómica es la historia narrada en La ciudad casual por Juan González de las Casas. La historia de las hermanas Zoiletas, modelo de fealdad y adustez, cambiará cuando una de ellas consigue ser llevada al altar.

Trasfondo autobiográfico
Un apartado especial exige el tono autobiográfico de algunas obras. Es el caso, en primer lugar, de Luis Mateo Díez, presente con una obra de belleza sobrecogedora y dramática, Azul serenidad o la muerte de los seres queridos. El recuerdo de esos seres que se fueron, en condiciones muy distintas, le permite rescatar su imagen a través de semblanzas de gran hondura, no exentas de sentido trágico en algún caso. Luis Mateo ha sido reeditado una vez más, de forma complementaria en lo literario y lo audiovisual, en la obra Luis Mateo Díez. Antología y voz. 

De educación sentimental, pero sobre todo literaria (y, especialmente, quevedesca) puede considerarse el libro de José María Merino, Las antiparras del poeta burlón. La asimilación de la obra de Quevedo, con la orientación del padre del poeta, le permitirá ir adentrándose en los secretos de composición literaria, arma arrojadiza, burlesca en ese momento, contra compañeros y profesores. 

Una simbólica autobiografía literaria es la que presenta Raúl Guerra Garrido en Quien sueña novela , título que se presenta casi con aires de retruécano: «quien sueña no-vela». El recorrido urbano que lleva a cabo el escritor es paralelo al recorrido de sus recuerdos, actualizados con nitidez en estas páginas.

No faltan testimonios de verdadera autobiografía, en forma de memorias. Sirvan de muestra dos obras escritas, curiosamente, por dos «músicos» leoneses. En Un hombre para un pueblo Antonio Peláez Álvarez rescata los recuerdos de sus variadas experiencias profesionales y humanas. 

Algo parecido se encuentra en Memorias de un maragato , en las que Maximiliano Arce, de Rabanal del Camino, sin olvidar la infancia, centra sus recuerdos en la actividad musical de «tamboritero», que inició con once años.

Aunque se trata de un mero recurso, la forma de diario es la que elige Rogelio Blanco Martínez en Un día cualquiera. El Diario de Edwardo. La obra, por boca de Edwardo, se convierte en una serie curiosa de interpretaciones e información de elementos reales y domésticos de los que apenas tenemos información.

El modelo de esta literatura autobiográfica son sin duda los diarios, género del que no hemos tenido la muestra anual de Andrés Trapiello, fiel a la cita en el tomo correspondiente de Salón de pasos perdidos. 

Pero ahí está, como testimonio de esta literatura, el diario de Bruno Marcos Carcedo, Suite Voltaire, repleto de reflexiones excelentes sobre el arte de la pintura y las relaciones humanas. 

De trasfondo autobiográfico surge El tren burra y Buenseñor, del que es autor Julián González Prieto. El tren sirve de elemento articulador de los recuerdos de unos años de la vida del autor y de las costumbres de Tierra de Campos, fuente siempre de experiencias cada día más lejanas y próximas al terreno del olvido.

Relatos y libro de viajes
El relato breve, aun en su extensión menor incluye frutos diversos. Junto a creadores personales del género, no faltan algunas antologías, de concepción y pretensiones distintas. Es el caso de la recuperación que José María Merino lleva a cabo en Historias del otro lugar, incluyendo varios apartados de reflexiones teóricas sobre este género. O la obra coordinada por Isabel Cantón, Narraciones de maestros que, en su segunda entrega, incluye excelentes muestras de algunos escritores leoneses.

Fiel a su facilidad para la creación de microcuentos, Juan Pedro Aparicio exprime la polisemia del sentimiento amoroso en los once cuentos y veintinueve cuánticos de amor, englobados en Asuntos de amor. 

Muy leoneses resultan los relatos de en Si esto fuera Macondo o al menos un pueblo con palmeras... Cuentos de un reino menguante. En ellos Francisco Flecha demuestra que es un consumado narrador, a cuya creación incorpora toda la variedad que el género del relato incluye. 

Frente a la jovialidad de los relatos de Francisco Flecha, Luis Miguel Rabanal crea en Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza una serie de imágenes de un lirismo dramático. No hay lugar para el escenario real ni espacio para una trama convencional. Se trata de visiones sutiles, centelleantes, frecuentemente dolorosas, descritas en un rapto de impresionismo lírico, proceso en el que no faltan las sinestesias. Como advierte en el epílogo Alberto R. Torices, resulta lamentable que una literatura de esta calidad esté condenada a ediciones minoritarias, de mínima proyección. 

Manuel Ballesteros muestra su condición de poeta en la colección de cuentos Saberlo antes , en los que lo ines-perado juega un papel decisivo. La sorpresa es a veces tan intensa que acaba por contagiar al propio lector, desconocedor de estos hechos en su mundo cotidiano. 

Miguel A. Otero Furelos ha recuperado su ritmo de publicación, de cuyo rescate forma parte una colección de relatos, Amaranta y otros cuentos , reflejo diacrónico de lo que ha sido su carrera literaria en este campo. 

El también berciano Fermín López Costero ha dado a la luz un jugoso y variado corpus de relatos, de técnica y contenido muy variados, La soledad del farero y otras historias fulgurantes. 

Una edición oportuna también es la que ha llevado a cabo Venancio Iglesias en Esperando a Susana , documento preciso de sus mejores aportaciones en este campo.

Una panorámica muy completa del relato leonés escrito por autores jóvenes es la que ofrece Con amigos como tú , obra en la que cada cuento viene apoyado gráficamente por el trabajo de un joven ilustrador. Juan García Campal aglutina parte de su obra de relatos, de técnica y temática variadas, en Textos al aire y de artículos periodísticos en Escritos con Lara al fondo.

De acuerdo con el título, un tono festivo tiene Hay que restaurar la sonrisa, obra de Bernardo Camba Franco

Entre la biografía y la ficción, en una síntesis amena y bien documentada, David González aporta hipótesis biográficas sorprendentes en Esa bella mentira. Diez historias de desamor que hicieron historia

Cerrando el año, con motivo de las fiestas navideñas, vio en la editorial Camparredonda la luz un tomito de relatos, con las correspondientes ilustraciones, a cargo de diversos autores, muchos de ellos leoneses. Como ya es habitual en esta editorial, el buen gusto preside los resultados, tanto literarios como plásticos.

Diminuto casi en su presencia y extensión, merece sin embargo un hueco en estas líneas Taller de escritura exprés. Haikús, Antihaikús. Microrrelatos. Por alumnos/as del IES Padre Isla (León). 22 y 25 de febrero de 201 0. Se trata, en su brevedad, de una experiencia muy interesante, con la elaboración casi espontánea de los alumnos y la recogida de muestras del género de autores consagrados.

Un caso especial es el de Marcos Ordóñez. Aunque oriundo de Cistierna, su presentación actual es de catalán. Ello no es óbice para que, dada la calidad de su obra, se le incluya en este trabajo. Si sus tres títulos, incluidos en Turismo interior, fluctúan entre la condición de relatos largos y novelas cortas, en nada fluctúa la calidad de los mismos. En Esto nos está pasando se describe un retorno fantástico a la Barcelona de 1867 y Como un policía en un país extranjero es un curioso rastreo metaliterario a la búsqueda del autor en su propia obra. Gaseosa en la cabeza insiste también en el mundo de «literatura y otras adicciones».

De menor entidad resulta la obra de Luis Fernández Terrón Cuentos con poesía. El minero y el ratón-El Rey Juc.

Reflexiones sobre la creación
Luis Mateo Díez ha publicado una serie de reflexiones sobre el proceso creativo, recogidas en Orillas de la ficción. Se trata, fundamentalmente, de ensayos sobre sus territorios imaginarios, especialmente sobre la ciudad de provincias, escenario de su primera novela larga, Las estaciones Provinciales. El territorio de Celama se presenta a su vez como metáfora de la extinción de las culturas rurales. Una buena panorámica de su obra es la que ofrecen Tomás Val y Carmen Toledo en el detallado Inventario de Luis Mateo Díez.

No faltan en el campo del análisis de la narrativa, obras sumamente originales, como es el caso de José del Río Sánchez, autor de También los novelistas saben matemáticas, una perspectiva desconocida que lleva al autor a observaciones muy interesantes y a una divulgación de la semblanza de eminentes matemáticos.

No son, como vemos, abundantes los estudios sobre la narrativa y menos cuando ésta se centra en un género tan poco usual como la novela gótica. Por ello es justa la mención de la obra de Miriam López Santos La novela gótica en España (1788-1833) , acreedora de múltiples elogios. Aunque no centrada en estudios sobre la narrativa, tiene su lugar y justificación en estas líneas Perspectivas sobre la literatura medieval europea, en la que se recogen las intervenciones de los Congresos internacionales de Literatura medieval Europea, de los años 2009 y 2010, celebrados en Hospital de Órbigo.

Libros de viajes
La literatura itinerante presenta muestras muy dignas. León es objeto de atención viajera desde distintos enfoques. Vicente de Barrio lo hace desde una visón sentimental, de cierta añoranza, en Esta es la tierra de nuestros antepasados. 

En el Bierzo se centra de nuevo Valentín Carrera en Viaje interior por la provincia del Bierzo, veinte años posterior a aquel Viaje del Vierzo. 

Todo ha cambiado y como escribe Marta Prieto «el viaje de viajes es una excusa, como casi siempre, para unir el pasado y el presente, recordar cómo éramos y cómo somos y reaccionar ante lo que nos disgusta sobremanera o directamente nos enfurece». 

Un bello libro, sin duda. De llamativa mirada es también Cuevas y simas del Alto Curueño. Paraíso secreto, ese paisaje aparentemente «invisible», rescatado por Ángel Fierro, con el apoyo gráfico de excelentes fotografías. 

Aunque no como creación literaria directa, la Cepeda está presente como campo de creación en el mundo de las leyendas, recopiladas por varios autores y coordinados por Tomás Álvarez, en El aroma del viento. 

Muy leonesa es la experiencia de Epigmenio Rodríguez, que en León sin prisa plasma sus impresiones del León del Norte. 

*José Antonio Martínez Reñones ha optado por una visión viajera muy personal: demostrar en La Raya. Una frontera absurda... que las diferencias entre lusos e hispanos son mínimas y, casi siempre, reflejo de una mala atención política. 

Desde una interpretación muy personal, la afición viajera de Ramón Carnicer queda plasmada en la obra de su hijo, Alonso Carnicer, Ramón Carnicer, mi padre. 

Si de viajes hablamos, se hace necesaria la referencia al viaje por excelencia, el Camino de Santiago, al que Luis Grau dedica reflexiones muy eruditas en El Camino de Santiago. Sentido, ruta e hitos.

Lejos de los espacios leoneses se sitúan las admirables peripecias zoológicas y antropológicas vividas por Francisco Purroy, recogidas en El leopardo de Atlas. Salsero y otras andanzas, una de las obras más amenas de las recientemente publicadas. 

Aunque pueda ser tomada como una suerte de profanación, es justa la presencia en este trabajo del libro de José Luis Puerto Expresiones de religiosidad popular. La obra es un riguroso estudio sobre ciertos fenómenos religiosos, sobre todo marianos, pero es también un viaje real por Castilla y León, en pos de documentos sobre ese fenómeno. 

Un viaje, de la memoria en este caso, es el que lleva a cabo Enrique Serrano Guerra en El río de la memoria. Buena parte del espacio recuperado psicológicamente corresponde a la comarca de Omaña, un referente anímicamente indeleble. Ese espacio rural íntimo, que tantos llevan en su corazón, tiene todos los años muestras literarias. 

Dar fe de su emplazamiento, su historia, sus recuerdos y sus tradiciones es lo que hace con profundidad y pasión Germán Suárez Blanco en Villarmeriel. Donde termina el valle y comienza la montaña. 

El mismo objetivo se plantea Ramón Gutiérrez Álvarez en su riguroso y profundo estudio Villademor de la Vega. Historia, cultura, arte.

Por lo que tienen de rescate antropológico y estético del pasado hay que citar dos obras del mundo de Villablino que mantienen entre sí una relación humana directa. Se trata de la obra de Víctor del Reguero, Juan y Ventura Alvarado. La época que doró la manteca y de la reedición de la Colección de cantares de boda de Laciana, Babia y Alto Bierzo. 

Igualmente resulta oportuna y de gran atractivo la edición de José María Marcos Lefler, Lugares añorados, una crónica apasionada de la historia e intrahistoria bañezanas de los años 20 y 30. Todo pueblo tiene su intrahistoria y toda comarca su alma. 

Otra cosa es conocerla y saber rescatarla del pasado y, tantas veces, del olvido. Esto es lo que hace, con absoluta y sincera dignidad, Ignacio Redondo Castillo en Otras historias de La Cepeda

Un admirable viaje histórico y literario es la obra de Andrés Trapiello Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939), que, a los quince años de su primera edición, ofrece un panorama deslumbrante y detalladísimo de los escritores y la guerra civil, tanto en el campo de la poesía como en el de la narrativa. Pocos escritores han logrado una obra de semejante información y novedad respecto a la obra, y a la vida de ciertos autores egregios.

Las breves reflexiones anteriores, sin pretensión erudita alguna, muestran lo expuesto al comienzo de estas líneas: la literatura escrita por leoneses, caudalosa hasta extremos insospechados, sigue invariable por la senda de los aciertos literarios y es siempre obra de escritores a los que, en muchos casos, les separa la diferencia cronológica, pero les une la calidad de sus obras. Vaya por último una observación: en estas líneas es probable que haya ausencias. Son, de haberlas, casi inevitables, pero lo serán siempre por desconocimiento, nunca por desidia u olvido.

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