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martes, 3 de marzo de 2015

ARZOBISPO de Madrid-Conferencia y respuestas: Suspensión Misa fin de año en Colón, Admiración al Santo Padre por sectores anticlericales, Podemos y el Concordato, Salud de la Iglesia, Aborto,...(1729)

InfoCatólica-Luis Fernando (24.02.15): Mons. Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, tuvo a bien asistir ayer al diario La Razón para dar una conferencia y luego responder a las preguntas de los presentes. Como suele ocurrir en estos casos, los mayores titulares suelen salir precisamente del tiempo dedicado a la tertulia posterior a la conferencia. En todo caso, me reconocerán ustedes que don Carlos jugaba a favor de obra. Y si no, vean la primera pregunta que le hizo Carmen Lomana, directora de informativos de Antena 3:
- Muchos piensan que usted es el mejor discípulo del Papa en España. Tienen manifestaciones muy singulares en común, como una vida austera: ha vivido varios meses en un hogar de ancianos, ha visitado de forma discreta cárceles… Incluso ha suspendido esa concentración que se celebraba en Madrid donde miles de ciudadanos se manifestaban contra los gobiernos de turno. Se le reconoce una buena mano para estos nuevos tiempos. ¿Cuál es esa política y gestos que tiene que hacer la Iglesia para acercarla más a los fieles?
Conmovedor, ¿no creen? ciertamente no acabo de entender qué tiene que ver la suspensión del acto de Colón a favor de la familia con ser el mejor discípulo del Papa, pero en todo caso al arzobispo le debió gustar que desde la derecha mediática de este país se esté comprando también la idea de que él es el Francisco de la Iglesia en España. En eso coincide Antena 3 y Religión Digital. 
Por otra parte, don Carlos respondió adecuadamente diciendo que aunque él admira mucho al Papa, no es discípulo suyo sino de Jesucristo. Y respecto a lo de Colón, explicó que ha querido convertir ese día en algo propio de su archidiócesis. De hecho, y esto lo añado yo, son bastantes los obispo españoles que pensaban que el acto que tenía lugar cada año en esa plaza madrileña debía de suspenderse para ser celebrado en cada una de las diócesis de este país. 
Cuando Mons. Osoro dijo que él es obispo de todos, doña Carmen cogió el testigo y le preguntó:
- Entre esos «todos» está uno de los políticos emergentes, Pablo Iglesias, líder de Podemos, que acaba de decir en «Vanity Fair» que está en la misma barricada que Francisco. ¿Cómo lo ve? ¿Qué le parece que el Papa despierte esa admiración en un sector anticlerical?
Confieso que me preocupa algo -no mucho, no vayan a creer-, que ese personaje totalitario de izquierdas llamado Pablo Iglesias diga que el Papa está en su misma barricada. Confieso también que es cuano menos llamativo que el  así que no tiene nada de particular que lo hagan con Francisco.
A toda esa gente de izquierda -ojo,también a no pocos de derecha- les gusta el hecho de que el Papa condene los excesos del sistema económico liberal capitalista. También les agrada que el discurso del Pontífice sobre la inmigración se acerque al de ellos. Incluso ven bien que el Santo Padre muestre indicios de haber asumido bastantes reivindicaciones del movimiento ecologista.
La cosa cambia, y mucho, cuando se trata de hablar del derecho a la vida y la familia. Ahí las coincidencias se acaban, pero damos por hecho que ni siquiera Pablo Iglesias pretende que el Papa se convierta en un proabortista y defensor de las tesis del lobby gay. 
Javier Ferrari, presidente de Onda Cero, hizo varias preguntas al arzobispo de Madrid. Me centro en dos:
- Desde el PSOE hasta Podemos, toda la izquierda, hoy fragmentada, lleva meses diciendo que se cargará la relación entre la Iglesia y el Estado, el concordato. ¿Hay preocupación en la Conferencia Episcopal sobre lo que puede hacer la izquierda o será, como Alfonso Guerra, que luego era más cristiano que todos juntos?
- Tendría preocupación si volviésemos a las cuevas de mi tierra, a Altamira. Hoy, todos los países del mundo tienen algún acuerdo con la Iglesia excepto muy pocos, como los musulmanes. Es absurdo decir eso. Se dicen tantas cosas inviables… En el fondo, es lo que he dicho antes. Hay tres tipos de sociedades. Y nadie quiere volver en España a una sociedad dogmática. Ha habido una serie de gente que ha hecho tremendos esfuerzos para estar donde hoy estamos. E incluso para poder mejorar.
- Existe la dictadura de lo políticamente correcto…
- No creo que vaya por ahí. Muchísimos jóvenes piensan más en una sociedad ética que en una tecnocrática o dogmática. No tengo ningún miedo.
No sé muy bien qué quiere decir el arzobispo con lo de que España era antes una sociedad dogmática. ¿Se refiere a la España del régimen de Franco, cuando el catolicismo era la religión de estado y el dogma católico pretendía -otra cosa es que lo hiciera- impregnarlo todo?
Parece, en todo caso, que a Mons. Osoro no le gusta el dogmatismo. Pero la realidad es que hemos pasado de tener un país en el que, entre otras cosas, era dogma de fe la indisolubilidad del matrimonio y el derecho a la vida de todo inocente desde su concepción hasta la muerte natural, a tener un país donde es dogma civil que cualquiera puede romper su matrimonio sin más excusa que la mera voluntad y donde el matar al hijo no nacido es un derecho. Proponer una sociedad ética está muy bien, pero ¿quién marca los límites de una ética común? Una ética sin Dios, y no digo que el arzobiso la proponga, sabemos muy bien a dónde nos lleva.
En su turno de preguntas, el director de la Razón, Francisco Marhuenda, abordó la situación de la Iglesia en España y el aborto:
- Es cierto que ha existido un anticlericalismo desde el siglo XIX. Usted, que ha estado en varias diócesis, ¿cómo ve la salud de la Iglesia y del camino que lleva España? ¿Van encarrilados o desviados?
- La salud de la Iglesia está mejor que nunca. Porque nuestro Señor nos acompaña. Se la puede ver como una sociedad más en crisis, en problemas, en la que alguno de sus miembros armamos un escándalo… pero es la lectura de la mediocridad, de la gente que no sabe que la pertenencia eclesial no es como apuntarse a un club; es un regalo que viene de Dios, no para guardárnoslo, sino para donarlo a los demás. El anticlericalismo viene de muy atrás, y ha sido azuzado y alimentado a veces –por qué no decirlo– por nosotros mismos: a veces queremos copar decisiones que no son de nuestra competencia. La competencia es que la luz del Evangelio llegue a todos los hombres, y que les haga ver otras cosas. El verdadero maestro es el que da la mano a otro para que vea lo que él o incluso ver más. Ojalá pongamos la luz del Evangelio en la vida de la gente. Es una luz que no destruye, no esclaviza, no rompe. Quita cadenas, nos une a todos, nos da capacidad de perdonar.
- Hay un tema que produce desazón a católicos, cristianos, creyentes y gentes de bien: el aborto. España es un país que desgraciadamente es campeón del mundo en este terreno. ¿Qué hay que hacer para resolver este tema y para que llegue al ánimo de todos?
- El drama más grande de nuestro tiempo y de la humanidad es el aborto. ¿Qué podemos hacer? En la medida en que un hombre conoce la Vida, con mayúscula, que es Jesucristo, es que ni piensa en eso. Cuando tienes a nuestro Señor, valoras lo que es la vida y descubres que el dueño de la vida no eres tú, sino Dios. Y lo mismo que te regala la existencia, te regala el cuidado de la existencia. Por eso, la adhesión a Jesucristo no es secundaria. Cuando nace el cristianismo y sale del solar de Palestina a otros contextos, se mataba a los niños. La vida no valía nada. Y cuando hay gente que se toma la licencia de decidir lo que es la vida, está asumiendo un papel de muerte. No de vida. Anunciar a Jesucristo es mi pasión, y voy seguir haciéndolo. Él mismo se define como el camino, la verdad y la vida.
No me gusta ni poco ni mucho el que un arzobispo diga que algo habrá hecho la Iglesia para que haya anticlericalismo. Este es un país que ha regado el cielo con la sangre de sus mártires, fruto del odio anticlerical. Es evidente que la Iglesia no ha sido perfecta nunca. Pero ¿cuándo ha querido copar nada en los últimos 40 años? Y lo que “copó” antes, ¿fue tan malo como quieren hacernos creer? ¿en serio alguien cree que la sociedad hoy es más sana que la que había, sin ir más lejos, en los años 50 y 60 del siglo pasado? ¿está la institución familiar más firme ahora? ¿lo está el derecho a vivir? No se trata de abonar nostalgias estériles. No se trata de abogar por un regreso a un confesionalismo que hoy sería rechazado hasta por la inmensa mayoría de los católicos. Pero mucho menos podemos dar la razón a los que siempre verán a la Iglesia como un enemigo, quizás el más “poderoso", para imponer un modelo de sociedad que tiene mucho más que ver con la apostasía que con los valores evangélicos.
Por otra parte, voy a ser claro. Pienso que ni por un casual la Iglesia en España está mejor que nunca. Ni lo está a nivel de práctica religiosa -que alguna importancia debe de tener-, ni lo está a nivel de influencia político-social -la menor en toda su historia-.Nunca antes el evangelio, y sus principios, había pintado menos en nuestras leyes, en nuestros valores como sociedad. Es más, aunque la Iglesia está llevando a cabo una labor de asistencia social impagable, ¿se puede decir que está teniendo un éxito, siquiera moderado, en su papel evangelizador?
Una de las actividades más dignas de alabanza de Mons. Carlos Osoro en su etapa como arzobispo de Valencia, y que seguramente realizará también en Madrid, fue su acercamiento a los jóvenes. Pero, a menos que sea un titán de la predicación que atraiga multitudes, por mucho que un obispo quiera, el alcance de ese tipo de encuentros es limitado. El gran drama de la Iglesia en este país, no señalado ni por don Carlos ni por ningún otro obispo, es que alrededor de un 30-35 por ciento de los niños y jóvenes pasan por escuelas nonimalmente católicas y salen de las mismas con una mentalidad casi calcada a la de los que han pasado por la escuela pública.¿Cómo va a gozar de buena salud una Iglesia que permite que pasen por sus colegios millones de niños a los que no cristianiza medianamente bien?
Dice don Carlos, y dice bien que el drama más grande de nuestro tiempo es el aborto. Pues bien, monseñor, ¿cómo va a gozar de buena salud la Iglesia si no hay ni un solo partido político en el Parlamento que no sea abortista? Siendo que en las Cortes está representada la soberanía popular, ¿dónde está la influencia real de la propuesta de la Iglesia de defender la vida de los más inocentes? ¿en serio pensamos que el catolicismo de este país no tiene culpa alguna de que dicha defensa tenga que hacerse desde solo determinados movimientos cívicos, que además suelen ser aconfesionales? Y si hablamos de la familia, ¿no podemos decir lo mismo?
¿Dónde se han formado los católicos que desarrollan su labor en el ámbito político? ¿quién les ha dicho que hay principios a los que no deben renunciar jamás si no quieren poner en peligro su almas? ¿no hay nadie que le diga a un católico que no puede ser ministro de un gobierno abiertamente abortista y que admite la depravación de la institución familiar? Porque no se trata, estimado pastor, de que la Iglesia IMPONGA sus tesis en esas materias. A estas alturas eso es ya impensable. Se trata al menos de que haya alguien que las defienda en el Parlamento. Salvo algún verso suelto que no pinta nada, nadie lo hace.
Dice Mons. Carlos Osoro que su pasión ha sido y será anunciar a Jesucristo con pasión. Que Dios le ilumine en esa tarea. Que Dios haga que dé frutos ese anuncio.
Luis Fernando Pérez Bustamante
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lunes, 2 de marzo de 2015

CRISIS de la IGLESIA-En las tormentas: "Alegres en la Esperanza" y "Fe, Espeanza y Caridad" (1728)

José María Iraburu
InfoCatólica (17/2/2015)
–Perdone, pero no veo yo muchos motivos para estar alegres en la esperanza.
–La Santísima Trinidad habita en usted como en un templo. Cristo le atrae con su gracia hacia el cielo, que está a la vuelta de la esquina… 
¿Y no ve motivos para estar alegre en la esperanza?… Necesita leer lo que sigue
–La Iglesia en la tierra está siempre en guerra con el mundo, precisamente para salvarlo de sus gravísimos errores y pecados. «El mundo entero yace bajo el poder del Maligno» (1Jn 5,19). Hay que combatirlo con la fuerza del Salvador para vencerlo y liberar a los hombres. «Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). Pero lo ha vencido porque lo ha combatido. «No penséis –dice Cristo– que he venido a sembrar paz en la tierra; no vine a sembrar paz, sino espada» (Mt 10,34).
Como dice el Vaticano II, «toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como una lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas» (GS 13b). «A través de toda la historia humana existe una dura batallacontra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final» (37b). Pero muchos ni se enteran de que estamos en guerra… Quizá porque ellos, al menos, no lo están.
Sin embargo el Señor anunció con toda claridad esa batalla permanente entre la Iglesia y el mundo: «Si el mundo os odia, sabe que me odió a mí antes que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por esto el mundo os aborrece… Si a mí me persiguieron, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15,18-20). Pero incluso anunció también esa lucha dentro de la misma Iglesia: «se levantarán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos» (Mt 24,11). Será la Iglesia como campo de trigo, en la que el diablo siembra cizaña (13,25).
–Esta guerra se da hoy quizá con más gravedad que nunca. No conocemos momentos anteriores de la historia en los que estuviera el mundo tan herméticamente cerrado a la predicación del Evangelio –en China, en las naciones islámicas, en los pueblos laicistas, antes cristianos y hoy apóstatas–. Quizá nunca el diablo ha tenido tanto imperio sobre el mundo. Pongo sólo un ejemplo, la pornografía, que todo lo invade. Por muchos medios, por internet especialmente, la mayoria de los niños y adolescentes actuales, sólo con hacer un clic, en unos pocos años, ha visto mucha más pornografía que la gran mayoría de sus abuelos en toda su vida. Ése es uno de los grandes poderes del príncipe de este mundo, el diablo. Y como ese poder tiene otros muchos.
Y en buena parte esa batalla se da dentro de la misma Iglesia católica, como ya lo anunció el Señor. Luz y tinieblas combaten en su interior muy duramente. Es curioso. Nunca ha habido en la Iglesia un corpus doctrinal tan amplio y perfecto como en el tiempo actual; y nunca han proliferado tanto dentro de ella las herejías. Prácticamente no hay actualmente ninguna verdad católica de la fe que no se haya puesto en duda o negada impunemente, al no ser suficientemente combatidos los errores por la Autoridad apostólica y por los teólogos ortodoxos.
No me alargo sobre el tema porque ya lo he tratado en este blog en varias ocasiones:
San Juan Pablo II reconocía: «Es necesario admitir con realismo, y con profunda y atormentada sensibilidad, que los cristianos de hoy, en gran parte, se sienten extraviados, confusos, perplejos, e incluso desilusionados. Se han esparcido a manos llenas ideas contrastantes con la verdad revelada y enseñada desde siempre. Se han propalado verdaderas y propias herejías en el campo dogmático y moral, creando dudas, confusiones, rebeliones. Se ha manipulado incluso la liturgia. Inmersos en el relativismo intelectual y moral, y por tanto en el permisivismo, los cristianos se ven tentados por el ateísmo, el agnosticismo, el iluminismo vagamente moralista, por un cristianismo sociológico, sin dogmas definidos y sin moral objetiva» (disc. 6-II-1981). «Los cristianos de hoy, en gran parte»…
–Con ocasión del Sínodo 2014-2015 este combate interno de la Iglesia se ha hecho público más que nunca. Luchas semejantes dentro de la historia de la Iglesia pueden hallarse quizá en la gran crisis del arrianismo, y más recientemente durante el surgimiento del modernismo. Pero frenado éste en tiempos de San Pío X y en años posteriores, ha permanecido siempre latente, y ha crecido mucho en los últimos decenios, hasta llegar a expresarse últimamente dentro de la Iglesia en grados nunca antes conocidos.
No hemos conocido, por ejemplo, un tiempo de la Iglesia en que se haya hecho el elogio del adulterio, o al menos su exculpación. Pero hay Obispos y Cardenales actualmente, y no digamos teólogos, que en declaraciones públicas afirman que el cónyuge abandonado y divorciado se ve a veces en la necesidad de contraer un «matrimonio» segundo, habiendo fracasado el primero, «por el bien de los hijos», y que en conciencia debe «guardar fidelidad» a este nuevo vínculo nupcial, estimándolo como un «regalo del cielo», como «un acercamiento personal a Dios». Por eso, consolidado este segundo matrimonio en «un largo tiempo», la Iglesia no debe negar a los esposos «la comunión eucarística», atendiendo a su bien espiritual y también al bien de los hijos. Por otra parte, la Iglesia, como lo hacen los Estados modernos, debe dar «reconocimiento» a todas las formas estables de unión sexual…
Nunca como hoy en algunas Iglesia locales habían recibido el adulterio y las otras formas de convivencia, igualmente contrarias a la ley de Dios y al orden natural, un «reconocimiento» tan respetuoso y benévolo; tanto que en ciertas Iglesias locales ha llegado a tomar forma de celebración litúrgica. Y lo que es más grave: no se producen todavía en la Iglesia rechazos públicos eficaces de semejantes herejías. 
***
–Todos los cristianos estamos obligados a «confesar y defender la fe católica», expresión clásica que rezábamos en la oración de los santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa (14 de febrero). Los Obispos y teólogos, por supuesto, se ven especialmente obligados a esa confesión y defensa. Pero, como ya he indicado, este grave deber hoy es cumplido muy escasamente. La actual cultura predominante relativista y liberal, hace que muchos se sientan más obligados a respetar la libertad de expresión dentro de la Iglesia, que a defender en ella la sagrada ortodoxia. 
En mi artículo Reformadores, moderados y deformadores señalé en 2009 cómo reformadores y deformadores coinciden en apreciar que muchas cosas están mal en la Iglesia y que exigen reforma. Pero unos y otros –piensen por ejemplo en la enseñanza de la Humanæ vitæ– difieren luego mucho. –Los deformadores exigen para la reforma que se cambien ciertas doctrinas y normas católicas. –Los reformadores pretenden que esas doctrinas y normas se reafirmen y se apliquen pastoralmente. –Losmoderados, por fin, centristas en la plenitud del equilibrio, quieren el mantenimiento de las doctrinas y normas, pero siempre que se silencien convenientemente, y sobre todo que no se exijan –ni en la confesión, ni en las cátedras y en las publicaciones–, ni se impugnen en públicas argumentaciones apologéticas, para evitar así en la Iglesiadivisiones públicas y tensiones enojosas. Son éstos quizá los que más daño hacen, porque conociendo la verdad, ni la proclaman ni la defienden.
Está claro que entre los católicos que mantienen la ortodoxia hoy prevalecen ampliamente los moderados, que no dan la lucha por las razones aludidas. Lo eclesialmente correcto es hoy un buenismo oficialista que obliga a pensar que «vamos bien», aunque reconociendo sí, que hay deficiencias, sin duda, «luces y sombras». Y esta actitud es considerada por los moderados como virtuosa, prudente, caritativa, y la mantienen muchas veces con buena conciencia. Incluso fundamentan su actitud en piadosas consideraciones sobre la Providencia divina, la virtud de la esperanza, la obediencia, la filial confianza que debemos a nuestros Pastores sagrados, etc. Y a ello hay que añadir otra nota caracterizadora muy elocuente:
Deformadores y moderados coinciden en el profundo desagrado que les producen los combatientes defensores de la fe. Los primeros, porque, acostumbrados al silencio y la impunidad, se ven atacados fuerte y públicamente en sus errores. Los segundos, porque ven implícitamente denunciada su práctica neutralidad silenciosa en los combates de la fe. Más aún: no pocos de los más identificados con los defensores de la fe llegan a escandalizarse por los modos apologéticos cada vez más fuertes que van empleando… Y es que no se dan cuenta de que la fuerza y dureza en la defensa de la fe está en función de la gravedad acrecentada de las agresiones contra la fe. Intervenciones públicas tan fuertes, por ejemplo, como las actuales de los Cardenales y Obispos Müller, De Paolis, Caffarra, Burke, Brandmüller, Dolan, Pell, Gadecki o Schneider, no se habían producido ni siquiera en los momentos más efervescentes de las polémicas posteriores al Vaticano II. Y es porque nunca como hoy se habían producido tan graves y públicas agresiones de algunos Obispos y Cardenales modernistas contra verdades de la fe católica.
Los moderados, quizá con buena voluntad, pero con discernimiento erróneo, estiman que un verdadero amor a la Iglesia y a su jerarquía exige un apoyo indiscriminado al presente católico. Y por otra parte –todo hay que decirlo– tienen en cuenta, quizá inconscientemente, que esa actitud no solo les evita a ellos persecuciones dentro de la comunidad cristiana, sino que les abre caminos ascendentes de prosperidad eclesial… Dios los bendiga. Pero sus actitudes son falsas, se eximen de los buenos combates de la fe, y no conducen a una santa reforma de la Iglesia, sino que la impiden, y la llevan a una apostasía siempre creciente.
* * *
–Nuestro Señor Jesucristo, los Apóstoles y los santos nos enseñaron que debemos combatir contra las herejías y cómo debemos hacerlo. No se explica fácilmente cómo muchos cristianos actuales, con alegar que «los tiempos han cambiado mucho», se desentienden de las enseñanzas y ejemplos dados por Cristo, los Apóstoles y los santos de veinte siglos de historia de la Iglesia, como si la fidelidad al Evangelio nos obligara hoy a conducirnos en modos contrarios a los que vivieron Cristo y sus santos, e incluso a escandalizarnos de quienes los imitan. No les vale la norma del Maestro: «yo os he dado el ejemplo, para que vosotros hagáis también como yo he hecho» (Jn 13,15).
Si miramos la predicación de Cristo(25), nos fascina la serena dulzura con la que predica el Evangelio. Pero hemos de seguir su ejemplo igualmente en su modo decombatir el gravísimo error de los fariseos, que en su tiempo eran los maestros principales de los judíos: «raza de víboras, sepulcros blanqueados, guías ciegos, hipócritas, buscadores de los mejores puestos» (Mt 23; Mc 12,38-40; Lc 11,37-41; 20,41-44). Incluso usa en ocasiones el arma terrible de la ironía: «coláis el mosquito y os tragáis el camello» (Mt 23,24). Los avergonzaba y los desprestigiaba públicamente, para liberar así de su maléfico influjo al pueblo que los veneraba.
Los Apóstoles, igualmente, denunciaron y combatieron las herejías con gran fuerza y frecuencia. No se limitaron a predicar las verdades de Cristo, sino que lucharon con suma energía contra todas las falsificaciones del Evangelio, que ya en su tiempo se dieron, como Jesús había anunciado (Mt 24,11). No callaron, no miraron para otro lado, no pensaron que «la verdad acaba imponiéndose por sí misma», ni estimaron que por sus combates se iba a romper la unidad de la Iglesia: todo lo contrario.
San Pedro (2 Pe 2), Santiago (3,15), San Judas (3-23), San Juan (Ap 2-3; 1Jn 2,18.26; 4,1), tratan a los falsos maestros cristianos, herejes y cismáticos, con palabras tan terribles como las usadas por Cristo contra letrados y fariseos. Actualmente, este «lenguaje evangélico» resulta para muchos escandaloso y absolutamente incompatible con la caridad cristiana.
San Pablo, en casi todas sus cartas,dedica fortísimos ataques contra los falsos doctores del Evangelio, y hace de ellos retratos implacables. «Resisten a la verdad, como hombres de entendimiento corrompido» (2Tim 3,8), son «hombres malos y seductores» (3,13), que «no sufren la sana doctrina, ávidos de novedades, que se agencian un montón de maestros a la medida de sus propios deseos, y hechos sordos a la verdad, dan oído a las fábulas» (4,3-4). «Pretenden ser maestros de la Ley, cuando en realidad no saben lo que dicen ni entienden lo que dogmatizan» (1Tim 1,7; cf. 6,5-6.21; 2Tim 2,18; 3,1-7; 4,15; Tit 1,14-16; 3,11). Son «individuos tramposos, consumados en las estratagemas del error» (Ef 4,14; cf. 2Tes 2,10-12), y «su palabra cunde como gangrena» (2 Tim 2,17). Les apasiona la publicidad, dominan los medios de comunicación social del mundo, que lógicamente se les abren de par en par. Son «muchos, insubordinados, charlatanes, embaucadores» (Tit 1,10)… ¿Qué buscan estos hombres? ¿Dinero? ¿Poder? ¿Prestigio?… Será distinta en unos y otros su principal pretensión, pero todos buscan por la soberbia el éxito personal en este mundo presente(Tit 1,11; 3,9; 1Tim 6,4; 2 Tim 2,17-18; 3,6). Un éxito que normalmente consiguen (Jn 15,18-27; 1Jn 4,5-6).
Todos los santos combatieron los errores de su tiempo(43), al menos todos aquellos que por su misión dentro de la Iglesia estaban especialmente fortalecidos por Cristo para confesar y defender el Evangelio. Todos combatieron los errores y las desviaciones morales de su tiempo, atrayendo frecuentemente sobre sí muy graves penalidades, persecuciones, exilios, cárcel, muerte. Fueron, pues, mártires de Cristo, ya que dieron en el mundo y en la Iglesia «el testimonio de la verdad» (Jn 18,37) con todas sus fuerzas: sin «guardar su vida» cautelosamente (Lc 9,24); sin tener a veces en sus hermanos Obispos apoyo alguno, sino hostilidad y persecución; sin esperar la declaración de un Concilio –aunque ellos lo promovían cuando era preciso–; faltos en ocasiones de la misma confortación del Obispo de Roma.
El Oficio de lectura de la Liturgia de las Horas, en el Propio de los Santos, da una mínima biografía de cada uno.Y merece la pena señalar que, cuando trata sobre todo de santos pastores o teólogos, casi siempre recuerda, como mérito destacado –en 42 santos–, que «combatieron los errores de su tiempo» como puede verse en mi artículo citado (43).
Es, pues, tradición católica combatir las herejías con duras y claras palabras, y no con silencios o con palabras eufemísticas, indirectas o discretamente alusivas. Ya lo hemos visto en Cristo y sus Apóstoles. Quizá alguno alegue que era «un género expresivo» propio de la cultura semítica de aquel tiempo. Pero resulta que ese «género expresivo» ha sido utilizado igualmente, tanto en Oriente como en Occidente, en todos los siglos de la Iglesia y en todas las culturas católicas. Recordaré sólo dos ejemplos. 
San Buenaventura(1221-1274), siendo Ministro general de los franciscanos, en su opúsculo Apologia pauperum; contra calumniatorem, entra en la polémica contra Gerardo de Abbeville (1225-172), teólogo de la universidad de París, que encabezaba la oposición a la pobreza extrema profesada novedosamente por las Órdenes Mendicantes. En esta obra el Doctor seráfico no solo defiende esa pobreza, sino que combate con gran vehemencia a su impugnador principal.
«En estos últimos días, cuando con más evidente claridad brillaba el fulgor de la verdad evangélica –no podemos referirlo sin derramar abundantes lágrimas–, hemos visto propagarse y consignarse por escrito cierta doctrina, la cual, a modo de negro y horroroso humo que sale impetuoso del pozo del abismo e intercepta los esplendorosos rayos del Sol de justicia, tiende a obscurecer el hemisferio de las mentes cristianas. Por donde, a fin de que tan perniciosa peste no cunda disimulada, con ofensa de Dios y peligro de las almas, máxime a causa de cierta piedad aparente que, con serpentina astucia, ofrece a la vista, es necesario quede desenmascarada, de suerte que, descubierto claramente el foso, pueda evitarse cautamente la ruina». Pide finalmente oraciones para la conversión de ese «artífice de errores» (del Prólogo).
San Pío X (1835-1914), con una lucidez y fuerza semejante a la de Cristo combatiendo a los fariseos, combate los gravísimos errores de los modernistas.
«Se extrañan estos hombres de verse calificados por Nos como enemigos de la Iglesia. Pero son ciertamente enemigos de la Iglesia, y no se aparta de la verdad el que diga que que ésta no los ha tenido peores. Porque ellos traman la ruina de la Iglesia no desde fuera, sino desde dentro. En nuestros días el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia. Conocen ellos bien a fondo la Iglesia. Y han aplicado el hacha no a las ramas, sino a la raíz misma, esto es, a la fe. No hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper. Sus doctrinas les han pervertido el alma de tal modo que desprecian toda autoridad… Basta, pues, de silencio; prolongarlo sería un crimen» (enc. Pascendi, 1907, 2). Y concluye definiendo el modernismo como «un conjunto de todas las herejías» (38). «Ya habita en este mundo el “hijo de la perdición” de quien habla el Apóstol (2Tes 2,3)» (1903, enc.Supremi apostolatus cathedra)
La claridad mental y la fuerza verbal de la Iglesia para combatir los errores de su tiempo ha sido una tradición constante, semper et ubique, que se inicia en Cristo y sus Apóstoles. ¿Por qué hoy, cuando se han agravado notablemente en la Iglesia los males que la afectaban ya hace un siglo, en tiempos por ejemplo de las apariciones de la Virgen de Fátima (1917), estos lenguajes claros y fuertes han derivado en forma casi obligatoria en palabras oscuras y débiles, inclinadas tan frecuentemente a diagnósticos buenistas, perfectamente irreales? 
* * *
–Los medios católicos fieles a la Escritura, la Tradición y al Magisterio apostólico, hacemos bien cuando con palabras claras y fuertes continuamos ese combate continuo que he señalado, y haríamos mal si lo abandonáramos por irenismo, oportunismo, falso ecumenismo, miedo al mundo, relativismo, complicidad con los errores o simplemente por cobardía. Por lo demás –y adviértase esto atentamente–, incluso los que continuamos hoy esa tradición, al librar «los buenos combates de la fe», usamos normalmente un lenguaje incomparablemente más suaveque el empleado por nuestros santos modelos.
–Pues bien, nuestro modo de confesar y defender la fe suscita en los cristianos diversas reacciones. Pueden comprobarse, por ejemplo, si exploran un poco los comentarios de nuestros escritos más combativos –o los de otros medios católicos semejantes–. Podrán comprobar que entre quienes nos visitan suelen darse estas diversas actitudes:
*La gran mayoría muestran gran alegría y agradecimiento. Por eso son lectores nuestros asiduos. La mayor parte de ellos, al ver combatidas con fuerza las herejías de nuestro tiempo, tan impunemente difundidas, se ven ellos mismos confirmados en la fe católica, que tantas veces ven negada, incluso por algunos Pastores sagrados. Y al recibir argumentos para participar en el combate del lado de Cristo y de la Iglesia, nos muestran su más entusiasta gratitud.
*Unos pocos manifiestan indignación porque, siendo contrarios a la doctrina de la Iglesia, se ven directamente impugnados. No se aficionan a nuestro portal, como es lógico. Pero algunos sí nos visitan con morbosa frecuencia, quizá afectados de un extraño sadomasoquismo intelectual.
*Otros hay que expresan también su desagrado porque son moderados, y se escandalizan de las acciones públicas de los «confesores y defensores de la fe». En esto hay que advertir que hay moderados de muchas clases. La moderación puede darse en algunos por vulnerabilidad psicológica y afectiva, por educación o por causas semejantes: el contraste polémico les pone enfermos, simplemente. En otros se da ese buenismo moderado por una errónea idea de la virtud de la prudencia. Otros son moderados por horror a la cruz, porque saben que la defensa pública de la fe atrae necesariamente la persecución del mundo y de la parte mundanizada de la propia Iglesia, y prefieren guardar su vida cautelosamente.
No faltan los que aspiran por la moderación a medrar dentro de la Iglesia. Ven más aconsejable, y aciertan, para resguardar su pretensión un discreto silencio, aunque éste venga a ser objetivamente un modo de complicidad. Si son Pastores, no quieren verse como San Atanasio (+373), cinco veces expulsado de su sede episcopal de Alejandría, perseguido con particular saña por sus hermanos Obispos activa o pasivamente arrianos. Y en otros la moderación que guardan y exigen se debe a una idea errónea de la unidad de la Iglesia. Temen que los combates por la verdad católica susciten divisiones y quebranten la unidad de la comunidad cristiana; una unidad que, obviamente, sólo es posible en la verdad, en «una sola fe» (Ef 4,5). Sulpicio Severo, biógrafo de San Hilario (+367), refiere que los arrianos decían de él que era un «perturbador de la paz en Occidente» (II,45,4) (!). Y seguían ellos, pacíficamente, negando o dejando que se negara la divinidad de Jesucristo.
–Y aún hay otros que, siendo católicos ortodoxos, sufren angustia al leernos, e incluso desesperación. Están de acuerdo con lo que decimos; totalmente de acuerdo. Pero no aceptan que barbaridades doctrinales como las que denunciamos y refutamos se sigan proclamando impunemente, y procedan incluso a veces de Obispos y Cardenales. Sufren lo indecible al conocer, con ocasión de nuestros combates doctrinales, los atroces errores que se difunden a veces en parroquias, catequesis, noviciados, seminarios, facultades de teología, universidades católicas, editoriales y universidades «católicas», sin que se vean combatidos eficazmente. Se exasperan al comprobar que no pocos maestros de graves errores contra la fe son incluso promovidos a cargos importantes en la Iglesia. Aseguran en sus comentarios que avanzamos derechos hacia el abismo, y que, si Dios no lo impide, estamos en el umbral de un cisma de proporciones incalculables. Algunos anuncian la inminencia del Anticristo. No son lefebvrianos ni filolefebvrianos. No cargan contra el Concilio Vaticano II y contra el Papa actual y sus predecesores. No; hasta ahí no llegan… Pero están tremendamente desconcertados y doloridos, angustiados y desesperados… ¿Qué haremos nosotros al comprobar un día y otro esas reacciones?
Seguiremos la norma del Apóstol: «combate los buenos combates de la fe»(1Tim 6,12). Y más cuando son tan pocos en la Iglesia actual los que se sienten llamados por Dios para cumplir ese ministerio. Piensen un poco: si no denunciamos los errores, para no alarmar a los fieles, no podríamos refutarlos. ¡Y hay que impugnarlos!... Por lo demás, la gran mayor parte de nuestros textos no sonpolémicos, sino informativos y formativos.
En fin, pensando en estos cristianos angustiados y desesperados –justamente en éstos; lectores nuestros o no–, he escrito este artículo y escribiré, con el favor de Dios, la continuación.
José María Iraburu, sacerdote 
Índice del blog: Reforma o apostasía

José María Iraburu
(InfoCatólica-24/2/15)
–Pues no pide usted poco…
–Es que el Espíritu Santo quiere fortalecer nuestras virtudes teologales, no sea que vayamos a hundirnos.
–Graves males sufre hoy la Iglesia, como lo comprobamos en el artículo anterior, que provocan dentro de ella combates muy fuertes, que ya desde el siglo XIX van in crescendo, o si se quiere desde el siglo XVI. 
Hay males:
-en el campo doctrinal, aunque los moderados, con un voluntarismo buenista, digno de mejor causa, no quieran darles mayor importancia; y aunque los deformadores vean precisamente en esos graves errores, insuficientemente combatidos, la esperanza de una Iglesia nueva; tan nueva que no sería ya la Iglesia Católica de Cristo. Pero hay también 
-en el campo práctico males muy graves, que son consecuencias directas de las muchas falsificaciones de la fe católica, y que provocan en moderados y endeformadores las mismas reacciones ya señaladas. Existen sin duda Iglesias locales pujantes, fieles, en crecimiento. 
Pero en las Iglesias progresivamente descristianizadas, esos males morales y disciplinares son realmente muy graves:
-arbitrariedades sacrílegas en la liturgia, especialmente en la Eucaristía; distanciamiento habitual de la Misa dominical en una gran mayoría de bautizados; anticoncepción sistemática en los matrimonios; disminución extrema de la natalidad y de la nupcialidad; desaparición del sacramento de la penitencia; escasez persistente de vocaciones sacerdotales y religiosas; secularización de las misiones, de las escuelas, colegios y Universidades católicas; culto a las riquezas, con la consiguiente aceptación de la injusticia social; paralización de los cristianos en política; debilitación de la Autoridad apostólica ante la refutación de las herejías y ante los abusos disciplinares y litúrgicos; etc.
–Todos estos males doctrinales y prácticos producen hoy angustia, e incluso desesperación, en no pocos cristianos, ya desde hace decenios; pero especialmente con ocasión de las públicas batallas doctrinales y disciplinares recientemente suscitadas en la Iglesia. Este artículo, pues, se dirige sobre todo a estos fieles católicos. Ellos no son moderados buenistas –vamos bien, con luces y sombras–, y menos aún son deformadores. Son simplemente católicos angustiados, y algunos de ellos desesperados. Necesitan el riego vivificante de la Palabra divina «como tierra reseca, agostada, sin agua» (Sal 62,2), «a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras permanezcan firmes en la esperanza» (Rm 15,4).
«Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos consolar nosotros a todos los atribulados con el mismo consuelo con que nosotros somos consolados por Dios» (2Cor 1,3-4). «El justo vive de la fe» (Rm 1,17; Hab 2,4; Gal 3,11; Heb 10,38, etc.), y «la fe es por la predicación, y la predicación por la palabra de Cristo» (Rm 10,17)… Yo sé bien por qué inicio mi artículo con estas palabras sagradas.
* * *
–«Con todo lo precedente ¿no querrá usted convencernos de que el cristiano no debe sufrir, ni entristecerse, ni pasar angustias con los males que afligen a la Iglesia y a la humanidad? No sería un fiel imitador de Cristo y de los santos. Sería un mal cristiano»… Mi respuesta comienza recordando aquella frase de San Pablo, en la que distingue dos modos de tristeza, muy distintos entre sí: «La tristeza según Dios es causa de penitencia saludable, de la que jamás hay por qué arrepentirse. Pero la tristeza según el mundo lleva a la muerte» (2Cor 7,10).
Hay, pues, un sufrimiento, una tristeza, una angustia, que espiritualmente son buenos, porque son un acto de caridad, que expresa el dolor por el pecado propio o ajeno, viendo a Dios así ofendido. Y hay también otros que son malos, porque proceden de la voluntad carnal frustrada, de la disconformidad con la voluntad de Dios providente, de la falta de confianza en el Señor, como si los males del mundo y de la Iglesia se le hubieran ido de las manos, escapando de su dominio. Esta tristeza es mala, y hay que luchar contra ella.
Cristo ha sido el hombre que más ha sufrido en toda la historia de la humanidad. Los evangelistas, sin temor a escandalizarnos, refieren que Jesús en Getsemaní «comenzó a sentir tristeza y angustia», y dijo a los tres apóstoles que le acompañaban: «mi alma está triste hasta la muerte» (Mt 26,37-38; cf. Mc 14,33-34). Y este gran sufrimiento, causado por el conocimiento del pecado del mundo pasado, presente y futuro, no se produce solo en este proximidad de la Pasión, sino que en cierto modo acompaña toda su vida.
Dice Santa Teresa: «¿Qué fue toda su vida sino una cruz, siempre delante de los ojos nuestra ingratitud y ver tantas ofensas como se hacían a su Padre, y tantas almas como se perdían? Pues si acá una que tenga alguna caridad [ella misma] le es gran tormento ver esto, ¿qué sería en la caridad de este Señor?» (Camino Perfec. 72,3).
Todos los santos han sufrido a causa del pecado, y han sufrido por amor a Dios y por amor a los pecadores. «Arroyos de lágrimas bajan de mis ojos por los que no cumplen tu voluntad» (Sal 118,136; cf. Lam 3,48-51). San Pablo confiesa: «estoy crucificado con Cristo» (Gál 2,19); «el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo» (6,14), y «cada día muero» (1Cor 15,31). Mucho sufre porque los judíos rechazan a Cristo: «siento una gran tristeza y un dolor continuo en mi corazón porque desearía yo mismo ser anatema de Cristo por mis hermanos» (Rm 9,2). Pero al mismo tiempo,
Cristo ha sido el hombre más feliz del mundo, y nadie ha tenido una alegría comparable con la suya y la de sus santos. Tendrán ustedes que reconocerlo. Nadie se ha sabido tan Amado del Padre como Él. Nadie ha amado a los hombres como Él, y los hombres tenemos alegría en la medida en que amamos, y amamos bien, porque somos imágenes de Dios, que es amor. Nadie ha captado la bondad y belleza del mundo como Cristo, el Primogénito de toda criatura. Nadie ha entendido y admirado como Él los planes de la Providencia divina, siempre plenos de sabiduría, bondad y misericordia. Nadie se ha alegrado tanto con la bondad de los hombres buenos, causada por Él. Nadie ha conocido como Él la fuerza de la gracia, ni se ha alegrado tanto en la conversión de los pecadores.
Cristo ha sido el más sufriente y el más feliz de todos los hombres. Es paradójico, pero indiscutible, aunque para nosotros sea un misterio no fácil de explicar. «La perfecta alegría» de San Francisco de Asís, en la mayor desolación, puede darnos una idea de este contraste misterioso, pero real (Florecillas VII). Si quieren profundizar más en esta infinita paradoja, pueden servirles quizá las consdieraciones que hago en mi libro El martirio de Cristo y de los cristianos (Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2003, pg. 5-12). Lo que ahora más me importa es que aquellos buenos cristianos, que hoy están escandalizados y angustiados por los males del mundo y, sobre todo por los de la Iglesia, hallen la paz en la verdad.
* * *
Gloria al Padre nuestro celestial, que por puro amor nos creó, y en él «vivimos, existimos y somos» (Hch 17,28), sostenidos en cada instante directamente por su manos poderosas. Gloria al Padre que, caídos los hombres en el pecado, «tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Nos asegura Jesús que «bien sabe vuestro Padre celestial todo los que vosotros necesitáis», y si tan bien cuida de las flores del campo y de las aves del cielo, «¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? ¿No valéis vosotros más que ellas?» (Mt 6,25-30)… Más aún, dice Cristo con una enérgica afirmación: «lo que mi Padre me dio es mejor que todo, y nadie podrá arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos una sola cosa» (Jn 10,29-30).
Si Dios ha querido ser nuestro Padre y ha querido hacernos hijos suyos, tendrá que cuidarnos. Santa Teresa de Jesús se encarga de recordarlo: «pues en siendo padre nos ha de sufrir, por graves que sean las ofensas. Si nos tornamos a Él como el hijo pródigo, nos ha de perdonar; nos ha de consolar en nuestros trabajos, mejor que todos los padres del mundo; nos ha de regalar, nos ha de sustentar»… (Camino Perfecc. 44,2).
Gloria al Hijo redentor, que por nosotros y por nuestra salvación se hizo hombre, y entregó su vida en la cruz para remisión de nuestros pecados y para ganarnos la filiación divina. Éñ nos ha adquirido, al precio de su sangre, como Cuerpo suyo, como Esposa suya en la única Iglesia, de la que está enamorado. «Y nadie aborrece jamás su propia carne, sino que alimenta y la abriga como Cristo a la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo» (Ef 5,29-30).
«Él es el que nos ama, y nos ha absuelto de nuestros pecados por la virtud de su sangre» (Ap 1,5). Por tanto, «¿quién nos arrebatará al amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?… [¿Algunos hombres vestidos de negro, con alzacuellos, que dicen barbaridades?] En todas esas cosas vencemos por aquel que nos amó» (Rm 8,35-37).
Gloria al Espíritu Santo, el Don supremo del Padre y del Hijo para los hombres. «Yo rogaré al Padre, y os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad» (Jn 14,16). Si Cristo es la Cabeza, el Espíritu Santo es «el alma de la Iglesia» (Vat. II, LG 7; Juan Pablo II, 28-XI-1990). Él nos ilumina la fe, sostiene nuestra esperanza, enciende y acrecienta nuestra caridad, y perfecciona por sus dones el ejercicio de todas las virtudes, permitiéndonos participar así de la vida de la gracia al modo divino. Más aún, Él habita en nosotros, en la unidad del Padre y del Hijo, como en un templo. Siendo esto así, ¿algún cristiano puede autorizarse a vivir angustiado, desesperado, cuando vayan mal las cosas en el mundo y en la Iglesia? 
Gloria a la Virgen María, que nos ha sido dada como Madre por su hijo unigénito, Jesús. Nosotros, como el discípulo Juan, «la recibimos en nuestra casa» espiritual (Jn 19,25-27). Aquello que dijo el Vaticano II, lo afirma Pablo VI en el Credo del Pueblo de Dios: María «continúa en el cielo ejercitando su oficio maternal con respecto a los miembros de Cristo, por el que contribuye a engendrar y a acrecentar la vida divina de cada una de las almas de los hombre redimidos» (1968, n.15).
San Pío X lo dice con aún mayor ternura: «Debemos decirnos originarios del seno de la Virgen, de donde salimos un día a semejanza de un cuerpo unido a su cabeza. Por esto somos llamados, en un sentido espiritual y místico, hijos de María, y ella, por su parte, nuestra Madre común. “Madre espiritual, sí, pero madre realmente de los miembros de Cristo, que somos nosotros” (San Agustín)» (1904, enc. Ad diem illud). Ella, ascendida en cuerpo y alma junto a Dios, «ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte», de tal modo que «vive siempre para interceder por nosotros» (Heb 7,25). «Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios»… ¿Qué lugar hay en un cristiano para la angustia y la desesperación?
Gloria a la Iglesia celestial, con la que nos unimos especialmente en la Eucaristía diaria.. «con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre la ayuda» del Señor (Plegaria euc. III).
Gloria a los santos Ángeles de Dios, revelados en el Antiguo Testamento, pero mucho más claramente en el Nuevo, que cuidan de los hombres, de los discípulos de la Iglesia, de la Esposa de Cristo:
«No se te acercará la desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda, porque [el Señor] a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra; caminarás sobre áspides y víboras, pisotearás leones y dragones. Se puso junto a mí: lo libraré; me invocará y lo escucharé» (Sal 90).
Gloria a la Iglesia peregrina, la de la tierra, con su doctrina luminosa, siempre fiel a sí misma, guardada en la verdad por el Espíritu Santo, luz indefectible entre tanta oscuridad y mentira; con su liturgia, sacramentos y sacramentales; con sus Escrituras sagradas, sus Concilios sagrados, los escritos celestiales de sus santos; con aquellos que perseveran en la oración, que llevan fielmente la cruz de cada día; con sus párrocos y Obispos entregados a su gente día a día, con sus misioneros, sus mártires, sus padres de familia, sus niños, sus religiosas activas y contemplativas, sus monjes, sus religiosos, sus vírgenes consagradas, sus iglesitas y sus catedrales por todas partes; con sus innumerables obras de caridad y de beneficencia, especialmente admirables en los países más pobres; con la Roca de Pedro, con el Papa, asegurado por la oración de Cristo: «yo he rogado por ti [Simón Pedro:… Karol Wojtyla, Joseph Ratzinger, Jorge Bergoglio] para que no desfallezca tu fe» (Lc 22,32), y asegurado por la oración de cientos de millones de fieles en todas las Misas, al final de los Rosarios… («por el Papa»). «Pedid y recibiréis» (Jn 16,24); «todo cuanto con fe pidiéreis en la oración lo recibiréis» (Mt 21,22)… Un mundo de gracia divina, sobrehumana, celestial ya aquí en la tierra.
Hermanos angustiados y desesperados, mirad con los ojos de la fe a la Iglesia, la Esposa bellísima de Cristo. Mirad a Jesús, que «en aquella hora se sintió inundado de gozo en el Espíritu Santo» (Lc 10,31), y «tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús» (Flp 2,5). Descansad, aunque sea por unas horas.
* * *
–La fe en la Providencia divina se ha debilitado grandemente en los últimos tiempos, y uno de sus signos es la angustia y desesperación que hoy se apodera de algunos cristianos ante los males del mundo y de la Iglesia. Es la fe en la Providencia la que fundamenta la esperanza y asegura la paz en las almas creyentes. Vayan las cosas como vayan en el mundo y en la Iglesia. Digo que se ha debilitado la fe en la Providencia en los que tienen fe. Porque en quienes carecen de ella, no existe en absoluto, por supuesto. La niegan rotundamente.
Predomina hoy en muchos ambientes católicos formas modernas del pelagianismo o de su forma suavizada, el semipelagianismo, que se le asemeja no poco (cf. en este blog 61-65). No se admite fácilmente que un plan de Dios providente dirija la vida del hombre y de las naciones, porque no se cree en la primacía de la gracia (66-75). Se piensa más bien que la línea vital de los pueblos, de la misma Iglesia, es aquella que las opciones libres de los hombres van diseñando. Por tanto, es el hombre, es la parte humana, la que en definitva decide lo que ha sido, lo que es y lo que será su vida personal, lo mismo que la vida del mundo y de la Iglesia. La misma palabrapredestinación, tan importante en la Escritura, en la Tradición y en la teología clásica, prácticamente ha desaparecido de los textos de teología.Es posible que hoy un párroco o profesor de teología diga, por ejemplo, que si tal persona se accidentó en su coche y quedó parapléjico, nada tiene que ver Dios y su providencia divina con tal suceso: ha de atribuirse únicamente a la conducción imprudente del vehículo o a un error del mecánico que lo preparó. La misma Pasión de Cristo no es, según eso, cumplimiento de un plan eterno de Dios, anunciado en las Escrituras. Cristo murió porque los poderosos de su tiempo lo mataron. Y punto. Fue así su muerte, como podía haber sido de otro modo. Estas teologías anti-cristianas sobre la Providencia no suelen tener formulaciones sistemáticas y precisas, que chocarían abiertamente con doctrinas dogmáticas de la Iglesia. Pero se expresan con mucha frecuencia. No me alargaré sobre el tema porque ya lo traté más largamente en (133) Cristo vence los males del mundo –I y –II (134); (135) Providencia divina–I. Dios nuestro Señor gobierna el mundo y (136) –II. El Señor es justo y misericordioso.
La fe en la Providencia fue, sin embargo, en toda la historia de la Iglesia uno de los rasgos populares más profundos de la espiritualidad popular cristiana. Tanto que muchos refranes y dichos antiguos la expresan: «Dios escribe derecho sobre renglones torcidos», «Que sea lo que Dios quiera», «Dios proveerá», «Así nos convendrá», «No hay mal que por bien no venga», «Dios dirá», «Dios quiera que», «Si Dios quiere, iremos a…» (cf. Sant 4,15), «Con el favor de Dios», «Gracias a Dios», «Todo está en manos de Dios», «Dios da la ropa según el frío», «Dios aprieta, pero no ahoga», «El hombre propone y Dios dispone», etc.
–Recordaré en tesis fundamentales la teología dogmática y espiritual de la Providencia,que hoy tanto falta y tanta falta nos hace. Incluso hoy a veces es expresamente negada.
–La fe en la Providencia divina es antiquísima, revelada ya a Israel desde el principio, cuando tantas otras verdades le eran desconocidas todavía. «El Señor frustra los proyectos de los pueblos, pero el plan del Señor subsiste por siempre, de edad en edad» (Sal 32,11). «Tu reinado es un reinado perpetuo» (144,13). José, en Egipto, dice a sus hermanos que lo vendieron como esclavo: «No sois vosotros los que me habéis traído aquí. Es Dios quien me trajo y me puso al frente de toda la tierra de Egipto» (Gén 45,8)… «¿Quién puede resistir su voluntad?» (Rm 9,19).
–«Todo lo que Dios creó, con su providencia lo conserva y lo gobierna» (Vaticano I:Dz 3003). «Él cuanto quiere lo hace» (Sal 113-B,3). «Yo digo: “mi designio se cumplirá; mi voluntad la realizo”… Lo he dicho y haré que suceda, lo he dispuesto y lo realizaré» (Is 46,10-11; cf. 48,3-5)… Está claro: aquí no tose nadie sin el permiso de Dios. Y no hay en el mundo un gramo más de mal que lo que Dios permite. Y todo bien concreto ha sido impulsado por la bondad providente del Rey del Universo. Sabe Dios perfectamente, en su sabiduría omnipotente, lo que promueve y lo que permite.¿Puede haber algún creyente que se atreva a objetar algo a su gobierno?
–Dios interviene continuamente en el orden de causalidades intramundano, y a veces en modos extraordinarios, en milagros (cf. mi estudio Los Evangelios son verdaderos e históricos, Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2013, concretamente en el apéndice, Los milagros de Jesús según Walter Kasper. Aunque el Cardenal Kasper, y antes que él tantos otros protestantes liberales y modernistas, niegue con no pocos exegetas católicos actuales la mayoría de los milagros de Cristo –es decir, todos–, en cuanto alteraciones eventuales de las leyes internas al mundo, Jesús «hizo muchos milagros», como lo reconocen los mismos que lo condenaron a muerte (Jn 11,47). Así consta en casi todas las páginas de los Evangelios, en la enseñanza del Concilio Vaticano I (Dz3034), en el Catecismo de la Iglesia (547-553). «Cuanto hacemos, eres Tú quien para nosotros lo hace» (Is 26,12). «Nuestro Dios está en los cielos y en la tierra, y todo cuanto quiere lo realiza» (Prov 19,21).
–La Providencia divina no obra solamente en las grandes líneas de la historia, sino que gobierna lo grande y lo mínimo. No es como enseña Cicerón: «dii magna curant, parva negligunt». Es como dice Cristo: «ni un solo gorrión cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre» (Mt 28,18).
–Dios gobierna siempre en su providencia todas las criaturas con amor inmenso y misericordia indecible. «Todas las cosas colaboran al bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28). El Catecismo de la Iglesia recuerda que «Santa Catalina de Siena dice “a los que se escandalizan y se rebelan por lo que les sucede”: “todo procede del amor [de Dios], todo está ordenado a la salvación del hombre, Dios no hace nada que no sea con este fin”. Y santo Tomás Moro, poco antes de su martirio, consuela a su hija: “Nada puede pasarme que Dios no quiera.Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor”» (n.313). Hemos de ver el amor de Dios en todo lo que sucede. Hemos de dar gracias a Dios «siempre y en todo lugar». Y sin ningún miedo, sin ninguna restricción mental, debemos pedir al Padre providente: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo».
–La Providencia divina ordena las cosas al mismo tiempo con justicia y con misericordia. Pero, si vale decirlo, aunque no sea exacto, la misericordia divina hace algunas veces sus trampas, no abandonando el mundo el simple juego brutal de sus causalidades internas libres. No. El Señor «no nos trata como merecen nuestros pecados» en pura justicia (Sal 102,10). Santo Tomás expresa lo mismo diciendo: «La misericordia divina es la raíz o el principio de todas las obras de Dios, y penetra su virtud, dominándolas. Según esto, la misericordia sobrepasa la justicia, que viene solamente en un lugar segundo» (STh I, 21,4).
–Permitiendo a veces males enormes promueve Dios providente inmensos bienes. Del peor crimen de la historia humana, la Pasión de Cristo, fluyen los mayores bienes para la humanidad en todos los siglos. Si Dios no permitiera perseguidores de la Iglesia, no tendríamos la legión gloriosa de los mártires. Muchas grandes verdades de la fe católica –la divinidad de Jesucristo, la primacía y necesidad absoluta de la gracia, etc.– fueron formuladas por la Iglesia con ocasión de pésimas herejías: «oportet hæreses esse» (1Cor 11,19). Son inescrutables los designios de Dios providente (Rm 11,33-34). Por eso escribe León Bloy que, aunque no lo entendamos, «todo lo que sucede es adorable».
–Es Cristo, Rey del universo, quien todo lo gobierna con providencia divina, porque a Él le ha sido dado «todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). Se sirve, ciertamente, para ello normalmente de causalidades segundas, no sólo de las buenas, sino también de las malas. En todo caso, como todos los días repetimos una y otra vez [aunque no consta que nos enteremos de lo que decimos] «nuestro Señor Jesucristovive y reina por los siglos de los siglos. Amén».
Los que niegan la Providencia niegan a Dios en cuanto Señor del cielo y de la tierra, y no entienden nada de la historia de la Iglesia y de las naciones. No entienden, por tanto, nada del presente. Y cabe sospechar, sin caer en juicios temerarios, que estas grandes verdades de la fe en la Providencia no están del todo operantes en quienes, ante los tormentosos sucesos actuales de la Iglesia, se hunden en la angustia o incluso en la desesperación, como si estuviera todo integrado en un plan de Dios providente. Más aún: se creen incluso algunos con motivos sobradamente suficientes para hundirse en tales sentimientos: con-sienten en lo que sienten, no intentan salir de sus sentimientos, y procuran comunicarlos a los demás. Lo que ya es el summum.
* * *
Desconcertados. Nadie hoy en la Iglesia Católica tiene derecho para autorizarse a estar desconcertado. Nunca la Iglesia ha tenido un corpus doctrinal tan amplio y perfecto. Sobre cualquier tema que pueda interesarnos: documentos sobre la Escritura, sobre la Liturgia, la Virgen María, el Sacerdocio, la Eucaristía, la Doctrina social… Tenemos el Catecismo de la Iglesia Católica, síntesis amplia y perfecta de la doctrina y disciplina de la Iglesia, autorizada por San Juan Pablo II… Jamás, ni de lejos, ha tenido la Iglesia tantas fuentes abiertas que manan agua viva. Si alguno las desprecia y prefiere beber las aguas de cualquier charco de modo, leyendo le dernier cri, el último aullido ofrecido en tantas librerías religiosas, incluídas muchas diocesanas, no se lamente después de su desconcierto… y descomposición.
«Pasmaos, cielos, de esto y horrorizaos sobremanera, palabra del Señor. Ya que es un doble crimen el que ha cometido mi pueblo: dejarme a Mí, fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de contener el agua» (Jer 2,12-13).
Indignados. Entre los «buenos» cristianos, no son pocos hoy los que están indignados. Están absolutamente disconformes con el modo providente que nuestro Señor Jesucristo emplea hoy para gobernar su Iglesia, especialmente por los males que permite; pero también por los bienes que no acaba de promover eficazmente. Están indignados, y se reconocen ampliamente autorizados para estarlo. «Hombres de poca fe», que hacen de su ceguera una virtud.
«¡Hombre! ¿Quién eres tú para pedir cuentas a Dios? Acaso dice el vaso al alfarero: “¿por qué me has hecho así?” ¿O es que no puede el alfarero hacer del mismo barro un vaso de honor y un vaso indecoroso?» (Rm 9,20-21). «¡Qué insondables son sus juicios e inescrutables su caminos! Porque ¿quién conoció el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero?» (11,33-34). Dice el Señor: «No son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni mis caminos son vuestros caminos. Cuando son los cielos más altos que la tierra, tanto están mis caminos por encima de los vuestros, y por encima de los vuestros mis pensamientos» (Is 55,8-9).
Tentados. «¿En qué está pensando el Señor al permitir tantísimos escándalos y tentaciones en el mundo e incluso dentro de la Iglesia, procurándonos tan pocos defensores de la fe y de la disciplina católica? Esto se va a la ruina. Estoy completamente desesperado/a»… Comentarios como éste, al pie de noticias o de artículos, recibimos muchos. Son palabras necias, que no nacen del Espíritu, sino de la carne.
Las virtudes son como músculos espirituales (virtus, fuerza), que no se desarrollan bajo la gracia con actos remisos, sino con actos intensos (no se desarrollan levantando un lápiz, sino subiendo un piano al primer piso). Los tiempos más duros de la historia suelen dar grandes santos, pues son asistidos por inmensas gracias de Dios. «Fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que con la tentación dispondrá el modo de poderla resistir con éxito» (1Cor 10,13).
«Tened por sumo gozo veros rodeados de diversas tentaciones, sabiendo que la prueba de vuestra fe engendra paciencia» y fortalece todas las virtudes (Stg 1,2-3). «Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque, probado, recibirá la corona de la vida, que Dios prometió a los que le aman» (1,12). Bendigamos al Señor de todo corazón, pues nos puso a vivir en momentos de la historia tan duros que sólo con actos heroicos, activados por su gracia, podemos perseverar en la fe verdadera y en el fiel seguimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Preocupados. «Vivo lleno de ansiedad y preocupaciones, pues casi todas las noticias que me llegan del mundo y de la Iglesia son malas. ¿Cómo no voy a estar preocupado/da?… Y lo peor es que estas preocupaciones no me las puedo quitar de la cabeza»… Vamos por partes. Pre-ocuparse es algo morboso: es ocuparse en exceso. Y no poder quitarse de encima las preocupaciones es igualmente un desorden que hace mucho daño: es una falta de libertad personal; pero «para que gocemos de libertad, Cristo nos ha hecho libres» (Gal 5,1), libres también de nuestros propios pensamientos obsesivos. ¿Qué hace usted, pues, cautivo/a en la cárcel de sus preocupaciones, por nobles que sean sus objetos? ¿Como es posible que se autorice a estas verdaderas orgías de preocupación, que amargan su vida y la de sus prójimos, que le incapacitan para la oración pacífica y para las obras buenas? Y aún puede darse que se consideren las preocupaciones como virtud y mérito?
Léanse Mateo 6, la parábola de las flores del campo y de las aves del cielo (25-34). Escuchen lo que muy claramente manda el Señor: «no os preocupéis». Es un mandato, no un consejo. Y siempre que el Señor nos da la gracia de recibir un mandato suyo, nos da su gracia para que podemos vivirlo (no se queda con los brazos cruzados: a ver cómo nos apañamos para cumplirlo). «No os preocupéis», nos manda el Señor. Y argumenta su mandato. El Padre celestial conoce vuestras necesidades, y cuida de vosotros más que de las plantas y los pájaros, porque valéis mucho más que ellos. No os preocupéis porque no os vale para nada. Orar y ocuparse (ora et labora), sí; pre-ocuparse, no. Es hacer como un burro, que diera vueltas y vueltas a un pozo sin agua, tratando de sacarla. «El auxilio nos viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra» (Sal 120,2). ¡No os preocupéis! Es un mandato de Cristo: «vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando» (Jn 15,14).
Alegres en la esperanza. Un hombre que viaja en un tren pésimo –ruido, hacinamiento, corrientes de aire, sin asiento– y va tan feliz porque, por fin, vuelve a casa después de años de exilio, y le esperan su esposa, sus hijos, su casa. ¿Qué importancia va a dar a todas esas molestias? Ni las nota apenas… Nosotros, en la Iglesia peregrina, viajamos hacia la Casa del Padre, donde Cristo ha ido por delante para prepararnos un lugar (Jn 14,2), y por muy calamitosas que sean las condiciones del mundo y de la Iglesia, por mucho que cueste el parto, «nadie será capaz de quitarnos la alegría» (Jn 16,22). Con toda razón, pues, manda Cristo por el Apóstol: «vivid alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación» (Rm 12,12)… ¿Alguna objeción?… Pero la alegría cristiana tiene un motivo todavía mayor: el amor de Cristo:
Alegres en Cristo. Otra vez estamos ante un mandato de Cristo, que nos lo da también por el Apóstol; no es un mero consejo: «Alegraos siempre en el Señor. De nuevo os digo: alegraos… El Señor está próximo. Por nada os inquietéis» (Flp 4,4)… ¡Pues no había pocas razones para inquietarse, cuando dice esto San Pablo, en aquellos tiempos de persecución! Pero, justamente, pocos libros cristianos se han escrito tan exultantes de gozo como las Actas de los mártires, verdaderos partes de victoria, himnos de ingreso directo en el Cielo. Y es que, como lo recuerda el Papa Francisco, «el Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a la alegría» (exh. apost. Evangelii gaudium 5, 24-XI-2013).
El Evangelio es la Buena Noticia. El Señor está con nosotros, vive en nosotros (Gál 2,20). Es el sentimiento predominante en los escritos apostólicos, por ejemplo, en las introducciones de las Cartas. Pero ya en el Antiguo Testamento, esperando al Mesías, está vibrante la espiritualidad de la alegría. «Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa segura» (Sal 15,8). Es la alegría espiritual un gran don de Dios, que se le debe pedir: «Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti; porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan» (85,4-5).
Paz en la Providencia. El que busca hacer su voluntad tiene que estar necesariamente ansioso, lleno de preocupaciones y sufrimientos, pues muchas veces no logra realizar lo que quiere y son innumerables las fuerzas que pueden contrariar sus deseos. Parece un moscardón, introducido en una habitación, que vuela en todas direcciones, chocando con la pared innumerables veces… Por el contrario, el que busca en todo hacer la voluntad de Dios providente vive en paz continua, inalterable, sean cuales fueren las circunstancias del mundo y de la Iglesia. «Hágase en mí según tu palabra», dice María, pues Ella jamás tiene planes propios, voluntad propia. Ella sólo quiere hacer la voluntad de Dios en cada instante; y eso, con su gracia, siempre es posible. Del mismo modo, el cristiano que guarda conformidad total e incondicional con la voluntad de Dios providente, propiamente no sufre nunca contrariedades, pues en todo ve la mano bondadosa del Señor. Cree en la Providencia divina. 
Hay cristianos hoy que no quieren saber nada ni del mundo ni de la Iglesia, y se mantienen lo más ajenos posible a lo que va sucediendo. No lo soportan, se ponen enfermos, se hunden con las noticias civiles y eclesiásticas. Prefieren no saber nada. Quizá alguno les aconseje: «escapa como un pájaro el monte, porque los malvados tensan el arco, ajustan la saeta a la cuerda, para disparar en la sombra contra los buenos» (Sal 10,1-2)… Puede ser que por dolencias psicológicas o morales sea ése un buen consejo. O porque el Señor les llame al desierto, con una excelsa vocación contemplativa. «¡Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruïdo!» (Fr. Luis de León)… Pero en principio no es ésa la vida querida por Dios para el común de los cristianos. Cristo ruega al Padre: «no te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal» (Jn 17,15).
Paz en Cristo, hermanos, recibidla de Él mismo. «Yo os doy mi paz; no es la doy como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde» (Jn 14,27).
«Aunque la higuera no eche yemas y las viñas no tienen fruto, aunque el olvido olvide su aceituna y los campos no den cosechas, aunque se acaba las ovejas del redil y no quedan vacas en el establo, yo exultaré con el Señor, me logiriaré en Dios, mi salvador» (Hab 3,17-18).
«Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti» (Sal 32,20-22).
José María Iraburu, sacerdote
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domingo, 1 de marzo de 2015

11-S-2001-New York-Atentado de las Torres Gemelas: ¿Falsa Bandera? Historia de una Infamia. Evidencias de AutoAtentado. Verdad del Atentado. Evidencias: PUTIN amenaza a Obama con fotos de satélite Mueren tres periodistas que investigaban la implicación del gobierno de EEUU(1727)

¿Atentado de Falsa Bandera
para Control de Oriente Medio
por el Sionismo Masónico?
Es el Inicio de la 3ª Guerra Mundial
según la Estrategia del Nuevo Orden Mundial
hacia el Gobierno Mundial del Anticristo

VIDEOS

11-S: Mueren tres periodistas que investigaban 
la implicación del gobierno de EE.UU
(16/02/2015) 
El 11-S y el derribo de las Torres Gemelas de Nueva York sigue siendo motivo de controversia y polémica, máxime cuando, a pesar de los años transcurridos, siguen originando hechos extraños e, incluso, muertes.
Así es el caso de tres periodistas que trabajaban en un documental en el que se ponía de manifiesto la implicación del gobierno norteamericano en el derribo de las torres del WTC (World Trade Center) y que han fallecido en las últimas horas. Son el ex reportero internacional de la NBC, Ned Colt, el corresponsal de CBS News, Bob Simon, y el periodista del New York Times,David Carr.
Todo resulta muy extraño, así Bob Simon, de 73 años, el pasado miércoles fue asesinado en Nueva York en un accidente de tráfico, el jueves Ned Colt, de 58 años, por un derrame cerebral masivo, David Carr, de 58 años, de un colapso en la sala de redacción del New York Times.
Ellos tres más Brian Williams, quien debió renunciar a la NBC por mentir sobre una noticia de Irak, crearon una empresa independiente de noticias en vídeo y presentaron los documentos de seguridad necesarios que les permitiría acceso al archivo más secreto del Kremlin en relación con los atentados del 11 de septiembre de 2001, fue el presidente Putin quién dio la voz de alarma que se iba a divulgar dicha información.
Detrás de todo ello estaría el mismo presidente ruso, interesado en que se sepa esta ‘verdad’ y de la participación del gobierno de Estados Unidos y los servicios de inteligencia en los ataques del 11 de septiembre. Es una nueva versión de la ‘Guerra Fría’ y cuyo objeto oscuro de deseo era el control del petroleo y los intereses petroleros de Estados Unidos en el Medio Oriente así como sus empresas estatales, entre ellas las del entonces presidente George Bush y familia.
Los tres periodistas fallecidos consideraban lamentable la manipulación de la información en torno a este tema, quizás por ello se justifique desde el gobierno el controlar las informaciones de los medios de comunicación alternativos y se amenaza con ilegalizar aquellos sitios más osados con la información.

Archivo-MARZO 2015: Enlaces a Píldoras Publicadas y Programadas (1726)

España Católica v. Poder Masónico-Luciferino
Santiago Apóstol-Batalla Clavijo-Año 859
 Twitter: 
11-S-2001-ATENTADO a las Torres Gemelas de Nueva York: ¿Falsa Bandera?. Historia de una Infamia. Evidencias de AutoAtentado. Verdad del Atentado. PUTIN amenaza a Obama con fotos de satélite. Mueren 3 periodistas que investigaban la implicación del gobierno USA
1728-2/3/15-José María Iraburu
CRISIS de la IGLESIA: En las tormentas, Alegres en la Esperanza
1729-3/3/15-Luis Fernando Pérez Bustamante
ARZOBISPO de Madrid-Conferencia y respuestas: Suspensión Misa fin de año en Colón, Admiración al Santo Padre por sectores anticlericales, Podemos y el Concordato, Salud de la Iglesia, Aborto...
1730-4/3/15-Alonso Gracián
Retrato del HETERODOXO Maniático: Pelagianismo, nominalismo, inmanentismo, liberalismo, modernismo (eliminar a Dios de la vida social), aconfesionalismo, existencialismo, gnosticismo, subjetivismo, globalismo, buenismo, frikismo del diablo (arrancar el Misterio del Evangelio), NEW AGE. Autores citados: Lutero, Hegel, Schleiermacher, Strauss, Nietzsche, Harnack, Bultmann, Bergson, Teilhard de Chardin, Blondel, Castillo, Loisy, Küng, Boff, Schillebeeckx, Jon Sobrino, José A. Pagola, Walter Kasper
Renacimiento: se consuma la Gran Impostura preparada por la Caída de la Escolástica
1731-5/3/15-Javier Sanmateo
MARRUECOS amenaza a Ceuta y Melilla. Los planes atómicos de Franco provocaron el Magnicidio del almirante Carrero Blanco en 1973
1732-6/3/15-Santiago Clavijo, Pio Moa
BLAS INFANTE (1885-1936), Sabino Arana (1865-1903) y Enric Prat de la Riba (1870-1917) son los orates que inventaron los tres nacionalismos antiespañoles, intentando un regeneracionismo romántico en el pesimista final del imperio español 
1733-7/3/15-Santiago Clavijo
Conde CAGLIOSTRO: Aventurero, Ocultista, Alquimista, Mago, Médico, Rosacruz y Fundador del Rito Egipcio de la Francomasonería. Amigo de Casanova y Franklin. Cagliostro en el Aquelarre satánico de las brujas de Zugarramurdi 
1734-8/3/15-Juan Claudio Sanahuja
OBAMA: Internacionalización del HOMOSEXUALISMO
SÍNODO: Separar el Magisterio de la pastoral es una HEREJÍA
1735-9/3/15-Tomás de la Torre, Santiago Clavijo
RELIGIÓN a la Carta: LOMCE, CEE, Gobierno PP, Estado Confesional, Democracia, Libertad de Enseñanza. No al MAL Menor. La diócesis de Getafe remacha sobre el Yunque
1736-10/3/15-José Ignacio Munilla
OBISPO Español de San Sebastián: Web, Conferencias, Radio María-6º Continente-Podcasts, Homilías  
1737-11/3/15-Santiago Clavijo
11-M-2004-Madrid: ¿ENIGMA o CONSPIRACIÓN? Atentado Masónico, que dió el poder al PSOE de Zapatero para destruir España
1738-12/3/15-Santiago Clavijo, Javier Olivera
PORNOCRACIA-Los responsables históricos de la dominación sexual: Maniqueos, Cátaros, Jansenistas, Calvinistas, Iluminados, Racionalistas, Socialistas, Feministas, Masones y otros siervos de Satanás
1739-13/3/15-Roberto Centeno
RAJOY-Debate del Estado de la Nación: NO al Rescate-SÍ a una DEUDA Inasumible 
1740-14/3/15-Santiago Clavijo
TRASVASE EBRO-Planes Hidrológicos: 1902-Gasset, 1933-Prieto, 1940-Franco y 2000-Aznar 
1741-15/3/15-Santiago Clavijo
LINAJES fundadores de ESPAÑA: Osorio-Lorenzana-Quiñones-Guzmán-Castro-Trastamara
1742-16/3/15-Santiago Clavijo
HISTORIA total de ESPAÑA: Big-bang, VIDA, Linaje Humano, Diluvio, Atlantes, Celtíberos, Santiago Matamoros, RECONQUISTA, IMPERIO y Conspiración Masónica contra ESPAÑA
1743-17/3/15-Alfredo Sáenz, Julio Meinvielle
NACIONALISMO Católico: Santo Tomás de Aquino, León XIII, San Pío X, Pío XI, Pío XII y San Juan XXIII. P.Julio Meinvielle: "El judío en el misterio de la Historia" y P.Alfredo Sáenz: "La Masonería y la Iglesia" 
1744-18/3/15-Eugenio Vegas Latapié
HISPANIDAD-América: Fin del Imperio Español 
1755-19/3/15-Santiago Clavijo
SAN JOSÉ: su fiesta invita a renovar la entrega a Dios y a recomenzar la lucha ascética, práctica de obras de misericordia y espíritu de penitencia 1745-20/3/15-Santiago Clavijo
ESPAÑA: "Cloacas del Estado" al servicio del proyecto masónico "Nuevo Orden Mundial"
1746-20/3/15-Johan Galtung
SIONISMO: 6 Familias controlan el 96% de los Medios de Comunicación occidentales y el 70% de los profesores de las 20 universidades más importantes de EEUU también son hebreos 
1747-21/3/15-Santiago Clavijo
PARAISO en IBERIA: Jardín de las HESPÉRIDES, situado en las cercanías de Cádiz desde la civilización de los Tartesos, herederos de los míticos Atlantes. Imitación pagana del Génesis en la mitología griega: Manzana que da la inmortalidad, Ninfa por Eva y Hércules por Adán
1748-22/3/15-Juan Claudio Sanahuja
USA pro-GAY. 379 gigantes económicos han enviado a la Corte Suprema un largo documento para forzar el sí definitivo al matrimonio entre personas del mismo sexo: Coca-Cola, PepsiCo, Facebook, Apple, Google, Amazon, Procter & Gamble, HSBC, HP, Microsoft, Twitter, American Express, Visa, Bank of America, JPMorgan, CBS, Walt Disney, etc. 
1749-23/3/15-Bruno Moreno
IGLESIA Católica: ¿Por qué el Papa no impide que se haga o diga tal cosa? Dejación de autoridad y desistencia en la búsqueda de la verdad. Es fruto de un proceso histórico: nominalismo y abandono de la gran tradición del realismo aristotélico-tomista, antropocentrismo renacentista, racionalismo, empirismo, positivismo filosófico, evolucionismo filosófico, idealismo, hegelianismo, positivismo jurídico, pensamiento débil y relativismo actual 
1756-23/3/15-Luis Fernando Pérez Bustamante
ANDALUCÍA-Elecciones: ganó la catequista. PSOE ha perdido más de cien mil votos que han ido a Podemos. Castañazo del PP: ha perdido 17 escaños y medio millón de votos, que han ido a la Abstención y a Ciudadanos, partido abortista y contrario a los principios no negociables definidos por Benedicto XVI. Podemos ha recogido también votos jovenes abstencionistas. Desplome comunista de IU. UPyD puede ir haciendo las maletas. VOX ha obtenido 18.000 votos, menos que en las europeas, su aventura de nueva derecha acabará en mayo, no es partido profamilia quien defiende las uniones civiles entre homosexuales. En España no existe representación provida ni profamilia. No existe un solo colegio o universidad católica que forme jóvenes para luchar en política contra el Mal menor
1750-24/3/15-Luis Fernando Pérez Bustamante, Manuel Guerra, Ricardo de la Cierva
PARTIDO POPULAR: la estrategia del CUCO. Rajoy es MASÓN  y Aznar pertenece a “Skull & Bones”. Actualmente, hay muchos masones en el Partido Popular 
1751-25/3/15-Santiago Clavijo
FAMILIA: "Qué es y qué no es". Base social y fundamental  de la civilización del AMOR. Su principal enemigo actual es la MASONERÍA: Secta luciferina-liberal, que pretende implantar el "NUEVO ORDEN MUNDIAL" y la religión universal "NUEVA ERA", preparando el gobierno del Anticristo
1752-26/3/15-Santiago Clavijo
BIG BANG: Gran Explosión en punto infinitesimal de energía super-concentrada. EVOLUCIÓN: Plasma de Quarks-Gluones, Electrones-Protones-Neutrones, Átomos de Hidrógeno-Deuterio-Helio, Fotones, Estrellas, Galaxias, Cuásares, Agujeros Negros, Supernovas, Materia Oscura, Polvo Cósmico 
1753-27/3/15-Adrian Salbuchi
BILDERBERG explicado: Poder Real Global, Nuevo Orden Mundial, Logias Masónicas, Rockefeller/Kissinger/Brzezinski, Council on Foreign Relations. ONU, Banco Mundial, FMI, Gobierno Mundial
1754-28/3/15-Santiago Clavijo
Santa TERESA de JESÚS: Homenaje 5º Centenario-Nacimiento 28-M-1515. Obras Completas. Film de Aurora Bautista. Serie TVE de Conchita Velasco. "Nada te Turbe" de Mina. Éxtasis y Transverberación de Bernini 
1767-29/3/15-Santiago Clavijo, José Luis Orella, Manuel Cerdán
Almirante CARRERO BLANCO: La ESPAÑA del Desarrollo. Conspiración masónica para el Magnicidio de Carrero, presidente del Gobierno
1768-30/3/15-Juan Claudio Sanahuja
Cardenal BURKE: " Confusión  alarmante". Manipulación de los textos sinodales; la "Humanae vitae" y el retorno al magisterio del Papa San Juan Pablo II. Preocupación por el movimiento mundial “ecológico” y la promoción internacional de la planificación familiar
1769-31/3/15-Santiago Clavijo, Jesús Cacho, Roberto Centeno
Ruptura y Bancarrota de ESPAÑA: BILDERBERG dirige el proyecto "Nuevo Orden Mundial" para una Confederación de Naciones. Felipe González, Grupo PRISA y Grandes Bancos-Empresas del Ibex preparan un Gobierno de concentración PP-PSOE para reformar la CONSTITUCIÓN de las Autonomías con Referéndum en DOS años. El Estado de Partidos ha destruido el sistema público de Eseñanza, principal motor del Desarrollo y se ha convertido en insostenible y corrupto
Satanás y Masonería  
Nuevo Orden Mundial-Nueva Era
Doctrina de la Iglesia Católica
Carta de San Pablo a los Efesios 
6-10: Revístanse con la armadura de Dios para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre sino contra los Principados y Potestades, contra los "Soberanos de este mundo de Tinieblas", contra los Espíritus del Mal.
1. El reino de SATANÁS bajo cuyo imperio y potestad se encuentran todos los que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, rehusan obedecer a la ley divina y eterna, y obran sin cesar o como si Dios no existiera o positivamente contra Dios. 
2. En nuestros días, todos los que favorecen la peor parte parecen conspirar a una y pelear con la mayor vehemencia, bajo la guía y auxilio de la sociedad que llaman de los MASONES, por doquier dilatada y firmemente constituida. Sin disimular ya sus intentos, con la mayor audacia se revuelven contra la majestad de Dios, maquinan abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia.
35. Levántase insolente y orgullosa por sus triunfos la secta de los MASONES.
Cardenal Joseph Ratzinger (1983)
No ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las Asociaciones MASÓNICAS.
JESUCRISTO PORTADOR DEL AGUA DE LA VIDA 
6-1. Juan Pablo II: Elementos ambiguos de la NUEVA ERA son incompatibles con la fe cristiana.
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