Crisis de identidad en occidente
Europa está perdiendo algo más que el control de sus fronteras: está perdiendo la conciencia de lo que es, de dónde viene y de qué principios nació.
Durante siglos, la civilización europea se construyó sobre una herencia cristiana que dio forma a sus catedrales, sus universidades, su concepción de la dignidad humana y buena parte de sus instituciones. Hoy, mientras esa herencia se debilita, las élites políticas parecen incapaces de ofrecer un proyecto de continuidad cultural y espiritual.
¿Estamos ante una transformación histórica inevitable o ante las consecuencias de decisiones políticas deliberadas?
CEUTA: CUANDO LA FRONTERA SE CONVIERTE EN SÍNTOMA
La crisis migratoria de Ceuta ha vuelto a colocar sobre la mesa una cuestión fundamental: ¿quién decide las condiciones de entrada en nuestro territorio y qué responsabilidad tienen nuestros gobernantes en la protección de nuestras fronteras?
La Marcha por la Dignidad del 26 de septiembre de 2026 trasladó esa preocupación a las calles de Madrid. Miles de personas reclamaron respuestas, responsabilidades políticas y una solución a la crisis ceutí.
Pero limitar el debate a la llegada de inmigrantes sería insuficiente. También debemos examinar las políticas que favorecen estos flujos, los intereses diplomáticos que condicionan su gestión, los incentivos económicos y electorales y la incapacidad de las instituciones para establecer una estrategia duradera.
La inmigración irregular exige control fronterizo, aplicación de la ley y cooperación internacional. La acogida de refugiados, por su parte, debe respetar las obligaciones legales y humanitarias. Ninguna de estas cuestiones se resuelve demonizando a pueblos enteros.
FRANCIA Y REINO UNIDO: EL DEBATE SOBRE LA IDENTIDAD
Los datos oficiales de Inglaterra y Gales muestran una transformación profunda. En el censo de 2021, quienes se identificaban como cristianos representaban el 46,2 % de la población, frente al 59,3 % de 2011. Quienes se identificaban como musulmanes pasaron del 4,9 % al 6,5 %. Además, el 37,2 % declaró no tener religión.
Estas cifras requieren una lectura rigurosa: el retroceso del cristianismo no puede atribuirse exclusivamente a la inmigración, pues el crecimiento de la población sin religión también resulta decisivo.
Sin embargo, sí plantean una pregunta incómoda: ¿qué sucede con una civilización cuando deja de transmitir su propia tradición a las siguientes generaciones?
Francia afronta también fuertes tensiones sobre integración, laicidad, identidad nacional y control migratorio. Italia, por su parte, participa en el debate europeo sobre fronteras, asilo y cooperación con los países de origen y tránsito.
No basta con contar cuántas personas llegan. Hay que preguntarse qué modelo de sociedad queremos construir, qué valores estamos dispuestos a transmitir y si nuestros dirigentes tienen una visión a largo plazo.
EL PODER QUE NO SE SOMETE A LAS URNAS
¿Quién financia determinadas iniciativas? ¿Qué intereses económicos se benefician de ciertas políticas migratorias? ¿Qué compromisos internacionales limitan la capacidad de los Estados? ¿Qué dirigentes defienden sus programas electorales y cuáles terminan haciendo lo contrario?
También el Partido Popular debe ser sometido a este escrutinio. Si se sostiene que existe una influencia masónica determinante en sus decisiones, esa afirmación necesita pruebas concretas: documentos, vínculos verificables, declaraciones o decisiones políticas que permitan establecer responsabilidades.
La etiqueta no sustituye a la investigación. La denuncia gana fuerza cuando demuestra aquello que afirma.
ISRAEL, ESTADOS UNIDOS Y EL TABLERO INTERNACIONAL
La geopolítica de Oriente Próximo también afecta a Europa. La relación entre Israel y Estados Unidos, los conflictos regionales, las amenazas terroristas, la seguridad energética y las rivalidades entre potencias condicionan la política exterior europea.
Pero no debemos confundir esos conflictos con una supuesta guerra mundial entre cristianos y musulmanes. Los Estados actúan movidos por intereses estratégicos, militares, económicos e ideológicos que deben analizarse caso por caso.
Una Europa políticamente fragmentada y espiritualmente desorientada tendrá más dificultades para defender sus intereses. Por eso necesita fronteras eficaces, instituciones responsables, una política exterior coherente y una ciudadanía consciente de su herencia histórica.
NO DESVÍES LA MIRADA: NI CHIVOS EXPIATORIOS NI PODERES INTOCABLES
Hay una trampa en la que podemos caer: concentrar toda la indignación en el inmigrante que llega mientras dejamos sin examinar las decisiones de quienes diseñan, ejecutan o mantienen las políticas públicas.
La responsabilidad corresponde a quienes toman decisiones, a quienes las financian y a quienes las ejecutan, siempre que existan pruebas suficientes para establecerla.
La cuestión de fondo es si Europa quiere seguir siendo heredera consciente de su civilización cristiana o convertirse en una sociedad que renuncia a sus raíces por falta de voluntad para defenderlas.
La defensa del Occidente católico no puede reducirse al miedo, al enfrentamiento religioso o a la nostalgia. Exige formación, vida cristiana, familias sólidas, instituciones transparentes, fronteras bajo control y dirigentes sometidos a la ley.
Porque una civilización no desaparece únicamente cuando otros llegan. También se debilita cuando sus propios hijos dejan de creer en ella, sus instituciones renuncian a defenderla y sus gobernantes confunden la ausencia de conflictos con la ausencia de problemas.
Santiago Clavijo II