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miércoles, 29 de septiembre de 2021

San MIGUEL ARCÁNGEL, Príncipe de la Milicia Celestial que expulsó a SATANÁS del Paraíso

San MIGUEL ARCÁNGEL
Príncipe de la Milicia Celestial 
que expulsó a SATANÁS del Paraíso
Festtividad 29 de Septiembre
Obra de Madre Adela Galindo

San Miguel es uno de los siete arcángeles y está entre los tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael. La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama "Príncipe de los espíritus celestiales", "jefe o cabeza de la milicia celestial". Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento.

Muy apropiadamente, es representado en el arte como el ángel guerrero, el conquistador de Lucifer, poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo infernal, amenazándole con su espada, traspasándolo con su lanza, o presto para encadenarlo para siempre en el abismo del infierno.

La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego.

Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte.

La Fidelidad de San Miguel para con Dios:

El mismo nombre de Miguel, nos invita a darle honor, ya que es un clamor de entusiasmo y fidelidad. 

Satanás tiembla al escuchar su nombre, ya que le recuerda el grito de noble protesta que este arcángel manifestó cuando se rebelaron los ángeles. San Miguel manifestó su fortaleza y poder cuando peleó la gran batalla en el cielo. Por su celo y fidelidad para con Dios gran parte de la corte celestial se mantuvo en fidelidad y obediencia. Su fortaleza inspiró valentía en los demás ángeles quienes se unieron a su grito de nobleza: "¡¿Quién como Dios?!." Desde ese momento se le conoce como el capitán de la milicia de Dios, el primer príncipe de la ciudad santa a quien los demás ángeles obedecen.


San Miguel en las Sagradas Escrituras

En el Antiguo Testamento
San Miguel aparece como el guardián de la nación hebrea.

En el libro de Daniel, Dios envía a San Miguel para asegurarle a Daniel su protección.

"Y ahora volveré a luchar con el príncipe de Persia...Nadie me presta ayuda para esto, excepto Miguel, vuestro príncipe, mi apoyo para darme ayuda y sostenerme." -Daniel 10:13.
"En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo" -Daniel 12:1
El pueblo del profeta eran los judíos. Por lo tanto, es aceptado que el ángel que el Señor había asignado a los Israelitas en los días de Moisés, para guiarles a través del desierto y llevarlos por las naciones idólatras que destruiría por medio de ellos, es el mismo San Miguel.

En el libro del Exodo el Señor dijo a los Israelitas:

He aquí que yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado. Pórtate bien en su presencia y escucha su voz: no le seas rebelde, que no perdonara vuestras transgresiones, pues en el esta mi Nombre. si escuchas atentamente su voz y haces todo lo que yo diga, tus enemigos serán mis enemigos y tus adversarios mis adversarios. Mi ángel caminara delante de ti y te introducirá en el país de los amorreos, de los hititas, de los perizitas, de los cananeos, de los jivitas y de los jebuseos; y yo los exterminaré. No te postrarás ante sus dioses, ni les darás culto, ni imitaras su conducta; al contrario, los destruirás por completo y romperás sus estelas. Vosotros daréis culto a Yahveh, vuestro Dios". -Ex 23:20.

Después de la muerte de Moisés, según la tradición judía (referida en Judas 9) San Miguel altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés. En obediencia al mandato de Dios, San. Miguel escondió la tumba de Moisés, ya que la gente y también Satanás querían exponerla para llevar a los Israelitas al pecado de idolatría.

San Miguel recibió de Dios el encargo de llevar a término sus designios de misericordia y justicia para su pueblo escogido. Vemos como Judas Macabeos antes de iniciar cualquier batalla en defensa de la ley y del Templo clamaba la ayuda de San Miguel y le confiaban su defensa:

En cuanto los hombres de Macabeos supieron que Lisias estaba sitiando las fortalezas, comenzaron a implorar al Señor con gemidos y lagrimas, junto con la multitud, que enviase un ángel bueno para salvar a Israel.... Cuando estaban cerca de Jerusalén apareció poniéndose al frente de ellos un jinete vestido de blanco, blandiendo armas de oro. Todos a una bendijeron entonces a Dios misericordioso y sintieron enardecerse sus ánimos -2 Mac 11:6

Tu, soberano, enviaste tu ángel a Exequías, rey de Juda, que dio muerte a cerca de ciento ochenta y cinco mil hombres del ejercito de Senaquerib. Ahora también, Señor de los cielos, envía un ángel bueno delante de nosotros para infundir el temor y el espanto. ¡Que el poder de tu brazo hiera a los que han venido blasfemando a atacar a tu pueblo santo! -2 Mac 15:22.

En la actualidad, los judíos invocan al Arcángel Miguel como el principal defensor de la sinagoga y como protector contra sus enemigos. En la fiesta de la expiación concluyen sus oraciones diciendo: "Miguel, príncipe de misericordia, ora por Israel".

En la Nueva Alianza

La posición de San Miguel es también muy importante en el N.T. donde continúa su poderosa defensa. Con sus ángeles, el libra la batalla victoriosa contra Satanás y los ángeles rebeldes, los cuales son arrojados del infierno. Es por eso venerado como guardián de la Iglesia.

"Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Angeles combatieron con el Dragón. También el dragón y sus ángeles combatieron pero no prevalecieron y no hubo ya en cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero" -Apocalipsis 12,7-9

La carta de Judas se refiere a San Miguel en batalla contra Satanás.

El honor y la veneración a San Miguel, como testifican los padres de la Iglesia, ha sido parte esencial de la vida de la Iglesia desde sus inicios. Se le han atribuido un sin numero de beneficios espirituales y temporales. El emperador Constantino, atribuyó a este arcángel, las victorias sobre sus enemigos y por ello le construyo cerca de Constantinopla una magnifica iglesia en su honor. Esta se convirtió en lugar de peregrinación y muchos enfermos recibieron sanación gracias a la intercesión de San Miguel.

San Miguel y la Eucaristía

Se nos enseña en la Tradición que San Miguel preside el culto de adoración que se rinde al Altísimo y ofrece a Dios las oraciones de los fieles simbolizadas por el incienso que se eleva ante el altar. La liturgia nos presenta a San Miguel como el que lleva el incienso y esta de pie ante el altar como nuestro intercesor y el portador de las oraciones de la Iglesia ante el Trono de Dios. En el Canon #1 de la Misa: "que tu ángel presente ante Ti las oraciones de tu Iglesia"

Es muy interesante notar en las apariciones marianas que han incluido manifestaciones de San Miguel, que su relación con la Eucaristía, y a la adoración debida a Jesús Eucarístico y a la Santísima Trinidad:

Fátima: En 1916 se les aparece el ángel por primera vez. Se arrodilla en tierra inclina la frente hasta el suelo y pidió que oraran con el: "Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman".

Segunda aparición: "¡Rezad, rezad mucho. Los corazones de Jesús y María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo!"

Tercera aparición: Se aparece con un cáliz en sus manos sobre el cual esta suspendida una Hostia, de la cual caían gotas de sangre al cáliz. Dejando el cáliz y la hostia suspensos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces: "Santísima Trinidad, Padre , Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores".

Después se levantó y dio la Hostia a Lucia, y el contenido del Cáliz a Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo: "Tomad el Cuerpo y bebed la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.

San Miguel, defensor de los moribundos:

San Miguel continua su ministerio angélico en relación a los hombres hasta que nos lleva a través de las puertas celestiales. No solo durante la vida terrenal, San Miguel defiende y protege nuestras almas, el nos asiste de manera especial a la hora de la muerte ya que su oficio es recibir las almas de los elegidos al momento de separarse de su cuerpo.

En la liturgia la Iglesia nos enseña que este arcángel esta puesto para custodiar el paraíso y llevar a el a aquellos que podrán ser recibidos ahí. A la hora de la muerte, se libra una gran batalla, ya que el demonio tiene muy poco tiempo para hacernos caer en tentación, o desesperación, o en falta de reconciliación con Dios. Por eso es que en estos momentos se libra una gran batalla espiritual por nuestras almas. San Miguel, esta al lado del moribundo defendiéndole de las asechanzas del enemigo.

Anécdota: San Anselmo cuenta de un religioso piadoso que a punto de morir recibía grandes asaltos de demonio. El demonio se le apareció acusándole de todos los pecados que había cometido antes de su bautismo (tardío). San Miguel se aparece y le responde que todos esos pecados quedaron borrados con el Bautismo. Entonces Satanás le acusa de los pecados cometidos después del Bautismo. San Miguel le contesta que estos fueron perdonados en la confesión general que hizo antes de profesar. Satanás, entonces, le acusa de las ofensas y negligencias de su vida religiosa. San Miguel declara que esos han sido perdonados por sus confesiones y por todos los buenos actos que hizo durante su vida religiosa, en especial la obediencia a su superior, y que lo que le quedaba por expiar lo había hecho a través del sufrimiento de su enfermedad vividos con resignación y paz.

En los escritos de San Alfonso de Ligorio encontramos: "Había un hombre polaco de la nobleza que había vivido muchos años en pecado mortal y lejos de la vida de Dios. Se encontraba moribundo y estaba lleno de terror, torturado por los remordimientos, lleno de desesperación. Este hombre había sido devoto de San Miguel Arcángel y Dios en su misericordia permitió que este arcángel se le apareciera. San Miguel le alentó al arrepentimiento, diciéndole que había orado por el y le había obtenido mas tiempo de vida para que lograra la salvación. Al poco rato, llegan a la casa de este hombre 2 sacerdotes dominicos, que dijeron se les había aparecido un extraño joven pidiéndoles que fueran a ver a este hombre moribundo. El hombre se confesó con lágrimas de arrepentimiento, recibió la Santa Comunión y en brazos de estos dos sacerdotes murió reconciliado con Dios.

La oración a San Miguel del Papa León XIII

En Octubre 13, 1884, el Papa León XIII, experimento una visión horrible. Después de celebrar la Eucaristía, estaba consultando sobre ciertos temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano cuando de pronto se detuvo al pie del altar y quedo sumido en una realidad que solo el veía. Su rostro tenia expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. Algo muy duro había visto. De repente, se incorporo, levanto su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: ¿Que le sucede su Santidad? ¿Se siente mal?
El respondió: "¡Oh, que imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar!", y se encerró en su oficina.

¿Qué vio León XIII? "Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo." También León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.

Después de media hora, llamo al Secretario para la Congregación de Ritos. Le entrego una hoja de papel y le ordeno que la enviara a todos los obispos del mundo indicando que bajo mandato tenia que ser recitada después de cada misa, la oración que ahí el había escrito.

Oración:

"San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén."

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Milagro de Medjugorje

Cabiria (1914) o la primera película de la historia del cine. Por Guillermo Mas

Cabiria (1914) o la primera película de la historia del cine
29-9-2021

Tiempo atrás desaparecieron nuestros ritos: unas veces los sustituimos, otras los ignoramos y a algunos, simplemente, los dejamos extraviar; en todo caso, ha transcurrido lo suficiente como para que constatar lo ocurrido resulte tan anacrónico como cantar las guerras púnicas.

El 18 de abril de 1914 se estrenó Cabiria en Turín; 3 meses después estalló la Primera Guerra Mundial, incoando una larga pira europea. Giovanni Pastrone —Piero Fosco, sin la máscara— el director, productor (Italia Films) y escritor de la película contaba entonces treinta primaveras y debía sentirse poco menos que el bastardo con más fortuna del condenado mundo. Hombres mediocres tildaron su ambición de megalómana; hoy sabemos que fue un genio precisamente por entender que aquel fenómeno, el cine, era el rito nuevo de un siglo nuevo capaz de dejar atrás el rito religioso y al que le quedaba descreer del rito político: tipos como ese o son locos o son profetas.

Hasta que llegó A corner in wheat (1909) el cinematógrafo había expresado tres posibilidades: el teatro filmado, el documentalismo naturalista y el ilusionismo de salón; su director, un Homero sureño, había escenificado el concepto de lo que hoy entendemos como cine y que, con Cabiria, cristalizaría en un intento de obra de arte total: confluencia y superación de las demás artes. Aquel Homero sureño, de nombre David Griffith, se obsesionó con Cabiria —se compró una copia de la película para sí: una actitud delirante en la época— habiendo terminado su The Birth of a Nation (1915) y decidió interrumpir el proyecto de The mother and the law —que finalmente vería la luz en 1919, aunque hoy es casi inencontrable—, para trabajar en la que sería su gran obra: Intolerance (1916). El devenir del cine quedaba trazado.

Antes, el género fantástico quedaba fundado con la publicación de Der Sandmann (1817) bajo la firma de E.T.A Hoffmann; mientras que el simbolismo surgía con Les fleurs du mal (1857), del gran Baudelaire. El fantástico y el simbolismo son coetáneos de un siglo mayormente emperrado en reducir todo hecho a científico (empirismo, racionalismo, positivismo, determinismo), y a defenestrar todo lo no encuadrable en estas categorías, especialmente lo imaginativo. Al tiempo que la dicotomía que distingue lo sublime y lo grotesco (lo bello y lo siniestro, en palabras de Trías), esencial para entender, nacieron, como clara reacción, el simbolismo y el fantástico cuyo eje es lo evocador. Ángel Faretta, a cuyo concepto de cine me remito, define al mismo como un arte fantástico a la par que expresionista por naturaleza. Siempre ha tenido algo de quimérico guiñol, el cine, al que le llegó la lírica de la mano de Griffith si bien el simbolismo y el elemento fantástico los introdujo, aprovechando un defecto ocular, Cabiria. Solo en esa sucesión de 25 fotogramas por segundo queda fielmente transcrito el lenguaje de los sueños.

Recuperar la inocencia de la primera mirada: eso se proponía, a través de un personal viaje al fin de la noche, de una odisea renovada, el protagonista de Ulysses´ Gaze (1995), hundiéndose en el corazón de las tinieblas europeas a la busca del primer cine perdido. Ver hoy Cabiria despojada de la liturgia ritual de la sala a oscuras, de la compañía de los desconocidos y el sonido de la pianola, es tratar de resucitar esa mirada.

En toda narración hay trama y argumento; acción y discurso; un primer nivel de historia y otro más elevado. Con esta clave —una llave para franquear el umbral del arte cinematográfico—, distinguimos tres tipos de cine: uno plano que es solo entretenimiento; otro alegórico que tiene una interpretación cerrada; y otro simbólico cuya interpretación permanece siempre abierta. Este último cine permite a su espectador —aquel que anula su presente lo que dura el metraje— volver a la realidad de la forma en que Teseo: vencedor de la muerte, aunque sea en el instante de cruce —la vuelta— entre realidad y ficción. “De todo laberinto, apuntó Leopoldo Marechal, se sale por arriba”. Solo este espectador autoconsciente (según Faretta, “saber que se sabe y saber qué se sabe” es ser autoconsciente), merece tal nombre. En cuanto a las obras “de género” —el péplum, terror, noir, fantástico, western, ciencia-ficción, melodrama y thriller— son las que mejor proponen la primera historia y, así, mejor disponen la segunda historia, puesto que han de respetar la expectativas del espectador en forma de convenciones que, precisamente, delimitan el género y que bajo ningún término se deben defraudar. En su primera historia Cabiria es un péplum no muy diferente de los de DeMille, Mankiewicz o Anthony Mann; pero es también un kolossal —y aquí entra la segunda historia—: la traslación a imágenes de una concepción decimonónica, a lo Wagner, que resulta totalizadora. Solo el cine puede “esculpir en el tiempo” (Tarkovsky), porque es el único medio capaz de aunar espacio y tiempo; un medio nacido del siglo en el que se descubrió que el espacio es tiempo, y que el tiempo es relativo.

Cabiria es una película simbólica desde el propio argumento donde quedan establecidos, negro sobre blanco, una serie de arquetipos (Maciste: el ayudante) y mitologemas (Cabiria: el niño divino; Sofonisba: el doble) y símbolos (de carácter dionisiaco), que favorecen un discurso mitopoético a la vez que ideológico: el nacionalismo imperialista fácilmente exculpable en el contexto histórico. La película propone un camino de iniciación atravesado por Cabiria —”hija del fuego”—, que sobrevive al volcán, escapa del dios de la destrucción, vence a los bárbaros, anula a su doble, supera la muerte y logra la salvación de Roma salvándose ella, culminando así una transvaloración que propone lo dionisiaco-báquico en lugar de lo apolíneo-cristiano. Precisamente el género fantástico queda enunciado por el tópico del doppelgänger: la otredad, el doble, que es el Cartago histórico de Aníbal y es, sobre todo, la figura trágica de Sofonisba: que salva a Cabiria de la muerte y que muere, en la tradición de la Carmen operística o de la Emma Bovary novelesca, para que aquella pueda triunfar.

Pero en términos cinematográficos, Cabiria se encuadra dentro del kolossal junto a otras películas de la época —Intolerance (1916), de Griffith; Greed (1924), de Erich von Stroheim; Oktyabr (1927), de Sergei Eisenstein; Napoleon, de Abel Gance (1927); Metropolis (1927), de Fritz Lang—, y cuya estela podemos rastrear por toda la historia del cine hasta toparnos con un Spielberg, un Nolan, un Cameron hoy. Son el simbolismo, la ambición artística y el elemento del fantástico lo que diferencian a Cabiria de otros péplums del cine italiano de Guazzoni o Maggi: películas de tono épico que forjaron una generación, como recuerda Martin Scorsese en su Il mio viaggio in Italia (1999): una afirmación que podemos seguir hasta toparnos con Bertolucci o Coppola. Quizás la explicación se encuentre tras la colaboración del escritor italiano Gabriele D´Annunzio: colaboración controvertida, por otro lado, en cuanto que unos aducen que quiso, como tantos otros artistas a la vanguardia en la época, involucrarse participativamente en el cine; mientras otros alegan que, sencillamente, cobró por firmar el trabajo de Pastrone, al que le interesaba asociar la película a la fama de D´Annunzio asegurándose, con ello, público y prestigio; dinero y caché. Lo cierto es que el poeta retornaba de un exilio francés al que se añadía la losa de la prohibición vaticana de sus obras y le urgía el dinero para saldar deudas. A él, futura fuente teórica del fascio mussoliniano, le debe la película el afán nacional-imperialista que conecta un pasado directamente extraído de fuentes literarias —Tito Livio, Los orígenes de Roma (I.a.C); Gustave Flaubert, Salambó (1862); y Emilio Salgari, Cartago en llamas (1908); — con el presente de la película: el cine histórico nos dice siempre más de la época desde la que está filmado que de la época en que se ambienta.

Cabiria todavía rezuma escenas acongojantes como las del Templo de Baal, los rescates y las persecuciones, la batalla naval ganada gracias al ingenio de Arquímedes, la toma del castillo, las recreaciones históricas, la muerte de Sofonisba —la diva Almirante Manzini—: ese personaje como extraído de una pintura prerrafaelita, de un cuadro de Klimt, de un retrato de Mucha, la escena final de danza mágica o cuando Maciste —el estibador Bartolomeo Pagano que protagonizó una serie de spin offs sobre el personaje que, de alguna forma, es un antecedente del star system hollywoodiense— interactúa con un grabado báquico. En el momento de estreno la envergadura de la arquitectura, la desmesura del vestuario, la enorme escenografía y los innumerables figurantes; pero también el uso de luz natural, los movimientos de cámara —el llamado “travelling Cabiria”— y otros recursos técnicos —en buena medida debidos al técnico español Segundo de Chomón, una vida a investigar—; y el coste o la duración —4.000 metros de película, más del doble de lo acostumbrado—, resultaron insólitos. Así, los rótulos de D'Annunzio palidecen —se calcula que el 80% de los asistentes al cine eran analfabetos— frente a la implicación de Pastrone, que vislumbró en ese arte capaz de emocionar a las masas que es el cine la posibilidad de un nuevo descenso a la caverna platónica donde uno se hunde de forma binocular: como persona y como comunidad.

El cine es el sueño de otros hecho nuestro; fuego sin incendio; nieve sin caída; huracán congelado; es luz que hiende la oscuridad, música que resuena sobre un hondo silencio. Quién sabe si no fue en ese silencio, en esa oscuridad, que aquel Homero sureño, de nombre Griffith; aquel perdedor nacido con el estigma de los derrotados; ese hombre sin hogar ni patria, sin pretérito ni porvenir; estuviera incubando la inocencia de la primera mirada al tiempo que veía desfilar ante sus ojos las sombras de Cabiria. Sombras que miramos, sombras que nos miran. Bellas sombras.

Con Griffith, con Pastrone, con esos hijos bastardos, solitarios sin esperanza, habitantes de la intemperie, condenados a muerte sin delito, futuros olvidados, con ellos, digo, nació la primera mirada que acabó de contarlo todo ya y a la que deberá remitirse todo amante del cine —y, por tanto, bastardo también— y que debería recuperar todo aquel que quiera hoy hacer cine, con la humildad de quien sabe que está todo contado. Que lo ha estado siempre.

Nosotros los bastardos hemos sido arrojados al mundo sin elección y nada más nos ha acogido el mundo de la imaginación, recogidos por el cine, que ha sido nuestro Paraíso Perdido; lo mejor de nuestra vida y nuestra auténtica vida: lo demás ha sido puta supervivencia. En el cine hemos sido libres y hemos amado; en el cine hemos proyectado nuestras pérdidas, que han sido tantas y tan insondables como la nada —el vacío en el que se desliza el yo—, que se prestan a disimular. Somos nada: todo eso. Reos sin exoneración del gobernante ni absolución del sacerdote. De Griffith, de Pastrone en adelante. Sin amaneramientos. Sin consuelo.

Está en el Barroco la idea de que “la vida es sueño”. Un tenue canto disimulado entre dos hondos silencios. Fantasmagoría. Sombra. Una pantomima. ¡Qué feliz hallazgo, Cabiria!

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martes, 28 de septiembre de 2021

Dune (2021): Niños con palomitas. Guillermo Mas

Dune (2021): Niños con palomitas
28-9-2021

Y al fin la película de Villeneuve sobre la novela de Frank Herbert llegó a nuestras pantallas tras una larga espera. Puede ser una impresión personal, a la luz de las elogiosas críticas que estoy leyendo de la última versión cinematográfica de Dune, pero lo cierto es que la película no me ha atraído en ningún momento de su metraje y que al salir del cine me sentía dispuesto a olvidar sin demasiada oposición, y desde la casi total indiferencia, cuanto había visto en la pantalla. Creo que eso ha sucedido, a rasgos muy generales, por tres razones principales: los tópicos demasiado manidos que hay en la película; la época sobrecargada de blockbusters en que ha sido producida; y, seamos sinceros, el rebaño humano desplazado en manada con el que he compartido espacio a la hora de ver la película. Trataré de desarrollar dichos puntos:

Empecemos con los tópicos: la primera novela de la enorme saga de libros que compone Dune de Frank Herbert, primero, y sus continuadores, después, salió mucho antes de que la saga cinematográfica de La Guerra de las Galaxias o la saga literaria reconvertida en serie de televisión Juego de Tronos, inundarán las pantallas de millones de espectadores. Sin embargo, la reciente versión dirigida por el canadiense Denis Villeneuve y que cuenta con un reparto de lujo (Timothée Chalamet, Rebecca Ferguson, Dave Bautista, Stellan Skarsgård, Charlotte Rampling, Oscar Isaac, Zendaya, Javier Bardem, Josh Brolin, Jason Momoa), sí que lo ha hecho, y eso hace que, en buena medida, todo lo que se nos cuenta en la película resulte la enésima repetición de los mismos componentes que ya hemos visto en otros productos. Aunque me pueda interesar el camino del héroe que Paul, el protagonista, debe recorrer (muy similar, por lo que se intuye, al de Anakin Skywalker y más tarde también al de su hijo Luke), el caso es que no me interesa porque tampoco logra transportarme con él. Las escenas oníricas son muy similares a las que encontrábamos en El Señor de los Anillos y, aunque el director quiere ser muy innovador en lo visual, no consigue generar una sola escena para el recuerdo: ni siquiera el esperado encuentro entre el protagonista y un gusano gigante.

Dune de Villeneuve ha salido a escena en plena época de blockbusters: esas grandes producciones que arrastran a millones de personas a los cines año tras año para entregarse a una orgía de explosiones incruentas. Después de la pandemia, han sido estas grandes producciones las depositarias de toda esperanza sobre salvar las salas de cine de la quiebra. Y no me cabe duda de que, en parte, lo han conseguido: algo que, naturalmente, sólo puedo celebrar. Pero el problema también ha sido la avalancha que desde entonces hemos tenido y que todavía tendremos durante un tiempo de ese tipo de películas. Tras el fin de la saga de La Guerra de las Galaxias, Batman y Los Vengadores —y a la espera de que salgan las nuevas entregas de Avatar así como sendos remakes o reboots de los títulos que acabo de mencionar—, han aparecido películas como Tenet, La Liga de la Justicia: versión del director o, en estos días, James Bond: sin tiempo para morir. De hecho, se ha querido comparar desde un primer momento esa pretensión de hacer “cine de autor muy comercial” de Villeneuve con las de Spielberg, Scott, Nolan, Cameron, Snyder o Mendes. Sin embargo, el empeño de Villeneuve ha resultado fallido porque, a pesar de la ambición, de la calidad, de la impresionante técnica visual y de que no hay ningún fallo clamoroso, su película no consigue revolucionar; ni tan siquiera emocionar: al menos en mi caso. Llegados a este punto solo quiero añadir que me decepcionó igualmente Blade Runner 2049; mientras que Arrival me encantó; y que esta versión de Dune no tiene nada que ver con ambas: para bien y para mal.


Terminemos con las razones por las que la película me ha resultado indiferente o incluso molesta: la música machacona de Hans Zimmer que no para ni un segundo en más de dos horas y media de metraje; y los niños con palomitas —algunos con más de treinta años, por cierto—, incapaces de dejar el móvil, de llegar puntuales, de no dar patadas en el asiento y de no ponerse tibios a comida, como si no hubiera en mañana, confundiendo el cine con una cuadra. Decían que Dune quería ser una versión adulta y madura de La Guerra de las Galaxias, pero el comportamiento del público me ha hecho sentirme en un cine de colegio de primaria; a la salida, eso sí, todo el mundo parecía encantado. En esto, como en todo, la pandemia ha sacado lo peor de la gente para volverlo más odioso, agravando las taras mentales ínsitas al sujeto contemporáneo. Solo puedo decir al respecto que la desaparición del amor en el ámbito privado tiene su correlato natural en la desaparición de la educación en el ámbito público: cuando uno no se quiere ni se respeta a uno mismo es difícil que haga lo propio con los demás. Hace poco un buen amigo me comentaba, con razón, que cada vez resulta más difícil convivir en los espacios públicos con una mayoría de personas que “no saben estar” ni, sobre todo, “quieren estar” porque consideran que la buena educación es un atributo relativo a un mundo rancio. El rito de la sala de cine que muchos amamos como pocas cosas en esta vida puede acabar convirtiéndose en un suplicio cuando la gente no sabe diferenciar el salón de su casa de un espacio cuya entrada cuesta casi diez euros por barba y que, por encima de eso, se ha convertido en el último receptáculo social de la imaginación.

Para terminar sólo quiero apuntar que, lo más probable, es que la continuación de Dune, en caso de haberla —supongo que la habrá—, no me va a encontrar en un cine. Lo mejor de la película es, como en casi todo el cine de Villeneuve desde su primera película Incendies, el tema de la maternidad aparejado con cierta feminidad azotada por la pérdida y una sensibilidad especialmente íntima, que aquí está encarnado de forma brillante por la historia de Jessica Atreides (Rebecca Ferguson: actriz sueca de efigie bergmaniana), la madre de Paul, que ilumina la pantalla con una fuerza extraordinaria en cada secuencia que protagoniza. Sin embargo, eso no es suficiente para una película de la factura de Dune ni para un director con el talento de Villeneuve, que nos ha entregado algunas de las mejores películas de los últimos años; aunque, desde luego, ese no es el caso de su última cinta hasta la fecha. 

lunes, 27 de septiembre de 2021

Cardenal Robert Sarah: “Dios no quiere la inmigración. La Iglesia no puede cooperar en la trata de personas”

Cardenal Robert Sarah: “Dios no quiere la inmigración. 
La Iglesia no puede cooperar en la trata de personas”
27-9-21

Estoy escandalizado por todos estos hombres que mueren en el mar, por la trata de personas, por las redes mafiosas, por la esclavitud organizada. Me quedo perplejo frente a estas personas que emigran sin papeles, sin planes, sin familia. ¿Creen que encontrarán aquí un paraíso terrenal? ¡No está en Occidente! Si tenemos que ayudarlos, creo que es en el lugar, en sus aldeas, en sus grupos étnicos. No podemos tolerar estos desequilibrios económicos y estas tragedias humanas. No se puede acomodar a todos los migrantes del mundo.

Dar la bienvenida no es solo dejar entrar a las personas, es darles trabajo. Usted tiene ? No. Dales vivienda ¿Tienes alguna? No. Mantenerlos en un lugar indecente, sin dignidad, sin trabajo, no es lo que yo llamo acoger a las personas. ¡Parece más una organización mafiosa! La Iglesia no puede cooperar en la trata de personas, que se asemeja a una nueva esclavitud.

Lo que también encuentro escandaloso es que estamos usando la Palabra de Dios para justificar esto. Dios no quiere la inmigración. Cristo cuando era niño se refugió en Egipto a causa de Herodes, pero luego regresó a casa. De la misma manera, Dios siempre traía a su pueblo de regreso a Israel después de cada hambre y cada deportación a Babilonia. Un país es un gran tesoro, aquí es donde nacimos, aquí es donde están enterrados nuestros antepasados. Cuando damos la bienvenida a alguien, es para que tenga una vida mejor, y no es en un campamento donde tenemos una vida mejor. Cuando te alimentan sin trabajar, no tienes dignidad. ¿Qué cultura tienes para ofrecerles? ¿Todavía puedes compartir tu cultura y tus raíces cristianas? Me temo que el desequilibrio demográfico provocado por estas olas migratorias te hará perder tu identidad y lo que te hace único. Europa tiene una misión especial que Dios le ha dado, es a través de ti que hemos conocido el Evangelio, hemos conocido los valores de la familia, la dignidad de la persona y la libertad. Si renuncias a tu identidad, si te ahoga una población que no comparte tu cultura, tus valores cristianos y tu identidad corren el riesgo de desaparecer. Es como la antigua Roma invadida por bárbaros. Tenemos que pensar en la migración, es una nueva forma de esclavitud que organizamos porque necesitamos trabajadores. Todas estas personas que vienen aquí creyendo que están encontrando una vida de ensueño. ¡Que mentira! ¡Qué cinismo! Benedicto XVI fue particularmente claro y profético en todas estas cuestiones. […]

Fuiste moldeado por el cristianismo, todo es cristiano en Europa. ¿Por qué negar esto? Ningún musulmán niega su identidad. Si no puede encontrar lo que es, desaparecerá. Y si Europa desaparece, habrá una terrible agitación: el cristianismo correría el riesgo de desaparecer de la faz de la tierra. Vea que está invadido por el Islam: quieren islamizar el mundo entero y tienen los medios económicos. No tendrán éxito, porque el Señor estará con nosotros hasta el fin del mundo. Pero no se puede negar quién es usted: aquellos a quienes da la bienvenida deben encajar en su cultura. Todavía necesitas tener una cultura: no podrás acogerlos en tu ateísmo, en tu materialismo, que no quieren.

NOTA:
El cardenal Sarah es negro, y conoce, de primera mano, el drama de la emigración forzada a causa de la pobreza y de la violencia política y, además, no es un fariseo. Pero para entender lo que dice, no hace falta ser negro.

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***NOM-ALEMANIA-ELECCIONES: Merkel ha descristianizado a la democracia cristiana y ha convertido a Alemania en adalid del Nuevo Orden Mundial. Por Eulogio López

Merkel ha descristianizado a la democracia cristiana 
y ha convertido a Alemania en adalid 
del Nuevo Orden Mundial
27/9/21

Elecciones alemanas: ganan los socialistas a los conservadores por la mínima (26/24)
¿Seguro que la herencia de Merkel es buena? 

Fin de la era Merkel: ¿eso es malo? Gráfico publicado por Electomania.es

Resultados casi definitivos de las elecciones generales celebradas en Alemania: tal como recoge Electomania ganan los socialistas del SPD, con Olaf Scholz a la cabeza y lo hacen con un 25,8% de los votos, mientras, en segundo lugar, se quedan los cristiano-demócratas de CDU-CSU, con Amin Laschet, sucesor de Angela Merkel, que obtiene un 24,1% de los sufragios.

Total, una ventaja en el Busdestag de unos 10 diputados sobre un total de 735 escaños. No es mucho pero la inversión del voto, gana SPD pierde CDU, resulta significativa.

Merkel es una cristiana convertida al comunismo 
y luego reconvertida a una democracia cristiana sin Cristo

Suben los verdes, que se sitúan en tercer lugar, con la muy mimada por los medios políticamente correctos, Annalena Baerbok, a la que todos sientan en el Gobierno con un socialista o un conservador al frente. Y este es el problema, que Annalena es una Greta Tumberg crecidita, un verdadero gusano para la industria alemana. Pero como es verde pasa por ser la salvadora de Europa: cuando lo ultra nos gusta le llamamos la pureza a los ideales.

Para España un Gobierno SPD 
es peor que uno CDU-CSU: 
somos el país más endeudado de Eurolandia

Los liberales, ese invento alemán que siempre actúa de comparsa de la izquierda y la derecha, alcanzan el 11,5% de los votos y volverá a ser clave para formar Gobierno. El cuarto puesto es para la “ultraderecha”: el AfD consigue el cuarto puesto y el quinto es para los comunistas (Die Linke, la izquierda) que es el neocomunismo alemán, calcadito del español Podemos pero sin la caradura de Pablo Iglesias, un comunista que se ha erigido en el arquetipo de la democracia. Sí, tiene bemoles.

El gusano verde (Grüne) aumenta su presencia. 
Es lo políticamente correcto y otorga patente 
de globalismo a la egoista política alemana

Es el final de la era Merkel, que ha durado 16 años, con la alabada alemana del este e hija de pastor protestante, en la cancillería.

¿Seguro que la herencia de Merkel es buena? Ha descristianizado a la democracia cristiana y ha convertido a Alemania en adalid del Nuevo Orden Mundial (NOM). Merkel es una de esas cristianas convertidas al comunismo y luego reconvertidas a una democracia cristiana sin Cristo. En España siempre se le ha llamado a esa pirueta, tan difícil, encaje de bolillos. Recuerden: la izquierda siempre aplaude a los líderes de derechas con tal de que se confiesen cristianos y en realidad sean cristófobos. Esa es Merkel.

¿Y para España? Para España un Gobierno SPD es peor que uno CDU-CSU: somos el país más endeudado de Eurolandia.Tanto la CDU-CSU como el SPD pretenden poner orden en la venenosa política de dinero barato que ha hiper-endeudado a la Europa del sur.

Los ‘ultras’ de AfD se quedan en el 10%. 
Tiene poco que ver con Vox, pero esa imagen de extremismo 
alimenta lo peor de la Europa actual:
 la identificación de lo cristiano con lo ultra

Lo mejor de la jornada electoral del domingo 26: el neocomunismo (en España, Podemos) podría incluso no entrar en el Parlamento. ¿Y en el Gobierno? Porque sin lo uno no hay lo otro pero, hasta el momento, a los podemitas germanos se les consideran un casi seguro apoyo del nuevo ¿primer ministro? socialista Scholz.

El gusano verde, el ecologismo, aumenta su presencia. Es lo políticamente correcto en Teutonia y otorga patente de globalismo a la siempre egoísta política alemana. Para los alemanes, Europa es un mercado en el que colocar sus excedentes industriales o en el que encontrar mano de obra barata para la producción. Creen en la Unión Europea, sí… mientras ellos la lideren.

Los ‘ultras’ de AfD se quedan en el 10%. Efectivamente, todavía lo son, pero esa imagen alimenta lo peor de la Europa actual: la identificación de lo cristiano con lo ultra, con la extrema derecha y con violento. Es verdad que el origen del AfD es la lucha contra la inmigración que en Alemania siempre recuerda las política racista de Hitler y es verdad que tiene poco que ver con Vox, que no es un partido ultra sino un partido cristiano y más que moderado. De hecho, las relaciones en AfD y Vox son mínimas, al igual que le ocurre al partido de Santiago Abacal con el Frente Nacional, son frías, Pero algo está cambiando en el AfD. En cualquier caso, han fracasado: se han quedado en el 10,3% de los votos.

Lo mejor: el neocomunismo (Podemos en España) 
podría incluso no entrar en el Parlamento.
 ¿Y en el Gobierno?

A corto plazo, parando mientes en la economía, que no es lo más importante, la presunta llegada de Scholz -que no está claro- a la cancillería no ayudará a una España hiperendeudada con el Banco Central Europeo (BCE).

Entendámonos: hacen bien los alemanes en proponer que se acabe la política monetaria expansiva que ha favorecido la Europa irresponsable, guiada por políticos como Pedro Sánchez, que endeudan al país a cambio de subvenciones con la que mantener un voto cautivo. Ahora bien, seamos conscientes de que, a día de hoy, como el precio del dinero suba tan sólo hasta el 1%, España no sólo estará hiperendeudada sino que puede entrar en morosidad.

Sí, hay que volver a una política monetaria sensata, en todo el mundo. Hay que hacer pero asusta pensar que sea mañana… y mañana asustará pensar que sea pasado.

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***APOCALIPSIS: La Bestia del Mar y la Bestia de la Tierra, Antíoco ha vuelto. Por Eulogio López

La Bestia del Mar y la Bestia de la Tierra: 
Antíoco ha vuelto
26/9/21

Amoralidad inmoralidad y antimoralidad: desacralización de la Eucaristía, blasfemia contra el espíritu, abominación de la desolación.

Debemos a Juan Manuel de Prada que el jesuita argentino Leonardo Castellani no caiga en el olvido o peor, desapercibido, entre el público español. Castellani es uno de los intérpretes más sólidos -robustos, diría doña Nadia Calviño- del Apocalipsis en particular y de las postrimerías en general.

Como los otros grandes intérpretes del último libro de la biblia, Castellani distinguía entre el fin de mundo, que probablemente nos pilla muy lejos, y el fin de los tiempos o fin de la historia, aunque el común de los mortales, por ejemplo o, hasta leer a Castellani, solíamos igualar ambos casos, al parecer uno de los grandes errores de los novatos en esto del fin del mundo.

Pero tanto Castellani como todos los demás intérpretes de las postrimerías, siempre hablan, con las más diversas variantes, de la Bestia el Mar y la Bestia de la Tierra y parecen empeñados en distinguir entre ambas. Mucho me temo que voy a incurrir en simplificación pero digamos que la primera bestia es política y la segunda religiosa. Si lo quieren en formato caricatura, la primera sería el Anticristo y la segunda el Antipapa. Sí, una simplificación probablemente falsa pero nos sirve para entendernos.

En el campo religioso, no tengo ninguna duda: el problema es la desacralización de la Eucaristía. Vivimos en la era de la profanación permanente, el gran regalo de Dios a los hombres, cada vez más ninguneada, negada y profanada. Todo empezó con la supresión de reclinatorios para comulgar y con un esconder los sagrarios. De ahí a la supresión de la Eucaristía puede haber poco espacio.

Respecto a la Bestia del Mar, mucho me temo que esto tiene que ver con la blasfemia contra el Espíritu Santo, verdadera clave de bóveda del momento actual: la inversión de principios constituye la sustancia venenosa del siglo XXI. Recuerden, el siglo XX preparó el terreno con un relativismo que me temo ya superado. Recuerden aquello del nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira que más que al error nos llevaba a la mentecatez.

Pero el relativismo no era suficiente para una etapa fin de ciclo. La bestia del mar necesita mucho más, necesita instaurar un mundo en el que lo bueno es malo y lo malo es bueno, que la verdad es mentira y la mentira es elevada al trono de la verdad, que lo feo es bellísimo y lo bello rechazable, corriente artística conocida como feísmo. O lo que es lo mismo: Satán colocado en el lugar de Cristo.

Nunca lo conseguirá, claro, pero me temo que vivimos en una etapa fin de ciclo… y en medio de la crisis más profunda de toda la historia de la Iglesia.

Profanar los templos, la moda del siglo XXI, 
no pocas veces por parte de los propios cristianos 
(en especial con la degradación de la Eucaristía 
y la marginación del sagrario)

Una crisis que recuerda la Abominación de la Desolación, del amigo Antíoco IV Epífanes, el rey sirio, uno de los sucesores de Alejandro Magno, que arrasó Jerusalén, destruyó el Templo, erigió una templo a Zeus e instauró el culto a Venus afrodita, mayormente conocido como fornicación pura y dura.

Digo que la crisis actual recuerda esa abominación de la desolación porque se repiten los mismos mimbres del siglo II antes de Cristo (Aprox. 175 aC). Es decir profanar los templos, la moda del siglo XXI, no pocas veces por parte de los propios cristianos (en especial con la degradación de la Eucaristía y la marginación del sagrario), atacar las costumbres religiosas, en especial los sacramentos y el calendario litúrgico -civilizar las fiestas religiosas o simplemente suprimirlas- tal y como el bueno de Antíoco hizo. Vamos que ahora mismo si eres católico no puedes ser un intelectual, o eres intelectual o eres católico. Ambas cosas a la vez… imposible… de la misma forma que Antíoco quemó los libros de la ley y ‘obligó’ a pensar en griego.

Incluso el detalle jocoso de la profusión de gimnasios y actividades atléticas en la Jerusalén del siglo segundo antes de Cristo se da un aire con el culto al cuerpo -gimnasios y anorexia incluidos- de la España del siglo XXI.

Vamos que ahora mismo si eres católico no puedes ser un intelectual, o eres intelectual o eres católico. Ambas cosas a la vez… imposible… de la misma forma que Antíoco quemó los libros de la ley y ‘obligó’ a pensar en griego.

Poniendo como ejemplo el derecho al aborto, podríamos establecer las tres etapas por las que ha pasado la modernidad:

1.La amoralidad. El mencionado relativismo: existe el bien y existe el mal pero no sabemos cuál es cuál. Eso es la despenalización del aborto o aborto libre.

2.La inmoralidad. Aquí ya estamos en el derecho al aborto. No sólo es que no haya condenar a quien aborta sino que matar la niño antes de nacer es un derecho. Es la implantación de la inmoralidad, la blasfemia contra el Espíritu Santo: lo bueno es malo y lo malo es bueno.

3.La anti-moralidad. La abominación de la desolación. Ya no sólo es que lo malo sea bueno y lo bueno malo, es que, además, debemos adorar al mal, crear la religión de Satán.

Que sí, que estamos en la Abominación de la Desolación, un crimen que no quedara sin juicio. Si lo prefieren, sin castigo.

Muy pesimista te veo Eulogio. Nada de eso. Recuerden las palabras de Cristo cuando describe los horrores de las postrimerías: “Cuando estas cosas empiecen a suceder, erguíos y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación”.

Hoy vivimos el memorial de Antíoco, el Profanador, y de la rebelión de los Macabeos, pero la sangre de los mártires -los que no matan pero saben morir- es semilla de cristianos y prólogo del esplendor de la Nueva Jerusalén.

Además, recuerden con Kafka, que no era el más devoto de los intelectuales, que “en estos tiempos impíos nuestro deber es estar alegres”.

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