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viernes, 23 de septiembre de 2016

San Pío de Pietrelcina. Los estigmas de los Santos y la misión del sufrimiento. Estigmatizados más famosos: San Francisco de Asís, Sta. Rita de Casia, Sta. Catalina de Siena, San Juan de Dios, Sta. Margarita María Alacoque, Sta. Teresa Neuwman, Sta. Gema Galgani, Sta. Faustina Kowalska, Beata Anne Catherine Emmerich, Sor Patrocinio de Madrid,...(2368)

Fenómenos Sobrenaturales
Gracias regaladas por Dios que quiere manifestar 
externamente al mundo el misterio 
de su acción omnipotente no explicable a la ciencia
Los estigmas de los Santos
InfoCatólica  
P. Jordi Rivero-Corazones: “Los estigmas pueden ser: Visibles o invisibles; sangrientos o no; permanentes, periódicos (generalmente resurgiendo en días o temporadas asociadas con la pasión de Cristo) o transitorios. Los estigmas invisibles pueden causar tanto dolor como los visibles. Los estigmas pueden permanecer muchos años, como el caso del Padre Pío [(1887-1968)], quien los llevó por 50 años y fue el primer sacerdote que se conoce estigmatizado. San Francisco (1186-1226) el primer santo con estigmas comprobados tenía las estigmas pero no era sacerdote. Al morir sus estigmas desaparecieron milagrosamente.”
Zenit menciona “unos 250 casos de personas con estigmas, en la mayoría de los casos con comprobación científica” al entrevistar al padre pasionista Tito Paolo Zecca, (un especialista en el tema) para el artículo “Los estigmas, desconcertante signo de la Pasión de Cristo” (12.04.2001). En el evangelio del 3er. domingo de Cuaresma Jesús les dijo a los fariseos: “destruid este templo y en tres días lo levantaré” (Jn. 2, 19). En su Pasión, apareció terriblemente disfigurado por sus heridas. 
P. Zecca: Cristo se apareció a sus apóstoles tras su Resurrección con estigmas “muestra la eficacia de la salvación de Cristo en la Cruz”. Los estigmas como los que recibió el Padre Pío son un signo que tienen una misión en la Iglesia y que recuerdan “la conformación con Cristo y la salvación de Cristo que con sus llagas nos ha rescatado”. Todos los bautizados llevamos los estigmas al llevar nuestras cruces, al vivir la vida de Cristo: “En definitiva, los estigmas representan la aceptación consciente de la Cruz vivida espiritualmente”. Aunque parezca a veces que el Cuerpo de Cristo (del que formamos parte) esté siendo “destruido” por el mundo, especialmente cuando sufrimos, Cristo nos promete levantar también si nos mantenemos fieles a Él.
Estos son algunos pensamientos del Padre Pío sobre el sufrimiento:
1) “El Señor a veces te hace sentir el peso de la cruz. Este peso te parece insoportable, y sin embargo tú lo llevas porque el Señor, en su amor y en su misericordia, te tiende la mano y te da la fuerza que necesitas.”
2) “Si sufres aceptando con resignación su voluntad, tú no le ofendes sino que le amas. Y tu corazón quedará muy confortado si piensas que en la hora del dolor Jesús mismo sufre en ti y por ti. El no te abandonó cuando huiste de él; ¿por qué te va a abandonar ahora que, en el martirio que sufre tu alma, le das pruebas de amor?”
3) “No queremos persuadirnos de que nuestra alma necesita el sufrimiento; de que la cruz debe ser nuestro pan de cada día. Igual que el cuerpo necesita alimentarse, así el alma necesita día tras día de la cruz, para purificarse y separarse de las criaturas. No queremos comprender que Dios no quiere, no puede salvarnos ni santificarnos sin la cruz, y que cuanto más atrae a un alma hacia sí, más la purifica por medio de la cruz.”
4) “Ciertas dulzuras interiores son cosas de niños. No son señal de perfección. No dulzuras sino sufrimiento es lo que se precisa. Las arideces, la desgana, la impotencia, éstos son los signos de un amor verdadero. El dolor es agradable. El destierro es bello porque se sufre y así podemos ofrecer algo a Dios. La ofrenda de nuestro dolor, de nuestros sufrimientos, es una gran cosa que no podemos hacer en el cielo.”
El artículo “Estigmas místicos” de la Enciclopedia Católica tiene una lista de algunos santos con estigmas, entre los que se encuentra Santa María Francisca de las Cinco Llagas (1715-91). En algunos lugares se celebra su santo hoy y en otros el 6 de octubre. Ella sufrió los estigmas, pero su santidad fue demostrada a lo largo de su vida por su paciencia en toda clase de sufrimientos, ya que recibir el don de los estigmas no es prueba de santidad en sí.
La santa prometió a Dios su virginidad y sentía una llamada a la vida religiosa, o sea que no quiso casarse con un novio rico que le consiguió su padre. Su padre le azotó violentamente y le encerró a pan y agua. Un religioso le convenció al padre a que desistiera y no le obligara a casarse. Ella se hizo franciscana terciaria, quedándose en casa de su padre hasta la muerte de su madre. Su padre continuaba maltratándolatanto que el obispo le denunció a la corte. Pero, cuando su padre se enfermó y estaba en su lecho de muerte, ella ofreció al Señor tomar los muchos sufrimientos de su padre, lo cual le fue concedido y resultó en la conversión de su padre.
¿Qué misión nos confía el Señor al unir nuestros sufrimientos a los suyos, al contemplar sus heridas como los santos a lo largo de los siglos? La contemplación de las llagas de Cristo en el “Soneto a Cristo Crucificado” (que ha sido atribuido a varios autores, entre ellos S. Juan de la Cruz y Sta. Teresa de Jesús) ha conmovido a muchos. En un artículo sobre el soneto, dice Fr. Ángel Martín, OFM: “No es la belleza imaginativa del lenguaje lo que define a este soneto, sino la fuerza con que se renuncia a todo lo que no sea amar a cuerpo descubierto a quien, por amor, dejó destrozar el suyo.”
Los Estigmas son una marca o señal en el cuerpo. En su sentido religioso se refiere al fenómeno de llevar las llagas de la crucifixión de Cristo físicamente.mDurante la Pasión, según narran los Evangelistas, Jesucristo sufrió indecibles tormentos: bofetadas, azotes, corona de espinas, crucifixión, lanzada… Estas llagas se manifiestan en las manos, pies, el costado y la cabeza de ciertos santos como signo de su participación en la pasión de Cristo. 
Los estigmas pueden ser: 
Visibles o invisibles; sangrientos o no; permanentes, periódicos (generalmente resurgiendo en días o temporadas asociadas con la pasión de Cristo) o transitorios. Los estigmas invisibles pueden causar tanto dolor como los visibles. Los estigmas pueden permanecer muchos años, como el caso del Padre Pío, quien los llevó por 50 años y fue el primer sacerdote que se conoce estigmatizado. (San Francisco tenía los estigmas pero no era sacerdote). Al morir sus estigmas desaparecieron milagrosamente. Otros estigmatizados: Santa Rita de Cascia, Sta. Teresa Neuwman, Sta. Gema Galgani, Sta. Faustina Kowalska (estigmas invisibles) y muchos otros (más de 60 de ellos han sido canonizados). (Ver lista de los nueve estigmatizados más reconocidos por la comunidad actualmente).
Alguos criterios de discernimiento:
Los estigmas pueden ser don de Dios (como en los santos) o falsificación o causados por el sujeto por problemas mentales y en algunos casos de carácter diabólico.
Es por eso que la iglesia ha establecido criterios para determinar la autenticidad de los estigmas. Las llagas están localizadas en los lugares de las cinco llagas de Cristo. Esto no ocurre por histeria ni hipnotismo; los estigmas no se infectan; aparecen espontáneamente en el cuerpo mientras la persona está en éxtasis; no ceden ante el tratamiento médico; sangran copiosamente y por largos períodos; están acompañados de fuertes dolores tanto físicos como morales (La falta de dolor es una mala señal que pone en duda la autenticidad de los estigmas porque, de ser auténticos, son participación en los sufrimientos de Cristo).
Los estigmas auténticos no se pueden explicar por causantes naturales. Además, la persona practica la virtud heroicamente, particularmente un gran amor a la humildad y a la cruz. La Iglesia no canoniza a nadie tan solo por ser estigmatizado.
HECHOS
Su existencia está tan bien fundamentada históricamente que, por regla general, ya ni siquiera la cuestionan los no creyentes, quienes ahora solamente buscan darles una explicación natural. Así, ya el médico librepensador, Dr. Dumas, profesor de psicología religiosa en la Universidad de la Sorbona, claramente admite los hechos (Revue des Deux Mondes, 1 de mayo, 1907), del mismo modo como lo hace el Dr. Pierre Janet (Bulletin de l’Institut Psychologique International, Paris, Julio, 1901).
Santa Catalina de Siena comenzó teniendo estigmas visibles pero, por humildad, oró para que le fueran cambiadas por unas invisibles. Su oración fue escuchada. Lo mismo aconteció en el caso de Santa Catalina de Ricci, una monja dominica florentina del siglo XVI, y con varios otros estigmatizados. Se puede considerar que la parte esencial de los estigmas visibles consiste en el sufrimiento. Lo substancial de esta gracia es sentir piedad por Cristo, participar en sus sufrimientos, en sus aflicciones, y- con ello- en la expiación de los pecados que sin cesar se cometen en el mundo. Si el padecimiento estuviera ausente, las heridas se convertirían en un símbolo vacío, en una representación teatral, que sólo conducirían al orgullo. Si los estigmas verdaderamente vienen de Dios, sería impropio de su sabiduría tomar parte en esa mascarada, y hacerlo a través del uso de milagros.
Pero tal prueba dista mucho de ser la única que los santos deben soportar. “La vida de los estigmatizados”- dice el Dr. Imbert- “es una larga cadena de dolores que nacen de la divina enfermedad de los estigmas y que sólo concluyen con la muerte”: (op.cit. infra, II, x). Parece históricamente cierto que sólo los místicos padecen los estigmas. Pero no es lo único: también tienen visiones que corresponden a su papel como co-sufrientes, pudiendo observar en ocasiones las escenas sangrientas de la Pasión.
Estas apariciones eran periódicas en algunos casos, como el de Santa Catalina de Ricci, cuyos éxtasis empezaron cuando tenía veinte años (1542), y la Bula de su canonización afirma que se repitieron por doce años con puntual regularidad. Los éxtasis duraban exactamente veintiocho horas, desde el mediodía del jueves hasta las cuatro de la tarde del viernes, con una interrupción para que la santa pudiera recibir la Santa Comunión. Catalina conversaba en voz alta, como quien escenifica un drama. El drama estaba dividido en 17 escenas. Al volver del éxtasis, la santa aparecía con sus extremidades cubiertas de heridas causadas por látigos, cuerdas, etc.
El Dr. Inbert ha intentado una lista de estigmatizados, con los siguientes resultados:
1. No se tiene conocimiento de ninguno antes del siglo XIII. El primero de quien se tiene noticia es San Francisco de Asís, cuyos estigmas eran de una clase que no se ha vuelto a ver posteriormente: en las heridas de manos y pies se hallaban raspaduras de carne en forma de clavos. Los de un lado tenían cabezas redondas; los del otro tenían puntas largas, que se doblaban para arañar la piel. La humildad del santo no pudo impedir que muchos de sus hermanos hayan sido testigos, con sus propios ojos, tanto en vida del santo como después de su muerte, de la existencia de heridas tan maravillosas. Ese hecho ha sido atestiguado por varios historiadores contemporáneos, y la fiesta de los Estigmas de San Francisco se celebra el día 17 de septiembre.
2. El Dr. Imbert contabiliza 321 estigmatizados en los que se dan todas las razones posibles para pensar que se trata de una acción divina. Cree él, además, que se podrían encontrar más investigando en las bibliotecas de Alemania, España e Italia. En sus listas se hallan 41 varones.

3. Hay 62 santos o beatos,  los de más renombre, en los siglo XIII-XIX, son:
  1. San Francisco de Asís (1186-1226);
  2. Santa Lugarda (1182-1246), una monja cisterciense;
  3. Santa Margarita de Cortona (1247-97);
  4. Santa Gertrudis (1256-1302), una benedictina;
  5. Santa Clara de Montfalco (1286-1308), una agustina;
  6. Santa Angela de Foligno (fallecida en 1309), una terciaria franciscana;
  7. Santa Catalina de Siena (1347-80), una terciaria dominica;
  8. Santa Liduvina (1380-1433);
  9. Santa Francisca Romana (1384-1440);
  10. Santa Coleta (1380-1447), franciscana;
  11. Santa Rita de Casia (1386-1456), agustina;
  12. Beata Osana de Mantua (1499-1505), terciaria dominica;
  13. Santa Catalina de Génova (1447-1501), terciaria franciscana;
  14. Beata Bautista Varani (1458-1524), clarisa Pobre;
  15. Beata Lucía de Narni (1476-1547), terciaria dominica;
  16. Beata Catalina de Racconigi (1486-1547), dominica;
  17. San Juan de Dios (1495-1550), fundador de la Orden de la Caridad;
  18. Santa Catalina de Ricci (1522-89), dominica;
  19. Santa María Magdalena de Pazzi (1566-1607), carmelita;
  20. Beata María de la Encarnación (1566-1618), carmelita;
  21. Beata (Santa, N.T.) Maríana de Jesús (1557-1620), terciaria franciscana;
  22. Beato (San, N.T.) Carlos de Sezze (f. En 1670), franciscano;
  23. Beata (Santa, N.T.) Margarita María Alacoque (1647-90), visitandina (que únicamente tenía la corona de espinas);
  24. Santa Verónica Giuliani (Julianis, en español, N.T.) (1600-1727), capuchina;
  25. Santa María Francisca de las Cinco Llagas (1715-91), terciaria franciscana;
4. Hubo 20 estigmatizados en el siglo XIX, los más famosos fueron:
  1. Anne Catherine Emmerich (1774-1824), agustina;
  2. (Beata, N.T.) Isabel Canori Mora (1774-1825), terciaria trinitaria;
  3. Anna María Taigi (1769-1837);
  4. María Dominica Lazzari (1815-48);
  5. María de Moerl (1812-68), franciscana;
  6. Luisa Lateau (1850-83), franciscana.
María de Moerl pasó su vida en Kaltern, en el Tirol (1812-68). A la edad de veinte años comenzó a experimentar éxtasis y ellos fueron su condición habitual durante los siguientes treinta y cinco años de su vida. Ella únicamente se liberaba de esa situación ante las órdenes, en ocasiones simplemente mentales, del franciscano que fungía como su director espiritual, para volver a las labores hogareñas de su casa que albergaba a una gran familia. Su actitud ordinaria consistía en arrodillarse sobre su cama, con las manos cruzadas sobre el pecho, con una expresión tal en el rostro que impresionaba profundamente a los espectadores. A los veintidós años recibió los estigmas. Los jueves por la tarde y los viernes, los estigmas derramaban sangre muy clara, gota a gota, que permanecía seca los demás días. Miles de personas vieron a María de Moerl. Entre ellos figuraban Görres (quien describe su visita en su “Mystik”, II, xx), Wiseman y Lord Shrewsbury, quien escribió una apología de la visionaria en sus cartas publicadas en “The Morning Herald” y “The Tablet”.(cf. Boré, op. cit. infra).
Luisa Lateau pasó su vida en el poblado de Bois d’Haine, en Bélgica (1850-83). Las gracias que recibió fueron cuestionadas incluso por algunos católicos, que generalmente se basaban en información incompleta o errónea, según ha podido dejar en claro el Canónigo Thiery (“Examen de lo relativo a Bois d’Haine, Lovaina, 1907″). A los diecisiete años se dedicó a atender a los enfermos afectados de cólera en su parroquia, quienes habían sido abandonados por la mayoría de la población. Durante un mes ella los cuidó, los enterró y, en ocasiones, hasta los hubo de cargar al cementerio. A los dieciocho años empezaron los éxtasis y aparecieron los estigmas, lo cual no impidió que siguiera manteniendo a su familia con su trabajo como costurera. Numerosos médicos fueron testigos de sus dolorosos éxtasis de los viernes y dejaron testimonio del hecho que durante doce años ella no tomó ningún alimento, excepción hecha de su comunión semanal. Le bastaban tres o cuatro vasos de líquido a la semana. En vez de dormir, pasaba las noches en oración y contemplación, hincada a los pies de su cama.
5. Sin duda, el estigmatizado más sobresaliente del siglo XX ha sido San Pio de Pietrelcina (1887-1968), capuchino italiano.
Revelaciones, éxtasis y milagros. Calumniada, perseguida y desterrada por los gobiernos liberal-masónicos de Isabel II. La Virgen le dejó su imagen, que se venera en la actualidad en el Convento del Carmen de las Concepcionistas Franciscanas de Guadalajara.
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El gran silencio hasta la PASCUA de RESURRECCIÓN
Clemens Brentano transcribe a la Beata (1819) 
"...esta "iglesia" (secta masónica) maldita es pura inmundicia, es la vaciedad y las tinieblas. Casi ninguno de los suyos conoce las tinieblas en las cuales trabaja. Todo es en ella vana obscuridad; sus escarpados muros nada contienen; el altar que usan es una silla. En una mesa hay una calavera cubierta, entre dos luces; a veces la descubren. En sus "consagraciones" echan mano a dagas desnudas. Aquí está el mal sin mezcla de bien; ésta es la comunión de la gente non sancta. Yo no puedo expresar con palabras qué abominables son".
"...vi por todo el país (España) una cadena de sectas secretas y una agitación como en Babel. Vi en este país perecer todo lo que es santo e implantarse la impiedad y la herejía. Acercábase también la guerra civil y con ella una ruina total".
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