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jueves, 23 de agosto de 2018

Santo CÁLIZ de la infanta doña Urraca. Reino de LEÓN, Reino taifa de Denia y Califato fatimí de Egipto. Ruta del Cáliz desde Jerusalén a El Cairo, Denia y León. Museo de la Real Colegiata de San Isidoro

Ruta del Cáliz 
Jerusalén-El Cairo-Denia-León
Santiago Clavijo
12-agosto-2918
Cuando Egipto sufrió tres años de hambrunas (1052-1055), la taifa de Denia envió barcos de alimentos, que el Califa fatimí agradeció con el regalo del histórico Cáliz procedente de Jerusalén, después de la conquista mahometana. Ali Iqbal al-Dawla, emir de Denia (1045-1081) regaló el Cáliz a Fernando I de León (1038-1065) para agradecer su protección contra los taifas vecinos y porque conocía bien el cristianismo por la esclava madre cristiana de su heredero. El rey Fernando dominó militarmente la península, sometiendo al pago de parias y vasallaje a los reinos taifas de Zaragoza, Toledo, Sevilla y Badajoz. La infanta Urraca heredó de su padre la ciudad de Zamora y el Cáliz milagroso, al que enriqueció con sus joyas.
El historiador Gustavo Turienzo encontró en la Biblioteca Nacional de El Cairo unos documentos medievales que apoyan la teoría del SANTO GRIAL. Estos procedían de la Universidad de Al Azhar. El primer texto traducido por Turienzo era de un escritor musulmán famoso por sus biografías de sabios: Abul l-Hasan Ali ibn al-Qifti. Decía que la copa adorada por los cristianos por haber pertenecido al Mesías había sido enviada al sultán de Denia, Ali ibn Muyahid ad-Danii. El sultán de Denia había enviado un barco con alimentos al sultán fatimí Al-Mustansir para que Egipto superara una hambruna. En agradecimiento, el imán Al-Mustansir envió un barco cargado de tesoros, entre ellos la copa, al sultán de Denia. En el texto se dice que la intención del sultán de Denia era enviar la copa al rey de León, Fernando I el Magno, para fortalecer su amistad con él. En un segundo texto se habla de que el jefe de la expedición a Denia fue Bani-l-Aswad. En dicha expedición el primero de sus hombres habría desprendido con una gumía un trozo de la copa. Dicha esquirla habría sido enviada a Saladino y habría sido utilizada para curar a su hija poniéndole el trozo de piedra sobre el cuerpo.
Según los historiadores Jesús Ortega del Río y Margarita Torres Sevilla, la copa aparece citada en la crónica de Lucas, obispo de Tuy, en el siglo XIII, en la obra Viages del humanista del siglo XVI Ambrosio Morales y en la vida de San Isidoro de Sevilla redactada por Fray Tomás Granda y el padre José Manzano en el siglo XVIII.
Margarita Torres sale al paso del artículo del arabista Luis Molina en el que rebate las teorías esgrimidas en su libro ‘Los reyes del Grial’. Ha querido salir al paso de la información recogida este domingo por La Nueva Crónica a propósito del artículo del reconocido arabista e investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Luis Molina titulado ‘La ‘invención’ de una reliquia en el siglo XXI: el Grial de León en las crónicas árabes’ y publicado en Revista de Libros, en el que cuestiona las teorías de los investigadores leoneses Margarita Torres y José Miguel Ortega vertidas en su libro de ensayo ‘Los reyes del Grial’ y que vienen a concluir que el Cáliz de Doña Urraca que se custodia en la Basílica de San Isidoro es en realidad el Santo Grial, tomando como fuente la traducción de unos pergaminos encontrados en la Biblioteca de El Cairo. 
Torres comenzó su alocución asegurando que «un medio ha magnificado la opinión de un filólogo contratado en el CSIC y que es la opinión de una persona y no la de una institución», destacó la historiadora, que ha querido precisar que la opinión de Luis Molina «se centra en un aspecto muy puntual y menor», además de subrayar que «es su opinión, lo cual no lo convierte en palabra de Dios». 
Sobre el papel jugado por el arabista Gustavo Turienzo, la co-autora de ‘Los reyes del Grial’ recordó que «se le contrató para un trabajo específico, se le pagó el viaje, la estancia, se le dio un dinero, entregó su trabajo, como consta en correos originales de esta persona que conservamos todos, y por lo tanto quien afirme alegremente que hemos tocado una sola nota de la traducción miente. Y a este respecto está en manos de nuestros abogados».
Respecto al asunto de los pergaminos, que para la medievalista «es lo verdaderamente importante y no esta menudencia», Torres dio lectura a la traducción de un doctor en filología árabe, del que no quiso revelar su nombre pero señaló que «nació y vivió hasta fecha reciente en un país árabe y por lo tanto es un árabe reconocido internacionalmente y no un español con estudios universitarios de árabe, lo cual entiendo es más precisa». 
Para finalizar, Margarita Torres hizo alusión a un documental sobre el Santo Cáliz financiado por la Smithsonian Institution que se ha proyectado en cadenas nacionales e internacionales y en el caso de España en Discovery Channel. «En él expertos mundialmente reconocidos hablan sobre la Copa y entre ellos especialistas en documentación islámica que avalan los datos y la lectura. Y creemos que con esto no hay nada más que decir porque es un asunto demasiado importante para trivializar o buscar fama a costa de otros. Y quien quiera fama que eche una solicitud al casting de ‘Mujeres y hombres y viceversa’ porque es muy curioso que todo esto surja cuando ha corrido la noticia de una película y ni Ortega ni yo vamos a entrar en polémicas vanas ni vamos a responder al afán de protagonismo de otros o a la crítica de terceros que buscan polémicas gratuitas», concluyó.
Real Colegiata San Isidoro en el Camino de Santiago 
Contexto Histórico
Sancha (1037-1038)
Fernando I (1038-1065)
Sancho II (1065-1072)
Alfonso VI (1072-1109)
2. Reino Taifa de Denia
Muyahid al-Muwaffaq (1010-1045)
Ali Iqbal al-Dawla (1045-1081)
3. Califato Fatimí de Egipto
Al-Mustánsir (1036-1094)
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Reina Sancha
(1037-1038) 
Hija de Alfonso V de León
Casó con Fernando, conde de Castilla
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Fernando I 
(1038-1065)
Se recuperan  los restos de San Isidoro, 
obispo de Sevilla y doctor de las Españas. 
Se construye un templo para San Isidoro con Panteón Real
Hijo de Sancho III el Mayor de Navarra. Casó con Sancha, reina de León. Conde de Castilla (1029), pasó 16 años de reinado resolviendo conflictos internos y reorganizando su reino. Las tropas leonesas dieron muerte a su hermano García III de Navarra en la batalla de Atapuerca (1054) a causa de disputas fronterizas. Llevó a cabo una enérgica actividad de Reconquista, tomando las plazas de Lamego (1057), Viseo (1058) y Coimbra (1064). Sometió a varios reinos de taifas al pago de parias. Al morir, dividió sus reinos entre sus hijos: al primogénito, Sancho, le correspondió el estado patrimonial de su padre, el condado de Castilla, elevado a categoría de reino, y las parias sobre el reino taifa de Zaragoza; a Alfonso, el favorito, le correspondió el Reino de León y el título imperial, así como los derechos sobre el reino taifa de Toledo; García recibió el Reino de Galicia, creado a tal efecto, y los derechos sobre los reinos taifas de Sevilla y Badajoz; a Urraca y Elvira  las ciudades de Zamora y Toro, con título real y rentas adecuadas.
Sancho II 
(1065-1072)
Hijo de Fernando y Sancha. Al acceder al trono castellano, nombró alférez a Rodrigo Díaz de Vivar, el "Cid Campeador" y una de sus primeras acciones fue renovar el vasallaje de la taifa de Zaragoza, (Al-Muqtadir) para lo cual puso sitio a la ciudad, lo que le llevó a participar en la Guerra de los tres Sanchos contra sus primos Sancho Garcés IV de Pamplona y Sancho Ramírez de Aragón. Al fallecer en 1067 su madre la reina Sancha, se iniciaron las disputas con su hermano Alfonso, al que se enfrentó en Llantada a un Juicio de Dios, en el que ambos hermanos pactan que el que resultase victorioso obtendría el reino del derrotado. Aunque Sancho venció, Alfonso no cumplió. Con la complicidad de su hermano Alfonso, Sancho entró en Galicia y, tras derrotar a su hermano García, lo apresó en Santarém encarcelándolo en Burgos hasta que se exilió a la taifa de Sevilla. La tregua se rompe cuando Sancho, no renuncia al reino de León, que llevaba aparejado el título imperial, y marcha contra su hermano con un ejército al mando del Cid, que derrota al ejército leonés en la batalla de Golpejera en 1072. Sancho entra en León y es coronado rey. Tras encarcelar a Alfonso, la mediación de su hermana Urraca hizo que le permitiera instalarse en el Monasterio de Sahagún, de donde el leonés huyó, temiendo por su vida, refugiándose en la corte de su vasallo el rey al-Mamún de Toledo. La nobleza leonesa estaba descontenta con el castellano, y su miembro más destacado, Pedro Ansúrez, siguió a Alfonso al exilio, según relato recogido en la Crónica Najerense, que podría provenir de un cantar de gesta, Sancho II fue asesinado por Bellido Dolfos mientras llevaba a cabo el cerco de Zamora, donde se hallaba su hermana la infanta Urraca.
Jura en Santa Gadea de Burgos, Alfonso VI ante El CID 
Alfonso VI 
 (1072-1109)
Como segundo hijo varón de Fernando I, rey de León y conde de Castilla, no le correspondía heredar. Sin embargo, su padre Fernando I había convocado una Curia Regia para dividir el reino de León entre sus hijos. En la batalla de Golpejera, Sancho sale victorioso, pero decide no matar a su hermano Alfonso, que es encarcelado en Burgos.y trasladado al monasterio de Sahagún, donde se le rasura la cabeza y se le obliga a tomar la casulla, pero gracias a la intercesión de su hermana Urraca, logra huir y refugiarse en la taifa de Toledo de su vasallo el rey Al-Mamún. La muerte violenta de su hermano Sancho en el sitio de Zamora, que no dejó descendencia, permitió a Alfonso recuperar su trono de León y reclamar Castilla y Galicia. En este momento, la Leyenda de Cardeña acerca del Cid (siglo XIII) sobre la jura que tomó El Cid, en la iglesia de Santa Gadea de Burgos, exculpa la posible participación de Alfonso en el asesinato de su hermano. Esto provocó desconfianza con el Cid, a pesar de que Alfonso le ofreció en matrimonio a su sobrina Jimena Díaz. La muerte de Sancho fue aprovechada por García para recuperar el trono de Galicia. En 1073, García fue apresado y encarcelado de por vida en el castillo de Luna, donde fallecería (1090). Consolidado en el trono leonés, y con el título de emperador que heredaba de la tradición neo-gótica leonesa, Alfonso VI dedica los siguientes catorce años de su reinado a engrandecer sus territorios mediante conquistas como la de Uclés. 
1085: Alfonso VI reconquista Toledo
Cuando fallece el monarca navarro Sancho Garcés IV, la nobleza navarra decide que el trono no pase a su hijo menor de edad, sino a uno de los nietos de Sancho III de Navarra por lo que Alfonso VI y Sancho Ramírez de Aragón invadieron el reino navarro. Tras llegar a un acuerdo, Sancho Ramírez es reconocido como rey de Navarra y Alfonso se anexiona los territorios de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y La Bureba, adoptando el título de "Imperator totius Hispaniae" (1077). Pero hará la gran expansión territorial a costa de los reinos taifas musulmanes, para lo cual Alfonso siguió con el sistema de parias, consiguiendo que la mayoría de los reinos de taifas de la España musulmana fuesen sus tributarios, práctica a la que unió la presión militar. En 1074 había fallecido, envenenado en Córdoba su vasallo y amigo, el rey de la taifa de Toledo Al-Mamún a quien sucedió su nieto Al-Qádir que solicitó (1084) por segunda vez la ayuda de Alfonso ante un levantamiento que pretendía derrocarle. Alfonso aprovechó el llamamiento de ayuda del rey taifa para sitiar Toledo, que se rindió y al-Qadir fue enviado como rey a Valencia bajo la protección de Alvar Fáñez. Tras esta importante conquista, el monarca se tituló emperador de las dos religiones y como gesto ante la importante población musulmana de la ciudad se comprometió, además de respetar las propiedades de éstos, a reservarles la mezquita mayor para su culto. Esta decisión será revocada por el recién nombrado arzobispo de Toledo, el cluniacense Bernardo de Sedirac, valiéndose para ello del apoyo de la reina Constanza de Borgoña.
La ocupación de Toledo permitió a Alfonso VI incorporar el título de rey de Toledo y le llevó a la toma de Talavera y del castillo de Aledo. También ocupó la entonces ciudad de Magerit (1085) sin resistencia. La incorporación del territorio situado entre el Sistema Central y el río Tajo, servirá de base de operaciones para la corona leonesa, desde donde podía emprender un mayor hostigamiento contra las taifas de Córdoba, Sevilla, Badajoz, Granada y Almería. Esto provocó que pidieran ayuda a los almorávides que al mando del emir Yusuf ibn Tasufin cruzan el estrecho de Gibraltar y desembarcan en Algeciras (1086). En Sevilla, el ejército almorávide se une a las tropas de los reinos taifas y se dirigen a tierras extremeñas donde se enfrentan en la batalla de Sagrajas (Zalaca) a las tropas de Alfonso VI que se había visto obligado a abandonar el sitio a la ciudad de Zaragoza. La batalla se salda con la derrota de las tropas cristianas que regresan a Toledo para defenderse, pero el emir no supo aprovechar la victoria y regresó apresuradamente a África a causa de la muerte de su hijo. Alfonso solicitó a los reinos cristianos de Europa la organización de una cruzada contra los almorávides que habían recuperado casi todos los territorios que había conquistado, con la excepción de Toledo, ciudad en la que Alfonso se hizo fuerte. Aunque la cruzada no llegó finalmente a organizarse, provocó la entrada en la península de un importante número de cruzados entre los que destacan Raimundo y Enrique de Borgoña que contraerán matrimonio con dos hijas de Alfonso, Urraca (1090) y Teresa (1094), lo que va a provocar la entrada de la dinastía borgoñona en los reinos peninsulares.
En 1088, Yusuf ibn Tasufin cruza por segunda vez el estrecho, pero es derrotado en el cerco de la fortaleza de Aledo y desertan muchos de los reyes de las taifas, lo que motivó que el emir viniera con la decisión de quedarse como único rey de Al-Andalus. En 1090 los almorávides realizan un tercer desembarco, destituyen al rey de Granada, vencen a Al-Mamun, gobernador de Córdoba, y tras la batalla de Almodóvar del Río, entran en Sevilla enviando al exilio a su rey Al-Mutamid. En 1097 se produce un cuarto desembarco almorávide. La noticia la recibe Alfonso VI cuando se dirigía a Zaragoza para prestar ayuda a su vasallo el rey Al-Musta'in II en su enfrentamiento con el recién coronado Pedro I de Aragón. El objetivo almorávide es nuevamente Toledo, en cuyo camino se encuentra el castillo de Consuegra, donde las tropas cristianas resultarán derrotadas, lo que supondrá la decadencia del reinado de Alfonso VI, que ya se había iniciado en 1086 con la derrota de Sagrajas.
1094: El CID reconquista Valencia
En 1102, Alfonso envía tropas en auxilio de Valencia frente a la amenaza almorávide. La ciudad había sido conquistada en 1094 por El Cid y desde su muerte (1099), estaba gobernada por su viuda Jimena. La batalla tuvo lugar en Cullera sin un claro vencedor, aunque Valencia cayó en manos almorávides ante lo costoso que resultaba para Alfonso defender la plaza. En 1108 las tropas del almorávide Tamim, gobernador de Córdoba e hijo de Yusuf ibn Tasufin, se dirigen nuevamente contra los territorios cristianos, pero la ciudad elegida no es Toledo sino Uclés. Alfonso se encontraba en Sahagún, recién casado, mayor y con una vieja herida que le impide montar a caballo. Al mando del ejército se pone Álvar Fáñez, gobernador de las tierras de los Banu Di--Nun, y le acompaña el infante heredero Sancho Alfónsez. Los ejércitos se enfrentan en la Batalla de Uclés, donde las tropas cristianas sufrirán otra dura derrota y en la que, además, morirá el infante heredero al trono, lo que tendrá como consecuencia un parón de 30 años en la Reconquista y la autonomía del condado de Portugal.
En 1067 se había negociado el matrimonio de Alfonso con Ágata de Normandía, hija del rey Guillermo I de Inglaterra y de Matilde de Flandes, pero su muerte prematura frustró el proyecto. En 1069 se firmó el acuerdo de esponsales con Inés de Aquitania, hija del duque Guido Guillermo VIII de Aquitania y de Matilde de la Marche. Inés apenas contaba con diez años de edad y hubo que esperar hasta cumplir los catorce años para celebrar el matrimonio que tuvo lugar a finales de 1073, pero murió en 1078. Contrajo matrimonio por segunda vez en 1079 con Constanza de Borgoña, viuda sin hijos del conde Hugo III de Châlon-sur-Saon, e hija de Roberto el Viejo, duque de Borgoña y bisnieta de Hugo Capeto, rey de Francia. Fruto de este matrimonio, que duró hasta la muerte de la reina en 1093, nació Urraca I de León, que sucedió a su padre en el trono y Contrajo sendos matrimonios con Raimundo de Borgoña y con Alfonso I el Batallador, rey de Aragón. Fue sucedida por su hijo con Raimundo de Borgoña, Alfonso VII el Emperador.
La desintegración del Califato de Córdoba: Las luchas intestinas en Córdoba propiciaron la creación de una veintena de taifas en plena expansión de los reinos cristianos del norte
2. Taifa de Denia
(1010-1045)
La Taifa de Denia fue creada en el año 1010, tras la desintegración del Califato de Córdoba, por el eslavo muy arabizado Muyahid al-Amiri al-Muwaffaq al frente de un grupo de afectos a Almanzor, dando lugar a la dinastía reinante en Denia: los Amiríes. Muyahid fue un alto funcionario del tiempo del califato amirí, que poseía conocimientos profundos de filología árabe.
En el año 1011, se convirtió en la primera taifa en acuñar moneda, en una ceca propia en la actual Elda, aunque para hacer legítima su dinastía, reconoció formalmente a uno de los califas omeyas en litigio durante la fitna de Al-Ándalus, 'Abd Allah al Mu'ayti, a quien acogió en Denia hasta que fue expulsado en 1016.
El reino musulmán de Denia era pequeño, incluía algunas comarcas muy fértiles y ciudades entre las que se encontraba Bairén, Orba, Altea, Callosa, Sagra, Cocentaina y Bocairente.
En 1015, al mando de una poderosa flota naval, se hizo con las Baleares y desde allí emprendió la conquista de la isla de Cerdeña —con ciento veinte naves y mil soldados según noticias de Ibn al-Jatib—, sobre la que mantuvo soberanía durante un año (1015-1016). El verano de 1016 el papa Benedicto VIII convocó a las flotas de Pisa y Génova, que reconquistaron Cerdeña e hicieron prisioneros a la mujer y el príncipe heredero de Muyahid, Ali Iqbal al-Dawla, que no pudo ser rescatado hasta 1032. Durante los años siguientes, su escuadra con base en Denia y con apoyo en los fondeaderos de las Baleares, realizó diversas incursiones en las costas de Génova, Pisa, la Toscana y Lombardía.
Tras este episodio mediterráneo, Muyahid de Denia aprovechó la muerte de los dos corregentes de la Taifa de Valencia, Mubarak y Muzzafar, para obtener la parte sur de Valencia durante dos años hasta 1020, quedando el norte de la rica taifa en manos del rey eslavo de Tortosa Labib. A fines de los años 1020 apoyó la rebelión de Ibn Jattabcontra Ibn Tahir de Murcia. Ya elevado al trono de Valencia Abd al-Aziz ibn Amir, entró en enfrentamientos constantes con él, tomando las plazas de Murcia, Lorca, Orihuela y Elche, y extendiendo su reino hasta el Segura. hasta que, con la mediación de Sulaymán ibn Hud de Zaragoza, selló las paces con Valencia en 1041.
Muyahid acogió a importantes intelectuales, sobre todo escritores y ulemas, que huían de los conflictos cordobeses, donde el propio Muyahid se había educado como eslavo al servicio de la corte de Almanzor.
El gran poeta Ibn Darrach, que recaló en la corte de Muyahid desde 1028 hasta su muerte en 1030, elogió el poderío marítimo de Muyahid en una casida de gran solemnidad que comenzaba:​ Naves que son como esferas celestes y donde sus arqueros/ son estrellas, armadas de punta en blanco./ Cruzas con ellas los abismos del mar,/ y sus olas se fatigan por el peso abrumador.
(1045-1081)
Rey de la  taifa de Denia, nacido en Denia en 1009 y muerto en Zaragoza en 1081. Bajo su reinado Denia desarrolló una intensa política exterior. Su reino fue anexionado a la expansiva taifa de Zaragoza en 1076.
De origen europeo, fue hijo de Muyahid de Denia, que entre 1010 y 1045 constituyó un reino independiente en Denia que dominó las rutas del mar y de la tierra. En 1016 Alí, que era aún un niño, se encontraba con su padre en la conquista de Cerdeña, pero la alianza de pisanos y genoveses consiguió la victoria sobre las tropas musulmanas de Muyahid que hubieron de huir a Baleares. Alí fue retenido como rehén junto con su familia por los italianos. Muyahid, desde el momento en que llegó a sus posesiones, tramitó la libertad de sus familiares, pero sólo consiguió el éxito en parte: su esposa, la madre de Alí, de origen cristiano, rehusó volver a Al-Andalus y Alí fue retenido como garantía de que el rey de Denia no emprendería nuevas acciones sobre Cerdeña. Durante su cautiverio permaneció en la corte de Enrique II de Alemania, donde fue educado en la religión cristiana y olvidó el idioma árabe. En 1026 fue rescatado gracias a la intervención de los Hammadíes de Bugía, que intercedieron ante sus carceleros, tras lo cual regresó al reino de su padre.
Aunque Muyahid tuvo más hijos varones nombró heredero suyo a Alí, que tomó el título de Iqbal Ad-Dawla ('prosperidad de la dinastía'). Como el propio Alí cuenta en una carta a Abd al-Aziz de Valencia, en su proclamación tras la muerte de su padre (1045) le juraron fidelidad todos los poderosos de Denia, incluyendo a su hermano Hasan. 
Pero el poderoso rey de Sevilla, Abu Amr Abbad Ibn Muhammad, no estuvo conforme con la designación de Alí como heredero y prefería ver a Hasan, de quien era cuñado -había casado con una hija de Muyahid- en el trono de Denia, por lo que envió a la corte de Alí a un esclavo llamado Salama que se convirtió en paje de Hasan; su propósito, según las órdenes de Muhammad de Sevilla, eran matar a Alí. Hasan Sad Ad-Dawla entró en connivencia con el régulo sevillano y se eligió un viernes, después de la oración oficial, para cometer el asesinato. Como cada viernes Alí acudió a la mezquita aljama de Denia para presidir las preces; como era su costumbre, tras abandonar la mezquita salió con su séquito hacia la orilla del mar, para regresar después a palacio, tomando un camino de callejones estrechos. Allí aprovechó Salama para intentar acuchillar al soberano, pero falló el golpe y fue abatido por la guardia de Alí, Hasan aprovechó el tumulto y huyó de la ciudad. Alí fue trasladado a palacio donde se recuperó de una herida en la mano, tras lo cual reunió a sus generales para asegurarse de que ninguno se pasase al bando de su hermano. Mientras tanto Hasan había viajado a Sevilla para convencer a Muhammad de que invadiese el reino de Denia y le proclamase rey, pero el sevillano no quiso enfrentarse con un enemigo que, en caso de vencer, cerraría las puertas de Sevilla al Mediterráneo. Mientras, Alí comenzó a propagar la noticia de la traición de su hermano, por lo que Hasan no logró encontrar ayuda y se retiró a Valencia con su hermana. Se sabe que Hasan murió en Valencia, pero ni las crónicas ni la documentación volvieron a nombrarlo.
Existen noticias puntuales de las relaciones exteriores durante el reinado de Alí; los contactos con otros reinos comenzaron durante el gobierno de Muyahid, sobre todo a través de enlaces matrimoniales. En primer lugar, el rey de Denia entabló relaciones con los Hammadíes de Bugía, en el Mediterráneo central, y con los Ziríes de Ifriqiya, en el Mediterráneo oriental. Los primeros fueron los que negociaron su rescate cuando estuvo prisionero en Cerdeña; con los segundos, parientes de los Ziríes de Granada, los motivos fueron eminentemente comerciales. Pero la acción más importante de Alí, en lo que a política exterior se refiere, es el inicio de las relaciones entre el reino de Denia y Egipto: en 1055, conocedor de la gran hambruna que había sufrido el país africano, Alí envió al califa fatimí, al-Mustánsir, un barco lleno de alimentos, acompañado con una carta de presentación, obra de su secretario, Ibn Arqam; a cambio recibió el barco cargado de dinero y obras de arte. La consecuencia más negativa del inicio de estas relaciones fue que Ibn Arqam fue atacado por sus enemigos y abandonó Denia para refugiarse en el reino de Almería, con lo cual Alí perdió uno de sus principales colaboradores. Como su padre, Alí trató de mejorar las relaciones con los reinos vecinos mediante una intencionada política matrimonial: el único matrimonio del que tenemos noticias fehacientes es el de una hija de Alí con Muhammad al-Mutasim de Almería (hacia 1050), enlace que motivó la composición de una epístola en prosa rimada, obra del secretario Ibn Arqam.
Las crónicas árabes recogen la noticia de que en 1065 Alí Iqbal Ad-Dawla ayudó a Fernando I de León en el asedio de Valencia. Abd al-Malik de Valencia pidió ayuda al rey de Toledo, que terminó tomando la ciudad y apoderándose de ella. En las crónicas cristianas no ha quedado constancia de que el rey de Denia ayudase a Fernando I en su intento de conquista de la ciudad.
En 1076 una serie de circunstancias hicieron que Alí entregase el reino de Denia a Ahmed I al-Muqtadir de Zaragoza: este rey había capitaneado la guerra santa que se proclamó entre las diferentes taifas de Al-Andalus cuando en 1064 los cruzados tomaron Barbastro (fue tras la victoria que Ahmed de Zaragoza tomó el título de al-Muqtadir); tras esta victoria Ahmed comenzó una política expansionista que le llevaría a la conquista del reino de Denia. En un principio, al-Muqtadir sólo intentó tomar algunas plazas que pertenecían a Alí para entregárselas a su hijo Mungir, que gobernaba Tortosa. Se ignora cuáles eran estas plazas, dados los confusos límites que separaban en esta época los reinos de Zaragoza, Denia, Valencia y Tortosa. Alí dio la orden a sus alcaides para que entregasen las plazas al zaragozano, pero después, convencido por sus consejeros, dio la orden contraria a los dichos alcaides y pidió ayuda a sus aliados de Sevilla y Almería por medio de su ministro Ibn Muslim, ayuda que no consiguió. Cuando al-Muqtadir vio que las plazas no le eran entregadas marchó con su ejército a Denia, donde se entrevistó con el príncipe Muizz Ad-Dawla. En las negociaciones intervino el ministro de al-Muqtadir, Ibn Ar-Royolo -su nombre romance fue el Rojuelo-, que era deniense y según la Dhajira de Ibn Bassam fue quien intrigó para que el rey de Zaragoza pensara en apoderarse de Denia. Esto ocurrió cuando al-Muqtadir entró en la ciudad y sus altos dignatarios firmaron la rendición reconociendo la soberanía de Ahmed sobre el reino, en marzo de 1076.
Alí fue trasladado por al-Muqtadir a Zaragoza vestido con un traje tosco que mostraba a los zaragozanos su derrota. Al-Muqtadir, de quien era pariente, le entregó unas tierras en feudo, de cuya posesión vivió hasta su muerte en 1081.
Alí Iqbal Ad-Dawla fue un hombre refinado que había recibido durante su cautiverio en Cerdeña una esmerada educación cristiana y que a su vuelta a Al-Andalus se vio rodeado por una pléyade de filólogos de la corte de Muyahid, el primero de los cuales fue su propio padre. Sin embargo, el hecho de haber olvidado la lengua árabe durante su infancia hizo que no alcanzase los niveles de dominio lingüístico de su familia. La tolerancia hacia el cristianismo de que hizo alarde hizo sospechar a algunos historiadores que fue un criptocristiano; este dato no ha podido nunca ser contrastado, y, en cambio, las crónicas le muestran como un buen musulmán y un riguroso seguidor de los preceptos coránicos. Pero al aspecto que más aluden las crónicas cuando se refieren a la personalidad de Alí es a su afición a los negocios, a los que dedicó más esfuerzos que a la defensa del reino. Efectivamente, Alí Iqbal Ad-Dawla llegó a ser un personaje muy rico. Ibn Bassam censura que sacaba dinero incluso de los matrimonios de sus hijas -aunque el único documentado es el enlace de su hija con el rey de Almería-, en virtud de la costumbre islámica de ser el novio el que paga la dote o mahr. Al contrario que su padre, Iqbal sintió más afición a las bellas letras que a la filología. En su corte se encontraron más especialistas en prosa rimada que filólogos puros. Uno de sus gustos fue el intercambio de epístolas en prosa rimada, redactadas por sus secretarios, con los soberanos de los reinos vecinos. También es mencionada en las crónicas la afición del rey de Denia por los caballos. Bajo su reinado Denia fue un reino tolerante en el que convivieron en paz musulmanes, judíos y cristianos, tal y como ocurría en Toledo de Alfonso VI.
Mezquita Al-Hakim de El Cairo
Al-Mustánsir
(1036-1094)
Al-Mustánsir, cuya madre era una esclava cristiana, obtuvo el trono en el 1036 merced a la habilidad del que luego fue su visir durante dieciocho años, que sobornó a los soldados.​ La rivalidad entre el mercader que había vendido a su madre a Az-Zahir, su progenitora y su tercer visir, en teoría criatura de los dos primeros pero empeñado en reducir el poder de sus protectores, desató una grave crisis político-militar en el califato, que el débil Al-Mustánsir fue incapaz de resolver.​ Los rivales por el poder emplearon las tensiones entre soldados bereberes y turcos para acaparar el poder, desencadenando choques entre ellos.
En el 1048-1049, el califato perdió definitivamente el control de Ifriqiya. En el Levante, las expediciones del 1045-1046 y del 1048-149 fueron costosas y poco fructíferas.
En el 1059 uno de los jefes militares de Bagdad proclamó su sumisión al califa fatimí.​ Ante la imposibilidad de ayudarlo mediante el envío de un ejército para imponer por fin la ansiada autoridad en Mesopotamia, se mandó a un predicador fatimí con una suma fabulosa, que menguó notablemente el tesoro califal. Esa misma década, el Gobierno había tenido que repeler las incursiones beduinas en Behera (1052-1053) y el país había sufrido varios años de hambrunas (1052-1055) a causa de las exiguas crecidas del Nilo. La crisis produjo copiosas muertes y redujo los ingresos por impuestos.​ Los apuros del califa culminaron en el 1058-1049, cuando la destitución del visir, que llevaba en el puesto unos ocho años y fue acusado de tratar con Tugrïl Beg, sumieron a la Administración Pública en el caos. El Gobierno central comenzó a perder el control de la provincias y con ellas, parte de sus ingresos.​ A partir de entonces, hubo un relevo frecuente y continuo en el cargo de visir y se multiplicaron los enfrentamientos entre tropas negras y turcas (1062-1067).​ En estas luchas intestinas, los turcos llevaron la mejor parte y comenzaron a favorecer claramente sus intereses; los intentos de los negros por impedirlo fracasaron y finalmente, tras ser derrotados, huyeron al Alto Egipto.​ A continuación los turcos, cuyo poder no dejaba de crecer, comenzaron a apoderarse directamente de los ingresos estatales y a dedicarse a eliminar definitivamente a sus rivales.​ En Alejandría lo lograron, pero no así en el Alto Egipto, donde las fuerzas negras resistieron las acometidas.
Las rencillas entre distintos grupos turcos permitieron al califa coligarse con algunos de ellos y expulsar a la principal facción de la capital, pero al precio de perder por completo el poder y sufrir el saqueo de sus aliados.​ Tras nuevos combates, el califa quedó sometido a su rival en el 1071-1072; únicamente las nuevas disensiones entre los vencedores, que temían una intervención extranjera en el califato, le permitieron deshacerse de aquel, que fue asesinado en marzo-abril del 1073 por sus antiguos socios. Al-Mustánsir llamó en su ayuda a Badr al-Jamali, el más poderoso gobernador fatimí del Levante, que en el 1073-1074 acudió en su socorro e restableció el orden gracias a su propio ejército y a la colaboración de parte de la población, harta del desorden en el que se había sumido Egipto.65​ Al-Jamali impuso la autoridad califal por la fuerza y cruentamente, pero logró desbaratar a los diversos adversarios de Al-Mustánsir: a los beduinos, las tropas negras del Alto Egipto y a los distintos grupos turcos que se disputaban el poder.​ En el 1077, aplastó un ejército selyúcida que había invadido el país en diciembre del año anterior por instigación de los exiliados que habían huido de sus purgas. Las tropas negras, que habían pactado con Al-Jamali, participaron en el desbaratamiento de la invasión selyúcida.