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martes, 11 de octubre de 2022

Régimen masónico en MÉXICO, desde Juárez a López Obrador. Rebelión contra la tiranía masónica anticatólica de Elías Calles, la “CRISTIADA” o Guerra Cristera (1926-29). Beatificacion de los MÁRTIRES de la Cristiada

Palacio Nacional de México: Gran Logia de Benito Juárez

1. Régimen liberal-masónico en MÉXICO
desde Benito Juárez a López Obrador
2. Rebelión contra la tiranía masónica de
Elías Calles, la Guerra Cristera
3. Mártires de la CRISTIADA
Santiago Clavijo
13/6/2020


1. Régimen liberal-masónico
desde Juárez a López Obrador

La Masonería es la progenitora del Relativismo, de la Ilustración antropocéntrica y de las Revoluciones: norteamericana, francesa, socialista y neocomunista (ecologista, indigenista, populista, etc.).

La Masonería y su derivada actual, el Poder Supranacional pretende el gobierno mundial por instigación del Maligno, el padre de la mentira.
El "Nuevo Orden Mundial" no es posible sin la anulación previa de la Iglesia Católica; la única institución, con dos mil años, que supera los mil millones de creyentes, defensora de la vida, la ley natural, la verdad, la justicia, la libertad y la dignidad del hombre.

México, la primera nación católica americana de habla hispana, no fué una colonia sino un virreinato de la Corona de España con soberanía en más de dos tercios del actual territorio de Estados Unidos (hasta el río Misisipi en 1803).

México era la provincia más rica, vasta, próspera y culta de toda la América hispana; la Iglesia mexicana asombraba por sus valores espirituales gracias a la protección de la Virgen de Guadalupe, que se apareció en el cerro de Tepeyac (1531) dejando el testimonio de su bello rostro en el manto del indio Juan Diego. Su Santuario en Ciudad de México es visitado anualmente por más de veinte millones de peregrinos.

Cuando Fernando VII entregó España a Napoleón, los criollos mexicanos se rebelaron contra los españoles afrancesados al servicio del liberalismo masónico. El apogeo político de la Masonería española durante el trienio liberal (1920/3) favoreció la independencia de México casi sin traumas.

El ejécito español en Ámerica no pasaba de 25.000 soldados para la defensa del territorio que se extendía de Alaska a la Tierra del Fuego. Los rebeldes liberales se conjuraron en Quito (1819) contra el absolutismo del rey "felón" bajo el liderazgo de Simón Bolívar, masón de alto nivel al servicio del imperio británico. En 1823 el gobierno USA impuso la doctrina Monroe a los europeos, iniciando la tutela masónica sobre el continente americano.

En 1829 la República de México, dirigida por masones controlados por el embajador norteamericano, decretó la expulsión de todos los españoles, desmantelando los territorios y misiones del Norte. Desde la anexión de Florida (1819), USA practicó la infiltración de colonos anglosajones al sur del río Grande.

En 1835 el general Houston proclamó la independencia de Texas, patrocinada por un cónclave de masones mexicanos y norteamericanos. El general López de Santa Ana con 2.000 soldados eliminó la resistencia de los invasores en El Álamo pero fue derrotado en la batalla de San Jacinto.

En 1846 Estados Unidos ocupó Nuevo México, Arizona y California; el vicepresidente masón de México Gómez Farias esquilmó a la Iglesia para financiar la guerra contra Estados Unidos que finalizó a los dos años con la firma del humillante tratado de Guadalupe Hidalgo por el que México perdió más de la mitad del territorio heredado de España.

El régimen liberal-masónico degeneró en la etapa de Porfirio Díaz después del trágico intermedio imperial de Maximiliano, impuesto por Napoleón III, jefe supremo de la Masonería europea continental.

En 1908 apareció un semanario satírico de gran influencia, muy crítico con el régimen porfirista, dirigido por Francisco Madero, que practicaba el espiritismo y pertenecía a la masonería dependiente de los Estados Unidos. Madero asumió la presidencia (1911) e inició la etapa de la Revolución mexicana que aún perdura. El 1% de la población poseía el 97% de a Tierra (menos de 900 hacendados gratos al régimen).

El general Huerta, gobernador de la capital, pactó con los oligarcas sublevados y derrocó a Madero que fue asesinado.


La revolución alumbró tres caudillos:
  • Pancho Villa, guerrillero en el Norte.
  • Venusiano Carranza, apoyado por el general Obregón, dominador de la región occidental y protegido de los norteamericanos.
  • Emiliano Zapata, el iluminado alzado en el Sur.
En 1915 Obregón tomó la capital y acabó con la anarquía. El presidente Carranza promulgó la Constitución Revolucionaria (1917) de ideología masónica, ferozmente anticlerical, que prohibió la enseñanza religiosa y nacionalizó los bienes de la Iglesia.
En 1919 Obregón asesinó a Zapata y obligó a huir a Carranza que se llevó el Tesoro público y un harén. Murió asesinado también (1929), había ganado las elecciones por abrumadora mayoría y protegido a todos los enemigos de la Iglesia: liberales-radicales, marxistas, anarcosindicalistas y comunistas, que se conjuraron bajo inspiración masónica contra la fe multisecular del pueblo mexicano.

En 1924 subió a la presidencia el general Elías Calles, demagogo prevaricador que recrudeció hasta el paroxismo la persecución contra la Iglesia y los católicos, a los que pretendió aniquilar con vesania masónica; incluso intentó crear una iglesia apóstata y cismática. Provocó la reacción en varios estados: Jalisco, Zacatecas, Guadalajara, Michoacán. La rebelión contra la tiranía anticatólica se conoce como “Cristiada” o Guerra Cristera (1926-29).

La Cristiada es un conflicto de origen masónico e importancia mundial, además de un clarísimo precedente de la Guerra civil española (1936-39) consecuencia de la Constitución masónica (1931) y de la Revolución socialista (1934), cuando fueron asesinados 13 obispos y 7.000 eclesiásticos.

La intolerable persecución del gobierno de Calles y Obregón provocó la reacción de los católicos, con dos millones de firmas contra la violación de las leyes más elementales de la convivencia. Finalmente el Episcopado mexicano decretó el “interdicto”, pena canónica que suspendía el culto público en toda la nación.

Nunca se había visto una guerra popular de tal envergadura desde el alzamiento (1793) de la Vendée contra el ejército de la Revolución ilustrada y masónica de Francia que provocó el genocidio de 350.000 católicos.

Los rebeldes mexicanos se llamaron “cristeros” y entraban en combate al grito de “Viva Cristo Rey”. Las jóvenes pelearon también heroicamente en las brigadas Juana de Arco.
El gobierno respondió con decenas de sacerdotes asesinados, profanación de iglesias, atentados y violaciones por militares. Juan Pablo II ha beatificado (1992) a 22 sacerdotes y 3.000 seglares víctimas del odio a la fe en la guerra cristera.

Asesinado Obregón, asumió la presidencia Portes, marioneta del general Calles, bajo el patrocinio del embajador Monroe de los Estados Unidos. El Partido Nacional Revolucionario monopolizador del poder durante dos décadas cambió su nombre por el de Partido Revolucionario Institucional (PRI) que es la ficción democrática más escandalosa del mundo, de inspiración masónica.

Fuente:
Ricardo de la Cierva, “Las puertas del infierno”.


3. Mártires de la CRISTIADA
  1. El siglo de los mártires
  2. Las persecuciones religiosas de México en el siglo XIX.
  3. Las persecuciones de Carranza y Obregón (1916-20, 1920-24).
  4. La persecución de Calles (1924-29).
  5. La cesación del culto (31-7-1926).
  6. El alzamiento de los cristeros (agosto 1926).
  7. Las aprobaciones eclesiales de la lucha armada.
  8. Cómo Pío XI bendice el grito: ¡Viva Cristo Rey!
  9. Las reservas sobre el movimiento armado.
  10. Cómo los cristeros se echaron al campo, «para buscar a Dios».
  11. Cómo fue el curso de la guerra.
  12. La intervención del ejército federal.
  13. El balance de la guerra.
  14. Los rumores de un posible arreglo.
  15. Los «mal llamados Arreglos» (21-6-1929).
  16. Cuáles fueron los frutos de la Cristiada.
  17. Cómo triunfó de la masonería.
  18. El licenciamiento de los cristeros.
  19. Qué pasó después de los Arreglos.
  20. Crónica de los mártires y de los beatos en la persecución.
  21. El espíritu de los cristeros.
  22. La espiritualidad bíblica y tradicional y del México católico.

 
Benito Juárez, Masón

viernes, 1 de abril de 2022

1 de abril de 1939: VICTORIA sobre MASONERÍA y COMUNISMO.




Caudillo católico que liberó a ESPAÑA 

Breves notas sobre la Guerra Civil

El Desfile de la Victoria, 1939
La mayor parada militar de la historia de España
José María Manrique

El 75 Aniversario del fin de la Guerra 1936-39 es un momento oportunísimo para recordar los actos que cerraron formalmente aquella contienda, especialmente El Desfile de la Victoria de Madrid. Aunque hubo desfiles en otras ciudades, también reseñados en el libro, el de Madrid fue el más importante y significativo, entre otras cosas porque fue acompañado de otros de alto significado, tales como el traslado de la capitalidad de Burgos a Madrid, los actos religiosos de acción de gracias, incluida la ofrenda del sable del Generalísimo, y los demás de índole civil. El Desfile de la Victoria de 1939 fue el más grandioso celebrado nunca en España, y uno de los mayores de todo el Mundo: más de 220.000 hombres (21.000 “italianos”; es decir, el CTV encuadrando en su mayoría a españoles), 115 Batallones Infantería, 220 Carros y Blindados, unos 2.000 cañones (200 Baterías de Campaña, 20 Baterías Antiaéreas Pesadas, 25 Baterías Antitanque), más de 7.000 coches y camiones, 500 motos, centenares de caballos y mulos, y cerca de 600 aviones. Seis horas de duración, con el público incluso encaramado hasta en los tejados, como se puede apreciar en alguna de las fotos, aguantando fuertes aguaceros.
Para el amante de la historia española, especialmente la militar, militar es una fuente de información difícilmente igualable en relación a personas y unidades (uniformidad y material) participantes en la contienda, así como el acta de nacimiento del Ejército Español contemporáneo, hoy quizás irreconocible. También es un documento que refleja muy bien la estructura urbana del Madrid de aquella época. Incluye textos seleccionados de libros y revistas de la época (Vértice, etc), que reflejan, desde el primer momento, el espíritu de reconciliación ya imperante.

viernes, 15 de octubre de 2021

15 de octubre - Hoy Santa TERESA de JESÚS (Ávila 1515): Obras Completas, Benedicto XVI define a Santa Teresa, Serie TVE, Niña y Adolescente, La Vocación, Éxtasis y Transverberación

Santa TERESA de JESÚS 
(Ávila 28-3-1515)
Santiago Clavijo
15/10/19
Obras Completas
Audiencia General
2-febrero-2011

Santiago Clavijo 
3-10-2011
Teresa nació el 28 de marzo de 1515 en Ávila, ciudad amurallada en la vertiente norte de la sierra de Guadarrama, baluarte de la cristiandad en la reconquista de España contra la invasión mahometana.
Fue su padre el noble castellano Don Alonso Sánchez de Cepeda, fervoroso defensor de la fe de sus antepasados que tenía una elevada concepción del honor y educaba a sus hijos con libros edificantes: vidas de santos y crónicas de los héroes medievales.
La madre de Teresa, doña Beatriz de Ahumada, observaba los deberes de madre y esposa como sus antepasadas, era hermosa y vivaz, confinada en su lecho frecuentemente, devoraba la novela del caballero Amadis de Gaula, que la llevaba a protagonizar aventuras mundanas por tierras lejanas en sus vigilias por insomnio. 
Las historias ejemplares del padre y las novelerías de la madre formaron la despierta mente de Teresa y marcaron su personalidad con cierta dualidad, en la que las aspiraciones espirituales estaban combinadas con los intereses del mundo. 
A los siete años, Teresa era una niña de imaginación viva que dirigía los juegos de numerosos hermanos y primos: campos de batalla donde piadosos caballeros luchaban valientemente contra los moros infieles o padecían la muerte de un mártir atado a una columna. La fantasía infantil de Teresa la llevó a identificar juego y realidad: convenció a su hermano preferido Rodrigo de 10 años para abandonar secretamente su hogar en dirección al país de los moros para sufrir la muerte de los mártires a manos de los infieles. Tomaron el camino de Salamanca hasta que un primo de su padre les encontró cuando caía la tarde y tenían los pies destrozados. Después de esta desafortunada aventura, Teresa imaginó un juego nuevo de “monjas y monjes” que sustituyó al de “cristianos y moros” que había sido el favorito. En el centro colocaban una capillita, en la que rezaban, permanecían en silencio y rechazaban todo alimento. 
A los diez años, Teresa era una muchacha delgada de aire un tanto indómito, con profundos ojos oscuros y una expresión seria que suavizaba su sonrisa amistosa. Había hecho voto de que llegaría a ser realmente una monja y que induciría a sus hermanos y primos, con su ejemplo, a abrazar también una vida espiritual de renuncia al mundo. 
A sus catorce años era ya una precoz señorita cuya belleza y jovialidad cautivaba a todo el mundo, quería agradar, ser cortejada y admirada. la severa etiqueta española no toleraba ningún contacto entre los jóvenes de distinto sexo, a no ser que fueran parientes. Ahora, el patio era el centro de reuniones juvenilesal que todos los “caballeritos” de Ávila deseaban ser invitados, para lo que tuvieron que descubrir parentesco con Teresa. 
Teresa se enamoró por primera vez a los quince años, una prima mayor pasaba a hurtadillas los primeros billetes amorosos del admirador y organizó una cita secreta. Teresa estuvo a punto de sacrificar su virtud, pero su conciencia le llevó a confesar todo a su padre. 
La madre de Teresa había muerto y María, la hija mayor de la primera esposa de su padre, estaba próxima a casarse. No había ninguna mujer madura en la casa que pudiera ayudar a la joven inexperta a evitar los peligros de la adolescencia. 
Don Alonso decidió confiar el cuidado de su hija a las monjas agustinas de Ávila, un convento-escuela que conservaba la disciplina tradicional. Cuarenta monjas protegían la virtud y cuidaban del bienestar de las jóvenes pupilas. En vez de coqueterías y melindres debía haber rezo y relatos edificantes. Al principio, Teresa se sintió desgraciada en su piadosa prisión. Al cabo de pocas semanas, Teresa era la favorita de las monjas y un rayo de luz en los sombríos corredores del convento. 
Y acabado el año de enclaustramiento, las buenas monjas trataron de inducir a Teresa a que tomara el velo. En época posterior confesó: “Era muy contraria a hacerme monja”. 
Teresa acababa de cumplir dieciséis años. Había sido una muchacha sana, estaba llena de proyectos para cuando abandonara el convento, pero fue súbitamente vencida por la enfermedad. Comenzó por una extrema debilidad, un punzante dolor por todo el pecho que se extendió al abdomen, a los miembros y a todo el cuerpo. Las monjas pensaron que iba a morir, pero a los pocos minutos los dolores se apaciguaron inesperadamente. Poco después sobrevino otra vez el ataque, que se repitió muchas veces. Precisamente este mal espantoso iba a ser la primera fase de su santidad. Su tormento era el heraldo de una inopinada bienaventuranza. Teresa tenía que aprender a soportar su dolorosa enfermedad antes de que pudiera ser una predestinada de Dios.
Don Alonso la llevó de vuelta al hogar pensando que se restablecería fuera de la disciplina del convento, pero esto no sucedió. La casa ya no era la misma, estaba triste y sombría. La mayor parte de sus primos habían dejado Ávila para dedicarse al comercio en Sevilla, capital marítima del imperio, o siguieron a los conquistadores hacia países lejanos. De sus hermanos, sólo Lorenzo y Antonio, los más jóvenes, permanecían en el hogar. La mayor parte de sus amigas estaban casadas y vivían en otras ciudades. Juana, su favorita, había tomado el velo en Ávila.

Don Alonso, el padre de Teresa, afrontó la enfermedad de su hija con impotencia y turbación. Teresa tenía dieciséis años cuando dejó el internado en el convento-escuela y volvió al hogar paterno. Como su salud no se recuperaba, decidió enviarla al cuidado de su hermanastra María que vivía en un ambiente rural a dos días de viaje en mula. En el camino se detuvieron en casa de su tío Pedro de Cepeda que llevaba años dedicado a la vida ascética de un hombre entregado a Dios. Conversaron únicamente sobre las cosas sagradas y don Pedro pidió a Teresa que leyera algunos pasajes de los escritos de san Jerónimo, sabio ermitaño del siglo IV. La joven sufriente encontró en el mensaje del reino de los cielos un gran consuelo para sus sufrimientos. Al otro día, cuando prosiguió el viaje pidió a su tío que le prestara uno de los volúmenes de san Jerónimo. En las vidas piadosas la santidad y la grandeza nacen a menudo a través de las fatigas del dolor y de la enfermedad. 
Lo mismo que Teresa, el despreocupado y alegre hijo del rico mercader Juan Bernardone fue separado por la enfermedad de sus enredos mundanos y guiado en su camino para llegar a ser san Francisco de Asís. 
Igualmente, el caballero Íñigo López de Recarte, consagrado a las vanidades del mundo, comprobó en el curso de su penosa segunda convalecencia que las ambiciones humanas no tienen valor y trocó sus designios terrenos por miras celestiales llegando a ser san Ignacio de Loyola. 
Ni los tiernos cuidados de su hermanastra, ni las distracciones de la vida campesina restituyeron su jovialidad. Sólo era feliz cuando la dejaban a solas en su cuarto, absorta en su libro de san Jerónimo. Sus palabras de promesas acerca del reino de los cielos resucitaron en ella el viejo sueño del vestir el hábito de monja. Otro día, leyó las amenazas sobre los tormentos del castigo en el infierno. 
Poco después sufrió otro grave ataque, parecía estar en estado agónico. María pasó la noche entera junto al lecho de Teresa, que se recuperó a la mañana siguiente. En época muy posterior explicó que la enfermedad cesó aquella noche cuando decidió volver la espalda al mundo y hacerse monja. 
Por temor a que su plan fracasara, lo mantuvo en secreto. A su vuelta a Ávila, se confió a su amiga íntima Juana que podría ayudarla desde su convento carmelita de La Encarnación. Cuando tuvo todo preparado para entrar en el convento como novicia, informó a su padre que quedó anonadado y manifestó su disconformidad. 
Teresa había sido siempre una hija obediente, pero el infierno era una cosa muy seria. A los diecisiete años volvió a huir del hogar paterno como en su infancia cuando se fue a tierra de moros para ser mártir. Don Alonso se halló ante un hecho consumado y tuvo que otorgar su tardía bendición porque era un buen cristiano. 
En el convento carmelita de la Encarnación, aislado del mundo por gruesas paredes, Teresa se creyó a cubierto de todas las tentaciones. Era celosa y jovial en el cumplimiento de sus deberes como novicia, la renunciación la llenaba de alegría. Pero la felicidad inicial duró muy poco, el temor al infierno que le había impulsado a tomar el velo, y el fervor conque proseguía su camino hacia el cielo, avivaron sus ojos por lo que estaba sucediendo a su alrededor. Con gran consternación comprobó que en el convento adonde había huído aún estaba en el mundo del que quería escapar. El principal enemigo era el espíritu de los tiempos. Las paredes del convento eran medievales pero las monjas eran hijas de los tiempos modernos, habían consagrado su vida al Señor con votos de castidad y obediencia, pero gozaban de vacaciones con parientes o amigos fuera del convento. Las piadosas hermanas podían recibir visitas en el locutorio que tenía un enrejado que separaba los cuerpos en el espacio pero que era atravesado por la vista y el oído. Las habladurías del mundo con sus vanidades y tentaciones contaminaban la vida de oración.
Entonces comenzó a dudar del acierto en su elección del convento. Fue el primer indicio de que Teresa estaba predestinada para ser la reformadora de la Orden del Carmelo. Por el momento, no era más que una humilde y obediente novicia. 
Después de profesar sus votos como monja, sus ataques volvieron con furia implacable, ninguna parte de su cuerpo estuvo a salvo del ardiente dolor, su cuerpo permanecía frío y rígido. A medida que los ataques volvieron, la enfermedad afectó a la vida entera de Teresa. La tregua entre un ataque y el siguiente se acortaba cada vez más; al principio era cosa de semanas, por último sólo de días. 
Teresa estaba predestinada a convertirse en la santa del éxtasis y su enfermedad era el instrumento de Dios, pero esto era todavía invisible para los demás. 
Don Alonso retiró a su hija del convento y solicitó la ayuda de los mejores médicos de Castilla. Discutieron largamente sobre la causa de la enfermedad pero no pudieron descubrir ningún defecto orgánico. Las convulsiones y la tensa rigidez muscular era un caso no previsto en los tratados de medicina y los tratamientos aconsejados no trajeron el menor alivio. Puesto que la ciencia había fracasado, don Alonso decidió llevar a su hija a una famosa curandera de Becedas, en las cercanías de Béjar (Salamanca), que gozaba de la reputación de haber curado muchos casos desesperados. Era naturista y ejercía únicamente en primavera, cuando brotaban las hierbas. Como era invierno, se decidió que Teresa pasara los meses que faltaban en el campo con su hermana María. Nuevamente visitó de camino a su tío Pedro que le regaló un libro del monje franciscano Francisco de Osuna, que enseñaba una forma mental no hablada de oración. Llegó a ser su guía en el viaje hasta Dios. 
Durante su estancia en el campo, los ataques cedían a veces y permitían a Teresa practicar la oración mística, que le producía un intenso gozo. 
Al llegar la primavera Teresa viajó a Bercedas, la cura era primitiva a base de vómitos y purgantes para limpiar el organismo. La curandera juzgaba a la enfermedad como a un maligno demonio por lo que también empleaba fórmulas mágicas a modo de exorcismos. 
No obstante, el demonio de la enfermedad de Teresa no sólo no se dejó intimidar por la hechicería de la curandera sino que redobló sus ataques. Los procedimientos de la curandera resultaron más desastrosos que la misma enfermedad. En el verano de 1537, el padre de Teresa la trajo de nuevo al hogar de Ávila. Era una ruina humana, Teresa anhelaba la muerte para liberarse de su tormento por lo que pidió la confesión. Don Alonso se negó porque su cariño le indujo a pensar que ello aceleraría su muerte. 
Privada del consuelo del sacramento, Teresa sufrió el más fuerte ataque; en su angustia y dolor vociferó y se mordió la lengua para después entrar en coma. Transcurridas veinticuatro horas sin la más leve señal de vida, sin pulso, los médicos diagnosticaron: ¡Está muerta! 
Pasada una segunda noche, Teresa continúa igual, por lo que comenzaron los preparativos para el funeral. Dos hermanas de la Encarnación velaban y oraban a la cabecera de Teresa. En el cementerio del convento las monjas cavaron un sepulcro y en la capilla fue oficiada una Misa por el alma de la muerta. 
Don Alonso se negó a que Teresa fuera colocada en el ataúd; a la tercera noche desde el ataque, su hermano que la velaba se durmió. Despertó al amanecer y vio el féretro en llamas. La priora se encaminó por segunda vez a casa de Teresa para reclamar el cuerpo y proceder al entierro en el convento. Al entrar en la cámara mortuoria encontró a Teresa tranquilamente sentada sobre su féretro hablando con su padre en tono de voz claro y natural. Había pasado cuatro días en coma. 
Después de que Teresa confesó y recibió la Eucaristía sintió un gran alivio en el alma, pero su debilidad física permaneció invariable. De conformidad con sus deseos, fue llevada al convento el domingo de Ramos del año 1537, a los veintidos años de edad. 
Durante ocho meses, Teresa yace en la enfermería del convento, totalmente inmovilizada y atormentada por dolores implacables. Después, cuando los padecimientos cedieron algo y pudo arrastrarse, fue llevada a su celda, donde pasó más de tres años en estado de parálisis parcial y de dolorosas contracciones musculares, llevando la vida de una inválida sin señales de mejoría. 
Finalmente, Teresa vióse libre del tullimiento cansado por la enfermedad pero siguió sufriendo. Tuvo vómitos durante veinte años que la impedían alimentarse hasta más del mediodía y algunas veces sufría fuertes dolores de corazón. 
Tenía Teresa diecisiete años cuando sufrió el primer ataque, cuarenta y tres cuando experimentó el primer arrobamiento de éxtasis. 
En 1540, Teresa se restableció de un día para otro, ella lo atribuyó a la fuerza de la oración. Las monjas del convento pensaron en un milagro cuando la vieron caminar. Alexis Carrel, premio Nobel de Medicina (1912) acepta el poder curativo de la oración concentrada sobre las perturbaciones funcionales del organismo.
Fuente: 
René Fülöp-Miller. “Teresa de Ávila, la santa del éxtasis”. Espasa-Calpe

Transverberación de Santa Teresa
En la teología y en la espiritualidad católica la transverberación es considerada un regalo espiritual otorgado a personas que logran una intimidad mística con Dios, consistente en una «herida espiritual en el corazón». En el caso de Santa Teresa de Ávila, el fenómeno es descrito en su obra autobiográfica "Libro de la Vida", en el que relata una visión que tuvo hacia 1562 cuando un ángel se le apareció y clavó una flecha ígnea en su corazón:
«Ví a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla. [...] No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan ecendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman Querubines [...]. Viale en las manos un dardo de oro largo, y al fin de el hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios» (Libro de la Vida. Capítulo XXIX).
Si bien el caso de santa Teresa es el más conocido, la tradición católica le atribuye este don divino a otros santos tales como Catalina de Siena, Margarita María Alacoque, Pío de Pietrelcina, Francisco de Sales, Verónica Giuliani, entre otros.

Patricio Lennard: Cuando el 12 de marzo de 1622 Teresa de Jesús fue canonizada, no había ninguna santa con su nombre en el martirologio cristiano. Su cadáver incorrupto, exhumado por primera vez en 1584, dos años después de su muerte, no hizo entonces más que acrecentar la fama de santa de esa mujer que, cansada de las liviandades que admitía la vida en el convento al que había ingresado a los veinte años (y en el que las monjas podían pagar por una celda más cómoda y tener criadas, y hasta vestir con telas delicadas y recibir visitas), llegó a fundar treinta y seis monasterios a lo largo de toda España bajo una regla basada en la oración, la pobreza, el silencio y la clausura, que dio origen a la Orden de los Carmelitas Descalzos, una de las más estrictas y austeras congregaciones que existen.
Miguel de Unamuno decía que en Avila, ciudad en la que Teresa nació y que es célebre por sus imponentes murallas, no había otra forma de crecer que no fuera hacia el cielo. Un destino anunciado en la devoción con que Teresa construía, de pequeña, ermitas en el jardín de su casa familiar y jugaba a ser monja. En las vidas de santos, ese género extinto que tuvo su apogeo durante la Edad Media en la recopilación Legenda aurea de Santiago de la Vorágine, no son pocas las escenas de infancia en las que sus protagonistas dan señal de su condición atípica. Así, siendo sólo un niño, San Francisco de Asís fue agriamente reprendido por su padre por tirar el dinero, y Santo Domingo vendió, en tiempos de hambre, sus libros de estudio para ayudar a los pobres. Leyendo una Vida de Santos justamente, Teresa planeó a los siete años, con uno de sus hermanos, huir a tierra de moros a hacerse decapitar, presa del deseo de morir como mártir. Un arrebato piadoso y a la vez extemporáneo (ya en el siglo IV los mártires eran figuras del pasado y el ascetismo comenzaba a ser un modelo de santidad y perfección alternativo) que concluyó cuando uno de sus tíos los sorprendió cerca del puente que conducía a las afueras de la ciudad y los llevó, sin demoras, de regreso a casa.
Con esta hermosa escena de iniciación principia el Libro de la Vida de Teresa de Jesús, cumbre de la literatura mística y centro de una obra cuya hondura teológica fue revalidada en 1970 cuando Pablo VI nombró a la santa doctora de la Iglesia, convirtiéndola en la primera mujer en recibir ese honor en la historia del catolicismo. Un libro que ella terminó de escribir en 1562, en Toledo (más allá de que luego le realizó algunos agregados), y en el que narra el viaje a las profundidades de su alma y sus encuentros con Dios, y las circunstancias que la llevaron a fundar el convento de San José en Avila, el primero que albergó la nueva orden carmelitana. Un ímpetu reformador, el de la santa, que de entrada provocó grandes resistencias y enconos entre los carmelitas “calzados”. Intrigas entre las que figura el secuestro de Juan de la Cruz, quien pasó nueve meses en la prisión que la orden no reformada tenía en Toledo, en un agujero sin luz, sin poder cambiarse de ropa, hasta que un guardia apiadado le permitió escaparse, es sin duda el hecho más escabroso.
Preparada como estaba para exceder el mero registro de su espiritualidad que su confesor de turno solía pedirle que pusiera por escrito (“con este tipo de mujeres se podía terminar en el tribunal de la Inquisición”, apunta Rosa Rossi, biógrafa de la santa), Teresa pudo emprender la escritura de su Vida recién cuando se hubieron disipado los temores en torno de sus raptos místicos. “Es sin duda que tengo ya más miedo a los que tan grande le tienen al demonio que a él mismo”, escribía Teresa en tiempos en los que no se podía “ni hablar ni callarse sin peligro”, según el humanista Juan Luis Vives se quejaba en una carta a Erasmo de Rotterdam. No por nada, entre 1559 y 1562, se realizaron muchos de los autos de fe que acabaron con la vida de miles de personas en las hogueras de la Inquisición y que evitaron que el protestantismo se enraizara en España. La misma época en que Teresa ya transitaba con ardor su sendero místico.

Transverberación de Santa Teresa-Lorenzo Bernini
El álgebra del éxtasis: En "La gravedad y la gracia", Simone Weil sostiene que uno de los grandes dolores de la humanidad es que mirar y comer son dos operaciones diferentes, mientras que la beatitud eterna es un estado en que mirar y comer son una y la misma cosa. Pensando en la vida de los ángeles, Swedenborg se figuraba que cualquier acción que fuera placentera se deterioraría gradualmente si tuviéramos que experimentarla eternamente sin respiro. Cinco siglos antes, Santo Tomás postulaba que la única actividad de los bienaventurados en el Cielo será la contemplación de la divinidad pues “nada que se contemple con admiración puede producir aburrimiento”. Casi con seguridad Maimónides consideraba, cuando escribió que “lo único que percibimos de Dios es que es, no lo que es”, la misma imposibilidad del tedio.
Todo esfuerzo místico consiste en reducir (o agrandar) a Dios a su esencia. Tanto Santa Teresa como San Juan de la Cruz exponen en sus obras la discreción con que los místicos suelen referirse a lo que se nos depara después de la muerte. Incluso, para Juan de la Cruz, el objetivo de la experiencia mística es la privación de imágenes (“la noche oscura del alma”): despojarse de todo aquello (voces, visiones, éxtasis) que justamente signa la mística de Teresa.
Sobre las interioridades del vínculo de la santa con Dios abunda el Libro de la Vida. Sobre todo, después de que se exponen, en los primeros capítulos, los prolegómenos de su empresa autobiográfica y, más adelante, una extensa teoría sobre la oración que ella amplía y reformula en dos libros posteriores, Camino de perfección y Las moradas. El retrato de su padre, hombre caritativo, que nunca se permitió tener esclavos (y del que omite revelar sus ascendientes conversos); la evocación de su madre, que murió joven, y que supo disponerla a la oración y al gusto por los libros de caballerías; el recuerdo de cómo las vanidades de la adolescencia dieron lugar al deseo, resistido por su padre, de ingresar a un convento; las cruentas enfermedades que en su juventud la pusieron al borde de la muerte, y el deslumbramiento que le provocó la lectura de las Confesiones de San Agustín, libro que fue modelo para su Vida, son algunas de las cosas que allí se nos cuentan.
León Bloy, ese católico inconformista al que le pesaba vivir en un tiempo en el que era poco probable conocer a un santo, creía que para ver a Dios era necesario “invertir nuestros ojos y ejercer una astronomía sublime en el infinito de nuestros corazones”. Un movimiento que ya había descrito Agustín de Hipona (la mente debe concentrarse en el alma e ir hacia adentro a fin de alcanzar a Dios en un “golpe de vista trepidante”) y que Teresa experimentaba en la oración de quietud cuando el alma entraba dentro de sí misma. Allí, el entendimiento y la imaginación se veían desbordadas, y seguía un recogimiento de las potencias espirituales al que es imposible sustraerse. Algo que Dios confería a unos pocos elegidos, cuando tomaba el alma como “las nubes cogen los vapores de la tierra”.
El centro de la experiencia mística de Teresa, no obstante, se halla en sus visiones. Su Vida es un catálogo de ellas. Un expediente sobre el que erige el edificio de su santidad, pero en el que también se inscriben la acechanza y los miedos. Así, a medida que las visitas de Jesús se vuelven recurrentes, hay confesores que declaran su aprensión a asistirla. “Tan cierto les parecía que tenía el demonio, que me querían conjurar algunas personas.” Esos escrúpulos, no obstante, ya se habían disipado cuando acaece el fugaz “descenso” a los infiernos que relata en el capítulo XXXII. Una instancia en la que Dios le muestra de dónde la ha librado su misericordia y en la que comprueba que aunque allí “no hay luz, sino sólo tinieblas”, puede distinguirse “lo que a la vista ha de dar pena”. Algo que Santo Tomás imaginaba cuando decía que la tenue luz que hay en el infierno sólo servirá para aumentar el dolor de los condenados, al dejarles ver el horror que los circunda.
Pero es Cristo, en realidad, el objeto casi exclusivo de las visiones de Teresa. Visiones que dice percibir con “los ojos del alma”, en tanto las que se tienen con los ojos corporales son consideradas las más bajas y “adonde más ilusiones puede hacer el demonio”. Su transverberación, como es sabido, es la más famosa entre todas ellas. No por nada el diccionario de la Real Academia Española sólo registra esa palabra en referencia a la santa y Bernini le consagró su escultura más hermosa. Lo que le sucede en la transverberación es lo siguiente: Teresa siente que su corazón es atravesado por un dardo de oro que le arroja un ángel, y que le inflige un dolor de enorme intensidad, que condensa el álgebra del éxtasis. De allí precisamente Bataille extrae su teoría de que el desfallecimiento no sólo es el aspecto central de la sensualidad humana, sino también de la experiencia de los místicos.
Es el “deseo de morir para sí”, pues, que traduce la aspiración a la vida celeste (de vivir de manera anticipada en la inmortalidad, de morir por no morir, de morir desviviéndose), el núcleo ontológico y paradojal de la existencia mística. Así se entiende esa “ideología despreciativa del cuerpo” de la que habla Barthes en relación con los místicos y que Plotino expresaba en la vergüenza que le causaba el simple hecho de tener un cuerpo.
“Querría ya esta alma verse libre. El comer la mata, el dormir la congoja”, apunta Teresa en el Libro de la Vida. Y es ese cuerpo que para el alma es un “mal huésped”, esa existencia que se concibe como martirio, esa “vida contra natura”, la formulación de su experiencia de los límites. Esa que resume luminosamente en un bello poema que comienza diciendo: “Vivo sin vivir en mí, / Y de tal manera espero, / Que muero porque no muero”.
Conversiones: Sin duda la lectura más extraordinaria que ha suscitado el Libro de la Vida es la que una muchacha judía realizó una noche del verano de 1921, en la finca de un matrimonio amigo en las afueras de Bergzabern, Alemania. En esa ocasión, su anfitriona la instó a que tomara cualquiera de los libros que había en su decorosa biblioteca y, luego de elegir uno al azar, la muchacha abrió un volumen cuyo título era Leben der Heiligen Theresia von Avila. “Comencé a leer y quedé al punto tan prendida que no lo dejé hasta el final”, escribió varios años después, evocando esa experiencia que le cambiaría la vida. Un acontecimiento que determinó que ella, una vez que franqueó la última página del libro, y mientras observaba cómo los primeros rayos del sol iban filtrándose por la ventana del cuarto, exclamara para sí: Das ist die Warhrheit! (“¡Esto es la verdad!”) y ahí mismo se supiera convertida.
Así como San Agustín encontró en las palabras de la carta de San Pablo a los romanos la revelación que lo impulsó a seguir una vida santa, Edith Stein halló lo propio en el Libro de la Vida. Nacida el 12 de octubre de 1891 en Breslavia, en el seno de una familia judía, Stein fue la discípula dilecta de Husserl y la primera mujer en desempeñarse como asistente de una cátedra de filosofía en Alemania. Si bien su acercamiento a la fe católica había comenzado unos años antes, su epifánica lectura fue lo que la llevó a bautizarse un mes más tarde y lo que despertó en ella un hondo deseo de hacerse carmelita. Su ingreso al carmelo de Colonia, en 1933, fue una decisión que tomó una vez que pudo lidiar con la férrea negativa de su madre. El 2 de agosto de 1942, cuando la Gestapo la sacó de la clausura que por entonces cumplía en el carmelo de Echt, en Holanda, en represalia por un escrito de los obispos de ese país que denunciaba la deportación de judíos, Edith Stein comenzaba a transitar el destino de mártir que se le reconoció oficialmente en 1987, cuando fue beatificada, y por el que encontraría la muerte en una cámara de gas de Auschwitz-Birkenau el 9 de agosto de 1942.
En uno de sus textos religiosos (muchos de los cuales terminó de escribir como monja de clausura), Stein se detiene en la insistencia con que Santa Teresa declara que no todas sus hijas podrán acceder a la oración en sus grados más altos. Una advertencia que, en parte, se debía a los casos de monjas que en algunos carmelos se habían dado en dedicarse a la oración de manera compulsiva, apartándose de la vida comunitaria y postergando sus demás obligaciones. Con su famosa reconvención de que también “entre los pucheros anda el Señor”, Teresa pretendía así demostrar que incluso en la cocina bien podía rezarse y mitigar, de paso, la ansiedad religiosa. Esos escrúpulos que a algunas carmelitas no les permitía aceptar el reverente silencio de Dios, su “retraso en el signo” (Barthes). O, como dijo Rilke alguna vez, “la intimidad ardiente de su ausencia”.
El beneficio de la duda: En Muestrario (1918), en lo que puede ser leído como una irónica visión del panteísmo, Ramón Gómez de la Serna escribe: “No hay ningún creyente que llegue, por amor a Dios, a los límites que debería llegar. Nadie llega a las elevaciones que están más allá de las monotonías de las oraciones. Nadie ve a Dios inventándolo todo, nadie, al leer una bella poesía, cree que la ha escrito Dios como debiera creerlo, olvidando el nombre del autor”.
Que Santa Teresa ponga a Dios como interlocutor permanente en el Libro de la Vida es, en esencia, una prueba palpable de que lo que dice es cierto. “¿Cómo podría falsear o disimular nada ante quien conoce el reino de los corazones?”, se pregunta Jean Starobinsky, a propósito de las Confesiones de San Agustín. Que ella procure como testigo y depositario de su discurso a un ser omnisciente (amén de lo redundante que esto pueda resultarnos: Dios no necesita recibir lo que El ha dado) no sólo garantiza la verdad autobiográfica sino que inscribe esa verdad más allá del “yo”. La tantas veces mentada inspiración divina de los escritos teresianos (que les otorga un grado de veracidad incontrastable: Dios es la Verdad, la Verdad no puede mentir, etcétera), se declara cada vez que la santa se coloca a sí misma como médium y repite el estribillo en que agradece (e invoca) la elocuencia que la divinidad le concede. Capacidad expresiva, para ser más exactos, que busca verbalizar una experiencia que impele a confesar a las palabras lo que, en última instancia, no pueden decir.
Menéndez Pidal (con quien no es difícil acordar cuando valora a Teresa de Jesús como la más original escritora religiosa) ve en su “estilo descuidado” –plagado de anacolutos, elipsis, parentéticas y razonamientos inconclusos– un ejercicio extremo de improvisación. Una “escritura torrencial” que exhibe, según él, el modo en que la santa escribía movida por el rápido fluir de las ideas, sin volver nunca atrás a releer o corregir. Sea esto cierto o no; sea cierta o no la “indomable espontaneidad” de la que habla Menéndez Pidal, lo interesante tal vez sea ver en ese mito de escritora (que es el mismo, hasta cierto punto, que en Homero, Virgilio y Dante circunscribe el acto creativo a un poder sobrenatural) una justificación estilística de la escritura de Dios. Jacob Boehme, un místico protestante y teósofo nacido en Alemania a fines del 1500, prefirió abandonar la idea de la omnipotencia de Dios, antes que aceptar que sea responsable del mal. Inclinémonos nosotros por dudar, tan siquiera, de que el Libro de la Vida lo haya escrito una santa que los tiempos recuerdan como Teresa de Jesús.

El Éxtasis de Santa Teresa es un grupo escultórico en mármol, obra del escultor y pintor Gian Lorenzo Bernini, de estilo barroco. Fue realizada entre 1647 y 1651, por encargo del cardenal Cornaro, para ser colocada donde iría su tumba, en la iglesia de Santa María de la Victoria en Roma, donde actualmente se encuentra. Está considerada una de las obras maestras de la escultura del alto barroco romano. Retrata la imagen de santa Teresa de Ávila durante el don místico de la transverberación que describe en su Libro de la Vida.
La obra de Juan Lorenzo Bemini, que se puede contemplar en la iglesia carmelitana de Santa María de la Victoria, en una rica capilla, fundada por el cardenal Federico Cornaro. Bajo un torrente de luz, lanzado por una ráfaga celeste, aparece el grupo marmóreo de la Santa transverberada por el arpón de oro llameante del querubín, que parece descender del cielo en aquel instante, lleno de gozo con tan feliz embajada. Está Teresa desfallecida, casi tendida entre las nubes que la alejan de la tie­rra. Bajo los pesados párpados se revelan los ojos cegados. Sus labios están entreabiertos, casi se oye respirar, emitiendo aquellos quejidos involuntarios que ella misma confesó (Vida 29,13). Pa­rece bastante claro que el ángel ya ha traspasado su corazón con la flecha flamígera. La mano izquierda cuelga insensible mien­tras sus pies desnudos están sus­pendidos en el aire. Nadie jamás reflejó mejor ese dulce tormento del fuego divino, que Teresa des­cribe.

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domingo, 12 de abril de 2020

Resurrección de CRISTO, vista por un soldado romano que crucificó a JESÚS (Risen-2016). La Pasión de Cristo (2004) de Mel Gibson, basada en los Evangelios y en las VISIONES de la beata Ana Catalina Emmerich. Entrevista al protagonista Jim Caviezel, converso en Medjugorje

Jim Caviezel, protagonista de “La Pasión” de Mel Gibson, hizo su sexta peregrinación a Medjugorje y después viajó a Viena donde concedió una entrevista a Christian Stelzer. Caviezel debe su papel en “La Pasión” a Medjugorje
La Pasión de Cristo: Filme de Mel Gibson
La Pasión de Cristo es una película cristiana estadounidense de 2004, dirigida por Mel Gibson y protagonizada por Jim Caviezel como Jesús de Nazaret. Recrea la Pasión de Jesús de acuerdo a los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Sigue especialmente los detalles de las Visiones de la Beata Anna Katharina Emmerich, que han sido confirmados posteriormente por los estudios ciéntificos de la Sábana Santa de Turín.

La película fue rodada íntegramente en Italia. Los exteriores se rodaron en las ciudades de Matera y Craco (en la sureña región de Basilicata); los interiores se rodaron en los estudios de Cinecittà (en Roma). La Pasión tiene una peculiaridad, y es que se rodó en latín, hebreo y arameo con subtítulos. Fue candidata a tres premios Óscar de la Academia: mejor maquillaje, mejor banda sonora y mejor fotografía. Ganó 22 premios cinematográficos y fue candidata a otros.

jueves, 14 de noviembre de 2019

BATWOMAN lesbiana. Desde 2015 llegan superhéroes oscuros, ambiguos y adoctrinadores de género, hay que saber filtrarlos. Bien por Batman, Spiderman y Los Vengadores, pero cuidado con el resto

Batwoman es la nueva teleserie de DC 
presumiendo de protagonista orgullosamente lesbiana
18-octubre-2019
El Cómic de Superhéroes siempre buscó oscuridades 
para derrotar... pero ahora las abraza
Desde 2015 llegan superhéroes oscuros, ambiguos 
y adoctrinadores de género: hay que saber filtrarlos
Forman parte del imaginario colectivo, inspirando a pequeños y a grandes. Pero si bien al inicio prevalecía en sus hazañas un código de valores positivos, con el paso del tiempo han aumentado los aspectos ideológicos, e incluso los rasgos de ocultismo. Mario Iannacone habla de superhéroes en un artículo publicado en Il Timone.
La magia de los Superhéroes
Mario Iannacone
En la novela corta Tiempo de un centenario [El hombre sin edad, llevada al cine por Francis Ford Coppola en 2007], Mircea Eliade cuenta la historia del profesor Dominic, que se convierte en un verdadero superhéroe tras haber sido alcanzado por un rayo: rejuvenece, aprende muchos idiomas y vive amores imaginarios (pero más verdaderos que la realidad) con su Shakti, la contraparte femenina mágica. La novela ofusca los saberes tántricos en los que Eliade fue iniciado en la India y arroja luz sobre la idea de fondo del superhéroe: es un gnóstico iluminado.

Crecí leyendo los cómics de los superhéroes de Marvel, y no reniego de la diversión que tuve en esas largas horas transcurridas en su compañía. Cuando dejé atrás mi primera juventud, me di cuenta de que contienen muchos mensajes a través de los cuales se puede pasar indemnes, es cierto, pero que pueden influir profundamente en las conciencias jóvenes. Es mejor ser conscientes de esto, porque las historias de los superhéroes están por todas partes hoy en día. Narran la historia de hombres o mujeres normales que se transforman en seres con superpoderes al entrar en contacto con energías alienígenas, una radioactividad preternatural o una serie de influjos mágicos.

El tema mítico común (tropo) es el despertar gnóstico, la iluminación. Dicho tema, presente ya en las populares novelas de ciencia-ficción y fantasía de la primera mitad del siglo XX, deriva de la popularización del esoterismo oriental (sobre todo del tantrismo), de la cábala hebrea y del esoterismo occidental.
Ilustración romántica del siglo XIX: 
el rabino Loew, maharal de Praga,
crea al golem, hecho de barro (como el hombre); 
tiene fuerza, pero no inteligencia;
poder sin sabiduría; es un protector poderoso, 
pero puede dañar por descontrol;
quitándole la letra e de "emet" (verdad) 
queda "met" (muerte) y se detiene 
Los primeros dibujantes y guionistas de los superhéroes, al ser en su gran mayoría judíos de la diáspora, conocían la cábala. Así, los autores Marvel (antes Timely, después Atlas), fueron Kurtzenberg, Lieber, Khane, Siegel, Schuster y Simon.

Robert Khane (Bob Kane) creó Batman en 1939 para la DC Comics, mientras que Jerry Siegel y Bob Schuster idearon Superman en 1929. Los volcánicos Stanley Lieber (Stan Lee) y Jacob Kurtzenberg (Jack Kirby) lanzaron Capitán América en 1940 -héroe que representaba la fuerza mágica de los Estados Unidos-, y muchos otros personajes. Batman, a pesar de su ambigüedad, o Superman, son héroes positivos. El segundo, en especial, es una especie de mesías alienígena.

Contracultura en los cómics
Los personajes de Marvel ya tenían, respecto a los de la inicial DC Cómics, una inclinación más evidente hacia la magia y las metáforas esotéricas. La pareja Kirby-Lee creó Los cuatro fantásticos (1961), Thor (1961), el dios nórdico sobre la tierra, Spiderman (1962) y Iron Man (producto de una tecnología superior) y Doctor Extraño (1963). Este último es un mago que lucha por el bien de la humanidad contra demonios de otras dimensiones; es un personaje "psicodélico", que gozaba de una gran popularidad en la California de los años sesenta por sus referencia al Tíbet.
Thor y el Doctor Extraño son los dos héroes clásicos de la Marvel que nacieron ligados a lo mágico y sobrenatural, y no a tecnología o ciencia descontrolada; en los cómics y las películas a veces la "magia" se presenta como, simplemente, energía de otras dimensiones

Para la DC Comics, Kirby desarrolló también personajes que glorificaban los "nuevos dioses" (New Gods), la contracultura de la droga (The Forever People: superhéroes hippies) y The Fourth World, una mitología gnóstica en la que el autor revelaba sus creencias más secretas: la "fuente" (The Source), origen de la potencia que inspira el hashmal (o electrón) cabalístico, una radiación procedente de los "dioses antiguos" o "alienígenas-ángeles", criaturas angelicales o demoníacas.

Un poder que "despierta" y potencia, ilumina y convierte en dominadores. La "fuente" en general despierta los poderes de los sujetos adolescentes y está vinculada, de manera evidente, al hecho de madurar sexualmente. A veces la referencia es muy obvia -el personaje de Metron recuerda al cabalístico Metratron-, pero otras veces está más oculta, aunque siempre está presente.

Los X-Men (unos cuarenta personajes que evolucionan continuamente) nacen de la idea según la cual existe una fuerza misteriosa que se manifiesta de distintas maneras, y que produce tanto las criaturas malvadas como las buenas con el fin de equilibrar los poderes del Universo.

Las referencias a la magia de la cábala del universo Marvel y DC Comics -editoriales históricas de los Estados Unidos- son evidentes y han sido estudiadas por historiadores como Michael Lieb o Jeffrey Kripal. Proceden, no sólo del misticismo mágico, sino también de sus formas transformadas por la cultura pop que, a partir de los años sesenta, incluía estos temas en sus propias creaciones.

El antiguo código de honor y la corrección política
Si bien un viejo estudio de Fredric Wertham dedicado a los superhéroes titulado La seducción de los inocentes ponía en guardia contra la jungla de símbolos que había en ellos, hay que observar que, en su primera fase, los héroes de Marvel y DC Comics eran positivos, seguían un código de honor, eran leales, valientes y combatían para mantener el bien (o mejor, el "equilibrio") del universo.
La seducción de los inocentes fue publicado en 1954 por el psiquiatra Fredric Wertham (1895-1981), quien también escribió posteriormente sobre aspectos positivos de los cómic.

La transformación tuvo lugar a inicios del siglo XXI, tras la crisis que afectó a Marvel Comics y de la que nacieron los Estudios Marvel (ahora controlados por la Walt Disney Company), productores de películas, cómics y videojuegos. A partir de ese momento los superhéroes se convirtieron en personajes "políticamente correctos" y en armas poderosas de propaganda. 

Los X-Men, por ejemplo, son "distintos", son una "minoría que busca derechos", son "pneumáticos", poseedores de una gnosis que los hace superiores a los humanos comunes. ¿Recuerda a algo? Protegen a los "ilici", los que ignoran las fuerzas que invaden el universo. Sobra decir, aunque es algo notorio desde siempre, que los superhéroes -con la excepción de alguna referencia al pasado-, viven en un mundo poscristiano. Y tal vez no pase desapercibido que el estatus de los superhéroes puede ser utilizado (como se hace) para llevar adelante agendas ideológicas.

Una escena de violencia humorística-chusca en Deadpool (sobre todo al final); sus películas son de humor grosero con violencia, sexo y chabacanería gamberra; no son para niños aunque Marvel las promocione

Una nueva agenda y la impronta de Crowley
A partir de 2015, los antiguos personajes empiezan a ser sustituidos o a perder fuerza (Thor, Spiderman), tanto en los cómics como en las películas que recaudan millones de dólares.

Llegan nuevos personajes, más ambiguos en la concepción del bien y el mal, a veces homosexuales como Iceman, Northsat, Batwoman, Rictum o Deadpool. Estos nuevos héroes son considerados más adecuados para la nueva pedagogía.

El productor y activista gay Greg Berlanti, de la DC, después de llenar de personajes gays las teleseries de Arrow (Flecha Verde), Leyendas del Mañana y Supergirl, ofrece ahora a Batwoman como protagonista abiertamente lesbiana; a su colega Andrew Kreisber lo expulsaron en 2017 por acoso sexual; ReL lo contaba ya aquí

La tendencia se refuerza también en las películas de los Estudios Marvel. Los superhéroes no proceden sólo de las fábricas DC Comics y Marvel, sino también de editores menores (que después se unieron a los grandes), como Alan Moore, Todd McFarlane o Michael Mignola.

En ellos el discurso es más serio y sombrío. Todos son seguidores de Aleister Crowley, uno de los principales protagonistas y divulgadores de la magia negra en el siglo XX. Moore es autor de verdaderos cómics mágicos en los que los superhéroes son demonios que son "doblegados" a la utilidad del hombre (cábala nocturna).

MacFarlane, sobre las mismas bases, creó Spawn (1992) y Mignola creó Hellboy (1993), demonio que ha huido del infierno y que protege a la humanidad. Estos autores están declaradamente vinculados al ocultismo y sus creaciones son enciclopedias de alusiones directas o indirectas al mundo de la magia tántrica o crowleyana, a veces con alusiones al satanismo. También estos cómics, que se venden muchísimo, han sido convertidos en películas con efectos especiales espectaculares. En comparación, los personajes de Marvel son tranquilizadores.

Una explicación de Hellboy en 15 minutos; es un personaje paradójico, al haber sido engendrado como medio-demonio, pero se ha educado con el amor de un padre humano, tiene buen corazón y quiere defender a la humanidad; usa agua bendita y reliquias de santos para combatir a los demonios, pero el rosario y otros signos sacros le pueden dañar; en realidad, como todos nosotros, tiene que intentar controlar su parte mala; Mignola, en el cómic, y el mexicano Guillermo del Toro (en la película de 2004) lo acompañan de símbolos católicos

Hoy, los mundos oscuros que antes estaban cerrados en libros o conciliábulos difíciles de alcanzar, están abiertos, tienen el aspecto inocuo de los cómics, están llenos de color y son atractivos. Atraen porque las películas que los convierten en protagonistas (como el nuevo Hellboy de 2019) las ven niños que luego leen los cómics. Entonces, ¿qué decir de los superhéroes?

Bien por Batman, Spiderman y Los Vengadores, pero cuidado con el resto: Spawn es un personaje fascinante, Hellboy hace chistes simpáticos, pero no nos olvidemos que son… demonios.
Traducido por Elena Faccia Serrano.
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sábado, 2 de noviembre de 2019

TransHumanismo, BioÉtica y la Iglesia. La tecnología y el cine al servicio del capital: Matrix, Inteligencia Artificial, Iron Man, Blade Runner, Avatar

Transhumanismo e Inteligencia artificial
La realidad comienza a superar a la ficción
Luis Echarte
Revista “Nuestro Tiempo”
Facultad de Comunicación, Universidad de Navarra
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¿Cuál es la posición cristiana ante el transhumanismo?
Miriam Díez Bosch 
Ago 02, 2019

El filósofo Francesc Torralba ha participado en Harvard en un encuentro sobre el futuro de lo humano
Hay quien ve en el transhumanismo la peor de las tendencias que nos esperan. Para otros, es la solución a enfermedades, envejecimiento e incluso un antídoto a la mortalidad. En la Universidad de Harvard han debatido sobre el tema que no pone de acuerdo a juristas y que interpela no sólo a las religiones sino a todo humanismo que se precie.

El filósofo Francesc Torralba ha sido uno de los participantes, y nos recuerda que estamos ante un vacío legal que permite abrir nuevas rutas de consecuencias insospechadas.

– ¿Por qué Harvard decide reunir a expertos internacionales para debatir sobre transhumanismo?
Francis Fukuyama, autor de El final de la historia, escribió que el transhumanismo es la ideología más peligrosa del siglo. Michael Sandel, egregio profesor de Harvard, se ha postulado claramente contra las tesis del transhumanismo en su libro, Contra la perfección. Existe una élite mundial dispuesta a vender al mundo la utopía de la biomejora humana a través de la implementación de tecnologías altamente sofisticadas.

El sueño fascina a algunas grandes fortunas dispuestas a ampliar sus capacidades humanas y a crear nuevas competencias con artilugios de última generación. La batalla entre los bioconservadores y los tecnoprogresistas está servida en un entorno donde no existe un derecho internacional ni una ética global en lo que se refiere al progreso biotecnológico.

Existe un vacío legal que permite abrir nuevas rutas de consecuencias insospechadas. Sería ingenuo deslindar el transhumanismo del neoliberalismo, y, particularmente, del consumismo tecnológico de alto nivel adquisitivo. Lo que está en juego es la equidad, la igualdad de oportunidades, un valor esencial en la Europa social.

– ¿Qué aportaciones le han inquietado más?
Inquieta la velocidad de los hallazgos biotecnológicos, la dificultad de consenso entre la comunidad de juristas y la pluralidad de posturas filosóficas y teológicas. Inquieta la lentitud en la toma de decisiones biopolíticas a nivel planetario y la presión de los mercados para lanzar en la gran plaza productos que puedan seducir y fascinar a las élites más pudientes de la tierra. Preocupa que mientras una élite sueña con la inmortalidad, miles de seres humanos no disponen de agua potable en sus casas y miles de niños sufren desnutrición.

La tecnología al servicio del capital solo engrandece la brecha entre pobres y ricos en el mundo. La tecnología al servicio de la persona es lo único que puede mejorar el mundo y progresar socialmente la humanidad.

– ¿Cuál es el punto de convergencia cristiano ante estos dasafíos?
Desde el humanismo cristiano, el protovalor es el persona humana, su dignidad inherente. La ciencia debe estar al servicio de su pleno desarrollo. El humanismo cristiano no está en lucha contra las biotecnologías, pero sí contra el paradigma tecnocrático, contra una economía excluyente que mata y descarta a los más vulnerables, y, contra una biotecnología que se apropia se la naturaleza para convertirla en un ámbito de explotación.

La equidad es el segundo principio fundamental, la distribución de la riqueza del mundo y la igualdad de oportunidades. El escenario en el que habitamos está a años luz de esta realidad. Las innovaciones biotecnológicas están financiadas por grandes corporaciones multinacionales que aspiran a conseguir enormes beneficios con sus inversiones. La libertad e investigación científica se somete de esta manera al poder del capital y la razón tecnológica se pervierte en razón instrumental.

– ¿Se pierde lo humano?
Emerge lo transhumano y posteriormente nacerá lo posthumano. En nuestro contexto, se impone la necesidad de reivindicar lo humano. Esa es la esencia del humanismo, tanto del cristiano como del ateo.
Reivindicar lo humano significa, a la par, reconocer su vulnerabilidad, su infinito valor, su grandeza y su precariedad simultáneamente, su condición encarnada y su enigma.
Desde el humanismo cristiano, el ser humano es, en último termino, un enigma que trasciende a la ciencia y al lenguaje cuantitativo, que atesora un misterio que escapa a la conceputalización racional.

– ¿Cómo evitar el desencanto ante un futuro incierto?
Frente al desencanto, la virtud de la esperanza. La esperanza no es la ingenuidad, ni la frivolidad. Se nutre de lo conseguido en el pasado, de la confianza en el poder de la inteligencia humana, de la creatividad y de la imaginación colectiva, pero también de la confianza en que no estamos solos, ni abandonados al azar y a la necesidad, sino que Alguien vela por nosotros, incluso, cuando todo cruje.
El transhumanismo y la Iglesia
Entrevista a Robert Ghal, profesor de Ética fundamental 
en la Santa Cruz
MAYO 27, 2010 

Para algunos, el término transhumanismo no significa nada. Sin embargo, se está extendiendo. Al menos en Estados Unidos. Algunas películas que se inspiran en esa filosofía son Matrix, AI (inteligencia artificial), Iron Man, Blade Runner y Avatar, películas de éxito que no pueden no haber dejado una marca en las conciencias.

Habla sobre ello el profesor Robert Gahl, americano de Wisconsin, ingeniero, filósofo y teólogo, que enseña Ética fundamental en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

– ¿Qué es el transhumanismo?
Gahl: La palabra quiere decir algo diferente o más allá de lo humano. Y éste es un concepto anticristiano.
No puede existir el otro-humano en la historia. El hombre no puede convertirse en otro. Porque el punto de referencia estable en el tiempo es Jesús, hombre perfecto, ayer, hoy y mañana.

– ¿Por qué piensa que es imposible llegar un día a algo que supere al hombre, a una inmortalidad material, en el sentido de vivir en la historia para siempre?
Gahl: No se puede abandonar el concepto de humanidad y pensar en algo distinto. Por nuestra naturaleza, somos autotransformables, en cuanto seres espirituales, a imagen de Dios, potenciados por la razón.
Mientras, la naturaleza humana permanece igual; es la evolución biológica, no la transformación de la especie.
Los cambios son accidentales, no sustanciales. Nos podemos modificar a nosotros mismos, el contexto social, adquirir nuevas habilidades, como ir en bicicleta. Pero seguimos siendo hombres.
Utilizamos nuevos instrumentos, nuevos lenguajes, alteramos la constitución genética (se hace aunque sin intención).

– ¿Se refiere a la eugenesia?
Gahl: La eugenesia es negativa porque prevé la eliminación del ser humano (el homicidio de los Down, los minusválidos, los discapacitados,…).

– Por tanto, ¿la tecnología puede ser positiva o negativa según el fin?
Gahl: Adquirimos aspectos nuevos de conciencia, nuevas tecnologías, para mejorar los seres humanos. Y estas novedades se usan bien o mal.

– ¿Cuándo se usan bien?
Gahl: Cuando se aplican las reglas morales de respeto a la persona, que es libre y debe ser amada por sí misma. Y por tanto no debe ser instrumentalizada para otros fines.

– ¿Y mal?
Gahl: Exactamente cuando se explota a las personas, se las utiliza para otros fines. Si en cambio se las ayuda, es por su bien.

– ¿Un ejemplo de transhumanismo?
Gahl: Los replicantes de Blade Runner son transhumanos, superan a la humanidad, tienen mejores prestaciones, sin embargo son esclavos, que después se rebelan…
Y la película se pregunta: ¿qué es el ser humano? La respuesta del film es positiva: es hombre capaz de amar, de tener libertad y de respetar a los demás.

– ¿Cuál es el bien del progreso científico?
Gahl: Es cuando se trata a alguien como si fuera un fin en sí mismo. Si se eliminan o explotan o manipulan las personas (abortos, homicidios, instrumentalizaciones para los experimentos), el progreso es malo. Si sirve para ayudar, es positivo.

– ¿Algún ejemplo negativo y positivo del transhumanismo?
Gahl: Hoy está de moda el neuro enhancement, un tipo de desarrollo para aumentar la función neuronal, el cerebro.

– ¿Es negativo potenciar el cerebro?
Gahl: Es positivo en algunos campos de la medicina, por ejemplo para estimular el nervio óptico. Pero si se utiliza para manipular a la persona, va contra la moral.
Por ejemplo, las máquinas creadas para provocar sensaciones sexuales perversas, fuera de la relación de amor, provocan desórdenes, con una reducción narcisista. Crean una realidad virtual que sustituye la relación.

– ¿Otros mecanismos perversos de manipulación de la neuro enhancement?
Gahl: Hay fármacos en laboratorio que permiten trabajar cuarenta horas sin necesidad de dormir, por ejemplo para pilotos de aviones.
El problema es: ¿cómo se aplicaría? ¿Cómo hacer el test para verificar que no hay efectos colaterales y cuál es el resultado complejo en el organismo humano y en la calidad de vida de la persona?
Si pudiera elegir, si estuviera igual de descansado durmiendo un poco menos, puedo dedicar más tiempo a la familia.
El riesgo: ¿quién suministra los fármacos y por qué? ¿El empresario? Es fundamental el respeto a la persona y a su libertad de elección.

– ¿Un poco como con el dopaje?
Gahl: El dopaje deportivo es una especie de enhancement para mejorar las prestaciones. ¿Pero a qué precio?
Está muy difundido en el deporte de la educación secundaria en los Estados Unidos porque no hay rigurosos controles antidoping.
El razonamiento es: tendré éxito, entraré en un buen equipo. Si el contexto obliga, lesiona la libertad. Además, hay efectos secundarios muy peligrosos.

– ¿Cuál es su postura?
Gahl: No está bien obligar a las personas a hacer experimentos en sí mismos. El transhumanismo tiene riesgos.
Es necesario respetar la libertad. El criterio fundamental es respetar y querer. La persona es fin en sí misma, y no instrumento para el otro.

– Otro sector del transhumanismo es el cyborg y la robótica. ¿Qué piensa de ello?
Gahl: Bien el cyborg que salva la vida como el marcapasos para el corazón. O los robots que evitan hacer cosas repetitivas y liberan al hombre para actividades más creativas.
Pero el robot -lo están haciendo en Japón- especializado en celebrar bodas o en acoger a los clientes en un hotel elimina la relación y crea un mundo virtual en el que el hombre interactúa con máquinas en lugar de relacionarse con otras personas.
La acogida debe ser, al menos en parte, humana, y esta parte no puede ser sustituida. Tener un interfaz con la máquina que sustituye todo contacto humano es contrario a nuestra dignidad. Necesito relacionarme.

– ¿Cuál es la postura de la Iglesia?
Gahl: La Iglesia impulsa el progreso científico, por los descubrimientos dirigidos a beneficiar al hombre, mejorarlo, potenciarlo.
Pero es contraria a la manipulación del hombre, a los experimentos con el hombre, porque van contra la libertad y la dignidad.

– ¿Otro aspecto del transhumanismo es la búsqueda de la inmortalidad?
Gahl: Los transhumanistas anticristianos materialistas -sobre todo americanos e ingleses- buscan la inmortalidad en la tierra, alargar la vida para siempre, ser perdurables.
La esperanza materialista es la de vivir para siempre. Pero no es una vida mejor, con una visión beatífica de Dios.

– ¿Cuál es la respuesta del Papa?
Gahl: Hay que recuperar la aspiración al cielo, en lugar de prolongar la vida para siempre. Se lo dijo a los luteranos en el Kirchentag, la Jornada ecuménica de las Iglesias en Alemania.
Lo que el hombre desea más profundamente es la amistad, la felicidad, el amor. No solo, sino con el otro. Eso depende del don. Hay por tanto necesidad de un Salvador. Solo con el Salvador se puede alcanzar el cielo.

– ¿El mito de la eterna juventud no ha muerto?
Gahl: Ya existía en la antigüedad. La fuente de la eterna juventud es una especie de transhumanismo antiguo.

– ¿Cuál es su mensaje de felicidad, para transhumanistas y otros?
Gahl: La familia ocupa el primer lugar contra cualquier intento de manipular el nacimiento de los niños (eugenesia) para mejorar la especie humana.
Es una violación a la libertad de amor entre los padres. El afecto experimentado en la familia -que es amor incondicional- anticipa la felicidad del cielo: es ahí donde encontramos la alegría a través de la vida vivida por los demás.
[Por Marialuisa Viglione, traducción del italiano por Patricia Navas]

BIOÉTICA
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Elena Postigo Solana
FEB 25, 2009
1. Definición, fines y medios
2. Breve historia y autores
3. Fundamentos antropológicos y éticos
4. Implicaciones bioéticas. Una lectura crítica;
 5. Bibliografía

Filósofos, científicos, médicos y juristas ofrecen en este libro un análisis interdisciplinar de los temas bioéticos más candentes, desde la procreación artificial hasta las implicaciones éticas de la ...

Elena Postigo Solana MªCruz Díaz de Terán Velasco I. INTRODUCCIÓN HISTÓRICO-CIENTÍFICA Tras la II Guerra Mundial hasta casi finales del siglo XX, las medidas eu ...

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