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domingo, 21 de julio de 2019

Consagración de MÉXICO a CRISTO Rey en 1914. El presidente Huerta, que se había negado a ingresar en la MASONERÍA, envió dos de sus generales al acto solemne. Huerta presentó su renuncia en julio y los jefes aparentes de la revolución Carranza, Villa y Zapata, siempre dirigidos por los masones yanquis, se dedicaron a la destrucción de la religión católica, la riqueza y la civilización hispánica de México

Consagración de México a Cristo Rey en 1914
Luis G. Pérez de León
9/12/2016
Hay actos benéficos y asombrosos que las autoridades, tanto eclesiásticas como civiles, que en el momento determinado por Dios, en las circunstancias más difíciles y contrarias, se han llevado a cabo. Aun teniendo en contra a los enemigos más poderosos de la Religión Católica.

Uno de esos raros actos fue la Consagración de nuestro país a Cristo Rey en el aciago año de 1914. Entre el inicio de la mayor revolución social sufrida por México, planeada, azuzada y sostenida por los Estados Unidos de América con la complicidad de las sectas masónicas mexicanas y angloamericanas, apoyadas por el poderío militar de esta potencia, ya plenamente preparada para intervenir en la Primera Guerra Mundial.

El plan secreto era imponer al pueblo mexicano la anarquía, previa a la introducción experimental del Nuevo Orden Mundial: el Comunismo.

La destrucción de la Religión Católica, de toda autoridad civil, de toda la riqueza material acumulada en 30 años de precaria paz porfiriana, así como el robo a los particulares de sus capitales, uniformando a todos en las doctrinas socialistas ateas. 

México había sido escogido por la cúpula plutocrática de los EE.UU. para servir de experimento a lo que después, en 1917, fuera aplicado en Rusia por los bolcheviques y en España entre 1933 y 1939 con la llamada Guerra Civil, que produjo, como en México, un millón de muertos. Estas revoluciones y prácticamente todas, desde la Revolución protestante del siglo XVI hasta las guerras del Medio Oriente, pasando por las devastadoras del sudeste asiático, han sido ejecutadas por los agentes del Anticristo.

El plan del presidente Woodrow Wilson y de su rapaz camarilla estaba completo y acabado, solamente esperaba una coyuntura para arrojarse sobre México y expulsar del gobierno al General Victoriano Huerta que insistía, junto a sus consejeros, en no doblegarse ante la prepotencia yanqui.

El eminente historiador don Pedro Sánchez Ruiz en la pág. 765 del segundo tomo de su obra: “Nacimiento, grandeza, decadencia y ruina de la nación mejicana” escribe: “Cuando desde los cuatro puntos cardinales irrumpían las hordas constitucionalistas que amenazaban no solo con la destrucción material de la Patria, sino con la destrucción de su misma identidad nacional, surgió una sorprendente reacción de la adormecida sociedad, proclamando públicamente, en tumultuosas manifestaciones en la Capital y principales ciudades la Realeza temporal de Cristo en México, lanzando a los cuatro vientos el entusiasta y unánime grito de ¡Cristo vive!, ¡Cristo reina!, Cristo impera! Como repudio al laicismo liberal y socialista revolucionario.”

En el editorial del diario La Nación del mes de enero de 1914 apareció este llamado el pueblo católico: “Es necesario proclamar a Jesucristo por nuestro Rey, públicamente. Y esto lo haremos en imponente manifestación, Os convidamos, católicos mejicanos, a que forméis parte de la gran manifestación pública que se prepara en nombre de Dios y para Su honra. Acudid todos con banderas, y sobre todo con valor. Sepa el mundo que no nos avergonzamos de Dios, y que lo tenemos por nuestro Dios; la paz, el bienestar, la honra volverán a reinar en este pueblo escogido, en este pueblo todo de la Virgen María”

Previamente, el Episcopado Mejicano había acordado que el 6 de enero de 1914 se hiciera una solemne renovación de la Consagración de Méjico al Sagrado Corazón de Jesús, en señal de reparación, sumisión y humilde vasallaje. 

Los generales don Ángel Ortiz Monasterio y don Eduardo Paz, en uniforme de gran gala, llevaron en regios cojines de seda la Corona y el Cetro que el Ilmo, Arzobispo de Méjico don José María Mora y del Río, pondría a los pies de Jesucristo Rey

Fue natural que el presidente de Méjico, general Victoriano Huerta, quien públicamente había proclamado su fe en Jesucristo en pleno recinto parlamentario, en un acto en que actuaba con su investidura oficial y que se había negado a ingresar a la masonería y además combatía a la revolución satánica; haya enviado a dos de sus divisionarios al acto solemne en la iglesia de San Francisco el 6 de enero de 1914.

El siguiente 11 de enero de 1914 en la Catedral Metropolitana y reunidos los poderes, religioso, político y social así como con manifestaciones de júbilo en toda la nación, se coronó a Cristo Rey de México proclamando Su realeza temporal. 

Las fuerzas enemigas de nuestro país, tanto las interiores; masones, liberales y revolucionarios de toda laya, como las exteriores representadas por sus cómplices los gobiernos yanquis arremetieron a los pocos meses su plan de destrucción de la civilización católica. Después de seis meses de heroica resistencia con la primera potencia mundial y sus agentes los revolucionarios malos mexicanos, el general Huerta presentó su renuncia en 15 de julio de 1914. Viniendo, entonces lo peor; los jefes aparentes de la revolución Carranza, Villa y Zapata, siempre asesorados por los yanquis se dedicaron a la destrucción de la religión católica, la riqueza y la civilización de México.

Por supuesto, que la historia oficial masónica, cumpliendo con la consigna de no escribir la verdad, ha deformado los hechos de esos años (1913-1914). Ha silenciado de tal manera esa gesta de los católicos de entonces que las nuevas generaciones no se han enterado muy bien que nuestro país ha sido consagrado y puesto a los pies de Cristo Rey. Que Jesucristo nos sostiene, sobre la sangre de tantos mártires de la Revolución y de la Guerra Cristera de los años veinte. 

Y el presidente que apoyó con toda la fuerza de su fe católica, la Consagración a Cristo Rey y la primera Ermita en el cerro del Cubilete, ha sido infamado con todos los defectos que esa historia oficial es capaz de arrojar sobre quienes odia por no plegarse a sus designios.

BIBLIOGRAFÍA
Es poca la información que se tiene de esos años, falta mucho por escribir porque casi ningún libro de historia la consigna, solamente escasas revistas y diarios de enero y febrero de 1914 dan cuenta, así como historiadores vetados por nuestros gobiernos.
  • Don Antonio Gibaja y Patrón; “Comentario a las Revoluciones Sociales de México” 5 tomos, editorial “Tradición”, año 1973.
  • Don Francisco Regis Planchet; “La cuestión religiosa en México” 1 tomo, editorial Moderna, Guadalajara año 1957.
  • Don Pedro Sánchez Ruiz; “Nacimiento, Grandeza. Decadencia y Ruina de la nación mejicana” 2 tomos, editorial “Honor y fidelidad”, año 200
Fuente: 
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domingo, 12 de mayo de 2019

"CRISTIADA" y Mártires de MÉXICO. Frutos de la Guerra Cristera. Cómo la MASONERÍA triunfó finalmente


La Cristiada y los mártires de México

José María Iraburu 

  1. El siglo de los mártires
  2. Las persecuciones religiosas de México en el siglo XIX.
  3. Las persecuciones de Carranza y Obregón (1916-20, 1920-24).
  4. La persecución de Calles (1924-29).
  5. La cesación del culto (31-7-1926).
  6. El alzamiento de los cristeros (agosto 1926).
  7. Las aprobaciones eclesiales de la lucha armada.
  8. Cómo Pío XI bendice el grito: ¡Viva Cristo Rey!
  9. Las reservas sobre el movimiento armado.
  10. Cómo los cristeros se echaron al campo, «para buscar a Dios».
  11. Cómo fue el curso de la guerra.
  12. La intervención del ejército federal.
  13. El balance de la guerra.
  14. Los rumores de un posible arreglo.
  15. Los «mal llamados Arreglos» (21-6-1929).
  16. Cuáles fueron los frutos de la Cristiada.
  17. Cómo triunfó de la masonería.
  18. El licenciamiento de los cristeros.
  19. Qué pasó después de los Arreglos.
  20. Crónica de los mártires y de los beatos en la persecución.
  21. El espíritu de los cristeros.
  22. La espiritualidad bíblica y tradicional y del México católico.
RELACIONADO
  1. Cine Anti-Masónico-Guerra Cristera en México
  2. El PRI, al servicio de la MASONERÍA, gobernó tras la CRISTIADA
  3. Conferencias sobre la Cristiada y la Inquisición
  4. CRISTIADA-Rebelión Anti-Masónica en México
  5. FOR GREATER GLORY-THE TRUE STORY OF CRISTIADA
  6. La Guerra Santa Cristiada-Película mexicana
  7. Miguel Salinas Chávez-Conferencia sobre la Cristiada
  8. Sacro y Profano-La guerra de los cristeros
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martes, 25 de diciembre de 2018

La MASONERÍA en la CRISTIADA Mexicana (1926-1929) y Cruzada Española (1936-1939). Pío XI y San José Sánchez del Río (1913-1928), el niño cristero mártir


Pío XI, los Cristeros mexicanos 
y la Cruzada Nacional española
Javier Navascués
26-11-2018
La persecución a los católicos mexicanos, así como la heroica resistencia de éstos en lo que se conoce como “Cristiada” o “Guerra Cristera”, fue uno de los hechos más dramáticos que tuvo que afrontar el Papa Pío XI durante su pontificado (1922-1939). México, desde su independencia de España, a principios de la década de 1820, seguía siendo un país mayoritariamente católico, pero estaba gobernado por una élite de políticos, muchos de ellos anticlericales y masones, destacando entre ellos el presidente Benito Juárez, en la década de 1860.
En 1917 la política antirreligiosa se aceleró con el gobierno del presidente Venustiano Carranza, que había derrotado a los célebres caudillos revolucionarios Pancho Villa y Emiliano Zapata, pero que él mismo era totalmente anticlerical. Promulgó la Constitución de 1917, muy antirreligiosa que prohibía la enseñanza religiosa y nacionalizaba los bienes eclesiásticos. Pío XI la condenó duramente en su encíclica Iniqus Affictisque en 1926. El notablemente corrupto Carranza fue derrocado por el general Álvaro de Obregón en 1920, siendo muerto por uno de sus oficiales. Obregón, tambien antirreligioso, gobernó hasta 1924, año en que llegó al poder el general Plutarco Elías Calles, cuyo gobierno se caracterizará por una brutal persecución anticristiana.

Calles llegó a intentar prohibir el culto cristiano, ordenó el cierre de las iglesias e incluso intentó crear una Iglesia “Patriótica” cismática. Ante esta tiranía anticristiana los católicos mexicanos, viendo que era imposible negociar con el gobierno, (algo que intentaron sin éxito) se alzaron en armas en varias zonas del país, como Oaxaca, Jalisco, Zacatecas o Guadalajara. La Guerra Cristera (Viva Cristo Rey era el lema de los “cristeros”) fue una epopeya admirable de resistencia, heroísmo y martirio. Murieron 30.000 cristeros. La lucha más dura se dió en los estados de Jalisco y Michoacán, al norte del país, aunque la guerra afectó de hecho a la mayor parte de México. En 1926 y 1927 el Papa Pío XI declaró en varias ocasiones su admiración por los católicos mexicanos y deploró las leyes inicuas del gobierno, pero no llegó a aprobar la resistencia armada.
En 1928 un vengador cristero mató al general Obregón, que había vuelto a convertirse en presidente. El nuevo presidente Portes Gil manifesto una cierta voluntad negociadora y en ese momento intervino decisivamente el gobierno de Estados Unidos a quien en absoluto convenía la victoria de los Cristeros. Sus ejércitos se fortalecían mientras los del gobierno estaban en declive y es que el gobierno de lo que empezaba a llamarse PRI (“Partido Revolucionario Institucional” había entregado a Estados Unidos y sus empresas el petróleo y otros sectores económicos del país). Los Cristeros defendían una política más patriótica.

Washington intervino y a través de su embajador en Mexico Dwight Morrow “medió” en una negociación entre el gobierno y algunos obispos mexicanos más “liberales” (los cristeros no fueron admitidos a negociar) que dio origen a los llamados “Arreglos” por los cuales los Cristeros se comprometían a disolver su ejército (la Guardia Nacional) y entregar las armas a cambio de que el gobierno se comprometiera a no aplicar la legislación anticristiana (aunque ésta no sería derogada). Pío XI, influido por los obispos norteamericanos, (al servicio de su gobierno), aprobó el Acuerdo e instó a los cristeros a deponer las armas.

En un acto de obediencia heroico los cristeros obedecieron, pero quien no cumplió el pacto fue el gobierno que detuvo y ejecutó a 1500 cristeros. El gobierno volvió a permitir el culto pero nada más. La legislación anticristiana y promasónica continuó durante muchos años. El régimen del PRI se consolidó e iba a durar largas décadas. (En realidad la masonería había sido la instigadora de la persecución anticristiana en Mexico). El PRI es el equivalente ideológico en México a lo que en España es el PSOE.

Muchos católicos mexicanos se sintieron traicionados por Pío XI, pero en realidad éste había sido engañado en su buena fe tanto por el gobierno norteamericano (apoyado por sus obispos) como por su propio Secretario de Estado el filoliberal CardenalGasparri a quien en 1930 sustituyó por el mucho más conservador Cardenal Pacelli (futuro Pío XII). A partir de 1930 el Papa reconoció el fracaso de su política mexicana y dedicó nada menos que 3 encíclicas a México en 1932, 1933 y 1937 en las que alabó y justifico explícitamente la resistencia armada de los Cristeros. Era demasiado tarde pero demostró su buena fe.
Todo lo ocurrido respecto a México y la Guerra Cristera sirvió de lección a Pío XI en su política respecto a España, el nuevo campo de batalla entre la lucha el Bien y el Mal durante los años 30. Cuando la persecución a los católicos se hizo evidente, tanto con la quema de cientos de iglesias en 1931 y 1932, como a nivel institucional con la Constitución republicana de 1931, los obispos españoles publicaron con 2 Cartas pastorales colectivas ya en 1932 y 1933 denunciando la sitaución cada vez más difícil de los católicos en España. En junio de 1933 el Papa promulgó la Encíclica Dilectissima nobis denunciando la persecución anticristiana en España. La victoria electoral del centroderecha en 1933 posibilitó la formación de gobiernos de centroderecha hasta 1936 y la persecución institucional cesó, pero en el intento golpe de estado revolucionario de octubre de 1934 volvieron a arder las iglesias y a ser asesinados los católicos. En febrero de 1936, tras una victoria electoral falsa y fraudulenta de la izquierda ésta volvió al poder y se reanudó la persecución.

En julio de 1936 se produjo el Alzamiento Nacional cívico militar en defensa de la Fe y la Patria en contra del gobierno marxista genocida anticristiano. En la zona roja o republicana se produjo, como es bien sabido, una monstruosa persecución y un auténtico intento de genocidio contra los católicos, que dio como resultado la destrucción de 35000 iglesias (de las 56000 que había en el país) y el asesinato, bajo horribles torturas previas, de 8000 religiosos de ambos sexos y de 50.000 civiles, muchos de ellos martirizados por el simple hecho de ser católicos.
La célebre Carta Colectiva de los obispos españoles de julio de 1937 marcó la posición de la Iglesia. Pío XI ya en septiembre de 1936 había condenado las masacres revolucionarias aunque su prudencia extremada le llevó a diferir un año el reconocimiento oficial al gobierno del general Franco. El Papa felicitó efusivamente a Franco por su victoria definitiva en 1939.

El ejemplo mexicano hizo que durante los años de la República el Papa no cayera en la trampa “liberal” de condenar la formación de unidades paramilitares católicas como las del Requeté carlista (quizá los carlistas fueron el equivalente más exacto en España de lo que en México habían sido los Cristeros) y evitara cuidadosamente la condena o el desaconsejar la vía de las armas para derrocar al gobierno anticristiano, con falsas premisas de “humanitarismo” y “pacifismo” que tan caras habían costado a los católicos mexicanos.

La “opción armada” era plenamente válida como legítima defensa en última instancia si se trataba de hacer frente a un gobierno totalmente sectario y decidido a hacer realidad su objectivo de erradicar la religión del alma humana. La lección de los heroicos católicos mexicanos no fue olvidada.
Dedicado a San José Sánchez del Río, mártir
basado en la bellísima poesía de José Ferrari.
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miércoles, 12 de diciembre de 2018

Festividad de la Virgen de GUADALUPE, Emperatriz de la HISPANIDAD

Emperatriz de la HISPANIDAD
Santiago Clavijo
12-12-2018
Aniversario de la Aparición en 1531 a Juan Diego
Bendición de Rosas de Castilla en Basílica de México
Guadalupe de España-Cáceres y de México
Ciencia, Historia, Cine y Música de la "Guadalupana"
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martes, 13 de noviembre de 2018

LÓPEZ OBRADOR reencarna la TRAICIÓN a MÉXICO del LIBERALISMO MASÓNICO

Película Completa (2012)
La Cristiada y los Mártires de México
Catholic.net
La Constitución Masónica de 1917 provocó 
la guerra CRISTERA en MÉXICO (1926-1929)
Miguel Salinas Chávez
18-enero-2017
LÓPEZ OBRADOR reencarna 
la TRAICIÓN a MÉXICO 
del LIBERALISMO MASÓNICO
Conferencia en el Club de Periodistas de México
21-junio-2018
El tema que desarrollaré será una comparativa entre dos personajes históricos que fueron contemporáneos, aliados y después enemigos y terminaron siendo diametralmente opuestos y ambos son punto de referencia para el personaje político que más ha polarizado a la sociedad mexicana actual y dada la posibilidad de que se haga con el poder el próximo 1 de julio éste tema que abordaré y la visión que tendremos al respecto es de la mayor actualidad ya que determinará cuál será nuestro presente y futuro inmediato y el de nuestros hijos.

Andrés Manuel López Obrador ha tomado como ejemplo y modelo a Benito Juárez y ha repudiado al general Porfirio Díaz, se considera liberal y por ello anti conservador, yo deseo en mi ponencia, mostrar la raíz pura de las ideas, intenciones y planes de López Obrador, mirando hacia el pasado en donde encontraremos una similitud tan escalofriantemente parecida a nuestra actualidad, que ningún mexicano que se precie de amar a su país podría jamás pensar que esas ideas que representa López Obrador deberían volver a aplicarse, ya que el resultado fue y no podría ser de otra forma, desastroso para el país y para nuestra historia.

Las ideas y proyectos de López Obrador en realidad no son juarista, sino que viene de más atrás de los acontecimientos inmediatos a la caída del imperio de Agustín de Iturbide, que fue cuando se hicieron con el poder las logias masónicas llegadas de Estados Unidos para traer las ideas y modelos contrarios a nuestra historia, tradición, vocación e identidad.

Así que les pido me acompañen en este vertiginoso viaje que haremos de la manera más breve concisa y veloz, para poder abarcar todo este período histórico y entender que la historia siempre nos enseña a no repetir los errores, pero casi nunca volteamos a verla y créanme, no hay nada más vigente que la historia.

Comenzaremos viendo la similitud de la situación actual con la administración del Presidente Vicente Guerrero a partir de abril de 1829, en la que prevalecía la anarquía, impunidad e inseguridad completa.

El gobierno de México cayó en tal descrédito, que las naciones le cerraron los créditos y dejaron de llegar barcos extranjeros con mercancías. Vicente Guerrero es destituido por el Congreso liberal dominado por masones yorquinos que eran de su misma logia, por el desastre que era su administración el 1 de enero de 1830, nombrando Presidente al general Anastasio Bustamante, aun cuando era de corte conservador, aunque había militado en la logia yorquina.
Uno de sus mayores aciertos fue haber nombrado ministro de Relaciones Exteriores a don Lucas Alamán.

Gracias a la labor de Alamán, por primera vez en la historia del México independiente hubo superávit, regresó el crédito extranjero, ya que muchas empresas españolas habían sacado sus capitales a la caída del imperio de Iturbide y eso fue un golpe del que no se había repuesto la economía nacional hasta este periodo que abarcó de enero de 1830 a agosto de 1832.

En coincidencia con el particular fomento de la industria, se dio el establecimiento de fundiciones, fábricas, escuelas de oficios, la llegada de artesanos extranjeros.

En todos los rubros de la actividad vital del país, la mano de don Lucas Alamán era evidente, como lo fue también en el arreglo de diversos problemas políticos que afectaban al país.

Él mismo, como el estadista e historiador que era, escribió que: “la rentas de la federación subieron a más de 17 millones de pesos habiendo tenido aumento considerable todos los ramos especialmente las aduanas marítimas y agregadas a las de los estados formaron una suma de más de 21 millones lo cual era igual a lo que produjo la Nueva España en los años más prósperos de gobierno español.”

Por otra parte, los gastos del gobierno en general, fueron de un poco más de 16 millones, con lo que quedó un sobrante de un millón de pesos, esta era la primera vez qué podía hablarse de excedente de dinero en el México independiente.

Sin embargo los elementos progresistas o liberales, estaban inconformes porque el desarrollo material de México se hacía en el sentido “del retroceso” para ellos, es decir sin que hubiera instituciones liberales (masónicas) sino una forma social de acuerdo con lo tradicional en el país.

Y fueron precisamente estos supuestos progresistas liberales, los que se confabularon para descarrilar este proyecto de nación que había sacado en apenas dos años a México de la bancarrota y lo había subido al desarrollo.

Fueron estos progresistas los que promovieron la revolución de 1832 a fin de establecer el liberalismo, dando lugar a lo que desde entonces habría de desarrollarse con el nombre de Partido Liberal, en cuya dirección tenían parte muy importante las logias masónicas.

La masonería aborrecía a Bustamante y a Alamán, no solo por ser conservadores sino porque ellos sacaron a la luz el que podría calificarse como el primer fraude electoral en la historia del país.

A través de varios documentos expedidos en Veracruz los revolucionarios pidieron la remoción de los ministros de Bustamante acusados de centralistas y de violadores de las garantías individuales y exigieron la separación del mismo Bustamante tachado de no ser Presidente legítimo y finalmente elecciones totales de la República, exactamente como lo hizo y dijo López Obrador en su primera intentona fallida de llegar al poder en el año 2006, reencarnando la misma postura de estos traidores a México que se oponían al verdadero progreso y desarrollo.

El presidente Bustamante tuvo que convocar a nuevas elecciones aunque el Congreso no estuvo de acuerdo, pero finalmente las logias yorquinas controladas por Estados Unidos impusieron a su presidente en México, el General Pedraza, un presidente que solo duró tres meses, pero cuya misión era garantizar la llegada de los liberales y progresistas masones al poder. El nuevo Presidente representando al bando liberal masónico fue el general Antonio López de Santa Anna y su vicepresidente fue Valentín Gómez Farías en los primeros meses de 1833.

Durante su desastrosa administración se efectuó un proceso judicial contra los antiguos ministros de Bustamante, que permitió aclarar las circunstancias de la aprehensión y muerte de Guerrero, pero el objetivo mayor del nuevo gobierno fue la expedición de las leyes dictadas de abril de 1833 a mayo de 1834, leyes que constituyeron las reformas eclesiásticas, militar y educativa promovida por los hombres del Progreso.

Esto representa una nueva similitud con la posturas de López Obrador, que haciendo eco a sus antecesores, también se ha lanzado contra la educación, las Fuerzas Armadas y la Iglesia y las creencias de la mayoría del pueblo de México que rechaza de manera natural toda la agenda de género que él representa y que le ha dado cobijo en su proyecto de nación.

Las leyes que promulgó Santa Anna fueron inspiradas por Gómez Farías, médico de Guadalajara y de vida piadosa hasta su edad madura, incluso iturbidista durante el Imperio, pero más tarde se tornó en un rabioso liberal extremista y anticlerical considerado como el patriarca del progresismo en México.

Don José María Mateos, historiador oficial de la masonería en México, escribió que Gómez Farías en 1833 participó en una asamblea masónica en la que se pusieron las bases para llevar a cabo un cambio de fondo en la estructura social de México, exactamente como pretende López Obrador con su espeluznante cuarta transformación.

En dicha asamblea de 1833 se acordó que era preciso hacer los sacrificios necesarios para apoyar al gobierno en la lucha que tenía que sostener contra las clases privilegiadas, el clero y la milicia en reformas que debían iniciarse por el Rito y los hombres del Progreso.

Nuevamente el mismo discurso de división y enfrentamiento social que representa López Obrador y que es un eco de ese de 1833 que mostraba a las clases privilegiadas encarnadas por el clero y la milicia, para López Obrador los de arriba que aplastan a los de abajo son la clase empresarial, los profesionistas de clase media hacia arriba y todos los que no aceptan sus falacias.

Santa Anna y Gómez Farías fueron las figuras más similares a Juárez antes de Juárez por traidores, entreguistas y perseguidores de la Iglesia y la religión, a la cual por un lado exigían separación de Iglesia y Estado y el establecimiento de un estado laico, pero por otro legislaban e imponían las reglas en la Iglesia para nombrar Párrocos y toda la administración eclesiástica. 

Este plan y proyecto “progresista” apuntaban directo contra los diques de defensa de la soberanía, la nacionalidad y la identidad, es decir, las fuerzas armadas, la religión y la educación, coincidiendo a la perfección con las fobias actuales de López Obrador.

En aquel momento los liberales se dividieron en dos bandos de manera similar a como está el grupo que orbita en tono a López Obrador, en ambos casos hay o hubo radicales y moderados, cuya diferencia es la manera de imponer sobre el pueblo su ideas; los moderados proclives a la disuasión y a hacerlo de manera paulatina y los radicales sosteniendo que el poder es para ejercerse y que deben imponerse sin miramientos ni contemplaciones las reformas y medidas que ellos decidan, sin tomar el parecer al pueblo que dicen representar, aunque evidentemente están en su contra.

El proyecto progresista incluía una propuesta para robar los bienes a la Iglesia y subastarlos y comprarlos ellos mismos, los masones del gobierno, ese fue un proyecto de Lorenzo de Zavala.

En lo educativo la idea era quitar a los sacerdotes y órdenes religiosas de la enseñanza, pero estos eran la mayoría de los maestros del país, de haberse hecho, la mayoría de los de por sí pocos alumnos que tenían acceso a la educación se hubiera reducido drásticamente.

La reforma militar consistió en hacer desaparecer el fuero militar, así como las leyes y tribunales propios del ejército y disolver a las tropas que a fines de 1833 se rebelaron contra la reforma y en general en procurar la sustitución del ejército por milicias cívicas, acusándole de ser el principal promotor de la agitación y el desorden político en México, este ha sido el mismo discurso de López Obrador, él ha repetido estas mismas calumnias que en el lejano 1833 los liberales masones progresistas lanzaban contra el ejército por ser el garante de la soberanía que Estados Unidos y la masonería deseaban derribar para poder entrar libremente a tomar la riqueza de México, actualmente la izquierda y el progresismo aborrecen a las Fuerzas Armadas porque saben que son la frontera que impediría llevar a cabo su idea anárquica de disolución social.

Las acusaciones de Gómez Farías y Santa Anna eran falsas, porque desde el Plan de la Casamata hasta el derrocamiento de Bustamante, si el ejército se había revelado muchas veces, había sido en gran parte por influencia de las logias masónicas que con Gómez Farías dominaban al gobierno, las varias rebeliones que estallaron en contra de las anteriores reformas fueron fácilmente reprimidas, eran rebeliones al grito de religión y fueros y proclamaban algunas de ellas como protector al general Santa Anna que era el Presidente de la República pero que estaba con licencia.

No obstante Santa Anna apoyó al principio a Gómez Farías y atacó la insurrección en Guadalajara, fue entonces cuando el gobierno dio contra sus opositores una ley que fue llamada popularmente la Ley del Caso, la cual contenía nombres de personas prominentes a quiénes se desterraba y luego se extendió su aplicación a cuántos se encontraban en el mismo caso aunque no se decía cuál era este.

Otro tanto hicieron los gobiernos de los estados y las legislaturas disponiendo destierros dentro de sus territorios.

Todas estas leyes y reformas las lanzó Gómez Farías sin consultar a Santa Anna, ya que este había tomado licencia y había dejado el ejercicio del poder en manos de Gómez Farías, pero estas reformas fueron tan repudiadas que Santa Anna tuvo que regresar y retomar el poder y derogar todas las leyes de Gómez Farías, lo cual fue ratificado por el Congreso que lo destituyó como vicepresidente y este se fue a echarse a los brazos de sus amos en Nuevo Orleans en la sede de la logia yorquina.

Y estando allá no se retiró de la política, ni dejó de conspirar sino todo lo contrario, tuvo lugar en Nuevo Orleans en los primeros días de septiembre de 1835, una reunión de prominentes masones mexicanos conectados con políticos de la Luisiana que en una junta anfictiónica, firmaron de día 6 un pacto que tenía por objeto tanto ayudar la rebelión de los texanos como con notable participación de Don Lorenzo de Zavala cuánto fomentar el derrocamiento de Santa Anna, para establecer un gobierno que bajo la dirección de Gómez Farías que seguía ostentando el carácter de vicepresidente, pusiera en práctica las instituciones liberales, así como expulsar a los obispos que no admitieran la reformas y se incautarían los bienes de las órdenes religiosas y se procederá al reparto de la Tierra.

Existe el acta oficial de esta reunión donde quedó plasmada esta gran traición a México y dicha acta está firmada por Gómez Farías, José Antonio Mejía y 37 personas más.

Esta acta de la reunión fue publicada por el periódico político El Mosquito Mexicano y nunca fue desmentida sino todo lo contrario, fue ratificado por muchas coincidencias.

Hay otra similitud entre lo que fue el proceder de Antonio López de Santa Anna con otro López, Andrés Manuel, ya que éste al igual que su predecesor liberal del siglo XIX gusta de actuar al margen de las instituciones y de la ley, así lo hizo Santa Anna que prescindía constantemente de la ley para imponer sus planes lo cual, provocó un gran malestar político por no actuar de acuerdo a la ley sino sólo en base a sus intereses.

Hizo por ejemplo nombrar a un Presidente Interino sin consulta previa al Congreso, tomó el mando del ejército también sin autorización y no dio a la Cámara cuenta de sus actos, concluyendo con un golpe de estado por el cual se suspendió las sesiones del Congreso.

Esto es exactamente el proceder que caracterizó la administración de López Obrador cuando fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y ese será su proceder como Presidente.

Durante algunos días ocupó provisionalmente la Presidencia el General Nicolás Bravo del 29 de julio de 1846 al 6 de agosto del mismo año, periodo en el cual el Congreso dispuso que se declarara como Constitución Política de la República las bases orgánicas de 1843, pero ni esto ni el hecho de que el 13 de mayo de 1846 hubiesen los Estados Unidos declarado la guerra a México, impidió que los liberales masones progresistas iniciaran una nueva revolución.

Ya que tenemos claro todo el antecedente de dónde surgió Benito Juárez, ahora pasemos directamente a cómo llegó al poder y de qué manera el supuesto benemérito de la ley, el gigante de la justicia y el titán de la legalidad, violentó la ley, desconoció la justicia y contravino la constitución para usurpar el poder, ya que fue un presidente ilegítimo como veremos a continuación.

En 1857 el presidente era Ignacio Comonfort el cual había promulgado las leyes persecutorias contra la Iglesia, primero la ley Juárez y después la ley Lerdo, el mismo Comonfort sabía que ambas leyes no representaban más que los intereses de las logias masónicas y fueron universalmente repudiadas por el resto, por lo que el mismo Comonfort desconoció dicha constitución y convocó al Congreso a formar un nuevo constituyente que redactará una nueva, pero al perder el apoyo de liberales y conservadores y del ejército, tuvo que huir de la capital, la cual fue tomada por los conservadores y convocaron un nuevo gobierno que con la representación y apoyo de los representantes de los 27 estados que formaban la nación y nombró como presidente a Félix Zuloaga, pero Juárez que era Presidente de la Suprema Corte de Justicia, contradiciendo la voluntad de la representación nacional, se autonombró Presidente lo cual provocó una guerra civil conocida como Guerra de Reforma de un gobierno ilegítimo el de Juárez contra el legítimo.

La prueba más contundente de que el gobierno de Zuloaga era el único legítimo, es que éste fue reconocido como tal por toda la comunidad internacional acreditada en México, incluyendo a Estados Unidos.

En 1858 como consecuencia de la guerra que perdía Juárez, abandona el país contraviniendo con ello el mandato constitucional que él se supone representaba, ya que la Constitución prohibía expresamente que el presidente abandonara el país sin el consentimiento del Congreso, así que si hubiera llegado a ser Presidente, en ese momento dejó de serlo y como buen masón traidor, huyó hacia Estados Unidos también a Nueva Orleans a recibir instrucciones de sus amos y jefes norteamericanos a cuyo servicio él estaba.

Estados Unidos ofreció al gobierno de Zuloaga la compra de gran parte del norte del país y el paso por el Istmo de Tehuantepec, lo cual fue rechazado enérgicamente por el Presidente Félix Zuloaga ante lo cual Estados Unidos desconoció al gobierno legítimo. 

En 1859 Juárez promulga las leyes de Reforma que solo apoyaban y habían firmado 4 personas y no tenían respaldo del Congreso por lo tanto no eran legales.

Contrario al proceder nacionalista y soberano del presidente Félix Zuloaga, el traidor Benito Juárez sí aceptó el ofrecimiento de Estados Unidos para vender el territorio y comprometer la soberanía nacional a cambio de reconocimiento, dinero y armas.

Una vez que Juárez, con el apoyo e intervención norteamericana logró imponerse en el poder, la hacienda pública quebró.Con la entrada de los liberales a la capital en diciembre de 1860, se firmó el triunfo de su partido y la continuidad presidencial de Juárez quien redactó nuevas leyes reformistas las cuales dispusieron la expropiación de hospitales y establecimientos de beneficencia que manejaba y subsidiaba la Iglesia Católica, también ordenó la supresión de Cabildo eclesiástico, así como de las comunidades religiosas y lanzó persecuciones contra obispos y todos quienes se opusieran a la reforma.

Por si fuera poco y con la mayor desfachatez lanzó persecuciones contra los enemigos del infame y traidor tratado McLane-Ocampo. Estos desatinos causaron un desastre fiscal llevando a la Hacienda del estado a la quiebra, es decir la economía del gobierno juarista se desplomó por sus malos manejos y su incapacidad. Aunque esto podría parecer contradictorio por la cantidad de dinero que el gobierno juarista robó de manera espeluznante a la Iglesia Católica.

Esto se debió a la inmensa corrupción e ineficiencia que caracterizó al gobierno de Juárez, ya que por sus manos pasaron bienes que valían millones de pesos, se estima que la Iglesia tenía en cuanto a bienes productivos unos 40 millones de pesos, 2078 fincas rústicas y urbanas con lo que sostenía el culto, así como prácticamente la mayor parte de la educación y la casi totalidad de los trabajos hospitalarios y asistenciales.

Francisco Mejía fue nombrado por el gobierno de Juárez para ejecutar a la incautación de los bienes, sin embargo de los cuarenta millones, el Congreso, sólo le pidió cuentas de 27 millones de pesos, lo que hace suponer que del resto no había, extrañamente datos bastantes o se habían perdido sin que constará documentos.

Por su parte Melchor Ocampo ministro de Hacienda no rindió cuentas y su Oficial Mayor, apremiado por el Congreso, sólo puedo dar noticias de 17 millones de los cuarenta iniciales, es decir en cada paso de mano se iban perdiendo cantidades millonarias las cuales terminaron en la bolsa del “honrado y austero” presidente Juárez y de ahí para abajo con sus ministros y sus subordinados.

Ante este escandaloso desfalco, Juárez no tuvo más remedio que destituir a Ocampo quien fue sustituido por Guillermo Prieto, quién el cual en una carta a Manuel Doblado le dijo: “el señor Juárez me llamo para servir en el Ministerio de Hacienda y me vi precisado como lo demandaba el caso a desenmascarar la situación y hacer el vejamen terrible de sus ministerios lo que dio por resultado la salida de todo el gabinete”.

Dijo también en otro documento que el deficiente mensual del gobierno ascendía $400,000 pesos, de tal modo que la situación era insostenible, ya que los liberales eran incapaces de echar a andar políticas o ideas que sirvieran para impulsar la economía y el desarrollo, sus mentes solo daban para inventar leyes contrarias al bien público y para justificar actos delictivos como el robo de las propiedades de la Iglesia, ese fue el liberalismo del siglo XIX del que López Obrador en pleno siglo XXI se siente heredero y tratará de sacar del basurero para convertirlo de nuevo en otro fracaso como ya lo fue hace siglo y medio.

Por su parte el administrador de los bienes confiscados, Basilio Pérez Gallardo, publicó el manifiesto en esos días en el que indicaba que los administradores de dichos bienes habían entregado el gobierno 14 millones de pesos pero no había con qué pagar a los soldados de la guarnición, 14 de los cuarenta robados originalmente, es decir, los otros 26 simplemente desaparecieron en los bolsillos de la alta burocracia y del gabinete encabezado por Juárez.

Todo esto a pesar de que en las iglesias se robaron además del dinero en efectivo, también brillantes, alhajas, perlas y plata. Por otra parte multitud de objetos artísticos, pinturas, libros de los conventos fueron dilapidados y vendidos a particulares.

Mientras tanto Estados Unidos que temían que la quiebra de la economía juarista ocasionaría la intervención europea como ya era previsible, le propusieron a Juárez a través de su enviado McLane, un préstamo para que se pudiese pagar a los tenedores extranjeros de los mexicanos el préstamo de $2’000,000 pero mediante una garantía, la de darse en hipoteca a los Estados Unidos los territorios terrenos públicos no vendidos hasta entonces si los bienes nacionalizados del clero que aún nos hubieran sido vendidos más otros documentos igualmente negociables además una junta formada por tres mexicanos y dos norteamericanos puede disponer de todos los terrenos nacionales para poder pagar a los Estados Unidos.

Estados Unidos ofreció 14 millones de préstamo a Juárez en condiciones terribles para México.

Dada la mediocridad del manejo económico de Juárez y su gobierno, el robo que hicieron de los bienes de la Iglesia y la gran corrupción que los caracterizó, el gobierno de Juárez declaró moratoria de pagos a la deuda externa lo cual provocó que las potencias perjudicadas optarán por intervenir para cobrar.

Con el apoyo de Estados Unidos y habiendo hipotecado la soberanía y el territorio nacional Juárez logró derrotar al ejército imperial francés que comandaba Maximiliano, aunque afortunadamente la factura de la patria nunca la hizo efectiva el gobierno de Lincoln ya que el enfrentaba su propia guerra civil y el haber aceptado la entrega territorial que Juárez ofreció sin condiciones hubiera beneficiado y fortalecido al bando sureño.

Gracias al respaldo norteamericano Juárez una vez que los ejércitos franceses regresaron a su país él se impuso contra la voluntad y parecer de la mayoría de la población de manera vitalicia en la presidencia ahogando cualquier intento de democratizar al país y combatiendo ferozmente al general Porfirio Díaz que enarbolaba la bandera de sufragio efectivo no reelección.

Juárez solo fue echado del poder muerto lo cual sucedió en 1872 y desde ese momento asumió la presidencia quien fue el vicepresidente con Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, hasta que en 1876 asumió la presidencia por primera vez el general Díaz fueron cuatro años de agitación política e inestabilidad entre bandos que se enfrentaron.

El primer gobierno del general Díaz de 1876 a 1880 se dedicó a la tarea más compleja de ese momento: apaciguar al país y derrotar a todos los rebeldes juarista y lerdistas que se sublevaron, finalmente en 1880 se llevan a cabo elecciones que gana el general Manuel González que era el hombre de confianza del general Díaz y que co-gobernó con él en este periodo iniciando la década de 1880 se comienza la construcción de la enorme red ferroviaria que será quizá la mayor y más ambiciosa obra emprendida por el porfiriato conectando prácticamente la totalidad del país y acelerando con ello el progreso y la seguridad en el transporte que tanto necesitaba México. El gobierno de Manuel González sin embargo estuvo marcado por señalamientos de malos manejos y corrupción así que el general Díaz trato de guardar la mayor distancia posible pero asegurándose de que lo que él había iniciado no se detuviera, así se crea el banco de México y después comenzaron a llegar capitales extranjeros para abrir nuevos bancos asociándose con capital nacional, eso era signo de la confianza que ya despertaba México bajo la conducción del general Díaz, la llegada de los bancos detonó la apertura y crecimiento de diversas fábricas por todo el país, lo cual generó muchas fuentes de empleo cada vez más calificado.

También llegó el progreso al campo y a la minería la cual había quedado casi abandonada a lo largo de todo ese siglo, ya que los principales industriales mineros eran españoles que habían huido del país desde el inicio de la independencia y ahora 70 años, después veían las condiciones de regresar, por primera vez en ese siglo no se hablaba en México de guerras y revoluciones sino de inversiones y negocios juntos.

Durante el gobierno del general González, se le dio una concesión para construir el ferrocarril de México a Morelos, a un yerno de Juárez, curiosamente fue la única obra ferroviaria que fue un desastre de corrupción y mal hecha, igual que la línea dorada de la capital del país 139 años después llevada a cabo por los herederos ideológicos de Juárez en la capital.

El segundo periodo de Díaz comenzó en 1884 y se prolongó hasta 1911 que renunció como ya sabemos pero en la década de 1884 a 1894 el crecimiento y pacificación del país se consolidó 

A finales del siglo 19 y principios del 20 como fruto de una política que deseaba implantar la paz a toda costa, era un hecho la paz material y la máxima seguridad para la vida y las propiedades en términos generales en todo el país, como no lo había sido en ninguna otra época.

Teniendo por lema el de poca política y mucha administración el general Díaz impuso una tendencia hacia la prosperidad económica alcanzada entre los años de 1896 y 1907, así los ingresos habidos en el primer periodo en 1877 y 1878 había importado casi 20 millones de pesos en tanto que para 1909 1910 los ingresos llegaron a ser de 106 millones de pesos.

Las importaciones que en 1884 habían sido de casi 24 millones de pesos ascendieron en 1909 y 1910 a casi 195 millones de pesos, las exportaciones que fueron de 46.5 millones de pesos en 1884 alcanzaron en la última época porfirista la cifra de 260 millones de pesos.

Según los datos de don Enrique Creel, un doble agente norteamericano que tanto servía al régimen de Porfirio Díaz como a la embajada norteamericana y al departamento de estado por ocupar una posición de privilegio por ser un empresario próspero, afirmaba que en 1877 los ferrocarriles en México, tenían un total de 578 kilómetros, mientras que en 1910 la red ferroviaria era de 24,559 km, es decir en el periodo de gobierno de Porfirio Díaz se construyeron 24,000 kilómetros de vías férreas.

La acelerada y amplia construcción de la infraestructura ferrocarrilera ayudó a muchas regiones del país y permitió un vigoroso impulso a la economía nacional. La producción minera de metales preciosos fue de 26 millones de pesos en 1876 y de 160 millones en 1909, el uso de la maquinaria explica en buena parte este aumento, así como la aplicación de los métodos de electrólisis y cianuración. Respecto a la industria, cabe decir que estaba en condiciones mínimas en 1877 pero para 1901 presentaba un total de más de 100 fábricas de hilados y tejidos de cierta consideración con un total de 51,000 obreros, las principales fábricas textiles estaban establecidas en la ruta de México a Veracruz, no puede ignorarse tampoco que Monterrey con la administración del general Bernardo Reyes, dio los pasos más firmes a favor de la industrialización de tipo más mexicano con la Fundidora, las fábricas de cerveza y vidrios, etcétera, asimismo la industria Tabacalera y no menos la del papel.

Particular importancia tuvo en la economía la vida bancaria, pues sí en 1877 era mínimo número de instituciones de crédito, en 1910 había 32 bancos federales con un capital pagado de más de 172 millones de pesos y reservas de más de 61 millones de pesos.

Crédito lo tenía México en todo el mundo. Su Hacienda Pública dirigida por el ministro Don José Yves Limantour había vuelto no sólo al equilibrio sino al superávit, desde el año fiscal de 1893 1894 dejó de haber déficit iniciándose en 1895 la bonanza, de suerte que las reservas del Tesoro Federal en 1910 alcanzaron la cifra de 65 millones de pesos. Algunos economistas criticaron a Limantour por mantener dicha reservas, alegando que constituían un capital sustraído a la circulación económica, aunque lo cierto es que con base en ellas se realizaron obras públicas de gran importancia y la construcción de buena cantidad de edificios oficiales de la capital como el Correo y la anterior Secretaría de Comunicaciones, etc. también se aplicó Limantour a suprimir los gastos excesivos al rescate de las Casas de Moneda; a la búsqueda de nuevas fuentes de ingreso, a la regularización de los impuestos, a la moralización en el manejo de fondos supresión de alcabalas.

Se emprendió también la organización de la Ciudad de México. Se realizaron obras para el desagüe del Valle de México y se establecieron las primeras líneas telefónicas en 1882.

Las telegráficas iniciadas en 1851 por el español Don Juan de la Granja, de México a Nopalucan, alcanzaban en 1877 una extensión de 7,116 kilómetros y en 1909 la red telegráfica tenía una extensión de 3.220,000 kilómetros

Se estima que para 1910 el valor de la producción de cereales era de 138 millones de pesos de los cuales tocaban al maíz 50 millones.

A su llegada al poder, el general Díaz encontró que en la Ciudad de México, solo había 11 escuelas primarias sostenidas por el gobierno y se daba subsidio a 26 organizadas por la Compañía Lancasteriana y por la Sociedad de Beneficencia y a 116 existentes en las municipalidades foráneas dependientes de los respectivos ayuntamientos.

No se sostenían por el Gobierno Federal escuelas directamente en los Estados porque la ley no lo permitía y porque tampoco había recursos.

En los estados los gobiernos locales eran los responsables de la instrucción, la situación educativa era tan deprimente en manos de las autoridades civiles, pues como mencionaba antes la Iglesia fue relevada de esta encomiendo que nadie podía cubrir y que había llevado eficientemente durante más de trescientos años

En el inmenso territorio de la Baja California el Gobierno Federal sostenía sólo cinco escuelas, tampoco existían escuelas rurales, pero gradualmente fue operándose un cambio, y para el año fiscal de 1894 a 1895, el total de las escuelas existentes en el Distrito Federal era de 351 con un escritorio escolar de 58,000 alumnos.

En 1910 con motivo del Congreso Nacional de Educación Primaria de septiembre de este año, se demostró que la Federación sostenía en la capital 442 escuelas primarias que, con las 235 de la iniciativa particular, daban un total de 677 centros primarios capitalinos con una inscripción de 112,000 de alumnos. Y en lo que toca a la República en general había 13,247 escuelas primarias para una población escolar de más de 937,000 niños.

En una palabra, en sus 30 años de existencia y contra lo que sea sostenido una propaganda torcida, el porfirismo aumentó notablemente el número de las escuelas primarias habidas a su llegada, las dotó mejor, e impulsó la creación de instituciones educativas para formar maestros, así como escuelas de artes y oficios, Jardines de niños, etc.

A su ministro de educación don Justo Sierra historiador y literato, se debió en 1910 la inauguración de la Universidad Nacional de México, dependiente del gobierno, orientada sin embargo en su instrucción hacia el pensamiento positivista entonces dominante.

De todos estos logros y avances notables y documentados, es de lo que reniega y se llama opositor Andrés Manuel López Obrador, quien será el próximo presidente de México, así lo ha dejado de manifiesto en libros, discursos y mítines en los que no se cansa de repetir que él es heredero de Benito Juárez y de su legado, así como un férreo opositor a Porfirio Díaz.



Así que una vez que hemos hecho este largo recorrido por lo que fue el liberalismo masónico en el México del siglo XIX, y lo contrastamos con lo que representó Porfirio Díaz, que sacó a México de la terrible situación en la que los masones liberales lo habían hundido desde que se hicieron con el poder en 1824 a 1876, es decir medio siglo, nos queda claro que el panorama para la tercera década del siglo XXI para México, es bastante desalentadora y nos tocará enfrentar los mismos azotes que han significado siempre implementar las políticas fracasadas y traidoras del pensamiento masónico liberal del siglo XIX, que el trasnochado de López Obrador reencarna en pleno siglo XXI, y las consecuencias no podrán ser otras que las mismas que padecimos en el siglo XIX: la quiebra económica del país, la guerra civil y finalmente la intervención extranjera y la pérdida de la soberanía y quizá del territorio, eso representa el proyecto de des-nación de López Obrador.
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viernes, 24 de agosto de 2018

MALAS noticias para la HISPANIDAD sobre el nuevo Gobierno de MÉXICO, promocionado por los intereses masónicos anglo-americanos

MALAS NUEVAS para la HISPANIDAD
Sobre el nuevo Gobierno de MÉXICO
Miguel Salinas Chávez
3-agosto-2018
México siempre ha recibido desde su nacimiento 
como nación e incluso antes, la insidia e intrigas 
de los intereses angloamericanos masónicos
En las entregas anteriores hemos analizado el contexto y los factores internos de la elección en México que le abrieron a puerta al peor de los mundos posibles no solo para el país azteca sino para toda Iberoamérica, considerando que México es el país con mayor número de hispanoparlantes del mundo y que tiene una población dentro del país y fuera que ronda los doscientos millones, además de ser el segundo país con más católicos del mundo.
En esta entrega nos avocaremos a ver de qué manera la influencia y mano externa influyó en la elección presidencial mexicana, pero esta injerencia externa no es nueva sino que se ha dado en México durante los últimos doscientos años o quizá un poco más por las razones y las formas que expondré a continuación.
"Píldoras Anti-Masonería"
Blog que defiende los valores
de la Iglesia Católica y de la Hispanidad
amenazados por el proyecto masónico-marxsta
"Nuevo Orden Mundial"
FUENTES principales del BLOG 
"Píldoras Anti-MASONERÍA"
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religionenlibertad-Alex Rosal
infovaticana-Manuel Guerra
gaceta-Julio Ariza
actual-Ignacio Arsuaga
diarioya-José María Manrique
hispanidad-Eulogio López
movimientoporespanha-Pilar Gutiérrez
enticonfio-Monseñor Munilla
obispadoalcala-Monseñor Reig Pla
familiaqueesyquenoes-Isidoro Tapia
eukmamie-HSM TV-Alberto Bárcena
aciprensa-Alejandro Bermúdez-USA
noticiasglobales-Juan C. Sanahuja-ARG
biie.org-Miguel Salinas-MEX 
libertaddigital-Federico J. Losantos
sincomplejos-Luis del Pino
presenteypasado-Pío Moa
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viernes, 11 de mayo de 2018

El PRI, al servicio de la MASONERÍA, gobernó casi 100 años tras la CRISTIADA. México pasa por una situación social complicada

México pasa por una situación social complicada
Héctor G.
(9/5/2018)
A lo largo de las últimas décadas se ha ido destruyendo el tejido social paulatinamente; se sacó a las mujeres del hogar, se perdió el poder adquisitivo, se adoctrina a los niños y jóvenes a exaltar al Estado, mientras se realiza una campaña contra lo cristiano, especialmente lo católico (ser de otras formas de vida “espiritual” es “cool”, es bien visto).
Los jóvenes no tienen aspiraciones trascendentes ni un Norte qué seguir, mientras la población en general está decepcionada porque el sistema político tiene casi 100 años (desde el fin de la Guerra Cristera) vendiéndonos espejos y castillos en el aire.
López Obrador tiene por lo menos 12 años en campaña, además una campaña bien capitalizada, mientras a las alternativas “se les hace bolas el engrudo”. Digo esto como ejemplo para años futuros o para otros países, para que quien defiende los valores evite ciertos errores.
El Partido Acción Nacional ha sido históricamente el partido de los valores, sin embargo, desde fines del sexenio del presidente Calderón comenzó a ser utilizado como el PRI (Partido Revolucionario Institucional, que gobernó México entre 1929 y 2000), como un aparato al servicio de un grupo de poder. Su actual candidato, Ricardo Anaya, se apoderó del PAN siguiendo esa misma lógica, y por conveniencia política, pensando en vencer electoralmente a AMLO (Andrés Manuel López Obrador) se alió con dos partidos de izquierda, el PRD (que representa a la izquierda tradicional) y el mal-llamado Movimiento Ciudadano (que representa a la “nueva izquierda”, moderna, dinámica, social-democrática y políticamente correcta), perdiendo la representación de los valores, y miembros y electores.
El PRI, que en los últimos años se ha visto mermado por una serie de escándalos de corrupción y violencia de gobernadores de ese partido y de secretarios federales, postuló a un tecnócrata que nunca ha sido miembro de partidos políticos, intentando lavar su imagen.
Estos dos partidos están más enfocados en desprestigiarse uno al otro.
La Alternativa a AMLO, mientras AMLO continúa su campaña posicionándose delante de ellos, negando los vínculos con la izquierda comunista centro y sudamericana y saliendo a desdecir a sus colaboradores, que admiten esos vínculos y ese estilo.
Así las cosas, en México caminamos muy mal, a la que quizá sea la elección presidencial más importante en los últimos 100 años.
Sobre escribir México con “x”, aquí, un enlace de la Real Academia de la Lengua donde admite la pronunciación como “j”. 

Se ha preservado en México porque de hecho el sonido original era como de “sh” “Méxicas” o aztecas (era el mismo pueblo) y se representó el sonido con X, después se cambió el sonido para “j” pero se conservó la grafía.
Constitución Masónica de México (1917)
Provocó la guerra CRISTERA (1926-1929)
(18/1/2017)
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miércoles, 2 de mayo de 2018

La Cruz y la Espada, Leyendas negras en torno a la Hispanidad y la evangelización en Hispano-América

La Cruz y la Espada
Leyendas negras en torno a la Hispanidad 
y la evangelización en Hispano-América
Tras la conmemoración del Quinto Centenario se reavivó, y luego cada tanto se revitaliza, como es previsible, el empecinado odio anticatólico y antihispanista de vieja y conocida data. Y tanto odio alimenta la injuria, ciega a la justicia y obnubila el orden de la razón, según bien lo explicara Santo Tomás en olvidada enseñanza. De resultas, la verdad queda adulterada y oculta, y se expanden con fuerza el resentimiento y la mentira. No es sólo, pues, una insuficiencia histórica o científica la que explica la cantidad de imposturas lanzadas al ruedo. Es un odium fidei alimentado en el rencor ideológico. Un desamor fatal contra todo lo que lleve el signo de la Cruz y de la Espada.
Bastaría aceptar y comprender este oculto móvil para deshechar, sin más, las falacias que se propagan nuevamente aquí y allá. Pero un poder inmenso e interesado les ha dado difusión y cabida y hoy se presentan como argumentos serios de corte académico. No hay nada de eso. Y a poco que se analizan los lugares comunes más repetidos contra la acción de España en América, quedan a la vista su inconsistencia y su debilidad. Veámoslo brevemente en las tres imputaciones infaltables enrostradas por las izquierdas.
El despojo de la tierra
Se dice en primer lugar, que España se apropió de las tierras indígenas en un acto típico de rapacidad imperialista.
Llama la atención que, contraviniendo las tesis leninistas, se haga surgir al Imperialismo a fines del siglo XV. Y sorprende asimismo el celo manifestado en la defensa de la propiedad privada individual. Pero el marxismo nos tiene acostumbrados a estas contradicciones y sobre todo, a su apelación a la conciencia cristiana para obtener solidaridades. Porque, en efecto, sin la apelación a la conciencia cristiana —que entiende la propiedad privada como un derecho inherente de las criaturas, y sólo ante el cual el presunto despojo sería reprobable— ¿a qué viene tanto afán privatista y posesionista? No hay respuesta.
La verdad es que antes de la llegada de los españoles, los indios concretos y singulares no eran dueños de ninguna tierra, sino empleados gratuitos y castigados de un Estado idolatrizado y de unos caciques despóticos tenidos por divinidades supremas. Carentes de cualquier legislación que regulase sus derechos laborales, el abuso y la explotación eran la norma, y el saqueo y el despojo las prácticas habituales. Impuestos, cargas, retribuciones forzadas, exacciones virulentas y pesados tributos, fueron moneda corriente en las relaciones indígenas previas a la llegada de los españoles. El más fuerte sometía al más débil y lo atenazaba con escarmientos y represalias. Ni los más indigentes quedaban exceptuados y solían llevar como estigmas de su triste condición, mutilaciones evidentes y distintivos oprobiosos.
Una "justicia" claramente discriminatoria, distinguía entre pudientes y esclavos en desmedro de los últimos y no son éstos, datos entresacados de las crónicas hispanas, sino de las protestas del mismo Carlos Marx en sus estudios sobre "Formaciones Económicas Precapitalistas y Acumulación Originaria del Capital". Y de comentaristas insospechados de hispanofilia como Eric Hobsbawn, Roberto Oliveros Maqueo o Pierre Chaunu.
La verdad es también, que los principales dueños de la tierra que encontraron los españoles —mayas, incas y aztecas— lo eran a expensas de otros dueños a quienes habían invadido y desplazado. Y que fue ésta la razón por la que una parte considerable de tribus aborígenes —carios, tlaxaltecas, cempoaltecas, zapotecas, otomíes, cañarís, huancas, etcétera— se aliaron naturalmente con los conquistadores, procurando su protección y el consecuente resarcimiento.
Y la verdad, al fin, es que sólo a partir de la Conquista, los indios conocieron el sentido personal de la propiedad privada y la defensa jurídica de sus obligaciones y derechos. Es España la que se plantea la cuestión de los justos títulos, con autoexigencias tan sólidas que ponen en tela de juicio la misma autoridad del Monarca y del Pontífice. Es España -con ese maestro admirable del Derecho de Gentes que se llamó Francisco de Vitoria— la que funda la posesión territorial en las más altas razones de bien común y de concordia social, la que insiste una y otra vez en la protección que se le debe a los nativos en tanto súbditos, la que garantiza y promueve un reparto equitativo de precios, la que atiende sobre abusos y querellas, la que no dudó en sancionar duramente a sus mismos funcionarios descarriados, y la que distinguió entre posesión como hecho y propiedad como derecho, porque sabía que era cosa muy distinta fundar una ciudad en el desierto y hacerla propia, que entrar a saco a un granero particular. Por eso, sólo hubo repartimientos en tierras despobladas y encomiendas "en las heredades de los indios". Porque pese a tantas fábulas indoctas, la encomienda fue la gran institución para la custodia de la propiedad y de los derechos de los nativos. Bien lo ha demostrado hace ya tiempo Silvio Zavala, en un estudio exhaustivo, que no encargó ninguna "internacional reaccionaria", sino la Fundación Judía Guggenheim, con sede en Nueva York. Y bien queda probado en infinidad de documentos que sólo son desconocidos para los artífices de las leyendas negras.
Por la encomienda, el indio poseía tierras particulares y colectivas sin que pudieran arrebatárselas impunemente. Por la encomienda organizaba su propio gobierno local y regional, bajo un régimen de tributos que distinguía ingresos y condiciones, y que no llegaban al Rey —que renunciaba a ellos— sino a los Conquistadores. A quienes no les significó ningún enriquecimiento descontrolado y si en cambio, bastantes dolores de cabeza, como surgen de los testimonios de Antonio de Mendoza o de Cristóbal Alvarez de Carvajal y de innumerables jueces de audiencias. Como bien ha notado el mismo Ramón Carande en "Carlos V y sus banqueros", eran tan férrea la protección a los indios y tan grande la incertidumbre económica para los encomenderos, que América no fue una colonia de repoblación para que todos vinieran a enriquecerse fácilmente. Pues una empresa difícil y esforzada, con luces y sombras, con probos y pícaros, pero con un testimonio que hasta hoy no han podido tumbar las monsergas indigenistas: el de la gratitud de los naturales. Gratitud que quien tenga la honestidad de constatar y de seguir en sus expresiones artísticas, religiosas y culturales, no podrá dejar de reconocer objetivamente.
No es España la que despoja a los indios de sus tierras. Es España la que les inculca el derecho de propiedad, la que les restituye sus heredades asaltadas por los poderosos y sanguinarios estados tribales, la que los guarda bajo una justicia humana y divina, la que los pone en paridad de condiciones con sus propios hijos, e incluso en mejores condiciones que muchos campesinos y proletarios europeos Y esto también ha sido reconocido por historiógrafos no hispanistas. Es España, en definitiva, la que rehabilita la potestad India a sus dominios, y si se estudia el cómo y el cuándo esta potestad se debilita y vulnera, no se encontrará detrás a la conquista ni a la evangelización ni al descubrimiento, sino a las administraciones liberales y masónicas que traicionaron el sentido misional de aquella gesta gloriosa. No se encontrará a los Reyes Católicos, ni a Carlos V, ni a Felipe II. Ni a los conquistadores, ni a los encomenderos, ni a los adelantados, ni a los frailes. Sino a los enmandilados Borbones iluministas y a sus epígonos, que vienen desarraigando a América y reduciéndola a la colonia que no fue nunca en tiempos del Imperio Hispánico.
La sed de Oro
Se dice, en segundo lugar, que la llegada y la presencia hispánica no tuvo otro fin superior al fin económico; concretamente, al propósito de quedarse con los metales preciosos americanos.
Y aquí el marxismo vuelve a brindarnos otra aporía. Porque sí nosotros plantamos la existencia de móviles superiores, somos acusados de angelistas, pero si ellos ven sólo ángeles caídos adoradores de Mammon se escandalizan con rubor de querubines. Si la economía determina a la historia y la lucha de clases y de intereses es su motor interno ; si los hombres no son más que elaboraciones químicas transmutadas, puestos para el disfrute terreno, sin premios ni castigos ulteriores, ¿a qué viene esta nueva apelación a la filantropía y a la caridad entre naciones. Unicamente la conciencia cristiana puede reprobar coherentemente —y reprueba semejantes tropelías. Pero la queja no cabe en nombre del materialismo dialéctico. La admitimos con fuerza mirando el tiempo sub specie aeternitatis. Carece de sentido en el historicismo sub lumine oppresiones. Es reproche y protesta si sabemos al hombre "portador de valores eternos" u homo viator, como decían los Padres. Es fría e irreprochable lógica si no cesamos de concebirlo como homo acconomicus.
Aclaremos un poco mejor las cosas
Digamos ante todo que no hay razón para ocultar los propósitos económicos de la conquista española. No solo porque existieron sino porque fueron lícitos. El fin de la ganancia en una empresa en la que se ha invertido y arriesgado y trabajado incansablemente, no está reñido con la moral cristiana ni con el orden natural de las operaciones. Lo malo es, justamente, cuando apartadas del sentido cristiano, las personas y las naciones anteponen las razones finaneleras a cualquier otra, las exacerban en desmedro de los bienes honestos y proceden con métodos viles para obtener riquezas materiales. Pero éstas son, nada menos, las enseñanzas y las prevenciones continuas de la Iglesia Católica en España. Por eso se repudiaban y se amonestaban las prácticas agiotistas y usureras, el préstamo a interés, la "cría del dinero", las ganancias malhabidas. Por eso, se instaba a compensaciones y reparaciones postreras —que tuvieron lugar en infinidad de casos—; y por eso, sobre todo, se discriminaban las actividades bursátiles y financieras como sospechosas de anticatolicismo. No somos nosotros quienes lo notamos. Son los historiógrafos materialistas quienes han lanzado esta formidable y certera "acusación": ni España ni los países católicos fueron capaces de fomentar el capitalismo por sus prejuiclos antiprotestantes y antirabínicos. La ética calvinista y judaica, en cambio, habría conducido como en tantas partes, a la prosperidad y al desarrollo, si Austrias y Ausburgos hubiesen dejado de lado sus hábitos medievales y ultramontanos.
De lo que viene a resultar una nueva contradicción. España sería muy mala porque llamándose católica buscaba el oro y la plata. Pero sería después más mala por causa de su catolicismo que la inhabilitó para volverse próspera y la condujo a una decadencia irremisible.
Tal es, en síntesis, lo que vino a decirnos Hamilton —pese a sí mismo hacia 1926, con su tesis sobre "el Tesoro Americano y el florecimiento del Capitalismo". Y después de él, corroborándolo o rectificándolo parcialmente, autores como Vilar, Simiand, Braudel, Nef, Hobsbawn, Mouesnier o el citado Carande. El oro y la plata salidos de América (nunca se dice que en pago a mercancías, productos y estructuras que llegaban de la Península) no sirvieron para enriquecer a España, sino para integrar el circuito capitalista europeo, usufructuado principalmente por Gran Bretaña.
Los fabricantes de leyendas negras, que vuelven y revuelven constantemente sobre la sed de oro como fin determinante de la Conquista, deberían explicar, también, por que España llega, permanece y se instala no solo en zonas de explotación minera, sino en territorios inhóspitos y agrestes. Porque no se abandonó rápidamente la empresa si recién en la segunda mitad del siglo XVI se descubren las minas más ricas, como las de Potosí, Zacatecas o Guanajuato. Por qué la condición de los indígenas americanos era notablemente superior a la del proletariado europeo esclavizado por el capitalismo, como lo han reconocido observadores nada hispanistas como Humboldt o Dobb, o Chaunu, o el mercader inglés Nehry Hawks, condenado al destierro por la Inquisición en 1751 y reacio por cierto a las loas españolistas. Por qué pudo decir Bravo Duarte que toda América fue beneficiada por la Minería, y no así la Corona Española. Por qué, en síntesis —y no vemos argumento de mayor sentido común y por ende de mayor robustez metafísica—, si sólo contaba el oro, no es únicamente un mercado negrero o una enorme plaza financiera lo que ha quedado como testimonio de la acción de España en América, sino un conglomerado de naciones ricas en Fe y en Espíritu. El efecto contiene y muestra la causa: éste es el argumento decisivo. Por eso, no escribimos estas líneas desde una Cartago sudamericana amparada en Moloch y Baal, sino desde la Ciudad nombrada de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, por las voces egregias de sus héroes fundadores.
El genocidio indÍgena
Se dice, finalmente, en consonancia con lo anterior, que la Conquista —caracterizada por el saqueo y el robo— produjo un genocidio aborigen, condenable en nombre de las sempiternas leyes de la humanidad que rigen los destinos de las naciones civilizadas.
Pero tales leyes, al parecer, no cuentan en dos casos a la hora de evaluar los crímenes masivos cometidos por los indlos dominantes sobre los dominados, antes de la llegada de los españoles; ni a la hora de evaluar las purgas stalinistas o las iniciativas multhussianas de las potencias liberales. De ambos casos, el primero es realmente curloso. Porque es tan inocultable la evidencia, que los mismos autores indigenistas no pueden callarla. Sólo en un día del año 1487 se sacrificaron 2.000 jóvenes inaugurando el gran templo azteca del que da cuenta el códice indio Telleriano-Remensis. 250.000 víctimas anuales es el número que trae para el siglo XV Jan Gehorsam en su articulo "Hambre divina de los aztecas". Veinte mil, en sólo dos años de construcción de la gran pirámide de Huitzilopochtli, apunta Von Hagen, incontables los tragados por las llamadas guerras floridas y el canibalismo, según cuenta Halcro Ferguson, y hasta el mismísimo Jacques Soustelle reconoce que la hecatombe demográfica era tal que si no hubiesen llegado los españoles el holocausto hubiese sido inevitable. Pero, ¿qué dicen estos constatadores inevitables de estadísticas mortuorias prehispánicas? Algo muy sencillo: se trataba de espíritus trascendentes que cumplían así con sus liturgias y ritos arcaicos. Son sacrificios de "una belleza bárbara" nos consolará Vaillant. "No debemos tratar de explicar esta actitud en términos morales", nos tranquiliza Von Hagen y el teólogo Enrique Dussel hará su lectura liberacionista y cósmica para que todos nos aggiornemos. Está claro: si matan los españoles son verdugos insaciables cebados en las Cruzadas y en la lucha contra el moro, si matan los indios, son dulces y sencillas ovejas lascasianas que expresaban la belleza bárbara de sus ritos telúricos. Si mata España es genocidio; si matan los indios se llama "amenaza de desequilibrio demográfico".
La verdad es que España no planeó ni ejecutó ningún plan genocida; el derrumbe de la población indígena —y que nadie niega— no está ligado a los enfrentamientos bélicos con los conquistadores, sino a una variedad de causas, entre las que sobresale la del contagio microbiano. La verdad es que la acusación homicidica como causal de despoblación, no resiste las investigaciones serias de autores como Nicolás Sánchez Albornoz, José Luis Moreno, Angel Rosemblat o Rolando Mellafé, que no pertenecen precisamente a escuelas hispanófilas. La verdad es que "los indios de América", dice Pierre Chaunu, "no sucumbieron bajo los golpes de las espadas de acero de Toledo, sino bajo el choque microbiano y viral",. la verdad —¡cuántas veces habrá que reiterarlo en estos tiempos!— es que se manejan cifras con una ligereza frívola, sin los análisis cualitativos básicos, ni los recaudos elementales de las disciplinas estadísticas ligadas a la historia. La verdad incluso —para decirlo todo— es que hasta las mitas, los repartimientos y las encomiendas, lejos de ser causa de despoblación, son antídotos que se aplican para evitarla. Porque aquí no estamos negando que la demografía indígena padeció circunstancialmente una baja. Estamos negando, sí, y enfáticamente, que tal merma haya sido producida por un plan genocida.
Es más si se compara con la América anglosajona, donde los pocos indios que quedan no proceden de las zonas por ellos colonizados -¿donde están los indios de Nueva Inglaterra?- sino los habitantes de los territorios comprados a España o usurpados a México.
Ni despojo de territorios, ni sed de oro, ni matanzas en masa. Un encuentro providencial de dos mundos. Encuentro en el que, al margen de todos los aspectos traumáticos que gusten recalcarse, uno de esos mundos, el Viejo, gloriosamente encarnado por la Hispanidad, tuvo el enorme mérito de traerle al otro nociones que no conocía sobre la dignidad de la criatura hecha a imagen y semejanza del Creador. Esas nociones, patrimonio de la Cristiandad difundidas por sabios eminentes, no fueron letra muerta ni objeto de violación constante.
Fueron el verdadero programa de vida, el genuino plan salvífico por el que la Hispanidad luchó en tres siglos largos de descubrimiento, evangelización y civilización abnegados.
Y si la espada, como quería Peguy, tuvo que ser muchas veces la que midió con sangre el espacio sobre el cual el arado pudiese después abrir el surco; y si la guerra justa tuvo que ser el preludio del canto de la paz, y el paso implacable de los guerreros de Cristo el doloroso medio necesario para esparcir el Agua del Bautismo, no se hacía otra cosa más que ratificar lo que anunciaba el apóstol: sin efusión de sangre no hay redención ninguna.
La Hispanidad de Isabel y de Fernando no llegó a estas tierras con el morbo del crimen y el sadismo del atropello. No se llegó para hacer víctimas, sino para ofrecernos, en medio de las peores idolatrías, a la Víctima Inmolada, que desde el trono de la Cruz reina sobre los pueblos de este lado y del otro del océano temible.
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