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viernes, 3 de noviembre de 2023

El 11-M. Margarita Robles, secretaria de Estado de Comunicación, luego de Interior y ahora ministra de DEFENSA, recibió información confidencial el 12M de la juez antiterrorista francesa Le Vert, masona casada con un masón grado 33º de Gran Oriente Francés. Informó a José Blanco que estaba cenando con Rubalcaba. Éste lanzó el “España no merece un gobierno que le mienta”, que abrió la puerta al gobierno masónico de Zapatero y, con su ingeniería social, al cambio del paradigma español tradicionalmente cristiano

Santiago Clavijo
11M-2020
Disiento de la versión oficial del 11M, 
la autoría islamista de los 2 atentados (11M y 11S) 
Homenaje a D, Manuel Guerra

1. EL TRÁGICO BALANCE DE UN ATENTADO COMPLEJO
2. EL ENIGMA DE LA ESFINGE
3. ALGUNOS ENIGMAS DEL 11-M
3.1. ¿Un atentado terrorista anunciado?
3.2. Otros enigmas del enigmático 11-M 
3.2.1. La eliminación de restos o pruebas
3.2.2. La invención de pruebas

4. LA AUTORÍA INTELECTUAL Y MATERIAL DEL 11-M
“Toda la versión oficial del atentado no es más que una cortina de humo destinada a que los españoles no llegaran a saber nunca ni el más mínimo detalle sobre lo que había sucedido realmente. Por no saber, los españoles no solo no sabemos quién organizó el atentado, sino que tampoco sabemos quién lo ejecutó, cómo estaban hechas las bombas”, etc., (Luis del Pino en Ignacio L. Brú, o. c. 21). 4.1. La autoría etarra
4.1. La autoría etarra
4.2. La autoría islamista 
José Luis R. Zapatero, secretario del PSOE y entonces candidato a la presidencia del gobierno, intuyó las consecuencias cuando, a las 8:00, dijo a Rubalcaba en TVE “si la responsable es ETA perdemos las elecciones; si son los islamistas, las ganamos”. Y a ganarlas por todos los medios se dedicaron.
4.2.1. Los siete “suicidados” en Leganés
4.2.2. Jamal Zougham
4.2.3. Emilio Suárez Trashorras, inocente
4.3. Ni ETA ni los islamistas. ¿Entonces, quién?

5. LOS BENEFICIADOS Y LOS PERJUDICADOS POR EL 11-M 
5.1. Cui profuit prodestque? “¿A quién benefició y beneficia?” el 11-M
No es raro apelar al cui prodest? como recurso para descubrir la causa intelectual de una acción dañina, criminal, de autoría desconocida. Pero este recurso sirve de poco en el contexto del 11- M., en el cual conserva su vigencia el adagio recordado por Xabier Arzalluz (26.3.1991) para explicar la relación entre ETA y el PNV: “Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces ,y otro las recogen para repartirlas” (cf. San Sebastián, Isabel-Gurruchaga, Carmen, El árbol y las nueces. La relación secreta entre ETA y el PNV, Planeta ,Barcelona 2000).

5.1.1. ETA y el nacionalismo independentista
5.1.2. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) 
Al menos a corto plazo, el PSOE es el partido político más beneficiado. Gracias al 11-M y a la bochornosa campaña de acoso con clamor callejero hábilmente manipulado: “España no se merece un gobierno que mienta” consiguió ganar tres días más tarde unas elecciones que tenía perdidas según las encuestas y la estimación de los expertos. El interés electoralista pudo más que la sensatez y el bien común, que exigían gritar contra los terroristas y unirse apoyando al gobierno, como se ha hecho en Nueva York, Londres y París. Además, así se reabrió con virulencia la fractura entre las dos Españas. Una vez en el poder, prosiguió sus conversaciones secretas con ETA e introdujo cambios en la legislación española, que han provocado un nuevo rumbo y clima de España hacia el relativismo y el laicismo. 

El Partido socialista: el partido de la Masonería es el título de uno de los capítulos del libro Los amos del PSOE. Informe confidencial de Manuel Bonilla Sauras (Arca de la Alianza Cultural, Madrid 1986, pp. 101-125). El masón Fernando Ledesma, entonces ministro de Justicia, introdujo en 1985 el aborto legal en España. Algunos años más tarde la relacionada con la masonería Bibiana Aído, ministra en uno de los gobiernos del masón Rodríguez Zapatero, dio un paso más introduciendo en la legislación española el aborto, “crimen horrendo” (concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 51), con categoría de “un derecho de la mujer” y el concepto del “embrión” –en el seno de una mujer- “un ser vivo, pero no humano”. Al dejar el ministerio español, se convirtió en funcionaria de la ONU, aunque retribuida económicamente por el gobierno español, colaboradora de la masona Verónica Michelle Bachelet Jeria, primera secretaria general de la ONU, desde 2010, en su sección UN Women –“ONU mujeres”, agencia recién creada para la igualdad de género, presidenta de Chile desde 2014, como ya lo fue (2006-2010). 

El masón Pascual Sala, inmediatamente antes de su jubilación (año 2013), se despidió de la presidencia del Tribunal Constitucional, aprobando con su voto de calidad que “la Iglesia no pueda crear universidades”, a pesar de se algo admitido en los Acuerdos España-Santa Sede. Para ello, votó dos veces; la primera, como miembro, para que el resultado de la votación 6/5 se transformara en empate (6/6) y la segunda, como presidente, para desempatar (6/7) y que fuera aprobada la propuesta. Pascual Sala se justificó “porque ahora me habéis obligado” a recurrir al voto de calidad. Una vez más se confirma el interés de la masonería por controlar la educación y porque esta sea solo “pública, laica (laicista)” y, según una de sus fórmulas, “única”, así como su animosidad contra la Iglesia católica. En el homenaje a Pascual Sala con ocasión de su jubilación con un almuerzo y discursos en el Casino de Madrid (20.5.2013), 

Fernando Ledesma, exministro de Justicia (¿por qué la masonería siente querencia por este ministerio, al menos en España?), reconoció: “coincido con Pascual en tres cosas, la tercera nuestra común pertenencia a la masonería”. Es de suponer que habrá recibido una amonestación, pues un masón puede desvelar su pertenencia a la masonería, no la de los demás. A su vez, el abogado Francisco Navarrete Casas comentó que, hasta 1940, todos los presidentes del Tribunal Supremo habían sido masones (El Confidencial 17 y 24, junio, 2013). ¿Existe en España una fraternidad masónica de jueces y de personas relacionadas con la administración de la justicia? Las fraternidades masónicas (Fraternelles maçonniques en francés) coinciden en que todos sus miembros son masones y todos ejercen la misma profesión. Las hay de políticos, de profesores, de jueces, de policías, de empresarios, de periodistas, etc. No son “logias”, aunque a veces se llamen así. Y no lo son porque sus miembros pertenecen a distintos talleres y logias, así como porque sus reuniones se desarrollan sin ajustarse a un ritual estatuido y porque, en ellas, se hacen exposiciones socioculturales y políticas, escuchadas sin guardar silencio riguroso, adoptándose decisiones que a veces influyen en la vida político-administrativa (cf. las bitácoras: 

Cómo ha influido e influye la masonería en la sociedad española; cf. el enorme influjo de una fraternidad masónica de médicos y farmacéuticos franceses, belgas, holandeses y suizos: Cómo cambiar la sexualidad humana y su ética en este mismo blog). “El gobierno laborista de Tony Blair impulsó un movimiento que reclama la obligación de los masones a declarar su condición masónica, especialmente si su profesión está relacionada con un servicio público y requiere una garantía especial de independencia, por ejemplo la judicatura (…). Más de 1400 jueces ingleses declararon voluntariamente su afiliación masónica” (M. Guerra, Masonería, religión y política, Sekotia, Madrid 2013-5ª edición, pp. 61-62, etc.). Desde esta perspectiva, el proceso judicial del 11-M adquiere un horizonte nuevo, ampliado, además y enmarañado por las interferencias del gobierno masónico de Rodríguez Zapatero, agravadas por la ausencia de independencia del poder judicial respecto de los partidos políticos, sobre todo del gobernante, dependencia descaradamente vigente en España. 

El secretismo y las fraternidades masónicas corren el riesgo de enquistarse dentro del organismo sociopolítico, transformándose en un “Estado dentro del Estado” o una judicatura, una policía, etc., dentro de la judicatura, de la policía general, estando la primera más pendiente de los intereses del partido político de turno que de la objetividad y realidad, así como del bien común. ¿No se tiene, a veces, esta impresión al leer los textos del proceso del 11-M? Así figura ya en el título de algunos estudios sobre la masonería, por ejemplo en el libro de la periodista Sophie Coignard y en el subtítulo del de César Vidal (La masonería, un Estado dentro del Estado, Planeta, Barcelona 2010). Ya en 1820, el masón Martínez de la Rosa acertó en el diagnóstico; lo reconoce aplicándolo a las sociedades secretas: “En suma, se afanan por establecer un gobierno en frente del Gobierno y un Estado dentro del Estado” (El espíritu del siglo en Obras de Martínez de la Rosa, VII, Atlas, Madrid 1962, p. 343). 

5.1.3. El relativismo y laicismo de procedencia e impronta masónica 
Para la mayoría de los lectores, la conexión de la masonería y el 11-M sonará a idea descabellada. No obstante, por lo menos tres personas me han consultado sobre la probabilidad de semejante conexión. Algunas de ellas habían leído el capítulo XIX de mi obra Masonería, religión y política (pp. 293-326) titulado Los modos violentos de irrumpir e influir en la política. En este capítulo se muestra que los masones han intervenido –como causa intelectual o material y a veces de las dos formas- prácticamente en todos los atentados, sublevaciones y magnicidios acaecidos en España en los tres últimos siglos. El 11-M abrió la puerta para la entrada e instalación oficial del relativismo y del laicismo en España. 

El relativismo masónico es de signo historicista, cultural, o sea, no hay verdades ni bondades absolutas, es decir, válidas para todas las épocas y regiones del mundo; no se admite que algo sea verdadero ni bueno/malo en sí mismo, por su naturaleza, al margen del la intención de la gente y de las circunstancias de la acción. La verdad y bondad de algo dependería de las circunstancias socioculturales de cada época, concretamente del consenso, de su aprobación o repulsa mediante la votación de todos los ciudadanos o de sus representantes: los políticos y gobernantes. De ahí la introducción legal del divorcio sin condicionamientos y del aborto con ciertas condiciones en España, el matrimonio llamado homosexual, etc. 

El laicismo masónico reserva los espacios públicos (calles, colegios, universidades, hospitales, etc.,) para “lo común a todas las religiones”, algo estatuido ya en las Constituciones de Anderson, promulgadas en 1723 (seis años después de la fundación oficial de la masonería moderna, año 1717). Las religiones concretas y sus símbolos quedan condenadas a arresto domiciliario dentro de los templos y en el foro interno e individual de la conciencia. El laicismo es oficial en España desde la proclamación del rey Felipe VI (19-7-2014) (cf. la bitácora ¿España es oficialmente laicista? en este mismo blog). El fundamentalismo laicista se está transformando en una religión, que debe ser profesada por todos los ciudadanos democráticos, y aparentemente neutra y superior a cualquier otra confesión religiosa e ideología, pero que, en realidad, aunque de signo opuesto es similar al fundamentalismo religioso, por ejemplo el islamista o yihadista, en cuanto al atropello de los derechos humanos e incluso tanto o más radical respecto a algunos, por ejemplo el derecho de los concebidos pero no nacidos (aborto) hasta el final natural de la vida (eutanasia), el matrimonio como unión estable de un hombre y una mujer (poligamia simultánea por una parte; por la otra, el divorcio a la carta o la llamada poligamia sucesiva, uniones homosexuales). 

“En los años 90, durante los gobiernos del PSOE, más de una vez hubo que renunciar a la alta política diplomática y echar mano de las conexiones personales de masones españoles sobre algún influyente masón galo, para recabar de Francia mayor apoyo en la lucha antiterrorista contra ETA. Por esa época, el jefe de los servicios secretos franceses, la DSGSI, era Pierre Marion, un destacado masón galo, miembro de la Gran Logia Nacional Francesa” (De las tinieblas a Internet. Los nuevos masones, “Tiempo”, abril, 2000), alto funcionario de la policía francesa (1978- 1986), jefe de la División Nacional Anti-Terrorista (DNAT) (1990- 1999). 

Jacinto Ángel Guerrero Lucas, exiliado en Francia desde 1961, agente clandestino y muy activo del anarquismo, espía doble desde 1983 cuando comenzó a colaborar con altos cargos del ministerio español del Interior (Rafael Vera, Roberto Dorado, etc.,), así como con directivos de Interior, de la policía y de la judicatura francesa, que eran masones, por ejemplo: Charles Pasqua, ministro francés de Interior y grado 33º de la masonería, su asesor Bernard Guillet y la juez Laurence Le Vert. Jacinto Á. Guerrero conserva documentación relacionada con el atentado del 11M “datos que considero de la máxima importancia para la Seguridad (…) y que no he querido poner en manos del poder saliente” (gobierno de Aznar). Margarita Robles, secretaria de Estado de comunicación y luego (1994-1996) de Interior recibió información confidencial, el día 12 de marzo, de la juez antiterrorista francesa Le Vert, masona y casada con un masón grado 33º del Gran Oriente Francés, figura prominente de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad franceses. Margarita Robles informó a José Blanco que estaba cenando con Alfredo Pérez Rubalcaba. Este lanzó el “España no merece un gobierno que le mienta”, que abrió la puerta al gobierno masónico de Rodríguez Zapatero y, con su labor de ingeniería social, al cambio del paradigma español tradicionalmente cristiano (GarcíaAbadillo, C., o. c. pp. 88-89; Cernuda, P., etc., o. c. pp. 366-367). Con el tiempo se desvelarán los secretos masónicos. Pero, por ahora, puede afirmarse la no intervención de la masonería en la preparación y ejecución del 11-M. 

En cambio, hubo comunicación entre masones socialistas franceses y españoles, que contribuyó a la formación de la versión oficial y que se hizo marginando al gobierno del PP. Queda trazar un interrogante sobre la reunión de masones, miembros de la seguridad del Estado (sobre todo policías nacionales, también algunos guardias civiles aunque muy pocos) tenida en Granada poco antes del 11-M., si bien desconozco lo tratado y si era una fraternidad masónica. Por su actividad profesional durante el 11-M y en los días siguientes, algunos participantes fueron ascendidos siendo Pérez Rubalcaba ministro del Interior, el cual más tarde premió también “con una condecoración pensionada de por vida” al juez Bermúdez porque “gracias a él los testimonios de los mandos policiales resultaron determinantes” (nota reservada del ministerio del Interior, pero logró publicarla El Mundo,12.12 .2011), o sea, porque impusieron la versión oficial. 

5.2. Cui obfuit obestque? “¿A quien perjudicó y perjudica?” el 11-M. 
Es la otra cara de la moneda. En la Tierra nada beneficia a todos. Lo que beneficia a unos, puede y suele perjudicar a otros o al menos no les beneficia. El 11-M no fue una excepción. 

5.2.1. El Partido Popular (PP) 
En la última convención del PP (Madrid, 34-25, enero, 2015) el expresidente Aznar preguntó: “¿Dónde está el PP?”. Necesitó formular de nuevo la misma pregunta para recibir la respuesta: “¡Aquí!”. Pero el PP actual no es el originario, ni el de los tiempos de Aznar y ni siquiera el del “programa” de la campaña electoral de noviembre de 2011. Desde la perspectiva de unos XV siglos de la historia de España y desde la fe cristiana, el 11-M ha dado al PP un empujón decisivo hacia el precipicio de su desnaturalización, a considerar justificado dejar de ser lo que se era, para adaptarse al “Tiempo Nuevo”, al Nuevo Orden Mundial, en vez de procurar transformarlo desde dentro conforme a unos principios y valores no relativistas, sino absolutos y universales de vigencia perenne, tradicionales y actuales, como Dios “joven a la vez que eterno (…), nuevo a la vez que eternal” (Charles Peguy, Eva, traducción fragmentaria de Martín Descalzo al español en Peguy, Palabas cristianas, Sígueme, Salamanca 19664, p. 122, donde las palabras transcritas se repiten con intensidad significativa en los versos 9, 23, 17, 22, etc.,). 

El 11-M perjudicó, a corto plazo, al PP porque le hizo perder las elecciones de marzo del 2004. Pero, a la larga, le perjudicó mucho más porque ha provocado el cambio, probablemente definitivo, de su naturaleza y principios. El peligro de descuartizamiento sigue cerniéndose sobre la piel de toro, que semeja ser España a vista de avión o sobre su figuración cartográfica. Más aún, se ha incrementado en los años de esta legislatura del PP con mayoría absolutísima. El PP, además, ha seguido fidelísimamente la línea trazada por el PSOE en cuanto a los principios básicos, a saber, los derechos humanos relativos a la vida personal (aborto, etc.,) y a la familia (derecho de los padres a enviar a sus hijos menores de edad a colegios del ideario conforme con las creencias o increencias paternas; conservación –aunque con suaves matizaciones- de la asignatura “Educación para la Ciudadanía”; el matrimonio como unión estable entre un hombre y una mujer, etc.,), así como a lo social y religioso (el mantenimiento de la Alianza de las Civilizaciones, la práctica eliminación de las clases de Religión en el Bachillerato en contra de los “Acuerdos Iglesia-Estado”, etc.,); el trato con ETA, la relación con los terroristas y con sus víctimas. 

Ya nadie se acuerda del compromiso de Aznar en su comparecencia ante los medios de comunicación social a las 14:40 del 11-M: “No vamos a cambiar de régimen ni porque los terroristas maten ni para que dejen de matar. Por eso les digo a todos los españoles que no debemos aspirar a nada que no sea la completa derrota del terrorismo, la derrota total y completa, su rendición sin condiciones de ninguna clase. No hay negociación posible ni deseable con estos asesinos…”. Cuando el PP recuperó el poder (año 2012), la Audiencia Provincial de Madrid “sobreseyó” el caso 11-M por ser “cosa juzgada”. Lo negó Torres Dulce, fiscal general nombrado por el gobierno del PP, pero no lo ha recurrido. ¿Por qué sigue el acuerdo el PP y el PSOE sin fisuras en esta materia? En consecuencia, las víctimas y el pueblo español están condenados a no conocer jamás la causa material y la intelectual del 11-M. 

El caso más sangrante para cualquier persona no sometida a “la dictadura del relativismo” (Benedicto XVI), que a veces es mero oportunismo electoralista, es sin duda alguna la retirada del Anteproyecto de la Ley orgánica de protección de la vida y del derecho de la mujer embarazada, anunciada en rueda de prensa (20, septiembre 2014) por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (cf. Juan Antonio, Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares, Llamar las cosas por su nombre, 24.9.2014; también la Nota de la Comisión permanente de la Conferencia Episcopal Española, Zenit, 2-10- 2014). Además, no es compatible ni con lo sostenido por el PP anterior. Mariano Rajoy retiró dicho “Anteproyecto” después de haber sido aprobado por el Consejo de ministros (20.12.2013), por el Consejo de Estado, por el Consejo General del Poder Judicial, por el Consejo Fiscal, por el Consejo de Bioética y, con mayoría absoluta, por el Congreso de los Diputados. Lo retiró por tres razones sonrojantes: porque no se había llegado a un consenso, porque la oposición derogaría la Ley en cuanto llegara al poder y porque era lo más sensato. 

La retirada de este Anteproyecto no fue solo efecto de un oportunismo electoralista como a veces se dice. Mons. Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares descubrió la motivación profunda en su pastoral Por un plato de lentejas. La peor de las corrupciones (26.12.2014). En momentos de necesidad, Saúl vendió su derecho de primogenitura (ciertas ventajas económicas y la recepción de la bendición paterna y, con ella, de las promesas divinas) (Gen 28, 13ss.,) por un plato de lentejas (Gen 25, 19-34). Por un plato de lentejas (un puesto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y el acceso a algunas cuotas de poder político y de financiación), 

Rajoy ha vendido la primogenitura, con otras palabras se ha comprometido él –y, con él, su gobierno y España- a promover “el pleno disfrute y ejercicio de derechos por parte de niñas y mujeres en condiciones de igualdad y no discriminación por razón de género, incluidos los derechos de salud sexual y reproductiva” (con otras palabras, promoción de la anticoncepción desde niñas, la esterilización –también de personas con discapacidad psíquica-, el aborto libre, la manipulación de embriones, la masturbación desde antes de los cuatro años de edad, la educación sexual obligatoria de menores según la ideología de género, incluso contra la voluntad de los padres; la gestación subrogada o vientres de alquiler, etc.,). 

Se ha comprometido también a “promover el pleno disfrute y ejercicio de derechos por parte de personas gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales (LGBTI) y la eliminación de toda forma de discriminación”, o sea, la aceptación legal del matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción de niños por parejas del mismo sexo, el cambio de sexo, la sustracción de la patria potestad a los padres de los menores en todo lo referente a la sexualidad, etc. Mons. Reig Pla lo toma del documento Prioridades de España en Naciones Unidas, 69ª Periodo de Sesiones de la Asamblea Plenaria, que puede verse en la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores español. Los puntos del segundo bloque básicamente son “los 23 privilegios” de los homosexuales, que ya han sido aprobados por el congreso y el gobierno de la Junta gallega y de la Generalidad catalana durante el año 2014. Este cambio se explica si se descubren las directrices del relativismo y del laicismo masónico. 

Hacia el 20 de mayo del 2008, alguien relacionado con la masonería, no sin euforia y satisfacción, me informó que, tras la derrota del PP en las elecciones de marzo de ese mismo año, por fin se había determinado realizar lo acordado, aunque no dijo desde cuando. Luego, un mes más tarde, se vio cómo Mariano Rajoy, tras regresar de Méjico, dio un desacostumbrado puñetazo de autoridad en la mesa de la convención del PP en Valencia y la nave del PP cambió de rumbo y de carga o principios, siguiendo en gran medida la estela del PSOE masónico de Rodríguez Zapatero. Algunos políticos del PP, muy pocos, denunciaron el cambio y abandonaron sus filas (María San Gil, etc.,), casi todos –aunque algunos no sin cierta resistencia continuaron al ritmo de las directrices oficiales. 

Durante la segunda República (1931-1936) hubo muchos masones en los partidos republicanos y de izquierdas; ninguno en los de la Derecha (CEDA de Gil Robles, etc.,). Ahora hay muchos masones en el PSOE, en Esquerra Republicana de Cataluña, etc., también en el PP. Según mis informaciones (mayo, 2008), la masonería prácticamente domina la cúpula nacional del PP (uno de ellos pertenece a la Orden des Golden und Rosenkreuzer, “Orden del Oro y de los Rosacruces”, cuyos miembros -al menos inicialmente- eran todos masones); se había infiltrado hacía tiempo en el PP gallego y en el canario, acaba de hacerlo en el PP vasco. 

Actualmente en España (no en EE. UU., Gran Bretaña, etc.,) los partidos políticos pueden denominarse “dictatoriales” en el sentido etimológico de este término, pues su Secretario General, asesorado o no por un número elevado de asesores bien remunerados, “dice, dicta” las directrices ideológicas, las normas de comportamiento político, y, además, asigna los puestos de gobierno a los miembros de su partido. Parece lógico y generalmente inevitable que estos, dada la condición humana, con vistas a las próximas elecciones, traten de agradar al Secretario General para asegurarse el puesto y función más que al bien común y particular de sus votantes como ocurre en países anglosajones. 

Podría extenderse a todos los ámbitos el “Mariano Rajoy cruza el Rubicón” que, en febrero del 2012, Luis R. Aizpeolea, corresponsal de El País, le aplicó cuando el PP, como el PSOE, etc., votó en contra de la propuesta de Rosa Díez de ilegalizar las manifestaciones políticas de ETA. Hacía tiempo que Rajoy y el PP con él habían pronunciado el Alea iacta est, “la suerte está echada” de Julio César al realizar lo prohibido a las legiones romanas, cruzando el Rubicón, río fronterizo, dispuesto a asumir el supremo poder en Roma sin el consentimiento de su senado. Eduardo Zaplana, entonces portavoz del PP en la Comisión de Investigación: “Ustedes se han empeñado en cerrar esta investigación, pero no debería cerrarse y algún día se abrirá porque no se han dilucidado las responsabilidades políticas” (Múgica, F., Agujero negro). Con vaticinio frustrado de Zaplana o no, planea un nuevo enigma: ¿por qué el PP, a pesar de tener mayoría absolutísima en el congreso de los diputados, en el senado y en el gobierno de las comunidades autónomas no ha reabierto el proceso judicial del 11-M, que tanto le ha perjudicado? 

¿Por qué el PP no contesta? ¿Qué es lo que su silencio está encubriendo? ¿Lo conoce el juez? Cuando acababa de firmarse y de hacerse pública la sentencia del 11-M, en el aniversario del asesinato de Fernando Múgica Herzog (no confundir con el periodista del mismo nombre y apellido, experto en el 11-M; no son familiares) tras la Misa de difuntos, celebrada por Fernando García de Cortázar, el juez Gómez Bermúdez respondió en el claustro de los Jesuitas (c/Serrano, Madrid) a una pregunta de Inma Castilla de Cortázar, presidenta del Foro Ermua: “Todos los que han sido imputados estaban –de un modo u otro- implicados en los atentados”. Inma le replicó: “Me refiero directamente a la autoría intelectual de los atentados. Y le pregunto indiscretamente si en su fuero interno tiene alguna idea clara, porque en el externo ya vemos que no: hemos leído la sentencia”. El juez respondió a Inma C. de Cortázar y al P. Fernando G. de Cortázar que la acompañaba: 

“Hay asuntos tan graves, tan complejos… que es mejor que no se sepan, que se conozcan más adelante”. Ella contestó: “No sabía que los jueces tuvierais competencia para saber cuando es el momento oportuno de hacer justicia”. (tomado de un mensaje electrónico reciente de Inma -6.2.2015). ¿A qué se refiere el juez? La verdad, que es sagrada, tiene sus derechos y el pueblo español el de que no le oculten la verdad, ni le mientan, ni le traten como a un menor de edad. Además, deberían saberse precisamente por ser “tan graves”. 

5.2.2. La Iglesia católica 
El 11-M fue un atentado de índole y finalidad política que, no tardando mucho, iba a provocar la erupción desbordada de lo que – desde la Ilustración masónica- se venía gestando en las entrañas de España, a saber, la implantación sociocultural y política del relativismo y del laicismo. 
Masónica es la Ilustración francesa y su Enciclopedia elaborada en una logia parisina. La específicamente española (Jovellanos, Campomanes, Feijoo, etc.,) era superior, pues completaba la luz de la Razón con la Luz que es Jesucristo y el esplendor sociocultural de su Evangelio (cf. Rafael Nieto, Luis Suárez habla de España, “Altar Mayor” 162 -2014- pp. 948-949). 
Pero ha terminado por imponerse la masónica, también en España. Por ello, los católicos serán los más perjudicados a corto y medio plazo. La Iglesia católica y el cristianismo en general es incompatible con el “método” masónico marcado por la eliminación de lo sobrenatural, de la revelación divina, de las verdades dogmáticas, de las normas éticas de vigencia absoluta y universal y que lo supedita todo al consenso y al poder de la mayoría, con votación o sin ella (cf. Masonería, religión y política, pp. 327-396). 

Ya a las 11:35 del día 11-M Gabilondo proclamaba desde la SER la necesidad -a partir del 11-M- de un “cambio de página” y de una “política mayor” (negociaciones oficiales con ETA, etc.,) y el advenimiento de un “tiempo nuevo”, una nueva época para España. Es “la apertura de un tiempo nuevo más allá de la violencia de ETA”, augurado por Ramón Jáuregui en un documento presentado al PP y a otros partidos (PNV, CIU) (El País, 21.2.1012). 
Al comienzo del “Tiempo nuevo” aludió también Felipe VI en el discurso de su proclamación como rey (19.7.2014), día de la implantación oficial del laicismo en España, aunque el Estado español, según la constitución española de 1978, sea aconfesional, no laicista, es decir, está marcado por la laicidad, no por el laicismo (cf. la bitácora ¿España es oficialmente laicista? en este mismo blog).

¿Qué debemos hacer los católicos ante la sustitución del paradigma cristiano por el masónico? “Solo quien no comprenda que la Iglesia no es nuestra, sino de Cristo, puede preocuparse por ella”, por su porvenir (Benedicto XVI en su despedida antes de su jubilación, febrero 2013). La Iglesia ya ha padecido avalanchas similares, por ejemplo la del gnosticismo (siglo II-IV) que afectó sobre todo a los estratos intelectuales, completada con el irracionalismo religioso y el feminismo radical del montanismo que impregnó especialmente a las capas bajas de la sociedad, y rematada con la persecución religiosa. 

Recuérdese que la Masonería y Nueva Era son dos rebrotes de la gnosis en nuestro días (Guerra, M., La gnosis y sus rebrotes en nuestro tiempo, “Burgense” 47/1 -2006-, pp. 71-130). Recuérdense también las avalanchas de los Bárbaros (siglos V y siguientes), que fragmentaron el Imperio romano. Entonces la Iglesia quedó como sepultada bajo los estratos de los Bárbaros vencedores, que eran paganos o arrianos, pero solamente en la mitad occidental del Imperio, que unos siglos más tarde será cristina. Por su parte, el gnosticismo y el montanismo afectaron casi exclusivamente a las zonas orientales. 

En cambio, lo masónico actual es global, mundial; además no respeta lo religioso natural a no ser recluido en el foro de la conciencia y dentro de los templos, ni lo sobrenatural, que rechaza abiertamente. Además de no tener miedo que inhibe y cohíbe, específico de los Apóstoles y de los primeros cristianos antes de la resurrección del Señor, es preciso no andar con la nariz pegada a la pared de los acontecimientos con riesgo de que un grano de arena parezca un montículo y un mosquito un elefante. La visión de los sentidos y de la razón debe completarse con la perspectiva histórica y con la visión de eternidad o de la fe sobrenatural, gracia de Dios. 

Hay que salir afuera, ir a las periferias existenciales (papa Francisco, Evangelii gaudium) para realizar la “Nueva Evangelización”, o la recristianización del mundo neopagano de nuestros días, que puede y debe inspirarse en la “evangelización” tan “nueva” que fue la primera, la de los primeros cristianos, que lograron cristianizar el mundo pagano de su tiempo. No olvidemos que “el cristianismo ha muerto muchas veces y otras tantas se ha alzado de nuevo, pues contaba con un Dios que sabía cómo salir del sepulcro” (Chesterton, El hombre eterno, Cristiandad, Madrid 20118 , p. 323). Como Jesucristo, su fundador, la Iglesia católica –crucificada casi siempre- resucita siempre.

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lunes, 19 de diciembre de 2022

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Las razones de un desafecto
 12/04/2019 
El 20 de diciembre de 1973 los alféreces cadetes de infantería, de la XXX promoción de la AGM, nos encontrábamos en Toledo en la academia del Arma. Era un viernes por la mañana y tras haber desayunado estábamos en el aula de estudio a la espera de que comenzaran las clases. En un momento determinado, se abrió la puerta y entró un comandante profesor. Nada tenía de extraño, pues no eran infrecuentes las visitas para cerciorarse del silencio y orden en el estudio. El número uno de la promoción, Juan Álvarez Jiménez, se puso en pie para dar el preceptivo “sin novedad” mientras que el resto, también como era lo reglamentario, permanecimos sentados, atentos cada uno al estudio de las diversas materias de las que tendríamos clase esa mañana.
Como era frecuente en tales casos, “la cola” de la promoción -no excesivamente concentrada en el estudio- levantamos la vista al oír abrirse la puerta, para ver quién era el “proto” que había entrado. Por el contrario, “la cabeza” los “promos” siguieron concentrados en el estudio sin levantar la vista de los libros. Pero todos prestamos atención cuando el profesor, alzando la voz, dijo: caballeros, cierren los libros y bajen al primer piso, que el coronel director les va a dirigir unas palabras. Obedecimos de inmediato la orden sin tener siquiera tiempo para pensar en cuál sería el motivo de la extraña reunión en aquella hora de la mañana, y especialmente por el hecho de que nos reuniera nada menos que el coronel Aramendi, el director de la Academia de Infantería.

Reunida toda la promoción, en breves instantes el profesor mandó firmes y dio la novedad al coronel que en ese momento hacía su aparición. Su cara habitualmente pálida, su baja estatura, e incluso la débil complexión, incrementaban el aspecto demudado de su semblante. Sin más preámbulos dijo: Señores, el Presidente del Gobierno acaba de morir en una explosión. Todo parece indicar que ha sido un atentado

No recuerdo con nitidez si dijo “señores” o “caballeros cadetes” no obstante tener grabado en la memoria aquel momento en que nos dio la noticia. Tengo vivo el recuerdo de su presencia física. Con la tristeza, e incluso con la angustia, reflejada en el semblante. Imagen que está presente mientras escribo esto, cuarenta y seis años después.

No se suspendieron las clases. Tampoco al principio de las mismas los profesores de las diferentes secciones hicieron comentarios sobre la noticia; por lo menos así fue en mi sección de clase. Algunos -pocos- tenían radio transistor pero desde luego a nadie se le ocurría llevarlo al estudio. Lo tenían guardado en la taquilla del dormitorio para escucharlo por la noche antes del toque de silencio pues entonces no teníamos la avidez de noticias habitual hoy en día. Acabadas las clases y antes de bajar al comedor algunos sí se dirigieron a la taquilla para coger el aparato y escuchar el “parte”. Así corrió la voz de que había volado el coche en el que viajaba el Presidente del Gobierno y que en principio se pensó que podía ser una explosión de gas, pero ya a medio día, había la seguridad de que se trataba de un atentado. Y como tal, su autoría, sólo podía corresponder a ETA. Pues en aquellos años, excepción hecha de las pocas acciones de ETA, España era una balsa de aceite. Especialmente si se compara con los llamados “años de plomo” que de forma inexorable habrían de llegar cuando comenzó la “Transición”

Muchos no teníamos entonces muy claro lo que era o significaba exactamente el Presidente del Gobierno dentro de la estructura del Estado. Sabíamos, eso sí, que Franco era el jefe del Estado y jefe de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire. También éramos muy conscientes que dos años antes, en la Academia General Militar de Zaragoza, habíamos jurado a Dios y prometido a España, besando con unción su Bandera, obedecer y respetar siempre a nuestros jefes, no abandonarlos nunca, y derramar si era preciso en defensa del honor e independencia de la Patria, y del orden dentro de ella, hasta la última gota de nuestra sangre. Y sabíamos, por supuesto, que de entre los jefes que habíamos jurado obedecer y respetar, el primero era Franco.

Lo que no teníamos tan claro era aquello de “el ORDEN dentro de ella” a pesar de que nuestro director de la AGM de Zaragoza, el general Balcázar Rubio de la Torre, posiblemente consciente de ello, se había preocupado de que lo supiéramos haciendo que se insertara en la “orla” de la promoción, el Principio IV del Movimiento Nacional y el Artículo 37 del título VI de la Ley Orgánica del Estado Español. Luego hemos comprendido que nuestro general sabía, o se barruntaba, que se avecinaban tiempos de perjurio.
Lo hemos comprendido en el transcurso de los años al ver la demolición, desde sus cimientos, de ese “ORDEN” que habíamos jurado defender hasta derramar la última gota de nuestra sangre y que no era otro que aquel dimanante de la Constitución de 1966 aprobada en referéndum por el pueblo español el 14 de diciembre de 1966.

FRENTE A FRENTE CON EL PRÍNCIPE DE ESPAÑA
Hecha esta digresión que ha surgido espontánea, al pensar en las consecuencias del magnicidio de Carrero Blanco, volvamos a la Academia de Infantería aquel 20 de diciembre de 1973. Estábamos a punto de iniciar el permiso de Navidad y pronto corrió la voz de que tal vez nos “acuartelaran” y se suspendieran los permisos. Este “macutazo” ¿o tal vez era cierto que se barajó tal posibilidad? Fue recibido de maneras diferentes. Para algunos cadetes fue motivo de pesadumbre -en mayor medida los que tenían novia- pero para otros se abría una ilusionada esperanza, ante la posibilidad de materializar aquella “ansia altiva de los grandes hechos” que preconizaba la letra de nuestro himno.

Pero fue el caso que no se suspendieron los permisos de Navidad. Ni en la Academia de Infantería ni en las unidades. Tampoco se cerraron las fronteras -aunque lo pretendió el General Director de la Guardia Civil- ni se declaró el “estado de excepción” Todo transcurrió como si no hubiera pasado nada. A pesar de la enorme gravedad del hecho. Con la misma atonía con la que se había recibido en España la pérdida de Cuba, sin que la sangre derramada en su defensa, mereciera ni tan siquiera suspender una corrida de toros. De modo similar, la sangre de un presidente del Gobierno de España se asumió como un simple incidente…. o como si lo sucedido estuviera programado “entre columnas” en alguna reunión de próceres con revuelo de mandiles.

El caso es que, como ya se ha dicho, a pesar de la enorme gravedad del magnicidio, continuó la vida nacional como si nada hubiera sucedido. Ni tan siquiera se tomaron providencias efectivas para descubrir, tanto a los autores materiales del atentado -que fue reivindicado por ETA- como a los inductores y los cómplices que les habían dado cobijo en Madrid; Eva Forest y Simón Sánchez Montero. Tampoco se tomó posteriormente, durante la Transición,, providencia alguna para que, una vez identificados los autores del magnicidio, y al no haber sido todavía ni juzgados ni sentenciados, quedaran fuera de la amnistía general. Solamente el honor personal de algunos agentes del SECED de Carrero Blanco, hicieron posteriormente la justicia que no había hecho, ni había querido hacer la “Justicia”. Aunque era evidente que el asesinato de Carrero Blanco tenía una intencionalidad política de largo alcance, la investigación fue muy superficial. Y además no comenzó con la primera pregunta que debe formularse en la investigación de cualquier crimen; ¿Cui prodest?
Carrero Blanco
Pues bien, dentro de esa “normalidad” con la que continuó la vida nacional, ni se acuartelaron las unidades ni se suspendieron o aplazaron los permisos de Navidad, y al día siguiente, viernes 21 de diciembre, los alféreces cadetes de la Academia de Infantería marchamos a nuestras casas para “empalmar” el fin de semana con el permiso de Navidad. Fuimos varios cadetes, de los que vivíamos en Madrid, que sin acuerdo previo nos concentramos el día 22 en el Paseo de la Castellana, frente al Nº 3, el palacete donde se ubicaba Presidencia de Gobierno. Si no me falla la memoria tras cuarenta y seis años, allí coincidimos JMC, JAAG, JAG y creo que también JCL ¿o era MMT? Quiero recordar que iban como yo de uniforme, también insistir en que, a pesar de recordar aquellos momentos con absoluta nitidez, algunos detalles se me pueden escapar. Sí recuerdo que no estuvimos juntos todo el tiempo, buscando cada uno el lugar desde donde mejor se podía ver el edificio mientras muchas personas congregadas nos miraban con curiosidad al vernos de uniforme. En un momento determinado comenzó a sonar el Himno Nacional, por lo que supuse que iban a sacar el féretro de Carrero Blanco. En aquel momento me encontraba yo solo rodeado de paisanos, y lógicamente adopté la postura de firmes en el primer tiempo del saludo. Exactamente enfrente, en la acera que discurre bajo la verja de Presidencia del Gobierno, se encontraba el Príncipe Juan Carlos, también de uniforme, y completamente solo.[1] Obviamente el Príncipe también se puso firmes en el primer tiempo del saludo y así permanecimos ambos, frente a frente, separados por los diez o doce metros de la calzada que separa la acera de Presidencia del Gobierno del paseo central de la Castellana en el que yo me encontraba. Aunque había muchas personas alrededor, en aquel momento era yo sólo quien estaba de uniforme, e igualmente el Príncipe en la acera de enfrente. Por ello cruzamos nuestras miradas y así permanecimos en el primer tiempo del saludo mientras sonaban las solemnes notas del Himno Nacional.

Fueron largos momentos de intensa emoción. La escasa distancia que me separaba del Príncipe Juan Carlos me permitía ver con nitidez su semblante en el que a la tristeza habitual que se reflejaba aquellos años, se sumaba un halo de preocupación e incluso de angustia. No se cuales serían los pensamientos del Príncipe mientras sosteníamos las miradas, pero yo sentí, junto a la profunda emoción del momento que acrecentaba el Himno Nacional, un impulso de intensa lealtad hacia aquel hombre que un día sería el Jefe Supremo del Ejército Español. Y como tal, mi nuevo capitán.

En aquellos momentos le dije con el corazón: Aunque no lo sepas Alteza, soy un soldado dispuesto a dar la vida por España y por mis jefes de los que tú serás el primero cuando muera el Caudillo. Muchas veces me he preguntado si aquel sentimiento de lealtad tan intenso pudo percibirlo el Príncipe, transmitido en la mirada sostenida que mantuvimos durante los minutos que duró el Himno Nacional. Para mí fueron unos momentos de gran emoción que me calaron muy hondo en el alma. Pensé que esa lealtad y afecto, que esa voluntad de obedecerle y no abandonarle nunca, hasta derramar si fuera preciso la última gota de mi sangre, permanecería de por vida. Como permanecía mi obediencia y respeto a Franco, capitán y Caudillo.

CRÓNICA DE UNA DECEPCIÓN
El posterior devenir de España, propiciado por la quiebra del solemne juramento de S.M. el Rey Juan Carlos, ha sido la causa de mi desafecto. Y esta es su crónica.
En 1974 la situación de España comenzaba a ser preocupante. Asesinado el Presidente del Gobierno Carrero Blanco, y con el Jefe del Estado Francisco Franco ya en evidente declive de sus capacidades por ley de vida, los enemigos de España habían comenzado a tomar posiciones para “cuando se cumplieran las previsiones sucesorias”proceder al asalto y demolición del Régimen surgido el 18 de julio de 1936. Es decir, la demolición desde sus cimientos de la España Una, Grande y Libre que tras siglos de imparable decadencia, había encontrado finalmente la regeneración, volviendo los ojos a la España de los Reyes Católicos. Asalto y demolición a esa España Una, Grande y Libre que sus enemigos, tras intentarlo durante cuarenta años de sucesivos fracasos, se habían finalmente resignado a no conseguir. Comprendiendo que no les sería posible conseguirlo mientras viviera el Caudillo.

Muy bien sabían, quienes idearon e implementaron el asesinato de Carrero Blanco, cual era la piedra angular a remover para lograr la ruina del edificio. Y los enemigos eran, tanto internos, como externos. Entre estos últimos estaba el sátrapa marroquí Hassan II que comenzó a mover sus peones para hacerse con el Sahara. Por su parte el Gobierno Español tomó providencias con vista a pararle los pies. Por ello a los componentes de la XXX promoción, que deberíamos salir tenientes el 15 de julio de 1975, se nos adelantó tres meses la entrega de despachos y la incorporación a las unidades, al tiempo que se organizaban “rotaciones” de un mes en el Sahara.

En plena crisis de la “Marcha Verde” el entonces Príncipe Juan Carlos, en cuanto asumió la jefatura del Estado por la enfermedad irreversible de Franco, se presentó en el Sahara “para arengar a las tropas”. En realidad para “amansarlas” pues la decisión de entregar el Sahara a Marruecos ya se había tomado a espaldas de Franco por la “camarilla” que actuaba entre bastidores, desde que en enero de ese año D. Juan había visitado Marruecos invitado por Hassan II siendo recibido con honores de Jefe de Estado. En tal visita el Sultán le había propuesto, a cambio de la entrega del Sahara, unas componendas que fueron las que luego se firmaron en “Los Acuerdos de Madrid”.
En aquellas fechas yo era teniente en la Agrupación de Tropas Nómadas, unidad a la que había pedido destino voluntario por considerarlo una obligación al ser en esos momentos “el puesto de mayor riesgo y fatiga” como preconizaba el artículo VII del “Decálogo del Cadete” que nos legara el Caudillo. Discrepé entonces con algunos compañeros, que haciéndose eco de lo que oíamos por la radio en las noticias, pensaban que la visita era para apoyarnos. Como parecía indicarlo los términos de la “arenga”. “Estaré con vosotros cuando suene el primer disparo”. Pero según yo pensaba analizando su declaración, en la que también dijo que “no se derramaría sangre” había venido para decirnos que no se iba a defender el Sahara, que lo íbamos a entregar. Así lo pensaba yo, y estaba seguro que así lo interpretaría Hassan II. Quien contando con esa seguridad de que no se derramaría sangre -no habría enfrentamiento-, consumaría la invasión. El tiempo me dio la razón. Y aunque entonces tuve sólo una visión parcial de los hechos y sus circunstancias, siempre tuve la convicción de que aquello había sido una traición urdida a espaldas del Jefe del Estado, y ejecutada por el Sucesor cuando Franco estaba ya al borde del sepulcro. Ello me ha llevado a investigar muchos años después, y su resultado ha sido establecer la responsabilidad histórica de S.M. Juan Carlos I en la entrega del Sahara a Marruecos. Traicionando con ello al pueblo español y al pueblo saharaui. Esta fue mi primera decepción, con la cual comenzaron a enfriarse aquellos sentimientos de afecto y lealtad que me habían embargado la mañana del 22 de diciembre de 1973 delante de Presidencia del Gobierno en el Paseo de la Castellana.
Luego vendría lo que ha dado en llamarse “La Transición a la Democracia”. Y a la vista de los hechos posteriores, podemos considerar que la entrega del Sahara a Marruecos fue el primer acto de la farsa. Tal proceso de transformación política yo prefiero denominarlo “Transacción” en lugar de “Transición” pues además de no ser el “paso de una dictadura a una democracia” sino en todo caso el paso de una democracia orgánica a otra inorgánica o partitocracia, su esencia fue la venta de la España Una, Grande y Libre a sus enemigos. A cambio de que no cuestionaran la Corona, la Monarquía instaurada por Franco.
En la Transacción, S.M. Juan Carlos I, ya Rey de España, faltando a tres solemnes juramentos (el que empeñó en su Jura de Bandera, el que hizo ante las Cortes Españolas al ser proclamado Sucesor a Título de Rey, y el que prestó antes de ser coronado) propició la demolición, desde sus cimientos, del “Régimen”. Del Orden Institucional que él y nosotros habíamos jurado. Siempre que se suscita este espinoso asunto, se aduce la legalidad de la transformación política, con aquello tan socorrido de que se pasó “De la Ley a la Ley”. Son ganas de marear la perdiz, o de lanzar una cortina de humo para desviar la atención sobre el meollo de la cuestión. La pregunta que es obligado formularse es si S.M. cumplió su juramento; “hacer cuanto fuere preciso en defensa de los Principios y Leyes que acabo de jurar” o buscó “asesoramiento técnico” en Torcuato Fernández Miranda para “faltar legalmente” a lo que había jurado. La respuesta no puede ser otra que constatar la evidencia del perjurio. De la felonía.

Si realmente S.M. pensaba que lo más conveniente para España y los españoles era la demolición del sistema político para el que había sido nombrado sucesor a título de Rey, y cuya defensa había jurado, la única opción honesta hubiera sido proponerlo con claridad meridiana. Para que el pueblo español, en referéndum, hubiera decidido si quería la demolición del Régimen que le había dado cuarenta años de paz y progreso. O prefería mantenerlo bajo un sistema político presidencialista, con un cambio dinástico, o incluso con una monarquía encarnada en otra persona de la misma estirpe que se comprometiera a mantenerlo. Estas esenciales consideraciones están desarrolladas en el trabajo titulado La Transición: ¿Reforma o Ruptura?.

AL REGRESO DEL SAHARA
Pero volvamos a las vivencias personales que configuran esta crónica. Al volver a Madrid, tras el abandono del Sahara, hice lo mismo que otros compañeros que estábamos en aquel territorio cuando se produjo la muerte de Franco. Acercarme vestido de uniforme al Valle de los Caídos, para en la posición de firmes y con la emoción atenazando el alma, rezar ante la sepultura de nuestro capitán y Caudillo. Era nuestro testimonio para despedirnos de él. Y para pedirle que siguiera velando por España como lo había hecho en vida. Una España Grande y Libre, en la que habíamos nacido, habíamos crecido, y a la que ya como soldados nos habíamos consagrado. Pero una vez muerto Franco, sin que al principio fuéramos muy conscientes de ello, había comenzado la demolición de esa España.
Mi primer destino al volver del Sahara fue, también con carácter voluntario, la Compañía de Operaciones Especiales Nº 91 en Granada. Estando allí tuvo lugar, en la primavera de 1976, la voladura del grandioso monumento al “Ángel de la Victoria” o “Ángel de la Paz” obra de Juan de Ávalos que veía al pasar por Valdepeñas en mis viajes desde Madrid a Granada. Monumento que no ha sido reconstruido y cuyo esqueleto puede verse hoy en día como testimonio de una “Transacción” que se vendió como reconciliación, pero que en realidad sentaba las bases -con dolo o por estulticia- para el inicio de una vil revancha. Sería interminable la crónica de aquel proceso, por lo que me limitaré a los hechos más notables de los que tuve personal constancia.

Un día entre el 17 y el 28 de abril de 1976, estando ya destinado en la COE Nº 81 (Orense) en la salida mensual realizada en la zona de La Gudiña (vivaqueando en la abandonada estación de Villavieja) estaba inspeccionando, a altas horas de la madrugada en una noche fría y desapacible, el ejercicio de patrullas y emboscadas que realizaba mi sección cerca de la frontera portuguesa. Me encontré con una pareja de la Guardia Civil que estaba cubriendo un servicio. Según me dijeron para evitar que pudiera cruzarla Santiago Carrillo. Al comentarles lo difícil del servicio encomendado, toda vez que en aquella zona la frontera es muy permeable y se puede pasar por cualquier sitio, me respondieron que ellos ya sabían que Carrillo estaba en Madrid, en tratos con el Gobierno, pero esa era la orden que habían recibido y la cumplían. Quedé sorprendido. Y ya de amanecida en el vivac, no pude menos que admirar la disciplina de aquellos beneméritos de la Patria. Pero también meditar sobre los entresijos, componendas y ocultos chalaneos que se estaban produciendo en España.

No recuerdo si fue en ese verano, o en el del año siguiente, cuando estando un fin de semana en Pontevedra, escuché por la calle la megafonía que propagaba a muy alto volumen “La Internacional” mientras que el grupo de manifestantes que seguían el vehículo coreaba sus proclamas: ¡Fascistas! ¡Burgueses! ¡Os quedan pocos meses! Y mientras estas cosas sucedían, el “aparato oficial” adormecía a los corderos con las melifluas estrofas del “Libertad sin ira” y el “Habla pueblo habla”
Cuando llegó el referéndum para aprobar la Constitución de 1978 “pasé olímpicamente” (dicho en modernos términos coloquiales, o se me dio una higa, en vetusto castellano) al considerar que el simple hecho de participar en el plebiscito era incumplir mi juramento a la Bandera hecho el 15 de diciembre de 1971 en la AGM de Zaragoza, cuando me había comprometido a la defensa del Orden Institucional. La Constitución aprobada en referéndum por el pueblo español el 14 de diciembre de 1966.

Además aquella Constitución de 1978 era una grandísima estafa. Puesto que la ley que la facultaba, y había sido votada favorablemente por el pueblo español, era para una “Reforma Política” no para demoler desde sus cimientos la estructura del Estado. Se reforma lo que se quiere conservar, es decir, la Constitución de 1966 que yo había jurado y que se materializaba en las Leyes Fundamentales del Reino y en Los Principios del Movimiento Nacional. Pero además, “a mayor abundamiento” -por utilizar un término jurídico-. La Ley para la Reforma Política establecía taxativamente que la reforma no podía dar lugar a un proceso constituyente. Por tal motivo, calificar de estafa la Constitución de 1978, no puede ser considerado un exceso. Es simple y llanamente la calificación jurídica que le corresponde.

Pronto los hechos pusieron en evidencia la falacia de la propaganda gubernamental orquestada por todos los MCS, excepto el Alcázar y el Heraldo Español. Únicos medios libres, no financiados por el Aparato del Estado, ni sujetos a las diversas “obediencias” nacionales o extranjeras. Se había insistido machaconamente en que la aprobación de la Constitución era imprescindible para que la ETA finalizara su sangrienta acción terrorista, y para que se alcanzara la paz social. Ambas cosas embustes tendentes a justificar el proyecto “rupturista” como se puso de manifiesto con el incremento exponencial de las acciones terroristas -mucho más numerosas y sangrientas- y de la conflictividad laboral tras aprobarse la Constitución de 1978, algo que no había sucedido al aprobarse la Constitución de 1966. Todo ello son datos objetivos, fácilmente contrastables, consultando las hemerotecas y los anuarios estadísticos con las horas de trabajo perdidas por huelgas en todo el territorio nacional en los años anteriores y posteriores a la aprobación de la Constitución. Estas consideraciones se pueden ampliar con la lectura del trabajo La Transición: ¿Reforma o Ruptura? cuyo enlace ya se ha insertado.
En los años 1978, 1979 y 1980 destinado ya de capitán en El CIR 11 de Vitoria, tuve que asistir a varios entierros de asesinados por ETA. Desde mi incorporación a la unidad había tomado la firme determinación de portar siempre la “herramienta” y permanecer alerta. Además de estando preparado psicológicamente para utilizarla, teniéndola siempre en condiciones de empleo inmediato. No tuve empero ocasión de ello, pues cuando a primeros de junio de 1979 un grupo armado de ETA penetró en la base de Araca, yo me encontraba en Jaca, realizando el Curso de Operaciones Especiales. Al conocer el hecho tuve un enorme disgusto por no haber estado en la Unidad. Donde posiblemente, al estar siempre en condiciones de “acudir al fuego” tal vez hubiera tenido ocasión de que los asaltantes no salieran indemnes. Ciertamente es una especulación, pero a la vista de cómo transcurrieron los hechos lo consideré muy probable, cuando al regresar a mi Unidad finalizado el curso conocí en detalle como se había producido la entrada y la salida de la Base de aquel grupo terrorista.
Destinado posteriormente como jefe de la Compañía de Policía Militar Nº 81 en La Coruña, el 29 de Noviembre de 1981 al frente de una sección de mi Unidad “afeé la conducta” a un nutrido grupo de manifestantes que se mofaban públicamente del ejército con proclamas tales como, ¡¡¡militares cabrones, tocarnos los cojones!!! ¡¡¡aquí sin galones, no tenéis cojones!!! ¡¡¡sin estrellas ni galones, no tenéis cojones!!! “chu chu pajaritos a volar, militares a cagar” (con algazara y “aleteo” de codos) entre otras simpáticas expresiones de similar tenor. A consecuencia de aquel más que “contundente afeamiento” a los energúmenos que proferían tales delicadezas, sufrí un arresto de tres meses en prisión militar por “excederme en mis atribuciones”. Pues aunque la Autoridad Judicial Militar (que había tomado declaración a testigos de los hechos, corroborando las lindezas que se proferían) reconocía en el Auto que se habían proferido gritos, algunos de ellos, al parecer, posiblemente, injuriosos para el ejército (Sic) consideró procedente imponerme los tres meses de prisión militar. Por su parte siete de los manifestantes que habíamos retenido y entregado a la policía, fueron puestos inmediatamente en libertad por orden judicial. Juzgados un año después por la jurisdicción civil, fueron condenados a tres días de arresto menor sin perjuicio de acudir al trabajo.

Aquel año de 1981, nueve meses antes, había tenido lugar el 23F y sin duda por ello la chusma estaba tan sobrada. Pero la cosa venía ya del año anterior. A consecuencia del deterioro de la situación política, se había pretendido dar un “Golpe de timón consensuado”. La “Operación De Gaulle” organizada por los Servicios Secretos con el preceptivo “nihil obstat” de quien podía darlo. Operación que al fracasar fue transformada “fallido golpe de estado” y que está narrada en clave marinera en “El naufragio del 23F”.

Resulta inquietante pensar si pudo tener más influencia para que se diera “luz verde” al golpe de timón, el abucheo a S.M. en la Casa de Juntas de Guernica el 4 de febrero de aquel año 1981 (tan solo 19 días antes de la entrada de Tejero en el Congreso de los diputados) que el salvaje atentado del hotel Corona de Aragón, con casi cien muertos, en su mayor parte de familias militares, perpetrado en Zaragoza el 12 de julio 1979 un año y medio antes.
SE CAMBIA MI BANDERA: LUEGO SERÁ OBJETO DE PERSECUCIÓN
El 5 de octubre de ese mismo año 1981, también había tenido lugar un hecho que colmó definitivamente mi indignación transformándome en “irrecuperable para el Sistema”. Fue la sustitución en la bandera de España del escudo con el águila de San Juan y su proclamaba vocación histórica de ser Una, Grande y Libre, por el escudo actualmente en vigor. Es preciso decir que el PSOE no había llegado aún al poder, pero alguien se adelantaba a llevar a cabo los acuerdos secretos de la Transacción. Efectivamente, en el artículo 4.1 de la Constitución se había definido la bandera por sus colores, pero sin referencia al escudo. No era un olvido. Era a propio intento para hacer, cuando se pudiera, lo que los ponentes de la Constitución no se atrevieron a plantear en la Carta Magna pues en tal caso el pueblo español hubiera votado NO a su aprobación. Se trató pues de una argucia propia de auténticos trileros de la política. Al igual que el hecho de, tras proclamar en el Art. 2 “la indisoluble unidad de la Nación española” se “reconocía y garantizaba el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones” con la finalidad de dejar la puerta abierta, en un futuro, a los ocultos designios. Pues bien, ese escudo que no ha modificado la Constitución, y que por ello permanece en la primera página de la Carta Magna, mediante una indecente manipulación propiciada por los MCS se hace aparecer, tanto en TV como en las páginas de las publicaciones, sustituido por el nuevo escudo que entró en vigor de un “plumazo” -nunca se dijera con mayor propiedad- en forma de “Real Decreto”. Y esta burda patraña va calando en la sociedad hasta el punto de olvidar que el escudo que realmente figura en la primera página de la Constitución era el vigente durante el Régimen de Franco. Esta manipulación pone en evidencia el dolo de la Transacción. (A)

Es preciso insistir en que, si lealmente se hubiera propuesto el cambio del escudo, la mayoría del pueblo español hubiera votado NO a la Constitución y más que probablemente, también a la Corona. Cuyo titular, tras haber jurado fidelidad a las Leyes Fundamentales del Reino y Principios del Movimiento Nacional, se dispuso en la Transacción a incumplir su juramento. Exactamente igual que hubiera sucedido si en lugar de someter a referéndum una “Ley para la Reforma Política” se hubiera propuesto la demolición desde sus cimientos del Orden Institucional vigente. Pues bien, esta artera sustitución de la bandera de España, con cuya visión había crecido, cuyo escudo representaba la grandeza de su historia, y que en definitiva había sido el faro de mi vocación militar, fue para mí el más lacerante de los golpes. Comprendí entonces que los españoles habíamos sido objeto de una alevosa trampa. Y celebré infinito no haber participado en la farsa del refrendo constitucional.

Y para que aquel infame “cambiazo” me dejara un poso más amargo, me correspondió mandar la compañía de honores en el acto en que fue arriada de la Capitanía General de Granada la bandera con el águila de San Juan con su triple vocación de representar Una España Grande y Libre. Bandera que era sustituida por un remedo de la correspondiente a la Segunda República sin otras modificaciones que las indispensables para cumplir lo acordado en la Transacción: la venta de la nueva España, resucitada por Franco, a cambio de que sus enemigos no cuestionaran una caduca monarquía fenecida el 14 de abril de 1931. Por ello solamente se cambiaba la corona mural de la segunda República, por la corona de los Borbones. Al finalizar aquel humillante acto castrense, pedí que se me entregara la bandera recién arriada. Solicitud que no fue atendida. Tal vez comprendiendo que mi designio era custodiarla con veneración, a la espera de que algún día pudiera verla izada nuevamente de forma oficial.
Pero mientras llega el momento en que con un nuevo y simple “Real Decreto” se restituya como Enseña Nacional la bandera de Una España Grande y Libre con el águila de San Juan y los símbolos del Movimiento, no estaría de más que como antídoto para desmemoriados se difunda la imagen de una bandera que, sin tener el carácter de Enseña Nacional, nadie podrá tildar de “anticonstitucional”. Pues sobre los colores definidos en el artículo 4-1 de la Constitución de 1978 figura el escudo de su primera página.

TRAS EL NAUFRAGIO DEL 23F EL ENEMIGO SE QUITA LA CARETA
El caso es que gracias al naufragio del 23F el PSOE llegó al poder. Y aunque le había visto las orejas al lobo, comenzó sin prisa, pero sin pausa, a tomar las providencias para resucitar el viejo proyecto de Azaña. Pero ahora con más tiento. Programando a largo plazo un “ejército bonsay” en el cual, mediante sucesivos y permanentes “recortes” lo que se buscaba era que “no se saliera del tiesto”. Al mismo tiempo, mediante la generalización de la “libre designación” y su consecuente “libre cese” se iba transformando la obediencia en mansedumbre. Y la disciplina en vasallaje. Al tiempo que se llevaba al ámbito castrense el famoso principio: “El que se mueva no sale en la foto”. Y con esas medidas, y otras que les andaban a la zaga como los “complementos salariales” y “gratificaciones extraordinarias” se hicieron permeables los escalafones a los vicios de la vida política.

El 24 de agosto del 2006 tuvo lugar otro momento álgido en el proceso de humillar a cuantos militares permanecíamos leales a la memoria de Franco. La retirada, con “alevosía y estivalidad” (aprovechando los permisos de verano) de la estatua ecuestre del Caudillo que se encontraba en la AGM. Sin duda fue un “tanteo” o “combate de reconocimiento” (por utilizar un concepto militar) para saber las posibles consecuencias que podría tener la promulgación de lo que un año después sería la “Ley de la Memoria Histórica” y que a la vista de la inaudita mansedumbre con la que se aceptó el vil acto, envalentonó a sus promotores, dando luz verde para su puesta en marcha, en la seguridad de que no habría reacción alguna. Como así fue en efecto. Siempre se dijo que una imagen vale más que mil palabras y la genial fotocomposición del coronel de artillería Jesús Flores Thies (ya fallecido) es su paradigma más señero. Sobre la foto de la retirada de la estatua del Caudillo, montó la de los componentes de su promoción presenciando un desfile, pero que parecen estar mirando para otro lado mientras se produce la ignominiosa retirada.
Y el penúltimo capítulo de la Transacción lo ha constituido la infame Ley 52/2007 “De la Revancha Histórica” iconoclasta y cainita. Que tras satanizar a Franco y a su Régimen, profanando su memoria, pretende también ahora profanar su sepulcro. Pero que nadie lo dude. De llevarse a cabo la profanación, ese sepulcro vacío servirá para sepultar en él la Corona. Porque “Roma traditoribus non redere”. Precisamente por elevar al Mando un informe reservado, en el que advertía de lo que significaba la Ley 52/2007 y de cuales serían sus consecuencias, fui cesado en el destino y se me impuso una sanción disciplinaria de un mes. Además de ser vetado para ocupar cualquier destino al pasar a la reserva.
Al hilo de la infame “Ley de la Memoria Histórica” es llegado el momento de decir que el PSOE ha sido, es y será, una maldición bíblica para España. Con su sectarismo hizo inviable la Segunda República. Y con su infame ley 52/2007 hará inviable la Transacción. La izquierda (decir española es un oxímoron) en general, y el PSOE en particular, jamás quisieron la reconciliación de los españoles. Y han tratado por todos los medios de impedirla, llevados de un odio satánico y un rencor inextinguible. Si en un principio pudo creerse que estaban dispuestos a la reconciliación, se trataba del vil aforismo que dice “lame la mano que no puedas morder”. Pero en cuanto se han considerado lo suficientemente fuertes para ello, clavan sus ponzoñosos dientes de víbora en la mano que, de forma tan generosa como imprudente, se les tendió. La prueba más evidente lo constituye la nefanda Ley 52/2007 y sus pretendidas ampliaciones.

Por su parte S.M. el Rey, Juan Carlos I desde la muerte de Franco no ha vuelto a pisar el Valle de los Caídos. Su gran obsesión ha sido granjearse la benevolencia de sus enemigos, volviendo la espalda a quienes, por lealtad a Franco, le eran fieles. De ello pueden citarse múltiples evidencias.
Desde los públicos arrumacos a Santiago Carrillo, el genocida de Paracuellos, (al que quiso honrar en la fiesta de su noventa cumpleaños enviando en su representación a Sabino Fernández Campos) -mientras que Zapatero lo obsequiaba retirando con alevosía y nocturnidad la estatua del Caudillo de los Nuevos Ministerios- hasta fotografiarse ante el cuadro del fusilamiento del general Torrijos y sus compañeros. Fusilamiento por cierto ordenado por Fernando VII, su felón tatarabuelo. Pero sin que se le haya pasado por la cabeza, en justa reciprocidad, hacerse otra fotografía similar ante el cuadro que representa los fusilamientos -los asesinatos- de Paracuellos del Jarama. Cuadro ahora escondido, que antes se podía contemplar en el Museo del Ejército. Esta palmaria injusticia, esta inadmisible parcialidad del Monarca, ha dado lugar a que alguien se haya tomado la molestia de denunciarla mediante una fotocomposición en la que se sustituye, tras las Reales Personas y acompañantes, el lienzo del fusilamiento de Torrijos por el de Paracuellos. Algo que resulta más que evidente, no sólo por las idénticas figuras y posiciones de las personas que aparecen en el retrato, sino porque debajo del lienzo de Paracuellos se aprecia claramente el marco del cuadro de Torrijos y sus compañeros de infortunio.
A MODO DE CONCLUSIÓN FINAL; UNA INCÓGNITA
Fuimos mucho los oficiales del ejército -de los tres ejércitos- que durante la “Transacción” tuvimos un conflicto de obediencias y lealtades. Por un lado estaba la obediencia y respeto que habíamos jurado a Franco y a la defensa del Orden Institucional: La nueva Constitución surgida del Referéndum de 1966. Por otro lado debíamos cumplir la última orden que nos había dado el Caudillo en su testamento: “Por el amor que siento por nuestra Patria, os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido”

Pues bien, la “defensa del Orden Institucional” quedaba anulada al aprobarse la Constitución de 1978 mediante una “Ley Para la Reforma Política” de más que dudosa legalidad, como se expone en el trabajo La Transición: ¿Reforma o Ruptura? cuyo enlace ya se ha insertado. Por esa razón fuimos muchos los que no quisimos votar, (o votaron no) a la Constitución de 1978 y a la Ley Para la Reforma Política que la precedió. Porque repugnaba a nuestra conciencia al ser contrario a lo que habíamos jurado solemnemente en diciembre de 1971 besando con unción la Bandera de España. Pero es que además, tras unos primeros años en que se pretendió sepultar en el más ingrato olvido la figura de Franco y su ingente obra, se fue pasando paulatinamente a la más abyecta persecución. Profanando su memoria con todo tipo de infamias, falsedades y calumnias. Auspiciadas por la venganza de las logias, internas y foráneas. Que como los dueños de las “franquicias” a escala global, “ni olvidan ni perdonan”. Con ello quedaba también en papel mojado la otra parte de nuestro juramento: “obedecer y respetar siempre a nuestros jefes y no abandonarlos nunca”. Porque no debe olvidarse que nunca es nunca, ni vivo ni muerto, como preconiza el Credo Legionario. Y que nuestro jefe supremo, en el momento de empeñar el juramento, era Francisco Franco.
Este conflicto de lealtades llegó a su punto álgido al entrar en vigor la Ley 52/2007 sancionada por S.M. el Rey Juan Carlos “con la firma de su real mano” y en la que se proscribe, por ley, la figura de Franco y de su Régimen. Algo ciertamente inaudito que supone el haber cavado -con su propia y real mano- la sepultura de la Corona. Esta nefanda ley -que si no se deroga o se modifica sustancialmente será la tumba de la Monarquía española- fue la causa definitiva de que quienes seguían fieles a su juramento, se consideraran definitivamente fuera del “Sistema”. En efecto, al firmar S.M. el Rey Jun Carlos la infame Ley 52/2007 de La Revancha Histórica, la duda existencial entre seguir leales a la figura de Franco, o el obedecer su última orden de ser leales al Rey, quedaba despejada. Era metafísicamente imposible mantener ambas lealtades. Y ya no quedaba duda alguna de que la conciencia y el honor obligaban a permanecer fieles al juramento empeñado. Volviendo con ello la espalda a quien era reo de perjurio.

Pero es que además, llegados a este punto, se hace preciso decir que en el testamento de Franco se consigna la obediencia y lealtad “al futuro Rey de España” pero no a S.M Juan Carlos I. Algo que no es baladí, y que a la vista de los acontecimientos acaecidos tras la muerte de Franco, cobra especial relevancia. En efecto, la precisión de que la obediencia y lealtad debería ser a S. M. el Rey Juan Carlos, ha sido añadida, sobre el testamento ológrafo, por mano distinta a la de Franco. Es cierto que hay otros añadidos, pero se hace evidente que lo han sido para hacer más legible el texto. No para “interpretarlo”. ¿Por qué el Caudillo no hizo de puño y letra la oportuna precisión? Puede aducirse que no lo consideró necesario por evidente. Pero también pudiera ser que fuera a propio intento. Al comprender, especialmente tras el episodio de la entrega del Sahara a sus espaldas -aprovechando su grave enfermedad que sabía terminal- que el sucesor por el nombrado se dispondría a la destrucción del Régimen. Y ello a pesar de haber jurado solemnemente defenderlo al ser nombrado Sucesor a la Jefatura del Estado a título de Rey. Franco estuvo siempre puntualmente informado. Es algo incuestionable. ¿Pensó tal vez a última hora revocar el nombramiento de Juan Carlos y entronizar a otro Rey? ¿Creyó posible un cambio dinástico? ¿Pensó designar como sucesor a título de Rey, a otro miembro de la Dinastía que estuviera dispuesto a cumplir el juramento de encarnar la Monarquía Tradicional Española? ¿Una Monarquía nueva, instaurada no restaurada, que él había querido para preservar esa España histórica por él resucitada en su triple vocación de ser Una, Grande y Libre? Ciertamente no es posible saberlo y las interpretaciones entran en el terreno de las conjeturas. Lo que sí es cierto es el hecho de que por haber iniciado el camino sin retorno hacia la sepultura, no tenía ya posibilidad de cambiar el destino trazado…. aunque a última hora fuera consciente de la traición que se avecinaba. ¿Fue aquel pensamiento de que a su muerte se malograría la sangre de tantos héroes y mártires, lo que unió a su agonía física el más lacerante dolor moral? No es posible saberlo. Al igual que tampoco saber si el no consignar la identidad del sucesor fue olvido… o la única forma que tuvo a su alcance para evitar una deslealtad que intuyó.

Lo ya dicho; son conjeturas, pero lo que resulta irrefutable, por existir la prueba documental, es que en su testamento Franco no pedía lealtad al Rey Juan Carlos. Esto descarga definitivamente la conciencia de aquellos soldados que, tras haber sancionado S.M el Rey la infame ley 52/2007, aún se debatían entre la lealtad a la memoria de Franco y el cumplimiento de su última orden.
COMO EPÍLOGO, UNA SUGERENCIA
Con el debido respeto me dirijo a S.M el Rey emérito para decirle: Señor, implíquese con decisión en la defensa pública del Valle de los Caídos… y en evitar la profanación de la sepultura de Franco. Si lo hace, tal vez, pueda yo volver a sentir el hondo afecto que experimenté en aquel ya lejano 22 de diciembre de 1973. Pero si le importan un carajo los sentimientos de este soldado, hágalo porque lo demanda su honor. Porque que fue S.M. quien, en justa y acertada decisión, dispuso que se dieran tierra a los restos mortales de Franco en la Basílica del Valle de los Caídos. Que representa la reconciliación de los españoles a la que con tanto empeño dedicó su vida. Y también debe hacerlo, Señor, porque debe a Franco la Corona. Porque sin su personal decisión los Borbones jamás hubieran vuelto al Trono de España…. Y es de ser bien nacidos ser agradecidos.

Piense también Señor que si se permite al nuevo Frente Popular desenterrar hoy el cuerpo embalsamado de Franco, pueden también mañana profanar los restos de sus antepasados que descansan en el Monasterio del Escorial y arrojarlos a un vertedero de Vaciamadrid. Ejemplos de tales ignominias han tenido lugar no pocas veces a lo largo de la historia…. Recuerde Majestad las fotos de los restos momificados expuestos en los atrios de las iglesias. Y no olvide que siempre encontrarán justificaciones similares a las que esgrimen para profanar la sepultura de Franco. Aduciendo que sus antepasados accedieron al trono sin una votación democrática del pueblo español. Que lo hicieron tras una cruenta guerra civil. Y que además, en el caso más reciente de los inhumados, no le corresponde estar enterrado en el Panteón de Reyes del Escorial, por no haber reinado. En definitiva, que la profanación de la sepultura de Franco, puede traer funestas consecuencias. Para España y para su Real Casa.
La pelota está en su “real tejado” Majestad. Y el futuro de la Monarquía también.
Por otro lado la Historia de España nunca podrá olvidar, ni perdonarle, que faltando al juramento demoliera la ingente obra política de Franco. El hombre providencial que tras haber resucitado de sus cenizas -cual ave fénix- la España de los Reyes Católicos, edificó una España Nueva. Grande y Libre…. “Nuestra España gloriosa nuevamente ha de ser la nación poderosa…. y al son de justicia de una nueva era radiante amanece en nuestra Nación” Pero es que además Majestad, tras propiciar la demolición de la ingente obra política de Franco, ha consentido con mansedumbre inaudita que sus enemigos -que lo son también de España y de la Corona- profanen su memoria. Es cierto que la historia de España no podrá perdonarle ni olvidar que ha dilapidado la sangre de tantos héroes y mártires y propiciando que España haya vuelto a la situación que hizo imprescindible la Cruzada. Pero también es cierto que el pueblo español es generoso además de olvidadizo. Y de igual forma que “un minuto de contrición da un alma a la salvación” el noble gesto que supondría la defensa a ultranza y pública de Franco, enfrentándose -siquiera a título personal- con quienes tras haber profanado su memoria con la infame ley 52/2007 pretenden también ahora profanar su sepultura, puede hacer que ese pueblo termine por olvidar sus muchos yerros. Por ello Majestad, debe implicarse sin dilación en la defensa de Franco. Ya está tardando.

Y una reflexión final Señor. Varios oficiales generales del Ejército, con brillantes carreras y meritorias hojas de servicio, han permanecido en silencio mientras España se dirigía inexorablemente al precipicio. Y ello ha sido, no porque desde hace tiempo no fueran conscientes del peligro -sus trayectorias profesionales avalan su capacidad intelectual- sino porque consideraban que guardando la obligada neutralidad política cumplían con su obligación y daban ejemplo de disciplina acatando las órdenes. Sentido de la disciplina que por cierto nos había inculcado Franco: “disciplina que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía, o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del manado”. Pero ahora, una vez finalizada su vinculación administrativa con el Ejército y con ello recuperada su libertad de expresión como ciudadanos, han decidido, a la vista de la dramática situación en que se encuentra España -a las puertas de que asalte el poder un nuevo “Frente Popular” conjunción rojo separatista, ahora como entonces- y que con ello se pueda repetir la dramática historia, romper un silencio tantos años guardado y seguir cumpliendo con el sagrado juramento de defender a España. Ahora con las ideas, en lugar de con las armas.

Siga su ejemplo Majestad. Liberado ya de esa supuesta neutralidad en que se escudaba con la pretensión de querer ser “el Rey de todos los españoles” -y que hace tiempo debió haber comprendido su esterilidad con quienes no quieren serlo- ha llegado el momento de que, al igual que han hecho sus oficiales generales, se posicione de forma firme y pública en la defensa de Franco. Es justo. Y es necesario, tanto para España como para la Corona.
Un Castellano Leal
[1] Por extraño que pueda parecer el príncipe Juan Carlos estaba solo, y así lo refleja el general José Mª de Peñaranda en su obra “Desde el corazón del CESID”.

jueves, 7 de julio de 2022

ESPAÑA es una "democracia" dirigida desde 1978 por el Poder masónico supranacional de EEUU. Relación entre Sucesos provocados, Manipulación de los medios de comunicación y Voto ciudadano

Relación entre Sucesos provocados. 
Manipulación de los medios 
y Voto ciudadano
Santiago Clavijo
25-julio-2019
1. Magnicidio del presidente Carrero 
Constitución de las Nacionalidades (1978)
2. Autogolpe del 23-F 
Mayoria aplastante PSOE-González con Pucherazo (1982)
3. Crimenes de Estado del PSOE
Gobierno masónico de la derecha Aznar-Pujol (1996)
4. Atentado masónico 11-M en Madrid
PSOE-ZP rompe las encuestas a favor de PP-Aznar (2004)
5. Leyes PSOE, inmorales y antiespañolas
Aborto, Ideología de género, Memoria histórica,...
PP-Rajoy gana con apoyo del Poder masónico (2011)
6.  PP-Rajoy con mayoría del 45% votos
mantiene leyes perversas de PSOE-ZP
Pierde votos de católicos y patriotas, gana con 29% (2015)
Rebelión en Cataluña
7. Rajoy traidor, apoya la Rebelión
en Cataluña con la farsa del 155
Regala el gobierno (2018) a PSOE-Sánchez
 al servicio de Bilderberg, el órgano visible 
del Poder masónico supranacional en la sombra

8,  Sánchez fracasa en el Pucherazo 
masónico del 28-A-2019
No consigue el apoyo de Rivera,
al servicio de los masones franceses
FUENTES
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