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viernes, 4 de octubre de 2019

El Vaticano y Galileo hoy. suplico a mis pastores que no vuelvan a cometer el error que cometieron con Galileo

El Vaticano y Galileo hoy
Carlos Esteban 
26-9-19

Si, en asuntos que no admiten pruebas empíricas en el marco de un experimento controlado, nos fiásemos ciegamente del ‘consenso científico’ y considerásemos ‘perverso’ (palabras de Francisco) disentir, quizá aún estaríamos rigiéndonos por el sistema ptolomaico, creyendo la tierra el centro del universo.

Fue el error de la jerarquía eclesiástica de la época, un error que todos los enemigos de la Iglesia recuerdan pero que pocos entienden, el Caso Galileo. Lo habitual es presentarlo a grandes trazos como un conflicto entre la Fe y la Ciencia, así, con mayúsculas. Pero quizá el propio hecho de que sea tan recurrente debería llevar a las mentes más despiertas a plantearse algunas preguntas. Si la Iglesia es contraria a la Ciencia, en general, ¿por qué el ejemplo empleado es siempre el mismo? Debería de haber miles entre los que elegir.

Y no solo no los hay, sino que en esa ocasión fue la Ciencia -es decir, el ‘estamento científico’- el que usó el poder de la época, la Iglesia, para una ‘vendetta’ particular contra quien se oponía al famoso ‘consenso’. Y conviene añadir que Galileo fracasó: el muy devoto hijo de la Iglesia, Galileo Galilei, no consiguió probar sus aseveraciones -correctas unas, falsas otras- sobre un modelo que el sacerdote polaco Copérnico publicaría con el ‘Nihil Obstat’ con solo presentarlo como una hipótesis.

Ah, por cierto: Galileo no murió en la hoguera, sino en un mullido lecho, tras haber recibido los sacramentos, en el ‘palazzo’ de un cardenal amigo suyo. Pero no es esa la cuestión.

Ahora les pido que imaginen esto. Empezaré por lo obvio, por lo que todos sabemos: el poder quiere poder. Si no se le opone un contrapoder, lo quiere todo. Ahora, en nuestra era, existe por primera vez la posibilidad de que ese ‘todo’ sea real, gracias a la globalización y a la tecnología. Basta comparar lo que podía controlar de la vida privada de sus súbditos un tirano de la antigüedad con el intrusismo que permite la tecnología a un líder impecablemente democrático de nuestro siglo. Pienso en todo lo que sabe de usted el gobierno (o las grandes empresas, tanto da) y las mil formas que tiene de controlarle que serían sencillamente impensables en otros siglos.

Vuelvo: imaginen. Imaginen que se les ofrece a los poderosos de este mundo un pretexto creíble para ejercer el poder más allá de sus sueños más locos; una amenaza tan universal que no tenga que considerar las fronteras, y tan catastrófica que justifique cualquier recorte de nuestras libertades, el control más minucioso de nuestra vida privada, incluso un descenso en nuestra calidad de vida. Algo que amenace a todo el planeta, que ponga en peligro la supervivencia de la especie, pero que, de algún modo, se pueda conjurar si nos ponemos completamente en sus manos, que les deje como salvadores de la humanidad y último recurso. ¿Quién podría quejarse de dejar de tener hijos, si está en juego el futuro de la especie? ¿Quién protestará por comer insectos y no volver a probar la carne, o por no poder viajar, o por deshacerse del coche y hacinarse en el transporte público, cuando es el planeta entero el que está en juego?

Imaginen que esta terrible amenaza de que les hablamos es una explicación para cualquier mal que pueda imaginar: machismo, disparidad de género, migraciones masivas, criminalidad, terrorismo… Lo explica todo, se le puede achacar cualquier cosa sin riesgo.

Porque -sigan imaginando- esa amenaza está respaldada por la Ciencia. Es tan alto el prestigio de esa palabra -no sin motivo-, que olvidamos que quienes hacen ciencia están, parafraseando a Shakespeare, alimentados con la misma comida y heridos por las mismas armas, víctimas de las mismas enfermedades y curados por los mismos medios, tienen calor en verano y frío en invierno, como el común. Y, sobre todo, sujetos a las mismas motivaciones que el resto de los mortales: deseos de medrar y prosperar, necesidad de fondos para investigar, miedo a sufrir el ostracismo de sus iguales, vanidad, ambición, temor.

Cualquier investigador hoy sabe perfectamente que nadie va a financiar ni promocionar un estudio que vaya contra la verdad oficial. Es más: sabe que, de hacerlo, se verá tratado como un apestado en su profesión, por sus propios colegas. Porque da igual si se trata del principal financiador de la Ciencia -el Estado y sus filiales- o de las grandes empresas, que tampoco van a arriesgar: todos apoyan el mismo discurso.

Sigan imaginando. Igual que a esta amenaza se le puede achacar cualquier fenómeno indeseable, también es probada por cualquier fenómeno indeseable, sin que importe que se traten de cosas aparentemente contradictorias: que haya huracanes o no los haya, que haga frío o calor, que llueva o no llueva.

Porque esa es otro rasgo esencial de la amenaza de que hablamos: es vaga. Es casi inasible. Sabemos que puede provocar efectos terribles pero, como en el Evangelio, no sabemos el día ni la hora. Uno debe centrarse en la amenaza en general, no en los detalles, sobre los que no existe precisamente el cacareado ‘consenso’. De hecho, cada vez que algunos de los profetas de este nuevo milenarismo ha hecho una profecía concreta y verificable, ha resultado no meramente equivocado, sino ridiculizado por la realidad.

No se han extinguido los osos polares, al revés; no ha desaparecido Barcelona bajo las aguas y el Paso del Noroeste sigue sin estar abierto todo el año; el Polo Norte y el Polo Sur siguen cubiertos de hielo y aún es desaconsejable prescindir del abrigo en invierno. Porque hablamos, como seguramente habrán imaginado, del Cambio Climático, marca registrada, el mayor fraude de nuestro tiempo.

¿Fraude? ¿Soy, acaso, un peligroso ‘negacionista’? No exactamente. De hecho, no sé una palabra de climatología; sé tan poco, casi, como Greta Thunberg, con la diferencia de que a mí no me invitan a hablar en Davos o ante los delegados de las Naciones Unidas.

Pero sí sé cosas, algunas de las cuales he dejado entrever ya. Sé que la ciencia no avanza por ‘consensos’, sino desafiando los consensos; que solo se da por ciencia segura la que puede predecir y se puede replicar. Si digo que todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso de fluido desalojado es porque cualquiera puede comprobarlo en cualquier momento y lugar. Y sé que el presidente de la Academia de Ciencias francesa de su tiempo, una ‘eminencia’, llegó a negarse a mirar por un microscopio porque eso de los gérmenes no podía existir, y punto; era ciencia aceptada.

Sé que hay una posibilidad de que, según el dichoso ‘consenso’, en unos cien años suba la temperatura media del planeta uno o dos grados, algo que ha pasado ya en épocas históricas, y que si hoy podría ser desastroso, difícilmente lo sería tanto como tomar las medidas a las que urge Greta con tan inocente vehemencia, que supondría un brutal empobrecimiento, con hambrunas ciertas.

Porque lo que también sé es que las energías renovables existen fundamentalmente porque se las subvenciona fortísimamente, y que ni de lejos podrían sustituir a los combustibles fósiles, descartada la creación masiva de centrales nucleares (ni se plantea). Es decir, que hacer caso a los catastrofistas supondría provocar una catástrofe segura para evitar una posible.

Y es que -y en esto están también de acuerdo los ‘calentólogos’- nada que no sea una reducción drástica podría revertir el apocalipsis sustancialmente. Es decir, que toda esa ‘acción por el clima’ apenas serviría para retrasar lo peor en unas pocas décadas.

Sé que una verdad científica no necesita esta coacción, esta amenaza, esta propaganda continua, o este recurrir incluso al expediente simbólico de la infancia -¿puede haber expediente más desvergonzadamente sentimental y anticientífico- para corroborar sus tesis. Si se tratase de una amenaza mundial realmente innegable e inminente no estarían los líderes de todo el mundo escuchando a una niña de 16 años.

No abogo por la negación, sino por el escepticismo, por un verdadero espíritu científico y una cabeza fría. Y, en lo que se refiere a la Iglesia de Cristo, suplico a mis pastores que no vuelvan a cometer el error que cometieron con Galileo.
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viernes, 9 de agosto de 2019

Beatificación de ISABEL la Católica en TV-México. Riqueza cultural de la fusión indígena-española. Hispano-América y No América latina. Delitos contra mujeres aparecidos en la prensa española, cometidos por extranjeros

NOELIA de TRASTAMARA
7 junio, 2017 
En esta ocasión voy a dedicar esta entrada 
a una activista patriota, amiga del blog 
y autora de unos trabajos muy recomendables

Conocimos a Noelia de Trastámara por unos vídeos que circularon por las redes sociales y llegaron a televisiones mejicanas y argentinas, incluido el programa El Ágora presentado por Celso Noval, la TLV1 argentina, y al BIIE-Boletín Informativo e Inteligencia Estratégica de Miguel Salinas, en el que también publicó algunos artículos de interés. Los vídeos, la mayor parte de los cuales se pueden encontrar en youtube, llaman la atención por la elocuencia y la contundencia de los argumentos que desgrana Noelia, desde la belleza y la elegancia que la caracterizan. Hay que señalar que Noelia es guapa, muy guapa, y su discurso es políticamente incorrecto a más no poder: patriota, valiente y sincero. La combinación de ambas características resulta explosiva. La fuerza de su imagen transmite el amor a España y a los valores de la tradición con pasión indomable. Es imposible verlos y no sentirse arrebatado por su patriotismo y su compromiso.

Estos vídeos llamaron la atención del mejicano Instituto de Investigaciones Históricas, Políticas, Económicas y Sociales (IDHIPES) que la incorporó a su equipo de investigadores. Sus trabajos en el Instituto son, sin duda, los mejores ofrecidos por esta institución. El primero de ellos se titula: Riqueza cultural de la fusión indígena-española. En la bibliografía citada tiene la gentileza de incluir un artículo mío entre obras de Ricardo de la Cierva, Pio Moa, Yuval Noah Harari, el maestro del Instituto Salvador Borrego, clásicos españoles como Ramiro de Maeztu o Juderias, el filósofo alemán Spengler o el mismísimo José Antonio Primo de Rivera. Todo mi agradecimiento.
Se trata de un trabajo impresionante, de casi 70 páginas, que repasa la historia del descubrimiento y su importancia en el mundo, rebatiendo con energía los infundios de la leyenda negra. Reflexiona sobre el ideario del Imperio español, los debates sobre los justos títulos de conquista, el factor religioso y la importancia de la lengua española, todo desde un profundo amor y respeto por España y por América. Toda una reivindicación de la Hispanidad muy necesaria en nuestros días.

La expresión “Amérique Latine” fue creada hacia 1860, cuando Napoleón III se disponía a invadir México buscando poner de relieve elementos de identidad cultural entre los franceses y los hispanoamericanos. El diputado francés Michel Chevalier, uno de los más cercanos colaboradores de Napoleón III, acuñó entonces esa denominación. La influencia de la izquierda socialista y anarquista hacia fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, tal vez pueda explicar el éxito que tuvo fuera de España la expresión América Latina, muy oportuna para los políticos de la época, puesto que les permitía marcar la diferencia con los Estados Unidos y, al mismo, tiempo, evitar la connotación peninsular del vocablo Hispanoamérica. Sin embargo, aunque el término latino aparentemente se oponga al de anglosajón, en realidad tan solo debilita las raíces culturales de los hispanos, pues estos hablan español, no latín, y alejarlos de sus raíces españolas tan sólo los debilita y les hace perder fuerza cultural ante el predominio anglosajón. El término nació para facilitar el colonialismo francés, pero actualmente sirve al anglosajón y a la cultura mundializadora. Reivindicamos, por tanto, el uso de los términos Hispanoamérica e hispanos para referirnos a los hispanohablantes americanos y a su cultura. Reivindicamos también la Hispanidad como cultura universal perfectamente confrontable a la anglosajona y destacamos la necesidad de promover el uso del español como lengua de ciencia, cultura, arte, negocios, tecnología y transmisión del conocimiento.

Su segundo trabajo, titulado Importancia de España en el desarrollo de la Civilización Occidental abunda sobre el tema del significado de España y la Hispanidad. En este caso el texto alcanza casi el centenar de páginas en las que vemos discurrir la historia de España, el desarrollo de sus mitos, la forja de su personalidad y los grandes hitos de su inabarcable contribución a Europa y a la historia universal. Noelia entra en la polémica del nacimiento de España situándolo en el Reino Visigodo, rebate con mayor maestría aun que en el relato anterior las mentiras de la leyenda negra y deja las tesis separatistas simplemente en ridículo. El amor por España, por su fe y su tradición se perciben en cada línea.

El juicio desfavorable a las capacidades de los españoles que se tiene en muchos sectores, incluso en la propia España, y la minusvaloración que se realiza de sus aportaciones a la Civilización Occidental se basa en un análisis histórico muy deformado por la Leyenda Negra, de fechas muy recientes, de la revolución industrial en adelante. Si la historia de la humanidad fuera la vida de una persona, la revolución industrial hubiese ocurrido hace solo una semana, de modo que este periodo no es significativo y, aun en este, existen notables excepciones a esa pretensión. En España, con su clima benigno que invita a la exuberancia, su “sub-raza mediterránea” menos dotada para la abstracción y su fanatismo religioso liberticida, según sus detractores, surgió la primera civilización de Europa, la de los Tartesos. En España se fundó la primera ciudad de Europa, Gadir (Cádiz), mucho antes que Roma o Atenas. De España provenían los emperadores romanos de una de sus dinastías más exitosas y en España nació su filósofo más destacado (Séneca).

Con su catolicismo irredento, a partir de cierto punto central de su historia, culpable del retraso según los propagandistas protestantes, España es el único territorio del mundo que habiéndose islamizado retornó al orden cristiano. De España partieron las carabelas que descubrieron un nuevo mundo, arrancándole un continente al mar y a la barbarie bajo el signo de la cruz, lo que completó el mapa del mundo, dio paso a la universalización de la historia, creó la Hispanidad como fuerza cultural global, única capaz de rivalizar con la anglosajona en nuestros días, cambió la imago mundi, sirvió de catalizador para la revolución científica y elevó el conocimiento de la humanidad exponencialmente, además de garantizar el predominio de Europa sobre la historia de la humanidad durante los siguientes siglos. El Imperio Español ha sido el más grande conocido por la historia en todo el mundo, en cuyos territorios nunca se ponía el sol. Los debates sobre los justos títulos de justicia son el mayor hito del derecho europeo desde la recepción del derecho romano, y la escuela de Salamanca y la segunda escolástica española, la escuela de filosofía más destacada en occidente durante varios siglos (…).

Coincidimos con Fernando Paz en que podemos cifrar el nacimiento de España como nación histórica o, simplemente, como patria, en la conversión de Recaredo en 589, en el III Concilio de Toledo, cuando abandona la herejía arriana y proclama la catolicidad del reino. En ese momento existe España, con una mixtura étnica y un bagaje cultural y espiritual que la definen hasta nuestros días. Con la reconquista más que un nacimiento, lo que se produce es un renacimiento, después del paréntesis musulmán. Pero para que en 589 naciera España hizo falta un desarrollo feliz que culminara en esa fecha, un largo proceso que se inicia con la llegada a la península de los pueblos celtiberos o, siguiendo a Claudio Sánchez Albornoz y a Ricardo de la Cierva, aun antes, desde que los primeros sapiens arcaicos salieron de África y pintaron bisontes en Altamira.

Igual que decíamos en un trabajo anterior que los hispanoamericanos actuales no podían negar ni a su padre español ni a su madre indígena, el pueblo español presente no puede negar a su padre visigodo ni a su madre hispanorromana, ni esta, a su vez, al padre romano ni a la madre celtíbera, ni ella a sus ancestros fenicios, griegos, cartagineses y, por supuesto, íberos y celtas. Todos estos pueblos con su carga de sabiduría ancestral y sus arquetipos heroicos, que encuentran en el cristianismo su realización definitiva, con su fiero afán de independencia, su espíritu de lucha incansable, su acentuado sentido del honor, su indisciplina que solo se domestica cuando pone sus esfuerzos al servicio de un ideal noble y grande, conforman la patria capaz de forjar un Imperio en cuyos territorios no se ponía el sol, la patria eterna y fecunda que supo ser, en sus mejores horas, el brazo de Dios en el mundo.

Su tercer y último trabajo en el Instituto es un análisis de las elecciones presidenciales francesas recientemente producidas. Aquí no se conforma con citar algunos de mis artículos como en los trabajos anteriores sino que cita también párrafos de mi libro “Crisis y Estafa” (de los capítulos dedicados a la inmigración y a la Unión Europea) e, incluso, alguna entrada de este blog (la titulada Sumisión, sobre la novela de Houellebecq). De nuevo mi agradecimiento. Su visión de la situación política francesa es aguda e incisiva, comenzando por los antecedentes políticos del país vecino, como la revolución francesa o el mito de la resistencia de la Segunda Guerra Mundial y terminando en su detallado análisis de los candidatos, la campaña electoral y los resultados de esos comicios.

Las elecciones presidenciales en Francia de abril y mayo de 2017 son el acontecimiento político más importante de un año cargado de compromisos electorales en Europa. La posibilidad inédita de que una candidata de lo que prensa mayoritaria denomina extrema derecha pudiera convertirse en la presidenta de la República francesa hubiera sido el mayor terremoto político en Europa desde la caída del muro de Berlín (…).

En todo caso, con su éxito en la primera vuelta, pasando como uno de los dos candidatos más votados a la segunda, el Frente Nacional se consolida como el primer partido de Francia (Macron carece de partido consolidado siendo su formación una plataforma política personal improvisada) y queda como el máximo referente para obtener el poder tarde o temprano. Con ello, el vuelco político del continente sería total, con el anunciado fin de la Unión Europea tal y como la conocemos, y con una inversión completa de las políticas de inmigración masiva, islamización, desindustrialización, pérdida de derechos laborales y austeridad mal entendida que se ceba siempre en los más débiles, que se llevan practicando en el viejo continente las últimas décadas. El cambio de paradigma político sería completo. Los cimientos del consenso ideológico europeo se verían sacudidos, lo que tendría inevitable repercusión en todo el continente, en especial en España, madre patria de la Hispanidad y país vecino de Francia, que no podría seguir mirando para otro lado ante el ascenso de las fuerzas patriotas de todo occidente.

En la actualidad Noelia de Trastamara ya no se encuentra vinculada al IDHIPES, pero si sus miembros son inteligentes, harán todo lo posible por volver a contar con ella, pues su potencial y el capital de su aportación son inmensos.
También ha colaborado con la Tribuna de Cartagena con la columna de opinión Una pica en Flandes repleta de grandes artículos, como uno sobre el origen del PSOE que podeis encontrar pinchando en el enlace, y con Mediterraneo Digital con impactantes noticias, así como con el programa radiofónico Aqui la voz de Europa encargandose del Parte de la Invasión, donde la podeis escuchar todos los martes (teneis el primer programa en el que intervino en el enlace). El presentador del programa, Miguel Blasco, tuvo la gentileza de acompañarme en la presentación de mi libro CRISIS Y ESTAFA recientemente (podeis encontrar un audio con las intervenciones que se produjeron aquí).

Desde enero de 2019 Noelia ha estado recopilando los delitos contra mujeres aparecidos en la prensa demostrando que en su inmensa mayoría están cometidos por extranjeros. Su lista, que ya se ha hecho famosa, no deja lugar a dudas y supone un excelente trabajo de investigación y recopilación.

En todo caso le deseo a Noelia la mejor de las suertes, porque será la suerte de todos los patriotas, y confío en seguir disfrutando de su activismo al servicio de la España que amamos en sus vídeos, artículos o futuros proyectos. Su fuerza y su pasión son una inspiración para todos. Muchas gracias Noelia.

lunes, 22 de julio de 2019

Leyendas Negras de la IGLESIA, de Vittorio Messori. LIBRO completo (pdf)


Leyendas Negras de la IGLESIA
Vittorio Messori
2004 (11ª edición)
PREFACIO 
Cuando un muchacho, educado cristianamente por la familia y la comunidad parroquial, a tenor de los asertos apodícticos de algún profesor o algún texto empieza a sentir vergüenza por la historia de su Iglesia, se encuentra objetivamente en el grave peligro de perder la fe. Es una observación lamentable, pero indiscutible; es más, mantiene su validez general incluso fuera del contexto escolástico. Aquí tenemos un problema pastoral de los más punzantes; y sorprende constatar la poca atención que recibe en los ambientes eclesiales. Para salvar nuestra alegría y orgullo de pertenecer al «pequeño rebaño» destinado al Reino de Dios, no sirve la renuncia a profundizar en las cuestiones que se plantean. Es indispensable, por el contrario, la aptitud para examinar todo con tranquila ecuanimidad: en oposición a lo que comúnmente se piensa, la escéptica cultura contemporánea no carece de cuentos, sino de espíritu crítico; por eso el Evangelio se encuentra tan a menudo en posición desfavorable. Tal como he dicho en repetidas ocasiones, el problema más radical a consecuencia de la descristianización no es, en mi opinión, la pérdida de la fe, sino la pérdida de la razón: volver a pensar sin prejuicios ya es un gran paso hacia adelante para descubrir nuevamente a Cristo y el proyecto del Padre. Por otra parte, también es verdad que la iniciativa de salvación de Dios tiene una función sanadora integral: salva al hombre en su totalidad; incluida, por lo tanto, su natural capacidad cognoscitiva. Lα alternativa de la fe no es, en consecuencia, la razón y la libertad de pensamiento, tal como se nos ha repetido obsesivamente en los últimos siglos; sino, al menos en los casos de extrema y desventurada coherencia, el suicidio de la razón y la resignación a lo absurdo. Con respecto a la historia de la Iglesia y a las dificultades pastorales que provoca, conviene recordar la necesidad de un triple análisis. El primero es de carácter esencialmente teológico, tal que puede ser compartido sólo por quien posee «los ojos de la fe». Se trata 4 fundamentalmente de adquirir y llevar al nivel de la conciencia una eclesiología digna de este nombre. Se podrá llegar a comprender en ella que la Iglesia es, como decía san Ambrosio, ex maculatis immaculata: una realidad intrínsecamente santa constituida por hombres todos ellos, en grado y medida diferente, pecadores. Aquí está precisamente su prodigio y su encanto: el Artífice divino, usando la materia pobre y defectuosa que la humanidad le pone a su disposición, consigue modelar en cada época una obra maestra, resplandeciente de verdad absoluta y sobrehumana belleza; verdad y belleza que también son nuestras, de cada uno de nosotros, según la proporción de nuestra efectiva participación en el cuerpo de Cristo. Se muestra así verdadero y agudo teólogo —sea cual sea su especialización académica y su cultura reconocida— no tanto el que se indigna y escandaliza porque hay obispos que, en su opinión, son asnos, como el que se conmueve y entusiasma porque —admítase la irreverencia— hay asnos que son obispos. Bajo este aspecto, el creyente puede acercarse a las vicisitudes y acontecimientos de la historia de la Iglesia con ánimo mucho más emancipado que el que no es creyente: su eclesiología le permite no considerar a priori inaceptable ningún dato que resulte realmente establecido y cierto, por deshonroso que parezca para el nombre cristiano; mientras que el incrédulo se sentirá obligado a rechazar o banalizar todo heroísmo sobrehumano, los valores trascendentes, los milagros que encuentra sobrenaturalmente motivados. Más o menos lo que ocurre en el caso del Santo Sudario, por mencionar un tema que apasiona a Messori. Formalmente, como sabemos, nuestra fe no resulta afectada, cualquiera que sea el modo en que la ciencia decida pronunciarse: incluso podríamos permitimos el lujo de no creer en lo que ella diga. Aceptar la autenticidad de esa sábana, en cambio, es moralmente imposible para quien no reconoce en Jesús de Nazaret el Cristo, hijo del Dios viviente, por lo inexplicable que es el cúmulo de eventos extraordinarios que caracterizan su origen y su conservación. Lα sospecha de prejuicio, ya se ve, cae, en este caso, en el campo de Agramante más que en el de los Paladinos. El segundo tipo de análisis es de índole filosófica, y pueden compartirlo todos los que dispongan de un mínimo de honestidad intelectual. Cuando se habla de culpas históricas de la Iglesia, no hay que desestimar el hecho de que ésta es la única realidad que permanece idéntica en el curso de los siglos, y por tanto acaba siendo también la única llamada para responder de los errores de todos. ¿A quién se le ocurre preguntarse, por ejemplo, cuál fue, en la época del caso Galileo, la posición de las universidades y otros organismos de 5 relevancia social respecto a la hipótesis copernicana? ¿Quién le pide cuentas a la actual magistratura por las ideas y las conductas comunes de los jueces del siglo XVII? O, para ser aún más paradójico, ¿a quién se le ocurre reprochar a las autoridades políticas milanesas (alcalde, prefecto, presidente de la región) los delitos cometidos por los Visconti y los Sforza? Es importante observar que acusar a la Iglesia viva de hoy en día de sucesos, decisiones y acciones de épocas pasadas, es por sí mismo un implícito pero patente reconocimiento de la efectiva estabilidad de la Esposa de Cristo, de su intangible identidad que, al contrario de todas las demás agrupaciones, nunca queda arrollada por la historia; de su ser «casi-persona» y por lo tanto, sólo ella, sujeto perpetuo de responsabilidad. Es un estado de ánimo que —precisamente a través de las actitudes de venganza y la vivacidad de los rencores— revela casi un initium fidei en el misterio eclesial: lo que, posiblemente, provoca la hilaridad de los ángeles en el Cielo. Pero una vez asimiladas estas anotaciones, digamos, de «eclesiología sobrenatural y natural», uno no puede eximirse de analizar con mayor concreción la cuestión: se hace por lo tanto necesario examinar la credibilidad de lo que comúnmente se dice y se escribe sobre la Iglesia. Hay que averiguar la verdad, salvarla de las alteraciones, proclamarla y honrarla, cualquiera que sea la forma en la que se presenta y la fuente de información. Más de una vez santo Tomás de Aquino nos enseña que omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est («cualquier verdad, quienquiera la diga, viene del Espíritu Santo»); y sería suficiente esta cita para observar la envidiable amplitud de espíritu que caracterizaba a los maestros medievales. Recíprocamente, también hay que decir que las falsedades, las manipulaciones y los errores deben ser desenmascarados y condenados, cualquiera que sea la persona que los proponga y cuán amplia sea su difusión. Ahora bien, es necesario que nos demos cuenta de una vez —dice, entre otras cosas, Vittorio Messori en estas páginas— del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo lo que históricamente concierne a la Iglesia. Nos encontramos literalmente sitiados por la malicia y el engaño: los católicos en su mayoría no reparan en ello, o no quieren hacerlo. Si recibo un golpe en la mejilla derecha, la perfección evangélica me propone ofrecer la izquierda. Pero si se atenta contra la verdad, la misma perfección evangélica me obliga a consagrarme para restablecerla: porque allá donde se extingue el respeto a la verdad, empieza a cerrarse para el hombre cualquier camino de salvación. 6 De esta firme convicción, me parece, ha nacido este libro, que esperamos se convierta de inmediato en un instrumento indispensable para la moderna acción pastoral. Algunas veces me imagino que el cuerpo de la cristiandad actual padece, por así decirlo, algún tipo de deficiencia inmunitaria. Lα agresión al Reino de Dios iam praesens in mysterio es fenómeno de todos los tiempos, y de ello el Señor nos ha avisado repetidamente, aunque en las últimas décadas no hemos escuchado mucho sus palabras sobre el tema. En cambio, lo que especialmente caracteriza nuestra época es el principio de que no se debe reaccionar: la retórica del diálogo a toda costa, un malentendido irenismo, una rara especie de masoquismo eclesial parecen inhibir todas las defensas naturales de los cristianos, de manera que la virulencia de los elementos patógenos puede realizar sin obstáculos sus devastaciones. Afortunadamente, el Espíritu Santo nunca deja sin intrínseca protección a la Esposa de Cristo. Permanece siempre activo, estimulando las antitoxinas necesarias bajo diferentes formas y a diferentes niveles. El presente volumen —que recoge gran parte de los apreciados artículos del «Vivaio» de Vittorio Messorì, sección del diario católico nacional— es precisamente uno de estos remedios providenciales para nuestros males: su aparición es una señal de que Dios no ha abandonado a su pueblo. Messorì es, gracias a Dios, autor original y muy personal. Y no es obligatorio compartir singularmente todas sus geniales opiniones, pero no podemos dejar de compartir, todos —y apreciar todos— su valiente servicio a la verdad y su amor por la Iglesia.
Cardenal GIACOMO BIFFI, Arzobispo de Bolonia 

INTRODUCCIÓN 
El presente libro es una recopilación de artículos que he publicado en periódicos italianos. El origen periodístico de los textos se manifiesta en el hecho de que, en cada uno de ellos, el argumento se encuentra claramente encuadrado. Ello propicia que una de sus formas de lectura pueda ser a página abierta. El título que los une, Leyendas negras de la Iglesia, manifiesta la triste realidad de aquella frase evangélica: «¿Creéis que he venido a traer la paz al mundo? Os digo que no, sino la división.» Sin embargo, es necesario recordar el antiguo principio de que el movimiento no se prueba con complejas teorías sino, simplemente, moviéndose. Así también ocurre con el cristianismo: fe en un Dios que se ha tomado tan en serio el tiempo de los hombres que ha participado en él —encarnándose en un lugar, en un tiempo, en un pueblo, con un rostro y un nombre—; la verdad del Evangelio se prueba en la historia concreta. Es Jesús mismo quien lanza el desafío: al árbol se le juzga por sus frutos. Es precisamente la defensa de estos frutos lo que sirve de nexo a los diversos capítulos de este libro. La pasión con que me enfrento al contenido de estos temas convive siempre con la vigilante autoironía de quien sabe bien cómo el creer no es un arrogante, incluso fanático, «según yo». En ninguna página, ni siquiera en las más polémicas, he olvidado el consejo de san Agustín: Interficite errores; homines diligite. Acabad con los errores; amad a los hombres. No todas las ideas ni todas las acciones son respetables. Dignos de todo respeto son, sin embargo, cada uno de los hombres. Las consideraciones que desarrollo en las páginas que siguen unen convicción y disponibilidad a la discusión. Y también se hallan abiertas a la humildad de la obediencia, al sacrificio duro pero convencido del saber callar, en el momento en que así se decida por quien, en la Iglesia, ostenta la legítima autoridad sobre el «depósito de la fe». Gracias a Dios no me encuentro entre aquellos (hoy numerosos) que están convencidos de que a ellos se les ha concedido descubrir en qué consista el «verdadero» cristianismo, la «verdadera» Iglesia. Y que piensan que sólo a partir de los años sesenta del siglo XX un grupo de teólogos académicos habrían 8 descubierto qué quiere decir verdaderamente el Evangelio. Como si, durante tantos siglos, el Espíritu Santo hubiera estado aletargado o, sádicamente, se hubiera divertido inspirando de modo erróneo y abusivo a tantas generaciones de creyentes, entre los cuales una multitud de santos que solamente Dios conoce. En realidad, no somos sino enanos sobre las espaldas de gigantes. Y solamente la conciencia de nuestro extraordinario pasado donde abundó el pecado, sí, pero también la gracia, puede abrirnos el camino del futuro. 
VITTORIO MESSORI 


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lunes, 29 de abril de 2019

“Apología de la Hispanidad” por mons. Gomá en 1934 en Buenos Aires con motivo de la celebración del XXXII Congreso Eucarístico Internacional, para conmemorar el Día de la Raza. Es una encendida defensa de las ideas de Ramiro de Maeztu y de monseñor Zacarías de Vizcarra

“Apología de la Hispanidad”
Monseñor Isidro Gomá
Profesor en Historia, Licenciado en Ciencias de la Educación
Diplomado en Estudios Avanzados, UNED (Argentina)
 10/04/2019
El presente trabajo tiene como objeto analizar la presencia de Monseñor Isidro Gomá y Tomás en Buenos Aires con motivo de la celebración del XXXII Congreso Eucarístico Internacional y su vibrante discurso “Apología de la Hispanidad” en el imponente Teatro Colón el día 12 de octubre de 1934, para conmemorar el Día de la Raza donde el religioso expresa una encendida defensa de las ideas de Ramiro de Maeztu y de Monseñor Zacarías de Vizcarra, al reafirmar que el término de HISPANIDAD es la síntesis de los valores espirituales que junto al catolicismo constituyen el patrimonio de los pueblos hispanoamericanos que unidos a España conforman una empresa común y exclusiva.
La Misa del Congreso
Monseñor Isidro Gomá y Tomás, un dignatario católico en la turbulenta España de los años treinta. Nació en la localidad catalana de La Riba, en la provincia de Tarragona el 19 de agosto de 1869 y falleció en Toledo el 22 de agosto de 1940. Realizó sus estudios eclesiásticos en los Seminarios de Montblanc y Tarragona y después en Valencia. En la Universidad de Tarragona obtiene los doctorados en Filosofía y Derecho Canónico, y en Valencia, el de Teología. Fue ordenado sacerdote en 1895 desempeñando su ministerio en las localidades de Valls y Montbrió luego fue nombrado profesor y rector del Seminario de Tarragona. El Papa Pío XI le preconizó el 20 de junio de 1927 como Obispo de Tarazona y el 12 de abril de 1933 fue nombrado Arzobispo de Toledo y Primado de la iglesia española.
En octubre de 1934 se encuentra en Buenos Aires con motivo de celebrarse el XXXII Congreso Eucarístico Internacional y el día 12 pronunció en el Teatro Colón su célebre discurso conmemorativo de la Fiesta de la Raza, titulado, Apología de la Hispanidad. En el Consistorio del 19 de diciembre de 1935 fue nombrado Cardenal por el Papa Pío XI, con el título de San Pietro in Montorio.

Paralelamente a su misión pastoral Monseñor Gomá desarrolló una extensa labor literaria. También incursiona en el cultivo de la oratoria sagrada en la que se destacó como uno de los conferenciantes más profundos y elocuentes de su época. Su formación intelectual estuvo marcada por los grandes filósofos y teólogos cristianos y la impronta de escritores católicos franceses como Pierre Batiffol, la irradiación de los autores clásicos españoles de espiritualidad y los representantes del pensamiento tradicionalista encabezados por Menéndez Pelayo y Ramiro de Maeztu.

Durante la década del treinta Monseñor Gomá fue un protagonista fundamental de la turbulenta vida política española. Con motivo de la guerra en España defendió al Bando Nacional y justificó teológicamente la guerra civil ,esto no impidió su rechazo a todo intento totalitario de vulnerar los derechos de la Iglesia y la libertad de expresión y la dignidad humana. En 1936 interpretó el sentido de la guerra en El Caso de España y en 1937 fue el principal redactor de la Carta colectiva del Episcopado Español, como consecuencia de los cruentos asesinatos de obispos y sacerdotes en la zona republicana.

Al finalizar la Guerra Civil la principal preocupación del Cardenal Gomá fue reorganizar la Acción Católica junto a otro destacado hispanista Monseñor Vizcarra. A principios de 1940 es nombrado académico de la Lengua y poco después de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas sin que pudiera llegar a tomar posesión .Su salud se deteriora y finalmente fallece en Toledo el 22 de agosto de 1940.
Congreso Eucarístico Internacional, Buenos Aires-1934
Catolicismo e Hispanidad 
El catolicismo argentino en la década de 1930 logra su máximo prestigio en la sociedad, aumenta su poder y pasa a ocupar un lugar de privilegio en la vida política y social.
Se conforma un catolicismo integral con una fuerte unidad entre la Iglesia y el Estado y propone la participación de los católicos en la vida política para delinear una sociedad cristiana y catolizar la vida pública. Se consolidó como un principio organizador de la sociedad civil, penetró en todas las capas de la estructura social propiciando generar una conversión espiritual que sentará las bases de su legitimidad. La crisis de los años treinta encontrará a la Iglesia Católica con una estructura organizativa más consolidada y un creciente arraigo territorial. Junto con ella las Fuerzas Armadas se afianzarán en su rol de guardianes del orden tradicional.

La Iglesia y el Ejército comenzaban a transitar por senderos comunes y afines .La espada y la cruz participaban de una unión sagrada, la cruz era el espíritu y la espada representaba el poder, que estaba al servicio de los valores tradicionales.

La década de 1930 trajo también un significativo crecimiento institucional de la Iglesia Católica. Se multiplicaron las diócesis y se erigieron nuevas parroquias. Se desarrollaron importantes medios de comunicación, la radiofonía contó con la oratoria de Monseñor Napal, la prensa católica estuvo representada por el importante diario El Pueblo y las revistas Criterio, Orden Cristiano y Estudios.

El accionar de los intelectuales de los Cursos de Cultura Católica, la labor de la Acción Católica Argentina, la lucha de los Círculos de Obrero y el aporte de destacados miembros de la Iglesia como Monseñor Copello, el padre Meinvielle, el director de la revista Criterio Monseñor Franceschi y la labor social de Monseñor De Andrea, contribuyeron a la expansión y difusión del ideario católicos.

Los años treinta también se caracterizaron por la irrupción en la vida política del movimiento nacionalista que compartía sus valores con gran parte de los miembros de la Iglesia Católica. La base de sustentación de su ideario era la defensa de las raíces hispánicas y tradicionalistas representadas fundamentalmente por la impronta dejada en suelo argentino de los gestores de la doctrina de Hispanidad, el padre Vizcarra y Ramiro de Maeztu.
Monseñor Zacarías de Vizcarra 
Propuso en Buenos Aires en 1926, el vocablo “Hispanidad”, para sustituir la denominación “Día de la Raza”. El religioso consideraba el vocablo en una doble acepción. Una geográfica como”conjunto de todos los pueblos hispánico” y otra histórica y étnica que denominaba al ”conjunto de todas las cualidades que distinguen a dichos pueblo”, en la primera acepción la “Hispanidad” abarca España y Portugal de cuya acción evangelizadoras surgió una comunidad de naciones americanas configuradas en un mismo sentido social, político y religioso. La “Hispanidad”, en la segunda acepción, era producto del catolicismo.

Ramiro de Maeztu será el principal difusor del ideario hispanista integrado por el discurso católico y patriótico tradicionalista. Durante su presencia en la Argentina en calidad de Embajador de España, Maeztu forjará profundas vinculaciones con sacerdotes y miembros de la intelectualidad católica argentina y gestará los postulados de la doctrina de la Hispanidad que en 1934 plasmará en su libro Defensa de la Hispanidad.

Los valores de la Hispanidad fueron para la Iglesia y para los católicos una fase decisiva de la confesionalización del concepto de nación. La propaganda católica ”argentinidad” e ”hispanidad” se convirtieron en sinónimos, La Argentina católica trató de remitirse, mediante el retorno a la doctrina de la Hispanidad a la tradición de la Colonia. Recristianizar significó, por lo tanto, rehispanizar.La propaganda católica instauró enérgicamente un paralelo entre el octubre de 1492 y el de 1934,fecha del Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires.

Monseñor Zacarías de Vizcarra fue uno de los principales organizadores, en calidad de Prosecretario, del XXXII Congreso Eucarístico Internacional celebrado en la ciudad de Buenos Aires(fue el primero que tuvo lugar en Hispanoamérica, y el segundo en un país hispano, tras el de Madrid en 1911).

El Congreso Eucarístico fue para muchos historiadores del catolicismo argentino el punto de agonía de la Argentina liberal de 1880 y el nacimiento de una Argentina nacionalista y católica. El año1934 fue para muchos la revancha del catolicismo y el despertar de un largo letargo iniciado con la reformas liberales de la generación del ochenta, que postergaron las aspiraciones de construir el proyecto de la ”Nación Católica”.
La lucha por la re-cristianización del Estado comenzaba a ganarse. La ocasión de la celebración del Congreso Eucarístico ofreció la posibilidad de evidenciar que el renacimiento espiritual de la sociedad argentina era posible. El éxito obtenido por la Iglesia en su organización tendrá una enorme influencia en la sociedad.

Monseñor Quarracino, que luego fue Arzobispo de Buenos Aires, señalaba la importancia del Congreso para la Iglesia Argentina sosteniendo que: “La historia de la Iglesia en Argentina se divide en dos etapas, antes y después del Congreso Eucarístico Internacional de 1934. Fue un acontecimiento excepcional y por eso mismo inesperado. (…) La Iglesia se presentó en la calle y ganó su puesto en ella. El respeto humano y esa especie de mentalidad ”sacristanesca” que el liberalismo religioso había creado se agrietaron, el espíritu laicista imperante recibió un golpe que lo resintió para siempre”.

Para muchos cronistas católicos y especialmente para el destacado sacerdote y sociólogo Gerardo Farrell que expresa: “(…) en el Congreso se produce un hecho que trasciende toda explicación racional estrecha; comulgan más de 1.200.000 habitantes entre el 11 y 12 de octubre. El pueblo argentino expresa sus valores cristianos en el campo cultural más próximo y más recóndito de la Iglesia Jerárquica: la Eucaristía”.
Monseñor Isidro Gomá y Tomás
Congreso Eucarístico de 1934
Apología de la Hispanidad
El 9 de octubre de 1934 arribó al Puerto de Buenos Aires, recibido con grandes honores y con la presencia del presidente de la República General Agustín P. Justo, el legado Pontificio, Cardenal Eugenio Pacelli, representante del Papa Pío XI, y futuro Papa Pío XII, quien presidiría el Congreso Eucarístico Internacional, el cual iba a contar también con la presencia de altos dignatario de la Iglesia Católica como el Arzobispo de Toledo y Primado de España, Monseñor Isidro Gomá y Tomás, el Obispo de Madrid-Alcalá Leopoldo Eijo Garay, el Cardenal Juan Vendier, Arzobispo de Paris, el Arzobispo Augusto Hlond, Primado de Polonia, el Arzobispo de Rio de Janerio, Cardenal Leme da Silveira, entre otros no menos importantes. En el mismo barco viajaba también el reconocido sacerdote Don Orione, que intervino como disertante para los participantes de lengua italiana.

El 10 de octubre se celebra la misa de apertura del Congreso presidida por el Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Santiago Copello. En la segunda jornada,110.000 niños recibirán la primera comunión en el altar erigido en el barrio de Palermo, siendo este uno de los actos más sobresalientes del Congreso. Por la noche, tuvo lugar la llamada “noche de los hombres”, donde una multitud superó los cálculos, llenando la Plaza de Mayo y todas las calles adyacentes. Estuvieron presentes todas las asociaciones católicas masculinas. A las doce de la noche comenzó la misa en cuatro altares, durando la distribución de la Eucarístia casi hasta el amanecer. Los cálculos oficiales hablan de cerca de 300.000 hombres.

El día 12 de octubre, Día de la Raza, se recordaron y celebraron los orígenes católicos e hispanos de la Nación Argentina, el día comienza con la celebración de la misa Pontificial a cargo del Obispo de Orihuela (España), Monseñor Irastorza conmemorando la “grande gesta católica en Ibero-América”. Por la tarde, a las 16,comenzará la Segunda Asamblea General, en el colegio el Salvador, donde el Obispo de Madrid-Alcalá, Monseñor Leopoldo Eijo Garay, disertará sobre Cristo Rey en la vida moderna católica.
Un poco más tarde en un fastuoso Teatro Colón vestido de gala y en presencia del presidente de la República Agustín P. Justo y del legado papal, Cardenal Pacelli, pronunciaron vibrantes discursos alusivo a la fecha, el intelectual católico Gustavo Martínez Zuviria y Monseñor Isidro Gomá, Primado de España. Ambos oradores dejaron claro que los orígenes de la nación son hispanos y católicos. Y que , con la palabra Hispanidad, se alude, a la vez, al alma de todos los pueblos hispanoamericanos y a la misma España, así como al lazo que todas ella une en una empresa común y exclusiva.

El discurso principal de la celebración oficial argentina de la Fiesta de la Raza lo plasmó Monseñor Gomá con una pieza de oratoria profunda que se denominó “Apología de la Hispanidad”, que significó la consolidación de la doctrina de la Hispanidad, donde el religioso reafirma los postulados que Monseñor Vizcarra y Maeztu venían defendiendo desde una perspectiva católica. El dignatario español se convertía en el máximo apologeta del ideario hispanista.

Su discurso muy extenso pero muy didáctico y elocuente quiere expresar: ”América es la obra de España. Esta obra de España lo es esencialmente del catolicismo. Luego hay relación de igualdad entre hispanidad y catolicismo, y es locura todo intento de hispanización que los repudie”. ”América es obra de España por derechos de invención. Colón, sin España, es genio sin alas. Sólo España puede incubar y dar vida al pensamiento del gran navegante…la obra de España en América es más que una epopeya: es una creación inmensa
“La Raza, la Hispanidad, es algo espiritual que trasciende sobre las diferencias biológicas y psicológicas y los conceptos de Nación y Patria. Si la noción de Catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera el Catolicismo, diríamos que la Hispanidad importa cierta Catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas. Es algo espiritual, de orden divino y humano a la vez, porque comprende el factor religioso, el Catolicismo en nuestro caso, por el que entroncamos con el Catolicismo ”católico”, si así puede decirse, y los otros factores meramente humanos, la tradición, la cultura, el temperamento colectivo, la Historia, calificados y matizados por el elemento religioso como factor principal; de donde resulte una civilización específica, con un origen, una forma histórica y unas tendencias que la clasifican dentro de la Historia Universal.

“Entendida así la Hispanidad, diríamos que es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la Hispanidad. Es el temperamento español, no el temperamento fisiológico, sino el moral e histórico, que se ha transfundido a otras razas y otras naciones y a otras tierras y las ha marcado con el sello del alma española, de la vida de la acción española. Es el genio de España que ha incubado el genio de otras razas y tierras, y, sin desnaturalizarlo, lo ha elevado y depurado y lo ha hecho semejante (…) así hay una relación de igualdad entre Catolicismo e Hispanidad; sólo que Hispanidad dice Catolicismo matizado por la historia que ha fundido en el mismo troquel y ha atado análogos destinos a España y las Naciones americana”.

Monseñor Gomá desplegó en su monumental pieza de oratoria los conceptos fundacionales del ideario hispánico tradicionalista: providencialismo, identificación de España con el catolicismo como nexo universal de la cultura latina occidental; afirmación de la superioridad de la cultura y la colonización hispánica sobre la anglosajona; revalorización del espíritu español de América, y la unidad cultural.
La consolidación del pensamiento hispanista de Monseñor Gomá, reflejado en el Congreso Eucarístico Internacional en su apoteótica Apología de la Hispanidad, será tomado por Ramiro de Maeztu, quien publicará el texto completo en la revista Acción Española y lo integrará como apéndice en su obra Defensa de la Hispanidad.

Finalmente el 14 de octubre, más de un millón de personas se reunieron en la jornada de cierre del Congreso que comenzó con la celebración de la misa Pontificial encabezada por el Cardenal Pacelli. Por la tarde, se realizó la multitudinaria procesión de clausura del Congreso.
El día 15 partieron los altos dignatarios católicos. Después, Buenos Aires volvió a su vida habitual. La vida urbana se reanudó. Pero el recuerdo de esos días de espiritualidad e hispanidad quedarán impreso en las mentes y los corazones de los argentinos por mucho tiempo.
Para La Razón Histórica
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sábado, 16 de marzo de 2019

Por qué España no es una democracia. El Valle de los Caídos conmemora la victoria sobre el comunismo y el separatismo. Su defensa obliga a la Iglesia salvada del exterminio por Franco; a la Monarquía reinstaurada y a los demócratas

Por qué el actual régimen de España 
no es una democracia
4 marzo, 2019
*El Valle de los Caídos conmemora la victoria sobre el comunismo y el separatismo, la reconciliación de los españoles sobre la derrota de ambos. Es decir, conmemora la victoria de España y de la civilización sobre sus enemigos internos y externos.
*El Valle de los Caídos es el monumento más impresionante y artísticamente logrado del siglo XX en cualquier lugar del mundo. “Una maravilla”, admitía ¡el mismo Preston! Es lógico que el nuevo Frente Popular quiera destruirlo o desvirtuarlo, demostrando una tradición de bestialidad: ya en la república y la guerra destruyó o robó infinidad de obras de arte, bibliotecas, iglesias y monasterios que hablaban de nuestra historia. 
* El Valle de los Caídos fue obra de Franco. Las asechanzas del Doctor y sus tiorras para profanar sus restos definen la brutalidad y canallería del nuevo Frente Popular, alianza de totalitarios y separatistas, como siempre. Alianza de los enemigos del pueblo español. De España.
*La defensa del Valle de los Caídos obliga a la Iglesia, salvada del exterminio por Franco; a la monarquía, traída de vuelta por él; a los demócratas, pues sin la obra de Franco no habría sido posible una democracia estable. Y al pueblo en general, a cuantos se sientan y quieran seguir sintiéndose españoles.

-Usted se queja de vez en cuando de sufrir un boicot casi universal.
-Vamos a ver, no me quejo, expongo un hecho. Ya ni me acuerdo de los medios de prensa, radio y televisión en los que me han vetado, desde los curas a la extrema izquierda. Y los de derecha han sido especialmente eficaces: ni siquiera me atacan, hacen como si mis libros o yo mismo no existiéramos. Y en la universidad estoy proscrito, hasta el extremo de que algunos prohíben a los estudiantes citar mis libros, o les rebajan la nota si lo hacen. No es difícil entender por qué.

-Pues muchos no lo entienden, y otros dicen que es que usted no es un verdadero historiador.
-A ver si se lo hago entender. La universidad es repugnante, me refiero a las humanidades. Está en manos de camarillas muy mediocres y agresivas de golfos izquierdistas, que someten a otros de derechas faltos de valor moral. En política pasa exactamente lo mismo: la izquierda y los separatistas marcan la línea “democrática”, y el PP la sigue o la ha seguido hasta ahora. Y los medios están dominados por ellos. No es que vivan en la mentira, es que viven de la mentira. La historiografía, en general, tiene un nivel tan bajo que raya en la mera estupidez. Fíjese, por ejemplo, en la cuestión de la Reconquista. Que digan que no soy historiador unos historiadores tan nulos ya indica su nivel. Y su miedo.

¿Pretende en serio que le tienen miedo?
-Por supuesto. Ellos saben mejor que nadie que lo que cuentan es falso y temen por sus puestos y carreras, de ahí que hagan frente común para silenciar mis libros. Y otros, claro, pero especialmente los míos, porque les hacen más daño. A la larga no les valdrá. También hay que decir que yo he colaborado un tanto en ese boicot, pues de algún modo andar de acá para allá en los circuitos de los medios, tertulias y falsos debates me molestaba, porque era participar en unos ambientes que desprecio. Lo hacía más por un sentimiento del deber, para llegar a más gente, pero me he dado cuenta de que el fruto era demasiado escaso para el fastidio que me producía. 

-No me diga que se siente a gusto estando aislado.
-No es que me sienta a gusto, pero tampoco a disgusto. Mientras pueda escribir, tenga mi blog y algún espacio particular como en el programa de Luis del Pino o “Una hora con la Historia”, me son indiferentes esos vetos y esos silencios. Lo que ocurre es que la cosa va a más. Fíjese en su ley de memoria histórica, que pretenden agravar ahora y por la que podrían meterme en la cárcel o multarme hasta dejarme en la indigencia. Eso ya cambia las cosas. Y demuestra también la escasísima cultura democrática en España, pues no ha suscitado la respuesta que merecía. En España predominan dos tipos de políticos: los golfos y los cantamañanas. Por eso pueden utilizar las Cortes para imponer leyes totalitarias.

-Creo que nadie acepta su versión de que España no sea una democracia.
-Insisto en que un régimen con leyes como las de memoria histórica o de género, o que acepta el asesinato como un modo de hacer política, o que intenta demoler los testimonios de la historia, no es una democracia, o es una democracia fallida. ¿Usted cree que esto le preocupa a alguien? A casi nadie, es cierto. Todo el comentario y el debate “democrático” gira en torno a las pequeñas maniobras y chanchullos de ocasión de los políticos. Es puro chismorreo en un ochenta por ciento o más. ¿Qué puedo hacer yo contra eso? Pues muy poco. Ahora, ese poco procuro hacerlo.

-En eso de que España no es una democracia coincide usted con los separatistas.
-“Democracia” en España es una palabra mágica que cada cual utiliza a su modo, puro ilusionismo. Torra dice que España no es una democracia porque no le dejan disgregar y aniquilar la nación como él desearía… aunque le han dejado hacer y le han financiado todas las maniobras ilegales que conducían a la situación actual. Y el rey le ha replicado que diversas instituciones internacionales reconocían a España como una democracia plena. A falta de pensamiento y sentimiento democrático, se recurre a “instituciones internacionales”, que generalmente saben poco o nada de España y su historia, como le reprochaba Ortega a Einstein. Repito: un régimen con leyes como las de memoria histórica o de género, que rescata a la ETA y la convierte en potencia política, que intenta ultrajar los restos del hombre que, precisamente, hizo posible la democracia derrotando a totalitarios y separatistas, ese régimen no es un democracia. Es una tiranía que se va imponiendo precisamente por la casi ausencia de demócratas. Dicen que la república falló por falta de republicanos, y vamos camino de algo parecido.
*Para la actual chusma política, ser demócrata consiste en atacar a Franco, que ya no existe, y a España, que sí existe.
*Dice Maroto, orgullosamente, que en las juventudes del PP hay más “gays” que en ninguna parte. Como diría la ministra, “es que el PP está lleno de maricones y nenazas”.
*Entiendo que la homosexualidad pertenece a la intimidad del individuo y que los homosexuales deben ser respetados como personas. Pero agradecería que no exhibiesen tanto su peculiaridad pretendiendo hacernos creer que es un motivo de orgullo.

La plataforma por la memoria de Franco puede funcionar como asociación informal de miles de personas que promuevan en las redes y otros medios el conocimiento real de lo que fue el franquismo y la calaña de los inventores de la leyenda negra antifranquista. 

Por mi parte mantengo Una hora con la Historia y he escrito Los mitos del franquismo,que provee de un amplio arsenal de datos y argumentos, que deberían ser muy ampliamente divulgados; y en este blog expondré en frases breves algunos de ellos, que invito a difundir por todos los medios. 

¿Por qué hay que defender la memoria de Franco? En primer lugar porque el pueblo decidió muy mayoritariamente la democracia DESDE y no CONTRA el franquismo, decisión sabia porque, como comprobamos a diario, el antifranquismo es el mayor corrosivo no solo de las libertades de los españoles sino de la propia España.
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martes, 5 de marzo de 2019

Plataforma por la memoria de Francisco FRANCO, caudillo católico que salvó ESPAÑA de la Masonería y el Comunism

Plataforma por la memoria de Franco
25 febrero, 2019
P. Su evolución política es de lo más curiosa: de participar en la lucha contra el franquismo en grupos comunistas y terroristas, a defender a Franco más que nadie. Es casi el único que se atreve a defenderlo pública y abiertamente.
Siempre digo que aquí casi todo el mundo ha cambiado mucho, sin explicar casi nunca por qué. Yo lo he explicado. En artículos, en De un tiempo y de un país, más recientemente en Adiós a un tiempo. Todo el mundo tiene derecho a cambiar, pero una persona pública debe explicar las razones de sus cambios. ¿Por qué casi nadie lo hace? La mayoría prefiere “olvidar” y muchos falsifican sus propias biografías.

P. En todo caso, su cambio resulta más radical que otros.
Cuando era joven, el régimen franquista se había quedado sin discurso más allá de los éxitos económicos y remembranzas ya puramente rituales de la guerra, que no decían nada a casi nadie. La Iglesia estaba en crisis y sus ritos y palabras nos sonaban a cháchara triste, pesada e hipócrita. Estoy hablando de los jóvenes universitarios. Es decir, de los jóvenes inquietos, que éramos una pequeña minoría dentro de los universitarios, la mayoría nunca tiene muchas inquietudes más allá de las profesionales. Por entonces, en toda Europa, en las universidades, se vivía un renacimiento del marxismo complicado con el freudismo, el pacifismo, las drogas, en fin… Aquí los comunistas, primero del PCE y luego de los grupos maoístas, se llevaban el gato al agua, porque exponían una visión general coherente y sabían orquestar protestas. Yo creo que la protesta, en todas partes, se dirigía contra una forma de vida gris, centrada en el dinero, la productividad, esas cosas que se habían impuesto como valores supremos después de la II Guerra Mundial… Aunque parezca un contrasentido, las doctrinas materialistas y de liberación sexual, más bien promiscuidad, venían a dar una salida más espiritual. En España estaba además la cuestión de la guerra civil, y en la universidad los historiadores marxistas o marxistoides ya marcaban la línea, porque los contrarios lo hacían muy mal. Los universitarios inquietos éramos en gran mayoría marxistas o marxistoides. Claro que había en todo ello una gran insinceridad. Muchos políticos posteriores, incluso en la derecha, salieron de aquel ambiente, y en el fondo ya pensaban en hacer carrera, veían que el régimen no podía durar mucho y trataban de ganar posiciones para el futuro. Contaban los mayores horrores del franquismo pero eran unos hipócritas, estaban dispuestos a cualquier cambalache, con él o con los “burgueses” en general. Los consecuentes éramos una minoría dentro de esa minoría. Tuve la suerte de que me echaran de aquello, de otro modo podría estar bajo tierra, como varios camaradas de entonces.

P. Usted admite, por tanto, que el franquismo estaba acabado, y sin embargo lo defiende hoy. Eso es más difícil de entender.
A mí, salir del marxismo me obligó a replantearme muchas cosas, lo que me costó tiempo y esfuerzos. Siempre me fue difícil seguir la corriente, cualquier corriente, será cuestión de carácter. ¿En qué sentido defiendo al franquismo? Defiendo su memoria, la memoria de Franco en primer lugar. Franco venció a todos sus enemigos políticos y militares, internos y externos, y sus victorias fueron victorias para España. Defiendo que el franquismo derrotó a un Frente Popular nefasto, supo evitar al país las atrocidades de la guerra mundial, derrotó un aislamiento internacional delictivo, reconcilió a la inmensa mayoría de los españoles y presidió la época de auge económico mayor y más equilibrado que haya tenido España antes o después. La paz de España es una de las más largas de Europa, y lo mismo la esperanza de vida al nacer, y a su régimen se las debemos. Cada uno de estos logros, por no citar otros menores, ya convierte a Franco en un estadista español incomparable en todo el siglo XX; todos juntos, hacen de él el mejor gobernante, probablemente desde Felipe II, como he oído decir a algún historiador que nunca habría osado admitirlo en público. Su régimen fue cualquier cosa menos totalitario o tiránico. Sí fue autoritario, porque era indispensable para superar una crisis histórica de enorme alcance destructivo y luego afrontar la hostilidad de unos países del entorno sin la menor autoridad moral para acusar al franquismo de nada. ¿Qué le parece? ¿Alguien puede negar estos hechos? Pero muchos les niegan todo valor. ¿Quiénes? los mismos que quieren disgregar la nación o reducirla a la nada en la UE, los amigos de quienes invaden nuestro territorio por Gibraltar, también amigos y rescatadores de la ETA, los que han llenado al país de corrupción e impuesto leyes tiránicas y falsarias… Esto es una locura, pero la sufrimos cada día. Alguien tiene que oponerse a la corriente y defender la verdad, aunque se vea aislado.

P. Oyéndole, se diría que fue un régimen perfecto.
Fue lo más perfecto que podía ser en aquellas circunstancias. Por supuesto, se cometieron en él injusticias, abusos, incluso crímenes, eso ocurre con cualquier obra humana, pero hablamos del balance general. Y cometió el grave error de identificarse excesivamente con el catolicismo, con la Iglesia, que al final le dio la gran patada. Este es un fallo causado por versiones históricas falsas, o más propiamente parciales, como las del primer Menéndez Pelayo. Es indudable que España no puede ser anticatólica, hay experiencias de a qué ha conducido eso; pero tampoco puede identificarse con el catolicismo. España es una construcción política, histórica, particular, mientras que el catolicismo es universalista, y además no es una doctrina política, sino que puede amoldarse a regímenes bastante diversos.

P. En todo caso, una protesta aislada y testimonial como la suya sirve de poco.
Eso nunca se sabe. También es verdad que están cambiando los vientos de la política. De todas formas es cierto, mucha gente está harta de esta farsa permanente, pero carece de fuerza o de coraje para oponerse a ella. Y algunos han defendido la verdad histórica desde hace mucho, aunque han solido dejar en manos de los antifranquistas la bandera de la democracia, lo que es un enorme error. Mis enfoques son distintos, con un análisis del pasado algo diferentes, aunque coincidentes en aspectos esenciales. Y creo que esto irá a más. Por eso propongo ahora crear unaPlataforma por la memoria de Franco. Digo por la memoria, porque aquel régimen no puede volver, pero es preciso construir sobre su legado , un legado magnífico, y no contra él. Sobre el legado del Frente Popular no puede construirse más que disgregación y odios, es el legado de la mentira, la tiranía y el crimen. Mi libro Los mitos del franquismo contiene un buen arsenal de datos y argumentos, y esa plataforma podría utilizarlo para curar a millones de españoles de la enfermedad del antifranquismo. Porque es una enfermedad grave, un verdadero cáncer que amenaza la subsistencia de la nación y la democracia. 
El inmenso y desvergonzado fraude de las “fosas del franquismo” nos obligan a pagarlo a todos. Es una mentira “norcoreana”, que no debiera existir en una democracia. “Una hora con la Historia”, dedicado a combatir la “memoria antihistórica” no está subvencionada. Depende del apoyo voluntario de sus oyentes: escúchelo y difúndalo. 
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sábado, 16 de febrero de 2019

Pío MOA: La herencia del FRANQUISMO fue excelente: un país próspero, reconciliado y curado de los odios de la guerra civil. Conclusiones sobre la ley socialista de Memoria Histórica

La herencia del franquismo fue excelente 
Un país próspero, reconciliado y curado de los odios
Pío Moa 
10-enero-2019
Franco derrotó durante cuarenta años a todos sus enemigos militares y políticos, que casualmente eran también enemigos de España o indiferentes. No tuvo oposición liberal o democrática porque la frivolidad de muchos liberales había contribuido al maremágnum de la república y al frente popular. Su prestigio y apoyo social era tan enorme que nadie creía seriamente en la posibilidad de derrocarlo, pese a que, según un dogma habitual una dictadura solo podía acabarse derribándola por la violencia.

La herencia del franquismo fue excelente: un país próspero, reconciliado y curado de los odios que habían destrozado a la república, con grados notables de libertad personal y política, y donde las fuerzas totalitarias y separatistas salidas del “Desastre del 98″ eran muy débiles. Por otra parte, como casi nadie ha querido señalar, el Vaticano II había hecho imposible la continuidad del franquismo, y las fuerzas que lo habían apuntalado (Falange, carlismo, monarquismo y catolicismo político) se estaban disgregando unas de otras y también internamente cada una.

Aquella herencia, en particular la reconciliación nacional –lograda ya en los años 40, como comprobó el maquis a su costa– permitió el paso a la democracia “de la ley a la ley”, esto es, desde el franquismo y no contra él. Las fuerzas contrarias, nostálgicas de la república e, incoherentemente, del Frente Popular, demostraron su gran debilidad en un fallido intento de huelga general y luego en el referéndum de diciembre de 1976. Cabe decir que la inmensa mayoría de la población votó entonces una democracia franquista, basada en el respeto a lo que España había logrado con el régimen anterior. Una democracia, además, no debida a la intervención militar useña e indirectamente a Stalin, como las del resto de Europa occidental. Una democracia libre de esas ingentes cargas morales y políticas, salida de la propia evolución interna del país una vez superados los problemas que causaron la guerra civil.

Sin embargo, los políticos procedentes de un franquismo ya sin fuerza ideológica, transformaron la decisión popular en otra cosa. Con visión de circunstancias, sin apoyo en la experiencia histórica ni perspectiva a largo plazo, quisieron montar una “democracia de amigotes”. Fomentaron al PSOE para debilitar al PCE y a los separatistas “moderados” para frenar a los terroristas, y los cargaron de legitimidad democrática. Claro que parecía razonable esperar que esos partidos hubieran aprendido de la historia y aceptasen una democracia respetuosa con el país y sin extremismos, pero no era así: su moderación momentánea solo reflejaba su debilidad. Y los primeros en querer olvidar la historia eran los procedentes del franquismo, así que nadie aprendía del pasado, de lo que había significado la guerra civil y la etapa posterior.

Por tanto la reconciliación nacional y popular fue sustituida por la reconciliación de los políticos sobre una base falsa: el antifranquismo, activo en los exrupturistas y pasivo en los exfranquistas. El resultado fue el régimen del 78, con una Constitución ambigua y defectuosa, negociada malamente y que abría paso al resurgimiento de las fuerzas causantes de la guerra. El proceso de descomposición fue largo, hasta que Zapatero impuso por fin, en 2004, la ruptura fallida en el 76. Desde entonces vivimos en un régimen nuevo, que podría llamarse zapaterista, liquidador de lo que el del 78 conservaba de demócrata.

Alguien me ha preguntado en qué se habría materializado una democracia franquista en el 76. ¿Sería una democracia sin los partidos socialistas, comunistas y separatistas? Evidentemente habría que legalizarlos. Pero desde el primer momento debería habérseles parado los pies en su falsificación de la historia, de la que tantos réditos políticos han sacado. Habría que haberles recordado que ellos nunca habían sido demócratas, que la democracia venía directamente del franquismo, el cual había creado las condiciones necesarias para ella; que la república no podía invocarse como un régimen deseable, pues fue desastroso desde el principio, y destruido finalmente por el Frente Popular. En dos palabras, la legalización debería haberse acompañado de una firme lucha ideológica que les pusiera ante la disyuntiva de moderarse de manera real o de marginarse ante la opinión pública. En rigor, dichos partidos tendrían que renunciar a sus antecedentes frentepopulistas.

La lucha fue imposible entonces. Algunos políticos franquistas creían utópicamente en la continuidad del régimen anterior; y los demás, mayoría, estaban vacíos intelectual e ideológicamente, por gentileza del Vaticano II principalmente.

Y hoy, después de una larga experiencia que ha llevado al país al golpe de estado permanente y a la satelización, con peligro de disolución nacional, la necesaria vuelta al régimen esbozado en el 76 empieza a hacerse también posible. 
Nació en 1948, en Vigo. Participó en la oposición antifranquista dentro del PCE y el PCE(r)-Grapo. En 1977 fue expulsado de este último partido e inició un proceso de reflexión y crítica del marxismo. Ha escrito De un tiempo y de un país, sobre su experiencia como "revolucionario profesional" comunista.
En 1999 publicó "Los orígenes de la guerra civil", que junto con "Los personajes de la República vistos por ellos mismos" y "El derrumbe de la República y la guerra civil" conforman una trilogía que ha cambiado radicalmente las perspectivas sobre el primer tercio del siglo XX español. Continuó su labor con "Los mitos de la guerra civil", "Una historia chocante" (sobre los nacionalismos periféricos), "Años de hierro" (sobre la época de 1939 a 1945), "Viaje por la Vía de la Plata", "Franco para antifranquistas", "La quiebra de la historia progresista" y otros títulos. En la actualidad colabora en Libertad Digital, El Economista, El Correo de Madrid, El Muro del Pueblo Español, Radio Ya y Época
Ley Memoria Histórica (LMH)
Diario YA
  1. La LMH distorsiona hasta lo inverosímil la realidad histórica con un enfoque propagandístico de tintes marxistas. Así, el Frente Popular habría defendido la democracia, cuando todos los partidos agrupados en o en torno a él fueran golpistas, totalitarios o racistas. La democracia no jugó ningún papel en aquella lucha de los defensores de la unidad nacional de España y la cultura cristiana contra quienes atacaban ambas en nombre de una revolución supuestamente emancipadora y del separatismo. Esto es una evidencia histórica imposible de borrar. En cuanto al marxismo, debe recordarse, ha sido la doctrina comprobadamente más liberticida y sanguinaria del siglo XX, en competencia si acaso con el nacionalsocialismo. Lo cual no le impide conservar un influjo intelectual no desdeñable en algunos países y en partidos como el máximo promotor de la ley de memoria histórica. Para el marxismo, la verdad debe supeditarse al “interés de clase”, presuntamente a favor de los trabajadores, por más que siempre haya reducido a estos, en la práctica, a una condición mísera. 
  2. La LMH pervierte radicalmente el sentido de la justicia. Equipara como víctimas del franquismo a los numerosos criminales, chekistas, etc. -- abandonados por sus jefes y fusilados en la guerra y posguerra--, con los inocentes que inevitablemente caían en las tensiones emocionales de la época. Por ello no es exagerado hablar de una ley pro chekista. En coherencia con tal aberración, esa ley incluye a los terroristas muertos a consecuencia de sus actos a partir de 1968, el año en que la ETA comenzó a asesinar. Y olvida las numerosas muertes causados por persecuciones, torturas y asesinatos sectarios entre las propias izquierdas. Por supuesto, también deja de lado a las decenas de miles de víctimas de izquierdas y separatismos, así como al auténtico genocidio contra la Iglesia y la cultura cristiana. 
  3. La LMH supone un ataque frontal a la democracia, pues pretende sentar desde el poder una versión determinada de la historia, algo propio de los regímenes totalitarios y que no ocurrió en el franquismo. Como es propio también, contiene una seria amenaza, con pretextos espurios, a la libertad de investigación e interpretación de la historia. No extrañará que, con el espíritu y la técnica del Gran Hermano totalitario retratado por Orwell, haya dado lugar a campañas para borrar los restos monumentales o de otro tipo de los cuarenta años del régimen de Franco. El caso más sangrante, aunque no el único ni mucho menos, ha sido el ataque al Valle de los Caídos, con acompañamiento de asombrosas falsedades sobre decenas de miles de presos “políticos” trabajando en régimen de “esclavitud”, etc. Tan groseras desvirtuaciones de la realidad indican por sí solas el carácter incivil y antidemocrático de estos ataques al patrimonio histórico-artístico del país. 
  4. Los promotores de la LMH han sido partidos de izquierda y separatistas que se identifican ideológicamente con los perdedores de la guerra. El contenido esencial de la ley, mal disimulado con retórica sentimental pero sin contenido, es deslegitimar el franquismo. Y, por tanto, lo que procede de él, tal como la actual democracia y la monarquía. Pretende imponer la ruptura que no consiguió en la transición. Está claramente inspirada por un espíritu revanchista que intenta reabrir heridas hace mucho tiempo cerradas para la mayoría de los españoles, y por ello ataca la convivencia en paz, generando odios como los que acabaron hundiendo a la II República. Y ahora, como en los años 30, los políticos, por frivolidad o por sectarismo, no parecen ser conscientes del alcance de sus actos ni sentirse responsables de sus consecuencias. 
  5. Es muy alarmante el hecho de que las Cortes hayan aprobado una ley radicalmente injusta. Que unos diputados elegidos democráticamente (aunque representan más a las cúpulas de los partidos que a sus votantes) hayan cometido tal acción, demuestra la fragilidad de nuestras instituciones, la posibilidad de que unos políticos, amparados en una legitimidad formal, dicten leyes contrarias al propio sentido de la democracia y de las libertades, invadiendo terrenos que no les corresponden. 
  6. Por todo ello, la LMH constituye un gravísimo error, perjudicial para la convivencia en libertad y alimentador de otros errores, como la “muerte de Montesquieu”, el terrorismo o la connivencia con él, los separatismos o la corrupción, ante todo la intelectual. Por tanto, la imprescindible regeneración democrática exige la derogación de esa ley en el plazo más corto posible.

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