Píldoras Anti-Masonería

El blog CLAVIJO defiende los valores

de la Iglesia Católica y de España

amenazados por el proyecto masónico-luciferino

"Nuevo Orden Mundial"


e-mail: ClavijoEspana@gmail.com



martes, 14 de febrero de 2012

Católicos y protestantes contra Obama (258)

Pentecostales, Evangélicos y Baptistas: 
 millones de cristianos pro-vida se niegan 
a financiar abortos y aniconceptivos
(publicado en "Religión en Libertad" el 2 2.2012)

Cuarenta asociaciones religiosas norteamericanas, protestantes casi todas pero también algunas judías, han firmado una carta conjunta al presidente norteamericano, Barack Obama, con un mensaje que repiten enfáticamente: "no son sólo los católicos los que ponen objeciones a la exigencia de que los planes de salud cubran anticonceptivos que incluyen algunos abortifacientes".
"Le escribimos específicamente como organizaciones y líderes que no forman parte de la comunidad católica. No escribimos en oposición a los líderes y organizaciones católicas; más bien, escribimos en solidaridad con ellos, pero de forma separada, para recalcar que las organizaciones y líderes religiosos de otras fes también estamos profundamente preocupados y opuestos a la normativa y las estrechas exenciones", se lee en la carta.
Baptistas, evangélicos y pentecostales
Entre las entidades más importantes que firman la protesta están tres grupos que suman muchos millones de cristianos pro-vida y pro-familia: Asambleas de Dios (pentecostales), laAsociación Nacional de Evangélicos y la Convención Baptista del Sur. Además firman también la potente asociación interdenominacional y pro-familia Focus on the Family, la Asociación Evangélica Hispana, la Iglesia Wesleyana (y sus universidades), Evangelicals for Social Action, gran cantidad de universidades baptistas, evangélicas, menonitas y protestantes en general y diversos apostolados sociales protestantes. Se sumán también dos entidades judías: la Unión de Congregaciones Judías Ortodoxas de América y la asociación Agudath Israel of America.
La carta reconoce que "no todos los firmantes compartimos las mismas convicciones sobre la aceptabilidad moral de esos servicios obligatorios", así que se centran en lo que todos comparten: la norma que permite "excepciones" a "empleadores religiosos" define mal lo que es un empleador religioso, de forma que casi nadie lo sería según esa norma.
Entidades religiosas, también sin denominación
Además, no quieren un arreglo en el que se consideren exentas solo las entidades afiliadas a una denominación, puesto que muchas entidades cristianas de caridad, educación o asistencia social son ecuménicas, interdenominacionales o no denominacionales, remitiéndose a valores cristianos comunes y compartidos. Ponen también el ejemplo del Centro Comunitario Judío de Lancaster, que aunque no estaba ligado a ninguna sinagoga concreta compartía una serie concreta de valores religiosos judíos y la ley lo reconocía como "organización religiosa".
"Señor Presidente, hay organizaciones religiosas más allá de la comunidad católica con profundas objeciones morales a la exigencia de que los planes de seguros cubran abortifacientes. Son organizaciones religiosas, más allá de la comunidad católica, que ponen objeciones a las estrechas exenciones actuales, que las ponen fuera de la definición de empleadores religiosos", insisten.
"Creemos que el gobierno federal está obligado por la Primera Enmienda a acomodar las convicciones religiosas de organizaciones basadas en la fe de todo tipo, católicas y no católicas", añaden, y piden que se amplíe la exención a la norma a los empleadores religiosos, sus empleados y estudiantes.
No hablan de la objeción de particulares
Sin embargo, la carta no dice nada sobre la objeción de conciencia de los empresarios que, sin ser una organización religiosa, también se quieran negar por razones éticas o religiosas a financiar estas prácticas inmorales, un tema que los obispos católicos sí están poniendo sobre la mesa: no solo colegios u hospitales, también empresarios deberían poder evitar que les obliguen a pagar abortos y anticoncepción.
Los católicos, vistosos y organizados
Por el momento, la oposición católica es más vistosa ante los medios que la de las otras confesiones. Para empezar, cada día son más los obispos católicos que se manifiestan públicamente en la prensa regional o en sus publicaciones: en la noche del 1 de enero ya eran 135 obispos, que representan al 70% de las 187 diócesis con pastor (hay unas cuantas temporalmente vacantes).
Sus pronunciamientos no solo han sido rotundos y muy indignados, sino que al menos 65 han ordenado que sus protestas y llamamientos a la resistencia civil se lean solemnemente en las misas dominicales de cada templo, parroquia o capilla. Esta es una capacidad de organización y una respuesta rotunda que las organizaciones protestantes tardarán en alcanzar.
"Habrá un frente unido"
El especialista en bioética médica y en "guerras culturales" del Discovery Institute, Wesley J. Smith, cree que "las otras religiones se sumarán a la Iglesia Católica en los tribunales y en la oposición que va a venir. Proteger las libertades civiles es asunto de todos. Pienso que los líderes religiosos saben que si se puede forzar a los católicos a violar su dogma ahora, o a que abandonen su tarea pública y caritativa, eventualmente también a ellos se lo harán, en otros contextos. En este sentido, creo que habrá un frente unido que incluirá también a judíos y musulmanes. Creo que la legitimidad de esta norma llegará al Tribunal Supremo".


Noticias relacionadas:
-Ante la ofensiva de Obama, un obispo implanta en cada misa dominical la oración a San Miguel
-Los católicos estarán preparados para ir a la cárcel por defender la libertad religiosa en EEUU
-Misa de réquiem por los 54 millones de bebés abortados
-A la mierda, al infierno ¿a dónde nos mandó Obama?

Imprime esta entrada

lunes, 13 de febrero de 2012

Anti-Judaismo Medieval (255)

Anti-Judaismo Medieval
Las revueltas populares contra los judíos en España empezaron en 1391 en Sevilla, con un retraso de un siglo respecto a Inglaterra, Francia y Alemania.
Los judíos ingleses tenían el estatuto de protegidos por la Corona, pero en la práctica el rey los consideraba como su propiedad personal para obtener los préstamos necesarios.
El Cristianismo prohibía a los creyentes el préstamo con interés. Los judíos eran los únicos banqueros, obtenían enormes beneficios y pagaban elevados impuestos a la Corona. La sociedad sufría las consecuencias de la usura y los judíos atrajeron el odio del pueblo. A mayores impuestos mayores intereses de los préstamos, hasta que la situación fue insostenible y el rey Eduardo I en 1290 les expulsó de Inglaterra.
Algo similar sucedió en Francia cuando ya se habían organizado los gremios de oficios y artesanos en la Europa cristiana. Los gremios eran el centro de la actividad económica, perjudicada gravemente por la actividad financiera de los judíos. Cuando la peste negra no atacó a los judíos, porque vivían aislados, fueron acusados de haber propagado la epidemia y aumentó el odio hacia ellos, siendo la Iglesia la que les protegió.
Las grandes expulsiones de Francia en 1306 y 1321 no fueron completas como en Inglaterra. En 1370 las juderías de Bruselas y Lovaina fueron aniquiladas. Las matanzas de judíos se extendieron en Francia hasta 1383.  Lo mismo ocurrió en Alemania, de donde fueron expulsados en 1348. Masas de judíos fugitivos encontraron acomodo en España donde su vida resultó mas llevadera.
Durante los largos siglos de la Reconquista los judíos se asentaron en ciudades y villas de España, siendo considerados por la Iglesia como sujetos de evangelización. En la guerra civil castellana los judíos apoyaron a Pedro I el Cruel, a pesar de lo cual Enrique de Tratamara les protegerá. La ola europea de furor antijudío llega tardiamente a España en 1370. Hay un conato de ataque a la aljama de Pamplona que frena personalmente la reina Juana de Navarra. Por ello, el rey Pedro IV de Aragón prohibió a los judíos de Valencia vivir fuera de su aljama. Las Cortes de Castilla en Toro (1371) tomaron medidas para controlar el antisemitismo.
La comunidad judía de Sevilla con 5000 vecinos era la más rica e influyente de Castilla, en 1376 el vicario arzobispal Ferrán Martinez se dedicó a predicar contra los judíos, acusándoles de ocasionar todos los males. Enrique II y después su hijo Juan II amonestaron públicamente al clérigo y en 1383, la Iglesia le suspendió so pena de excomunión. Pero en 1390 hay un vacío de poder a la muerte del rey y del arzobispo de Sevilla, aprovechado por el cabildo de la catedral presionado por el pueblo, para nombrar vicario general a Ferrán Martinez, que ordena a todas las parroquias de la diócesis la destrucción de las sinagogas. Los judíos protestaron ante Enrique III, niño de 11 años, que no fue obedecido. Y en la primavera de 1391, Sevilla ardió contra los judíos y la chispa se extendió por toda España. La Crónica del canciller López de Ayala lo señala.: "Por este levantamiento popular antijudío se perdieron las aljamas de Sevilla, Córdoba, Burgos, Toledo, Logroño y otras muchas del reino, y las de Barcelona y Valencia en Aragón y otras muchas".
A la matanza de miles de judíos siguió el saqueo de sus posesiones, sin que la Corona pudiera evitarlo. La religión fue un pretexto para ocultar la codicia, según la Crónica. En 1393 se cubrió la vacante de Arzobispo de Sevilla, se encarceló a Martinez y se terminó con la violencia. Los sevillanos tardaron 10 años en pagar una formidable multa que les impuso la Corona por la revuelta, pero el violento clérigo se convirtió en una figura legendaria entre el pueblo llano.
Los judíos se habían convertido en diana de la furia popular, no sólo por la usura y sus riquezas sino porque eran una comunidad muy diferente y celosa de su singularidad religiosa, racial y cultural. La sociedad cristiana se iba alejando del viejo modelo feudal, edificándose sobre una homogeneidad creciente que anunciaba el próximo fin de la Edad Media. También los judíos se transformaban, los conversos eran legión, en 1390 se convirtió el rabino mayor de Castilla Salomón Leví y el censo de judíos había disminuido a menos e 4000 cabezas de familia.
Fuente:
José Javier Esparza: "La cuestión judía al final del siglo XIV". Semanario Alba nº 359
Judeofobia
En Inglaterra, durante la guerra civil de 1262, los judíos fueron atacados en muchas localidades; sólo en Londres mil quinientos fueron asesinados. En el 1279 todos los judíos de la ciudad fueron arrestados bajo cargo de que adulteraban la moneda del reino. Después de un juicio en Londres, doscientos ochenta fueron ejecutados y el rey Eduardo I ordenó la expulsión de todos los demás, apropiándose de todas sus posesiones. El plazo para abandonar el reino fue el Día de Todos los Santos del ano 1290.
En octubre, dieciséis mil judíos partieron a Francia y Bélgica; muchos de ellos perecieron apenas cruzado el río Thames en el que un capitán los hacía ahogarse. La readmisión de los judíos a Inglaterra se produjo sólo en 1650.
Francia los expulsó de la mayor parte de su territorio en 1306 (y los que eventualmente regresaron, volvieron a ser expulsados en 1394) y no fueron oficialmente readmitidos hasta 1789. De las diversas regiones de Alemania fueron expulsados mayormente durante la Peste Negra, a la que nos referiremos en la próxima lección. En Rusia la residencia de los judíos fue prohibida entre el siglo V y 1772 (cuando masas judías fueron incorporadas desde los anexados Polonia-Lituania). En 1495 fueron expulsados de Lituania, y readmitidos ocho anos después. Expulsiones de ciudades específicas hubo muchas, como Praga en 1744 o Moscú en 1891.
Fuente:
Juan Mayorga: "Judeofobia - Matanzas". Wordpress.
Imprime esta entrada

domingo, 12 de febrero de 2012

Nuevas irrupciones del ESPÍRITU SANTO (251)

Publicado en "Alfa y Omega" nº 770 (26-1-12)

La Santa Sede aprueba el Directorio 
catequético del Camino Neocatecumenal
«La Iglesia ha reconocido en el Camino un don especial que el Espíritu Santo ha dado a nuestro tiempo», decía el Papa a los miembros del Camino Neocatecumenal, una de las nuevas realidades eclesiales más significativas. Con la aprobación del Directorio Catequético del Camino, concluía un largo proceso que, en palabras de Benedicto XVI, «os demuestra cómo os acompaña la Iglesia, con atención y paciente discernimiento, que comprende vuestra riqueza, pero se preocupa también por la comunión y la armonía de todo el Corpus Ecclesiae». Son palabras dirigidas a esta realidad eclesial concreta, pero muy representativas de cómo la Iglesia acoge los nuevos carismas


El PAPA con el padre Pezzi, Kiko Argüello y Carmen Hernández

Uno de los frutos más vistosos del Concilio Vaticano II (1962-1965) ha sido el nacimiento y expansión de la nuevas realidades eclesiales (Movimientos, Comunidades, itinerarios de vida cristiana...), que hoy se han convertido en un rasgo característico de la Iglesia católica en el mundo. Camino Neocatecumenal, Cursillos de Cristiandad, Movimiento de los Focolares, Comunión y Liberación, Regnum Christi, Sodalicio de Vida Cristiana..., son sólo algunos de los nombres de lo que el cardenal Joseph Ratzinger, ya cuando era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, llamó nuevas irrupciones del Espíritu.
Estos grupos laicales están permanentemente de actualidad en la vida de la Iglesia. El pasado 20 de enero, Benedicto XVI recibía a unas doce mil personas, con motivo de la publicación del Decreto de aprobación de las celebraciones presente en el Directorio catequético del Camino Neocatecumenal, que, sin ser estrictamente litúrgicas, forman parte del itinerario de crecimiento en la fe. En Córdoba, dos días después, el cardenal Stanislaw Rylko, Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, celebró el Cursillo número mil del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.
¡Más Espíritu Santo!
Según la visión ahí plasmada por el Papa, los movimientos, por una parte, deben evitar posturas unilaterales y absolutizaciones, actitudes típicas del crecimiento de cualquier persona o institución. Por otra parte, Benedicto XVI ha exhortado a los obispos a ser generosos en la acogida de los diversos carismas y a no «condescender ante cualquier pretensión de uniformidad absoluta en la organización y en la programación pastoral». Y subrayaba: «No es lícito pretender que todo deba inscribirse en una determinada organización de la unidad: ¡mejor menos organización y más Espíritu Santo!»
Don Arturo Cattaneo, profesor de Derecho Canónico en el Instituto San Pío X, de Venecia, explica que el reto que plantea el Papa al obispo diocesano es «tener en cuenta la catolicidad de la Iglesia local» que armoniza en sí «unidad y variedad», y «no confundir la unidad con uniformidad pastoral». El también teólogo aclara que unidad y variedad en la Iglesia no están en oposición. «Baste pensar en la Santísima Trinidad, que es un misterio de perfecta unidad en la diversidad de las personas. La irrupción de los numerosos carismas apostólicos, que dan nueva vida a nuestras parroquias y diócesis, ha hecho el tema especialmente actual. Pero el hecho de que estos dos aspectos no sean necesariamente opuestos no significa que, automáticamente, estén en armonía. En realidad, se trata de un desafío que la Iglesia debe afrontar continuamente».
Según Cattaneo, el gran interés de Benedicto XVI por los movimientos «deriva de su fuerte anhelo misionero, de la convicción de que hay que empeñarse a fondo para recristianizar nuestra sociedad, para hacer que -entre otras cosas- Europa redescubra sus raíces cristianas. Diría, además, que la sensibilidad del Papa hacia los carismas que han originado tantos movimientos eclesiales es fruto de su actitud de profunda humildad y, al mismo tiempo, de responsabilidad al servicio de la Iglesia que él mismo manifestó en la homilía de la Misa de inicio de su pontificado:Mi verdadero programa de gobierno es el de no hacer mi voluntad, de no seguir mis propias ideas, sino de ponerme a la escucha, con toda la Iglesia, de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme guiar por Él, de manera que sea Él mismo el que guíe a la Iglesia en esta hora de nuestra historia».
Del mismo modo, el teólogo recuerda que, «en el gobierno pastoral, el obispo diocesano debe tener en cuenta la catolicidad de la Iglesia local, y no confundir la unidad con la uniformidad pastoral a toda costa, que hace difícil la inserción fructífera de los diversos carismas. No se puede pensar que sea legítimo sólo lo que se organiza desde algunos organismos diocesanos, porque entonces quien no se somete a las decisiones de tales organismos corre el riesgo de encontrarse excluido de las, paradójicamente, llamadas estructuras de comunión». De hecho, «desde Pentecostés, la Iglesia es una realidad carismática -subraya-. El Espíritu ha continuado manifestándose después, con particular fuerza, en determinados momentos históricos. Basta pensar en el fenómeno del monaquismo, que se difundió en Europa, a partir del siglo V, o del surgimiento de las Órdenes mendicantes en el siglo XII, o en otras iniciativas posteriores de carácter misionero, educativo y caritativo».
Para vivir con coherencia

Movimiento "Cursillos de Cristiandad de Madrid"

«Los nuevos movimientos eclesiales surgidos en la segunda mitad del siglo XX se caracterizan, sobre todo, por el hecho de dirigirse principalmente a fieles laicos para ayudarles a vivir, con plena coherencia, el seguimiento de Cristo en la vida cotidiana o en las realidades seculares», añade Cattaneo. «Entre otras características, cabe recordar el espíritu universal que les anima y que les ha llevado a desarrollar una relación de particular afecto y comunión con el Romano Pontífice, como se ha podido constatar tantas veces en las Jornadas Mundiales de la Juventud».
Es verdad que, en el pasado, se han dado desconfianzas, manifestadas por muchos pastores ante los movimientos y, por tanto, eso ha originado una cierta falta de aprecio por parte de los miembros de los movimientos ante las estructuras eclesiásticas, que eran percibidas como hostiles. «Esas diferencias se debían a comportamientos que deberíamos llamar deadolescentes por parte de algún movimiento y de algunos de sus miembros. Pues bien, todas estas dificultades comprensibles han sido, al menos en buena parte, superadas». Sin duda, la atención pastoral de Juan Pablo II y de Benedicto XVI han contribuido a una mejor comprensión de los movimientos por parte de los pastores y a una maduración eclesial de los movimientos».
Por último, Cattaneo subraya la importancia de la relación constructiva entre las parroquias y los movimientos. «La primera y más importante contribución que pueden dar los movimientos a una comunidad parroquial es la presencia, en su ámbito territorial, de lo que Juan Pablo II definió como personalidades cristianas maduras, conscientes de su propia identidad bautismal, de su propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo. Por ello, son capaces de ofrecer un significativo testimonio de vida cristiana».
Jesús Colina. Roma
----------------------------------------------------------
47 años de fructífera historia
Era 1965, cuando el primer arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro Morcillo, conoció la realidad que nació en las barracas de Palomeras. Hasta allí había llegado, un año antes, Francisco José Gómez de Argüello, un pintor ateo que, con 25 años y un ataque de lucidez, se dio cuenta de que «para negar que Dios existe, se necesitaba tanta fe como para creer que existía». Y él supo que quería ser cristiano, porque «cada día era lo mismo, todo ante mí carecía de sentido». Con una Biblia bajo el brazo y una guitarra, se fue a vivir con los pobres de este mundo y el objetivo de encontrarse, día a día, con el Cristo vivo.
Y lo hizo. En poco tiempo, él y Carmen Hernández, licenciada en Teología y coiniciadora del Camino Neocatecumenal, estaban rodeados de ladrones, vagabundos, gitanos, ex-prostitutas...; juntos, crearon una comunidad cristiana, con la Palabra viva entre ellos.
Monseñor Morcillo pidió a Kiko que llevase esa forma de vivir la fe a las parroquias del centro de Madrid, donde, tímidamente, empezaron a formarse comunidades. Tres años después, en 1968, el mismo arzobispo de Madrid le dio una carta de recomendación para el Vicario de Roma, cardenal Dell’Acqua. En 1969, hace 43 años, nació en Roma la primera comunidad neocatecumenal italiana y comenzaba su expansión fuera de las fronteras de España.
En agosto de 1990, Juan Pablo II dirigió a monseñor Paul Cordes, en aquel momento Vicepresidente del Consejo Pontificio para los Laicos y encargado ad personam del Apostolado de las Comunidades Neocatecumenales, la carta Ogniqualvolta, en la que definía el Camino como «un itinerario de formación católica, válido para la sociedad y los tiempos de hoy», resaltaba su esfuerzo «por abrir el camino a la evangelización de aquellos que casi han abandonado la vida cristiana», y pedía a los obispos que ayudaran a los neocatecumenales en su apostolado.
Siete años después, Juan Pablo II animó a los iniciadores del Camino Neocatecumenal a llevar adelante el trabajo de redacción de unos Estatutos, aprobados definitivamente en junio del año 2008. Los Estatutos presentan la esencia de la espiritualidad del Camino, partiendo del anuncio del kerigma y concretado en una síntesis catequética fundamentada sobre tres aspectos fundamentales: Palabra de Dios-Liturgia-Comunidad.
En el Decreto de aprobación definitiva de los Estatutos, emitido por el Consejo Pontificio para los Laicos, presidido por el cardenal Rylko, se resaltó «la preciosa contribución -corroborada por numerosos obispos- que el Camino continúa aportando a la obra de la nueva evangelización, mediante una praxis acogida y valorada en sus ya cuarenta años de vida en muchas Iglesias particulares».
En enero de 2006, Benedicto XVI, al recibir en audiencia a algunas comunidades del Camino, afirmó: «Vuestra acción apostólica se coloca en el corazón de la Iglesia, en total sintonía con sus directivas y en comunión con las Iglesias particulares en las que iréis a actuar, revalorizando plenamente la riqueza de los carismas que el Señor ha suscitado a través de los iniciadores del Camino».
El último paso ha sido éste, el pasado 20 de enero, con la aprobación del Directorio Catequético del Camino Neocatecumenal.
Hoy, está presente en más de 100 países de los cinco continentes, con cerca de 40.000 comunidades, 86 seminarios diocesanos Redemptoris Mater y miles de personas en misión que lo han dejado todo para anunciar el Evangelio en países donde no está presente la Iglesia, o está necesitada de ayuda.
Cristina Sánchez

viernes, 10 de febrero de 2012

¿Traicionó la Iglesia al Franquismo? (250)


Pío Moa: Blog "Presente y Pasado" en Intereconomía

De la degradación al gangsterismo judicial

¿Traicionó la Iglesia a Franco?

Un régimen sin una justicia independiente y creíble no es una democracia, y la involución en España se manifiesta especialmente ahí. / La Iglesia, en el sentido de jerarquía y aparato del clero, no sacó ningún fruto de su oposición a Franco.

Si Suárez significó un gran bajón en la exigencia democrática y casi redujo la política a chalaneo, todo empeoró con la llegada del PSOE al poder, avalado por el lema, absolutamente ficticio, de “cien años de honradez y firmeza”. A poco de plantar sus reales en la Moncloa, en 1982, Alfonso Guerra proclamó la intención socialista de poner fin a la democracia: Montesquieu ha muerto, afirmó; y no recuerdo ahora si poco antes o poco después su partido perpetró la expropiación de Rumasa “madre de todas las corrupciones”, como se la ha llamado, desacreditando de paso a un Tribunal Constitucional que no ha levantado cabeza desde entonces. No consiguió acabar del todo con la dignidad judicial, entre otras cosas porque, contra lo que dicen los indocumentados, España venía de un estado de derecho. Es curioso cómo le acusan de lo contrario los corruptos y totalitarios, pero, según recuerdo en La Transición de cristal, Herrero de Miñón (como tantos otros políticos, cambió mucho, hasta recibir el premio Sabino Arana, nombre del fundador del Partido Nacionalista Vasco, racista y separatista extremo) señaló el cuidadoso legalismo del régimen franquista: Según Herrero, uno de los padres de la Constitución de 1978, “Si los constituyentes de 1978 pudimos consagrar algunos principios generales como los de legalidad, jerarquía, publicidad, irretroactividad, seguridad, responsabilidad e interdicción, ello fue posible, en gran parte, merced a la doctrina legal elaborada por el Consejo de Estado de décadas anteriores”. “Cuando veo con cuánta insolvencia de fondo y forma se hacen ahora las leyes, no puedo dejar de compararlo con el rigor técnico que preocupaba (…) a los funcionarios del tardofranquismo”. “El Estado franquista (…) era un verdadero Estado de Derecho (…); pese a su precaria legitimidad, los poderes públicos actuaban según normas preestablecidas y donde jueces y funcionarios nos tomábamos muy en serio ese genio expansivo del gobierno de las leyes en lugar del gobierno de los hombres”. Ya hablaremos también de aquella Constitución, en gran parte cocinada a espaldas de las Cortes por Abril Martorell y Alfonso Guerra, el enemigo de Montesquieu.

Desde el primer momento el PSOE se puso a la obra de dominar y politizar la justicia como parte de su programa corrupto de “dejar a España que no la reconozca ni la madre que la parió”, según explicó el propio Guerra en lenguaje acorde con su grotesca nulidad intelectual. El resultado fue una progresiva degradación de la justicia y su desprestigio ante la opinión pública, que quizá Garzón personifique mejor que nadie. Conviene leer el libro Riofrío. La justicia del señor juez, de Santiago Muñoz Machado, para hacerse una idea del personaje y de su concepción “progresista” de la justicia al servicio de una megalomanía enfermiza. Garzón aceptó encabezar la maniobra de Felipe González de disimular la corrupción rampante de su gobierno tratando de ponerse al frente de las protestas, obviamente con el propósito de neutralizarlas. De juez pasó directamente a político (y a político al servicio de la corrupción felipista); y la degradación del poder judicial volvió a mostrarse cuando pudo volver tranquilamente a la carrera judicial una vez González dio por concluida su carrera política. Pues algo debió de ocurrir entre los dos personajes por lo que González no dio a Garzón el ministerio que este ambicionaba; y entonces, vuelto a la judicatura, el ex político pasó a ejercer una cumplida venganza reabriendo y utilizando el terrorismo gubernamental del GAL hasta dejar a González a un paso de la cárcel. Así eran –son—aquellos personajes dotados de un poder desmesurado.

También procesó Garzón a Augusto Pinochet, pero no a Fidel Castro, un tirano incomparablemente peor y que ha arruinado a su país. Y en España vio otra ocasión inventándose delitos del franquismo y recurriendo a actuaciones grotescas (hay algo de extremadamente grotesco y esperpéntico en todos estos personajes) como pedir los documentos acreditativos de la defunción de Franco, pero sin tocar un pelo al héroe de Paracuellos (precisamente Franco salvó a España de ideas, prácticas y personajes como tal héroe). Ha prevaricado a mansalva durante muy largos años (no hay la menor presunción en ello: es obvio y evidente para cualquiera que estudie mínimamente sus acciones), y ahora está procesado –esto habla algo mejor de una justicia no totalmente estragada por los políticos— por diversas actuaciones suyas. ¡Y hay que leer las excusas que da el hombre para su clarísima fechoría! Y ahora la corruptísima izquierda le respalda, y lo hace del modo demagógico y violento como es normal en ella, con griterío, insultos, provocaciones, en las que participan los titiriteros de la zeja, palmeros del gobierno que ha llevado al país a la ruina, una patulea de jueces y fiscales políticos sin asomo de vergüenza, la Doctora Burrianes y, cómo no, el Sindicato del Crimen, para quienes infringir la ley está muy en su punto si se trata de acosar a sus enemigos políticos. Una concepción, por cierto, marxista, pues esa ideología, la más totalitaria y sangrienta del siglo XX, nunca ha abandonado a nuestra izquierda. Esto tiene mucho de gangsterismo, y con razón la justicia es tan poco apreciada por la opinión pública.

Ha dicho el rey que la justicia es igual para todos. Así debiera ser, pero nada más lejos de la realidad. Compárese el trato exquisito dado a Garzón con el realmente feroz dado a Ferrín Calamita, por poner un caso. Ni es igual para los asesinos etarras, que a cambio de sus crímenes se han convertido, por obra y gracia del PSOE, en una potencia política en las Vascongadas: el asesinato como una remuneradora arte de hacer política. Por no explayarse con la mayoría de los políticos, que dejan el país en ruinas y se van con sus sueldos, pensiones y prebendas. ¿No debiera ser un delito grave haber dejado lo que han dejado?

Creo que es en la justicia donde se aprecia con mayor acuidad la degradación de la democracia española tan prometedoramente emprendida en 1976, hasta alcanzar el nivel vergonzoso de hoy. En esa degradación el elemento agente ha sido el PSOE, con la colaboración pasiva del PP. Y es en la justicia donde habría que empezar por acometer un programa de regeneración si no queremos que la democracia bananera que ya es hoy España, empeore y se eternice.
-----------------------------------------------------------
¿Traicionó la Iglesia al franquismo?

El concepto de Iglesia se emplea en dos sentidos, el del conjunto de los creyentes católicos (en ese caso hablar de “traición” carece de sentido) y en el de la jerarquía eclesiástica y el clero en general, un sentido en el que se utiliza muy frecuentemente. Cuando decía que la Iglesia había traicionado a quien la libró del exterminio, hablaba de ella en el segundo sentido. Naturalmente, no toda la jerarquía ni todo el clero obraron así, pero la línea que se impuso y dominó fue, precisamente, la de quienes “dialogaban” con el marxismo mientras despreciaban y perjudicaban cuanto podían a quienes habían librado a España del marxismo, convertían las iglesias en centros de agitación política, apoyaban a comunistas, etarras, separatistas y todo lo que oliese a la ideología y práctica del Frente Popular, y hasta hablaban de que la Iglesia (en el sentido del aparato eclesiástico) pidiera perdón por haber apoyado a sus salvadores durante la Guerra Civil. Cierto que esa Iglesia no sacó ningún fruto de tales actitudes. Hizo un enorme daño a sí misma sin perder un gramo del desprecio y la aversión con que siempre la distinguieron las brutales izquierdas españolas. ¿Cómo era aquello de "en el pecado, la penitencia"?
Imprime esta entrada

jueves, 9 de febrero de 2012

Orar por la unidad de los cristianos (253)

Publicado en  blogs de "Religión en Libertad"
Santiago Martin
Estamos, un año más, en plena semana de oración por la unidad de los cristianos. Del 18 al 25 de enero, desde 1908, se nos pide a todos los cristianos que elevemos nuestras plegarias a Dios para que se lleve a cabo el milagro de la unidad, tal y como Cristo pidió al Padre en aquella oración pronunciada poco antes de dejar el Cenáculo para ir hacia el Monte de los Olivos, el jueves santo por la noche: “Padre, que todos sea uno para que el mundo crea”.
Sin embargo, un año más, las perspectivas de la unidad entran exclusivamente en el ámbito de lo milagroso. De hecho, aunque se han dado avances en el diálogo ecuménico en temas tan significativos como la justificación por la fe con los luteranos, o como el primado del Papa con los anglicanos, tenemos que reconocer que hoy estamos más lejos de la tan deseada unidad que cuando empezamos.

Después del Concilio Vaticano II, la Iglesia católica vivió un auténtico fervor ecuménico. Pero entonces los luteranos y los anglicanos no habían aceptado el sacerdocio de las mujeres, ni la homosexualidad ejercida por sus pastores, ni el aborto. Hoy, eso y otras muchas cosas radicalmente contrarias a la doctrina católica son patrimonio de las llamadas “Iglesias históricas”, que son las que con más interés se han tomado el ecumenismo. ¿Cómo podemos, por ejemplo, aceptar que tenemos el mismo concepto de bautismo con los reformados franceses, cuando ellos administran ese sacramento incluso a los animales, llegando incluso a darles la comunión?

Y si nos fijamos en esos grupos que acaparan la inmensa mayoría de los protestantes y a los que sólo se les puede calificar como sectas, el diálogo es imposible con ellos. Basta con escuchar a la inmensa mayoría de sus pastores o de sus predicadores para oír enseguida una serie de insultos y desatinos contra la Iglesia católica, a la que se identifica con Satanás, contra el Papa o contra la Virgen María. Las televisiones e internet están llenos de ejemplos de este tipo.

Por lo tanto, con unos, que son personas respetuosas y dialogantes –los luteranos, los episcopalianos, por ejemplo- la realidad demuestra que cada vez estamos más lejos. Con otros, el diálogo es imposible pues toda su estrategia de crecimiento la basan en atacar ferozmente a la Iglesia católica para desprestigiarla y conseguir arrebatarle nuevos adeptos.

Es por eso que conviene hacer lo que ha dicho el Papa, que es, además, la esencia de esta semana. Hay que orar. Orar sin desfallecer. Hay que pedir a Dios el milagro de la unidad y para ello hay que entender la enorme importancia que tiene que los cristianos estemos unidos ante un mundo secularizado. Hay que desear intensamente esa unidad. Hay que rezar por ella.

http://www.magnificat.tv/es/node/629/2
Imprime esta entrada

miércoles, 8 de febrero de 2012

Nueva Historia de España: Lutero (249)

PIO MOA:
Excelente defensor de España
Ha cuestionado  la historiografía
social-masónica de los últimos años
-----------------------------------------------
"Nueva Historia de España"
De la II Guerra Púnica al siglo XXI
La Esfera de los Libros 2010

 
Capítulo 35 (páginas 397-402):
Las ideas de Lutero
"Las tendencias reformistas abocaron a la Reforma protestante, que en realidad no fue una reforma sino una revolución religiosa y política a partir de Alemania. El proceso comenzó con las famosas 95 tesis expuestas en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg por el monje agustino Martín Lutero, en 1517 (cuando en España gobernaba Cisneros, tras la muerte de Fernando el Católico). No se trataba de un desafío ni nada parecido, sino de una propuesta de debate, como había habido muchos en la Iglesia, con el tema principal, pero teológicamente secundario, de las indulgencias, el comercio de las cuales causaba escándalo en Alemania.

Las indulgencias eran aplicadas a las penas con que las almas se purificaban en el purgatorio antes de entrar en el cielo. Los creyentes podían atenuar o evitar las penas, para ellos o sus deudos fallecidos, mediante actos piadosos como rezos, limosnas, peregrinaciones, mortificaciones o ayudas en metálico para la construcción de edificios religiosos. La idea misma del purgatorio, aunque implícita desde el principio la doctrina cristiana, se había explicitado desde el siglo XI y, al suponer una gradación en la culpa, excluía la elección drástica entre salvación y condenación. Según el historiador francés J. Le Goff, la idea del purgatorio redundó en mayor tolerancia hacia los pecadores, al superar el maniqueísmo del bien y el mal absolutos y humanizar las penas. El purgatorio era como el infierno, pero no eterno, y al cielo solo accedían directamente los santos. La idea se combinaba con la confesión particular y secreta de los pecados, instituida por el IV Concilio de Letrán a principios del siglo XIII, y con el concepto del “tesoro de méritos” acumulado por los santos y personas virtuosas, del que podían beneficiarse los menos virtuosos cumpliendo ciertos requisitos.

Por entonces el papa León X, de la familia Medici --espléndido mecenas y hombre tachado a menudo de corrupto, debido, quizá, más a la suntuosidad y despilfarro de la corte papal que a su conducta privada-- estaba empeñado en la construcción de la magna basílica de San Pedro, que absorbía sumas ingentes de dinero, inafrontables para su exhausto tesoro, por lo que recurrió a la masiva venta de indulgencias. Esa venta, juzgaban Lutero y muchos más, explotaba la credulidad y angustia de la gente común, haciendo con ellas un negocio fraudulento y en definitiva sacrílego: solo Dios podía justificar a los pecadores, y el arrepentimiento real excusaba las indulgencias. Además, parte del dinero recaudado solía pegarse a los dedos de los agentes, y muchos obispos y la misma curia romana sufragaban con él su lujoso tren de vida. En la irritación de Lutero subyacía un sentimiento nacionalista alemán que aflora en otras ocasiones: “¡No hay nación más despreciada que la alemana! Italia nos llama bestias, Francia e Inglaterra se burlan de nosotros; todos los demás también”; “Los italianos se creen los únicos seres humanos”. O denunciaba que los alemanes daban a Roma 300.000 florines anuales para alimentar a los criados del papa, a su pueblo e incluso a sus bribones y mercaderes; o, como llegaría a clamar en 1520, “¿Por qué no atacamos (…) a toda la horda de la Sodoma romana con todas las armas de que disponemos y nos lavamos las manos en su sangre?”. Sin embargo la cuestión no era un simple pretexto nacionalista, sino que tenía enjundia teológica por sí misma, y Lutero solo buscaba entonces debatir.

No hubo debate. Muchos eclesiásticos y políticos, temiendo por sus intereses, cerraron filas en torno a las indulgencias y amenazaron declarar hereje al agustino. El papa consultó con el cardenal dominico Cayetano, que no vio herejía en las tesis de Wittenberg, pero otros dominicos le persuadieron a presionar a los agustinos para forzar a Lutero a retractarse so pena de procesarle por herejía. Lutero disponía de poderosos apoyos en la nobleza, en algunos eclesiásticos, y en parte de la población. Afirmó estar dispuesto a retractarse si se le demostraba su error mediante las Escrituras; pero las Escrituras solían admitir más de una interpretación, y el arreglo fue imposible. A partir de ahí las acciones y reacciones se encadenaron. El emperador Carlos V (y I de España) advirtió en 1521, en la Dieta de Worms: “Este hermano aislado yerra con seguridad al alzarse contra el pensamiento de toda la cristiandad, pues si él tuviera razón, la cristiandad habría andado errada desde hace más de mil años”. Lutero fue excomulgado y pasó a establecer una nueva teología que rompía en puntos clave con la elaborada por la Iglesia en los siglos precedentes, iniciándose una sucesión de tumultos y luchas entre ciudades y países.

Así, Lutero no solo rechazó las indulgencias, sino el mismo purgatorio, atacó la autoridad del pontífice, tratándole de Anticristo, y llevó más allá la línea conciliarista, popular en Alemania, que concedía mayor autoridad a los concilios que al papa: ahora los concilios tampoco significaban nada, porque la relación entre Dios y el cristiano se establecía de modo individual, a través de la libre y personal interpretación de las Escrituras y por medio de la fe, anulando el magisterio de la Iglesia. Solo la fe, don de gracia divina, salvaba al hombre. Como vimos, algunas de estas ideas estaban esbozadas por nominalistas como Occam o Marsilio de Padua en las disputas escolásticas. Para Lutero, el hombre es por naturaleza pecador y corrompido, no puede siquiera apreciar el valor de sus obras piadosas, pues su razón y voluntad están a su vez corrompidas y en cualquier caso no puede penetrar el designio de Dios, solo atenerse a las Escrituras.

¿Cómo puede el hombre saber entonces de su salvación? El tomismo predominante en la Iglesia establecía que junto con la gracia, la razón era un potente medio de comprensión de la voluntad divina y una guía en la práctica religiosa, y que las obras deben acompañar a la fe. Para Lutero, la razón “es la ramera del diablo, que solo calumnia y perjudica las obras de Dios (…) Debería ser pisoteada y destruida, ella y su sabiduría (…) Es y debe ser ahogada en el bautismo”; aunque, de modo contradictorio, sus controversias son un ejercicio agónico de razonamiento. La fe salvadora se manifestaría en el sentimiento personal de unión con Dios, de ser amado por Dios. Contra Erasmo decía: “¿Quién creerá, preguntas, que Dios le ama? Te respondo: ningún hombre lo creerá ni podrá creerlo [por la razón]; los elegidos empero lo creerán, los demás perecerán sin creer, entre reproches y blasfemias, como haces tú aquí”; “Nuestra salvación está fuera del alcance de nuestras propias fuerzas e intenciones y depende de la obra de Dios exclusivamente. ¿No sigue de ahí claramente que, cuando Dios no está presente en nosotros con su obra, todo lo que hacemos es malo y necesariamente sin ningún provecho para nuestra salvación?”; “Si Dios obra en nosotros, entonces nuestra voluntad, cambiada y suavemente tocada por el hálito del Espíritu de Dios, nuevamente quiere y obra [el bien] por pura disposición, propensión, y en forma espontánea”. Las obras humanas, por tanto, no tenían utilidad para la salvación.

En ese contexto cobran sentido frases como "El cristianismo consiste en un continuo ejercicio en el sentimiento de no estar en pecado, aunque peques, porque tus pecados recaen sobre Cristo”. O bien: “Peca y peca fuertemente, pero confíate a Cristo y goza en él con mayor intensidad, porque Él vence al pecado y la muerte. Mientras estemos en la tierra tendremos que pecar, porque en esta vida no habita la justicia, pero esperamos, como dice Pedro, unos cielos y una tierra nuevos donde more la justicia. Basta con reconocer al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, y de Él no nos apartará el pecado, aun si fornicamos y asesinamos miles de veces en un solo día”.

Esta posición destruía el libre albedrío, un punto crucial, sobre todo desde santo Tomás de Aquino, en la doctrina católica, como base de la ética y la responsabilidad personal. Para Lutero, solo Dios sabía y decidía desde la eternidad quiénes iban a salvarse o a condenarse. El individuo era libre de interpretar a su gusto las Escrituras pero, paradójicamente, estaba determinado y nada podía hacer contra ese hecho. Esa posición le enfrentó a Erasmo, el cual había sido su amigo y, en parte, inspirador, pero que no quería romper con Roma, sino arbitrar entre las dos posiciones y conciliarlas, pero iba a encontrarse sentado entre dos sillas, acusado de incoherencia desde las dos partes. Contra las tesis de Lutero escribió el tratado De libero arbitrio: si, según Lutero, el hombre no precisa la Iglesia ni órganos intermedios entre él y Dios, y puede interpretar la Biblia como único sacerdote de sí mismo, ¿cómo se concilia esta supuesta libertad con su total incapacidad de elección moral? Para Erasmo, el hombre puede superar realmente las consecuencias del pecado original ayudado por la gracia, la voluntad y la razón: todas ellas concuerdan al mismo objetivo.

La libre voluntad no queda impedida por el hecho de que los designios de Dios sean en gran parte oscuros para la mente humana. Si Jesús llora por una Jerusalén que le rechaza, e invita a los judíos a seguirle, es porque reconoce el libre arbitrio; y si al hombre, según Lutero, no le es posible aceptar ni rechazar la gracia divina, ¿qué sentido tiene hablar de recompensa, castigo y obediencia, como hacen continuamente las Escrituras?

A esto replicó Lutero con De servo arbitrio (“Sobre el arbitrio esclavo”): la presciencia de Dios no deja lugar a la contingencia: “Todo cuanto hacemos, todo cuanto sucede, aunque nos parezca ocurrir mutablemente y que podría ocurrir también de otra forma, de hecho ocurre por necesidad, sin alternativa e inmutablemente, si nos referimos a la voluntad de Dios. Pues la voluntad de Dios es eficaz, y no puede ser impedida”. “El destino puede más que todos los esfuerzos humanos”. “Si esto se pasa por alto, no puede haber fe ni ningún culto a Dios”. “El hombre no posee un libre albedrío, sino que es un cautivo, un sometido y siervo ya sea de la voluntad de Dios, o la de Satanás”. “El libre albedrío es nada”. Y si el hombre no es libre, no es responsable de sus obras, que nada valen ni cuentan para su salvación a los ojos de Dios. Lo que cuenta es la gracia manifiesta en el sentimiento personal de la fe. Posición contraria también a la convicción clasicista o humanista del hombre como artífice de su destino.

El movimiento luterano, comienzo del protestantismo, excluyó la idea de los santos, las imágenes y la preeminencia de la Virgen María como intercesora, tradicional en el catolicismo, suprimió los sacramentos a excepción del bautismo y la eucaristía, y los votos monásticos (Lutero se exclaustró y se casó con una ex monja) y el celibato eclesiástico: el sacerdocio tradicional era sustituido por “pastores” elegidos por las comunidades y con limitada capacidad orientativa. Para dar impulso a su movimiento, Lutero tradujo la Biblia al alemán, lo que, gracias a la imprenta, le dio la mayor difusión, y con el mismo fin estableció la misa en dicho idioma.

Comparado con el cisma que había originado la Iglesia u ortodoxa a comienzos de la Edad de Asentamiento, el cisma protestante era mucho más radical. Aunque se presentaba como reforma, era una ruptura revolucionaria con respecto a cuestiones esenciales, dogmáticas, litúrgicas, y de procedimiento. Podría considerarse una nueva religión, salvo por la común inspiración en Cristo y los Evangelios.

En el pasado, otras rebeliones dogmáticas habían sido disueltas o aplastadas con bastante facilidad por el poder del Papado y el de los reyes, pero en esta ocasión no fue así. Lutero fue protegido por diversos príncipes alemanes (según los católicos, lo hacían para apoderarse impunemente de los bienes eclesiásticos), y llegaría a formarse una poderosa alianza de ellos (la Liga de Smalkalda, de 1532) para afrontar por las armas a los católicos; el emperador Carlos no pudo dedicar todo su esfuerzo a la lucha contra los protestantes, por tener que atender a las guerras con Francia y al peligro turco; la nueva doctrina llegaba a muchas personas por la libertad que otorgaba para interpretar la Biblia y para prescindir de las imposiciones de un clero en buena parte corrompido y escandaloso; además daba pie a un sentimiento nacional alemán opuesto al poder latino de Roma. Por su impacto espiritual y material, el protestantismo se convertiría en unos años en una realidad social expansiva por todo el norte de Europa.

Por ello Lutero fue acusado de propiciar el motín y la disgregación de la cristiandad, como le decía Erasmo. Lo cual no le arredraba, pues invocaba en su defensa los Evangelios: “No he venido a traer la paz, sino la espada”; “He venido a echar fuego en la tierra”; “Lee en los Hechos de los Apóstoles los efectos en el mundo de la palabra de Pablo (por no hablar de los demás apóstoles), cómo él solo excita a gentiles y judíos o, como decían entonces sus mismos enemigos, "trastorna el mundo entero”. “El mundo y su dios no pueden ni quieren tolerar la palabra del Dios verdadero, y el Dios verdadero no quiere ni puede callar. Y si estos dos Dioses están en guerra el uno con el otro, ¿qué otra cosa puede producirse en el mundo entero sino tumulto? Querer aplacar estos tumultos no es otra cosa que querer abolir la palabra de Dios e impedir su predicación”. Esta actitud contrariaba el anhelo de paz entre cristianos, sentido por Erasmo, Vives y tantos otros, a quienes advertía “No ves que estos tumultos y facciones infestan el mundo de acuerdo con el plan y la obra de Dios, y temes que el cielo se venga abajo; en cambio yo, a Dios gracias, entiendo las cosas correctamente, porque preveo tumultos mayores en el futuro, comparados con los cuales los de ahora semejan el susurro de una ligera brisa o el quedo murmullo del agua”. El emperador Carlos había declarado: “Me arrepiento de haber tardado tanto en adoptar medidas contra él”.

Esta resolución no dejó de flaquear en ocasiones, dados ciertos efectos indeseados de sus doctrinas: “Cuanto más se avanza, peor se torna el mundo (…). Bastante se ve cómo el pueblo es ahora más avaro, más cruel, más impúdico, más desvergonzado y peor de lo que era bajo el papismo”. No obstante, su determinación persistía: “¿Quién se habría puesto a predicar, si hubiéramos previsto que de ello resultarían tantos males, sediciones, escándalos, blasfemias, ingratitudes y perversidades? Pero ya que estamos en ello, hay que tener buen ánimo contra la mala fortuna”.

Uno de los problemas fue, en 1524-5, la revuelta de los campesinos oprimidos por los magnates y que exigían mejoras políticas y económicas, y que encontraron un líder visionario en Thomas Münzer, pastor luterano con ideas propias. Münzer acusó a su maestro de excesiva connivencia con los poderes civiles y propugnaba la destrucción de las jerarquías sociales (“Todos somos hermanos. ¿De dónde vienen entonces la riqueza y la pobreza?”). El movimiento se hizo masivo, mayor que otras revueltas campesinas típicas de los siglos anteriores, y sus reivindicaciones iban desde la abolición de los trabajos no pagados y de la servidumbre a la abolición de la propiedad privada.

Lutero se vio en un dilema, porque muchos campesinos eran seguidores suyos, pero él dependía de la protección de los nobles. Vaciló, pero finalmente lanzó terribles maldiciones contra los rebeldes cuando ya se vislumbraba su derrota. Los campesinos realizaban una “obra diabólica”, traicionaban el juramente de fidelidad y obediencia a sus señores, “matan y saquean y pretenden justificar con el Evangelio tan horrendos crímenes”. “El bautismo no hace libres a los hombres en el cuerpo y la propiedad, sino en el alma, y el Evangelio no manda poner los bienes en común (…) No debe de quedar un demonio en el infierno, sino que todos han entrado en los campesinos”. Por tanto, “deben ser aniquilados, estrangulados, apuñalados en secreto o públicamente, por quien quiera que pueda hacerlo, como se mata a los perros rabiosos, pues nada puede haber más venenoso, dañino y diabólico que un rebelde (…) Quien vacile en hacerlo, peca (…) Por tanto, apreciables señores, matad cuantos campesinos podáis”, “Un príncipe puede ganar el cielo derramando sangre mejor que otros rezando”. El aplastamiento de la rebelión costó un baño de sangre, quizá hasta cien mil muertos.

También consideraba la brujería como una realidad eficaz y promovía la persecución y quema de brujas. Sus diatribas antihebraicas no eran menos radicales en su libro Contra las mentiras de los judíos, y vale la pena exponerlas con alguna extensión, como muestra de un discurso que llegaría hasta hoy. Los judíos, “blasfemos desvergonzados”, injuriaban a Jesús y trataban de prostituta a su madre, “tienen creencias falsas y están poseídos de todos los demonios”, “se vanaglorian de ser los más nobles”, el pueblo elegido por Dios, cuando Dios les ha dado sobradas muestras de su desagrado y castigo: “No han aprendido ninguna lección de sus terribles desdichas durante más de 1.400 años de exilio”. Ello probaba su contumacia, de modo que “No me propongo convertir a los judíos, porque eso es imposible”, son “engendros de víboras, hijos del demonio, el cristiano no tiene enemigo más enconado y mortificante que el judío”. “Se quejan de estar cautivos entre nosotros, pero nadie los retiene, pueden irse cuando quieran. Ellos, archiladrones, nos tienen cautivos con su usura”. “Si tuvieran el poder de hacernos lo que nosotros podemos hacerles a ellos, ninguno de nosotros viviría más de una hora”. Por lo tanto proponía quemar sus sinagogas, quitarles todos sus libros religiosos, prohibirles bajo pena de muerte alabar a Dios o invocar su nombre, pues en sus labios es blasfemia: “Nadie sea piadoso y amable en lo que a esto respecta, pues está en juego el honor de Dios y la salvación de todos nosotros, incluyendo la salvación de los judíos”.

Pero, ¿qué sucedería si se aplicasen estos castigos? Que los hebreos seguirían en las mismas, secretamente, de modo que el obstáculo debía salvarse así: “Si queremos lavarnos las manos de la blasfemia judía y no vernos alcanzados por su culpa, debemos alejarlos, expulsarlos de nuestro país. Pero como se resisten a marchar, negarán todo descaradamente y ofrecerán dinero al gobierno (…) un dinero maldito, que nos fue robado terriblemente por medio de la usura”. Lutero creía en las historias de secuestro y tortura de niños y envenenamiento de pozos por los judíos, crímenes merecedores de la hoguera. “Aconsejo que se les prohíba la usura y se les quiete todo el dinero y las riquezas en plata y oro”. “Sometedlos a trabajo forzado, tratadlos con rigor, como hizo Moisés en el desierto matando a tres mil de ellos para que no pereciera el pueblo entero (…) Si esto no basta, tendremos que expulsarlos como perros rabiosos”.

Las cuestiones planteadas por Lutero giran en torno a la salvación, expresión, a su vez, de una ansiedad propia de la psique humana desde la noche de los tiempos, expuesta de forma peculiar en el cristianismo. El mundo, lleno de placeres y de penalidades que fácilmente se transforman los unos en los otros, parece arbitrario e injusto, falto de sentido, “un laberinto de errores” como decía Pleberio, y el bien y el mal se confunden. Una posibilidad racional sería considerar el mundo radicalmente injusto, por lo que el restablecimiento de la justicia exigiría otro mundo en el cual los malvados tendrían el castigo, y los buenos la recompensa que el mundo les negaba. Dado el conjunto de sus puntos de vista, la salvación o condena estaba predestinada y solo Dios podía saber quiénes se salvarían. Un punto de vista arduo de conciliar con la necesidad de predicar el Evangelio, y radicalmente angustioso. Calvino, discípulo de Lutero, encontró cierta salida al señalar unos indicios que permitían al individuo creer en su pertenencia al grupo de los justos: una vida austera y piadosa, y el éxito en las empresas económicas u otras, permitirían intuir en esta vida la salvación en la otra. El calvinismo ofrecía así un consuelo que le ganó gran popularidad y expansión por varios países europeos, en disidencia con el luteranismo puro.

Una dificultad de la nueva doctrina la expuso el propio Lutero con sarcasmo: de pronto resultaba que nobles, ciudadanos y campesinos “entienden el Evangelio mejor que yo o San Pablo; ahora son sabios…”. “Algunos enseñan que Cristo no es Dios, otros enseñan esto y aquellos lo otro (…) Ningún patán es tan rudo como cuando tiene sueños y fantasías, cree haber sido inspirado por el Espíritu Santo y ser un profeta”.

Pero, llevada la teoría a sus consecuencias lógicas, las interpretaciones bíblicas de cualquier patán valían tanto como las del mismo Lutero, pues bastaba que fueran sentidas con sinceridad, y ¿quién podría decidir si lo eran o no? Por eso las tendencias disgregadoras en el protestantismo fueron siempre muy potentes, y de ahí las polémicas en las que el esfuerzo de la denostada razón jugaba el papel determinante; y de ahí los organismos e inquisiciones contra los disidentes, para evitar la disolución general.
Imprime esta entrada

martes, 7 de febrero de 2012

¿Católico a la Casa Blanca? (252)

Publicado por Luis Antequera
Blogs de "Religión en Libertad"
¿Un católico converso, Presidente de los Estados Unidos?

Todo el mundo sabe bien que entre los cuatro candidatos que se disputan las primarias republicanas, hay uno, Rick Santorum que es católico. Hijo de italiano e irlandesa, Rick sería, al decir de algunos, incluso cercano al Opus Dei. Pocos son, sin embargo, los que saben que Santorum no es el único católico de entre los cuatro contendientes republicanos, porque también lo es otro:
Newt Gingrich
Eso sí, no de nacimiento, porque Newt Gingrich profesaba la fe de la Southern Baptist Convention, una iglesia baptista norteamericana, la iglesia baptista más numerosa del mundo, con 16 millones de adeptos, fundada en el sur de los Estados Unidos, -de donde su nombre-, concretamente en Augusta (Georgia), cosa que aconteció en 1845. Pero el 29 de marzo de 2009, Gingrich se convirtió al catolicismo. Al parecer, Gingrich no se caracterizaba precisamente ni por su fe, ni por su practicancia, ni por su cercanía a las causas más estrechamente relacionadas con la religión, así el aborto o la oración en la escuela (aunque les cueste creérselo, tal es una de las cuestiones que anima el debate político norteamericano).

La conversión de Gingrich no fue repentina sino producto de un largo proceso intelectual. Da fe de ello Mark Rozell, científico de la George Mason University, quien remarca que “Newt es un doctor en filosofía (Ph.D.), un antiguo profesor, un hombre que ama los libros y las grandes ideas, y existe desde luego una tradición intelectual muy profunda en la Iglesia Católica”. Uno de los hitos de ese proceso será el libro de su autoría“Redescubriendo a Dios en América”, en el que habla por ejemplo del “esfuerzo secular por relanzar el sentido de la vida espiritual”.

Parece ser que la influencia de la Iglesia Católica en la historia, y en particular, su papel en la caída del Telón de Acero, tuvieron gran influencia en la conversión. De hecho, cuando el propio Newt ha de definirla, lo hace en estos términos: “Es reconfortante tener dos mil años de profundidad intelectual rodeándote”. Si bien el momentum definitivo se produjo con la visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos en 2008, según el propio Newt reconoce: “La alegre y radiante presencia del Santo Padre representó para mí un momento de confirmación de las muchas cosas en las que había pensado y experimentado en los últimos años”.

Las personas del círculo cercano a Gingrich admiten en él un cambio sustancial con su conversión: “Parece mucho más sentado, más cómodo en su propia piel, menos agresivo” afirma Raymond Arroyo, director de la cadena católica de televisión EWTN, amigo del candidato republicano por haber cubierto su campaña en los años 80. Pero como nunca falta un roto para un descosío, tampoco falta quien cree que todo es una hábil estratagema política para atraerse el voto protestante, al parecer, menos beligerante hacia el catolicismo que hacia el baptismo “del sur” en el que militaba Newt. Si bien, reconózcanmelo, el argumento se revela tirando a pobre, y no se entiende por qué, de haberse tratado de una estratagema, no la habría consumado Newt convirtiéndose directamente al protestantismo.



Newt Gingrich y su esposa, Callista Bisek
Lo más probable es que como tantas veces ha ocurrido desde el principio de los tiempos, y en la historia de las conversiones al cristianismo más, en la base de toda la historia se halle una mujer, en este caso bien identificable: su tercera esposa Callista, con la que se casó en el año 2000, después de un largo historial de matrimonios frustrados e infidelidades. Callista (no es su profesión, es su nombre, en español sería Calixta, un precioso nombre de mujer), que se define a sí misma “como una persona muy espiritual”, es católica y forma parte del coro de la Basílica del santuario nacional de la Inmaculada Concepción de Washington. Según confiesa Newt, es “inflexible con la misa”, lo que ha convertido la presencia dominical del candidato republicano en la basílica de cuyo coro forma parte Calixta, en un espectáculo cotidiano en la vida de la parroquia.

Ni que decir tiene que si Gingrich (o Santorum) ganaran las primarias republicanas y acto seguido las elecciones presidenciales del próximo día 6 de noviembre, sería, cualquiera de ellos, el segundo presidente católico de los cuarenta y cinco que, incluído él mismo, hasta la fecha han sido. Y después, como bien sabe todo el mundo, de John Kennedy (1961-63).

Imprime esta entrada