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domingo, 27 de enero de 2019

"Ideología de Género", ONU, "New Age" y "Nuevo Orden Mundial. Vídeo-Entrevista a Monseñor Juan Claudio Sanahuja (Buenos Aires)

NUEVO ORDEN MUNDIAL Y ABERRO-SEXUALISMO
(17/8/2013)
Vida y Familia
Re-Ingeniería Social Anti-Cristiana
Nuevo Orden Mundial
Religión Universal-New Age
Poder Global Masónico
Posts de Noticias Globales del P. Sanahuja en blog Clavijo:

sábado, 26 de enero de 2019

Leyes de GÉNERO, leyes criminales: empiezan por la perversión del lenguaje. En la especie humana no hay géneros sino SEXOS. El género es un concepto gramatical. Se busca suplir la biología por concepciones ideológicas manipulables a gusto

Leyes de género, leyes criminales
Más inmortales de lo que parece
13-1-2019
*Las leyes de género empiezan por la perversión del lenguaje: en la especie humana no hay géneros sino sexos. El género es un concepto gramatical. Se busca suplir la biología por concepciones ideológicas manipulables a gusto.
*La perversión sigue con enunciados como “violencia contra la mujer”. No existe tal cosa, como no existe “violencia contra el niño” o “contra el taxista”, aunque algunos sean asesinados a veces. La ley persigue desde siempre esas violencias, las sufra quien las sufra, con atenuantes y agravantes, sin hacer distingos de víctimas.
*Hacer leyes especiales según los sexos o según cualquier otra particularidad, es destruir el principio de igualdad jurídica, el principio de legalidad y el estado de derecho. Es volver a los privilegios (leyes privadas).
*Se pretende crear la impresión de que el varón es enemigo potencial y de inclinación maltratadora hacia la mujer. Que es culpable en principio por el hecho de ser varón y que ante las acusaciones carece de la presunción de inocencia, mientras que la mujer denunciante debe ser creída “sí o sí”, como ha dicho la tiorra vicepresidenta con intolerable despotismo.
*La perversión o más bien carácter criminal de estas leyes se acentúa por cuanto la denunciante recibe de modo inmediato todo tipo de ayudas económicas, a costa del denunciado y de la población, obligada a sufragar la infamia. Así se crea un enorme negocio a costa del bolsillo del contribuyente.
*Estas leyes buscan:

  • a) Destruir la confianza y la atracción mutua entre los sexos. Su carácter homosexista es evidente. 
  • b) Socavar la familia y la relación estable entre los sexos creando una sospecha básica entre ellos. 
  • c) Histerizar a muchas mujeres víctimas de esa propaganda, y facilitar la extorsión y el chantaje a otras sin escrúpulos. 

*Crear un ambiente social de temor ante la inseguridad jurídica debida a la imposición política y al matonismo histérico que las acompaña. Fenómenos todos ellos evidentes y en auge.
*Se plantean dos cuestiones:

  • ¿De dónde proceden estas leyes radicalmente antidemocráticas y liberticidas, que destruyen el estado de derecho? 
  • ¿Cómo han podido imponerse con tal facilidad en estos años y con apoyo de todos los partidos (menos de VOX, afortunadamente)? 

Intentaré contestar a la segunda pregunta: el maltrato y asesinato provocan especial repugnancia cuando las víctimas son indefensas, como los niños, o más débiles (en el franquismo había un agravante en los delitos, el “desprecio de sexo”, eliminado por el PSOE). La ideología explota, convirtiéndolo en parodia, cierto instinto protector del varón hacia la mujer (estas leyes están promovidas e impuestas sobre todo por políticos demagogos y más o menos perturbados, que quieren hacerse con el voto femenino). Por otra parte, en nuestros partidos no existe pensamiento democrático, ni apenas cultura democrática en la población, lo que explica que se perpetren fechorías criminales como esta o la de la memoria histórica… ¡en nombre de la democracia!
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viernes, 25 de enero de 2019

Clásicos católicos del CINE español: Balarrasa (José Antonio Nieves Conde, 1951), La señora de Fátima (Rafael Gil, 1951), Día tras día (Antonio del Amo, 1951), El Judas (Ignacio F. Iquino, 1952), La guerra de Dios (Rafael Gil, 1953), Marcelino pan y vino (Ladislao Vajda, 1954), El beso de Judas (Rafael Gil, 1954), La herida luminosa (Tulio Demichelli, 1956), Molokai (Luis Lucía, 1959), Fray Escoba (Ramón Torrado, 1961),...La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, 2004 (film completo)







Entrevista a José Antonio Bielsa Arbiol 
sobre los clásicos católicos del cine español
Javier Navascués
21-11-2018 
José Antonio Bielsa Arbiol es historiador del arte y estudioso del cine español. Articulista y escritor, es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Graduado en Filosofía. Es un gran entusiasta del cine católico español, tema que ha estudiado a fondo. La obra evangelizadora de España, labor ingente de siglos, debía perpetuarse de algún modo en el Séptimo Arte, dejando en el siglo XX una impronta muy especial. En esta entrevista nos hace un resumen de sus principales características y de sus obras más representativas.

-¿Existe un genuino cine “católico” español?
-Indudablemente sí. La originalidad en todos los órdenes de España, originalidad que nos singulariza a los ojos del mundo, no podía pasar desapercibida en una industria tan exclusiva como la cinematográfica. Esto es así, le guste a quien le guste o le disguste a quien le disguste. La obra evangelizadora de España, labor ingente de siglos, debía perpetuarse de algún modo, alcanzando el siglo XX y dejando su muy real impronta en el Séptimo Arte. ¡Y vaya si lo hizo! Los historiadores descreídos y los sociólogos maliciosos no dudarán en ridiculizar esta afirmación mía, amparándose en un formidable aparato de estudios y referencias creados a tal efecto. Pero la realidad es prístina: existe un genuino cine católico español, en tanto católico y en cuanto español: las películas están ahí para demostrarlo, y son escuela. Basta acercarse a ellas, visionarlas, disfrutarlas.

-Un matiz, ¿qué diferenciaría meramente nuestro cine católico del cine religiosoen general?
-Su ortodoxia, sin concesiones ni reblandecimientos peregrinos, manifestada a través de un discurso sólido y consecuente, en abierta comunicación entre productora cinematográfica e Iglesia Católica, como bien queda plasmado en los títulos de crédito de muchas de estas películas, y es que el visto bueno de la Iglesia era garantía de éxito no sólo doctrinal sino comercial. Este cine, lejos de ser producto de vulgarización para consumo de masas indiscriminadas, era pieza apologética sólidamente engastada en los principios perennes de la doctrina católica. Al igual que los viejos libros de otrora, estas películas gozaban de la censura eclesiástica de rigor (equivalente del Nihil obstat y el sucesivo Imprímase de los libros), y es que las películas del cinema católico español llegaban a un público mucho más amplio que el de los lectores de libros, y por tanto debían pasar por filtros similares, amén de asesoría y colaboraciones diversas, del arco que va de un escritor religioso a un obispo. Todo por la edificación de la recta doctrina entre el gran público, que no era masa a adoctrinar en unas u otras consignas, sino digno pueblo de educandos. ¡Por algo decía Menéndez Pelayo que España era nación de teólogos! Nuestro Calderón de la Barca del cine español del siglo XX bien pudiera ser don Rafael Gil.

-¿Qué exclusivismos ofrece nuestro cinema religioso nacional con respecto al de otras cinematografías?
-Ante todo y sobre todo su componente didáctico y moralizador, sin miedo al subrayado ni a lo panfletario. Es el logro que supone haber bajado el púlpito a la sala de cine, sin trivializar ni menoscabar la recta doctrina, y muy especialmente la cuestión moral católica, del ámbito que va de la moral en general a los preceptos de la Iglesia, pasando por supuesto por los deberes del Decálogo. Se puede afirmar con rotundidad que nuestro cine católico cumplía una doble misión de incalculables buenos frutos para la sociedad: si por un lado entretenía al público dignamente y procuraba elevar la conciencia hacia el buen obrar en Cristo, por el otro ilustraba a ese mismo público sobre la realidad del pecado y sus consecuencias. Dígame, ¿se hace algo parecido desde la pantalla cinematográfica en nuestros días?
-¿A qué causas se debe el actual descrédito y desinterés hacia este tipo de filmes, invisibilizados de cara al público e incluso denostados en su mayor parte por la crítica dominante?
-Como usted bien ha dicho, buena parte del descrédito de este género se debe a las absurdas y maliciosas campañas de desprestigio que se han ido vertiendo sobre el cine del franquismo en general, máxime si éste era católico-apologético. ¡Craso error! Por lo general, durante el franquismo se hizo en España un cine de muy alta calidad artística, con independencia de las individualidades, más o menos acusadas, de sus artífices. Por otra parte, y dejando a un lado la divergencia de criterios formales o meramente narrativos, aquellos tiempos eran propicios para hacer un “buen” cine, de la misma manera que en nuestros días sucede todo lo contrario. ¿En qué me fundo para afirmar esto? Pues simplemente en lo más esencial y decisivo: el respeto a una concepción de la puesta en escena estable y coherente, significativa en su discurso, es decir inteligible más allá del montaje, y por ende todavía no perturbada por los futuros seudolenguajes que terminarían por arruinar el cinema en la tierra de nadie de los seudolenguajes televisivos, del videoclipo del spot publicitario hoy imperantes. Los años 50 fueron gloriosos, cierto, pero no sólo para el cine español en particular, sino para el grueso de las cinematografías del globo. Su descrédito actual sólo debería entenderse, primero, en tanto “cine español del franquismo” y, para postre, “católico”.

-¿Podemos hablar de una “edad de oro” del cine católico español?
-Con razón, y más que de edad, cabría hablar de década, la de los 50 concretamente, si bien podemos ser más precisos y afirmar categóricos que dicha “década de oro” arrancaría el año de 1950 con el estreno de Balarrasa (José Antonio Nieves Conde), filme que supone antes que nada el puente entre el cine de ámbito militar propio de la década de 1940 y el cine religioso de los cincuenta. La película cuenta la vida de un militar convertido a la fe y ordenado sacerdote, quien terminará sus días muriendo como misionero en Alaska. Por todo ello Balarrasa deviene símbolo y ejemplo paradigmático de que el cine español en los 50 dejaba a un lado las armas y los uniformes militares y se ponía la sotana. Dicha “década de oro” concluirá hacia 1963, año que no tan casualmente coincide con la decadencia de la Fervorosa Hermandad de la Cinematografía, una suerte de cofradía del cine muy pujante entonces.

-A su juicio, ¿qué cineastas fueron los más decisivos artífices en la configuración caligráfica de nuestro cine católico?
-La nómina de cineastas es copiosa y variopinta, si bien sí me gustaría distinguir las aportaciones de personalidades tan notorias como Rafael Gil, Ignacio F. Iquino, Luis Lucía, José Antonio Nieves Conde, Juan de Orduña, Arturo Ruiz Castillo, José Luis Sáenz de Heredia o Ladislao Vajda. Y aunque la aportación de algunos de ellos cuantitativamente resultó escasa, cualitativamente fue inmensa.
-¿Y qué películas las más prominentes de dicho canon?
-Deje que le enumere al menos una decena, en orden de aparición cronológica: la germinal Balarrasa, La señora de Fátima(Rafael Gil, 1951), Día tras día (Antonio del Amo, 1951), El Judas (Ignacio F. Iquino, 1952), La guerra de Dios (Rafael Gil, 1953), Marcelino pan y vino (Ladislao Vajda, 1954), El beso de Judas (Rafael Gil, 1954), La herida luminosa (Tulio Demichelli, 1956), Molokai (Luis Lucía, 1959) y Fray Escoba (Ramón Torrado, 1961). A esta nómina me gustaría añadir algunos títulos notables de la década de 1940, tales como así fueron Forja de almas (Eusebio Fernández Ardavín, 1943), Misión blanca (Juan de Orduña, 1946), La mies es mucha(José Luis Sáenz de Heredia, 1948) o La manigua sin Dios (Arturo Ruiz Castillo, 1948), que anunciaban vigorosamente lo que estaba por venir. Y tampoco me gustaría dejar de mencionar tres piezas singulares, dos de ellas heterodoxas en algún aspecto, pero en su núcleo más profundo católicas, como son Cielo negro (Manuel Mur Oti, 1951), Los jueves milagro (Luis García Berlanga, 1957) y Viridiana (Luis Buñuel, 1961).

-¿Qué valoración estética podría hacer de estas películas en su conjunto?
-Pese al desdén de cierta moderna historiografía y el desprecio de no pocos historiadores del cine, estas películas, entre pasaderas las más endebles y sobresalientes las más significadas, ofrecen en su conjunto una calidad notable alta. Valoración de lo externo, es decir de todos y cada uno de los elementos técnico-artísticos constituyentes de los filmes, cohesionados en lo interno mismo, la puesta en escena, es decir el lenguaje profundo de cada obra en cuanto tal. Pensemos en el todoterreno Iquino, un cineasta bastante desprestigiado por su tendencia en ocasiones oportunista a trabajar los géneros del momento: pues bien, Iquino, con independencia de sus altibajos, se nos antoja un creador estético muy considerable, y a menudo muy inspirado. Sus dos filmes católicos más característicos, El Judas y La pecadora (1956), ratifican una concepción plástica muy diestra y asumida dentro del naturalismo, un cuidado en la iluminación, la composición y los movimientos de cámara que, en cualquier caso, subliman unos guiones perfectos. Paradigma de una concepción plástica más ambiciosa, entre expresionista y simbolista, sería la trabajada por Vajda en la capital Marcelino pan y vino, un trabajo sobrecogedor que nunca dejará de impresionar a los nuevos espectadores.

-¿Pueden parangonarse nuestros mejores filmes católicos con las grandes obras maestras del cine religioso europeo?
-Por supuesto, siempre y cuando estos filmes sean tratados en su debido contexto industrial y estético. Sería un esnobismo mezquino por nuestra parte subordinar cineastas como Rafael Gil o Ladislao Vajda a, digamos, un Robert Bresson en Francia o un Ingmar Bergman en Suecia. Ciertamente, la genialidad de estos primerísimos maestros europeos reside en el personalismo de su concepción del hecho fílmico, en el despliegue de una puesta en escena formidable e inconfundible, mas no tanto en el enfoque del tema y las perspectivas planteadas a la hora de abordarlo. Luego estaría la típica pregunta, tal vez pertinente en este medio, del tipo de ¿qué película es mejor en términos no absolutos (cinematográficos) sino católicos (doctrinales), el Diario de un cura rural del “autor” Bresson o La guerra de Dios del “artesano” Gil? Hacer comparaciones de este tipo es sintomático de prejuicios, en los que la película española saldría sin duda perjudicada. Son dos excelentes filmes, con independencia de sus particularidades y señas de identidad; dos obras insustituibles.

-¿Considera exportable este tipo de filmes allende nuestras fronteras?
-Desde luego, siempre y cuando se liquiden los prejuicios que, como de costumbre, estigmatizan “lo (más) español”. Por suerte o por desgracia, los españoles no hemos sido, de ordinario, muy buenos promotores de nuestro cine. Y aunque es bien cierto que cosechamos algunos éxitos internacionales en festivales propios como San Sebastián y europeos como Berlín, Cannes o Venecia, la tónica general no era ésa. Bastará tener presente que, a diferencia de Italia o Francia, no recibimos un Óscar al mejor filme de habla no inglesa hasta 1983, nominaciones al margen.
-¿Cuándo y por qué comenzó a declinar la producción de nuestro cine católico?
-Signo de los tiempos, la producción del cine católico español comenzó a decaer con el aggiornamento de la Iglesia Católica, que deslegitimó el régimen nacional-católico de Franco, del cual era fiel testimonio este cine católico. En poco más de una década, el filón por así decir se había agotado. Y los presupuestos no supieron renovarse con la debida pericia. Como botón de muestra, basta comparar un filme crepuscular como el mediocre Bienvenido, padre Murray (Ramón Torrado, 1963) con el soberbio Balarrasa de Nieves Conde. En poco más de una década, la erosión ha sido manifiesta: el Misterio ha sido banalizado, dejando paso al kitsch pequeñoburgués; con razón algunos críticos hablaron de “cine de estampita”, calificativo que por lo demás fue aplicado injustamente a películas muy granadas.

-¿A qué se debe el actual desinterés por las nuevas generaciones hacia este género?
-La “sensibilidad”, llamémosla así, de nuestro tiempo, repele abiertamente este tipo de filmes, porque suponen una explícita lección de moral y valores cristianos en una época de apostasía totalmente ayuna de ellos.
Resultado de imagen de la pasión de cristo de mel gibson
-En los últimos años hemos asistido a un tímido revival del cine católico con la aparición de algunas entregas de interés. ¿Es un hecho aislado o vaticina un verdadero resurgir del cine católico en general?
-Es un hecho aislado, un espejismo a todas luces poco estimulante. No ya tanto por la mediocre entidad cinematográfica de unos productos hijos de esta época de disolución, como por la dudosa ortodoxia de unas películas “católicas” sólo en apariencia; en cuanto excepción, quizá la más clamorosa refutación de este espejismo sea La Pasión de Cristo, de Mel Gibson.

-¿Cómo invitaría a las nuevas generaciones y al público desconocedor en general a descubrir este tesoro oculto que es nuestro cine católico?
-Lo primero, les animaría a mirar a lo alto, a desprenderse de los clichés más burdos del cine de consumo de nuestros días. Esta orientación, inequívocamente, presupondría un cambio de mentalidad que llevaría, en un supuesto ideal, cierto tiempo en fraguarse. Luego, invitaría a la gente a degustar estos viejos filmes con el debido discernimiento, sin prisas, con mucha calma. No hace falta que sean cinéfilos, sino meros espectadores con algo de sensibilidad, aunque eso no abunde. Como los buenos vinos, el genuino cine católico español ha necesitado de tiempo, y tiempo al tiempo, ya es hora de degustarlo, revisarlo, admirarlo.
Javier Navascués Pérez
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jueves, 24 de enero de 2019

VOX y PP: Hacia la reconstitución de la Derecha española para garantizar una continuidad política en la defensa de la NACIÓN y del orden Constitucional. Una infernal carrera de obstáculos. Las AUTONOMÍAS, obstáculo al Estado de Derecho

Santiago Abascal y Pablo Casado | Cordon Press
Hacia la reconstitución de la Derecha española
2019-01-12
Es necesario tener una estrategia común que, sea cual sea el resultado de Mayo, garantice una continuidad política en la defensa de la Nación y del orden Constitucional
La designación de Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida como candidatos del PP para la Comunidad y la alcaldía de Madrid tiene una importancia que va más allá del resultado electoral que puedan obtener, fatalmente lastrado por las siglas bajo las que se presentan y que ya no son las de la buena gestión del PP aznarista y aguirrista sino las de la traición del partido de Rajoy y Soraya a sus votantes y a la nación española en su peor trance, que ha sido y seguirá siendo el golpe de Estado en Cataluña.

El gran cambio en la opinión pública, bandazo o resurrección, se produjo ante ese golpe separatista y ante la pavorosa incompetencia del Gobierno y de la Oposición para afrontarlo. Lo que logró el formidable discurso del Rey fue dar a la nación abandonada por su clase política un cauce institucional en que verter ordenada y jubilosamente su indignación. El fenómeno de Vox tiene por eso un carácter social más que ideológico, si bien la dictadura ideológica de la izquierda, siempre afín al separatismo, es el primer frente en que se libra la batalla por la supervivencia de la nación y el orden constitucional, que son lo mismo, aunque muchos no lo entiendan.
Vox en el presente y el PP en el futuro

El nacimiento de Vox y el cambio de liderazgo en el PP obedecen a una misma necesidad en la Derecha, cuya base social, despreciada por sus políticos, siente lo nacional español como rasgo ideológico esencial, junto a la propiedad, la libertad individual, la igualdad ante la Ley, la familia y la tradición, incluida la católica, no como confesión religiosa sino como parte de una milenaria civilización, propiedad de todos los españoles, que tanto hicieron por ella a lo largo de los siglos. Y que la Izquierda quiere destruir.

Es muy acertado el lema de Abascal: "Vox no es de extrema derecha sino de extrema necesidad". Pero esa necesidad no la sienten sólo los que crearon o han empezado a votar a Vox sino cuantos se sienten humillados viendo a la nación en peligro y a la legalidad en almoneda, y que aún no han decidido cómo organizarse en el futuro inmediato para defenderlas. Y ese futuro va más allá del presente que, como urgencia, representa VOX. Atañe a cuantos quieran organizar no sólo una respuesta al Golpe y a la traición de la Izquierda, sino una alternativa que la derrote en las urnas. Y el escaparate de esa lucha política a muerte era, debía ser y será Madrid.

Vox se adelantó a esa necesidad y ocupará un lugar clave en el inmediato presente. El PP de Casado está dispuesto a no perder el tren del futuro, el de un movimiento político que, como decía antes, empezó con el golpe de estado en Cataluña y que sólo terminará, si termina, cuando los españoles lo vean realmente destruido, si es que llegan a verlo. Han sido tantas las negligencias, cobardías, complicidades o directamente traiciones de los distintos gobiernos de Madrid desde el comienzo de la democracia, que recuperar una estructura de Estado que se sustente en una nación de ciudadanos libres e iguales costará mucho tiempo y mucho esfuerzo, si se sabe humildemente encauzarlo. Si no, el desguace de España, continuará.
Una infernal carrera de obstáculos
Hoy por hoy, la Izquierda y el separatismo tienen más medios que la derecha. No más base social, ni más fuerza, ni más razón, ni más ideas, ni talento, pero sí muchos más medios materiales: el duopolio televisivo, el triopolio radiofónico, los canales públicos separatistas o socialcomunistas de radio y televisión y los casi infinitos medios materiales de los que usa y abusa el poder político en el gobierno central, autonomías y ayuntamientos. Frente a eso no basta un partido de votos sin cuadros, como Vox. Tampoco un partido de cuadros en sequía de votos, como el PP. Es necesario tener una estrategia común que, sea cual sea el resultado de Mayo, garantice una continuidad política en la defensa de la Nación y del orden Constitucional.

Y ese me parece el sentido último de la elección de Casado: pensar en un futuro que el PP sólo puede afrontar con VOX, porque Ciudadanos ha mostrado con absoluta claridad que su estrategia se dirige a la izquierda. Pactará con la Derecha si no tiene más remedio, así que la mejor forma de tratarlo es reforzar ideológica y políticamente la base política común, sin caer en la tentación de pelearse, ni siquiera fraternalmente. La gran mayoría de sus votantes lo son contra la izquierda y seguirán al que ayude a echarla del poder, no a pactar con ella un desalojo parcial o el reparto del pastel, aspiración del partido de Rivera, para chasco de los muchos que le votamos creyéndolo una alternativa sincera a la Izquierda y sus socios nacionalistas, nunca un centrismo de ocasión semejante al de Rajoy, basado en la eterna ficción de un PSOE con sentido nacional y responsabilidad institucional, que jamás existió con González ni con Rubalcaba, menos aún con Sánchez.
El mito del consenso y la ficción del PSOE bueno
La apelación al consenso, raíz inconfesada del centrismo desde 1977, no nace de la preocupación ante dos extremos violentos, sino del miedo de la Derecha a quedarse sola en la defensa de unos valores en los que no cree. Mientras duró el miedo al Ejército (hasta 1986) o a que el PP se cargara el inmenso tinglado prisaico-felipista (hasta 1998), o a que el PSOE privara al PP de Rajoy de cualquier posibilidad de acceso al Poder (de 2008 a 2011), el consenso tuvo, como fórmula de alternancia pacífica en el Poder, una base psicológica clara y cierta razón de ser real. Pero desde el 11M de 2004 y la liquidación de la Transición a la democracia por ZP y los nacionalistas, la Derecha se vio sola en la defensa del régimen constitucional; y se asustó.

No lo estaba. UPyD y Ciudadanos, despreciados por pequeños, eran o podrían haber sido socios leales a la causa nacional, si la mezquindad de Rajoy les hubiera dejado. Pero ese PP muerto y enterrado, aunque partes de su cadáver ambulen como zombis como aún pertenecieran al mundo de los vivos, prefirió la acostumbrada complicidad delictuosa con el PSOE y los nacionalistas. Y ese es el PP que murió de consenso con el Golpe catalán.
Las autonomías, obstáculo al Estado de Derecho
El adelanto electoral en vez de la aplicación del 155, tan jaleado por el PSOE, Cs y casi todos los medios de comunicación, fue el epitafio a la nonata intervención del Estado contra los infinitos desafueros de ámbito autonómico. Pero sigue pendiente y esa es la razón del éxito de Vox al pedir la supresión de las autonomías: que se han demostrado un obstáculo infranqueable para el funcionamiento del Estado de Derecho.

La tribu opinatriz llama anticonstitucionales precisamente a los que quieren remover el gran obstáculo para que funcione la Constitución. Pero la opinión pública sensible a la igualdad de los españoles ante la Ley no lo verá así. Sólo sería innecesario suprimir las autonomías si se acometiera de manera urgente la recuperación de competencias esenciales por el Estado. Da risa ver a Cs pedir a Vox religioso respeto al Estado de las Autonomías y, a la vez, que se aplique sine die el 155 en Cataluña, prueba de su fracaso. Si se cumpliera la Constitución, habría que imponerlo en cinco autonomías ya: Cataluña, Baleares, la Comunidad Valenciana, Navarra y el País Vasco. ¿Sería eso cargarse el Estado de las Autonomías? No. Sería impedir que las caciquiles y abusivas competencias autonómicas se carguen al Estado.
La importancia de la lucha contra la LIVG
Hay otro terreno en el que necesariamente el PP debería aliarse con Vox: la derogación de leyes tan radicalmente contrarias a la Constitución como la de Violencia de Género y la de Memoria Histórica. Discriminar por sexos a las personas, aunque lo digan las Cortes y lo trague el TC, es incompatible con la libertad y la igualdad de los ciudadanos ante la Ley. Se trata del caso más abyecto de ingeniería social totalitaria en toda Europa. Y si sólo Vox se opone a monstruosidades como la reciente sentencia del Supremo condenando por un delito que es pura construcción ideológica, sin mediar denuncia y en contra del juez natural, en este caso la Audiencia de Zaragoza, a dos penas distintas, el doble para el hombre que para la mujer, por un mismo delito, el voto a Vox y no sólo de la derecha será abrumador.

Si el PP, que, aquejado de la misma cobardía mediática de Cs, tragó la barbarie de las leyes de Memoria Histórica y Discriminación de Género, no comparte su revisión, que es el camino para la derogación, ya pueden hacer campaña los medios izquierdistas y centristas, que el PP se hundirá. La reconstitución de la Derecha, no su mera reconstrucción, porque desde la liquidación del PP por Rajoy han pasado demasiadas cosas que exigen un edificio de nueva planta, precisa una reconsideración de todas las leyes que en aras de un consenso que, en la práctica, se ha limitado a seguir a la Izquierda en sus planes de demolición de los valores liberales y nacionales, son hoy un muro infranqueable para las libertades y el Estado de Derecho.

Y el Derecho no es lo que digan las leyes que votan los políticos ni lo que interpretan los jueces, a veces con tan criminal arbitrariedad como en el caso de la tortura judicial a Zaplana. El Derecho debe ser la garantía de la libertad individual, de la propiedad, de la seguridad personal y de un modelo de sociedad en el que cada uno pueda desarrollar su proyecto vital. Lo que estamos viviendo en España es un atropello a todo eso. Y sólo una reconstitución de la Derecha que intente recuperar el sentido primigenio de la transición a la Democracia hace cuatro décadas puede impedir su éxito.

Si en el futuro el PP de Casado y Vox forjaran esa fuerza nacional, liberal y democrática, es posible que Ciudadanos cambiara su postura, que cambiar se ha convertido en su ideología. Y no es técnicamente imposible que una parte del socialismo hiciera lo mismo. No lo creo, pero pudiera ser. En todo caso, lo que hay que hacer para salvar la Nación y la Constitución no puede esperar a consensos ni a unanimidades. Ante la invasión de una fuerza superior, como Napoleón en 1808, se impone la guerra de guerrillas. Si Inés Arrimadas renuncia a ser Agustina de Aragón, Isabel Díaz Ayuso la puede reemplazar con ventaja. Y Martínez Almeida, a fuer de colchonero, está acostumbrado a las penalidades. Hay que ver si el PP aguanta el tirón, porque los demás partidos y casi todos los medios lo van a tironear una barbaridad. Pero no hay alternativa: otra rendición supondría su extinción.
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miércoles, 23 de enero de 2019

La MASONERÍA y sus relaciones con la Iglesia CATÓLICA. Javier Otaola, representante cualificado de la Gran Logia Simbólica de España. La batalla ganada por los masones ha sido la de la respetabilidad. Sus principios son: relativismo vital, liberalismo político y personal, subjetivismo moral, imposición de una ética civil ajena y opuesta al cristianismo,etc.

¿Tiene sentido hablar hoy 
de la masonería?
ConoZe
En las últimas semanas ha aflorado, en algunos medios católicos, cierto interés sobre la incidencia real de la masonería en el devenir de la vida española y sus relaciones con la misma Iglesia católica. Empezó el suplemento de religión "Fe y Razón" con un artículo breve, pero muy claro, que emitía un juicio directo sobre la naturaleza de la masonería y su incompatibilidad con la Iglesia católica.
El día 26 de abril de 2001, "Alfa y Omega" en su número 257 dedicó, como artículo de portada, un espacio de 5 páginas dedicada al tema. Su título ya era revelador: "La pertenencia a la masonería cuestiona los fundamentos cristianos". En el mismo se recogían opiniones y datos de los historiadores Ricardo de la Cierva y Federico R. Aznar Gil. Incorporaba, igualmente, dos sueltos. El primero sintetizaba las características masónicas incompatibles con la fe católica. El segundo trataba acerca de las relaciones de la masonería con la "new age", con especial atención al filósofo masón René Guénon.
Ese mismo día 26 de abril, Eulogio López, en su edición de hispanidad.com, publicaba un artículo inquietante titulado "El clan de Castellón y los masones". Y en la edición siguiente de la publicación digital, Javier Paredes dedicaba el editorial al tema, titulado: "¡A callar que vienen los masones!".
También esta publicación digital, "Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica", ha publicado a lo largo del primer trimestre de 2001, una miniserie de artículos dedicados al tema: historia, naturaleza y relaciones de la Iglesia católica con la masonería.
Reacciones.
"Alfa y Omega" ha recogida, en su número 258, un escrito de réplica de Javier Otaola, representante cualificado de la Gran Logia Simbólica de España. Considera Otaola que en el artículo de ese semanario se ha incurrido en todo tipo de tópicos anticuados. Que no se entiende el verdadero sentido de la masonería. Y considera que se debieran haber consultado otras fuentes, en concreto, a sacerdotes católicos expertos en el tema, sin duda más "abiertos" y de indudable recta intención. Incluso llega a afirmar que es decepcionante que este tipo de afirmaciones se hagan en un semanario dependiente del Arzobispado de Madrid. Toda una declaración de intenciones. En una nota de la redacción del semanario se considera que dicho escrito confirma lo esencial de las afirmaciones del polémico artículo.Se trata de un tema "tabú" ante el que, acomplejados, los católicos callábamos. Por fin, se ha roto el silencio. Pero, ¿qué reacciones se han producido entre los mismos católicos?
De entrada, la jerarquía, con su característica prudencia, ha callado. Y entre los católicos de "a pie" las reacciones han sido diversas. "Ya era hora", hemos escuchado. ¿Pero, todavía existen los masones?, preguntaban otros. "Se trata de un asunto viejo que no tiene ninguna trascendencia", afirmaban algunos. Opiniones variadas, en definitiva.
En su esclarecedor artículo, Eulogio López considera que la batalla ganada por los masones ha sido la de la respetabilidad. Pero, siendo cierto, consideramos que la batalla planteada va mucho más allá de una cuestión de imagen. Para realizar tal afirmación nos basamos en que la sociedad, en la que vivimos, se apoya en unos valores propugnados por la masonería, más que en los cristianos.
¿Políticamente correcto=masonería?
El lenguaje "políticamente correcto" y su contenido ético de los valores comunes cívicos mínimos, son un calco de los principios propugnados por la masonería de todo signo:

  • relativismo vital
  • liberalismo político y personal
  • subjetivismo moral
  • imposición de una ética civil ajena y opuesta al cristianismo, etc.
El anticlericalismo —anticatolicismo, hablemos claro-- virulento de antaño ha dado paso a otras formas más sutiles de persecución. No es necesario prohibir y disolver a los jesuitas; no es necesario expulsar a ningún obispo. Hoy es suficiente con reducir, poco a poco, el espacio social de la presencia pública de la Iglesia, desplazándola hacia un "ghetto" en el que su papel quede reducido a "bendecir" los valores de la "ética civil" común.
No es necesario estudiar "los protocolos de los sabios de Sión" para emitir un juicio correcto sobre la realidad y descubrir que el papel de la masonería, lejos de no existir, es determinante en la configuración del modelo de sociedad que se viene implantando. Veamos unos ejemplos.
Unos italianos estudiantes en Inglaterra, afirman, en un artículo publicado en el número 4 de 2001 de la revista "Huellas", de Comunión y Liberación, que "(...) por el famoso espíritu politically correct inglés, es decir, la mediocridad de estar siempre de acuerdo y ser blandamente respetuosos con las opiniones de los demás, es preciso estar siempre atento a lo que se dice, no tener ideas demasiado seguras y, sobre todo, no sostener que existe una única verdad." Tales reflexiones se adaptan, plenamente, a la realidad española.
Todos tenemos la siguiente experiencia. Al entablar una nueva relación ocasional, con motivo de unas vacaciones, un viaje, un encuentro profesional, se puede opinar de todo, salvo acerca de la Iglesia católica y, en muchos casos también, de política. Lo anterior, acaso, ¿no es la práctica social de un principio masónico fundamental que es el de no hablar de política y religión en las "tenidas"?
Nos encontramos en una sociedad en la que se puede opinar de todo, debiendo ser sumamente respetuosos con todo tipo de realidades, opiniones y opciones; menos con la tradición católica.
Por ello, es más necesario que nunca conocer los valores de la masonería, contrastándolos con las tendencias sociales que se imponen, de forma más o menos persuasiva, desde el poder cultural dominante.
La Iglesia, de forma misteriosa, sigue siendo la posibilidad de un encuentro personal con el Dios que proporciona al hombre su verdadero rostro y sentido. Esa posibilidad jamás la tendrá la masonería. Por ello, la misión de evangelización de la Iglesia es de una necesidad apremiante.
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martes, 22 de enero de 2019

Constitución Masónica Europea ¿Es posible definir Europa?

¿Es posible definir Europa? 
Nunca como la Constitución Europea
5-11-2018
  • Europa es el idealismo de Platón y el dualismo de Aristóteles, la recta moral de Séneca y el legalismo retórico de Cicerón, coronados por la Luz de JesuCristo a través del Magisterio de la Iglesia y la Tradición, desde los primeros Padres hasta San Agustín y sus seguidores. 
  • Europa NO es un proyecto colectivo y democrático, sino individual y aristocrático: Europa es el genio, la fuerza y la fe verdadera de los menos al servicio de la ignorancia, la pusilanimidad y la incredulidad de los más.
  • Europa es la liberación de las cadenas del paganismo y su inmersión en las fuentes cristalinas de la Catolicidad.
  • Europa es la Iglesia Católica, la Iglesia Universal de Cristo, Única y Legítima depositaria de la Fe Verdadera. 
  • Europa es un hecho histórico consumado e irreversible. Negar esta realidad pétrea de siglos de dorado esplendor es negar a Europa su mismísima esencia.
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lunes, 21 de enero de 2019

El Nuevo Orden Mundial contra la Iglesia Católica. Filosofía de una infiltración herética: adopcionismo, donatismo, arrianismo, nestorianismo, monotelismo, pelagianismo, priscilianismo. Modernismo: Lutero, Kant, Hegel, Karl Rahner, Teilhard de Chardin, Darwin. Escépticos, cristófobos, deístas. masones, luciferinos...

El Nuevo Orden Mundial contra la Iglesia Católica
Filosofía de una infiltración
José Antonio Bielsa Arbiol 
12-enero-2019 
La Roca de Pedro es el principal escollo del Nuevo Orden Mundial hacia la consumación de su proyecto luciferino; sus principales cerebros lo saben bien: todo el esfuerzo de siglos de infiltración consiguiente va encaminado a la demolición de aquélla. El objeto del presente artículo es ofrecer una breve panorámica de este proceso de infiltración .filosófica.
Sincretismo religioso
Generalizando (es decir, omitiendo la dispersa remanente existente), se puede afirmar sin errar en demasía que [1] a la última generación católica de la España educada en los principios de la Tradición perenne (generación hoy octogenaria/nonagenaria -y por ende en vías de desaparición-), le habría de seguir [2] la generación ocupada/jubilada que contribuyera tiempo ha en la consolidación neoliberal del proyecto capitalista, ése del estado de bienestar masón y sus futesas; tras éstas, llegan a tiempo para reposar en las tumbonas del descrédito cual largas son, [3] las extensas generaciones anti-metafísicas, hedonistas e idólatras (que no ateas) en su mayor parte, es decir las del “banco vacío” (en feliz expresión de cierta publicación religiosa), perfecto maridaje de pellejos y egos virtualmente interconectados en la Red (Internet). Cuatro décadas de partitocracia disolvente -repodrida en emolientes socialistas y liberalescos- han lesionado las estructuras mentales (y espirituales) de un cuerpo social hasta entonces más o menos compacto en su dirección moral (léase con una manifiesta concordancia entre los conceptos básicos relativos al bien o al mal en su más elemental grado de aprehensión). Pero antes hagamos antes un poco de historia.
Antecedentes: Modernismo
Esta apostasía, pese a remontarse a los tiempos del infausto Martín Lutero, e incluso a los primeros siglos de la Cristiandad, bien que a través de las diversas herejías incubadas: adopcionismo, donatismo, arrianismo, nestorianismo, monotelismo, pelagianismo, priscilianismo, etc, tuvo su más visible concreción estructural en la filosofía del modernismo católico, producto decimonónico decadente, diseñado por figuras tan emblemáticas para los enemigos de la Iglesia como así lo fueron el P. Tyrrell, Loisy, Le Roy o el mismísimo Blondel, de quien la BAC, antaño casa de ortodoxia, no tuvo empacho en publicar su falso clásico La acción. No tenemos ningún interés en repetir una vez más todo cuanto sobre el modernismo se ha dicho, escrito o elucubrado, pero sí es oportuno recordar que dicha herejía consistía en la aplicación de los principios de la filosofía kantiana y de la dialéctica de Hegel al tomismo y la tradición católica en general, haciendo hincapié por lógica coyuntural en las cuestiones de la evolución y de la vida, así tras los pasos de filósofos tan prestigiados entonces como Bergson o Eucken. La esencia del modernismo fue bien resumida por el propio Tyrrell: “…será la Humanidad un Cristo místico, un Logos colectivo, el Verbo o la Manifestación del Padre; y cada miembro de esa sociedad será, en esta misma medida, un Cristo o un revelador en el que Dios se habrá encarnado y permanecido entre nosotros”. Condenada por el Papa San Pío X en la encíclica Pascendi, la herejía modernista pasaría a refugiarse en los sótanos de los cenáculos protestantes y logias masónicas internacionales.
P. Pierre Teilhard de Chardin
Neomodernismo: la gran debacle
Medio siglo después, el engendro despertaría con renovadas fuerzas y mejor conocimiento del terreno, volviendo a la carga con redoblado ímpetu: surgía el neomodernismo, en un perfecto dechado de audacia y corrupción del espíritu, consolidando la sorprendente convergencia del modernismo previo con el panteísmo y la hoy desmontada teoría de la evolución de las especies (Spencer, Lamarck, Darwin), y todo ello barnizado de nuevo con ungüentos hegelianos y heterodoxos varios. Será un jesuita francés, el inefable P. Pierre Teilhard de Chardin, el predecesor de esta azufrosa filosofía, en tanto expositor de sus descabelladas teorías en sus obras típicas El fenómeno humano y El ambiente divino, que darán a conocer el camino a seguir. Lo que parece evidente es que Teilhard no era católico corriente, sino panteísta cristiano de trazo grueso; basta asomarse a sus papeles para advertirlo: “Dios mío…, para que no sucumba a la tentación de maldecir el Universo, haz que lo adore, viéndote oculto en él. La gran palabra liberadora, Señor, la palabra que revela y opera al mismo tiempo, repítemela, Señor… En realidad, si lo queremos, el monstruo, la sombra, el fantasma, la tormenta, eres Tú… En el fondo, no son más que las especies o las apariencias de un mismo Sacramento”. Pío XII condenará sus desviaciones teológicas en "Humani generis".
Tras los pasos del jesuita, desolaría la Roca una copiosa legión de campeones del neomodernismo (amén de una legión de epígonos hoy reinantes en todas y cada una de las librerías “católicas” del orbe). El más prominente y dotado de todos ellos, el más prolífico e influyente, será Karl Rahner, grafómano por momentos ilegible, plagado de contradicciones y ambigüedades, mas claro como el agua en otras ocasiones: “La Iglesia no se considera ya como la comunidad exclusiva de los candidatos a la salvación, sino como la vanguardia histórica y social de esta realidad… oculta”. Curiosamente, o no tanto, Rahner resultará el autor mayor número de veces citado en el Concilio Vaticano II, impregnando de neomodernismo dicho concilio pastoral. En palabras de Giovanni Battista Montini, Pablo VI: “La Iglesia se encuentra en una hora inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de auto-demolición”. Más explícito se mostrará Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI: “Después del Concilio, las diferencias de confesiones entre la exégesis católica y protestante desaparecieron prácticamente…” Para todos aquellos que quieran ahondar en este asunto, en fin, les recomendamos encarecidamente la lectura de un par de sustanciosos y sintéticos libros: Confusión y verdad, de Philip Trower; y Cien años de modernismo, del P. Dominique Bourmaud; en palabras de éste último, y a propósito de Teilhard (e implícitamente a cuanto vendría después), “hay que reconocer que su sistema llega a tiempo para favorecer los proyectos tanto masónicos y modernistas, pues la nueva formulación teilhardiana de los dogmas cristianos es el medio para transformar la Iglesia e integrarla -o mejor dicho, desintegrarla- en una Superiglesia universal”.
En parejo sentido, y con agudo sentido profético, describía el gran narrador argentino Hugo Wast una suerte de nueva teología -en boca del personaje de Fray Simón de Samaria, embebido de neomodernismo-, en su díptico distópico Juana Tabor y 666, dos novelas aparecidas en 1942 que habrían de anticipar el espíritu ecuménico del Concilio. Tengo la conciencia de que llevo conmigo todas las energías de una nueva creencia. Mi misión es reconciliar al siglo con la religión en el terreno dogmático, político y social. Me siento sacerdote hasta la médula de los huesos; pero he recibido del Señor un secreto divino: la Iglesia de hoy no es sino el germen de la Iglesia del porvenir, que tendrá tres círculos: 
1. Católicos y protestantes 
2. Judíos y musulmanes
3. Idólatras, paganos y ateos
Juana Tabor, capítulo I: 200 años después de Voltaire; pese a ello, el tema central de este díptico no es tanto el neomodernismo que lo sazona como una brillante exposición sobre el Anticristo y su advenimiento (asunto harto complejo, ya novelado unas décadas antes por un anglicano converso al catolicismo, el P. Robert Hugh Benson, en cuya eficaz distopía "Señor del mundo" bosquejará con perfección maestra los rasgos de éste, personificado en la figura del diabólico Julian Felsenburgh, especie de superhombre y “salvador” negativo que profesaba un culto panteísta peor que ambiguo).
Misa Novus Ordo con influjos New Age
Hoy el neomodernismo lo inunda todo, o casi. Se diría que el Novus Ordo mira más al presente pragmático que a la Tradición perpetua. La percepción es patente desde lo externo: la reubicación del altar, dando el celebrante da la espalda al Tabernáculo; la sustitución del latín por la lengua vernácula en el contexto de la simplificación drástica de la liturgia católica; la desaparición de la figura genuina del predicador y, por ende, del púlpito; la supresión de la apologética; la progresiva omisión de las referencias de rigor al infierno como lugar físico, o la mismísima realidad del pecado; amén de una tendencia estética hacia el minimalismo menos refractario (perceptible no ya en las nuevas arquitecturas y el mobiliario post-Bauhaus, sino en los más nimios ornamentos), han ido vaciando las iglesias de casi toda España; en palabras del sociólogo cristiano (católico no practicante) Amando de Miguel, “se ha perdido el Misterio”. Este aperturismo de dentro afuera, este nuevo ecumenismo adaptado a los tiempos (aggiornamento), pretendiendo abrir los brazos al orbe todo (pensemos en la barroca columnata de Bernini en San Pedro como obvia metáfora), no ha atraído acaso tantas nuevas almas a la Santa Madre Iglesia como se pensaba, sino más bien ha provocado la estampida desde dentro de multitudes cegadas por los nuevos ídolos caros a la diosa democracia. El ecumenismo del cardenal Roncalli/Juan XXIII apelaba por lo demás a un arma peligrosa en materia de fe: la simplicidad; en sus propias palabras: “Una cosa es la sustancia de la doctrina contenida en el depósito de la fe, y otra la formulación con que se reviste”; anticipando a ese clérigo laico de la progresía llamado Jürgen Habermas (y su teoría de la acción comunicativa), Roncalli introduce el diálogo, para “acoger y asumir desde el evangelio los valores legítimos de la cultura moderna, especialmente los principios de participación de todos y de representatividad democrática, así como la dinámica social que busca la paz y la solidaridad entre los hombres y los pueblos” (J. L. Vázquez Borau). Estas “concesiones”, por ende, han generado gran confusión, dispersando al rebaño de la recta doctrina: el pueblo, en tanto pueblo orante, pueblo de fe, es afecto a la doctrina, y lo es (y lo era) porque la vive sin cuestionamientos ni altas elucubraciones teológicas (elucubraciones para las que la multitud, para qué engañarnos, no está ni dotada ni preparada).
Ejemplifiquemos con un mero botón de muestra estas “simplificaciones”, acudiendo a dos compendios de Catecismo de la Iglesia Católica separados por casi un siglo de distancia: de una parte, el Compendio de la Doctrina Cristiana prescrito por la Santidad del Papa Pío X (1907; 2ª edición revisada); y de la otra, el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica de 2005 (2011).
La prístina inteligibilidad del Compendio de San Pío X se manifiesta en toda su genuina fuerza en la siguiente pregunta-respuesta: 
83 P. ¿Quiénes están fuera de la Iglesia? / R. Están fuera de la verdadera Iglesia los infieles, los judíos, los herejes, los apóstatas, los cismáticos y los excomulgados. 
En cambio, en el nuevo Compendio se invierte el sentido de la pregunta, no acotando su objeto (quiénes están fuera), sino expandiéndolo (quién pertenece), para mayor confusión del indocto consultante:
¿Quién pertenece a la Iglesia católica? / Todos los hombres, de modos diversos, pertenecen o están ordenados a la unidad católica del Pueblo de Dios. Está plenamente incorporado a la Iglesia católica quien, poseyendo el Espíritu de Cristo, se encuentra unido a la misma por los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión. Los bautizados que no realizan plenamente dicha unidad católica están en una cierta comunión, aunque imperfecta, con la Iglesia católica.
Vemos pues cómo la inteligibilidad del segundo Compendio, que requiere del triple de líneas, resulta harto inferior a la del primero. Fruto de los influjos neomodernistas, esta ambigüedad que bien podría entenderse como falta de caridad, dificulta la lectura del texto y no aclara debidamente las dudas del consultante. Obviamente, este tipo de “concesiones” tiene un precio.
Giosuè Carducci
Consecuencias: sindiosismo y satanismo
Por todo ello, en consecuencia, son muchos los que han terminado por negar a JesuCristo, algunos incluso sin saberlo; la fiebre democrática y los efectos nocivos en el cuerpo social de la divisa racionalista-kantiana (junto a otros tónicos modernistas), parecen haber calado hondo entre los neomodernistas: “Jesucristo, históricamente, sólo era un hombre, pero resultaba útil presentarlo como Dios a los fieles, para que comprendan así que también ellos son en cierto modo hijos de Dios” (Kant). Ese trato displicente para con la Segunda Persona de la Trinidad, ha hecho un daño incalculable a Europa y a toda su área de influencia. Escépticos y cristófobos, deístas y masones, luciferinos y sectarios de toda laya, como el laureado poeta Giosuè Carducci, lo han venido anticipando y aun celebrando por todo lo alto en sus más sacrílegos versos:
¡Salud, Satanás,
Oh rebelión,
Oh fuerza de la revancha
De la razón!
¡Se alcen a ti sagrados
Inciensos y votos!
¡Al Jehová de los curas
Tú has vencido!
El sindiosismo fruto del racionalismo ciego anunciado por Wast en Juana Tabor y 666, degradado en caída libre, se ha trocado en un satanismo de bajo voltaje, enemigo jurado de todo aquello que huela a sacristía y a devoción mariana, con toda su simbología democratizada. El mal luterano, quinientos años atrás, bramaba con tozuda cerrazón, este sonado sofisma:
Peca con fuerza
pero cree aún con más fuerza
Triste sino, la relectura modernista del mismo lo ha tornado todavía más sórdido, al suprimir la fe del condicional consiguiente.
Nihilismo o neo-politeísmo pagano
A la pregunta de qué habría más allá de la apostasía incubada por el neomodernismo, a medio y largo plazo, la doble respuesta prorrumpe ella sola: 
  1. Un nihilismo duro a la manera del Kirilov de Dostoyevski, culminado en el suicidio del sujeto en un contexto sobresaturado de seres soberanos de razón (opción improbable, a la que apenas se han acercado unos pocos [p. ej. Albert Caraco]); 
  2. Una vuelta al politeísmo pagano enmarcado en el espacio sincretista de las nuevas religiones de diseño, capitaneadas por los gurús de rigor (opción harto probable, incluso ya consolidada por la “Nueva Era“); así nos lo advirtió Cristo:
“Si alguno os dice entonces: ‘Mirad, aquí está el Mesías’ o ‘Mirad, allí está’, no lo creáis. Porque vendrán falsos mesías y falsos profetas, y harán grandes señales y milagros para engañar, a ser posible, incluso a los que Dios mismo ha escogido. Os lo he advertido de antemano. Por eso, si os dicen: ‘Mirad, allí está, en el desierto’, no vayáis; y si os dicen: ‘Mirad, aquí está, escondido en casa’, no lo creáis. Porque como el relámpago que brilla de oriente a occidente, así será la venida del Hijo del hombre. ¡Donde está el cadáver, allí se juntarán los buitres!” (Mt 24.23-28).
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