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sábado, 13 de noviembre de 2021

“El Cielo va por delante y no pide permiso para mandarnos a la Virgen”. Damián Sánchez ha estudiado a fondo las apariciones marianas, desde La Salette (1846) hasta nuestros días. Por Isabel Molina Estrada

“El Cielo va por delante y no pide permiso
 para mandarnos a la Virgen”
Damián Sánchez ha estudiado a fondo las apariciones 
marianas, desde La Salette (1846) hasta nuestros días.
Por Isabel Molina Estrada

Artículo publicado en la edición número 61 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Damián Sánchez ha estudiado a fondo las apariciones marianas, desde La Salette (1846) hasta nuestros días, incluidas aquellas que no han sido aprobadas aún, como Medjugorje o Garabandal. El resultado es Vengo a prepararos (DidacBook, 2021), donde muestra a la Virgen como “precursora” de la última venida de Cristo, tal y como anunció en su día san Luis María Grignion de Montfort.

Usted se dedica a la asesoría empresarial. ¿Por qué empezó a investigar las apariciones marianas?

La fe es creer lo que no se ve, y siempre me ha impresionado que del Cielo vengan a vernos, porque significa que algo tienen que decirnos. Pero yo no buscaba las apariciones; me llegaban. Tras leer sobre unas y otras, comencé a comentarlas con amigos y enseguida se montaron charlas. Al final de las charlas me preguntaban si tenía algo escrito, así que empecé a hacer el libro. Tardé 6 años, porque he intentado darle mucho rigor.

“Como buena Madre, Ella nos avisa 
y nos da los medios para convertirnos”

El libro se llama Vengo a prepararos. Prepararnos, ¿para qué?

Para los acontecimientos explicados en las Sagradas Escrituras, sobre todo en el libro del Apocalipsis. Es lo que la Iglesia llama “el fin de los tiempos”, que no es el fin del mundo, sino el fin del tiempo del demonio, del “príncipe de este mundo”, que va a ser encadenado y el mundo vivirá un reino de amor, algo que, según la Virgen dice en las apariciones, la tierra no ha conocido aún. Como buena Madre, Ella nos avisa y nos da los medios para convertirnos: la devoción a su Inmaculado Corazón, la consagración a Ella y a su Hijo, el amor a la Eucaristía, la meditación de la Pasión, la confesión, la lectura de la Biblia, el rosario, hacer sacrificios y poner a Dios como lo primero en nuestra vida.

En su libro hila las apariciones con la Escritura. ¿Cómo ha logrado ver esas conexiones, a veces no tan obvias?

Cuando uno va leyendo sobre las distintas apariciones y cruzando la información, hay cosas que acaban siendo obvias. Por supuesto, hay que ser prudentes. De hecho, yo le pedí a la Virgen: “Si me equivoco en algo, haz que este libro no salga. Y si sale, que tenga el respaldo de un obispo para que nada de lo que diga vaya en contra de las verdades de la fe” [el libro ha sido prologado por monseñor Marc Aillet, obispo de Bayona].

En el tema de profecías que anuncian un castigo, la Palabra ayuda a entender que si hay conversión, el castigo no es necesario. El ejemplo lo tenemos en el Antiguo Testamento con Jonás: Yahvé le dice que si no hay una conversión, arrasará Nínive. Nínive se convierte y Dios no la destruye. Por eso nuestra motivación tiene que ser siempre tratar de vivir lo que Dios nos pide. Volver nuestro corazón a Él por completo. Él no nos pide buscar fechas, ni obsesionarnos con un mensaje o una aparición.

Da una visión de conjunto de las apariciones, las aprobadas por la Iglesia y las que no han sido aprobadas, pero tampoco rechazadas. ¿Es necesario mirar a unas y otras?

En el libro cuento lo que la Virgen nos está diciendo en nuestra época. Doy elementos de discernimiento respecto a cada aparición, y preciso si está o no reconocida. Cuando hay santos que apoyan una aparición, eso da cierta garantía. San Juan Pablo II, por ejemplo, hizo en privado comentarios positivos sobre Medjugorje. Sin embargo, eso no quita que cada uno tenga que hacer un discernimiento espiritual.

“La Virgen nos empezó a avisar desde La Salette 
de acontecimientos que vendrán si no nos convertimos”

Da la sensación de que cada aparición aporta piezas a un gran puzle de visitas del Cielo. ¿Qué aportan apariciones que resultan más lejanas, como la de Kibeho, en Ruanda?

En Kibeho (1981-1989) [reconocida en 2001 por el obispo local], la Santísima Virgen hizo una catequesis completa. Enseñó a las niñas la importancia del rosario, la oración sincera, la penitencia, la renuncia al pecado… Además de avisar del genocidio que iba a ocurrir en Ruanda. Los sacerdotes interpretaron las visiones de las niñas, en las que veían a gente decapitada y muertos por todos lados, de forma conceptual, como una imagen del racionalismo. Hasta que llegó el genocidio en 1994. La Virgen nos empezó a avisar desde La Salette (Francia, 1846) de acontecimientos que vendrán si no nos convertimos.

Luego en Fátima (Portugal, 1917), que fue reconocida, pero no se hizo a tiempo lo que Ella pedía, pues la consagración de Rusia tardó más de 60 años en llegar. La Unión Soviética cayó, pero los errores del comunismo ya se habían esparcido por el mundo. Más tarde se va más lejos, a Akita (Japón, 1973) [cuyos mensajes fueron aprobados por el obispo local]. Allí aceptan su mensaje y lo transmiten.

Ahí se puede ir viendo la relación entre las apariciones alrededor del mundo. Luego se aparece en Kibeho y, en el mismo 1981, surgen las supuestas apariciones en Medjugorje [aún ni reconocidas ni rechazadas por la Iglesia].

Algunos dicen que hay conexiones incluso entre Fátima y Medjugorje…Juan Pablo ii dijo [en 1984, en privado, al arzobispo eslovaco Pavel Hnilica, en una anécdota que relata el vaticanista Slawomir Oder en el libro Por qué es santo]: “Medjugorje es la continuación de Fátima”. Y creo que Garabandal [ni reconocidas ni rechazadas] es también continuación de Fátima.

En 1965, Pablo VI recibió a Conchita [una de las videntes de Garabandal] y probablemente ella le contó las dificultades y la persecución eclesial que había sufrido, aunque no lo sabemos con certeza. Lo que sí sabemos es que, meses después, el Papa quitó un artículo del Código de Derecho Canónico (el Canon 1399) por el cual no se podían publicar documentos, libros, etc. de apariciones no reconocidas si no tenían imprimatur –el permiso– del obispo.

Ese artículo desaparece, lo cual nos permite conocer apariciones –siempre con prudencia, insisto– aún no reconocidas.

Dice que estamos en el tiempo de la misericordia, que precede al de la justicia. ¿Esto qué significa?

En su aparición reconocida, Jesús le dio a santa Faustina Kowalska ese medio extraordinario que es la Coronilla de la Divina Misericordia, y le dijo que tenemos que aprovecharlo, porque luego llegará el tiempo de la justicia, como leemos
en el Apocalipsis. La misericordia de Dios es infinita, pero como no quiere que el hombre se autodestruya, podría llegar el día en que Él tenga que actuar.

¿Cree que estamos viviendo ese “fin de los tiempos”?

Hay que mirar los signos del tiempo en que vivimos: el mundo ha estado confinado; se está estableciendo una especie de Gobierno mundial; estamos a las puertas de un cisma en Alemania, con todo lo que eso puede acarrear…

Si estas cosas ocurren ante nuestros ojos, ¿por qué no las vemos?

Porque la sociedad de consumo nos tiene descentrados y el ser humano ya no busca a Dios. La confusión es total. Ya no distingue el bien del mal. La humanidad está dormida y lo único que nos interesa es sacudirnos los problemas (ahora el coronavirus) para seguir disfrutando de la vida. Antes, el hombre buscaba construir catedrales, irse a Santiago, Roma o Jerusalén, hacer el bien y morir en paz con Dios para llegar al Cielo.

Hoy el Cielo lo buscamos en la tierra. Y ni Jesucristo ni la Virgen nos han dicho que esta tierra es un cielo. A santa Bernardita Soubirous, Ella le dijo en Lourdes: “No te prometo hacerte feliz en la tierra, sino en el Cielo”. Estamos para vivir la cruz con alegría, pero la sociedad no quiere saber nada del sufrimiento. Por eso la Virgen a veces se aparece llorando, porque estamos en un camino absolutamente equivocado.

“El ser humano ya no busca a Dios. 
La humanidad está dormida”

¿Es normal que una aparición tarde años en ser reconocida?

El Cielo va por delante y la Iglesia necesita su tiempo para estudiar, aceptar, madurar y acoger esas manifestaciones. Hasta que las apariciones se reconocen, pueden pasar años e incluso siglos. Además, en las últimas décadas la Virgen se ha ido apareciendo en muchos sitios y a la Iglesia cada vez le cuesta más reconocer esas apariciones. Probablemente, si Lourdes ocurriera hoy no sería reconocido. Pero el Cielo va por delante y no pide permiso a la Iglesia para mandarnos a la Virgen.

¿Por qué las apariciones las aprueba el obispo del lugar, no el Papa?

La Iglesia delega en el obispo, que es el pastor del lugar que ha escogido la Virgen. Donde el tema se complica, por un bien mayor de unidad eclesial, el Papa interviene, como ha pasado con Medjugorje, pero si no, le compete al obispo local.

A veces el obispo remite el caso a la Santa Sede y aun así no mandan a nadie, como pasó en Akita. Allí, el cardenal Ratzinger dijo al obispo: “Usted ya lo tiene claro, y el mensaje es como el tercer secreto de Fátima”. Pero como ese secreto no se había revelado aún, aunque la Virgen lo había pedido, Ella se fue a Japón.

Estamos en el año de san José, quien también se ha dejado ver en algunas apariciones. ¿Qué mensaje cree que intenta dar él en las apariciones?

El hecho de que se muestre en apariciones como la de Fátima, lo que parece que nos quiere recordar es la importancia de la familia, y que nuestro modelo es la Sagrada Familia, cosa que está poco resaltada dentro de la propia Iglesia. Muchas veces, a los seglares se nos propone como modelo a santos sacerdotes o religiosas, cosa que nosotros no somos. Así que desde el Cielo también nos dicen: vivid como vivía la Sagrada Familia.

Ellos tuvieron problemas, se tuvieron que exiliar, José era un pequeño empresario al que a veces no pagarían… La Virgen estaba ocupada con mil quehaceres diarios: la comida, la ropa… Este Año de san José es providencial, porque él está para recordarnos el papel de esposo, la paternidad y la sana autoridad.

¿Cuál es el mensaje con el que le gustaría que se quedara el lector?

Que tenemos una Madre que nos ama tanto que viene a avisarnos para que nos salvemos, y que nos da los medios, aun sabiendo que vivimos tiempos difíciles. Ojalá el libro sea leído también por muchos sacerdotes, y ellos, como hijos predilectos de la Virgen, sean los primeros en transmitir sus mensajes, aunque sean solo los de las apariciones reconocidas.

No hace falta que hablen de escatología si no quieren. Pueden recordar lo que la Virgen pide insistentemente para llevarnos a su Hijo y asistirnos en nuestra salvación.

Las 5 piedras de Medjugorje

Parece que Ella pide muchas cosas. ¿Cuáles son las imprescindibles?

La Virgen se había aparecido en muchos sitios y como Ella no se cansa, aunque no le hagamos caso, finalmente se “instaló” en Medjugorje [supuestas apariciones que la Iglesia aún no ha rechazado ni aprobado] y dijo algo así como: acogeré aquí a personas del mundo entero, las traeré yo, y transformaré su corazón para que vuelvan a sus casas transformados. Así como David derrotó a Goliat con una piedra, del mismo modo podemos hacer nosotros con esa enseñanza que da la Virgen allí: las llamadas cinco piedras de Medjugorje. Según afirma en los mensajes de esa aparición, Ella dice que si hacemos estas cinco cosas, seremos suyos y Ella se encargará de hacer el resto.

1. La confesión frecuente, al menos una vez al mes.
2. Asistir a menudo a la santa misa y amar intensamente la Eucaristía.
3. Rezar el santo rosario con el corazón y como un arma invencible contra el demonio.
4. Ayunar dos días a la semana a pan y agua, que según dice “es una práctica que tenéis olvidada”, a pesar de que advierte que sin ayuno no podemos ganar los combates espirituales.
5. Leer la Sagrada Escritura, esa carta de amor de Dios al hombre, de modo que nutra nuestra inteligencia.

Apariciones y revelaciones privadas descritas en el libro
  • El Pilar, Zaragoza, España 40
  • Guadalupe, México 1531
  • Sagrado Corazón de Jesús, Paray le Monial, Francia 1673
  • Rue du Bac, París 1830
  • La Salette, Francia 1846
  • Sueños de san Juan Bosco 1862
  • Pontmain, Francia 1871
  • Pellevoisin, Francia 1876
  • Fátima, Portugal 1917
  • Banneux, Bélgica 1933
  • Ámsterdam, Países Bajos 1945-1959
  • Garabandal, España 1961-1965
  • Zeitún, Egipto 1968
  • Akita, Japón 1973-1981
  • Kibeho, Ruanda 1981-1989
  • El Escorial, España 1981-2002
  • Medjugorje, Bosnia Herzegovina 1981-hasta hoy
  • Civitavecchia, Italia 1995
Artículo publicado en la edición número 61 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.