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lunes, 22 de agosto de 2022

El progreseparatismo, una enfermedad mental y moral que está causando estragos en Cataluña

El progreseparatismo, una enfermedad mental y moral 
que está causando estragos en Cataluña
19 AGOSTO 2022

Advierte el columnista de Economía Digital y dirigente de Valents, Joan López Alegre, en referencia al acto de homenaje a las víctimas del 17-A, que “los que gritaban en Las Ramblas no son 4 locos, son la esencia del poder catalán”.

“Son la ANC, son Omnium, son del Consell de la República, son de Junts, fueron de Covergencia y pujolistas, son CDR, son la crema de la crema de un régimen que se ha construido a base de mentiras y manipulaciones hasta convertirse en algo zafio y viscoso capaz de zarandear a un padre que perdió a un hijo o de insultar a una hija que perdió a una madre de la que iba cogida de la mano ese 17 de agosto por la tarde”, añade.

“Los que osaron interrumpir el recuerdo de un hermano hacia su hermana son los que han consumido horas y horas de peroratas de Rahola en el FAQS de TV3, son los que leen compulsivamente medios subvencionados, que sin esa subvención estarían cerrados por falta de ingresos, como El Punt, el Nacional o Vilaweb”, indica.

López Alegre denuncia “más de 40 años sembrando superioridad moral” que da “como resultado gente que casi deja de ser gente para ser espectros, sin alma ni humanidad que sin atisbo de duda sobre su superioridad moral e incluso étnica se van un miércoles cualquiera a Las Ramblas a escarnecer a familias rotas que jamás volverán a ser lo mismo”.

Por su parte, sostiene Daniel Tercero que “lo más peligroso del último episodio protagonizado por Laura Borràs sería creer que se trata de un caso aislado, que es una zumbada que va por libre y que no representa al independentismo. Lo más perjudicial para la convivencia sería creer que el nacionalismo catalán no es así, cuando no es cierto”.

“No nos equivoquemos. Borràs es grotesca, sí, pero no es más radical que otros líderes independentistas que saben guardar las formas pero actúan con la misma intensidad y mayor eficacia para dinamitar la convivencia en Cataluña”, añade.

Lo que ocurrió en el homenaje a las víctimas del atentado de las Ramblas no tiene nombre. Decenas de personas, que en vez de ir de excursión al Montserrat, decidieron ir a las Ramblas y, sin ningún aditivo en la cuerpo -o a lo mejor si- empezaron a lanzar proclamas y a aclamar a la impresentable de Laura Borras.

Muchos de esos energúmenos se dedicaron a decir que querían saber la verdad. Uno de ellos increpó a una víctima diciéndole que él también era víctima, porque era catalán. También que vinieron aquí -refiriéndose a Barcelona- para matar catalanes. Incluso que el CNI alentó al imán de Ripoll para que cometiera los atentados.

Todo esto produce repugnancia y vergüenza ajena. Porque queremos pensar que la mayoría de los catalanes no piensan así.

De todas las variantes de enfermedades mentales, el progresismo debería figurar al frente de ellas. Si además se mezcla con el separatismo catalán, la patología se convierte es un trastorno bipolar de la personalidad. Ocioso es que pretendamos disuadir a esos enfermos de su mal. La única cura efectiva no está contemplada en nuestros ineficientes ordenamientos legales.

La dualidad moral que se vive en Cataluña


Las dos imágenes que ofrecemos al lector son el reflejo de la dualidad moral que se vive en Cataluña. Por un lado, progres y separatistas dejan su firma blasfema en las fachadas de numerosas iglesias, con amenazas claras y directas: “Arderéis como en el 36”. Se trata del grito de guerra con el que progres y separatistas pretenden reivindicar los ataques a la Iglesia que se produjeron entonces. No solamente por la brutalidad criminal que reivindican, sino por los hechos que pretenden conmemorar, conviene recordar qué están demandando los bárbaros de hoy, herederos intelectuales de aquellos otros bárbaros que cometieron crímenes que costaron la vida a cientos de religiosos católicos.

En contraste, los mismos incendiarios se convierten en apagafuegos con los radicales. Fue todo un espectáculo contemplar a los separatistas de la CUP participando en el borrado de pintadas aparecidas en algunas mezquitas, muy pocas, de Cataluña. Ante tal ejemplo de rendición de los separatas catalanes, ¿quién podría sorprenderse de que los islamistas estén cada día más convencidos de su victoria? Lo hemos visto esta semana en el insólito aniversario de los atentados islamistas de Barcelona: ningún reproche a los matarifes e insultos a sus víctimas. Es por ello pertinente hacer la siguiente reflexión;

¿Por qué tantos progres separatistas que critican el cristianismo y las convicciones religiosas en general parecen abrir los brazos al islamismo radical con tanto afecto? ¿Por qué tantos progres que se dicen firmes defensores de la paz, la justicia social y las libertades son comprensivos con todo tipos de legislación islamista fundamentalista?

Si, como dicen ellos mismos, los progresistas defienden los derechos de la mujer y los LGBT, ¿por qué, con su silencio, sancionan que se ejecute y se someta a las mujeres en muchas sociedades islámicas? Si están a favor de la libertad de expresión, ¿por qué miran para otro lado cuando regímenes islamistas como el de Arabia, basándose en leyes radicales y teocráticas, ejecutan a gente por el mero hecho de expresar una opinión? ¿Y por qué no dejan que, en el propio Occidente, la gente exprese su opinión sin atacarla, mostrando al menos la deferencia de escuchar lo que tiene que decir?

Los progres separatistas sostienen que están a favor del pensamiento crítico, pero no les gusta que nadie desafíe su zona de confort. En el fondo lo que temen es que su mentalidad simplista y binaria se vea amenazada por la lógica o los hechos.

Cuando alguien proviene de un país musulmán y ha experimentado de manera directa el islam extremista, muchos progres separatistas se apresuran a eludir la información que pueda aportar. No quieren que su apologética concepción del islam radical sea cuestionada o contradicha. Aparentemente, no quieren abrir sus mentes, cerradas ante este asunto. Es evidente que reflexionar les hiere, como si el dar una respuesta supusiese que están dando la espalda a crímenes como el de las Ramblas.

Quizá sea esa la razón de que los separatistas se nieguen a escuchar críticas al islam. Si el islam deja de ser expuesto como si fuera una víctima, se quedan sin la cálida sensación de ser moralmente superiores por defender a unas víctimas. Muchos progres separatistas son como quienes están felizmente casados con una fantasía y, a pesar de las evidencias abrumadoras en contra, siguen aferrados a ella y a su forma binaria de pensar. Es como intentar decirle a tu amigo que es posible que la bailarina erótica con la que se quiere casar no desee quedarse en casa a tener niños y cocinar. Está tan enganchado a su ilusión que hará lo que sea para preservarla.

Ni que decir tiene, al final los progres separatistas, como todo el mundo, intentan preservar sus intereses económicos y políticos. Esas inversiones materiales y sociales también se ven amenazadas cuando prestan atención a los musulmanes que han sufrido la opresión y la tortura bajo el islam radical. Esos progres parecen sospechar, con razón, que esa nueva información podría crearles algún tipo de conflicto de intereses, así que posiblemente decidan que lo mejor será no escuchar, directamente. En su lugar, y de nuevo para proteger su inversión, muchos de ellos ignoran o critican a esos musulmanes.

La prueba de que los progres viven en un mundo apartado de la realidad la vimos hace 5 años, cuando observaban embobados a la llorosa hermana del terrorista de Las Ramblas declamando su discurso. ¿Cómo es posible que la familia del terrorista no detectara su progresivo deslizamientos hacia fórmulas criminales y por qué no avisaron a la policía? ¿Cómo es posible que ahora todos se sorprendan de las actividades terroristas del imán de Ripoll pese a sus antecedentes y a las advertencias de algunas policías extranjeras? ¿Cómo es posible que la palabra ‘Islamofobia’ se pudiese leer ayer en más carteles que el nombre del grupo terrorista que reivindicó los atentados de Cataluña, que por otra parte no apareció en ninguno? ¿Qué tipo de delirio lleva a los defensores del laicismo, la igualdad, el homosexualismo y el relativismo moral a defender a los propulsores de una sociedad donde todos ellos serían eliminados?

El terrorismo islámico no existiría en Europa sin la complicidad política de sus dirigentes ni el sustento social y moral que les proporcionan los progresistas, en sus diversas y siniestras expresiones. Amenazar con incendiar un templo católico y blanquear la fachada de un edificio en cuyo interior se vigoriza el odio de muchos fanáticos, es una de ellas.