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sábado, 8 de agosto de 2015

8 agosto: Santo Domingo de Guzmán, fundador Orden de Predicadores (Dominicos). Cruzada contra los Cátaros-Albigenses (1920)

Fundador Orden de Predicadores (Dominicos)
Dominicos.org: Nació en Caleruega (Burgos) en 1170, en el seno de una familia profundamente creyente y muy encumbrada. Sus padres, don Félix de Guzmán y doña Juana de Aza, parientes de reyes castellanos y de León, Aragón, Navarra y Portugal, descendían de los condes-fundadores de Castilla. Tuvo dos hermanos, Antonio y Manés.
De los siete a los catorce años (1177-1184), bajo la preceptoría de su tío el Arcipreste don Gonzalo de Aza, recibió esmerada formación moral y cultural. En este tiempo, transcurrido en su mayor parte en Gumiel de Izán (Burgos), despertó su vocación hacia el estado eclesiástico.
De los catorce a los veintiocho (1184-1198), vivió en Palencia: seis cursos estudiando Artes (Humanidades superiores y Filosofía); cuatro, Teología; y otros cuatro como profesor del Estudio General de Palencia.
Al terminar la carrera de Artes en 1190, recibida la tonsura, se hizo Canónigo Regular en la Catedral de Osma. Fue en el año 1191, ya en Palencia, cuando en un rasgo de caridad heroica vende sus libros, para aliviar a los pobres del hambre que asolaba España.
Al concluir la Teología en 1194, se ordenó sacerdote y es nombrado Regente de la Cátedra de Sagrada Escritura en el Estudio de Palencia.
Al finalizar sus cuatro cursos de docencia y Magisterio universitario, con veintiocho años de edad, se recogió en su Cabildo, en el que enseguida, por sus relevantes cualidades intelectuales y morales, el Obispo le encomienda la presidencia de la comunidad de canónigos y del gobierno de la diócesis en calidad de Vicario General de la misma.
En 1205, por encargo del Rey Alfonso VIII de Castilla, acompaña al Obispo de Osma, Diego, como embajador extraordinario para concertar en la corte danesa las bodas del príncipe Fernando. Con este motivo, tuvo que hacer nuevos viajes, siempre acompañando al obispo Diego a Dinamarca y a Roma, decidiéndose durante ellos su destino y clarificándose definitivamente su ya antigua vocación misionera. En sus idas y venidas a través de Francia, conoció los estragos que en las almas producía la herejía albigense. De acuerdo con el Papa Inocencio III, en 1206, al terminar las embajadas, se estableció en el Langüedoc como predicador de la verdad entre los cátaros. Rehúsa a los obispados de Conserans, Béziers y Comminges, para los que había sido elegido canónicamente.
Para remediar los males que la ignorancia religiosa producía en la sociedad, en 1215 establece en Tolosa la primera casa de su Orden de Predicadores, cedida a Domingo por Pedro Sella, quien con Tomás de Tolosa se asocia a su obra.
En septiembre del mismo año, llega de nuevo a Roma en segundo viaje, acompañando del Obispo de Tolosa, Fulco, para asistir al Concilio de Letrán y solicitar del Papa la aprobación de su Orden, como organización religiosa de Canónigos regulares. De regreso de Roma elige con sus compañeros la Regla de San Agustín para su Orden y en septiembre de 1216, vuelve en tercer viaje a Roma, llevando consigo la Regla de San Agustín y un primer proyecto de Constituciones para su Orden. El 22 de Diciembre de 1216 recibe del Papa Honorio III la Bula “Religiosam Vitam” por la que confirma la Orden de Frailes Predicadores.
Al año siguiente retorna a Francia y en el mes de Agosto dispersa a sus frailes, enviando cuatro a España y tres a París, decidiendo marchar él a Roma. Allí se manifiesta su poder taumatúrgico con numerosos milagros y se acrecienta de modo extraordinario el número de sus frailes. Meses después enviará los primeros Frailes a Bolonia.
Habrá que esperar hasta finales de 1218 para ver de nuevo a Domingo en España donde visitará Segovia, Madrid y Guadalajara.
Por mandato del Papa Honorio III, en un quinto viaje a Roma, reúne en el convento de San Sixto a las monjas dispersas por los distintos monasterios de Roma, para obtener para los Frailes el convento y la Iglesia de Santa Sabina.
En la Fiesta de Pentecostés de 1220 asiste al primer Capítulo General de la Orden, celebrado en Bolonia. En él se redactan la segunda parte de las Constituciones. Un año después, en el siguiente Capítulo celebrado también en Bolonia, acordará la creación de ocho Provincias.
Con su Orden perfectamente estructurada y más de sesenta comunidades en funcionamiento, agotado físicamente, tras breve enfermedad, murió el 6 de agosto de 1221, a los cincuenta y un años de edad, en el convento de Bolonia, donde sus restos permanecen sepultados. En 1234, su gran amigo y admirador, el Papa Gregorio IX, lo canonizó.
Una terrible amenaza se cernía sobre la Iglesia dentro de Europa al ceñir la tiara Inocencio III: la herejía de los albigenses. El papa afirmó que estos herejes eran más peligrosos que los sarracenos, y modernos historiadores no vacilan en afirmar que la Iglesia corrió entonces un riesgo no menos grave que el de la invasión islámica del siglo VIII.
Los Cátaros o Albigenses
Los cátaros habían inficionado a Europa con su doctrina, más que herética, anticristiana. Extendíanse desde la desembocadura del Danubio hasta los Pirineos, formando concentraciones en Lombardía y en el sur de Francia. Un poderoso núcleo, además del de Milán y Toulouse, era la ciudad de Albi, de donde les vino el nombre de albigenses.
Alimentaban un odio feroz contra la Iglesia Católica, odio que en muchas ocasiones se mostraba en el saqueo de templos, en atentados sacrílegos, asesinato de clérigos y fieles. Resultaban además peligrosos para la sociedad por sus doctrinas contrarias al matrimonio y a la propagación de la especie.
En las regiones de Languedoc y Aquitania la mayor parte de la nobleza les era favorable entre otras razones porque la secta albigense, al negar a la Iglesia el derecho de poseer bienes terrenos, justificaban su despojo. Como esos nobles actuaban a modo de príncipes soberanos del país, ya que en aquellos tiempos feudales la autoridad y la potestad directa del rey eran casi nulas, y como el clero no gozaba de mucho prestigio por sus mundanas costumbres, la herejía encontraba fácil pábulo y grandes facilidades de propagación.
Ante la seriedad del peligro, cada día más grave, varios concilios de los siglos XI y XII dictaron medidas severas contra ciertos herejes que pudieran estar emparentados con los cátaros.
Y el papa Alejandro III, en el último capítulo del concilio Lateranense III (1179), fulminó el anatema contra los que públicamente enseñaban su error y seducían a muchos cristianos in Gasconia, Albeesio et partibus Tolosanis, exhortando a los nobles a tomar las armas para la defensa del pueblo fiel contra los herejes. Al año siguiente el cardenal legado Enrique de Albano fue enviado al frente de una Cruzada contra Roger II, conde de Béziers y Carcasona. Otro decreto expidió el Papa Lucio III contra los cátaros en la reunión que tuvo con el emperador Federico I en Verona el año de 1184.
Inocencio III, al principio de su pontificado, no se mostraba partidario de la represión violenta, diciendo que deseaba "la conversión de los pecadores, no su exterminio", y conforme a estos criterios de blandura y suavidad, intentó atraerlos al recto camino por medio de misioneros que los disuadieran de su error. En 1198 envió como legados pontificios a los cistercienses Rainerio y Guido. Rainerio murió pronto, después de un viaje a España, y en 1200 fue sustituido por Juan Pablo, cardenal de Santa Prisca, a quien ayudó el conde de Montpellier, uno de los pocos nobles sostenedores de la ortodoxia. En 1203 volvió el Papa a enviar a dos monjes cistercienses de la abadía de Fontfroide, cerca de Narbona, llamados Pedro Castelnau y Rodolfo de Fontfroide, a los cuales se juntó luego el abad del Cister Arnaldo Amaury con autoridad de legado apostólico, ya que el cardenal de Santa Prisca dejó pronto de figurar.
Debían estos misioneros enseñar la doctrina verdadera, castigar a los clérigos que tuviesen trato con los herejes, disputar con los extraviados, a fin de convencerlos con razones y, en último caso, excomulgar a los contumaces. 
Martirio de Pedro de Castelnau
Las autoridades civiles de Toulouse prometieron a los cistercienses defender la fe; la burguesía se mostró indiferente y siguió favoreciendo a la secta. El rey Pedro II de Aragón, soberano de varios territorios del Languedoc, llamó a los herejes a un coloquio religioso, donde los oradores ortodoxos pudieron refutar los falsos dogmas de aquellos. Pero ciertos obispos, como los de Narbona y Béziers, celosos de los poderes de los legados, les hicieron sorda oposición. 
Pronto se persuadieron los predicadores de la fe, empezando por Pedro Castelnau, que su labor sería infructuosa si no se depuraba la jerarquía y se atacaba a los herejes con la fuerza de las armas..
Pidieron los legados al Papa la deposición del arzobispo de Narbona, Berengario; éste apeló a Roma, y aunque reprendido por Inocencio III, logró mantener su sede, y a fin de dar alguna satisfacción al Papa, entregó al campeón de la ortodoxia contra los albigenses, Domingo de Guzmán, la importante iglesia de San Martín de Limoux, que desde entonces perteneció siempre a los dominicos.
Entre 1204 y 1205 dimitieron o fueron retirados de sus cargos los obispos de Viviers, Béziers, Agde y Toulouse. No por eso disminuyó la fuerza de la herejía. Viendo el escaso éxito de los misioneros cistercienses, el obispo español Diego de Osma y su compañero Santo Domingo de Guzmán, llegaron a la convicción de que una de las causas del fracaso era la vida fastuosa de aquellos prelados. Por eso ellos dieron comienzo a un apostolado más evangélico, predicando con el ejemplo tanto más que con la palabra, llevando una vida de extrema pobreza y humildad, de austeridad y penitencia, táctica que fue del agrado de Inocencio III, quien la aprobó y recomendó el 17 de noviembre de 1206. Hubo conversiones, aunque no muchas. El obispo Diego, iniciador del nuevo apostolado, tuvo que emprender un viaje a su diócesis en 1207 y murió poco después.
Santo Domingo fundó la Orden de Frailes Predicadores (dominicos) y continuó predicando con los cistercienses. Mientras tanto, las tentativas para hacer intervenir al rey de Francia con fuerzas militares resultaban infructuosas.
Amparados por los nobles, seguían los albigenses cometiendo atropellos, se adueñaban de los templos católicos, utilizándolos para sus reuniones; saqueaban monasterios e insultaban a los frailes. Un día el legado Pedro de Castelnau increpó duramente a Raimundo VI, conde de Toulouse porque, lejos de prestar su apoyo y favor a la ortodoxia, como lo había hecho su padre Raimundo V (1144-1194), contemporizaba con los herejes y no cumplía las promesas hechas. Al día siguiente, 15 de febrero de 1203, Pedro de Castelnau caía muerto de un lanzazo por un súbdito del conde.
Acaso no fue Raimundo el responsable del crimen, pero es cierto que todos los católicos a él le echaron la culpa. El mismo Papa lo da por seguro cuando en carta de 10 de marzo de los obispos del sur de Francia, después de hacer la apología -que es como una canonización- del santo mártir, manda declarar a los súbditos del conde de Toulouse libres de todo juramento de obediencia y sumisión. No era ésta la primera vez que sobre Raimundo se lanzaba la excomunión.
Entonces fue cuando Inocencio III se convenció de que los medios suaves a nada conducían. Era preciso emplear la fuerza. Dice la Chanson de la croissade des albigeois que el Papa "con la grande aflicción, llevándose la mano a la barba, invocó a Santiago de Compostela y a San Pedro de Roma". En seguida, escribió al rey y a los condes de Francia que saliesen a luchar contra el conde de Toulouse para desposeerle de sus dominios, e hizo que el legado Arnaldo, abad del Cister, predicase la Cruzada en todo el reino.
Felipe Augusto, en guerra contra el rey inglés Juan sin Tierra y el emperador alemán Otón IV, no creyó conveniente distraer sus fuerzas militares, y no dio un paso contra Raimundo; Arnaldo, en cambio, logró reunir en Lyon (junio de 1209) un ejército de caballeros y soldados, a los que él mismo acaudilló contra la ciudad de Béziers. El 12 de julio ésta caía en poder de los cruzados; Narbona y otros castillos se rindieron sin oposición; Carcasona capituló el 15 de agosto y su vizconde Raimundo Roger murió en prisión. 
Campaña contra el conde de Toulouse
Raimundo VI se alarmó al ver que corría el peligro de perder sus estados, se sometió de nuevo al legado pontificio Milón, suscribiendo todas las proposiciones que se le presentaron y entregando, como prenda de seguridad, siete de sus castillos de Provenza. Con esto, el 18 de julio de 1209 fue absuelto de la excomunión.
Al tratar de nombrar un señor que dominase en los países recién conquistados, muchos de los nobles rehusaron el ofrecimiento. Simón de Montfort, que acababa de regresar de Palestina, aceptó, por fin, el 16 de agosto, y quedó desde aquel momento constituido en jefe de la Cruzada. 
El concilio celebrado en Aviñón el 6 de septiembre de 1209 por el legado Milón y su colega Hugo, obispo de Rietz, con asistencia del episcopado y de los abades de Provenza, excomulgó a Raimundo y dictó severos decretos disciplinares, a fin de extirpar las causas y ocasiones de la herejía, empezando por declarar que los primeros culpables eran los obispos, mercenarii potius quam pastores.
El conde de Toulouse se presentó en Roma, justificándose ante el Papa y pidiendo se le devolviesen los siete castillos que había entregado a la Santa Sede en fianza de su fidelidad. Inocencio III le recibió con benignidad y le prometió la devolución en el caso que cumpliese las condiciones que se le impondrían.
A este fin ordenó que, reunidos los legados en un concilio, examinaran si efectivamente el conde había abandonado la fe católica y si tenía complicidad en el asesinato de Pedro de Castelnau. En dicho concilio (Saint-Gilles, septiembre 1210) los legados desconfiaron de las buenas palabras de Raimundo y no dieron crédito a sus razones. En otra reunión tenida en Narbona (enero 1211) sólo se le impuso la condición de expulsar a los herejes de sus dominios.
Como esto se le hacía al conde demasiado duro, no se llegó a su reconciliación con la Iglesia. Condiciones semejantes se impusieron al conde de Foix, y como también se resistiera, el rey Pedro II de Aragón, soberano de la mayor parte del condado, tomó el castillo de Foix.
Las condiciones que se impusieron al conde de Toulouse en el sínodo de Arlés (1211) eran tremendamente duras; no sólo debía arrojar de sus tierras a todos los herejes y arrasar los castillos y plazas fuertes de su condado, sino que se le imponía la obligación de partir a Tierra Santa y no regresar sin permiso del legado apostólico.
Raimundo, tomando el documento, que contenía 14 preceptos a cuál más rigurosos, se lo enseñó a su cuñado, el rey Pedro II de Aragón, presente en el concilio. Como el rey se limitara a decirle una palabra que venía a significar "cómo te han reventado", Raimundo, indignado, salió de la asamblea y, excomulgado nuevamente, huyó a Toulouse, y la ciudad en masa de aprestó a resistir.
Entonces Simón de Montfort reemprendió la Cruzada, y con grandes refuerzos provenientes de Francia, Lombardía y Austria, se apoderó de Lavaur y otras fortalezas,hostigando a los herejes hasta tal punto que si no abjuraban iban derechos a la hoguera. La mayor parte prefería la muerte. Es triste advertir que este Simón de Montfort, jefe de los cruzados, acompaña sus conquistas con acciones de increíble fanatismo y crueldad. Y como el jefe, eran los caballeros que militaban bajo su mando.Al mismo Fulco, arzobispo de Toulouse desde 1205, tuvo el Papa que moderarle los ímpetus, recomendándole mayor benignidad.. Por doquiera que pasaban los cruzados dejaban como trofeo cadáveres de caballeros enemigos colgados de los árboles, montones de cuerpos carbonizados, pobres mujeres arrojadas al fondo de los pozos. Con razón se ha hecho notar que la Cruzada francesa contra los albigenses ofrece un carácter de FANATISMO CRUEL que jamás se encontrará en la Cruzada Española contra los moros. 
La Batalla de Muret
Con sus fuerzas reunidas, Simón de Montfort decidió que había llegado el momento de dar un primer ataque contra la ciudad de Toulouse, que defendían el conde Raimundo y los condes de Foix y Comminges. Pero como en auxilio de los sitiados se aproximó un ejército enviado por el rey inglés, Simón tuvo que levantar el cerco. El mismo Papa Inocencio III, en el verano de 1212, creyó que debía en justicia tomar bajo su protección los bienes del conde de Toulouse, ya que la acusación de herejía lanzada contra él no se probaba claramente.
Entonces Simón de Montfort lanzó su ofensiva hacia los condados de Foix, Bearn y Comminges, en unos momentos en que el Papa prefería dar por terminada la Cruzada albigense y concentrar tropas para la Cruzada española.
Pedro II de Aragón regresaba de España, donde había participado, junto con castellanos y navarros, en la victoriosa batalla de las Navas de Tolosa contra los musulmanes; y se quejó ante el Romano Pontífice de que las tropas de Montfort y Arnaldo Amaury (arzobispo de Narbona desde marzo de 1212), extendían su rapacidad sobre los feudos aragoneses y aun sobre tierras donde no había ni un solo hereje; añadía que el conde de Toulouse estaba dispuesto a cumplir con las condiciones papales y a combatir a los infieles en Oriente y en España, pero que Simón de Montfort sólo ponía obstáculos a la reconciliación.
Inocencio III mandó en enero de 1213 que se examinara atentamente este asunto, y mientras tanto prohibía al arzobispo continuar predicando la Cruzada, y a Simón le ordenaba someterse a la autoridad de Pedro II.
El monarca aragonés estaba en Toulouse, y desde ahí se dirigió al Concilio de Lavaur proponiendo a los obispos diversos medios para la reconciliación con los condes de Toulouse y Foix, cuñado suyo el primero y primo el segundo, además de sus vasallos los condes de Comminges y Bearn. Luego, viendo que estas intercesiones resultaban infructuosas, apeló al Papa, y desde entonces se constituyó en protector decidido de dichos condes. Al principio Inocencio III se inclinaba en pro de Pedro II, pero al recibir las informaciones del Concilio de Lavaur cambió de opinión, y envió una seria epístola al rey aragonés conminándole a no seguir apoyando a los herejes.
Pedro II hizo caso omiso de tales exhortaciones, y se dirigió con su ejército al castillo de Muret, a orillas del Garona, donde ocupaba una fuerte posición defensiva Simón de Montfort.
Al saber que los aragoneses se acercaban, Montfort no quiso dejarse encerrar en Muret, salió con sus tropas de la fortaleza a dar batalla. Los cruzados cargaron con tal ímpetu sobre los escuadrones delanteros de Pedro II, que los arrollaron por completo. El valeroso rey de Aragón, a la vanguardia, y habiendo perdido muchos de sus caballeros franceses, tomó sus armas y se batió bravamente, hasta morir en medio de la pelea, terminada la cual apareció su cadáver desnudo y despojado.
Era el 12 de septiembre de 1213, y tal fue la triste muerte de Pedro II el Católico, rey que en palabras de Menéndez Pelayo "hubiera quemado vivo a cualquier albigense o valdense que osara presentarse en sus estados".
Ahora Raimundo VI no podía pensar en ofrecer resistencia después de la muerte de su poderoso protector, así que se rindió y puso en manos de la Iglesia su cuerpo, el de su hijo, y todas sus posesiones. El Concilio de Montpellier y el Lateranense concedieron el condado de Toulouse a Simón de Montfort. Parte del territorio se cedió a Raimundo VII, hijo del conde vencido, pero posteriormente la misma ciudad de Toulouse llamó y abrió las puertas a Raimundo VII. 
Cuando Simón de Montfort acudió a poner sitio a la ciudad, una pedrada en la frente llevó a la muerte al antiguo héroe de la Cruzada contra los albigenses, el 25 de julio de 1218. El viejo conde Raimundo VI murió en Toulouse de apoplejía en 1222. Su hijo Raimundo VII finalmente tuvo que buscar un acuerdo con la regente Blanca de Castilla, nuera de Felipe Augusto y madre de Luis IX. Mediante los arreglos con la regente de Francia, el joven conde de Toulouse cedía parte de sus territorios, declaraba obediencia a la Iglesia. 
La cuestión de los feudos del mediodía de Francia se resolvió definitivamente con el tratado de París-Meaux en 1229 a favor de la monarquía francesa. Con esto Francia daba un paso decisivo hacia la unidad nacional bajo la dinastía de los Capetos, que consolidaría unos años más tarde San Luis IX. 
Y Francia se libró de la herejía albigense, cuyos residuos sobrevivientes en algunas partes desaparecieron eventualmente, bajo la condena del catarismo por el Concilio IV de Letrán y la acción constante de la Inquisición; al finalizar el siglo XIII no se habla ya de albigenses en la historia de Europa.
Santiago Clavijo:
-Santo Domingo de Guzmán
25 ene. 2014-Cruzada contra la herejía cátara y Establecimiento del tribunal de la Santa Inquisición en España
-Santo Domingo de Guzmán
8 ago. 2013-Santo Domingo de Guzmán (1170-1221). Fundador de la Orden de Predicadores (Dominicos). Evangelizó a los herejes cátaros.
-Leyenda Negra de la Inquisición
4 ago. 2012-Isidoro de Sevilla, Domingo de Guzmán, Fernando III de León y Castilla,... la reina Isabel I de España la Católica en proceso de Beatificación. Imprime esta entrada

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Santo DOMINGO de Guzmán: CRUZADA contra los CÁTAROS Albigenses. Fundador de la Orden de Predicadores. Jubileo del 800º aniversario de los Dominicos. Santos y Santas de la Orden (2030)

Santo Domingo de Guzmán
Domingo de Guzmán nació en Caleruega (Burgos) en 1170, en el seno de una familia profundamente creyente y muy encumbrada. Sus padres, don Félix de Guzmán y doña Juana de Aza, parientes de reyes de León, Castilla, Aragón, Navarra y Portugal, descendían de los condes-fundadores de Castilla. Tuvo dos hermanos, Antonio y Manés.
De los siete a los catorce años (1177-1184), bajo la preceptoría de su tío el Arcipreste don Gonzalo de Aza, recibió esmerada formación moral y cultural. En este tiempo, transcurrido en su mayor parte en Gumiel de Izán (Burgos), despertó su vocación hacia el estado eclesiástico.
De los catorce a los veintiocho (1184-1198), vivió en Palencia: seis cursos estudiando Artes (Humanidades superiores y Filosofía); cuatro de Teología; y otros cuatro como profesor del Estudio General de Palencia.
Al terminar la carrera de Artes en 1190, recibida la tonsura, se hizo Canónigo Regular en la Catedral de Osma. Fue en el año 1191, ya en Palencia, cuando en un rasgo de caridad heroica vende sus libros, para aliviar a los pobres del hambre que asolaba España.
Al concluir la Teología en 1194, se ordenó sacerdote y es nombrado Regente de la Cátedra de Sagrada Escritura en el Estudio de Palencia.
Al finalizar sus cuatro cursos de docencia y Magisterio universitario, con veintiocho años de edad, se recogió en su Cabildo, en el que enseguida, por sus relevantes cualidades intelectuales y morales, el Obispo le encomienda la presidencia de la comunidad de canónigos y del gobierno de la diócesis en calidad de Vicario General de la misma.
En 1205, por encargo del Rey Alfonso VIII de Castilla, acompaña al Obispo de Osma, Diego, como embajador extraordinario para concertar en la corte danesa las bodas del príncipe Fernando. Con este motivo, tuvo que hacer nuevos viajes, siempre acompañando al obispo Diego a Dinamarca y a Roma, decidiéndose durante ellos su destino y clarificándose definitivamente su ya antigua vocación misionera. En sus idas y venidas a través de Francia, conoció los estragos que en las almas producía la herejía albigense. De acuerdo con el Papa Inocencio III, en 1206, al terminar las embajadas, se estableció en el Langüedoc como predicador de la verdad entre los cátaros. Rehúsa a los obispados de Conserans, Béziers y Comminges, para los que había sido elegido canónicamente.
Para remediar los males que la ignorancia religiosa producía en la sociedad, en 1215 establece en Tolosa la primera casa de su Orden de Predicadores, cedida a Domingo por Pedro Sella, quien con Tomás de Tolosa se asocia a su obra.
En septiembre del mismo año, llega de nuevo a Roma en segundo viaje, acompañando del Obispo de Tolosa, Fulco, para asistir al Concilio de Letrán y solicitar del Papa la aprobación de su Orden, como organización religiosa de Canónigos regulares. De regreso de Roma elige con sus compañeros la Regla de San Agustín para su Orden y en septiembre de 1216, vuelve en tercer viaje a Roma, llevando consigo la Regla de San Agustín y un primer proyecto de Constituciones para su Orden. El 22 de Diciembre de 1216 recibe del Papa Honorio III la Bula “Religiosam Vitam” por la que confirma la Orden de Frailes Predicadores.
Al año siguiente retorna a Francia y en el mes de Agosto dispersa a sus frailes, enviando cuatro a España y tres a París, decidiendo marchar él a Roma. Allí se manifiesta su poder taumatúrgico con numerosos milagros y se acrecienta de modo extraordinario el número de sus frailes. Meses después enviará los primeros Frailes a Bolonia.
Habrá que esperar hasta finales de 1218 para ver de nuevo a Domingo en España donde visitará Segovia, Madrid y Guadalajara.
Por mandato del Papa Honorio III, en un quinto viaje a Roma, reúne en el convento de San Sixto a las monjas dispersas por los distintos monasterios de Roma, para obtener para los Frailes el convento y la Iglesia de Santa Sabina.
En la Fiesta de Pentecostés de 1220 asiste al primer Capítulo General de la Orden, celebrado en Bolonia. En él se redactan la segunda parte de las Constituciones. Un año después, en el siguiente Capítulo celebrado también en Bolonia, acordará la creación de ocho Provincias.
Con su Orden perfectamente estructurada y más de sesenta comunidades en funcionamiento, agotado físicamente, tras breve enfermedad, murió el 6 de agosto de 1221, a los cincuenta y un años de edad, en el convento de Bolonia, donde sus restos permanecen sepultados. En 1234, su gran amigo y admirador, el Papa Gregorio IX, lo canonizó.

La CRUZADA contra los Albigenses
Una terrible amenaza se cernía sobre la Iglesia dentro de Europa al ceñir la tiara Inocencio III: la herejía de los albigenses. El papa afirmó que estos herejes eran más peligrosos que los sarracenos, y modernos historiadores no vacilan en afirmar que la Iglesia corrió entonces un riesgo no menos grave que el de la invasión islámica del siglo VIII.
Los Cátaros o Albigenses
Los cátaros habían inficionado a Europa con su doctrina, más que herética, anticristiana. Extendíanse desde la desembocadura del Danubio hasta los Pirineos, formando concentraciones en Lombardía y en el sur de Francia. Un poderoso núcleo, además del de Milán y Toulouse, era la ciudad de Albi, de donde les vino el nombre de albigenses.
Alimentaban un odio feroz contra la Iglesia Católica, odio que en muchas ocasiones se mostraba en el saqueo de templos, en atentados sacrílegos, asesinato de clérigos y fieles. Resultaban además peligrosos para la sociedad por sus doctrinas contrarias al matrimonio y a la propagación de la especie.
En las regiones de Languedoc y Aquitania la mayor parte de la nobleza les era favorable entre otras razones porque la secta albigense, al negar a la Iglesia el derecho de poseer bienes terrenos, justificaban su despojo. Como esos nobles actuaban a modo de príncipes soberanos del país, ya que en aquellos tiempos feudales la autoridad y la potestad directa del rey eran casi nulas, y como el clero no gozaba de mucho prestigio por sus mundanas costumbres, la herejía encontraba fácil pábulo y grandes facilidades de propagación.
Ante la seriedad del peligro, cada día más grave, varios concilios de los siglos XI y XII dictaron medidas severas contra ciertos herejes que pudieran estar emparentados con los cátaros.
Y el papa Alejandro III, en el último capítulo del concilio Lateranense III (1179), fulminó el anatema contra los que públicamente enseñaban su error y seducían a muchos cristianos in Gasconia, Albeesio et partibus Tolosanis, exhortando a los nobles a tomar las armas para la defensa del pueblo fiel contra los herejes. Al año siguiente el cardenal legado Enrique de Albano fue enviado al frente de una Cruzada contra Roger II, conde de Béziers y Carcasona. Otro decreto expidió el Papa Lucio III contra los cátaros en la reunión que tuvo con el emperador Federico I en Verona el año de 1184.
Inocencio III, al principio de su pontificado, no se mostraba partidario de la represión violenta, diciendo que deseaba "la conversión de los pecadores, no su exterminio", y conforme a estos criterios de blandura y suavidad, intentó atraerlos al recto camino por medio de misioneros que los disuadieran de su error. En 1198 envió como legados pontificios a los cistercienses Rainerio y Guido. Rainerio murió pronto, después de un viaje a España, y en 1200 fue sustituido por Juan Pablo, cardenal de Santa Prisca, a quien ayudó el conde de Montpellier, uno de los pocos nobles sostenedores de la ortodoxia. En 1203 volvió el Papa a enviar a dos monjes cistercienses de la abadía de Fontfroide, cerca de Narbona, llamados Pedro Castelnau y Rodolfo de Fontfroide, a los cuales se juntó luego el abad del Cister Arnaldo Amaury con autoridad de legado apostólico, ya que el cardenal de Santa Prisca dejó pronto de figurar.
Debían estos misioneros enseñar la doctrina verdadera, castigar a los clérigos que tuviesen trato con los herejes, disputar con los extraviados, a fin de convencerlos con razones y, en último caso, excomulgar a los contumaces. 
Martirio de Pedro de Castelnau
Las autoridades civiles de Toulouse prometieron a los cistercienses defender la fe; la burguesía se mostró indiferente y siguió favoreciendo a la secta. El rey de Aragón Pedro II, soberano de varios territorios del Languedoc, llamó a los herejes a un coloquio religioso, donde los oradores ortodoxos pudieron refutar los falsos dogmas de aquellos. Pero ciertos obispos, como los de Narbona y Béziers, celosos de los poderes de los legados, les hicieron sorda oposición. 
Pronto se persuadieron los predicadores de la fe, empezando por Pedro Castelnau, que su labor sería infructuosa si no se depuraba la jerarquía y se atacaba a los herejes con la fuerza de las armas..
Pidieron los legados al Papa la deposición del arzobispo de Narbona, Berengario; éste apeló a Roma, y aunque reprendido por Inocencio III, logró mantener su sede, y a fin de dar alguna satisfacción al Papa, entregó al campeón de la ortodoxia contra los albigenses, Domingo de Guzmán, la importante iglesia de San Martín de Limoux, que desde entonces perteneció siempre a los dominicos.
Entre 1204 y 1205 dimitieron o fueron retirados de sus cargos los obispos de Viviers, Béziers, Agde y Toulouse. No por eso disminuyó la fuerza de la herejía. Viendo el escaso éxito de los misioneros cistercienses, el obispo español Diego de Osma y su compañero Domingo de Guzmán, llegaron a la convicción de que una de las causas del fracaso era la vida fastuosa de aquellos prelados. Por eso ellos dieron comienzo a un apostolado más evangélico, predicando con el ejemplo tanto más que con la palabra, llevando una vida de extrema pobreza y humildad, de austeridad y penitencia, táctica que fue del agrado de Inocencio III, quien la aprobó y recomendó el 17 de noviembre de 1206. Hubo conversiones, aunque no muchas. El obispo Diego, iniciador del nuevo apostolado, tuvo que emprender un viaje a su diócesis en 1207 y murió poco después.
Santo Domingo continuó predicando con los cistercienses, y reuniendo compañeros fundó la Orden de Frailes Predicadores (dominicos). Mientras tanto, las tentativas para hacer intervenir al rey de Francia con fuerzas militares resultaban infructuosas.
Amparados por los nobles, seguían los albigenses cometiendo atropellos, se adueñaban de los templos católicos, utilizándolos para sus reuniones; saqueaban monasterios e insultaban a los frailes. Un día el legado Pedro de Castelnau increpó duramente a Raimundo VI, conde de Toulouse porque, lejos de prestar su apoyo y favor a la ortodoxia, como lo había hecho su padre Raimundo V (1144-1194), contemporizaba con los herejes y no cumplía las promesas hechas. Al día siguiente, 15 de febrero de 1203, Pedro de Castelnau caía muerto de un lanzazo por un súbdito del conde.
Acaso no fue Raimundo el responsable del crimen, pero es cierto que todos los católicos a él le echaron la culpa. El mismo Papa lo da por seguro cuando en carta de 10 de marzo de los obispos del sur de Francia, después de hacer la apología -que es como una canonización- del santo mártir, manda declarar a los súbditos del conde de Toulouse libres de todo juramento de obediencia y sumisión. No era ésta la primera vez que sobre Raimundo se lanzaba la excomunión.
Entonces fue cuando Inocencio III se convenció de que los medios suaves a nada conducían. Era preciso emplear la fuerza. Dice la Chanson de la croissade des albigeois que el Papa "con la grande aflicción, llevándose la mano a la barba, invocó a Santiago de Compostela y a San Pedro de Roma". En seguida, escribió al rey y a los condes de Francia que saliesen a luchar contra el conde de Toulouse para desposeerle de sus dominios, e hizo que el legado Arnaldo, abad del Cister, predicase la Cruzada en todo el reino.
Felipe Augusto, en guerra contra el rey inglés Juan sin Tierra y el emperador alemán Otón IV, no creyó conveniente distraer sus fuerzas militares, y no dio un paso contra Raimundo; Arnaldo, en cambio, logró reunir en Lyon (junio de 1209) un ejército de caballeros y soldados, a los que él mismo acaudilló contra la ciudad de Béziers. El 12 de julio ésta caía en poder de los cruzados; Narbona y otros castillos se rindieron sin oposición; Carcasona capituló el 15 de agosto y su vizconde Raimundo Roger murió en prisión. 
Campaña contra el conde de Toulouse
Raimundo VI se alarmó al ver que corría el peligro de perder sus estados, se sometió de nuevo al legado pontificio Milón, suscribiendo todas las proposiciones que se le presentaron y entregando, como prenda de seguridad, siete de sus castillos de Provenza. Con esto, el 18 de julio de 1209 fue absuelto de la excomunión.
Al tratar de nombrar un señor que dominase en los países recién conquistados, muchos de los nobles rehusaron el ofrecimiento. Simón de Montfort, que acababa de regresar de Palestina, aceptó, por fin, el 16 de agosto, y quedó desde aquel momento constituido en jefe de la Cruzada. 
El concilio celebrado en Aviñón el 6 de septiembre de 1209 por el legado Milón y su colega Hugo, obispo de Rietz, con asistencia del episcopado y de los abades de Provenza, excomulgó a Raimundo y dictó severos decretos disciplinares, a fin de extirpar las causas y ocasiones de la herejía, empezando por declarar que los primeros culpables eran los obispos, mercenarii potius quam pastores.
El conde de Toulouse se presentó en Roma, justificándose ante el Papa y pidiendo se le devolviesen los siete castillos que había entregado a la Santa Sede en fianza de su fidelidad. Inocencio III le recibió con benignidad y le prometió la devolución en el caso que cumpliese las condiciones que se le impondrían.
A este fin ordenó que, reunidos los legados en un concilio, examinaran si efectivamente el conde había abandonado la fe católica y si tenía complicidad en el asesinato de Pedro de Castelnau. En dicho concilio (Saint-Gilles, septiembre 1210) los legados desconfiaron de las buenas palabras de Raimundo y no dieron crédito a sus razones. En otra reunión tenida en Narbona (enero 1211) sólo se le impuso la condición de expulsar a los herejes de sus dominios.
Como esto se le hacía al conde demasiado duro, no se llegó a su reconciliación con la Iglesia. Condiciones semejantes se impusieron al conde de Foix, y como también se resistiera, el rey Pedro II de Aragón, soberano de la mayor parte del condado, tomó el castillo de Foix.
Las condiciones que se impusieron al conde de Toulouse en el sínodo de Arlés (1211) eran tremendamente duras; no sólo debía arrojar de sus tierras a todos los herejes y arrasar los castillos y plazas fuertes de su condado, sino que se le imponía la obligación de partir a Tierra Santa y no regresar sin permiso del legado apostólico.
Raimundo, tomando el documento, que contenía 14 preceptos a cuál más rigurosos, se lo enseñó a su cuñado, el rey Pedro II de Aragón, presente en el concilio. Como el rey se limitara a decirle una palabra que venía a significar "cómo te han reventado", Raimundo, indignado, salió de la asamblea y, excomulgado nuevamente, huyó a Toulouse, y la ciudad en masa de aprestó a resistir.
Entonces Simón de Montfort reemprendió la Cruzada, y con grandes refuerzos provenientes de Francia, Lombardía y Austria, se apoderó de Lavaur y otras fortalezas,hostigando a los herejes hasta tal punto que si no abjuraban iban derechos a la hoguera. La mayor parte prefería la muerte. Es triste advertir que este Simón de Montfort, jefe de los cruzados, acompaña sus conquistas con acciones de increíble fanatismo y crueldad. Y como el jefe, eran los caballeros que militaban bajo su mando. Al mismo Fulco, arzobispo de Toulouse desde 1205, tuvo el Papa que moderarle los ímpetus, recomendándole mayor benignidad.. Por doquiera que pasaban los cruzados dejaban como trofeo cadáveres de caballeros enemigos colgados de los árboles, montones de cuerpos carbonizados, pobres mujeres arrojadas al fondo de los pozos. Con razón se ha hecho notar que la Cruzada francesa contra los albigenses ofrece un carácter de fanatismo que jamás se encontrará en la Cruzada Española contra los moros. 
La Batalla de Muret

Con sus fuerzas reunidas, Simón de Montfort decidió que había llegado el momento de dar un primer ataque contra la ciudad de Toulouse, que defendían el conde Raimundo y los condes de Foix y Comminges. Pero como en auxilio de los sitiados se aproximó un ejército enviado por el rey inglés, Simón tuvo que levantar el cerco. El mismo Papa Inocencio III, en el verano de 1212, creyó que debía en justicia tomar bajo su protección los bienes del conde de Toulouse, ya que la acusación de herejía lanzada contra él no se probaba claramente.
Entonces Simón de Montfort lanzó su ofensiva hacia los condados de Foix, Bearn y Comminges, en unos momentos en que el Papa prefería dar por terminada la Cruzada albigense y concentrar tropas para la Cruzada española.
Pedro II de Aragón regresaba de España, donde había participado, junto con castellanos y navarros, en la victoriosa batalla de las Navas de Tolosa contra los musulmanes; y se quejó ante el Romano Pontífice de que las tropas de Montfort y Arnaldo Amaury (arzobispo de Narbona desde marzo de 1212), extendían su rapacidad sobre los feudos aragoneses y aun sobre tierras donde no había ni un solo hereje; añadía que el conde de Toulouse estaba dispuesto a cumplir con las condiciones papales y a combatir a los infieles en Oriente y en España, pero que Simón de Montfort sólo ponía obstáculos a la reconciliación.
Inocencio III mandó en enero de 1213 que se examinara atentamente este asunto, y mientras tanto prohibía al arzobispo continuar predicando la Cruzada, y a Simón le ordenaba someterse a la autoridad de Pedro II.
El monarca aragonés estaba en Toulouse, y desde ahí se dirigió al Concilio de Lavaur proponiendo a los obispos diversos medios para la reconciliación con los condes de Toulouse y Foix, cuñado suyo el primero y primo el segundo, además de sus vasallos los condes de Comminges y Bearn. Luego, viendo que estas intercesiones resultaban infructuosas, apeló al Papa, y desde entonces se constituyó en protector decidido de dichos condes. Al principio Inocencio III se inclinaba en pro de Pedro II, pero al recibir las informaciones del Concilio de Lavaur cambió de opinión, y envió una seria epístola al rey aragonés conminándole a no seguir apoyando a los herejes.
Pedro II hizo caso omiso de tales exhortaciones, y se dirigió con su ejército al castillo de Muret, a orillas del Garona, donde ocupaba una fuerte posición defensiva Simón de Montfort.
Al saber que los aragoneses se acercaban, Montfort no quiso dejarse encerrar en Muret, salió con sus tropas de la fortaleza a dar batalla. Los cruzados cargaron con tal ímpetu sobre los escuadrones delanteros de Pedro II, que los arrollaron por completo. El valeroso rey de Aragón, a la vanguardia, y habiendo perdido muchos de sus caballeros franceses, tomó sus armas y se batió bravamente, hasta morir en medio de la pelea, terminada la cual apareció su cadáver desnudo y despojado.
Era el 12 de septiembre de 1213, y tal fue la triste muerte de Pedro II el Católico, rey que en palabras de Menéndez Pelayo "hubiera quemado vivo a cualquier albigense o valdense que osara presentarse en sus estados".
Ahora Raimundo VI no podía pensar en ofrecer resistencia después de la muerte de su poderoso protector, así que se rindió y puso en manos de la Iglesia su cuerpo, el de su hijo, y todas sus posesiones. El Concilio de Montpellier y el Lateranense concedieron el condado de Toulouse a Simón de Montfort. Parte del territorio se cedió a Raimundo VII, hijo del conde vencido, pero posteriormente la misma ciudad de Toulouse llamó y abrió las puertas a Raimundo VII. 
Cuando Simón de Montfort acudió a poner sitio a la ciudad, una pedrada en la frente llevó a la muerte al antiguo héroe de la Cruzada contra los albigenses, el 25 de julio de 1218. El viejo conde Raimundo VI murió en Toulouse de apoplejía en 1222. Su hijo Raimundo VII finalmente tuvo que buscar un acuerdo con la regente Blanca de Castilla, nuera de Felipe Augusto y madre de Luis IX. Mediante los arreglos con la regente de Francia, el joven conde de Toulouse cedía parte de sus territorios, declaraba obediencia a la Iglesia. 
La cuestión de los feudos del mediodía de Francia se resolvió definitivamente con el tratado de París-Meaux en 1229 a favor de la monarquía francesa. Con esto Francia daba un paso decisivo hacia la unidad nacional bajo la dinastía de los Capetos, que consolidaría unos años más tarde San Luis IX
Y Francia se libró de la herejía albigense, cuyos residuos sobrevivientes en algunas partes desaparecieron eventualmente, bajo la condena del catarismo por el Concilio IV de Letrán y la acción constante de la Inquisición; al finalizar el siglo XIII no se habla ya de albigenses en la historia de Europa.
Fundación Orden Predicadores
Orden de Predicadores
Frailes, monjas, hermanas, laicos... son muchos los miembros de la Orden de Predicadores que a lo largo de los siglos han sido testigos vivos del carisma dominicano y ejemplo para los que caminamos tras sus pasos. En muchos de ellos la Iglesia ha reconocido el testimonio evangélico de su vida y los ha beatificado o canonizado. El número de santos y beatos de la Orden es de varios centenares, de los que un gran número fueron mártires en Extremo Oriente.
Ofrecemos en estas páginas una breve biografía y un pequeña descripción del perfil espiritual de algunos de los canonizados, modelos del seguimiento de Cristo según el modo de Domingo de Guzmán.
Baviera (Alemania), 1206 - Colonia, 1280 
Ribera del Fresno (Badajoz), 1585 - Lima (Perú), 1645
Mugello 1400 - Roma 1455
Pintor. Patrono de los artistas 
Familia de Santo Domingo de Guzmán
Florencia 1389 - 1459
Arzobispo de Florencia y reformador de la Orden 
Valencia, 1526 - 1581
León 1593 - Nagasaki 1637
Mártir del Japón 
Caleruega, 1170? - Gumiel de Izán
Latiano (Italia), 1841 - Pompeya (Italia), 1926
Apostol del Rosario 
Hungría 1242 - 1270
Lisboa 1514 - Viana do Castelo 1590
Arzobispo de Braga 
Lima (Perú), 1579 - 1639
Siena 1347 - Roma 1380
Doctora de la Iglesia 
Francisco Fdez. Capillas, Pedro Sans y Jordá, 
Francisco Serrano, Juan Alcober Figuera, 
Joaquín Royo y Francisco Díaz del Rincón
Florencia 1522 - Prato 1589 
Quirós (Asturias), 1821 - Vietnam, 1858
Mártir de Vietnam
Baena 1766 - Tonkín 1838
Mártir del Vietnam 
Verona (Italia), 1205 - Barsalina (1252)
Protomártir dominico
Gombrén (Gerona) 1812 - Vic (Barcelona) 1875
Fundador Congregación Dominicas de la Anunciata 
Alessandria (Italia) 1504 - Roma, 1572
Baquerín de C. (Palencia), 1607 - Fujian (China) 1648
Protomártir de China 
Peñafort (Barcelona) 1175 - Barcelona (1275)
Villafeliche (Zaragoza), 1762 - Tonkín (Vietnam), 183
Mártir de Vietnam 
Lima, 1586 - 1671
Primera santa americana
Gracciano Vecchio-Italia 1268 - Montepulciano 1317 
Roccaseca (Italia), 1225 - Fossanova (Italia), 1274
Doctor de la Iglesia
Kamién (Polonia), s. XII - Cracovia (Polonia), 1257 
Elorrio (Vizcaya), 1827 - Tonkín (Vietnam), 1861
Mártir de Vietnam
Dassel (Alemania), 1190 - Costa de Siria, 1237 
Valencia, 1350 - Vannes (Francia), 1419
Colonia (Alemania), princ. XVI - Brielle, 1573 
Moravia s. XIII - Jablona 1252
Rebelión del "1-Octubre" (2017)
Pacto Masónico "PP-PSOE" (2015)
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Investigador de la Conspiración Masónica-Liberal
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martes, 28 de agosto de 2012

Historia de la Cruzada contra la Herejía Gnóstica de los Cátaros-albigenses en la Occitania (510)


Años - Reinados - Pontífices

1000 El campesino Leutard predica en la Champaña.
1018 Berenguer Ramon I, conde de Barcelona (1018-1035)
1022 10 canónicos son quemados en Orleans.
1030 Los herejes de Montforte son quemados en Milán.
1073 Pontificado de Gregorio VII (1073-1085) Reforma gregoriana.

1100 Hacia el año 1100, primera hoguera de un hereje bogomilo en Constantinopla.
1101 Fundación de la orden de Fontevrault por Robert d'Arbrissel.
1112 Las guerras feudales y las usurpaciones no podrán impedir la soberanía del conde de Barcelona, Ramon Berenguer III el Grande, sobre Carcassona y Béziers.
1114 Dos campesinos herejes son quemados en Soissonais.
1115 Entre 1115 y 1125, hogueras de herejes en Tolosa.
1120 De 1120 a 1125, aproximadamente, predicaciones de Pedro de Bruis desde el valle del Ródano hasta el Lenguadoc.
1131 Ramon Berenguer IV, conde de Barcelona (1131-1162)
1135 De 1135 a 1145, aproximadamente, predicaciones del monje Enrique en la región de Tolosa. Hoguera colectiva de herejes en Lieja.
1137 Luís VII, rey de Francia (1137-1180) Ramon Berenguer IV es nombrado Príncipe de Aragón por su boda con Petronila, hija del rey de Aragón Ramiro II.
1143 Hoguera colectiva en Colonia.
1144 Hoguera colectiva de herejes en Lieja.
1145 Misión de Bernardo de Claravall por las regiones de Tolosa y Albi.
1148 Ramon V, conde de Tolosa (1148-1194)
1149 Reconquista de Lérida y Fraga por el conde Ramon Berenguer IV.
1150 Hacia el 1150, Arnau de Brescia levanta la ciudad Roma contra el papado.
1152 Pontificado de Alejandro III (1159-1181)
1162 Alfonso el Casto, I de Cataluña y II de Aragón (1162-1196). Primer rey de la corona catalano-aragonesa.
1163 Hoguera colectiva en Colonia. Ekbert de Schönau inventa la palabra catharos.
1165 Conferencia contradictoria entre cátaros y católicos en Lombert.
1167 Nicetas organiza las iglesias occidentales cátaras, en San Felix de Lauraguès.
1180 Felipe Augusto, rey de Francia (1180-1223)
1181 Pontificado de Lucio III (1181-1185) Expedición antiherética del cardenal obispo Enrique de Marcy. Asedio de Lavaur, abjuración del obispo cátaro de la región de Tolosa.
1184 Decretal de Verona, primera etapa hacia la Inquisición.
1194 Ramon VI, conde de Tolosa (1194-1222)
1196 Pedro el Católico, I de Cataluña y II de Aragón (1196-1213)
1198 Pontificado de Inocencio III (1198-1216)

1200 El año 1200 en Troya y el año 1204 en Braines, hogueras de publicanos champañeses.
1202 Muerte de Joaquin de Fiore, autor del "Evangelio eternal".
1204 Guilhabert de Castres ordena las damas de Fanjaus. Coloquio contradictorio de Carcassona.
1206 Coloquio contradictorio de Montreal. Asamblea de 600 perfectos en Mirapeis.
1208 Nace en Montpellier, Jaime I de Aragón; (1208-1276). Excomunión de Ramon VI, conde de Tolosa. Asesinato de Pedro de Castelnau
1209 Comienzo de la cruzada, sumisión de Ramon VI, matanza de Béziers, caída de Carcassona, muerte de Ramon Roger Trencavell .Simón de Montfort, vizconde de Carcassona. Fraternidad de Francisco de Asís reconocida por Inocencio III.
1210 Asalto y conquista de Menerba, 140 cátaros son quemados en la hoguera. Conquista de Termes.
1211 Asalto y conquista de Lavaur, mortaldad de los defensores y de 300 a 400 herejes son quemados vivos. Hoguera en Cassès de más de 60 herejes.
1212 Pedro I el Católico, participa al lado del rey de Castilla, en la batalla de Las Navas de Tolosa, donde morirá su mejor estratega Bernardo de Creixell. Simón de Monfort conquista el Agenes, el Carcí y Comenge.
1213 Vasallaje de Ramon VI al rey Pedro I el Católico. Batalla de Muret, muerte del rey Pedro I el Católico y derrota del ejército occitano-catalano-aragonés. Simón de Monfort, es obligado por Inocencio III a devolver el infante Jaime I a sus súbditos.
1214 El conde catalán Ramon de Josa, abjura de la herejía, delante del legado del papa, Pedro de Benevento.
1215 Rendición de Tolosa. Concilio de Letrán. Investidura de Simón de Monfort. Se oficializan a las órdenes mendicantes.
1216 Pontificado de Honorio III (1216-1227) Ramon VI y su hijo comienzan la guerra de liberación del condado de Tolosa.
1218 Simón de Monfort muere en el asedio de Tolosa.
1219 Cruzada del príncipe Luís, matanza en Marmande.
1220 Hacia el año 1220, Duran de Huesca, habiéndose convertido en un humilde católico, escribe "Liber contra Manicheos".
1221 Ramon VII, conde de Tolosa (1222-1249) Muerte del hermano Domingo de Guzmán. Muerte de Ramon VI.
1223 Luis VIII, rey de Francia (1223-1226) Muerte de Felipe Augusto. Reconquista de Ramon Trencavell.
1224 Derrota de Amaury de Montfort, que cede sus derechos a la corona. De 1224 a 1229, Cabares se convierte en plaza fuerte de los "faydits" (revoltados) y de la iglesia del Carcassès.
1226 Luís IX, rey de Francia (1226-1270) Concilio cátaro en Pieusse, creación del obispado del Rasès. Cruzada real. Quema de Pere Isarn, obispo de Carcassès, delante de Luís VIII en Caunes-Menerbès. Muerte de Luís VIII. Muerte de Francisco de Asís. Matanzaa de Labécède llevada a cabo por Humberto de Beuajeu.
1227 Pontificado de Gregorio IX (1229-1242) Misión preinquisitorial de Marburg en Alemania.
1229 Comienzos de la expansión mediterránea de la corona de Aragón, con la conquista de la isla de Mallorca (1229-1230).Tratado de Meaux-París, sumisión de Ramon VII, hipoteca francesa sobre la sucesión del condado de Tolosa. Creación de la Universidad de Tolosa, que es confiada a los hermanos predicadores.
1232 Montsegur se convierte, por expreso deseo del obispo cátaro Guilabert de Castres, en la sede oficial de la iglesia cátara.
1233 Creación de la Inquisición confiada por el papa a la orden de los hermanos predicadores (dominicos).
1235 Alzamientos contra la Inquisició en Tolosa, Albi y Narbona.
1237 Una encuesta efectuada en el Lenguadoc, nos descubre a un grupo de nobles cátaros exiliados en Cataluña.
1238 La ciudad de Valencia se rinde al ejército de Jaime I.
1239 13 de mayo de 1239, hoguera en Mont-Aimé (Champaña), 183 cátaros seran presa de las llamas.
1240 Tentativa inútil de Ramon Trencavell y de los "faydits" del Carcassès por recuperar sus tierras.
1242 Pontificado de Inocencio IV (1242-1254) Algunos caballeros de Montsegur protagonizan el atentado de Avinhonet, que será el primer episodio de la guerra de reconquista por parte de Ramon VII.
1243 Capitulación de Ramon VII en Lorris. Comienzo del asedio de Montsegur.
1244 El 2 de marzo de 1244, capitulación de Montsegur, Pedro Roger de Mirapeis negocia una tregua de quince días, con el comandante de los cruzados Hugues del Arcis. El 13 de marzo, veinte creyentes solicitan recibir el "consolamentum". El miércoles 16 de marzo, 220 herejes son quemados vivos, en el pie de la ladera del "pog" de Montsegur.
1245 1245-1247; gran investigación inquisitorial realizada por Bernardo de Caux y Juan de San Pedro en el Lauragués. La Iglesia cátara es desmantelada y su jerarquía huye hacia la Lombardia.
1249 Ochenta creyentes cátaros son quemados en Agen. Muerte de Ramon VII sin descendencia masculina; Alfonso de Poitiers, hermano de Luís IX, será el sucesor.
1254 Pontificado de Alejandro IV (1254-1261)
1255 Chabert de Barbaria incorpora al reino de Francia, el castillo de Queribús, último reducto cátaro.
1257 Cátaros leridanos son condenados a pagar al rei Jaime I, la suma de 2000 morabatines alfonsinos, para obtener la remisión de los delitos descubiertos por la Inquisición.
1258 El 11 de enero de 1258, los inquisidores fray Pedro de Termes y fray Pedro de Cadireta, condenaron postumamente a Ramon de Josa y sentenciaron que su cadaver fuese exhumado del cementerio de los fieles y expulsado de su sepultura eclesiástica.
1261 Pontificado de Urbano IV (1261-1264
1262 De 1262 a 1283, Guillermo Pagès, que había regresado de Lombardía, predica por Carcassès y Cabardès.
1265 Pontificado de Clemente IV (1265-1268) Muerte de Luís IX.
1269 En noviembre de 1269, Pedro de Cadireta y Guillermo de Calonge, frailes inquisidores de Cataluña, desentierran los cuerpos de los Castellbó, -Arnau de Castellbó y su hija Ermessendis, condesa de Foix-, y ordenan que sean quemados por herejes.
1270 Felipe III, rey de Francia (1270-1285) Alfonso de Poitiers y Juana de Tolosa mueren sin descendencia.
1271 Pontificado de Gregorio X (1271-1276) La corona de Francia incorpora el condado de Tolosa. Batida en Sirmione (norte de Italia).
1276 Pedro el Grande, II de Barcelona y III de Aragón (1276-1285) Muerte de Jaime I el Conquistador.
1280 Felipe IV el Hermoso, rey de Francia (1285-1314) De 1280 a 1285, procedimientos irregulares y complot contra los archivos de la Inquisición en Carcassona.
1294 Pontificado de Celestino V (agosto-septiembre). Pontificado de Bonifacio VIII (1294-1303) Papa espiritual.
1295 Pedro y Guillermo Autier huyen hacia la Lombardía. Bernardo Deliciós y la rabia carcasonesa.

1305 Pontificado de Clemente V (1305-1314) Bernardo Gui, inquisidor de Carcassona.
1307 Desmantelamiento de la Iglesia de los hermanos Autier.
1309 El último perfecto occitano conocido Guilhem Belibasta, llega a Cataluña por la Fenolleda y las Alberas, huyendo de la Inquisición de Tolosa o de Carcassona, y se establece en un principio en Torroella de Montgrí y más tarde en la zona situada entre Tortosa y Morella.
1321 Belibasta, último perfecto occitano conocido, es condenado a la hoguera en Vila Roja-Termenès.
1329 Última hoguera de cátaros en Carcassona (3 creyentes).
1375 Redacción del último ritual cátaro conocido, en occitania.

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miércoles, 22 de mayo de 2024

Historia de ESPAÑA "Tierra de MARÍA" (Juan Pablo II): Nación nº1 en la defensa de CRISTO, desde el año 40 (Santiago apóstol en Zaragoza) hasta 1978 (Constitución masónica a la muerte de Franco). Grandes patriotas católicos en Cruzada contra arrianos, cátaros, moros, luteranos, anglicanos, turcos, liberales, masones, marxistas, secesionistas y otros siervos de Satanás

Santiago Clavijo-Editor
15/2/2020

Después de la infidelidad de los judios, 
los HISPANOS fueron el pueblo elegido 
cuando  el año 40. la VIRGEN del PÍLAR,
visitó a SANTIAGO en Zaragoza

"Por eso os digo que se os quitará 
a vosotros el reino de Dios y se dará
a un pueblo que produzca sus frutos" 


FORO de AUTORES


Virgen del Pilar, emperatriz de la HISPANIDAD

ALFA y OMEGA  de ESPAÑA
1. Hispania 
Romanos y Visigodos

Reino de Asturias-León (722)
Reino de Pamplona-Navarra (824) 
Reino de Aragón (1035)  
Reino de Castilla (1065)

31.Europa
Almogávares aragoneses: Sicilia y Atenas
Gran Capitán: Granada e Italia
Duque de Alba: Flandes y Paises Bajos
Armada Invencible: Inglaterra

32. África
Marruecos, Canarias, Sahara, Guinea


Filipinas (1521), Molucas (1521), Carolinas (1526)
Francisco Javier, de Goa (1542) a Japón (1552)
Islas Hawai (1555), Marianas (1563)
Camboya (1593), Estrecho de Torres (1605)
 Formosa (1662), Tahití (1772)

4. Decadencia 
5. Subordinación masónica 
51. Carlos III y la Masonería (1728)
Alfonso XII (1874)
Alfonso XIII (1886)

6. Revoluciones y Repúblicas 
61. Revolución masónica (1868)
62. República masónia (1873)
63. Institución Libre de Enseñanza (1876)
64. República masónica (1931)
65. Revolución socialista y masóníca (1934)

7. Cruzada de liberación y Franco
71. Franco, caudillo católico (1936)

9. República confederal 

Fechas relevantes
589-Concilio III de Toledo: Isidoro bautiza a Recaredo

722-Covadonga: Pelayo inicia Reconquista

RAMIRO II
1212-Concilio Letrán: Domingo de Guzmán y Cátaros

1212-Navas de Tolosa: Cruzada de Alfonso VIII

1545-Concilio Trento: Solicitud del emperador Carlos

1571-Lepanto y 1585-Lisboa: Felipe II

batalla de Viana
1896-Congreso Trento: Vázquez de Mella contra Masones

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