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lunes, 23 de enero de 2012

El padre Las Casas y la leyenda negra (239)

La doble personalidad de Bartolomé de las Casas: 
aventurero y visionario defensor de los indios. 
Principal responsable de la leyenda negra antiespañola.
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Sumario:
-Biografía
-Ricardo de la Cierva
-Julián Juderías
-Pío Moa
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BIOGRAFÍA según prólogo de "Brevísima relación de la destrucción de las Indias" de B.de las Casas (Sarpe 1985):
-1474: Nació en Sevilla, hijo de un modesto mercader de Tarifa, que participó en el segundo viaje de Colón. Estudió latín y humanidades.
-1502: Llegó a La Española (Santo Domingo) con el gobernador Nicolás de Ovando. Obtuvo un repartimiento o encomienda  por la que se beneficiaba de algunos trabajos de los indios a cambio de evangelizarlos, para mudar su vida de salvaje a sedentaria.
-1510: Oyó a los misioneros dominicos condenar las encomiendas por los abusos cometidos, pero siguió defendiendo su legitimidad. Primer sacerdote ordenado en América, pasó a Cuba como capellán castrense de Pánfilo de Narváez. Obtuvo un buen repartimiento aprovechándose de los indios, cuanto más podía, según dejó escrito.
-1514: Se sintió llamado por Dios para predicar contra la institución de la encomienda por injusta, ya que los indios eran los únicos señores legítimos del Nuevo Mundo. Por lo que los misioneros deberían convertir a los indígenas sin auxilio de soldados.
-1515: Regresó a España para iniciar su lucha contra las encomiendas en defensa de los indios.
-1516: Fue nombrado protector de los indios por el cardenal Cisneros. Denunció, a los consejeros del joven  Carlos I, los abusos de los funcionarios administradores de las Indias. Por ello se ganó la enemistad del influyente obispo Fonseca, de Gonzalo Fernández de Oviedo y del resto del Consejo de Indias.
Propugnó la sustitución  de los indios por esclavos negros. Patrocinó la colonización pacífica por medio de agricultores y misioneros, renunciando a la conquista por las armas.
-1520: Obtuvo la concesión real del territorio de Cumaná en Venezuela para aplicar sus teorías y se llevó a América un grupo de frailes y colonos, pero los indios mataron a los españoles y acabaron con el experimento.
-1523: Abatido por el desastre, se hizo fraile dominico. Pasó 16 años de retiro obligado en Santo Domingo, Guatemala y Nicaragua, sin licencia de sus superiores para volver a España. Seguía sosteniendo que todas las guerras contra los indios eran injustas, cuando la esclavitud del vencido en guerra justa era admitida por los juristas y teólogos, cuyo principal maestro era el dominico Francisco de Vitoria, fundador del moderno Derecho de Gentes. Todos menos Las Casas reconocían diversos casos de guerra justa en el Nuevo Mundo.
-1542: Regresó sin licencia y logró ser oído por el Consejo en Valladolid. Ejerció gran influencia sobre el emperador, que sufrió una crisis de conciencia sobre la legitimidad moral de su dominio en América. Fray Bartolomé sostenía que los incas eran los únicos dueños legítimos de su país, por lo que se debía abandonar la conquista del Perú. Francisco de Vitoria persuadió al emperador de que el abandono causaría la desaparición de la cristiandad en las Indias. El padre Las Casas, a pesar del rechazo general, influyó en la sanción de las "Leyes Nuevas de 1542" que restringían las encomiendas para protección de los indios.
-1545: Fue nombrado obispo de Chiapa (Guatemala) por Carlos V para que practicara sus teorías en su diócesis. Publicó normas contrarias a las leyes vigentes, promovió excomuniones y originó disturbios continuos entre los diocesanos, teniendo que abandonar a los pocos meses.
-1546: Pasó a México, donde divulgó sus "Reglas para los Confesores" que causaron nuevo escándalo, siendo rechazadas por todos los obispos de la Nueva España.
-1547: Regresó definitivamente a España, sufriendo una segunda época de descrédito. Tuvo que reconocer que los misioneros españoles admitian las leyes y normas vigentes en relación al trabajo de los indios.
-1550: A pesar de todo, Carlos V dispuso que el Consejo de Indias se pronunciara sobre las teorias del padre Las Casas, debatidas públicamente con el cronista regio Juan Ginés de Sepúlveda. Todos los jueces votaron contra fray Bartolomé.
-1552: Publicó su terrible arma "Brevísima relación de la destrucción de las Indias". Acusaba a todos los españoles en el Nuevo Mundo de espeluznantes crímenes, atropellos y robos, pero las exageraciones eran tan ostensibles y monstruosas que el emperador siguió la política de capitulaciones y encomiendas, ordenando que los capitanes pidieran autorización a los misioneros para las acciones de guerra defensiva y prohibiendo la guerra ofensiva.
-1556: Murió en Madrid, recibiendo frecuentes cartas de sus allegados de América, que defendían la encomienda y contradecían sus doctrinas.
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A pesar del reverente descrédito en que murió, logró una grande y duradera fama por su obra "Brevísima" que fue divulgada por toda Europa a lo largo del siglo XVII, en más de 50 ediciones. Traducida al latín, holandés, francés, inglés, italiano y alemán, sirvió de eficaz arma de propaganda contra España, en las guerras de los Paises Bajos y de los Treinta Años. Todos los enemigos del Imperio Español y de la Iglesia de Roma, principalmente ingleses y protestantes, utilizaron las exageraciones y mentiras del padre Las Casas para intentar destruir la obra evangelizadora de España mediante la "Leyenda Negra".
El protestantismo dividió a la Iglesia, que perdió Europa al norte del Danubio y del canal de la Mancha. Las revoluciones liberales trajeron el capitalismo y el socialismo. Y la América Hispana se llama ahora Latinoamérica y está siendo destruida por las sectas protestantes anglosajonas y el indigenismo neocomunista. Y ateos, masones, izquierdistas y ...feministas, han convertido al padre Las Casas en un instrumento de Satanás para destruir a la Iglesia Católica y a nuestra civilización, patrocinada por la Virgen María del Pilar y de Guadalupe.
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Ricardo de la Cierva   en  "Historia total de España"  (1997)  clarifica magistralmente nuestro tema (páginas 359-361):
El principal testigo de cargo contra la colonización española fue un exagerado dominico español, fray Bartolomé de Las Casas. La conquista y evangelización de las Indias suscitó una tremenda ofensiva histórica y dialéctica contra España, recrudecida en nuestros tiempos. Se nos acusa del exterminio de la población indígena, mientras se silencia la aniquilación de los indios al Norte del río Grande por los angloamericanos.
Según el gran especialista Angel Rosenblatt (México 1967) la población de toda la América Hispana en 1492 era de unos 13 millones de habitantes, concentrados en los imperios azteca e incaico.
Bartolomé de Las Casas intevino en la conquista de Cuba como soldado, colono y encomendero, poseedor de un gran número de esclavos. Fracasó como buscador de oro, robó y mató indios.
En 1511, el dominico fray Antonio Montesinos fustigó tales desmanes, originando un movimiento de autocrítica en La Española y que Fernando el Católico sancionara las "Leyes de Burgos de 1512" muy humanitarias y favorables a los indios.
Es el momento de recordar el "Testamento de la reina Isabel I la Católica" (1504), cuya última voluntad y pensamiento fue para los indígenas de las islas y tierras recién descubiertas, a fin de que fuesen tratados como súbditos y como personas libres destinadas a convertirse en cristianos (Luis Suarez: "Los Reyes Católicos"-Ariel 2004). El rey Fernando completó los deseos de Isabel en 1512 con las "Leyes de Burgos".
Las Casas presentó, a los cardenales Cisneros y Adriano de Utrecht, sus protestas contra todo lo que el mismo había practicado, pretendía la abolición de las encomiendas y proponía como alternativa una ridícula utopía: llevar 3.000 labradores de Castilla a una reserva para enseñar a los indios los secretos de la agricultura y la ganadería. El proyecto fracasó porque la mayoría de los reclutados eran delincuentes que al llegar al Caribe se dedicaron a cometer toda clase de delitos.
Y Las Casas encontró la "solución": aceptar la esclavitud de los negros y promover la trata de negros para proteger a los indios. Envió un grupo de dominicos a Cumaná para preparar a los indios, pero resultó que eran caníbales y se comieron a los frailes. Entonces, huye a La Española y pide el ingreso en la "Orden de Predicadores" de Santo Domingo de Guzmán.
Ramón Menéndez Pidal, en un profundo trabajo de 1963, descubre y prueba la doble personalidad de Bartolomé de Las Casas: su egolatría, su intolerancia contra los discrepantes de sus genialidades y su evidente condición de paranoico.
Como demógrafo, Las Casas es todavía más abominable que como colonizador. Acusa a los españoles de eliminar a 30 millones de indios sobre una población real total de 13 millones. Sitúa en Santo Domingo (La Española) a 3 millones y afirma que los ha visto asesinar casi uno por uno, pero en la isla no vivían muchos más de 50.000 indios según las estimaciones actuales más serias. Además de un utópico era un farsante, ya que nunca confesó, que siendo soldado, mató a algunos de esos indios.
Ahora se sabe que la despoblación inicial se debió a una epidemia de peste porcina, causada por los cerdos que llevó Colón en su segundo viaje al Nuevo Mundo. Era un virus emparentado con la gripe de 1918, que causó 10 millones de muertos en Europa.
Las acusaciones de Las Casas han constituido el mejor arsenal imaginable para los enemigos de España. Fue todo menos un perseguido, fracasó en su utopía y se retiró a la Historia, para la que escribió una serie de panfletos incendiarios, que contrastan con el alto ejemplo moral que dieron los teólogos españoles y el propio emperador en la solución de los problemas. A los misioneros y soldados españoles de la conquista de las Indias debemos la  existencia de 20 naciones que todavía rezan en español, casi la mitad de los católicos  del mundo actual.
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Julián Juderías y Loyot es el más importante investigador de la Leyenda Negra. En su discurso de ingreso (1918) a la "Real Academia de la Historia" puso el colofón a su obra con la pregunta:
"¿Cómo vamos a levantar el entusiasmo de las nuevas generaciones si les damos una idea de la historia, forjada por los extranjeros enemigos, pesimista, derrotista, llena de errores y monstruosidades?".
Casi simultáneamente escribía Ramón de Basterra, poeta y diplomático bilbaíno, su famoso soneto:
"¡Ah, joven doloroso, joven triste/que sufres como yo del mal de España!.../Tu virgen corazón vibra de saña,/... porque no tuviste/ lo que pidió tu amor cuando naciste:/De la patria, una idea y una hazaña".
En 1954, José María de Areilza - ingeniero y abogado, alcalde de Bilbao, embajador en Argentina, USA y Francia, consejero privado del conde de Barcelona, ministro de Asuntos Exteriores y presidente del Consejo de Europa (1981-3) - escribió en el prologo de la 16º edición de "La Leyenda Negra" de Juderías:
"Si hoy viviese, conocería el nuevo aluvión de falsedades y embustes que circulan por el mundo sobre nuestra España y seguramente se lanzaría al combate para replicar con contundencia a los Mauriac y a los Hemingway de una y otra acera, que levantan sin cesar su falso testimonio. Pero su espíritu se sentiría satisfecho al comprobar que, por fin, en las aulas de nuestras escuelas y universidades se enseña la Historia de esa España Mayor, llena de juventud y de vigor".
Julián Juderías fué un superdotado, apasionado por la sociología y la historia, hablaba a la perfección 16 lenguas vivas, estudió directamente a autores extranjeros desde el siglo XVII. En su juventud vivió el desastre del 98 y la viciosa y errónea interpretación del pasado nacional de los regeneracionistas. En 1913, inicíó su obra histórica cuando España estaba bajo los efectos de la "semana trágica" de Barcelona y del proceso al masón-anarquista Ferrer y Guardia, instigador del atentado al rey. El odio y las pasiones de los españoles eran atizadas desde el extranjero por logias más o menos secretas. Especializado en la tan comentada decadencia, se rebela contra el complejo de culpabilidad hereditaria fomentado por la mayoría de autores españoles que aceptaban lo escrito por extranjeros como artículo de fe. Su erudición penetrante de primera mano le permitió encontrar la génesis de la morbosa leyenda que infamó nuestro pasado de crueldad, intolerancia, tiranía y codicia.
Tres son los españoles a quienes se debe el origen de la leyenda negra antiespañola:
-1552: Fray Bartolomé de las Casas inicia frontalmente el ataque con su "Brevísima relación de la destrucción de las Indias", que sirve de base a toda una catarata de escritos - franceses, ingleses, holandeses y alemanes - que van a formar la leyenda negra de la civilización española en el Nuevo Mundo, con sus crueldades infinitas, sus indios atormentados y sus conquistadores despóticos y ladrones.
-1569: Reinaldo González Montes, exiliado español por profesar la herejía protestante, publica en Heidelberg su famoso <descubrimiento> de la Inquisición Española que se traduce inmediatamente y es el punto de partida de toda la leyenda de los autos de fe y de las torturas del Santo Oficio.
-1577: Antonio Pérez, publica las "Relaciones de Rafael Peregrino" en Londres, que llenan de asombro a la corte con sus revelaciones sensacionalistas sobre los amores de la princesa de Éboli con Felipe II, y la degollación del príncipe Carlos por su propio padre. Es el colofón, de aparente autenticidad, de un resentido traidor, a las brutales acusaciones del holandés Guillermo el Taciturno en "Apologie"(1581) contra el enemigo de su causa protestante - el siniestro demonio del mediodía - que reunía todos los más nefandos y execrables vicios y pecados en su persona de monarca, defensor de la catolicidad.
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Es la bola de nieve que dió lugar a la avalancha de la leyenda negra. Un obispo amargado por el fracaso de su utopía, un hereje aventurero y un alto funcionario desleal, españoles los tres, pusieron en marcha el inmenso proceso histórico contra España. Las naciones llamadas a formar la conciencia europea se alinearon por razones religiosas, políticas o geográficas contra nuestra monarquía. Recogieron las calumnias iniciales lanzadas por unos malos españoles. La inmensa superioridad numérica de sus publicaciones y el escaso volumen de nuestra historiografía agravó el problema con el tiempo. Ahora, estamos viviendo la culminación con gobiernos de ideología social-masónica, laicistas y antinacionales que aceptan toda la leyenda negra (5º centenario del Descubrimiento a cargo del felipismo) y van más allá, como es el caso del zapaterismo en su apoyo a los revolucionarios indigenistas antiespañoles de Cuba, Venezuela, Bolivia,...
Francisco de Quevedo escribió: "¡Oh , desdichada España! Revuelto he mil veces en la memoria tus antigüedades y tus anales, y no he hallado por qué causas seas digna de tan porfiada persecución. Sólo cuando veo que eres madre de tales hijos, me parece que ellos, porque les criaste, y los extraños porque ven que los consientes, tienen razón en hablar mal de ti"
Michel de Montaigne, el escéptico pensador francés, fue uno de los primeros en divulgar las crueldades españolas en América en sus "Ensayos"(1588), indicando que se sabia por los mismos españoles, que no sólo las confesaban, sino que se enorgullecían de ellas. Oexmelín  en su "Historia de los aventureros"(1668) relata las proezas de holandeses, ingleses y franceses, y denigra a marinos y descubridores españoles. Voltaire escribe sobre las crueldades reflexivas y los horrores cometidos por los conquistaores españoles. Ferney afirma que Felipe II mandó exterminar a los indios. Montesquieu dice en su "Espíritu de las leyes" que España destruyó a los indígenas para asegurar la posesión del suelo, y pudo dar a los mejicanos una religión dulce en vez de una superstición furiosa. Los Enciclopedistas de la Ilustración masónica francesa se hicieron eco de todas las calumnias, desatando toda su furia filosófica contra la Iglesia. Es la consecuencia de la trama que tejió el padre Las Casas.
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Blog "Presente y Pasado" de Pío Moa
Intereconomía
"El caso Las Casas" (12.01.12):
Las falsedades y exageraciones de Las Casas son tan brutales y evidentes que nadie con un mínimo sentido crítico podría suscribirlas. ¿Por qué, entonces, tanta gente las ha difundido y apoyado, y han tenido tanta y tan duradera influencia, incluso entre la gran masa de gente que no las han leído, hasta nuestros días? Por su utilidad:  sirvieron de munición masiva para la propaganda de  las potencias protestantes y de Francia para denigrar a España y en el primer caso al catolicismo. Lo cual ya revela el carácter eminentemente falsario de esa propaganda y la falta de escrúpulos de sus promotores. Ante la evidencia de sus falsedades, se ha recurrido a justificarlas ponderando los buenos sentimientos  de Las Casas hacia los indios, hacia la humanidad en general (menos los españoles, claro), y su “avance” hacia las teorías políticas modernas: mentía y calumniaba, desde luego, pero lo hacía por la buena causa --como los comunistas o los nazis--. No hay nada de ello. Las Casas extrema y llevar al absurdo las teorías mucho más razonables de Vitoria y otros, y solo puede hacerlo, precisamente, mediante la calumnia. Esta, la calumnia y no tiradas aparentemente bienintencionadas y gratuitas, es la verdadera medida del valor de Las Casas.

¿Qué habría pasado si se hubieran impuesto las chifladuras del fraile? Que seguirían en América los sacrificios humanos, el canibalismo, la poligamia, la venta de hijas y mujeres, la economía de trueque, las guerras brutales entre los propios indios, y las culturas más primitivas. Es decir, seguirían durante un siglo más, porque tan pronto otras potencias europeas estuvieran en condiciones de conquistar aquellos territorios lo harían al estilo como lo hicieron en América del norte y en África en el avanzado siglo XIX: exterminio de la población aborigen o su esclavización o mera explotación económica manteniéndola segregada de la civilización. A cambio del famoso “oro”, España llevó allí una cultura mucho más avanzada en todos los sentidos, eliminó la mayor parte de las costumbres bárbaras, evangelizó a los indios, les permitió una gran autonomía –quizá excesiva, y abolida después de la independencia— leyes, estas sí, extraordinariamente humanitarias y avanzadas para la época, nuevas ciudades y vías de comunicación, universidades, imprentas y escuelas, una economía cien veces más productiva, nuevos cultivos y animales domésticos… y, en fin,  una paz apenas alterada durante tres siglos.
Obsérvese, además, que los virtuosos protestantes y franceses que tanto explotaron a Las Casas contra España sí realizaron muchas de las atrocidades que achacaban a los españoles, y no solo en aquellos tiempos “bárbaros” sino en otros históricamente muy recientes. Piénsese en el auténtico genocidio que supuso la Gran Hambruna irlandesa o más recientemente la de Bengala, o los crímenes cometidos durante la II Guerra Mundial por unos y por otros (el nazismo arraigó de preferencia en la  parte protestante de Alemania). Y obsérvese también  que el fraile patológicamente embustero no solo está en la base de la tradicional propaganda antiespañola, sino de movimientos totalitarios inspirados en el “buen salvaje”  o en movimientos antiespañoles de fondo como los que, después del 98, desembocaron en la desastrosa II República. Con Las Casas simpatizaban desde Azaña a los comunistas, y conforme a él enjuiciaban la obra de España en el siglo XVI.  Las Casas inicia, o más bien es un jalón fundamental en una sucesión de doctrinarios baratos y exaltados, supuestamente llenos de buenas intenciones, que han traído incontables calamidades. Hasta la “alianza de civilizaciones” del mamarracho que ha presidido el país estos nefastos años. 
Hegemón-3 (15.01.12):

No hay una defensa apasionada de los indios en Las Casas, como no la hay de los obreros en Marx  ni de las mujeres en Zapo o los feministas. Hay una defensa apasionada de un constructo ilusorio que no tiene nada que ver con los indios reales y sí mucho con su vanidad e incapacidad intelectual, y para defenderla no vacila en mentir y calumniar a quienes juzga opuestos a sus desvaríos. Ya va siendo hora de que distingamos lo que la gente dice de sí misma y de sus ideales y lo que son y defienden realmente. No es que sus argumentos estén a veces mal coordinados, sino que partiendo de sus fantasías solo puede surgir una sarta de dislates  mejor o peor hilvanados. La historia está llena de casos semejantes. Ello sin contar su conducta real y práctica hacia los indios, que no parecía convencer mucho a otros que sí desarrollaban una labor de evangelización e instrucción práctica. En lo que respecta a los luego llamado derechos humanos, Las Casas no representa gran cosa, es contradictorio y pretendía que se prohibiesen los escritos que llevaran la contraria a sus historias. Se ponderan desmesuradamente sus frases humanitarias con el fin de hacer colar mejor sus sartas de exageraciones y calumnias contra sus compatriotas (la conquista no se hizo repartiendo caramelos, claro está, ninguna ha sido así; hubo crueldades, las mismas aproximadamente que en las guerras de Europa, perdón por recordar estas obviedades). Para la historia queda como el fundador de la leyenda negra, no de los derechos humanos.
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