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viernes, 28 de febrero de 2020

La infiltración comunista en la Iglesia Católica

La infiltración comunista en la Iglesia Católica
Damián Galerón 
22/04/2018 

Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista Español, así como Dolores Ibárruri, dirigente del mismo partido y conocida como la “pasionaria”, declararon en su momento que habían conseguido infiltrar en los seminarios españoles a numerosos candidatos para que fueran ordenados sacerdotes. Este proceso de infiltración fue masivo a partir de los años 60 del pasado siglo.

No se tuvo apenas conocimiento sobre la red de infiltración dentro de la Iglesia Católica hasta que ciertos agentes del servicio soviético de inteligencia no se pasaron a Occidente durante la llamada “guerra fría”. Estamos hablando de una infiltración masiva en los seminarios católicos por parte de grupos políticos, sociedades secretas y servicios de inteligencia, cuyo objetivo no era otro que acabar con la Iglesia. Los primeros datos sobre este tema empiezan a conocerse a partir de los años 60, si bien, existían algunas referencias de años anteriores. 

Por poner un ejemplo, la asesora jurídica del partido comunista norteamericano, Cristina Bella Dodd, confirmó en la década de los años 40 del pasado siglo, que habían conseguido infiltrar en diversos seminarios norteamericanos a más de 1.100 candidatos para que fueran ordenados sacerdotes; poco después, durante el Concilio Vaticano II, esta persona manifestó que la mayoría eran ya sacerdotes y que algunos habían sido nombrados obispos, los cuales, los tenían estratégicamente ubicados dentro de la Iglesia.

Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista Español, así como Dolores Ibárruri, dirigente del mismo partido y conocida como la “pasionaria”, declararon en su momento que habían conseguido infiltrar en los seminarios españoles a numerosos candidatos para que fueran ordenados sacerdotes. Este proceso de infiltración fue masivo a partir de los años 60 del pasado siglo. Una muestra de este proceso de infiltración, al menos en el caso español, lo vemos en lo sucedido en el país vasco. 

Podemos hacernos una idea de este proceso de infiltración en esta zona del norte de España, poniendo un ejemplo; hace unos ocho años, de unos 130 párrocos existentes en la diócesis de San Sebastián, el 75 % eran de formación marxista. Hasta tal punto que llegaban a darse episodios de verdadera crueldad entre estos sacerdotes, como negarse a oficiar la misa de funeral hacia alguna víctima que había sido asesinada por el grupo terrorista ETA por el simple hecho de que “no era de los suyos”. Este grupo terrorista siempre estuvo respaldado por la casi totalidad del clero vasco, y sobre todo por su figura más representativa como fue monseñor Setién. La actitud de colaboración de este obispo con el grupo terrorista fue tan escandalosa, que el Vaticano tuvo que tomar cartas en el asunto “obligándole a dimitir”. Era algo inaudito en la Iglesia, ya que cuando un obispo se convierte en algo molesto, por lo general, siempre espera a que se muera.

Dentro de la iglesia española, fue el país vasco donde se pudo comprobar el enorme grado de infiltración marxista que ya padecía la iglesia en general y, en los seminarios diocesanos, en particular. Detrás de todo este desastre que estaba contaminando a toda la Iglesia Católica, encontramos a una institución religiosa que desde el siglo XVI había sido la gloria de la Iglesia y de los Papas, y que curiosamente, su fundador, Ignacio de Loyola, había nacido precisamente en esta zona del norte de España; estamos hablando de los Jesuitas. Han sido ellos los que han llevado a la Iglesia al mayor quebradero de cabeza de los últimos Papas; y de esta orden religiosa, han salido la mayor parte de los teólogos e intelectuales que ha dejado la iglesia en el actual estado de postración en la que se encuentra. Nunca se sabrá el sufrimiento que esta institución religiosa provocó en Pablo VI y Juan Pablo II en los últimos 40 años. Ha sido el historiador español Ricardo de la Cierva quien ha escrito e investigado a fondo sobre este asunto. Pero introducirse este tema es no acabar nunca debido a la extensa información existente en estos momentos, de manera que nos centraremos en algunos casos muy puntuales.

Confusión y apostasía-
Los impresionantes escándalos de abusos sexuales dentro de la iglesia católica norteamericana a partir de los años 80, venían a confirmar que las declaraciones hechas por Cristina Bella Dodd sobre la infiltración dentro de los seminarios no eran ninguna manipulación informativa, sino una terrible realidad. Igualmente, la degradación sufrida por la iglesia española a partir de esa misma época, vino a confirmar que las declaraciones del Secretario General del Partido Comunista Español, Santiago Carrillo, no eran tampoco una tontería. Y lo mismo podemos hablar de lo sucedido dentro de la iglesia de la mayor parte de los países europeos, como Irlanda, Francia, Polonia, etc. Un ejemplo, de los muchos que podemos citar, radica en esta última, es decir, en Polonia. Uno de los más estrechos colaboradores de Juan Pablo II era el padre Mieczyslaw Malinski, que estudió desde joven con Karol Wojtila, (futuro Juan Pablo II). Se descubrió que este sacerdote, amigo y colaborador de Juan Pablo II, tenía código “delta” dentro de los servicios de inteligencia comunista polacos, los cuales a su vez, colaboraban con el servicio de inteligencia soviéticos, más conocidos con las siglas KGB.

El código “delta” quiere decir que colaboraba totalmente con los servicios de inteligencia. Todo este impresionante lío de la infiltración de sacerdotes marxistas, (que era común en el resto de los países), pero que en este caso nos referimos a la iglesia polaca, lo fue descubriendo otro sacerdote polaco de origen armenio, Tadeusz Isakowicz-Zaleski. El caso de este sacerdote es de película. La policía secreta comunista le sometió a numerosas torturas para que dejara de investigar la infiltración de sacerdotes marxistas dentro de la iglesia, pero no consiguieron desanimarle. Llegó a descubrir que 39 arquidiócesis polacas, entre los años de 1944 y 1989, habían colaborado con el régimen soviético, llegando a publicar un libro donde daba nombres y apellidos de los “sacerdotes colaboracionistas”. El escándalo fue impresionante. El cardenal Stanisław Dziwisz de Cracovia, le prohibió publicarlo; sin embargo, en noviembre del 2006, el cardenal primado de la iglesia católica polaca, Josef Glemb, le pidió disculpas.

Fue a partir de la década de los años 70 cuando varios agentes soviéticos que se pasaron a Occidente a raíz de la “guerra fría”, concretamente Anatoliy Golitsyn y Vassili Mitrokhin, quienes informaron con detalle de todos los agentes infiltrados (sacerdotes, obispos, etc.) dentro de la Iglesia Católica. Mitrokhin pasó a los servicios de inteligencia británico la friolera de 25.000 páginas fotocopiadas de los archivos secretos del KGB. Aunque tanto la CIA norteamericana como otros servicios de inteligencia desconfiaron de todo esto, en esos documentos sin embargo, estaba todo escrito sobre los planes del comunismo para acabar con la Iglesia.

Ahora bien, para ponernos un poco al día, conviene conocer, en primer lugar, una serie de datos que precedieron a estos hechos, lo cual, nos permite comprender el resto de los acontecimientos. Sucedió que durante el Concilio Vaticano II, fueron tres los teólogos que marcaron la pauta a seguir; no eran otros que Congar, De Lubac y Rahner. Lo sorprendente del tema consiste en que estos tres, habían sido condenados antes del Concilio, debido a que su teología era notablemente anticatólica; sin embargo, después del Concilio los tres fueron elevados a cardenales. ¿En qué quedamos? Personalmente no entiendo nada, pero los hechos fueron esos.

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P. Pedro Meca, señalado por la viuda del Comisario 
Melitón Manzana como el segundo asesino de su marido

Ahora bien, para poder entender la razón esencial de su teología, podríamos resumirla en que estos tres teólogos dieron inicio a una especie de “revelación sin Cristo”, o dicho de otra forma, se inició una teología “sin Dios”. No es necesario ser muy inteligente para comprender que los primeros pasos hacia el marxismo, ya estaban dados. Ahora bien, ¿quiénes se encargaron del trabajo sucio? No es difícil adivinarlo: los jesuitas. A partir de este momento, el resto del trabajo ya estaba casi conseguido. Es decir, dado que el principal objetivo del marxismo en esa década de los años 60 era infiltrarse dentro de la Iglesia Católica, como así consta en la numerosa documentación de los servicios de inteligencia soviéticos, no puede suponer ninguna sorpresa que fueran los jesuitas (a través de su sector más progresista, sobre todo el científico) quienes expandieron la ideología comunista por todo el mundo a través de la Teología de la Liberación, que fue la consecuencia de dicha teología, la cual se introdujo a través del Concilio Vaticano II.

Ricardo de la Cierva, en su libro “La infiltración”, describe con todo tipo de detalles este camino hacia el vacío en el que han caído los jesuitas. De la Cierva, sitúa en el “simposio Fe cristiana y cambio social el América Latina”, celebrada en el año 1972, en San Lorenzo del Escorial, España, donde se reunieron teólogos de la teología de la liberación, en la cual, prevaleció la tesis del ideólogo marxista y jesuita peruano, padre Gustavo Gutiérrez.

También afirma que, efectivamente, desde los años cincuenta, la expansión del movimiento PAX (comunidades de base de cristianos por el socialismo) había contribuido al adoctrinamiento de los grupos católicos en la ideología marxista, pero que tras este acontecimiento, los jesuitas deciden pasar a la “práctica”, organizando todo tipo de movimientos subversivos en defensa del socialismo.

Ahora bien, esto no se podía llevar a cabo sin más ni más, ya que de hacerlo hubieran quedado al descubierto en sus intenciones; necesitaban por lo tanto una base ideológica que les permitiera actuar legalmente a todos estos cientos de sacerdotes de ideología marxista. De esta manera, no solo tenían las bases para crear una nueva Iglesia, sino que al mismo tiempo tenían razones suficientes para derribar a todo tipo de jerarquía institucional, que supuestamente estuviera entregada al “capitalismo”. Fue la Teología de la Liberación quien cumplió a la perfección esa base ideológica que necesitaban para llevar adelante sus planes. Dado que el campo de experimentación de dicha teología se desarrolló principalmente a lo largo de toda Sudamérica, es aquí donde Ricardo de la Cierva, pone nombres y apellidos a los autores de la tremendas tropelías que se hicieron.

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