Píldoras Anti-Masonería

El blog CLAVIJO defiende los valores

de la Iglesia Católica y de España

amenazados por el proyecto masónico-luciferino

"Nuevo Orden Mundial"


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lunes, 21 de septiembre de 2015

Juan Pablo II: La "Gran Tribulación" llega, es posible mitigar el castigo pero no evitarlo. Ninguno de los despreciados videntes de Garabandal, Medjugorje, Amsterdam o Akita, han dicho algo tan duro. Han sido los obispos, la jerarquía, quienes han censurado el mensaje de Santa María (1961)

La gran Tribulación que llega
Juan Pablo II en Fulda-Alemania 1981
HISPANIDAD-Eulogio López (15/09/2015): Es posible mitigar el castigo pero no evitarlo. Y lo dice el casi racionalista Karol Wojtyla. Al parecer, la gran tribulación no es opinión de cuatro majaderos amigos de lo esotérico. La Virgen María cumple un papel clave en este momento de la historia. No, no había sufrido el atentado aún. Fue en una reunión con cristianos en Alemania.
La pregunta clave de aquella charla con católicos ‘selectos’ -que vaya usted a saber qué significa eso- es la que uno de los selectos formuló: ¿Qué va a pasar con la Iglesia? A eso, Karol Wojtyla (en la imagen) responde, algo que no deben perderse: “Nosotros debemos prepararnos para sufrir grandes pruebas dentro de poco, tales que demandarán de nosotros una disposición a perder la vida, y una total dedicación a Cristo y por Cristo… Con vuestras oraciones y las mías es posible mitigar esa tribulación, pero ya no es posible apartarla, porque solo así la Iglesia puede ser efectivamente renovada. ¿Cuánto tiempo llevará la renovación de la Iglesia surgida de la sangre? Ese tiempo, demasiado, no será de otra manera. Nosotros debemos ser fuertes y estar preparados, y confiar en Cristo y en su Madre, y ser muy, muy asiduos en el rezo del Rosario”.
Es decir, que la gran tribulación no es obra de cuatro majaderos amigos de visiones, sino que lo dice san Juan Pablo II, el papa más tomista, racional y escolástico que recuerdan los tiempos modernos.
Entonces, estaba en solfa el tercer secreto de Fátima, sobre el que luego ha habido tanta parafernalia, acerca de si ese tercer secreto se había contado entero o no. Bueno, lo cierto es que esa gran tribulación que se prepara es asunto recurrente, en especial en las apariciones marianas. El problema es que en las más claras, apocalípticas, si lo prefieren de esas apariciones y revelaciones marianas (Garabandal en España y Medjugorje en Bosnia-Croacia) han sido los obispos, la jerarquía, quienes han censurado el mensaje de Santa María y resulta que la Virgen cumple el papel clave en este momento crucial de la historia.
Pero insisto es el racionalísimo y escolástico san Juan Pablo II quien habla de un tiempo de tribulación que ya no puede ser evitada, sólo mitigada, y donde el arma de los cristianos será el Santo Rosario, es decir, La Señora y la oración que el intelectual medio desprecia con más interés.
Digo que todavía ni se había producido el atentado de Alí Agca -faltaban semanas- y digo que hablaba del III Secreto de Fátima, revelado en tiempos de Benedicto XVI. Pero lo que sí digo es que Juan Pablo II, habló (¿por qué lo hizo?) de datos como ese: “Por otra parte, debería ser suficiente para todos los católicos saber esto: si hay un mensaje en el cual está escrito que los océanos inundarán todas las áreas de la Tierra, y que en un momento millones de personas perecerán, verdaderamente la publicación de tal mensaje ya no es algo tan de desear”. 
Han leído bien: océanos inundarán todas las zonas de la tierra. Ninguno de los despreciados videntes de Garabandal, Medjugorje, Amsterdam o Akita, han dicho alto tan duro.
Y entonces, ¿por qué no se dice? Seguimos respondiendo con Juan Pablo II en Fulda: “Muchos quieren saber simplemente por curiosidad y por el gusto de lo sensacional, pero ellos olvidan que el conocimiento también implica responsabilidad. Ellos procuran solo la satisfacción de su curiosidad, y es peligroso si, al mismo tiempo, no están dispuestos a hacer algo, y si ellos están convencidos que es imposible hacer nada contra el mal”. Parece claro que ni la curiosidad, ni la negación irracional, ni la desesperación sirven para nada cuando hablamos del fin de la historia. Y hay mucho de todo eso.
En definitiva, ¿estamos próximos a la gran tribulación? Estoy seguro que sí. Es más, pienso, como otros muchos, que se ha retrasado y que ya no puede retrasarse (mitigarse) mucho más. ¿Es el fin del mundo? Creo que no, después de este sufrimiento (en Garabandal se describe como la ‘troika’: aviso, milagro y castigo). Luego el triunfo de Cristo y la Nueva Jerusalén, una Iglesia purificada, una sociedad donde no prive el miedo sino el amor (la civilización del amor, de la que hablaba Juan Pablo II). Mientras tanto, algunos siguen discutiendo si son galgos o son podencos.
Eulogio López:
Leyes peperas con olor a Masonería en la última etapa de legislatura.
El Nuevo Orden Mundial (NOM) actual viene marcado por la cristofobia y por el odio a la inocencia.
Los dos medios de los obispos están manipulados por homosexualistas, feministas, blasfemos y tibios. Y algunos de sus gestores se dedican al saqueo. Total: pagan los curas. Pretender lanzar-hacer medios cristianos sin periodistas cristianos es como hacer vino sin uvas. ¿Sectarismo? ...
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domingo, 20 de septiembre de 2015

¿Cómo influye la Masonería en España? ¿Por qué y cómo hemos llegado a la situación actual en el terreno religioso, ético-social, etc.? Fraternidades profesionales masónicas: Educativas, Políticas, Militares, Sindicales, Financieras, Logias Encubiertas y Organizaciones Pantalla (1960)

InfoVaticana-Gabriel Ariza (16/7/2013): Por su interés reproducimos el artículo de Manuel Guerra Gómez publicado originalmente en la revista “Altar Mayor”.
Manuel Guerra: Quiero comenzar con una pregunta: ¿Por qué estamos como estamos? ¿Por qué y cómo hemos llegado a la situación actual en el terreno religioso, ético-social, etc.?
Una observación preliminar: Hablo de la masonería y de los modos de su influjo en España directamente, también de manera indirecta, o sea, al trasluz de la influencia de la masonería en otros países, sobre todo de los más cercanos. Los masones españoles son bastante más reservados que en Francia, Italia, EE.UU., etc. Su opacidad seguramente se deba a su existencia clandestina en España, impuesta desde 1940 hasta su restauración legal en 1979.
I. El cambio de paradigma, modelo e ideal
En la contraportada de mi libro "Masonería, religión y política" se lee: “Era de noche. Imprevistamente la luz se apagó. Un grito estalló en la oscuridad: `¡Están cambiando el agua de la pecera sin que los peces se enteren!´. Sin ser conscientes de ello los creyentes –al menos la mayoría y del todo-, el paradigma religioso, especialmente el cristiano tradicional en los países occidentales, está siendo sustituido por otro relativista, sin crético y laicista, o sea, masónico y, por lo mismo, indigente de Jesucristo y de una `nueva evangelización´”.
¿Cómo se ha operado este cambio? Evidentemente la causa no es única ni instantánea. La principal ha sido la flojera, así como la ausencia de coherencia y audacia por parte de los cristianos. Pero, el factor “catalizador” se llama “masonería”.
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II. “la logia, el laboratorio de la sociedad”
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III. ¿cómo realiza la masonería su influjo en la sociedad, también en la española?
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3.2.2. Las Fraternidades masónicas educativas
La masonería se ha preocupado siempre de la educación. “La escuela/educación pública y laica” es su lema. Suelen añadir “única”, también “obligatoria”. La masonería defiende la ”libertad de enseñanza”. Pero la entiende no como libertad de los padres para enviar a sus hijos menores de edad a un centro escolar de un ideario concorde con sus creencias, sino como “libertad de cátedra”, o sea, que cada profesor pueda impartir la enseñanza de acuerdo con sus propios deseos, al margen de ideario del centro y del deseo de los padres.
El interés de la masonería en que se imparta una educación masónica explica “el acuerdo de Cooperación Educativa” firmado por José Miguel Insulza, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (O.E.A) y Rafael Aragón Guevara, Gran Maestro de la Gran Logia de la República de Guatemala y Presidente de la Confederación Masónica Interamericana (CMI) el 9 de mayo de 2008. El Secretario General destacó que el acuerdo “fortalecerá la búsqueda común para lograr un hemisferio en el que impere cada vez más la democracia, la libertad y la justicia, principios fundadores de esta Organización y principios capitales de la Orden masónica”. Asimismo aseguró que la firma del acuerdo “permitirá abrir espacios para que valiosos profesionales de las ciencias sociales y políticas que integran las distintas entidades masónicas, culturales y humanitarias a lo largo de nuestro Continente puedan participar en las iniciativas que lleva adelante la OEA”. Sería interesante desvelar en qué se ha concretado esta participación, aparte de la infiltración e influjo de masones en la OEA, en sus actividades y decisiones. Secretario para la Educación, Ciencia y Educación de la OEA era el masón Álvaro Marchesi, relacionado con la elaboración de la LOGSE española.
Ha habido y hay numerosas organizaciones de impronta masónica: Institución Libre de Enseñanza, Liga Española de la Educación y Cultura Popular (Madrid,1996), Acción Laica “Escuela Libre” de León, Asociación “Escuela Laica” de Albacete, Asociación “Pi y Margall por la Educación Pública y Laica”, Colectivo “Escuela de Granada”, y otras de padres y alumnos. Aunque impulsadas generalmente por Fraternidades masónicas, las Ligas y sindicatos de enseñanza o educación son más bien organizaciones-pantalla de la masonería.
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IV. El Nuevo Orden Mundial “masónico” y la perspectiva cristiana

Estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo periodo de la historia. Es el “Nuevo Orden Mundial (NOM), gestado especialmente en el seno de la masonería y llamado así ya en 1737 (20 años después de su fundación oficial, año 1717) en el discurso que Andrew M. Ramsay iba a pronunciar en una reunión de las primeras logias francesas. El NOM supone la existencia de un solo gobierno, tribunal supremo, ejército, moneda, una sola religión, ética, etc., en la ”aldea global” que es o será la Tierra. El laicismo, el relativismo, el sincretismo y el ”método” masónicos predominan ahora en el NOM y lo caracterizan al mismo tiempo que van impregnando los sectores inferiores (nacional, regional), al menos en el plano oficial.

sábado, 19 de septiembre de 2015

CATALUÑA-MASONERÍA: Lista electoral conjunta del 27-S para la SECESIÓN con los nacionalistas imitando la estrategia de PODEMOS y demás restos del comunismo, sea disfrazado de ‘verdes’ o de lo que sea con nombre y simbología nueva (1959)

Mayoría suficiente para iniciar las 10 fases del proceso 
diseñado para la creación de un estado independiente
La estrategia independentista era pedir un referéndum a sabiendas de que no le concederían, y como alternativa plantear una lista unitaria. La diferencia es notable. En el primer caso —referéndum— el recuento es de votos directos. En el segundo —lista unitaria— el recuento es de escaños. Y esas son las reglas del juego con las que el poder central (PSOE y PP) ha dejado que discurran los acontecimientos.

Santiago Clavijo (10/6/2015): El Poder Supranacional en la Sombra auspicia en Bilderbeg a Pedro Sánchez (PSOE), patrocinado por Cebrián, González y Botín, para presidir el gobierno de concentración de la ruptura de España. El Pacto de PSOE con PP será posible después de que los medios cambien de chaqueta, una vez que reciban instrucciones supranacionales de informar sobre las barbaridades del Complejo PODEMOS, populismo neo-comunista radical, en Ayuntamientos y Comunidades.

Santiago Clavijo (31/5/2015): Pacto PP-PSOE para una nueva Constitución que permita la Ruptura de España. Pacto auspiciado por el miedo a la dictadura de PODEMOS (neo-comunistas redicales). Será el argumento para el Pacto, según las consignas masónicas del Poder Supranacional en la Sombra, en cuya cúpula están las bancas Rotschild y Rockefeller. Denuncia de Monseñor Reig Pla.

COLECTIVO ATLÁNTIDA (19/7/2015): No hace ni 48 horas que aquí mismo explicábamos una suculenta narración relacionada con el individuo al que la MASONERÍA ha colocado en el primer lugar de la lista conjunta con la que los nacionalistas imitan la estrategia de Podemos y los demás restos del comunismo (ICV, etc.), sea disfrazado de ‘verdes’ o de lo que sea con nombre y simbología nueva.
De esta manera, de la noche a la mañana nos hemos encontrado con Romeva como el ungido para encabezar la lista de las narices, con Mas y Junqueras en cuarta y quinta posición, aunque queda claro que si ganan serán presidente y vicepresidente de la Generalidad o presidente de ésta y presidente del Parlamento, respectivamente.
Sucede que no cuela lo que se ha difundido del susodicho candidato, Raul Romeva, ex militante de Iniciativa per Catalunya els Verds, fomación errática que abandonó para sumarse al mogollón independentista, puesto que como europarlamentario, en el Parlamento Europeo, además de dedicarse a supervisar genocidios (el de Ruanda, sobre todo) y a ‘garzonear’ allí dónde se pudiera sacar rédito personal; o sea, viajes, comisiones de trabajo, reuniones, comilonas, contactos, dietas y poco trabajo… se liberaba para prepararse el terreno de su repatriación e inserción en el entramado que las logias le habían reservado en su condición de chulazo que aunque viniese del comunismo, con un buen maquillaje y una imposición fraternal, fuera aceptado por la derecha meapilas catalana; como así ha sido.
Una vez constatado que ésta es la jugada prevista y consumada, y que ahí lo tenemos, cualquier observador inquieto se habrá preguntado acerca del porqué de que dicho sosias clónico de Varoufakis y mochilero como éste, o Iglesias o Sánchez, fuera el elegido [los títulos universitarios hoy ya no son casi nada]. Y explorando y analizando la información existente sobre Romeva vemos que pertenece a una de las mafias más descaradas cuando se insertan y estabilizan dentro de los estamentos oficiales o mediáticos.
Raül Romeva ha escondido, en estos primeros días de aparición pública que su rol principal en Estrasburgo era la defensa de la igualdad y los derechos humanos de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales, ocupando la copresidencia del Intergrupo LGBT, en el que participan de forma transversal parlamentarios [se entiende que homosexuales] de todas las sensibilidades políticas, que fundamentalmente, como eurodiputados gayfriendlys, se dedican a hacer un lobbying y seguimiento legislativo desde la visión LGBT, movilizando los votos siempre que es necesario para propiciar el apoyo a las propuestas o normativas que favorezcan fortaleza de la población homosexual y transexual europea.
En esta línea, y eso es lo que esconde, el diputado verde lideraba la Directiva Horizontal de Múltiples Discriminaciones, cuya entrada evitaría las discriminaciones que se producen en la vida diaria de miles de homosexuales y transexuales europeos: como expulsión de lugares públicos por mostrar actitudes afectivas; negación a cubrir seguros de vida por la condición sexual e identidad de género; situaciones desigualitarias en la sanidad pública y/o privada; uso de la violencia por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad de los Estados o prohibición de entrada a lugares públicos “reservados para heterosexuales”.
Asimismo, otra bandera que ondeaba Romeva es la de la libre circulación del amor por Europa [sic]. “Las personas no pueden viajar perdiendo derechos”, sostenía en alusión a los matrimonios del mismo sexo que no ven reconocidos su estatus jurídico, conseguido legalmente, en Estados donde no reconocen el Derecho interno de países que sí contemplan en su ordenamiento jurídico el casamiento homosexual, por cuyo motivo abogaba para que Europa se desprenda de sus tics homofóbicos. Para interpretar mejor las funciones del Intergrupo LGBT, sépase que también fiscaliza las legislaciones de los países candidatos a entrar en la Unión Europea si no cumplen con los requisitos mínimos de respeto a las minorías sexuales, tarea que llevan a cabo en red conectando con los activistas LGBT locales para coordinar estrategias y demás formas de influencia gay.
Llegados hasta aquí, y habida cuenta que si ha podido dedicarse a esos menesteres laborales a sueldo de las instituciones públicas europeas que representan a la ciudadanía europea, ¿por qué esconde este detalle de su vida? ¿Acaso es que además es homosexual y le parece que ahora no toca salir del armario? ¿Por qué manipula/n y miente/n tanto, y la gente se lo permite?
¿Acaso no hay políticos homosexuales de extremo valor y dignidad que se manifestaron como tales en su momento y viven con naturalidad su tendencia sexual?, como es el primer secretario del PSC y candidato socialista a la Generalidad de Cataluña Xavier Iceta (hoy por hoy el único con sentido común y nobleza de las izquierdas catalanas), o el presidente del mismo PSC en Barcelona, Jaume Collboni, o el consejero de la Generalidad Santi Vila, entre muchos otros presentes en múltiples espacios de la administración pública, como sucede en el resto de buena parte de España excepto en las zonas botejaras y puertourracas de turno.
Repetimos, y nos preguntamos, además de que Romeva es harto probable que sea un homosexual (los gays y lesbianas nunca ceden puestos de responsabilidad de sus intereses a heterosexuales), ¿cómo es que esconde su intensa dedicación a esa causa? ¿Ha recibido órdenes para no asustar a una parte del electorado conservador con el que de forma antinatural se ha aliado para optar a ganar las elecciones autonómicas del 27-S, habida cuenta de que todos los simpatizantes del magma ex convergente son de derechas como lo son los del PP?
¿Por qué tergiversan y manipulan tanto los que dirigen todo este tinglado rosa, incluso llegando a tildar al Front National francés de partido homófobo, cuando su vicepresidente Florian Philippot es abierta y públicamente un homosexual declarado?.
RELACIONADO:
-Informe 2015 de U+D:
-"Fundación UNIDAD más DIVERSIDAD".

viernes, 18 de septiembre de 2015

¡Viva ES-PAU-ÑA!. España 80 -75 Francia. Recompensa olímpica. PAU GASOL: El 'Jordan' de España: así sumó 52 puntos. ¿Es Pau el mejor europeo de la historia?. GASOL como INDURAIN o NADAL: Otro demonio para Francia (1964)


GASOL como INDURAIN o NADAL
233-P. R. MADRID 18/09/15
Primero fue Miguel Indurain, que durante cinco años dominó el Tour de Francia. Después surgió Rafa Nadal, que convirtió la pista central de Roland Garros en el jardín de su casa. 
Y el jueves surgió Pau Gasol

 España 80 -75 Francia 
Histórico PAU para alcanzar la FINAL 
1.577-NACHO DUQUE. LILLE 17/09/15 
España jugará a final del Eurobasket después de vencer a Francia en una exhibición de coraje y orgullo como pocas veces se ha visto. 
Pau Gasol, con 40 puntos, lideró a los ÑBA, 
que se mete en los Juegos de Río.

TOP 1 del TOP 5 del EUROBASKET
27 18/09/15 
Pau Gasol, fue el protagonistas del Top 5 del Eurobasket

18 18/09/15 

16 18/09/15 

185 17/09/15 
Gasol no se conforma con clasificarse para los J.O.

FOTOS: HITOS, RÉCORDS y PROEZAS

La MEJOR ACTUACIÓN de PAU con ESPAÑA
128 18/09/15

ESPAÑA se CLASIFICA para RÍO 2016
56 17/09/15

REVISTA de PRENSA
Portadas del 18 de septiembre
Fuente: MARCA
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REFUGIADOS: "EUROPA se va al carajo". Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida (1958)

Javier Olivera Ravasi
Sacerdote, Historiador
(15/9/15)
Publico aquí (sin coincidir 100% con el autor) un texto cuasi-profético del conocido autor de la saga del “Capitán Alatriste". Archivarlo y meditarlo -sugiero- especialmente quienes viven en lo que alguna vez fue la Europa cristiana. Que no te la cuenten…
Los godos del emperador Valente
Arturo Pérez-Reverte
Escritor
En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo,presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces.
En los meses siguientes, aquellos refugiados comprobaron que el imperio romano no era el paraíso, que sus gobernantes eran débiles y corruptos, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban en ellos. Así que dos años después de cruzar el Danubio, en Adrianópolis, esos mismos godos mataron al emperador Valente y destrozaron su ejército. Y noventa y ocho años después, sus nietos destronaron a Rómulo Augústulo, último emperador, y liquidaron lo que quedaba del imperio romano.
Y es que todo ha ocurrido ya. Otra cosa es que lo hayamos olvidado. Que gobernantes irresponsables nos borren los recursos para comprender. Desde que hay memoria, unos pueblos invadieron a otros por hambre, por ambición, por presión de quienes los invadían o maltrataban a ellos. Y todos, hasta hace poco, se defendieron y sostuvieron igual: acuchillando invasores, tomando a sus mujeres, esclavizando a sus hijos. Así se mantuvieron hasta que la Historia acabó con ellos, dando paso a otros imperios que a su vez, llegado el ocaso, sufrieron la misma suerte. El problema que hoy afronta lo que llamamos Europa, u Occidente (el imperio heredero de una civilización compleja, que hunde sus raíces en la Biblia y el Talmud y emparenta con el Corán, que florece en la Iglesia medieval y el Renacimiento, que establece los derechos y libertades del hombre con la Ilustración y la Revolución Francesa), es que todo eso -Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Newton, Voltaire- tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Incapaz de sostenerse. De defenderse. Ya sólo tiene dinero. Y el dinero mantiene a salvo un rato, nada más.
Pagamos nuestros pecados. La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en el Medio Oriente para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y Rais -religión mezclada con liderazgos tribales- hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera. Cayeron los centuriones -bárbaros también, como al fin de todos los imperios- que vigilaban nuestro limes. Todos esos centuriones eran unos hijos de puta, pero eran nuestros hijos de puta. Sin ellos, sobre las fronteras caen ahora oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros -en el sentido histórico de la palabra- que cabalgan detrás. Eso nos sitúa en una coyuntura nueva para nosotros pero vieja para el mundo. Una coyuntura inevitablemente histórica, pues estamos donde estaban los imperios incapaces de controlar las oleadas migratorias, pacíficas primero y agresivas luego. Imperios, civilizaciones, mundos que por su debilidad fueron vencidos, se transformaron o desaparecieron. Y los pocos centuriones que hoy quedan en el Rhin o el Danubio están sentenciados. Los condenan nuestro egoísmo, nuestro buenismo hipócrita, nuestra incultura histórica, nuestra cobarde incompetencia. Tarde o temprano, también por simple ley natural, por elemental supervivencia, esos últimos centuriones acabarán poniéndose de parte de los bárbaros.
A ver si nos enteramos de una vez: estas batallas, esta guerra, no se van a ganar. Ya no se puede. Nuestra propia dinámica social, religiosa, política, lo impide. Y quienes empujan por detrás a los godos lo saben. Quienes antes frenaban a unos y otros en campos de batalla, degollando a poblaciones enteras, ya no pueden hacerlo. Nuestra civilización, afortunadamente, no tolera esas atrocidades. La mala noticia es que nos pasamos de frenada. La sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa -y sólo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia- queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse a él por las armas como lo estuvo en 1939. Cualquier actuación contra los que empujan a los godos es criticada por fuerzas pacifistas que, con tanta legitimidad ideológica como falta de realismo histórico, se oponen a eso. La demagogia sustituye a la realidad y sus consecuencias. Detalle significativo: las operaciones de vigilancia en el Mediterráneo no son para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad las costas europeas. Todo, en fin, es una enorme, inevitable contradicción. El ciudadano es mejor ahora que hace siglos, y no tolera cierta clase de injusticias o crueldades. La herramienta histórica de pasar a cuchillo, por tanto, queda felizmente descartada. Ya no puede haber matanza de godos. Por fortuna para la humanidad. Por desgracia para el imperio.
Todo eso lleva al núcleo de la cuestión: Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida. Pero las cosas no son tan simples. Los godos seguirán llegando en oleadas, anegando fronteras, caminos y ciudades. Están en su derecho, y tienen justo lo que Europa no tiene: juventud, vigor, decisión y hambre. Cuando esto ocurre hay pocas alternativas, también históricas: si son pocos, los recién llegados se integran en la cultura local y la enriquecen; si son muchos, la transforman o la destruyen. No en un día, por supuesto. Los imperios tardan siglos en desmoronarse.
Eso nos mete en el cogollo del asunto: la instalación de los godos, cuando son demasiados, en el interior del imperio. Los conflictos derivados de su presencia. Los derechos que adquieren o deben adquirir, y que es justo y lógico disfruten. Pero ni en el imperio romano ni en la actual Europa hubo o hay para todos; ni trabajo, ni comida, ni hospitales, ni espacios confortables. Además, incluso para las buenas conciencias, no es igual compadecerse de un refugiado en la frontera, de una madre con su hijo cruzando una alambrada o ahogándose en el mar, que verlos instalados en una chabola junto a la propia casa, el jardín, el campo de golf, trampeando a veces para sobrevivir en una sociedad donde las hadas madrinas tienen rota la varita mágica y arrugado el cucurucho. Donde no todos, y cada vez menos, podemos conseguir lo que ambicionamos. Y claro. Hay barriadas, ciudades que se van convirtiendo en polvorines con mecha retardada. De vez en cuando arderán, porque también eso es históricamente inevitable. Y más en una Europa donde las élites intelectuales desaparecen, sofocadas por la mediocridad, y políticos analfabetos y populistas de todo signo, según sopla, copan el poder. El recurso final será una policía más dura y represora, alentada por quienes tienen cosas que perder. Eso alumbrará nuevos conflictos: desfavorecidos clamando por lo que anhelan, ciudadanos furiosos, represalias y ajustes de cuentas. De aquí a poco tiempo, los grupos xenófobos violentos se habrán multiplicado en toda Europa. Y también los de muchos desesperados que elijan la violencia para salir del hambre, la opresión y la injusticia. También parte de la población romana -no todos eran bárbaros- ayudó a los godos en el saqueo, por congraciarse con ellos o por propia iniciativa. Ninguna pax romana beneficia a todos por igual. 
Y es que no hay forma de parar la Historia. «Tiene que haber una solución», claman editorialistas de periódicos, tertulianos y ciudadanos incapaces de comprender, porque ya nadie lo explica en los colegios, que la Historia no se soluciona, sino que se vive; y, como mucho, se lee y estudia para prevenir fenómenos que nunca son nuevos, pues a menudo, en la historia de la Humanidad, lo nuevo es lo olvidado. Y lo que olvidamos es que no siempre hay solución; que a veces las cosas ocurren de forma irremediable, por pura ley natural: nuevos tiempos, nuevos bárbaros.Mucho quedará de lo viejo, mezclado con lo nuevo; pero la Europa que iluminó el mundo está sentenciada a muerte. Quizá con el tiempo y el mestizaje otros imperios sean mejores que éste; pero ni ustedes ni yo estaremos aquí para comprobarlo. Nosotros nos bajamos en la próxima. En ese trayecto sólo hay dos actitudes razonables. Una es el consuelo analgésico de buscar explicación en la ciencia y la cultura; para, si no impedirlo, que es imposible, al menos comprender por qué todo se va al carajo. Como ese romano al que me gusta imaginar sereno en la ventana de su biblioteca mientras los bárbaros saquean Roma. Pues comprender siempre ayuda a asumir. A soportar. 
La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. Que sean lo que quieran o puedan: hagámoslos griegos que piensen, troyanos que luchen, romanos conscientes -llegado el caso- de la digna altivez del suicidio. Hagámoslos supervivientes mestizos, dispuestos a encarar sin complejos el mundo nuevo y mejorarlo; pero no los embauquemos con demagogias baratas y cuentos de Walt Disney. Ya es hora de que en los colegios, en los hogares, en la vida, hablemos a nuestros hijos mirándolos a los ojos.
Arturo Pérez-Reverte

miércoles, 16 de septiembre de 2015

CATALANES ilustres que amaron a ESPAÑA: Rafael de CASANOVA, patriota español de la defensa de Barcelona (11-9-1714) contra los franceses en la guerra de Sucesión; Valentí Almirall, político; Salvador Dalí, pintor; Josep Pla, periodista y escritor; Joan Maragall, poeta: Juan Prim, general; Agustina de Aragón, heroína; Jacinto Verdaguer, poeta; Jaime Balmes, filósofo; Victor Balaguer, político y escritor; Rubió i Ors, poeta; Narciso Monturiol, inventor (1956)

Rafael de Casanova, patriota español
Pilar Paloma de Casanova y Barón, XXV marquesa de Astorga con Grandeza de España y descendiente de Rafael de Casanova, habla de su antepasado y reivindica su "patriotismo" y "españolidad" frente a los que quieren "adulterar la Historia". 

Santiago Abascal sobre la Diada
“El Gobierno se arrodilla ante Artur Mas, 
nosotros creemos que debe estar en la carcel”
(11/9/2015)
En un acto simbólico frente a la Delegación del Gobierno de Cataluña en Madrid, la portavoz de VOX, Mazaly Aguilar ha asegurado que “estas personas son un claro ejemplo de que los españoles cuando estamos unidos construimos un país mejor.”
Por su parte, el presidente de la formación y candidato a las elecciones generales, Santiago Abascal ha denunciado que “en esta Diada se va a tratar de engañar sobre nuestra historia y decir que los catalanes nunca quisieron ser españoles cuando los catalanes no han sido otra cosa. Lo demuestran tantos catalanes que han contribuido al proyecto común de España”
Además ha recordado que este 11 de septiembre los españoles “vivimos un fraude porque afrontamos unas elecciones autonómicas convocadas mediante un fraude de ley que lo que pretende es declarar la independencia”. También Abascal ha sido muy crítico con las declaraciones del Ministro de Defensa en las que ha propuesto entregar todos los impuestos a la Generalitat. “¿Es esta la propuesta del Gobierno del PP, arrodillarnos ante Artur Mas? Nosotros creemos que no y que se debe aplicar el articulo 155 para que Mas esté donde tiene que estar, en la cárcel” , ha dicho el líder de VOX.
La concentración que se ha llevado a cabo simultáneamente en varias localidades ha reunido a cientos de personas bajo la premisa de que España es el fruto del trabajo, esfuerzo e ideas de muchos españoles, muchos de ellos catalanes. Grandes carteles con fotografías y citas de algunos de ellos entre los que se encuentra el pintor Salvador Dalí, el periodista y escritor Josep Pla, el poeta Joan Maragall…se han podido ver en numerosas calles.
VOX se concentra con motivo del Día de Cataluña
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martes, 15 de septiembre de 2015

NOM-NWO-Nuevo Orden Mundial: Análisis premonitorio publicado en 1997 por José Javier Esparza (1954)

El Nuevo Orden del Mundo es el espíritu de nuestro tiempo, el aire que respiramos, la atmósfera política e ideológica que envuelve nuestras vidas. [Publicado en 1997 como capítulo de su "Curso General de Disidencia", Editorial El Emboscado, este texto de José Javier Esparza resulta extraordinariamente premonitorio: parece escrito hoy mismo.]  
El Manifiesto-José Javier Esparza (8/7/2015): ¿Qué es el Nuevo Orden del Mundo? Podemos decir que el Nuevo Orden del Mundo es el espíritu de nuestro tiempo, el aire que respiramos, la atmósfera política e ideológica que envuelve nuestras vidas, tanto colectivas como individuales. Y podemos decir tal cosa por dos razones: una, porque eso, el NOM, es lo que estamos viendo surgir con fuerza en las numerosas conferencias internacionales que vienen desarrollándose en los últimos meses; la otra, porque ese proyecto, el proyecto del NOM, no es algo que haya nacido ahora, sino que está detrás de todas y cada una de las acciones diplomáticas, políticas, militares e ideológicas de las potencias modernas desde hace dos siglos.
El Espíritu de Nuestro Tiempo es ese: la tentativa, y ya no sólo la tentativa ideológica, sino el proyecto expreso de construir un único mundo, bajo la forma de un Estado Mundial, sobre los cimientos de un único tipo de civilización y en torno a unos únicos valores: los de la modernidad técnica. En esas condiciones, sólo cabe una actitud para aquellos que se sienten comprometidos con la vida de su nación, de su comunidad, de su pueblo: examinar los acontecimientos y tomar posición.
1.- La construcción del NOM
Carlos Marx decía que la función del intelectual era “ser capaz de escuchar cómo crece la hierba”. Vamos a prestar oído. Aunque, en este caso, la hierba hace demasiado ruido, tanto que es imposible no darse cuenta de lo que está pasando bajo nuestros pies.
Todos hemos oído hablar de la “Cumbre de Río de Janeiro”, celebrada hace unos años para armonizar las políticas ecológicas de todo el mundo. Su objetivo consistía en que los países en vías de desarrollo dejaran de utilizar recursos y procesos industriales nocivos para el medio ambiente. Loable intención que no sería sospechosa si no proviniera de los países desarrollados, esos países que no tuvieron empacho en utilizar esos mismos procesos tecnológicos para su propio desarrollo. La “cumbre” terminó sin resultado conocido. A priori, parece que los países en vías de desarrollo van a seguir utilizando esos procesos industriales contaminantes, pero todos se han comprometido a participar en la construcción de un “nuevo orden ecológico” patrocinado, por cierto, por los Estados Unidos. ¿A quién beneficia esta “Cumbre”?
El pasado mes de enero se reunió en la ciudad suiza de Davos, como todos los años, el World Economic Forum (Foro Económico Mundial). Se trata de una reunión de los principales financieros y políticos del mundo entero con el objetivo de “coordinar” todas las economías del planeta. Su fin último es crear un único mundo en torno a los “valores” del mercado. A esta última reunión acudieron ya los ministros de Economía de Polonia y Rusia, que cantaron himnos al mercado libre y manifestaron su sumisión a la gran finanza internacional. La nota entregada a la prensa por el propio Foro Económico Mundial decía: “El nuevo orden económico internacional supone la globalización, el aumento de la competencia, una continua adaptación de las estructuras y la desaparición del Estado del Bienestar” (Efe, 1-2-94). Globalización, ¿de qué?: de la economía. Adaptación, ¿de qué estructuras?: de las estructuras políticas. Se trata de construir una economía transnacional donde los Estados no tengan ya capacidad para decidir sobre su propia política económica. ¿A quién beneficia esto?
El pasado mes de septiembre se reunió en El Cairo la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, bajo los auspicios de la ONU. Su objetivo: que los países pobres controlen drásticamente sus tasas de natalidad, para evitar una explosión demográfica que podría causar un grave desequilibrio económico en el planeta. Esta Conferencia se había convocado a instancias de los países ricos, y en ella se constató la oposición de los países pobres, que veían cómo los poderosos del planeta querían influir incluso en la vida sexual de los pueblos subdesarrollados. ¿A quién beneficiaría esta intervención?
Acaban de reunirse en Madrid el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que han celebrado su aniversario entre las unánimes bendiciones de los gobiernos del mundo desarrollado, socialistas incluidos. En esta reunión hemos vuelto a escuchar los mismos argumentos de Davos: globalización de la economía, renuncia a la intervención política –incluso en lo social-, coordinación de las políticas económicas para introducir a los países pobres en la dinámica financiera de los ricos... ¿A quién benefician todas estas orientaciones?
2.- Los que mandan en el mundo
Todas estas “cumbres” tienen un punto en común que resulta de la mayor importancia, porque arroja luz sobre un hecho completamente nuevo: por primera vez, los gobiernos de todo el mundo desarrollado, las instancias financieras internacionales y la Organización de las Naciones Unidas van al mismo paso. Todos ellos han aceptado con gusto el compromiso de construir un Nuevo Orden del Mundo. Y el que marca el paso en este desfile es el gobierno de los Estados Unidos de América. Los que mandan en el mundo no son unos oscuros grupos de señores que actúan como “mano invisible”, según querría una reaccionaria visión conspirativa de la Historia. Los que mandan en el mundo son los gobiernos de los países occidentales, las instituciones internacionales y las instancias financieras, que actúan conforme a un programa determinado y que han aceptado el liderazgo de los Estados Unidos para construir un determinado orden universal fijado de antemano.
Durante muchos años, tanto la Unión Soviética como los países “no alineados” o potencias nacionales como Francia se habían opuesto a que la ONU fuera dirigida por los intereses de la política norteamericana. Todos recordamos las graves crisis en el seno de la Unesco, por ejemplo, que llegó a oponerse a lo que entonces se llamó “nuevo orden económico mundial”, así como al “nuevo orden informativo”. Hoy, sin embargo, esas barreras han desaparecido. Todos marchamos al paso que nos marca Washington. Y parece que no hay otra opción, o mejor dicho: nadie quiere plantear otra opción.
No olvidemos este punto fundamental: el proyecto del NOM es, en este momento, un proyecto fundamentalmente norteamericano, pero sumisamente aceptado por el resto de Occidente. Tras la caída de los regímenes del Este, los Estados Unidos proclamaron solemnemente el advenimiento de un Nuevo Orden. Tanto el republicano Bush como el demócrata Clinton han rubricado de buena gana ese proyecto, y las sucesivas intervenciones bélicas, desde Irak hasta Haití, no tienen otro objetivo que ese: que nadie escape a la dimensión universal del orden nuevo. Un orden que no es sólo político o económico, sino que aspira a ser el molde de una civilización universal: un mundo único pensando, actuando y viviendo del mismo modo. Lo decía Milan Kundera: “La unidad de la humanidad sólo significa, en el fondo, que nadie pueda escapar a ninguna parte”.
Ahora bien: esta idea del mundo no es nueva, ni la han inventado los Estados Unidos. El NOM no es sólo una cuestión política o económica. La historia de las ideas nos enseña que el proyecto del NOM es consustancial a las ideologías de la modernidad, y lo es desde el mismo nacimiento de la filosofía de la Ilustración. Si eso no se entiende, no entenderemos la verdadera dimensión del momento que estamos viviendo.
3.- El cosmopolitismo universal
La idea de una humanidad unida bajo un solo poder es tan vieja como la idea de imperio en Europa. Como decía Spengler, “el hombre noble, el patricio, aspira a ordenación y ley”, y así los pueblos europeos, mientras estuvieron vertebrados en torno a los valores de una aristocracia de la sangre, la guerra y los dioses, una aristocracia al estilo antiguo, aspiraron a dar al mundo un carácter único. El Imperio Romano es el mejor ejemplo de una tentativa por unificar el orbe -el orbe romano-. Y los Imperios posteriores, desde el Sacro Imperio Romano Germánico hasta nuestro Imperio donde no se ponía el Sol, siguieron alimentados por esa idea religiosa y política a la vez, aunque ahora el Dios fuera otro. El europeo antiguo tiene la convicción de que, bajo la diversidad del mundo, reposa una cierta unicidad. De ahí procederán las primeras formulaciones del Derecho Internacional, el Ius Publicum AEuropeum, que trata de otorgar un Nomos, un orden a un mundo diverso y en permanente conflicto.
Pero aquel Antiguo orden del mundo no tiene nada que ver con el presente. En primer lugar, allá, entre nuestros antepasados, el principio del orden es espiritual, y por eso cualquier orden ha de pasar por el Emperador, aún cuando el poseedor de la corona imperial fuera menos poderoso que otros reyes vecinos. Por otra parte, no puede decirse que el Viejo Orden del Mundo tuviera una ambición planetaria o de dominio efectivo universal: en la teoría del Imperio no hay una voluntad expresa de exterminio del enemigo o de aniquilación de la “alteridad”, aniquilación de lo que es diferente a uno. En el mundo antiguo, la existencia del enemigo es parte de la vida; de ahí la necesidad de las guerras, pero también la eventualidad de las treguas; nuestras más crueles guerras serán guerras exclusivamente de religión, y cuando un Emperador (como el alemán Federico II Hohenstauffen o el español Felipe II) pretenda actuar por su cuenta, ya estrechando lazos con el enemigo, ya encarnando directamente la autoridad espiritual, sufrirá la hostilidad del Papa.
Serán precisamente las grandes guerras de religión -y especialmente las derivadas de la reforma protestante- las que darán al traste con la idea de la Paz Imperial, cuando la autoridad espiritual y el poder temporal demuestran su incapacidad para detener la guerra civil en Europa. Pero insistimos: en la teoría del Imperio -y, por lo general, en la práctica imperial- no se contempla el proyecto de un dominio efectivo sobre todo el globo terráqueo mediante la aniquilación espiritual o física del enemigo. ¿Por qué? Primero, porque el de Imperio no es un concepto de poder inmediato y físico, sino que es político sólo y en la medida en que es espiritual; el Imperio es una metafísica del poder que no exige la extensión de un aparato burocrático o de un dominio administrativo a todo el orbe. Y después porque, en el mundo antiguo, el concepto de humanidad no es el mismo que hoy: los términos Humanidad o Universal, entre nuestros antepasados, equivalen a los pueblos que han abrazado la Pax Romana o, después, a aquellos otros que han hecho lo propio con la fe cristiana; de manera que aquí nos estamos moviendo en un mundo limitado –voluntariamente- por razones políticas o religiosas. La conclusión es evidente: en un orden así concebido, el “otro”, el que no es como uno, tiene derecho a seguir siendo diferente.
Por el contrario, todas las ideas de aniquilación física del enemigo aparecerán –por supuesto, convenientemente moralizadas- en la modernidad, a partir del siglo XVII y, sobre todo, en el siglo XVIII. Es el momento en que los Ilustrados y sus predecesores, los utópicos, empiezan a imaginar la sociedad humana como fruto de un contrato, al mismo tiempo que se empieza a pensar que todo el mundo, todos los hombres, son sustancialmente idénticos, e igualmente sometidos, por tanto, a la regla supuestamente natural del contrato. Y no se tardará en aplicar esa figura del contrato al orden internacional, a la existencia polémica de las naciones.
Aquí encontramos también el origen de la visión liberal, economicista, que piensa que todo en la vida funciona como un intercambio de mercancías, y que es preciso dejar que ese intercambio circule libremente, sin “interferencias” políticas. Siguiendo esta lógica del contrato, no sólo cambia la idea del orden social, sino que también cambia la idea del orden del mundo. En la Europa antigua, el principio del orden era espiritual y tenía límites políticos y espirituales -en una época en que la política y el espíritu iban de la mano-; en la Europa de la Ilustración, por el contrario, ese principio será económico y moral, y no reconocerá límites territoriales porque la economía, como la moral abstracta, se cree con derecho a extender su manto sobre todo lo vivo.
Hay muchos nombres en esta tentativa ilustrada: Emerico Crucé, Sully, el Abate de Saint-Pierre (véase su Proyecto de paz perpetua en Europa, fechado en 1713)… Pero el verdadero teórico del nuevo orden del mundo, el gran filósofo de un universo cosmopolita es Imanuel Kant, que expuso sus tesis, sobre todo, en dos obras: Ideas para una historia universal en clave cosmopolita y La paz perpetua. Kant, más que Hegel, es el verdadero inspirador de la filosofía de la Historia de la Ilustración, cuna de las diversas ideologías de la Modernidad. Kant cree que la Historia es una marcha del género humano hacia su moralización; esa moralización significa una cosa: la emancipación absoluta del individuo. Emancipación, ¿de qué? De todos los vínculos que en el mundo antiguo le retenían: la comunidad, la religión, los reyes, la tradición... Sólo un hombre libre de esos enojosos vínculos llegará a ser verdaderamente libre, verdaderamente “moral”. Y, liberado, podrá marchar hacia el futuro del género humano, que es el de un mundo unificado bajo los valores de la emancipación individual, la civilización moderna, la libertad del mercado...
Ese es el proyecto cosmopolita de Kant. Para Kant, el primer gran paso hacia ese nuevo orden ha sido la Revolución francesa, que define como Entusiasmo. Hay, no obstante, un enemigo en el horizonte: el Imperio austríaco, síntesis del trono y el altar y metáfora, por tanto, de esos viejos vínculos que el nuevo hombre moral debe abandonar. Sólo la guerra contra Austria podrá liberar a la entera humanidad. Y cuando esté liberada, habrá de caminar, primero, hacia una Federación de Estados, y luego, por fin, hacia un Estado Mundial; un Estado Mundial que se considera como el supremo bien.
Nótese cuál es el punto de partida de Kant: existe una aspiración natural de los hombres hacia una existencia moral. Kant define lo moral a su manera, pero no demuestra ni que él tiene razón, ni que ésa es la aspiración “natural” de todos los hombres. Kant parte de un prejuicio ideológico -la identificación entre existencia moral y libertades burguesas- y además recurre a un truco muy común en todo el pensamiento ilustrado: identificar al burgués ilustrado europeo del siglo XVIII con el género humano en su conjunto; identificar los intereses del burgués liberal con los intereses de todo ser humano. Dicho de otro modo: Kant justifica moralmente -y ésa es su perversidad, si se me permite el término- la imposición de las ideologías de la modernidad en todo el mundo, de buen grado o por la fuerza.
Y por eso está también legitimada la guerra de exterminio contra los obstáculos con que se topa la modernidad. Kant coge el viejo argumento de la “guerra justa” y lo manipula a su manera. La “guerra justa”, para nuestros antepasados, era toda guerra contra el enemigo de la comunidad; luego, fue la guerra contra los enemigos de la Cristiandad; pero, a partir de Kant, “guerra justa” será la guerra contra los enemigos de la Modernidad. Y de ese planteamiento -aunque en este caso la paternidad kantiana es más discutible- nacerá otro argumento muy característico de las ideologías modernas: el de “la guerra que pondrá fin a todas las guerras”. Toda guerra queda justificada si se hace contra los enemigos de la modernidad y con la pretensión de que, aniquilando por completo al enemigo, sea la última guerra. No es un azar si volvemos a encontrar ese argumento en todas las guerras libradas por las potencias modernas (Francia, Inglaterra y, sobre todo, los Estados Unidos) desde el siglo XIX hasta nuestros días.
“ Pero todo esto son sólo filosofías”, se me dirá. Sí, son filosofías, pero no cometamos el error de infravalorar el poder de las ideas. El propio Kant habla expresamente de la posibilidad de incluir un artículo secreto en los tratados internacionales donde quedara dicho que los estadistas seguirían las ideas de los filósofos (en el sobreentendido, por supuesto, de que todos los filósofos pensarían lo mismo que Kant). No vamos a defender aquí la extravagante tesis de que los políticos de los dos últimos siglos han obedecido a Kant y han incluido en sus tratados ese “artículo secreto”; nos basta con constatar que todos esos tratados han seguido las consignas universalistas o cosmopolitas señaladas por Kant y por los que pensaban como él. Por otra parte, las cosas están clarísimas: basta ver la evolución reciente del orden del mundo para comprobar hasta qué extremo Kant supo captar la vocación, el destino del mundo moderno. El mundo está caminando exactamente en la dirección que Kant marcó, Estado Mundial incluido. ¿Puede ser casualidad? No, no lo es: acabamos de ver cómo nace la ideología que hoy intenta imponerse en todo el mundo; estamos describiendo el camino de un mismo proceso. Y es importante saber de dónde viene cada cual.
4.- El mundo contemporáneo
Veamos ahora la evolución del mundo contemporáneo, la evolución de las relaciones de poder. Como ya hemos visto, un gran estudioso de la Teoría del Estado, el alemán Carl Schmitt, describió en los años cincuenta la trayectoria del Nomos, el orden de la Tierra, y lo hizo en los siguientes términos. Desde el siglo XIX, el mundo había vivido una fase Monista, en la que un solo poder real -en este caso, el Occidente moderno- se enfrentaba a un sólo enemigo, un enemigo que primero fue Austria -como decía Kant- y luego, en 1914 y en 1939, Alemania. A partir de 1945 se inaugura otra fase, la Dualista, marcada por la “Guerra Fría” y por la partición del mundo en dos bloques: el capitalista y el comunista. Pero a raíz de la descolonización, en los años cincuenta, cabía imaginar una tercera fase: la Pluralista, marcada por la competencia entre las nuevas potencias emergentes. Schmitt escribía influido por el movimiento de los “no alineados” y la Conferencia de Bandung, en 1955. Luego volveremos a hablar de ello. Retengamos de momento esta tripartición, estas tres fases, porque el viejo Carl Schmitt nunca hablaba a humo de pajas.
En 1944, cuando parecía ya inevitable que la fase Monista del orden del mundo se transformara en una fase distinta, las potencias aliadas -y aquí la iniciativa es especialmente anglosajona- pergeñan dos tratados: uno es la “Carta Atlántica”, que supone la extinción de los viejos imperios ultramarinos y que dará lugar a esa gran trampa de la descolonización; otro es el de la Conferencia de Bretton Woods, que se acaba de conmemorar en Madrid y que significa el nacimiento del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Toda esta operación responde a una meta claramente definida de la política del presidente americano, Roosevelt: la creación de un One World, un único mundo. El objetivo de esas instituciones es regentar, gestionar, dirigir la vida económica del planeta. Ambos acontecimientos son de una gran trascendencia para lo que aquí estamos diciendo: a partir de ese momento, las potencias aliadas, y sobre todo los Estados Unidos, ponen los medios para construir un nuevo orden del mundo, de ambición planetaria y talante económico, legitimado a través de la presunta superioridad moral de su sistema de convivencia (libertad individual, democracia, etc.); exactamente tal y como lo había deseado Kant. La semilla del actual NOM ya está plantada.
La política del FMI tuvo una consecuencia inmediata: la vieja división del mundo entre Metrópolis imperiales y Colonias, herencia de los siglos anteriores, es sustituida por la división entre países pobres y países ricos. No olvidemos que uno de los puntos fundamentales del programa kantiano era acabar con los imperios; como por azar, eso era también lo que pedían los liberales, porque era más cómodo y barato comerciar directamente con burguesías locales, que hacerlo a través de grandes y costosos aparatos militares y políticos. A partir del fin de la segunda guerra mundial, la estructura imperial-colonial desaparece; sólo habrá países ricos y países pobres.
No creamos, sin embargo, que un manto de libertad se extiende por el planeta. Los países pobres sí están ya políticamente emancipados, pero esa independencia es tan sólo el pretexto moral para dar paso a una absoluta sujeción económica. Es natural: en una óptica universalista, la independencia no puede consistir en una libertad real para fijar los objetivos autónomos de una comunidad soberana, porque eso significaría dar jaque al universalismo. Todo lo contrario: en el proyecto cosmopolita, la emancipación política sólo es un paso previo para que la comunidad recién emancipada ingrese en el orden del mundo.
Estamos asistiendo desde este momento a la condena a muerte de vastas extensiones del planeta. ¿Por qué? Porque la política de los vencedores, plasmada en las “recomendaciones” del FMI y del Banco Mundial, consiste en dividir el mundo en grandes “zonas de producción”: los países pobres van a aportar sus economías a la civilización universal, y lo van a hacer especializándose en productos determinados. De ese modo, todos los países pobres, obligados a producir en masa uno o dos productos básicos, pierden la posibilidad real de automantenerse, de autoabastecerse, y quedan obligados a depender de las compras extranjeras y de los créditos internacionales para la producción. La mayor parte de África ha corrido este destino: convertirse en países miserables, obligados a depender eternamente de las compras extranjeras. Para abastecerse, no les queda más remedio que endeudarse... en dólares, por supuesto, porque ésa es la moneda-patrón desde Bretton Woods. Es otra forma de esclavitud. Eso sí, con una gran diferencia: ahora, esos pueblos son nominalmente libres, democráticos, están “emancipados”. “La moral”, decía Kant.
Pero sigamos con el Nomos de la Tierra desde 1945. Simultáneamente a Bretton-Woods, una nueva ruptura parece adueñarse del mundo: es la oposición entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, los vencedores de 1945, que compiten ahora entre sí por el dominio del planeta. Es importante señalar que ambas potencias proceden, ideológicamente, del mismo mundo: las ideologías de la modernidad, y su objetivo es el mismo: instaurar un orden universal regido ya por el libre mercado (el caso americano), ya por la dictadura del proletariado (el caso soviético -y recordemos una vez más, por cierto, que Marx veía la dictadura del proletariado como una simple etapa transitoria: su objetivo final era la instauración de un “paraíso universal de contables”, como dice el III Tomo de El Capital).
La propaganda política de posguerra hará que nadie escape a esa confrontación. Una especie de terror helado se extiende por todo el planeta, que empieza a vivir agobiado por la amenaza de una guerra nuclear. La hostilidad entre una potencia y otra es tan radical, tan hondo el conflicto y la conciliación tan difícil, que se diría que la guerra es inevitable. Sin embargo, en algo sí estarán de acuerdo ambas potencias: en que nadie pueda marchar por una tercera vía. Los no-alineados en 1955, Hungría en 1956, Checoslovaquia en 1968... Todos ellos intentaron escapar a la bipolaridad USA-URSS, pero los dos monstruos impedirán cualquier escapatoria. Por eso puede hablarse, objetivamente y más allá de la “Guerra Fría”, de un condominio americano-soviético.
Y es en ese momento cuando empieza a hacerse patente la verdadera naturaleza del conflicto de nuestro siglo: la verdadera guerra no es la que se libra entre capitalismo y comunismo, entre Occidente y Oriente, sino la que opone, de un lado, a los partidarios del Dualismo, del condominio americano-soviético, y por otro, a los partidarios del Pluralismo, de las identidades nacionales y populares. La revolución islámica en Irán tendrá la virtud de aclarar la situación: por encima de la enemistad USA-URSS, y pese a los discursos oficiales que pretendían someter a todo el mundo a esa bipartición de campos, ambas potencias, Washington y Moscú, eran aliados objetivos en el mantenimiento de un cierto statu quo internacional; y la única forma de romper ese statu quo será apelar a la identidad de los pueblos, a su raíz más profunda y al derecho de cada pueblo a ser él mismo.
Esa era la situación del mundo cuando, súbitamente y sin que los analistas oficiales se enteraran, el bloque soviético se derrumba. Gorbachov liquida los restos del imperio ruso; revueltas populares más o menos amañadas derriban a los dictadores marxistas; cae el Muro de Berlín y la relación de poder en el mundo deja de ser dualista para volver a ser Monista.
Pero vayamos por partes. ¿Por qué cae el comunismo? La causa directa es la imposibilidad de seguir la frenética carrera de tecnología militar impuesta por los Estados Unidos de Reagan. Pero la causa profunda es la incapacidad de una filosofía utópica, ficticia -la del marxismo-, para organizar el mundo sin recurrir a la represión permanente. El hecho es que, derrumbado el comunismo -”víctima de sus propias contradicciones”, como diríamos en la jerga marxista-, sólo queda un poder que encarne el proyecto unificador de la modernidad: los Estados Unidos y su ámbito de influencia, lo que se llama “Occidente”.
No caigamos en el error de juzgar el fracaso del comunismo como una victoria del capitalismo. Un ensayista francés, Pascal Bruckner, ha escrito un libro muy revelador, La melancolía democrática, donde las cosas se ponen en su sitio: la verdad es que el comunismo no ha caído porque la democracia liberal sea mejor sistema o porque la presión política de Occidente haya mermado la capacidad de reacción comunista; el comunismo ha caído, simplemente, por sus propios errores, porque era un sistema ineficaz. El enemigo del capitalismo se ha suicidado. No hay victoria.
5.- El Fin de la Historia
Sin embargo, el capitalismo se atribuye esa victoria y al día siguiente de la caída del Telón de Acero declara su intención de crear un Nuevo Orden del Mundo. Hemos llegado, por fin, al momento cumbre soñado por Kant y que nunca había dejado de estar ausente del programa ideológico de la modernidad. Los estalinistas rusos empiezan a ser llamados “conservadores”; la vieja URSS empieza a ser definida como el último imperio -¿no huele a Kant? Y ahora, muerto el último imperio, la humanidad puede caminar hacia el Estado Mundial con un líder indiscutido: los Estados Unidos.
En esa tesitura, aparece un nuevo referente intelectual que va a tratar de dar cuenta de la situación en un tono declaradamente apologético: el ensayo de Francis Fukuyama sobre El Fin de la Historia. A pesar de lo mucho que se ha escrito y hablado sobre este hombre y su tesis, no parece que se haya entendido demasiado bien lo que quería decir: ¿Que la Historia se termina? ¿Es el apocalipsis? Pero no, no se trata de eso. Fukuyama no está diciendo ninguna estupidez. Y lo entenderemos mejor si vemos que lo que Fukuyama llama “Fin de la Historia” equivale a lo que Kant llamaba “Estado Mundial”. Seguimos moviéndonos en la lógica de la Ilustración, de la visión cosmopolita de la Historia, de la Historia entendida como un movimiento guiado por un finalismo moral.
Kant había dado a la Historia una dirección determinada y concreta: la consecución de una unificación universal bajo los valores de la modernidad, cuyo eje es la razón universal y la emancipación individual (en términos actuales: democracia liberal y capitalismo mundial). En ese misma lógica, Hegel considera que la Historia es una lucha por conseguir esa emancipación universal, identificada con el triunfo de la Razón Ilustrada, la razón universal, en todo el globo; por consiguiente, cuando la Razón Ilustrada se imponga, cuando ya no haya enemigos, el mundo nacerá a un nuevo orden y la Historia habrá terminado. Lo que Fukuyama hace es bucear en la ideología moderna, actualizar los planteamientos de Kant y Hegel y aplicarlos a la situación contemporánea. Y Fukuyama, con toda lógica, llega a la conclusión de que ese Fin de la Historia se ha producido ya, desde el momento en que nadie parece que vaya a detener el triunfo de la Modernidad, justamente identificada con la victoria del libre mercado, las democracias liberales y la hegemonía de los Estados Unidos. El Fin de la Historia no significa otra cosa: los últimos imperios, los últimos obstáculos para la victoria de la ideología moderna han desaparecido. Por consiguiente, el sueño de Kant y Hegel se ha realizado ya.
Conviene entender la tesis de Fukuyama como lo que es: un discurso de legitimación del nuevo statu quo internacional, del mismo modo que los discursos de Kant y Hegel eran legitimaciones de las revoluciones burguesas. Y podrá sonarnos más o menos extraño, pero la verdad es que los mismos que gobiernan el mundo, los miembros de esas instituciones que hemos mencionado al principio de esta exposición, comparten el análisis de Fukuyama y creen, como él, que hemos llegado al mejor mundo posible, y que toda oposición a este estado de cosas debe ser ahogada antes de que nazca. La casta dirigente del planeta vive, mentalmente, espiritualmente, en el Fin de la Historia y en el Estado Mundial.
De este modo se van dibujando los contornos de un programa: el de la aplicación práctica del NOM, una aplicación que debe ejecutarse ya, puesto que el último gran enemigo ha sido vencido. Y una mera ojeada a los distintos aspectos de nuestra vida colectiva nos permitirá ver cómo el programa del NOM empieza ya a aplicarse en todos los terrenos. El NOM, evidentemente, lleva ya muchos años aplicándose en el campo económico, que es siempre la vanguardia de la ideología ilustrada. ¿Cómo se está aplicando? Siguiendo religiosamente las recomendaciones del FMI y el Banco Mundial. Unas recomendaciones que ahora se extienden por primera vez a la China continental y a los viejos países del Este de Europa. Se trata de implantar en todas partes la libre circulación de mercancías y, sobre todo, de capitales: ese es el dogma de fe del NOM. Las Conferencias Internacionales, como
las que antes hemos citado, sirven para dar orientaciones, armonizar, coordinar las políticas económicas de todos los países y siempre, siempre, advertir a los Gobiernos que es inútil oponerse a “la naturaleza libre del dinero”. Por lo demás, la partición en “zonas de producción” instaurada en 1944 -y de la que hemos hablado anteriormente- sigue manteniéndose: a pesar del fracaso del sistema, patente en las hambrunas y las catástrofes que están asolando África y Asia en los últimos decenios, el NOM insiste en que ése es el único sistema posible, y si el hombre no se adapta al sistema, el hombre tendrá que desaparecer, como dijo, refiriéndose a África, el sociólogo Daniel Bell. Es lo mismo de la conferencia de El Cairo: si los hombres no respetan las cifras previstas por el sistema, reduzcamos la cifra de hombres: nada de variar los cálculos del sistema. En esa espantosa pretensión, disfrazada de filantropía moral, descubrimos el verdadero rostro del NOM: la ambición de someter la vida humana, la vida de los pueblos, a las exigencias de la civilización técnica; agarrar a la vida por el cuello y golpearla hasta que entre en los márgenes de un cuaderno de cálculo. Es la mayor opresión que jamás ha vivido el espíritu humano.
Al servicio de esa aspiración titánica, en la terminología de Jünger, se despliega toda la política del NOM. Porque el NOM se está aplicando ya en el terreno político. ¿Cómo? Mediante la coalición internacional frente a los hipotéticos enemigos del Estado Mundial, aquéllos que por razones religiosas, políticas o intelectuales quieren mantener una cierta preferencia nacional o, simplemente, rehúsan someterse a los criterios económicos y culturales de una civilización mundial. El mejor ejemplo es el del Islam. Toda potencia islámica se ha convertido en un enemigo declarado del Estado Mundial, del NOM. Y el caso más claro no es el de Irak, sino el de Argelia. Uno de los criterios básicos del NOM es la implantación de democracias liberales en todos los países, sea cual fuere su estructura social o cultural. Recordemos que, en la óptica ilustrada, democracia liberal equivale a política moral. Pero en Argelia, un partido político opuesto al NOM, el Frente Islámico de Salvación, ganó limpiamente unas elecciones. Y el NOM patrocinó, con un vergonzoso consenso internacional, un golpe de Estado contra los nuevos gobernantes de Argelia. Los miembros del FIS fueron apartados del poder, perseguidos, encarcelados e incluso ejecutados. ¿Por qué? Porque no querían el NOM. Ni una sola voz oficial del resto del mundo se alzó contra ese atropello. Tanto derechas como izquierdas, de acuerdo en mantener este orden internacional y los valores que lo sustentan, saludaron la intervención militar auspiciada por los gobiernos occidentales. Y ahora nos escandalizamos, horrorizados, porque determinados grupúsculos fundamentalistas andan por ahí en plena locura, degollando extranjeros. El terror, sí, engendra terror, y el de la Argelia de los años 90 ha alcanzado cumbres espantosas. Pero ese terror no lo comenzaron ellos: lo comenzó el NOM.
Para legitimar ese injustificable estado de cosas, el NOM goza de un arma mucho más poderosa que la bomba atómica: los medios de comunicación, y especialmente la televisión internacional. La televisión bombardea todos los días a todos los hombres del mundo, sean cuales fueren sus culturas de origen, sus creencias y sus tradiciones, con los mismos mensajes. “Todos los hombres poseen la misma aspiración natural”, decía Kant. Eso no es verdad. Pero sí es verdad que la televisión implanta en todo el mundo las mismas aspiraciones: el lujo, el consumo, el placer de una existencia hedonista... Series como “Dallas” o “Falcon Crest” no se emiten sólo en el espacio occidental: llenan también las pantallas en Kenia o el Senegal. Y esas series son mucho más eficaces que unos informativos, porque, a través de esos productos, se va construyendo una universalización de las formas de vida que constituye, de hecho, la mayor empresa de colonización espiritual jamás emprendida por potencia alguna. Así se extienden de modo uniforme unas amplias expectativas que contribuyen a consolidar un determinado sistema social y económico. La gente ve ahí, en la pantalla, que puede ser feliz; se lo cree y comienza a imitar los comportamientos que la pantalla le muestra; después, tras la adopción de las pautas de conducta, se imponen también los valores, unos valores ajenos a los del individuo en cuestión. Es lo que Iring Fetscher ha llamado “democratización de la satisfacción”: todos deben asumir como propia la opulencia del sistema.
Evidentemente, la realidad frustra una y otra vez esas expectativas, especialmente en los países pobres. Sin embargo, los mensajes de la comunicación mundial de masas no responsabilizarán de esa frustración al sistema que la ha engendrado, sino que dirigirán sus críticas al pasado, a la barbarie, a las tradiciones, que se convierten en obstáculos para que el ciudadano de Mauritania llegue a ser como J.R. Ewing. Así se cierra el círculo. El recurso a la tradición, a la identidad, queda proscrito. El hombre ya no sabe a dónde mirar... Y se contenta con lo que tiene: la televisión, pero también lo que hay dentro de ella, ese mundo que la televisión le muestra y que se convierte en el mundo ideal.
Entramos así en un tercer aspecto del NOM: el ideológico, lo que podríamos llamar la Bomba “i”, que es peor que la Bomba “H”. Ningún sistema puede mantenerse en el poder si no tiene una visión del mundo, un discurso, un relato, un conjunto de ideas que lo muestre como el sistema más indicado. Del mismo modo, el sistema moderno, el NOM, ofrece un relato legitimador a sus súbditos; ese relato es, en distintos niveles, el de la ilustración, y lo podríamos reducir a los siguientes tópicos:
1- El hombre es igual en todas partes y en todas partes tiene las mismas aspiraciones; esas aspiraciones son, fundamentalmente, económicas. Por tanto, el orden natural del mundo será el de un Estado Mundial construido sobre criterios económicos.
2- Esa igualdad radical se ve obstaculizada por las culturas autóctonas, los valores y las creencias heredadas, siempre y cuando sean ajenas o irreductibles al cuadro de valores de la modernidad. Por consiguiente, es legítimo eliminar esas barreras.
3- Dado que la igualdad es universal y moral, todo obstáculo político o de otro tipo debe ser desarraigado. Así, por ejemplo, queda condenado el nacionalismo como delito mayor de nuestro tiempo.
4- La historia es un proceso de carácter finalista, con un sentido determinado, y ese sentido es el de construir un mundo homogéneo, la convergencia de todos los pueblos y todas las culturas en el modelo occidental. Quien se oponga a eso, se opone a la marcha de la Historia.
Podríamos añadir otros desarrollos, pero estos son, grosso modo, los dogmas fundamentales del NOM. Centenares de escritores, profesores e intelectuales, apoyados por fundaciones privadas o centros oficiales y publicitados por los medios de comunicación, construyen y divulgan día a día esta ideología, con el objetivo de que todos los hombres la asuman como propia. Y quien no rubrique sus presupuestos, queda marginado, condenado como “peligroso” o “fascista”. Esta es la fe de nuestro tiempo.
¿Y cómo nos afecta todo esto? Está claro. En esta tesitura, está claro el papel que el NOM nos tiene reservado: va a desaparecer nuestra identidad cultural, va a desaparecer nuestra soberanía política y va a desaparecer nuestra independencia económica. Mirémonos: los españoles somos españoles, somos europeos y somos hispanoamericanos. Pero Europa se está convirtiendo en el esclavo predilecto del NOM, Hispanoamérica se convierte poco a poco en un mercado seguro para la finanza internacional y España misma empieza a dejar de existir para abandonarse a la dulce extinción de su ser en el magma blando e inodoro del NOM. Si no reaccionamos, nuestra suerte está echada.
6.- La zozobra: la tesis de Huntington
¿Todo está perdido? No. Al menos, no todavía. El NOM se está construyendo a pasos agigantados, pero hay muchos obstáculos. Y, del mismo modo que le ocurrió al comunismo, el principal obstáculo que encuentra el NOM no es un poder extranjero, sino sus propios fundamentos, sus propios cimientos ideológicos, que chocan frontalmente contra la realidad. La ideología ilustrada -aquella de Kant- nos dice que el mundo es homogéneo, que la razón es universal y que las aspiraciones de los hombres son las mismas en todas partes. Pero ¿y si eso no fuera verdad? En ese caso, todo el aparato filosófico del NOM caería por su propio peso. El NOM dejaría de ser verdad. Si las culturas fueran elementos irreductibles, si realmente en ellas se contiene una visión del mundo -y por tanto una visión del orden económico y político-, las culturas se convertirían en obstáculos imposibles de vencer, porque dejaría de ser evidente que el destino natural del globo es la convergencia en el modelo de la modernidad occidental. Pues bien: eso es lo que está pasando ahora: que todo eso ha dejado de ser evidente.
Ya hemos hablado anteriormente de un notable intelectual de la Universidad norteamericana, Samuel Huntington, que ha expuesto todo este problema en un ensayo que es una especie de anti-Fukuyama. Ese ensayo se llama “¿Choque de civilizaciones?” y su tesis es la siguiente: el mundo no camina hacia la unificación, sino que las civilizaciones, producto de culturas en muchos casos milenarias, van a terminar eligiendo sus propias vías de desarrollo, al margen del modelo occidental. Huntington evalúa los datos económicos y políticos, y concluye que es inevitable la partición del mundo en grandes zonas caracterizadas por compartir una misma civilización. Esas zonas -las repetimos- son las siguientes: Occidente (que para Huntington abarca desde los Estados Unidos hasta la Europa de la UE, pasando por Australia), el mundo eslavo (Rusia y su cinturón centroeuropeo), el área confuciana (liderada por China), el Japón, la India, el Islam, el África Negra y el espacio Iberoamericano.
Podemos pensar que esta partición es discutible: por razones históricas, culturales y políticas, España está más cerca de Rumanía y de la Argentina que del Canadá. No obstante, y sin perjuicio de que esta cuestión pueda ser debatida posteriormente, creo que hay que valorar el ensayo de Huntington en sus justos términos: por primera vez, uno de los laboratorios del NOM reconoce que el sueño de la convergencia universal es imposible, que las civilizaciones (las culturas) son más fuertes que las economías y, por tanto, que la verdad del NOM ha dejado de ser verdad.
Insisto: quien dice esto no es un “tercerista” o un no-alineado, sino una Universidad que funciona como laboratorio del NOM. De hecho, en los Estados Unidos y en Gran Bretaña la polémica ha sido notable. Vale la pena citar, a título de ejemplo, la agria respuesta que el sociólogo Daniel Bell ha dispensado a Huntington: el choque de civilizaciones es imposible -dice Bell-, porque la economía, la política y la cultura responden a lógicas diferentes. Es el viejo discurso ilustrado. Ahora bien: lo que está en cuestión es precisamente esa “diferencia de lógicas”, y está en cuestión porque nadie ha conseguido demostrar jamás que eso que dice Bell sea verdad. Más bien al contrario: cuanto más avanza la sociología, más patente queda que cultura, economía y política no son lógicas diferentes, sino que unas se conectan con otras jerárquicamente, tal y como hemos expuesto aquí utilizando el modelo de la Teoría General de Sistemas. A una cultura determinada -esto es, a una forma determinada de entender la realidad-, le corresponde una forma concreta de organizarla, o sea, una política, y a esta política particular -que viene configurada por una cultura particular- le corresponde una economía particular. A una cultura como la occidental, que a partir del siglo XVII -y aún antes- consagró el individualismo y el esfuerzo técnico, le corresponde necesariamente una política burguesa, y de esa política burguesa se deduce por fuerza una economía que es el libre mercado. A una cultura como la islámica, que es comunitaria y tradicionalista, le corresponde una política definida en términos de religión, y por tanto, una economía donde el bienestar individual no tiene el mismo valor que aquí, en el occidente burgués.
Ya desde los años cincuenta, algunos economistas de la Unesco (como Perroux, Partant o Grjebine) habían advertido que el modelo impuesto en Bretton Woods era absurdo, porque, por así decirlo, expandía un aire que no servía para todos los pulmones. Y estos economistas proponían aplicar un modelo de desarrollo autocentrado: dividir el mundo en grandes zonas de producción y consumo que mantuvieran la soberanía sobre sus propias economías, grandes espacios autárquicos definidos, precisamente, en función de criterios culturales. El África negra podría constituir uno de esos espacios; el Magreb, otro; Europa, otro, etcétera. Lo que era evidente a ojos de todos es que el modelo de desarrollo mundial único era insostenible, porque estaba llevando al mundo pobre a la ruina. Aún no hace muchos años, una joven economista camerunesa, Axelle Kabou, escribió un libro importantísimo titulado así: ¿Y si África rechazara el desarrollo? Lo que esta señorita proponía era algo tan simple y tan de sentido común como lo siguiente: dejadnos encontrar nuestra propia vía para el desarrollo económico; dejadnos que seamos nosotros quienes juzguemos en qué consiste el desarrollo, cómo hemos de entenderlo y qué medios hemos de utilizar para conseguirlo. Por mucho que Camerún sea de cultura francesa, por mucho que las elites camerunesas se hayan formado en las universidades de Paris y por mucho que la televisión bombardee con teleseries a los pobres cameruneses, nunca se conseguirá impedir que los elementos más lúcidos usen el cerebro. Y lo que el cerebro dice es que una cultura, un arraigo, una identidad, siempre es más fuerte que una Balanza de Pagos.
¿Os acordáis de Carl Schmitt? El había dicho que la fase Dualista del Nomos de la Tierra terminaría llevando a una fase Pluralista. Schmitt, ya lo veis, nunca hablaba a humo de pajas. Lo que estamos viendo en el análisis de Huntington es el surgimiento de lo mismo que intuía Schmitt: no el nuevo Monismo de Fukuyama, sino otra cosa completamente distinta. El mundo es plural, y la realidad del mundo, la pluralidad, es más poderosa que el proyecto técnico, la utopía técnica y económica del cosmopolitismo moderno. Las identidades culturales, las raíces, los arraigos pugnan por detener la utópica imaginación del NOM. Mientras haya pueblos conscientes de serlo, no habrá Nuevo Orden del Mundo, porque no será posible el Estado Mundial.
7.- Conclusión: 
el combate de nuestro tiempo
En estas condiciones, se dibujan dos campos con toda nitidez. Por una parte, el cosmopolitismo del NOM: los que creen que el mundo debe ser sólo uno, que ese único mundo ha de estar regido por los criterios del capitalismo financiero, que las culturas, las tradiciones y las raíces son negativas, obstáculos que hay que eliminar por la fuerza si es preciso. En el campo opuesto, los partidarios de la Identidad: aquellos que creen -que creemos- que el mundo es plural y que ésa es su riqueza; que no se puede obligar a todos los pueblos, sea cual fuere su metabolismo espiritual, a marchar al mismo paso; que cada cual debe elegir la vía que le resulte más propia; que las culturas, las raíces y las tradiciones son no sólo positivas, sino necesarias, porque ellas constituyen lo que nos hace específicamente humanos, lo que define nuestra forma de estar en el mundo.
Para quienes interpretamos el NOM como un monstruoso intento de arrasar el mundo y entregarlo a una civilización sin alma, a la civilización técnica; para quienes queremos seguir siendo lo que somos, el combate de hoy se plantea en esos términos. Es un combate nuevo donde muchas viejas fronteras -por ejemplo, la frontera entre derecha e izquierda- se deshacen. Ahora las apuestas son otras. En lo político, la apuesta consiste en defender la soberanía de nuestras naciones, y en eso pueden coincidir una cierta derecha, una cierta izquierda y aquellos que jamás se han sentido ni de izquierdas ni de derechas. En lo intelectual, la apuesta consistirá en defender el pluralismo del mundo y la identidad de las culturas, y en eso pueden coincidir los viejos náufragos de un cierto socialismo, los restos dormidos de un cierto conservadurismo y los nuevos intelectuales que fundamentan su reflexión en la crítica de la civilización técnica, en la senda de Ortega, Jünger o Heidegger.
Gane quien gane en esta guerra, nadie puede permanecer indiferente. Estamos ante el combate decisivo de nuestro tiempo. Porque lo que nos estamos jugando es el aspecto que ofrecerá el mundo dentro de veinte años, el mundo en que vivirán nuestros hijos. Hace más de medio siglo, Oswald Spengler escribió: “Ahí están los dados del terrible juego. ¿Quién se atreve a echarlos?”. Hay que atreverse.
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