Píldoras Anti-Masonería

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"Nuevo Orden Mundial"


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domingo, 21 de julio de 2019

Consagración de MÉXICO a CRISTO Rey en 1914. El presidente Huerta, que se había negado a ingresar en la MASONERÍA, envió dos de sus generales al acto solemne. Huerta presentó su renuncia en julio y los jefes aparentes de la revolución Carranza, Villa y Zapata, siempre dirigidos por los masones yanquis, se dedicaron a la destrucción de la religión católica, la riqueza y la civilización hispánica de México

Consagración de México a Cristo Rey en 1914
Luis G. Pérez de León
9/12/2016
Hay actos benéficos y asombrosos que las autoridades, tanto eclesiásticas como civiles, que en el momento determinado por Dios, en las circunstancias más difíciles y contrarias, se han llevado a cabo. Aun teniendo en contra a los enemigos más poderosos de la Religión Católica.

Uno de esos raros actos fue la Consagración de nuestro país a Cristo Rey en el aciago año de 1914. Entre el inicio de la mayor revolución social sufrida por México, planeada, azuzada y sostenida por los Estados Unidos de América con la complicidad de las sectas masónicas mexicanas y angloamericanas, apoyadas por el poderío militar de esta potencia, ya plenamente preparada para intervenir en la Primera Guerra Mundial.

El plan secreto era imponer al pueblo mexicano la anarquía, previa a la introducción experimental del Nuevo Orden Mundial: el Comunismo.

La destrucción de la Religión Católica, de toda autoridad civil, de toda la riqueza material acumulada en 30 años de precaria paz porfiriana, así como el robo a los particulares de sus capitales, uniformando a todos en las doctrinas socialistas ateas. 

México había sido escogido por la cúpula plutocrática de los EE.UU. para servir de experimento a lo que después, en 1917, fuera aplicado en Rusia por los bolcheviques y en España entre 1933 y 1939 con la llamada Guerra Civil, que produjo, como en México, un millón de muertos. Estas revoluciones y prácticamente todas, desde la Revolución protestante del siglo XVI hasta las guerras del Medio Oriente, pasando por las devastadoras del sudeste asiático, han sido ejecutadas por los agentes del Anticristo.

El plan del presidente Woodrow Wilson y de su rapaz camarilla estaba completo y acabado, solamente esperaba una coyuntura para arrojarse sobre México y expulsar del gobierno al General Victoriano Huerta que insistía, junto a sus consejeros, en no doblegarse ante la prepotencia yanqui.

El eminente historiador don Pedro Sánchez Ruiz en la pág. 765 del segundo tomo de su obra: “Nacimiento, grandeza, decadencia y ruina de la nación mejicana” escribe: “Cuando desde los cuatro puntos cardinales irrumpían las hordas constitucionalistas que amenazaban no solo con la destrucción material de la Patria, sino con la destrucción de su misma identidad nacional, surgió una sorprendente reacción de la adormecida sociedad, proclamando públicamente, en tumultuosas manifestaciones en la Capital y principales ciudades la Realeza temporal de Cristo en México, lanzando a los cuatro vientos el entusiasta y unánime grito de ¡Cristo vive!, ¡Cristo reina!, Cristo impera! Como repudio al laicismo liberal y socialista revolucionario.”

En el editorial del diario La Nación del mes de enero de 1914 apareció este llamado el pueblo católico: “Es necesario proclamar a Jesucristo por nuestro Rey, públicamente. Y esto lo haremos en imponente manifestación, Os convidamos, católicos mejicanos, a que forméis parte de la gran manifestación pública que se prepara en nombre de Dios y para Su honra. Acudid todos con banderas, y sobre todo con valor. Sepa el mundo que no nos avergonzamos de Dios, y que lo tenemos por nuestro Dios; la paz, el bienestar, la honra volverán a reinar en este pueblo escogido, en este pueblo todo de la Virgen María”

Previamente, el Episcopado Mejicano había acordado que el 6 de enero de 1914 se hiciera una solemne renovación de la Consagración de Méjico al Sagrado Corazón de Jesús, en señal de reparación, sumisión y humilde vasallaje. 

Los generales don Ángel Ortiz Monasterio y don Eduardo Paz, en uniforme de gran gala, llevaron en regios cojines de seda la Corona y el Cetro que el Ilmo, Arzobispo de Méjico don José María Mora y del Río, pondría a los pies de Jesucristo Rey

Fue natural que el presidente de Méjico, general Victoriano Huerta, quien públicamente había proclamado su fe en Jesucristo en pleno recinto parlamentario, en un acto en que actuaba con su investidura oficial y que se había negado a ingresar a la masonería y además combatía a la revolución satánica; haya enviado a dos de sus divisionarios al acto solemne en la iglesia de San Francisco el 6 de enero de 1914.

El siguiente 11 de enero de 1914 en la Catedral Metropolitana y reunidos los poderes, religioso, político y social así como con manifestaciones de júbilo en toda la nación, se coronó a Cristo Rey de México proclamando Su realeza temporal. 

Las fuerzas enemigas de nuestro país, tanto las interiores; masones, liberales y revolucionarios de toda laya, como las exteriores representadas por sus cómplices los gobiernos yanquis arremetieron a los pocos meses su plan de destrucción de la civilización católica. Después de seis meses de heroica resistencia con la primera potencia mundial y sus agentes los revolucionarios malos mexicanos, el general Huerta presentó su renuncia en 15 de julio de 1914. Viniendo, entonces lo peor; los jefes aparentes de la revolución Carranza, Villa y Zapata, siempre asesorados por los yanquis se dedicaron a la destrucción de la religión católica, la riqueza y la civilización de México.

Por supuesto, que la historia oficial masónica, cumpliendo con la consigna de no escribir la verdad, ha deformado los hechos de esos años (1913-1914). Ha silenciado de tal manera esa gesta de los católicos de entonces que las nuevas generaciones no se han enterado muy bien que nuestro país ha sido consagrado y puesto a los pies de Cristo Rey. Que Jesucristo nos sostiene, sobre la sangre de tantos mártires de la Revolución y de la Guerra Cristera de los años veinte. 

Y el presidente que apoyó con toda la fuerza de su fe católica, la Consagración a Cristo Rey y la primera Ermita en el cerro del Cubilete, ha sido infamado con todos los defectos que esa historia oficial es capaz de arrojar sobre quienes odia por no plegarse a sus designios.

BIBLIOGRAFÍA
Es poca la información que se tiene de esos años, falta mucho por escribir porque casi ningún libro de historia la consigna, solamente escasas revistas y diarios de enero y febrero de 1914 dan cuenta, así como historiadores vetados por nuestros gobiernos.
  • Don Antonio Gibaja y Patrón; “Comentario a las Revoluciones Sociales de México” 5 tomos, editorial “Tradición”, año 1973.
  • Don Francisco Regis Planchet; “La cuestión religiosa en México” 1 tomo, editorial Moderna, Guadalajara año 1957.
  • Don Pedro Sánchez Ruiz; “Nacimiento, Grandeza. Decadencia y Ruina de la nación mejicana” 2 tomos, editorial “Honor y fidelidad”, año 200
Fuente: 
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sábado, 20 de julio de 2019

Donoso Cortés: Converso del liberalismo al tradicionalismo. periodista, filósofo, político, parlamentario, diplomático y gran orador. Admirado por Metternich, Carl Schmitt, Jünger, Juan Valera, Cánovas del Castillo, Menéndez y Pelayo, Joaquín Costa, Vázquez de Mella, Ramiro de Maeztu…

Juan Donoso Cortés
Gran intelectual español del siglo XIX
Converso del liberalismo al tradicionalismo
Javier Navascues 
 8/7/2019 

El P. Gómez Mir nos acerca al pensador Juan Donoso Cortés, un gran intelectual español del siglo XIX, considerado el perfecto teórico de la contrarrevolución, un gran flagelo del liberalismo y un hombre con visión de futuro, intuyendo muchas de las grandes lacras de la modernidad y las democracias liberales.

¿Quién fue Juan Donoso Cortés?
El marqués de Valdegamas fue periodista, filósofo, político, parlamentario, diplomático y gran orador. Su pensamiento fue admirado y tuvo influencia sobre hombres de la talla de Metternich, Guizot, Veuillot, Carl Schmitt, Jünger, Juan Valera, Cánovas del Castillo, Menéndez y Pelayo, Joaquín Costa, Vázquez de Mella, Ramiro de Maeztu

La respuesta que dio cuando algunos lo proponían para encabezar un nuevo Gobierno en España es definitoria: “Soy harto rígido, harto absoluto y dogmático para convenir yo a nadie y para que nadie me convenga a mí”. Pero no fue siempre así.

¿Qué sabemos de su vida y primeros años?
Nació en 1809 en Villanueva de la Serena, en Extremadura, en una familia de raigambre noble que tenía a gala contar con Hernán Cortés, el conquistador de México, entre sus ancestros. Estudió Filosofía en Salamanca y Cáceres y Derecho en Sevilla. Se distinguió en los estudios de metafísica y lógica adquiriendo así los instrumentos para organizar su pensamiento con tanta solidez.

Cayó pronto en las redes del liberalismo…
Manuel José Quintana, liberal de pro, fue su mentor y desde muy pronto se adscribió al liberalismo doctrinario, aunque no de signo exaltado, ya que siempre fue conservador y monárquico, lo cual le llevó al Partido Moderado. No obstante su ideario liberal no se ponía en duda en esta época y la prueba es que fue secretario de Mendizábal, el perpetrador de aquel latrocinio que fue la desamortización.

En este tiempo de juventud se hinoja ante el siglo XVIII y sus luces, ante Rousseau y ante el mito del progreso indefinido entronizando la razón humana. En él se va a poder apreciar un evolución, una verdadera conversión en el pensamiento del liberalismo al tradicionalismo.

Efectivamente en el pensamiento y no tanto en las costumbres, ya que Donoso fue siempre católico y nunca perdió la fe, pero el auge revolucionario en la Europa de 1848, que vivió de cerca como diplomático en Francia y Alemania y la dolorosa muerte de su hermano Pedro provocó en él una crisis de la que salió convertido. Radical cambio ideológico que guió sus pasos hacia el tradicionalismo y la defensa de la religión católica como referencia suprema y a la Iglesia de Roma como norte hacia el que dirigir sus naves en busca de salvación. La razón cae de su trono y se le antoja inane sin la ayuda de la fe.
Su fidelidad a la monarquía fue de una lealtad fuera de toda sospecha.
María Cristina, reina madre y, durante un tiempo regente, confió en él en los momentos más difíciles. Tanto es así, que es Donoso quien va a esperarla a Marsella el 18 de octubre de 1840, desde donde redacta en su nombre un manifiesto de despedida a los españoles. Nunca admitió que la Monarquía española hubiera sido despótica.

Diputado por Badajoz, en 1846 recibe el marquesado de Valdegamas con Grandeza de España. En 1850 lanza el discurso sobre la situación de España, en el que corta amarras definitivamente con los liberales moderados. Siente que el Gobierno de Narváez le ha defraudado porque gobierna sin atención a los bienes superiores, los bienes espirituales. De ahí nacerá su gran obra: Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, de 1851.

¿Cómo Donoso atisba los puntos flacos del liberalismo?
Donoso va percibiendo poco a poco la debilidad del liberalismo que reside en su deprecio hacia la teología. Y por lo tanto en su desconocimiento del vínculo, misterioso pero real, que existe entre las cuestiones políticas y las sociales y religiosas. La ideas liberales no tienen una concepción clara de Dios y, por lo tanto, tampoco del hombre y su problemática, del bien y del mal, del orden y del desorden…

No pocos liberales afirman ser cristianos y creer en Dios, pero este Dios ya no tiene nada que ver con su Creación. Este Dios del liberalismo ha otorgado a los gobernantes, a quienes ha confiado la gestión de los Estados, plena soberanía. El problema de lo verdadero o falso, del bien o del mal, se convierte en manos de este liberalismo en una cuestión de gobierno. Es un pensamiento deísta: niega la soberanía de hecho de Dios pero reconoce la soberanía de derecho.
Por tanto se convierte el liberalismo en el enemigo a batir…
Efectivamente y más concretamente el liberalismo burgués. La razón que aduce es que siendo estos los que por su origen espiritual y social debían luchar en las filas de la reacción para salvaguardar el orden, son los que con su indecisión y sus flirteos, con su miedo a decidirse o a ser considerados retrógrados, han favorecido el avance destructor de la revolución, dándose cuenta a posteriori de que lo primero que va a ser dinamitado son sus propios intereses y privilegios. Los mismos pirómanos acaban gritando: ¡Fuego!

La influencia de Bonald y de Maistre sobre él es innegable. El primero asumiendo la definición que hiciera el segundo de la Revolución como “mal radical”, y desvelando su “carácter satánico”, decía que los ateos niegan primero la causa y luego el efecto, es decir, niegan a Dios y como consecuencia se niegan a sí mismos. Por lo cual si se prescinde de Dios en este mundo ya no existe ninguna otra fuerza sobre el poder. De ahí la fórmula donosiana: “Donde quiera que el hombre sólo obedece a Dios, hay libertad, y dondequiera que obedece al hombre, hay servidumbre”

¿Cómo define la revolución?
Siguiendo a De Maistre y sus “Considerations sur la France” juzga toda revolución como insurrección contra la autoridad legítima, constituyendo el más terrible crimen. No obstante, cree igualmente, que la revolución puede servir a los planes de Dios, ya que con ella castiga a los pueblos y les hace volver a Él.

Donoso dice en su “Ensayo sobre el Catolicismo, el Liberalismo y el Socialismo”: “Proudhon ha escrito en sus Confesiones de un revolucionario estas notables palabras: “Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología. Nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de Proudhon. La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas”.

La revolución de 1848, y toda la conmoción social que arrastró, radicalizó su visión política desde el liberalismo doctrinario conservador a posiciones tradicionalistas y ultramontanistas como la defensa a ultranza del Papa Pio IX.
Sepultura en el Sacramental de San Isidro de Madrid
Napoleón III decía que Donoso era el perfecto teórico de la contrarrevolución.
Donoso tuvo muchas intuiciones que fueron verdaderas profecías: El advenimiento del Totalitarismo y las consecuencias políticas del “nihilismo” en la cultura contemporánea. Previó que la futura revolución socialista no estallaría en Londres, a pesar de todos los conflictos fruto de la Revolución Industrial, sino en San Petersburgo. Criticó el parlamentarismo moderno y las lacras que supondría. Y definió la burguesía como clase discutidora y causante de las revoluciones por lo cual proponía el “decisionismo”, como solución, cuando la ley ya no servía para poner orden porque no se podía fundar un Estado sobre la discusión.

“La ley, no teniendo fuerza bastante para defender la libertad y para defenderse a si misma, busca un dictador que la defienda. En esos momentos de crisis, harto frecuentes en la vida de los pueblos, la dictadura es la única que puede servir de escudo a la libertad y a la ley”.

¿Cuál es su teoría al respecto?
Su teoría es clara: cuando la legalidad basta para salvar a la sociedad: la legalidad; pero cuando no basta: la dictadura. Cuando la libertad se ha desquiciado y se convierte en anarquía quedan dos alternativas, y son dictaduras: o la dictadura de la rebelión o la dictadura del Orden. Incluso llega a decir que lo que el milagro es a la teología, la dictadura lo es al Estado.

Todo ello se debe a la incurable ceguera de las clases burguesas. Discutidoras las llama él. Esas clases dominantes en Europa están ayunas de las dos características que hacen posible el gobierno pacífico y ordenado de un pueblo: la de la obediencia y la del mando. No saben mandar a los que obedecen, ni saben obedecer a los que mandan; no saben sino agitar la sociedad y promover irresponsablemente mil discusiones inanes que la llevan finalmente a provocar la revolución y a tener que refugiarse finalmente en la dictadura.
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viernes, 19 de julio de 2019

Verdadero objetivo del movimiento LGTBI, creado por la ingeniería social del Nuevo Orden Mundial: Limitar la población del planeta a solamente 500 millones

FEMEN-PODEMITAS
ORGULLO-GAY
No es esto, No es esto 
¿Cuál es el verdadero objetivo del movimiento LGTBI?
Como todo movimiento creado por la ingeniería social del Nuevo Orden Mundial, la ideología LGTBI tiene un horizonte final inconfesable, un objetivo esencial que ni se dice ni se puede decir, y que muy pocos sospechan.

No es la reducción de la natalidad, que se pretende disminuir con el movimiento LGTBI, claro está, puesto que el Gobierno Mundial futuro quiere limitar la población del planeta a solamente 500 millones.

Tampoco es el propósito fundamental de esta ideología reivindicar a un colectivo marginado, que sufra rechazo o desprecio por parte de una sociedad instalada en la homofobia, ya que más bien sucede justo lo contrario.

Ni siquiera puede considerarse que el movimiento reivindicador de orgullos apunta hacia la subvención de unos colectivos que, con la excusa de defender a los homosexuales, trincan buenas prebendas, subvenciones, ayudas, subsidios, financiaciones, etc.

Yerra también quien piense que el objetivo LGTBI es cavar otra trinchera más en la sociedad, enfrentar a los homos con los heteros, fomentar una guerra más entre sectores que mine todavía más la estabilidad de nuestras sociedades para que en el Kaos subsiguiente medre el despotismo mundialista.

¿Explotar a los homos con orgullos para que se dejen los dineros en la hostelería y el «merchandising»? Pues sí, pero tampoco es esto.

¿Usar el LGTBI como otra herramienta más para incurrir en blasfemias, en ataques contra los católicos?

Claro está, pero no es por aquí por donde hay que buscar el horizonte más amado por los creadores del LGTBI.

Carne de voto son, por supuesto, pues en España se calcula que hay unos 4 millones de homos, suculento botín para cualquier partido político, hasta el punto de que todas las fomaciones les adulan para tener ahí un sabroso caladero.

Dicen que hay muchos tipos de familia, que si la libertad de elegir el sexo, que si los niños no tienen por qué tener eso y las niñas aquello ―ya me entienden―, que si bla y bla… Pero va desencaminado quien afirme que aquí está el meollo del asunto.

Tampoco se puede aseverar que el objetivo final es destruir a la familia tradicional, la de toda la vida y toda la historia, por ser burguesa, heteropatriarcal y castradora… No, tampoco es esto…

Mofas a los cristianos en el orgullo gay
Entonces, hay que volver repetir la pregunta: ¿Cuál es el objetivo último que persigue el movimiento LGTBI? … Pues está más allá de todas estas metas ya enunciadas, que son válidas, pues el horizonte de este movimiento va mucho más allá, ya que apunta a una dimensión distinta, a un mundo insospechado, a un horizonte que pocos ven, pero que siempre ha estado ahí.
Meta que, obviamente, es la misma que persiguen todos los movimientos creados por el globalismo, solo que posiblemente esté más clara en la LGTBI.
¿Cuál? Me disculparán los lectores por no darles mi opinión final sobre el tema, así que cada cual se haga una idea, pues por el momento baste con repetir las palabras de Ortega y Gasset refiriéndose a la República que él tanto ayudó a instaurar:
«No es esto… No es esto»
«El que tenga ojos para ver, que vea; el que tenga oídos para oír, que oiga».
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jueves, 18 de julio de 2019

18-Julio-1936: ¿Rebelión, Alzamiento o Cruzada? Liberación de Marxismo y Masonería. Carta de un español leal a Felipe VI sobre la Memoria de Francisco Franco

Bandera Monárquica de España, escoltada por:
Blanca, Carlista con la Cruz de San Andrés (Imperial)
Roja y Negra, Falangista con Flechas (Reyes católicos)
El 18 de Julio se produjo el Alzamiento Nacional protagonizado por tan sólo una parte de las Fuerzas Armadas y de Orden Público, no contra la República sino contra el Frente Popular revolucionario dominado por masones y socialistas. La sublevación fue seguida por más de media España porque no se resignaba a morir, como advirtió Gil Robles en las Cortes. 
Otras Cortes, con mayoría absoluta de Aznar (PP), han condenado el Alzamiento cívico-militar, en defensa de los valores tradicionales de España, como “golpe militar fascista” (*Fascismo es el Marxismo nacionalista del ateo Mussolini contrario al Marxismo internacionalista de la URSS), lo que es un falseamiento de la historia (Ricardo de la Cierva, Pío Moa, etc), una combinación de ignorancia, cobardía, consignas masónicas y mentiras, principalmente porque: 
-La República del 14 de abril de 1931 fue ilegal en su origen. Las elecciones municipales fueron ganadas abrumadoramente por las derechas.
-La Constitución de 1931 fue una empanada masónica al servicio de poderes extranjeros. 
-El PSOE y los catalanistas organizaron la Revolución de octubre de 1934 para implantar la Dictadura del Proletariado en una España dividida. La república fue ilegal de ejercicio por antiespañola y antidemocrática. 
-Las elecciones de febrero de 1936  fueron fraudulentas. 
-El gobierno del Frente Popular, dirigido por el PSOE, nunca fue democrático, no sólo no quiso mantener el orden y las libertades sino que participó en asesinatos políticos (José Calvo Sotelo, etc). 
-El Alzamiento cívico-militar fue, mayoritariamente, un Movimiento popular (Cruzada de Liberación) en defensa de la Iglesia católica  y de la Patria unitaria de los Reyes Católicos, como demuestra la “Carta Colectiva del Episcopado Español” (1 de julio de 1937), con adhesiones de obispos de todo el mundo: Francia, Bélgica, Canadá, China, Cuba, Chile, Inglaterra, USA, México, Colombia, Argentina, Portugal, Irlanda, Alemania, Suiza, Austria, Polonia, Rumanía, Grecia, India, Abisinia, Filipinas, etc. 
En la tarde del 17 de julio de 1936, el teniente coronel Galarza, agente de Mola y Sanjurjo en el Ministerio de la Guerra, transmitió a Pamplona la noticia de la sublevación del ejército de África en Melilla. 
El general Mola, que había pedido 1.500 voluntarios a los carlistas navarros, declaró el estado de guerra a las 6 de la mañana del día 18 y se encontró con 6.000 hombres a media mañana del día 19 en la plaza del Castillo de Pamplona. La primera columna al mando del coronel García Escámez salió esa misma tarde para afianzar el Alzamiento de Logroño y Soria y marchar a Somosierra, camino de Madrid. 
Pronto, se organizaron las famosas Brigadas de Navarra que aseguraron la provincia, socorrieron a las tres capitales de Aragón e iniciaron la liberación de las Vascongadas, culminada el 19 de junio de 1937 con la entrada en Bilbao. 
(16 de abril de 1939) 
Con inmenso gozo Nos dirigimos a vosotros, hijos queridísimos de la Católica España, para expresaros nuestra paterna congratulación por el don de la paz y de la victoria, con que…
(1/4/2014): 
Consideramos la fecha del 18 de Julio como representativa del Alzamiento Nacional que en 1936 puso fin al estado de anarquía y de vulneración de la ley que llevaron…
(18/7/2013)
1.- Consideramos la fecha del 18 de Julio como representativa del Alzamiento Nacional que en 1936 puso fin al estado de anarquía y de vulneración de la ley que llevaron a España a una situación revolucionaria.
Durante la Segunda República no se hicieron las transformaciones que eran, a todas luces, necesarias y se desarticularon las las posibilidades de una convivencia en paz. Por eso apreciamos el Movimiento Nacional, ante todo, por su contenido positivo que buscaba una radical superación de la desastrosa situación a que nos había conducido un siglo de liberalismo y de la falsa alternativa propuesta por las organizaciones políticas y sindicales que configuraron la zona roja.
2.- El Alzamiento de 1936 y la Guerra Civil, no fueron una simple conmoción, una sacudida superficial para devolver después las cosas al estado en que se encontraban sino que neutralizaron unas ideas equivocadas y sus nefastas consecuencias al tiempo que se alumbraron otras y se abrieron nuevos cauces que inspiraron y condicionaron la vida española durante muchos años.
El actual Jefe del Estado, habló con toda propiedad en 1969 de “la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936, en medio de tantos sacrificios, de tantos sufrimientos, tristes, pero necesarios, para que nuestra patria encauzase de nuevo su destino“. 
La falta de fidelidad al legado no impide reconocer lo acertado de la expresión y nos permite hacer profesión de fe en unos principios atropellados, nunca legítimamente derogados ni, menos áun, superados. Hacemos nuestra la formulación de estos principios expresada en la respectiva Ley Fundamental de 1958 y el ideario ético subyacente al orden político proyectado en ella. En especial, cuando se formula que “La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación“. 
La penosa situación a que los sucesivos gobiernos “democráticos” han conducido a España contrasta con la exaltación del ideal cristiano de la justicia social que se hace en esta Ley mediante la proclamación de los derechos y deberes que lleva implícitos. El Estado nacido del 18 de Julio y configurado posteriormente en las Leyes Fundamentales fue agente activo de un cambio sustancial, sin duda con deficiencias y desequilibrios, pero en el que una legislación laboral avanzada sirvió de fundamento para la pacificación social.
Aunque las incoherencias, tibiezas e infidelidades se gestaron en los años anteriores, la verdadera traición al 18 de Julio se produjo cuando elementos procedentes de la legalidad hasta entonces vigente pactaron con la izquierda y los nacionalistas la Constitución de 1978, un texto al que se pueden hacer serias objeciones de orden moral y político y que es, en buena medida, responsable de la situación actual en la que está en peligro la propia supervivencia de España como algo más que una entidad jurídica, es decir con una personalidad propia forjada a lo largo de su historia.
3.- Visto desde la perspectiva actual, el 18 de Julio pertenece a la Historia de España. La sociedad no se sostiene sobre la mera coexistencia ni puede ser indiscriminadamente abierta. La comunidad política descansa sobre un entramado de virtudes y valores comunitariamente aceptados y cordialmente vividos que es lo que Wilhelmsen y Kendall han llamado la ortodoxia pública y que supone la consideración de ciertas verdades como valores absolutos. 
Sobre estos principios deben fundamentarse los llamados “usos públicos de la Historia”, y nunca desde la ignorancia o la falsificación de este pasado, promovida por los voceros de una “recuperación de la memoria histórica” sostenida por todas las organizaciones políticas del arco parlamentario (desde la extrema izquierda al Partido Popular).
Hasta que esta fundamentación en la ortodoxia pública resulte posible, en Tradición Digital proponemos que no sea el Estado en sus diversas versiones (socialista, liberal o separatista) sino los historiadores quienes expliquen el verdadero significado de esta fecha, al tiempo que asumimos el legado que se desprende de aquellos episodios y del ejemplo de nuestros mayores.

Carta de un español leal a Felipe VI
(Memoria de Francisco Franco)
Ahora te corresponderá a ti lavar las manchas acumuladas por la familia en trescientos años. Dios, al que has olvidado en la coronación, te ayude. De lo contrario la historia de España dirá: Felipe V y Felipe VI: el alfa y el omega”.
Un viaje familiar me ha impedido seguir en los medios de comunicación social los fastos de la coronación. La verdad sea dicha, ello no me ha producido ninguna contrariedad. Y digo esto porque mi curiosidad -que era y sigue siendo metafísica- no podía ser satisfecha por los medios que cubrían el acto para que pudiera ser visto por los españoles.
Mi gran duda es si S.M. Felipe VI, al jurar Constitución, cruzaría los dedos como debió hacerlo su augusto padre al jurar las Leyes Fundamentales del Reino. Al no ser posible saberlo, somos muchos los españoles que para salir de la incertidumbre deberemos esperar a la fecha en que está prevista la consulta soberanista en Cataluña.
Yo le deseo a S. M. Felipe VI, por el bien de España, mucho éxito en su reinado. Que indudablemente lo va a tener difícil, pues por expreso deseo de su padre su figura es meramente decorativa, que en definitiva eso y no otra cosa significa es el “papel moderador de la Corona” asignado por la Constitución, cuando a los españoles en liza no les dé la “real gana” de que alguien los modere.
Felipe VI lo tiene realmente difícil. Deberá “desfacer” los entuertos heredados. Y en primer lugar habrá de conseguir que se derogue, o se modifique sustancialmente, la infame Ley 52/2007.
Al hilo de su cita del Quijote “Ningún hombre es más que otro si no hace más” bien podría meditar sobre otras muchas sabias sentencias, empezando por aquella de: “Siempre oí decir, amigo Sancho, que hacer bien a villanos es como echar agua al mar”
Y no debe olvidar que en España se encuentran hidalgos entre las capas más desfavorecidas de la población, como también villanos entre los más encumbrados estamentos sociales. El nuevo rey, por ganarse a los villanos, que no vuelva la espalda a los hidalgos. El querer ser “rey de todos los españoles” está muy bien, pero que no siga la senda de su padre, pretendiendo serlo principalmente de todos los antiespañoles. Porque es la forma más segura de dejar de serlo, de unos y otros.
La cuestión es de estricta justicia. También de supervivencia para la Corona. Tenga en cuenta S. M. el viejo refrán: “De ser bien nacidos es el ser agradecidos”.
Que el nuevo Rey no deje que le cuenten la reciente historia de España ni los cortesanos, ni sus enemigos, ni los de España. Que la estudie y la medite él.
Pueden servirle para ello estas consideraciones
En 1936, no hace tantos años, la nave del estado estaba en situación dramática. En plena rompiente y a la deriva. Sin gobierno, pues el comandante (Alfonso XIII) la había abandonado a su suerte poniéndose a salvo, él y su familia. En tan caótica situación uno de los oficiales (Francisco Franco), por propio honor y espíritu, pero también por amor a la nave y a la dotación que estaban en trance de perderse, asume el mando. Primero debe dominar un motín a bordo, que como suele suceder es suscitado cuando ante el peligro inminente de zozobrar el comandante abandona la nave y esta queda al garete.
El nuevo comandante toma el mando en una situación de vida o muerte. Domina el motín y luego, tras penalidades sin cuento, restablece la situación auxiliado al principio por la parte de la dotación que le ha sido fiel. Luego por todos, al comprender que gracias a él la nave ha recuperado su rumbo, alejándose primero del peligro y sorteando después con su pericia otros muchos que acecharon en las nuevas singladuras. En definitiva, que consiguió tras reparar los destrozos del temporal, navegar en bonanza.
Cumplida su misión, con mano firme y experta pilota la nave del estado en demanda del magno puerto que le corresponde por su gloriosa historia. Y cuando por ley de vida rinde viaje en 1975, entrega el mando al nieto (Juan Carlos I) de aquel comandante que abandonó el barco, cuando el motín a bordo lo dejó sin gobierno y lo conducía irremediablemente a estrellarse en los acantilados.
No le ofrece el mando al hijo (Juan de Borbón), pues desembarcado también con el padre en aquella dramática situación, cuando la nave vuelve a estar en peligro durante su difícil travesía histórica, pretende que aquellos amotinados que fueron obligados a desembarcar tras ser dominado el motín, quiten el mando al comandante salvador de la nave y se lo entreguen a él. 
Y cuando el nuevo comandante (Juan Carlos I)) asume el mando, por obra y gracia del Salvador -no el de los cielos, el de la patria- jura sobre los Santos Evangelios cumplir las normas de navegación y demás disposiciones que salvaron a la nave del peligro y que son la garantía de que nuevamente no se halle en trance de perderse. 
Pero ufano del alto puesto alcanzado (y sin sentir agradecimiento, porque lo considera derecho por ley de herencia) comienza a escuchar los cantos de sirena. Y a seguirlos. Y entre esos cantos de sirena se encuentran los de de su augusto padre. Transcurren los años, singladura tras singladura. Y el nuevo comandante, en lugar de amarrarse al palo mayor del juramento empeñado, para no sucumbir al encanto de las sirenas -como hiciera Ulises- se deja adormecer por ellas y sigue el rumbo de la perdición que estas le marcan por boca de sus cortesanos y de sus enemigos. Desoye el sabio consejo con que concluye la fábula del perro y el cocodrilo “Oh que docto perro viejo, yo venero su sentir en eso de no seguir, del enemigo el consejo”.
Y como era obligado, al seguir el mismo rumbo que condujo a su abuelo a los escollos, pronto se ve ante ellos. Consciente del peligro pretende corregir el rumbo con un “golpe de timón” (23-F-1981) pero naturalmente es una maniobra difícil y la nave acusa la virada. Crujen las cuadernas y la escora asusta al comandante, por lo que antes de que concluya la virada ordena al oficial de derrota que desista de la maniobra y lleven a la sentina al inocente timonel (Antonio Tejero), al que precisamente habían seleccionado para accionar la rueda del gobernalle durante la audaz maniobra.
El desenlace al abortar el golpe de timón no podía ser otro que persistir en el rumbo que conducía al desastre. Y aunque el susto que produjo la violenta virada y la escora a estribor, mantuvo un tiempo en sosiego a los que ya amenazaban de nuevo con amotinarse, pronto volvieron en sus demandas. Y el caso se agravó cuando, merced al desgobierno propiciado por la nueva ordenanza implantada en la nave, según la cual al comandante solo le correspondía pasear por cubierta moderando la navegación, y las decisiones y el mando eran responsabilidad del segundo, llegó este puesto de importancia vital a manos de un grumete (ZP). Bobo solemne, para mayor desgracia.
Como ya se ha dicho, pasado el susto y con el bobo solemne en el puente dirigiendo la navegación, la chusma, so amenaza de amotinarse, exigió la que era la más vil de todas sus demandas y la que más saciaba su rencor. Pidió la profanación del cadáver y de la memoria de aquel providencial comandante que había sofocado el motín y que tras salvar la nave le había entregado el mando a quien ahora lo ostentaba “moderando” la navegación. Y como en el caso que nos ocupa la nave no era una de las que surcan los mares, sino la de un Estado que surca la historia, el cuerpo del difunto comandante no había sido echado a la mar con los honores que le correspondían, sino que permanecía en tierra bajo una gran cruz (Basílica benedictina del Valle de los Caídos); grandioso monumento a la reconciliación de los españoles en el mutuo perdón, como auténticos hermanos hijos del mismo Padre. 
Pero los enemigos de España -y también de la Corona- siguieron pidiendo a gritos su cuerpo para profanarlo, como antaño se pidiera el de Jesucristo para la crucifixión. En Jerusalén la autoridad de Roma entregó al Justo, aun sabiendo que lo era, por cobardía. Por contentar a sus enemigos, que también lo eran de Roma. Y ya es sabido que la historia se repite.
Y el comandante de la nave que acaba de resignar el mando en su hijo, obedeciendo las exigencias de los cuervos -que no obstante siguen esperando el momento de sacarle los ojos- sancionó con la firma “de su real mano”, que quien salvó la nave del naufragio y tras engrandecerla se la entregó, fuera fondeado en lo más negro de la historia. Y así se hizo. Pero además, queriendo sepultarlo en el abismo del olvido, ni tan siquiera se le dieron los honores de ordenanza. No; tiene que hacerse con escarnio. Y en lugar de con las salvas de honor que bien merece, se le despide con los salivazos de una chusma que espera el momento de la revancha. En lugar de una bala de cañón amarrada al cuerpo amortajado, se lastra su cuerpo con el peso de un odio y un rencor inextinguible, al que se cuelga con una infamante cuerda de esparto un cartel (que al igual que sucede con el INRI perpetuará la infamia a través de la historia) con un texto abyecto: 
Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura.Todas estas cosas debe meditar muy sosegadamente Su Majestad el Rey Felipe VI. Ya se ha dicho que lo tiene muy difícil, Pero es imprescindible que reivindique la memoria del Caudillo y de su ingente obra. ¿Se atreverá? ¿O seguirá la senda fácil y el consejo de sus enemigos?
Yo pienso que si es tan inteligente como pregonan, con la cautela que requiere el caso, sin prisas pero sin pausa, iniciará la imprescindible tarea de retirar de la figura histórica de Franco las toneladas de estiércol con que han querido sepultarla. “Es justo y necesario”
Es más, muy posiblemente, al hablarle su padre de estos vitales asuntos, le habrá dicho: “Lo siento hijo, me he equivocado, que no te vuelva a suceder” Añadiendo a continuación: No cometas mis errores, no pagues con mis ingratitudes, no incumplas tus juramentos: no sigas el consejo de nuestros enemigos... no borbonees a los auténticos españoles. De lo contrario, más pronto que tarde te verás como tu bisabuelo. Y tal vez no tengas como él tuvo la suerte de coger a tiempo un bote salvavidas en Cartagena. Pero en cualquier caso no debes olvidar que un comandante, si en lugar de salvar el barco o hundirse con él, es el primero en abandonarlo, mancha el apellido. Al igual que lo mancha quien falta a un solemne juramento. 
Ahora te corresponderá a ti lavar ambas manchas, y otras muchas, acumuladas por la familia en trescientos años. Dios, al que has olvidado en la coronación, te ayude. De lo contrario la historia de España dirá: Felipe V, Felipe VI: el alfa y el omega” 

Unamuno y el 18 de julio de 1936, recibió con alborozo el alzamiento por su rechazo a unos dirigentes republicanos, que habían provocado la revolución bolchevique

Unamuno y el 18 de julio
2019-07-12
Unamuno recibió con alborozo el alzamiento 
por su rechazo a unos dirigentes republicanos 
que habían provocado la revolución bolchevique.

El 19 de julio, en cuanto un oficial del ejército leyó en Salamanca la proclamación del estado de guerra, el viejo republicano salió corriendo del casino, agitó jubiloso el sombrero y exclamó: "¡Viva España, soldados! Y ahora, ¡a por el faraón del Pardo!". A continuación, en compañía de un diputado de la CEDA y otro de Izquierda Republicana, se presentó en el cuartel general para ponerse a su servicio.

Unamuno recibió con alborozo el alzamientopor su rechazo a unos dirigentes republicanos que habían provocado la revolución bolchevique y por su horror ante los desmanes de las turbas. Además, creyó que el golpe militar triunfaría en pocos días, prácticamente sin efusión de sangre, con el objetivo de rectificar el rumbo de una República cuya existencia no se puso en duda al principio. Ni siquiera la de la bandera tricolor.

Efectivamente, las proclamas de aquellos primeros días solieron acabar con vivas a la República, algunos de los principales dirigentes no se distinguieron por sus simpatías monárquicas y las tropas salieron de sus cuarteles bajo la bandera republicana. Su sustitución por la multisecular bandera bicolor, con todo el simbolismo antirrepublicano que ello implicaba, no se decretaría hasta el 30 de agosto debido a la presión de los decisivos elementos monárquicos, tanto carlistas como alfonsinos, implicados en el alzamiento.

Precisamente sobre la cuestión de la bandera escribiría Unamuno estas líneas en los apuntes que fue acumulando en las últimas semanas de su vida con la intención de usarlos para un posible libro titulado El resentimiento trágico de la vida:
Fue un disparate mandar quitar los crucifijos de las escuelas pues con ello le dieron un sentido que no tenían, y otro disparate cambiar la bandera pues le dieron a la bicolor un sentido que no tenía. El crucifijo es símbolo de una religión inconsciente popular = laica, pagana y no ortodoxa, y la bandera era nacional y no monárquica.

Pocos días después del alzamiento, al constituirse el nuevo ayuntamiento salmantino, Unamuno tomó posesión de su cargo de concejal, tras lo que pronunció un breve discurso en la Plaza Mayor:
Hay que salvar la civilización occidental, la civilización cristiana, tan amenazada. Bien de manifiesto está mi posición de los últimos tiempos, en que los pueblos están regidos por los peores, como si buscaran los licenciados de presidio para mandar.

La idea de la salvación de la civilización fue uno de los motivos centrales de su apoyo a los alzados, como explicó en sus numerosos textos y declaraciones de aquellos meses bélicos. Por ejemplo, el 10 de agosto escribió una carta a su amigo el socialista belga Émile Vandervelde en la que, junto a dicha idea, le confesó su arrepentimiento por haber colaborado en el advenimiento de la República:
He llorado porque una tragedia ha caído sobre mi patria (…) Y yo, que creía trabajar por el bien de mi pueblo, también soy responsable de esta catástrofe. Fui uno de aquéllos que deseaban salvar la humanidad sin conocer al hombre (…) No me abochorna confesar que me he equivocado. Lo que lamento es haber engañado a otros muchos. De esto quiero dejar constancia y, si entraña una humillación, la aceptaré (…) La historia me había mostrado la imagen de una España grande y espléndida. Sentí el dolor de su decadencia. Creí necesario invocar la democracia socialista para levantarla. Creí que una antigua tradición de civilización cristiana podía sustituirse impunemente, e incluso con provecho, por el más progresivo materialismo. Luché por esta reforma. Conocí la persecución y el exilio. Pero no cejé hasta llegar al fin. Un día saludé entusiasta la llegada de la República española. Amanecía una nueva era. ¡España revivía! Pero España estuvo a punto de perecer. En muy poco tiempo el marxismo dividió a los ciudadanos. Conozco la lucha de clases. Es el reino del odio y la envidia desencadenados. Conocimos un periodo de pillaje y crimen. Nuestra civilización iba a ser destruida.

Una semana más tarde concedía una entrevista al periodista norteamericano Hubert R. Knickerbocker en la que le explicó que "Madrid está bajo el control del bandidaje y la licencia, y el mundo debe enterarse de que la guerra civil española no es una guerra entre liberalismo y fascismo, sino entre civilización y anarquía". Subrayó el singular peso del anarquismo en la izquierda española, mayor que el del comunismo a diferencia de los demás países europeos, a lo que añadió una curiosa reflexión racial sobre la que volvería en entrevistas posteriores:
Los españoles son esencialmente fatalistas. Quieren ir en todo hasta el límite; gustan de los extremismos. No olvidemos que la sangre que corre por sus venas no es sólo morisca y vasca, sino también gitana (…) Esos energúmenos declaran que tienen derecho a quemar iglesias porque las iglesias son feas y llaman República libre a los que quieren suprimir todas las libertades religiosas.

Según Knickerbocker, los reproches más ácidos los dedicó a unos dirigentes republicanos a los que acusó de haber desvanecido sus sueños de una República liberal. Su rencor llegó asugerir a Azaña que se suicidara como acto patriótico. 

Y ante la pregunta sobre por qué se ponía al lado de los militares que pretendían acabar con una República que tanto había ayudado a crear, la respuesta de Unamuno fue la siguiente:
Porque el gobierno de Madrid y todo lo que representa se ha vuelto loco, literalmente lunático. Esta lucha no es contra una República liberal, es una lucha por la civilización. Lo que representa Madrid no es socialismo, no es democracia, ni siquiera comunismo. Es la anarquía, con todos los atributos que esta palabra temible supone. Alegre anarquismo, lleno de cráneos y huesos de tibias y destrucción.

A principios de septiembre le tocó el turno al diario francés Le Matin:
No hay gobierno en Madrid; hay solamente bandas armadas, que cometen todas las atrocidades imaginables. El poder está en manos de presidiarios que fueron liberados y se pasean blandiendo sus pistolas. Azaña nada representa (…) Él es el gran responsable de lo que acontece. Cuando el movimiento surgió, creyó que se trataba de un simple pronunciamiento. No comprendió que había un pueblo dispuesto a unirse al ejército (…) Los comunistas nunca tuvieron una noción de política constructiva. Los anarquistas no fueron rozados por tal idea. Esos hombres están atacados de delirio furioso. Tal vez se trate de una crisis de desesperación. Las iglesias que saquean e incendian, los cristos que decapitan, los esqueletos que exhuman, acaso sean sólo gestos de desesperación; pero en todo esto debe de haber otra cosa de origen patológico (…) Felizmente, el ejército ha dado pruebas de gran prudencia. Franco y Mola tuvieron el supremo cuidado de no pronunciarse contra la República. Son dos hombres sensatos y reflexivos. Franco ha tenido la oportunidad de forjarse en Marruecos como un líder de primer orden. Militarmente, por lo menos, este soldado puede salvar a España.

El 20 de septiembre, la firma de Unamuno encabezó el Mensaje de la Universidad de Salamanca a las Universidades y Academias del mundo acerca de la guerra civil española, en el que se reiteraba la idea central del "choque tremendo producido sobre el suelo español al defenderse nuestra civilización cristiana de Occidente, constructora de Europa, de un ideario oriental aniquilador".

Poco después le visitó el hispanista holandés Johan Brouwer, de la revista Tijd, a quien le explicó que, en su opinión, el principal culpable de lo que sucedía en España era Azaña por haber querido cambiarla sin sentar previamente nuevas bases, lo que consideraba una frivolidad que sólo podía producir "desorden, alteración, inestabilidad, vacío". 

Por culpa de Azaña, España se había convertido en un barco a la deriva. Brouwer le interrogó sobre el generoso donativo que Unamuno había aportado al esfuerzo de guerra de Franco:
–Usted ha ofrecido una suma en apoyo al ejército del partido de le derecha. Así que su posición está clara.
–Mi posición nunca está clara. Nunca he estado de acuerdo con nadie. Ni conmigo mismo. Lo único que está claro es que esta guerra debe acabar. Un país como España necesita unos dirigentes constructivos y con autoridad. La historia debe poder desarrollarse con tranquilidad. Desde estas convicciones apoyo el partido que se ha rebelado. La rebelión es la línea continua. Con el mantenimiento de la autoridad habrá la oportunidad para la sabiduría, para la reflexión y también para la educación del pueblo.

Aunque afirmó temer por igual el comunismo y el fascismo por no reconocer ninguno de ellos "la plena dignidad espiritual, racional y social del ser humano", explicó así su preferencia por el bando rebelde:
Estoy del lado de los rebeldes porque sólo en ellos veo garantías para una solución progresiva de los problemas de España. Con ellos veo las posibilidades para una acción colectiva y constructiva. Esperamos que los diversos partidos políticos que están unidos en el frente de la derecha encontrarán en la lucha común la buena voluntad y el espíritu de sacrificio para reconstruir España. La Iglesia tendrá que dedicarse con empeño a su tarea evangelizadora. La gran masa deberá estar unida con ella en fe. Y en cuanto al fascismo, sólo puede surgir y existir en un Estado espiritualmente débil.

El faraón del Pardo no tardó en reaccionar contra quien tanto daño estaba haciendo a la reputación exterior de la causa republicana, privándole de su honor de rector vitalicio y de sus cargos en el Ministerio de Instrucción Pública, ante lo que la Junta de Defensa Nacional contraatacó confirmándole en el rectorado. Y la prensa republicana vertió cataratas de insultos –chalado, bilioso, cínico, inhumano, mezquino, impostor– contra el gran traidor al que ahora acusaban de ser el inspirador espiritual del fascismo. 

Por ejemplo, en el primer número de El mono azul (27 de agosto), revista de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, el comunista Armando Bazán le fulminó con estas palabras:
El marxismo nos enseñaba a gritos que la obra de Unamuno estaba toda alimentada se sangre reaccionaria, que su aliento venía desde la misma noche medieval (…) No hemos tenido que esperar mucho tiempo para ver con nuestros propios ojos el hundimiento de Unamuno en medio de un mundo de generales, obispos y terratenientes.

El órgano socialista Claridad menospreció el manifiesto de los intelectuales en apoyo del Gobierno de la República, que había aparecido en la prensa el 30 de julio, por considerar poco fiable la lealtad republicana de muchos de ellos, razonable posición dado que los socialistas sabían mejor que nadie que muchas de sus firmas habían sido arrancadas a punta de pistola, como atestiguaron, entre otros, Ortega y Marañón:
El fascismo triunfante hubiera publicado un manifiesto con las mismas firmas. Proporciona esta seguridad el conocimiento de la condición moral de tipos como Unamuno, Azorín, Baroja, Madariaga, etc. Cada uno de ellos lleva un traidor dentro. O una complacencia de meretriz, a elegir.

Pero la realidad fue que, aunque no varió su oposición frontal al Gobierno republicano, el entusiasmo inicial de Unamuno por quienes se habían rebelado contra él no tardó en enfriarse ante las noticias que le iban llegando sobre la represión que los alzados estaban ejerciendo en su retaguardia. Algunas de las víctimas fueron amigos suyos, como Casto Prieto, alcalde republicano de Salamanca, José Manso, diputado socialista, y Atilano Coco, pastor protestante y masón cuya esposa imploró al viejo rector una ayuda que no le pudo prestar.
Pero ésta es otra historia, que no tardará en llegar.
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miércoles, 17 de julio de 2019

Retos de FAMILIA: Novios, Divorcio, Aborto, Sexo e Ideología de género

La Familia: retos y posibles medidas
Juan Moya Fuente
6 Julio 2019
La familia es, en primer lugar, una institución natural, tan antigua como el mundo, con unos valores que le vienen dados por la dignidad de la persona humana, tal y como Dios la creó (a Adán y a Eva) en el inicio de la humanidad, y la Iglesia asume esos valores y esas características naturales y las eleva al orden de la gracia en los bautizados, por el sacramento del matrimonio

Conferencia del Rector don Juan Moya
Casino de Madrid
19-abril-2019
Estimados señores y señoras: Agradezco a D. Andrés Valverde la amable invitación a participar en la tertulia de este emblemático lugar. A doña Milagros Cuevas, los elogios de la presentación, y a todos ustedes su sistencia.

Muy pocas cosas pueden ser más interesantes en la vida de una persona y en la vida de la sociedad que la familia. Y si además, hoy −desde hace décadas− la situación de no pocas familias es delicada, en cuanto a su estabilidad, su modo de vida, la legislación que la regula, y las costumbres difundidas, el tema se hace mucho más interesante.

Se trata de hablar de las características más importantes que definen la familia, que deben estar presentes en ella. Partimos de lo que entendemos por familia, tal como se ha vivido en Occidente desde siempre, y en la mayor parte del mundo; idea de la que participa la Iglesia Católica en sus rasgos esenciales: la unión fiel del hombre y la mujer, en el matrimonio, abiertos a la vida y por tanto con hijos a los que educar. De la familia forma parte también, en sentido más amplio, los abuelos y los parientes. Después hablaré, siguiendo las enseñanzas del Papa Francisco expuestas en la Exhortación Apostólica “Amoris laetitia”, de algunos retos y dificultades que se plantean hoy a la familia, y por último de algunos medios a poner para superar esas dificultades, y que la familia pueda, de hecho, cumplir su misión e influir positivamente en la configuración de la sociedad.

Lo que yo recuerde hoy aquí está ya dicho en muchos sitios, de modo más completo, con gran detalle y profundidad[1]. Yo me limito a seleccionar resumidamente algunas ideas sobre estos diversos capítulos.

Aunque por mi condición de sacerdote, haga alusión a aspectos doctrinales y morales, en realidad lo esencial lo podría decir igualmente aunque no lo fuera; incluso aunque no fuera creyente, porque la familia es, en primer lugar, una institución natural, tan antigua como el mundo, con unos valores que le vienen dados por la dignidad de la persona humana, tal y como Dios la creó (a Adán y a Eva) en el inicio de la humanidad, y la Iglesia asume esos valores y esas características naturales y las eleva al orden de la gracia en los bautizados, por el sacramento del matrimonio[2].Pero el matrimonio, base de la familia, es desde aquel primer momento, como hemos dicho antes, la unión de un hombre y una mujer, unidos para siempre, y para tener hijos: unidad, indisolubilidad y apertura a la vida, rasgos esenciales de todo matrimonio válido[3]. “Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne”[4], dice el Génesis. Y antes, el libro sagrado ha hablado de la creación del hombre por Dios “a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla”[5]. Aquí están recogidos esos rasgos esenciales.

Estos rasgos no se apoyan primeramente en la fe, sino en la condición del hombre y la mujer −complementarios sexual y afectivamente−, y en la dignidad del ser humano, que a diferencia de los animales no se puede regir por el instinto, sino por la razón y por tanto la entrega mutua de los cuerpos debe venir precedida por un compromiso de entrega (el matrimonio), y porque los hijos tienen derecho a tener un padre y una madre no solo biológicos, y a nacer como fruto del amor de sus padres.

Los retos externos que pueden afectar a la familia son muchos[6]: las dificultades económicas para formar una familia; la dificultad para compatibilizar trabajo y familia; la edad media alta de los que hoy se casan; la legislación civil que no protege suficientemente a la familia...; y otras aún más graves porque llegan a cuestionar incluso qué es la familia, qué es el matrimonio, y promueven alternativas que son contrarias a la naturaleza, a la ley natural, a lo que durante milenios han vivido todas las culturas de la tierra, aún con las excepciones y errores propios de la condición humana.

Aquí nos vamos a limitar a señalar algunas de estas dificultades o retos más importantes. Pero antes me quiero detener un poco en reflexionar sobre la grandeza e importancia de la familia.
La familia, núcleo esencial de la sociedad

Sobre la importancia, quizás bastaría decir que una sociedad es lo que sean las familias que la componen. Si la familia está unida, si tiene hijos y se ocupa de su atención y formación, si cuida a los mayores y ancianos, la sociedad estará sana, estable, y habrá continuidad, transmisión de saberes y entendimiento entre las distintas generaciones.

Como ha dicho el Papa muchas veces, los mayores atesoran la sabiduría de los años y la experiencia. Por justicia, por caridad y por el propio bien de las generaciones más jóvenes, los mayores deben estar bien atendidos por su familia. El Estado debe facilitar también los medios materiales necesarios para la buena atención de las personas mayores, como un objetivo prioritario con tantas personas que han trabajado por contribuir a sacar adelante el país.

Si nuestra familia es “lo que debe ser”, nos sentiremos seguros, acogidos, escuchados, comprendidos, amados, valorados: vemos que nuestra vida tiene sentido. Si nuestra familia “no funciona”, todo lo anterior se complica notablemente.

Si las familias están rotas, desestructuradas, si muchos niños y niñas no crecen en un hogar con un padre y una madre, la formación de estas generaciones será más deficiente, crecerán con carencias afectivas importantes, con ausencia de la necesaria autoridad paterna y materna, y los desequilibrios psicológicos y temperamentales serán más frecuentes. En jóvenes así los problemas en el comportamiento, en los estudios, en los proyectos de vida, en su anclaje en la sociedad, serán más abundantes. También será más difícil la transmisión de la fe, porque ha empezado por faltarles en su propio hogar en años decisivos para la formación y la madurez de la persona. Una vida lograda requiere no solo un buen trabajo, sino también lazos familiares estables.
El fundamento cristiano de la familia

Para los creyentes, la familia es además un reflejo de la Familia de Dios, en la que hay un Padre, un Hijo, y el fruto del amor de ambos que es el Espíritu Santo. Y los padres se sienten colaboradores directos de Dios en traer hijos al mundo, que son hijos suyos pero que también son hijos de Dios, y deben tratarles como tal, destinados a la eternidad en el cielo. Los padres tienen el gozoso y grave deber de educar a sus hijos para que puedan llegar a esa meta para la que hemos sido creados.

Para entender la importancia de la familia y darle su verdadero valor, debería bastarnos mirar la vida de Jesucristo: nace y crece en el seno de una familia, en la que vivió la mayor parte de su vida en la tierra. En la vida del Señor no hay nada que sea indiferente, todo tiene un valor santificador. No es como un paréntesis hasta el comienzo de la vida pública: es una enseñanza clara sobre la necesidad de la familia en la vida de los hombres y su valor de cara al fin para el cual hemos sido creados.

Leemos en el Compendio del Catecismo de la Iglesia: “Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, ‘de manera que ya no son dos, sino una sola carne’ (Mt 19,6). Y al bendecirlos, Dios les dijo: ‘creced y multiplicaos’ (Gn 1,28)”[7].

Y el fin para el que Dios instituye el matrimonio es “para la comunión y el bien de los cónyuges y la procreación y educación de los hijos (...) ¡Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre’(Mc 10,9)[8].

Un hombre y una mujer, unidos en matrimonio, forman, por sí mismos y con sus hijos una familia. Y “la familia es la célula original de la sociedad humana y precede a cualquier reconocimiento por parte de la autoridad pública. Los principios y valores familiares constituyen el fundamento de la vida social”. Por tanto “los poderes públicos deben respetar, proteger y favorecer la verdadera naturaleza del matrimonio y de la familia, la moral pública, los derechos de los padres, y el bienestar económico”[9].

Los esposos cristianos deben tener conciencia de su vocación matrimonial: se han casado no solo por ser una decisión personal, sino también porque están convencidos de que Dios les llama al matrimonio, como a otros les llama a la vida religiosa o al sacerdocio. Y esa convicción da más seguridad y más hondura a la decisión de casarse, porque procurarán vivir como Dios ha querido que sea el matrimonio, y comenta San Pablo en su carta a los Efesios: un amor como el de Cristo por su Iglesia: único, fiel, fecundo, para siempre, inmaculado, santo...

“El matrimonio no es, para un cristiano, una simple institución social, ni mucho menos un remedio para las debilidades humanas: es una auténtica vocación sobrenatural (...) y a la vez, e inseparablemente, contrato que un hombre y una mujer hacen para siempre, porque −queramos o no− el matrimonio instituido por Jesucristo es indisoluble”[10].
Algunos retos

De las diversas dificultades a las que tiene que enfrentarse hoy el matrimonio y la familia voy a detenerme en algunas.

a) Convivencia de los novios, previa al matrimonio
Hoy un gran número de parejas viven juntas antes de casarse. Un buen porcentaje de ellas no tiene previsto casarse; otras sí. Parece claro que esa convivencia va en detrimento de la institución matrimonial, porque las parejas de hecho no lo valoran, y las que se casan después de haber convivido tienen el riesgo probable de verlo como un trámite, y no como algo esencial que se añade a sus vidas.

Los que tienen previsto casarse, a veces viven juntos durante años antes de casarse. Unos lo hacen −dicen− por motivos económicos, para ahorrar gastos cuando ambos no viven con sus padres; otros porque piensan que así se conocerán mejor...

Los motivos económicos pueden ser objetivos, pero no son los únicos que han de valorar y no son tampoco los más importantes. En todo caso, no justifica vivir juntos; pueden buscar otros modos de ahorrar. En cuanto a conocerse mejor, la experiencia indica que esa convivencia no suele cumplir su cometido muchas veces, porque de hecho el mayor número de matrimonios que se rompen se da en parejas que han convivido juntos antes de casarse. Aquí podría añadirse también qué se entiende por conocerse, que no es solo saber cómo pensamos, qué opiniones tenemos, cómo nos comportamos en la vida familiar... Eso forma parte del conocimiento de una persona, pero conocerse, yendo más al fondo, es saber qué somos en cuanto personas, cuál es el modo adecuado de tratar a una persona con la que me une un vínculo afectivo, pero de momento nada más. Convivir como si ya estuvieran casados, inevitablemente, como decíamos antes, resta importancia al matrimonio.

Convivir tiene también algo de “ponerse a prueba”, como no estando muy seguros del amor mutuo, y se necesitase recurrir a la convivencia para comprobar si nos queremos para siempre o no. Como decía antes, la estadística demuestra que este objetivo no solo no se consigue, sino que puede ser un obstáculo. Como decía Benedicto XVI, quemar etapas puede llevar a quemar el verdadero amor.

San Juan Pablo II aconseja, en estos casos a los pastores, enseñarles a los jóvenes a “cultivar el sentido de la fidelidad en la educación moral y religiosa”, necesaria para que haya una “verdadera libertad”; y “ayudándoles a madurar espiritualmente y hacerles comprender la rica realidad humana y sobrenatural del matrimonio-sacramento”[11].

b) El divorcio
En cuanto a los matrimonios, uno de los más graves problemas son los divorcios: las causas son diversas pero en mi opinión la mayor parte podrían evitarse si ambos cónyuges estuvieran decididos a poner los medios necesarios para ser fieles al compromiso de indisolubilidad contraído al casarse. Y también si se pensara más en el terrible mal que se ocasiona a los hijos aunque sean mayores.

Entre las causas de los divorcios están las infidelidades, discusiones continuas, malos tratos.... Pero en la gran mayoría de los casos hay una causa común de fondo en la que a veces no se repara suficientemente y es de gran trascendencia: la indiferencia religiosa de los esposos, aunque se hayan casado en la Iglesia. Se comprueba estadísticamente que la mayoría de los matrimonios que se rompen, además de la causa más inmediata o aparente, hay otra circunstancia importante: que esas personas viven como si no fueran cristianas; no practican su fe. Como también se comprueba que los matrimonios que viven su fe, raramente llegan a divorciarse.

Se comprende que sea así, porque la indiferencia religiosa debilita las convicciones morales y doctrinales, y la influencia del ambiente relativista pesa más. Se olvidan los compromisos contraídos al casarse. Se recurre a justificaciones que no pueden serlo. Se cae en un sentido erróneo de la libertad, desligada de la verdad. El orgullo y la soberbia, más que la debilidad de la carne es el enemigo mayor: impide reconocer el error, pedir perdón o perdonar y recomenzar.

Las personas que están más cerca de Dios, son más conscientes de que han de ser fieles a sus compromisos. Cuentan más con la ayuda de la gracia y reconocen más fácilmente su culpa.

Es necesario vivir el matrimonio con la conciencia clara de “pertenecer por completo sólo a una persona. Los esposos asumen el desafío y el anhelo de envejecer y desgastarse juntos, y así reflejan la fidelidad de Dios. Esta firme decisión, que marca un estilo de vida, es una ‘exigencia interior del pacto de amor conyugal’, porque ‘quien no se decide a querer para siempre, es difícil que pueda amar de veras un solo día’”[12].

En el caso de que la convivencia se haga imposible por culpa de uno, la Iglesia admite la separación, mientras dure esa causa, pero no el divorcio, pues el vínculo es indisoluble y no puede ser disuelto por ninguna autoridad ni civil ni eclesiástica (salvo el Papa en casos muy excepcionales en que está en peligro la fe de uno de los esposos). Por eso el divorcio en realidad es una ficción jurídica.

Otra cosa es que el cónyuge inocente tenga que sufrir divorciarse porque en la ley civil baste que lo solicite uno de los cónyuges para que se conceda. O para obtener los bienes económicos que le correspondan, si no hay otro modo de conseguir un acuerdo justo.

La Iglesia anima a los divorciados a no dejar de rezar y de asistir a Misa, aunque, si se han unido a otra persona civilmente o de hecho, no estén en condiciones de poder comulgar. “Fundándose en la Sagrada Escritura, la Iglesia reafirma su praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos mismos los que impiden que se les admita, ya que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía” Y además, si se les admitiera, “los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio”[13].

c) El aborto
El aborto es una de las tragedias mayores de nuestro tiempo, una lacra social sin justificación posible, de la que los hombres (hombres y mujeres) tendrán que dar cuenta a Dios. La muerte de millones de inocentes clama al cielo. Peor que los campos de exterminio, y ha causado y sigue causando en el mundo más muertos que todas las guerras juntas. Y mientras tanto, la sociedad envejece progresivamente...

“La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a lavida”[14]. Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece inviolable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley natural”[15]. El Concilio Vaticano II dijo que “el aborto y el infanticidio son crímenes abominables”[16].

Si se niega el derecho a la vida del no nacido, no podemos hablar seriamente de justicia social, ni de derechos humanos. La vida humana es una realidad biológica indiscutible desde la concepción del óvulo. Ninguna madre puede tener derecho a matar la vida del hijo que lleva en su vientre, aunque haya sido producto de una violación. La legislaciones civiles que lo permiten son injustas.

No habría abortos, en su casi totalidad, si no vinieran precedidos de una cadena de desórdenes sexuales que trivializan la sexualidad reduciéndola a un mero placer físico −con la complicidad de medios de comunicación, de la “industria” del sexo y de algunas legislaciones sobre el tipo de educación de los adolescentes−, que abarcan desde las relaciones sexuales prematuras −de adolescentes− pasando por la anticoncepción, las violencias o violaciones, los embarazos no deseados y los abortos. Y resulta sorprendente que nos extrañemos de la llamada violencia de género y a la vez nos parezca bien, y la fomentemos, una libertad sexual sin responsabilidad, es decir un libertinaje.

La defensa de la vida humana no es ni de izquierdas ni de derechas, sino de todos, como lo es el no robar, el no mentir, el no matar y como deberían serlo todos y cada uno de los diez mandamientos, que son el resumen de la ley natural. Ponerle etiquetas para descalificarlo, resulta bochornoso. Tiene poca credibilidad moral el que no respete la vida humana del nasciturus. Por supuesto, a la vez, los Estados deben ayudar a las madres solteras, proteger la maternidad, etc.

Tan grave considera la Iglesia el aborto consentido que pena con la excomunión al que lo practica y al que induce a él[17]. La ignorancia de esa pena especial libra de ella, aunque no de su culpa y de su gravedad.

La Iglesia, como madre, siguiendo el ejemplo de Jesucristo con la mujer adúltera, la samaritana y tantos otros pecadores, acoge a todos sus hijos, sean cuales sean sus errores y pecados, siempre que los reconozcamos y acudamos a pedir perdón.

d) Modo de entender las relaciones sexuales
Muchos aspectos negativos relacionados con la sexualidad, que afectan en definitiva a la institución matrimonial, se deben a una manera errónea de entender y vivir las relaciones sexuales. Hemos sido creados hombre y mujer, iguales en dignidad (por tener la misma naturaleza) y complementarios en la sexualidad. Esta distinción de sexos es, como resulta evidente, para la procreación. Pero somos personas, y por tanto nos debemos regir por la razón, no por el instinto como los animales. Por otra parte, la dignidad de la persona −cuerpo y alma, materia y espíritu, imagen y semejanza de Dios− requiere que no se le pueda “utilizar” como si fuera un “objeto de placer”. “El cuerpo del otro es con frecuencia manipulado, como una cosa que se retiene mientras brinda satisfacción y se desprecia cuando pierde atractivo”[18]. Añade el Papa que “la sexualidad no es un recurso para gratificar o entretener, ya que es un lenguaje interpersonal donde el otro es tomado en serio, con su sagrado e inviolable valor”[19].

El único modo adecuado de tratar a la persona humana, hombre y mujer, es el amor, como recordaba San Juan Pablo II. Por tanto la relación sexual entre el hombre y la mujer debe ser siempre por amor y abierta a la vida. Y ambas cosas reclaman un compromiso previamente asumido de unión y fidelidad para siempre, para poder hacerse cargo del fruto de esa unión, y porque todo nacido tiene derecho a tener un padre y una madre, no solo biológicos, que le cuiden y le quieran. Ese compromiso es el matrimonio. Si la relación sexual se desliga del compromiso matrimonial y del amor, lo que es un medio para facilitar la procreación (el placer sexual) se convierte en un fin, y por tanto es una relación desordenada, ilícita, inmoral. Y si esas relaciones se mantienen, inevitablemente vendrán consecuencias negativas, humanas y espirituales, para esas personas.

El Papa habla de “la cultura de lo provisorio”, en la que las personas pasan con velocidad de una relación afectiva a otra: “creen que el amor se puede conectar y conectar a gusto del consumidor”, con temor a un compromiso permanente. Además, “el narcisismo vuelve a las personas incapaces de mirar más allá de sí mismas, de sus deseos y necesidades”[20]. Y una “afectividad narcisista , inestable y cambiante, no ayuda siempre a los sujetos a alcanzar una mayor madurez”[21].La difusión de la pornografía y el uso desequilibrado de internet son otros factores negativos.

e) La ideología de género
Otro peligro grave para el matrimonio, la familia, la educación de los jóvenes y la sociedad en general es la llamada ideología de género, que va contra la historia de la humanidad, contra la ciencia y el sentido común, y sin embargo tiene la pretensión de presentarse como si se tratase de un gran avance en los derechos de la persona, que deben ser reconocidos por las legislaciones civiles, incluso con un carácter dogmático y punitivo para el que piense lo contrario.

“Detrás del uso cada vez más difundido de la expresión ‘género’, en vez de la palabra ‘sexo’, se esconde una ideología que pretende eliminar la idea de que los seres humanos se dividen en dos sexos. Esta ideología quiere afirmar que las diferencias entre el hombre y la mujer, más allá de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son producto de la cultura de un país o de una época determinados. Según esta ideología, la diferencia entre los sexos se considera como algo convencionalmente atribuido por la sociedad y cada uno puede ‘inventarse’ a sí mismo. Desaparece la diferencia entre lo que está permitido y lo que está prohibido en este ámbito”[22].

Estas afirmaciones, que van contra la evidencia y el sentido común, llevan a afirmar que hay más de dos géneros todos igualmente válidos (el homosexual masculino o femenino, el heterosexual, el bisexual y el transexual), así como toda forma de relación sexual fuera del matrimonio.

Junto con la desaparición de los sexos, propugnan la desaparición de la familia porque, según esta ideología, la familia es fuente de opresión de la mujer.

Difunden también la libre elección de reproducción, que quiere decir derecho al aborto, derechos reproductivos de las lesbianas, derecho de las lesbianas a concebir hijos a través de inseminación artificial y adoptar legalmente a los hijos de sus compañeras. La reproducción sería resultado sólo de algunos encuentros sexuales heterosexuales[23].

Estas ideas están ampliamente comentada sen un documento de la Congregación de la Doctrina de la Fe, del año 2004[24].

El problema radica en que en los últimos años ha habido una tendencia errónea a “subrayar fuertemente la condición de subordinación de la mujer” −subordinación al hombre− para justificar así “una actitud de contestación”. Laujer, para ser ella misma, “se constituye en antagonista del hombre”, lo que da lugar a “una rivalidad entre los sexos”, lo que tiene “su implicación más inmediata y nefasta en la estructura de la familia”. Y para evitar cualquier supremacía de un sexo sobre otro, “se tiende a cancelar las diferencias, consideradas como simple efecto de un condicionamiento histórico-cultural”. El sexo con el que se nace no tendría mayor importancia, porque lo principal es “el género” masculino o femenino que libremente se escoja, independientemente del sexo. El “género” sería una dimensión estrictamente cultural.

Así, se da lugar a una antropología que en vez de favorecer la igualdad de la mujer con el hombre, cuestiona la familia compuesta por un padre y una madre, enfrenta a la mujer con el hombre, equipara la homosexualidad a la heterosexualidad, y abre la puerta a una sexualidad polimorfa.

Aunque la “bandera” con que se presenta esta ideología es el feminismo, la motivación más profunda es el empeño en liberar a la persona humana de sus “condicionamientos biológicos”: la naturaleza, dicen, no debe imponer ninguna ley; es la persona la que se configura según sus propios deseos, libre de toda predeterminación vinculada a su constitución esencial (cfr. nn. 1-3 de la Carta de la Congregación).

Estas ideas tienen antecedentes en la ideología neo-marxista, por su visión distorsionada de la realidad, que analiza a través de los esquemas de lucha de clases. De hecho, Federico Engels, en su libro El origen de la familia, propiedad privada, y Estado, sostiene que “el primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en el ámbito del matrimonio monógamo; y la primera opresión de clase, con la del sexo femenino por parte del masculino”[25]. De ahí que las feministas de género no busquen, en el fondo, la mejora de la situación de la mujer, lo que es noble y necesario siempre que existan situaciones de injusticia en el ámbito familiar, profesional, etc. “Lo que se busca −ya lo hemos dicho− es la anulación de lo femenino y lo masculino en cuanto condición dada por la naturaleza humana.

Recientemente, el Papa Francisco ha dicho también que esta ideología “presenta una sociedad sin diferencias de sexo y vacía el fundamento antropológico de la familia”. Además trata de “imponer un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No hay que ignorar que el sexo biológico (sex)y el papel sociocultural del sexo (gender) se pueden distinguir pero no separar (...) No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos criaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada”[26].
Medios

Los medios a poner para remediar estas deficiencias no son pocos, y están al alcance de nuestra mano, al menos para los casos personales. Además harán falta medidas legislativas justas y eficaces que protejan el matrimonio y la familia, la maternidad, la educación moral de los jóvenes y adolescentes, la atención a los mayores, etc. Aquí me detengo brevemente en los primeros, los personales.

La educación de cada uno comienza con nuestro nacimiento. El ambiente del hogar es esencial para la adquisición de los principios morales y religiosos, a partir del buen ejemplo de los padres. Los hermanos mayores y los abuelos son también referencias importantes para los más jóvenes. La educación religiosa en los colegios y en la parroquia es también de gran trascendencia. El estudio serio, el aprovechamiento del tiempo, el deporte, las buenas amistades, el uso correcto de la tv e internet, son otros elementos que influyen en la personalidad de los jóvenes.

Si se vive así, la sexualidad en esos años tan importantes está convenientemente orientada y no debe ser ningún obstáculo de entidad en la maduración personal. El trato con las personas del otro sexo se hará respetuosa y delicadamente, como uno quisiera que tratasen a sus propias hermanas o hermanos. Y así se puede iniciar, en su momento, una relación afectiva seria y responsable, inicio de un noviazgo vivido con gran ilusión, con naturalidad y con prudencia, viendo en esa mujer o en ese hombre, aquel o aquella en la que hemos soñado como esposo o esposa y padre o madre de mis hijos. Naturalmente, la vida cristiana bien vivida −oración, sacramentos...− ayuda mucho a conseguir estos deseables objetivos.

Y esta será la mejor preparación para un matrimonio unido, fiel, generoso en cuanto a los hijos que puedan tener. El mejor modo de combatir el divorcio y los otros peligros que hemos mencionado antes y vivir el matrimonio como el camino querido por Dios para la gran mayoría de los hombres y mujeres, en el que alcanzar la plenitud de la vocación cristiana. Como escribe el Papa, “una comunión familiar bien vivida es un verdadero camino de santificación en la vida ordinaria y de crecimiento místico, un medio para la unión íntima con Dios”[27].

Podemos terminar con esta frase del Papa, de su reciente Exhortación Apostólica sobre la santidad: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos”. Más adelante añade que ve la santidad en los padres y abuelos que “enseñan con paciencia a los niños a seguir a Jesús”.

“En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad”[28]. Muchas gracias.
[1] Cfr. Francisco, Exh. Apostólica Amoris laetitia, 19-III-2016; SanJuan Pablo II, Exh. Apostólica Familiaris consortio, 22-XI-1981; y Carta de los Derechos de la Familia, 22-X-1983; Catecismo de la Iglesia Católica y Compendio del Catecismo: El sacramento del matrimonio; C. Vaticano II, Constitución Gaudium et spes, II, Cap. I: La dignidad del matrimonio y la familia; Beato Pablo VI, Encíclica Humanae vitae, 25-VII-1968; Congregación de la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la iglesia y en el mundo, 31-V-2004; Benedicto XVI, Encíclia Deus caritas est, 25-XII-2005.
[2] cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1602.
[3] cfr. Ibidem, nn. 1614-1615.
[4] Gn 2,24.
[5] Ibidem, 1,27-28.
[6] cfr. Francisco, Exh. Apostólica Amoris laetitia, cap. 2.
[7] Compendio del Catecismo de la Iglesia, 337.
[8] Ibidem, 338.
[9] Ibidem, 456-458.
[10] San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 23.
[11] San Juan Pablo II, Exh. Apost. Familiaris consortio, n. 81.
[12] Ibidem, n. 319.
[13] Familiaris consortio, n. 84. La vida de la persona divorciada vuelta a casar “contrasta objetivamente con la ley de Dios” (Compendio del Catecismo de la Iglesia, n. 349).
[14] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2270.
[15] Ibidem, n. 2271.
[16] C. Vaticano II, Const. Gaudium et Spes, n. 51.
[17] cfr. Catecismo de la Iglesia católica, n. 2272.
[18] Francisco, Amoris laetitia, n. 153.
[19] Ibidem, n. 151.
[20] Amoris laetitia, n. 39
[21] Ibidem, n 40.
[22] Consejo Pontificio para la Familia, Léxicon. Términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas, Ed. Palabra, 2004, pág. 575 (Artículo Ideología de género: sus peligros y alcance, por Oscar Alzamora Revoredo).
[23] cfr. Dra Dale O’Leary, en su trabajo El feminismo de género. Corrientes de pensamiento que impiden la promoción de la mujer, publicado en L’Osservatore Romano, n. 47, el 19-XI-2004.
[24] Congregación de la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo, 31-V-2004.
[25] cfr. Dale O ́Leary, El feminismo de género, oc.
[26] Amoris laetitia, n. 56.
[27] Amoris laetitia, n. 316.
[28] Exhortación Apostólica Gaudete et Exultate, n. 4 y 14; 19-III-2018.

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