Píldoras Anti-Masonería

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lunes, 23 de diciembre de 2019

¡ Felíz NAVIDAD 2019 !!!. Música, Cine y LIBROS

Felíz Navidad en Familia
Santiago Clavijo
2019
¡El Niño DIOS te bendiga!
Cine para toda la Familia
La Monja Alférez (María Felix 1944)
¡Qué bello es vivir! (Frank Capra 1946)
Isidro el Labrador (Magerit 1080)
Becket (Peter O´Toole 1964)
San Francisco de Asís (Zeffirelli 1972)
Jesús de Nazaret (Zeffirelli 1977)
Escarlata y Negro (1983)
San Maximiliano Kolbe (1991)
Padre Pío (2000)
Hijos de un mismo Dios (2001)
Don Bosco (2004)
Nuestra Señora de Guadalupe (2006)
San Agustín de Hipona (2010)
El Santo Padre Juan XXIII (2010)
Encontrarás dragones (2011)
Karol: el Papa, el Hombre
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domingo, 22 de diciembre de 2019

El capellán de la reina de Inglaterra se convierte al catolicismo...gracias a las apariciones de Garabandal

El capellán de la reina de Inglaterra 
se convierte al catolicismo...
gracias a las apariciones de Garabandal
22/12/19
El obispo Gavin Ashenden 
Toda una personalidad en la Iglesia anglicana
Película doblada en 16 lenguas
300.000 espectadores

Un anglicano se ha convertido al catolicismo. En el día de hoy, cuarto domingo de Adviento, el obispo anglicano Gavin Ashenden será recibido en Iglesia Católica por el obispo de Shrwesbuy, Mons. Mark Davis, en la Catedral de Shrewsbury. Y yo conozco a un obispo español, que cuando leyó la noticia se puso tan contento, que daba saltos de alegría.

Naturalmente que toda conversión se recibe siempre con ánimo alegre. Pero lo de los saltos de alegría del monseñor español se justifica por un par de circunstancias, que concurren en esta conversión. Se las cuento, porque me las conozco muy bien; tengo información de este par de circunstancias de primera mano.

Circunstancia primera: El obispo Gavin Ashenden es toda una personalidad en la Iglesia anglicana, pues entre otros cargos ha desempeñado el de capellán de la reina Isabel II, que como es sabido es la cabeza de la Iglesia anglicana. Por este motivo, su conversión no ha podido dejar indiferentes a los anglicanos, como tampoco les dejó en su tiempo -salvando todas las distancias que ustedes quieran- las conversiones del cardenal Newman (1801-1890) o la del hijo del arzobispo de Canterbury, Robert Hugh Benson (1871-1914), sacerdote y gran escritor, autor de esa apasionante novela titulada Señor del mundo, en la que describe cómo será la sociedad cuando la gobierne el Anticristo.

Pero sé de muy buena tinta que era y es, sobre todo, la segunda circunstancia que concurre en esta conversión, la que en mayor medida ha contribuido y contribuye a hacer saltar de gozo al monseñor español, del que les vengo hablando. Porque el empujón inicial de su conversión, el obispo anglicano lo recibió al analizar los éxtasis de cuatro niñas españolas, a las que se les apareció la Virgen durante los años de 1961 a 1965 en las montañas santanderinas de un pueblecito muy pequeño, llamado San Sebastián de Garabandal.

El obispo que dio y sigue dando saltos de alegría, porque las apariciones de Garabandal hayan concurrido a la conversión del obispo Gavin Ashenden soy yo (Javier Paredes), y lo escribo entre paréntesis, como las cantidades de los talones bancarios, para que no haya ninguna duda 

Y comprendo que en llegando a este punto, a muchos de mis lectores les habrá picado la curiosidad por saber quién es el obispo español exultante de gozo, que se ha salido de la fila. Y no quiero ni imaginar lo que les estará pasando a ciertos lectores míos, si además son obispos. A estos monseñores que leyéndome estén, no es que les haya picado la curiosidad, es que en estos momentos lo suyo tiene que ser un sinvivir.

Pero en atención a que ya estamos metidos en plenas fiestas de Navidad, compartiré el secreto y voy a desvelar la identidad del monseñor saltarín: el obispo que dio y sigue dando saltos de alegría, porque las apariciones de Garabandal hayan concurrido a la conversión del obispo Gavin Ashenden soy yo (Javier Paredes), y lo escribo entre paréntesis, como las cantidades de los talones bancarios, para que no haya ninguna duda.
Alguno de mis lectores que no me conozca bien, como en otros artículos me he presentado como padre de ocho hijos y catedrático de la Universidad pública de Alcalá, podría pensar que pertenezco a la especie de los viri probati, de los que tanto se habla últimamente. Pues bien, quien así haya pensado, no es que me conoce ni bien ni regular, es que no me conoce ni lo más mínimo. Pues nada repugna más a mí inteligencia que la suma de dos mitades, padre de familia y clérigo, que unidas en una misma persona simultáneamente dan como resultado un bicho duoforme, muy raro.

Pero dicho todo lo anterior tengo que confesar que yo fui un obispo…, de película. Yo he representado el papel de monseñor, precisamente, en la película Garabandal solo Dios lo sabe. Una película en la que ninguno de los actores nos habíamos puesto nunca delante de una cámara de cine. Una película hecha sin presupuesto, pero con todo el amor a Nuestra Madre la Virgen. Sin medios, cada una aportaba lo que sabía y nos las ingeniamos como podíamos. Sirva un ejemplo: nuestro travelling se construyó con unos largos tubos de PVC, sobre los que se deslizaba un palet de madera, que servía de plataforma a la cámara, y está bien dicho lo de “la” cámara, porque solo había una.

Pero lo sorprendente han sido los resultados: está película ha sido un éxito impresionante y ya ha sido doblada en estas 16 lenguas: español, inglés, francés, portugués, brasileño, alemán, francés, italiano, polaco, croata, ruso, holandés, húngaro, ucraniano, rumano y japonés. La han visto, según cifras oficiales de los cines 300.000 espectadores, se ha estrenado en 25 países, incluidos los Estados Unidos, y el próximo enero se volverá a estrenar en otros cinco. Naturalmente, todo esto sin contar las vistas de las copias en DVD que ya se pueden adquirir.

En mi papel cinematográfico tuve que representar al obispo que menos me apetecía, monseñor Vicente Puchol (1915-1967), obispo de Santander, y rodé concretamente uno de los momentos más duros de la vida de Conchita, una de las cuatro videntes. El 30 de agosto de 1966 monseñor Puchol, es decir yo en la película, se presentó en un colegio de Pamplona, donde estaba internada Conchita. El obispo de Santander iba acompañado de su vicario general, Javier Azagra, del recién nombrado párroco de Garabandal, José Olano, y del provisor del obispado, Agapito Amieva. Aquel encuentro fue todo menos vida y dulzura. El interrogatorio duró siete horas. Solo les diré que en una de las repeticiones de la escena, a la chica que representaba el papel de Conchita se le saltaron las lágrimas, y a mí me quedó un sensación de crueldad indescriptible. Y eso que solo era una representación.

Sobre las apariciones de Garabandal se ha hecho ya una tesis doctoral, que fue defendida brillantemente en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Su autor, José Luis Saavedra, ha publicado un resumen y sé que prepara una nueva edición. Para los que no conozcan la apariciones de Garabandal, pueden encontrar una buena explicación en el libro escrito por el argentino Santiago Lanús, titulado Madre de Dios y Madre nuestra.

Y como la bibliografía es lo último que se pone en los libros, ahora ya no me queda más que despedirme de todos ustedes, deseándoles una feliz y santa Navidad. Y comprenderán, queridos lectores, que en esta ocasión tenga una despedida especial para todos obispos españoles, para los que me leen y para los que se lo van contar: Por favor, de obispo de película a obispos reales, tómense en serio lo de Garabandal, porque esas apariciones son más ciertas que el sol que nos alumbra, y cada día que pasa sin que ustedes hagan nada se están desperdiciando gracias a raudales, y la prueba de lo que digo es la conversión de este obispo anglicano, que fue capellán de la reina de Inglaterra.

Javier Paredes
Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá
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El 2º milagro de Empel (1941): cuando la Virgen salvó a la División Azul en Rusia

El 2º milagro de Empel (1941)
Cuando la Virgen salvó a la División Azul
10/12/19

Fue también el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, patrona de la infantería española pero no de 1585 sino de 1941. Desde los gloriosos tiempos de los Tercios a raíz del milagro de Empel, en la guerra de Flandes, la Inmaculada Concepción ha sido y es venerada como Patrona dela Infantería Española. Incluso en nuestros mismos días la Virgen en la entrañable advocación del Pilar ha sido inspiración y esperanza de los agentes de la Guardia Civil en los momentos más difíciles del terrorismo en Vascongadas, como ellos mismos han explicado.

Esa devoción y esa relación tan especial entre la Inmaculada Concepción y el Ejército español se puso de manifiesto también en muchos momentos especialmente importantes de la historia de España como en la Guerra Civil o Cruzada Nacional de 1936-1939. Y se manifestó también en la gran aventura idealista de contenido patriótico, anticomunista y católico que fue la División Azul en Rusia, entre 1941 y 1944.

Una batalla fundamental de la División Azul en Rusia a los pocos meses de su llegada al frente fue la de la cabeza de puente del río Voljov,dentro de las operaciones del sitio alemán de Leningrado (San Petersburgo). El centro neurálgico de esa batalla fue la lucha por la población de Possad entre noviembre y diciembre de 1941.

Possad era una posición aislada a 13 kms de las líneas españolas donde durante el citado mes se desarrolló una batalla muy dura entre el Regimiento 269 de la División Azul y fuerzas rusas superiores en número. La posición que formaban Possad y otras aldeas de la zona fue asaltada por fuerzas soviéticas con empleo de aviones, tanques, lanzallamas y artilleria pesada. Los soldados españoles respondieron luchando con gran coraje a temperaturas medias de casi 30 grados bajo cero logrando rechazar todos los ataques rusos, algunos de los cuales llegaron a ocupar parte de la posición hasta ser expulsados por los contraataques de los soldados españoles.

Además el camino de 13 kms hasta el resto de las posiciones españolas al otro lado del río era constantemente minado y atacado por los rusos con amenaza de ser cortado. Esta batalla, sobre todo durante sus últimos días, a partir de inicios de diciembre de 1941 forma parte de lo que la historiografía militar alemana conoce como batalla del saliente de Tikhvin, donde la División Azul y la vecina división alemana 126 jugaban un papel fundamental para frenar una gran ofensiva soviética para liberar Leningrado, puesta en marcha a partir del 3 de diciembre. La División Azul se enfrentaba a 2 divisiones soviéticas y la 126 alemana a otras cinco.

En Possad murieron unos 500 soldados españoles y el doble de rusos, más de 1000. Pero pese al heroísmo de los soldados españoles, la situación se volvía crítica para la División Azul. Sus bajas estaban siendo muy altas, los heridos se contaban por miles y la superioridad numérica rusa era muy clara. En realidad todo el frente alemán en Rusia se tambaleaba en aquellos momentos, bajo el contraataque de fuerzas rusas muy superiores, a temperaturas polares.

El general Muñoz Grandes que mandaba la División se dió cuenta de que, si la cabeza de puente del Voljov cuyo centro era Possad cedía, se perdería de golpe la mitad de la División Azul. A partir de diciembre los soldados españoles ya solo podían mantener abierta la carretera que conectaba Possad y el resto de la cabeza de puente del Voljov con el resto de las líneas españolas al otro lado del río, con gran esfuerzo y sufriendo grandes bajas.

Pero lo más grave de todo era que si la cabeza de puente, que ya estaba muy presionada, cedía, podía perderse toda la División Azul, si los rusos seguían avanzando y llegaban a Novgorod, lo que parecía posible ante la falta de reservas. El 7 de diciembre el general Muñoz Grandes fue informado de que las posiciones españolas en la cabeza de puente estaban ya casi totalmente cercadas por fuerzas rusas muy superiores y que era imprescindible una inmediata retirada al oto lado del río para evitar una catastrófica rendición de la mitad de la Divisón Azul a las fuerzas rusas. Si la retirada se aplazaba solo 24 horas más tarde sería ya tarde. Así pues el general Muñoz Grandes se decidió a ordenar la evacuación de la cabeza de puente hacia el otro lado del río Voljov ante el riesgo inminente de que la División fuera cercada y envuelta por los rusos. Las fuerzas alemanas de la zona también se retiraron.

Fue una sabia decisión tomada justo a tiempo. De esta forma la División pudo recuperarse, restablecer un frente sólido y prepararse para las duras batallas del año 1942. Se dió la circunstancia de que el día que se llevó a cabo la retirada táctica fue el 8 de diciembre, dia de la Inmaculada Concepción, Patrona de la Infantería Española. Concretamente empezó en la noche del día 7 pero fue durante la madrugada del ya día 8 cuando se llevó acabo toda la fase principal del repliegue. Fue un éxito táctico. Los rusos se vieron sorprendidos y la retirada se completó sin apenas bajas españolas.

Quien no tenga Fe lo considerará una casualidad pero para el Cielo no hay casualidades . El hecho fue que el día de la Inmaculada Concepción, patrona de la Infantería española la División Azul se salvó en el último momento de un destino que podría haber sido fatal. Tal vez no sea de extrañar, teniendo en cuenta que aquellos soldados de la División Azul también honraron a la Virgen en ocasiones, rezando el Rosario cuando podían y teniendo en cuenta también que sobre su religiosidad hay numerosos testimonios.

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sábado, 21 de diciembre de 2019

Madre Nieves: Quién es Conchita de Garabandal?, Por qué creo en Garabandal?


La Madre Nieves fue directora del colegio de Burgos adonde llevaron a Conchita de Garabandal después de las apariciones. Este testimonio es en la presentación del libro "Madre de Dios y Madre Nuestra" en el Hotel Velázquez de Madrid.
http://www.pueblodemaria.com/madreded... www.virgendegarabandal.com
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Garabandal: "SOLO DIOS LO SABE", por P. José Luis Saavedra (SHM)


El Padre José Luis Saavedra,
es doctor en teología por la Universidad de Navarra,
con la Tesis "Garabandal, mensaje de Esperanza".

Las apariciones de Garabandal no están aprobadas por la Iglesia, aunque los obispos tampoco han condenado el mensaje. Dos comisiones fueron convocadas por los Obispos de Santander, España, señalando que no hay ningún fenómeno que pudiera autenticar estos eventos como ciertamente sobrenaturales. A este respecto, la primera comisión indicó " no hemos encontrado nada que merezca censura o condenación eclesiástica, ni en la doctrina, ni en las recomendaciones espirituales que han sido publicadas como dirigidas a los creyentes ".

El Obispo que convocó a la segunda comisión, Obispo del Val, al retirarse de su oficio indicó en una entrevista que el mensaje de Garabandal era " importante " y " teológicamente correcto ". Dada la gravedad de los tiempos, haremos bien en hacer caso del mensaje de conversión y que la Santa Madre Iglesia siga investigando.

¿Quieres descubrir más vídeos con valores cristianos? ► Entra ahora en Nazaret TV: http://www.nazaret.tv

Más enlaces interesantes: → Testimonio de Marta: https://youtu.be/JrCVNT0beQc → La Tilma de Guadalupe: https://youtu.be/1_pxz2-Z9nY → El misterio de la Eucaristía: https://goo.gl/kNXTF6 → Testimonio de Juan Manuel Cotelo: https://goo.gl/q7Zef6 → P. Lofeudo, La adoración: https://youtu.be/NlVAv_6zPFc

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La II República y la Masonería, por Pío Moa

La II República y la Masonería
Pío Moa
19-8-2018
A pesar de sus logros en casi todos los aspectos, Primo de Rivera no logró instaurar una alternativa política a la Restauración, y el resultado final fue la llegada de la II República. Los republicanos, al principio pocos y desavenidos, fueron unificados en el Pacto de San Sebastián por los derechistas no masones Miguel Maura y Alcalá-Zamora, y su primera decisión consistió en imponerse mediante un golpe militar. Cuenta Vidarte en el tomo de sus memorias No queríamos al Rey (p. 255 y ss), que un implicado, Fermín Galán, animó a la Cámara de Maestros de las logias informándole de que no había habido “nunca tan gran número de militares comprometidos como en esta ocasión”. Luego “se destacó desde el primer banco en que estaba sentado, extendió la mano sobre la Biblia –abierta encima del ara por el evangelio de San Juan, según costumbre— volviose hacia el Venerable Maestro y declaró: “Juro solemnemente ante el Gran Arquitecto del universo y ante vosotros, mis hermanos, que el día que reciba las órdenes del Comité revolucionario, proclamaré la república en Jaca y lucharé por ella aunque me cueste la vida”. Como es sabido, se adelantó algo al plan y fue fusilado después de haber matado a su vez a varias personas. Los republicanos le convirtieron junto con otro golpista fusilado, en un héroe sui generis.

Sobre el modo, en general bien conocido, como cayó la monarquía, hay algún punto oscuro, en especial la llamativa actuación de Romanones. De hecho, la república llegó por un golpe de estado llevado a cabo por los monárquicos contra su propio régimen: después de una elecciones municipales que habían ganado, despreciaron a sus votantes y entregaron el poder sin resistencia ante unos primeros alborotos en las calles de algunas ciudades. Sobre Romanones, instigador de la claudicación del rey, vuelve a explicar Vidarte: Cuando salimos en unión de Marcelino Domingo de su despacho, le pregunté a éste si don Gregorio [Marañón] era o había sido masón, ya que con tanta libertad se habló con él del trabajo en las Logias. Domingo me informó de que Marañón fue iniciado en secreto por su suegro Miguel Moya, cuando éste era Gran Maestre. Estas iniciaciones constan en un libro especial que lleva la Gran Maestría, y sólo figuran en él los nombres simbólicos. El caso del ilustre médico y escritor era semejante al del conde de Romanones, quien también había sido iniciado en secreto por Sagasta y quien siempre cumplió bien con la Orden (…). Ya comprenderá usted, terminó Domingo, que muchas veces nos interesa que no se sepa que son masones algunos políticos de nuestra confianza. Fallecidos, lo mismo el conde de Romanones que el querido y admirado doctor Marañón, me encuentro en libertad para revelar estos secretos” ( No queríamos al rey. Pp. 227-8). Digamos que Marañón, uno de los “padres espirituales de la República”, terminó por considerarla un “fracaso trágico”, y a sus políticos como “desalmados mentecatos”, lamentando doloridamente haber sido amigo de tales “escarabajos”. Y apoyó a Franco.

Ricardo de la Cierva considera la II República como el tercer período de apogeo de la masonería
Y no cabe duda de que lo fue, por lo menos al principio. Baste señalar el dato, recogido por Gómez Molleda, de que de los 470 diputados en las primera Cortes, eran masones nada menos que 151, bastantes más que los del partido más votado, el PSOE, que alcanzó 115. Todos los partidos de izquierda estaban muy masonizados: los partidos Radical, Radical Socialista y Acción Republicana de Azaña y Republicano Federal oscilaban en torno al 50% de hijos de la Viuda en sus escaños (muchísimos menos en sus bases, obviamente, lo que nos da un indicio de la utilidad de una sociedad secreta). Los demás, entre el 21% de los nacionalistas gallegos y el 35% del PSOE. En los partidos de derecha, la proporción era mínima o inexistente. Además, de los seis jefes de gobierno de la república antes del Frente Popular, cinco era masones con un grado mayor o menor de compromiso. En las organizaciones masónicas cundió el entusiasmo, llegando a considerar como suya a la república, y la Gran Asamblea de la Gran Logia Española propuso a la izquierda una serie de medidas como la “expulsión de las órdenes religiosas extranjeras” y “la escuela única, neutra”, privando a millares de familias de una enseñanza religiosa que deseaban, y otras medidas de rasgos totalitarios como “Trabajo obligatorio controlado por el Estado y repartido a medida de las fuerzas y aptitudes de cada uno”, dando a los políticos la potestad de determinar las fuerzas y aptitudes de cada cual. Asimismo pedía un “Estado federal”.

Evidentemente, los masones militaban en credos políticos diferentes, a veces opuestos.
Pero a todos ellos les unía, y era prácticamente lo único que los unía, la aversión a la Iglesia católica. Aun así, los había propicios a algún entendimiento con una religión que era la absolutamente mayoritaria entre los españoles, cosa que no podían pasar por alto sin exponerse a meter al régimen en aprietos antes de tiempo. No obstante, los sectores más extremistas irían imponiéndose. Ya la república se inauguró, antes de un mes de establecida, con la quema de más de un centenar de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza católicos, iniciada por grupos radicales salidos del Ateneo de Madrid, donde por aquel tiempo predominaba la Masonería, y alentada por el gobierno, cuya pasividad equivalía a cooperación. El golpe tambaleó al régimen, recién nacido sin la menor oposición, y a partir de ahí el país quedó profundamente dividido. Así lo reconoció Alcalá-Zamora, a la sazón presidente del gobierno provisional y que, aunque católico, claudicó ante la presión de Azaña y otros para impedir que la fuerza pública detuviese a los incendiarios.

Sobre el problema religioso.
Los diputados de izquierda coincidían en el propósito de despojar de toda influencia a la Iglesia, pero con posturas divergentes ante el peligro de empeorar la ya visible división popular. De hecho, se llegó entre bastidores a acuerdos para que la nueva Constitución respetase la libertad de enseñanza, aun si con restricciones. Sin embargo se impuso finalmente, y por sorpresa, la medida radical. Así fue disuelta la orden jesuita y a las demás se les prohibió no solo la enseñanza, sino también cualquier actividad económica o la beneficencia, tratando de convertirlas en indigentes. La medida contentó a muchos masones, no a todos, y fue obra de Azaña, que no pertenecía aún a la orden. En definitiva se trataba a los clérigos como ciudadanos de segunda, negándoseles libertad, igualdad y desde luego fraternidad. Como tendía a negárseles en la práctica a los católicos en general y a los partidos de derechas, a los cuales el gobierno izquierdista hostilizaba de muchos modos. El mismo Azaña declaró temerariamente que España había dejado de ser católica. La política de Azaña, dedicada a un programa de demoliciones de las tradiciones católicas y españolas en general, casa muy bien con la orientación masónica. Pero vuelve a demostrar que la masonería es solo una manifestación de otras inclinaciones sociales siempre presentes, no la única ni forzosamente la directiva, aunque la refuerce.

Aun así, los primeros enemigos de la República.
No fueron las derechas ni los católicos, sino los comunistas, que llamaron desde el primer día a derrocarla (más tarde cambiarían de táctica), y sobre todo los anarquistas, mucho más poderosos entonces, que organizaron varias insurrecciones sangrientas, una de las cuales, la de Casas Viejas, determinó la caída de Azaña en 1933. Los socialistas entendían la república como transición a la dictadura de su partido (del proletariado). Los nacionalistas catalanes la aceptaban a cambio de una autonomía que miraban como un paso adelante hacia la secesión. Tanto Macià como Companys, sus principales jefes, eran masones, así como el 37% de sus diputados. Un pequeño sector de la derecha, capitaneado por el general Sanjurjo, intentó un pronunciamiento ante el rumbo que tomaba la política. Se da la circunstancia de que Sanjurjo, jefe de la Guardia Civil en 1931, había desempeñado un papel clave para traer la república, pues desertó de la monarquía y se puso al servicio del gobierno provisional. Quizá la seña de identidad más precisa de la república fuera la deslealtad hacia ella por parte de sus partidos y políticos.

El primer período de la república suele llamarse Bienio izquierdista.
Y tampoco sería muy exagerado calificarlo de masónico. Con rasgos que apuntan al caos. Así, la ultraizquierda anarquista hizo un daño terrible a la coalición republicano-socialista. Y quedó marginado el Partido Radical de Lerroux, el más masonizado entre los importantes, siendo además el partido republicano con mayor apoyo popular, con diferencia. Sin detallar el balance desastroso del bienio, recordaré que el hambre, como índice de la miseria, aumentó hasta los niveles de principios de siglo, mientras la delincuencia y los choques políticos, sobre todo entre las izquierdas, no cesaron y las reformas fracasaban debido a la extrema ineptitud de los líderes republicanos, según denuncia una y otra vez el propio Azaña. Como consecuencia, en las elecciones de noviembre de 1933, el PSOE bajó de 115 a 59 diputados; el partido de Azaña, de 26 a 5; el Radical Socialista, de 59 a 4. En cambio la católica CEDA, inexistente en las elecciones anteriores, sumaba 115 escaños; el partido de Lerroux subía de 90 a 102, y los monárquicos de 15 a 40. Gil-Robles, líder de la CEDA, pudo haber exigido la presidencia del gobierno, pero una timidez contraproducente e interpretada como debilidad (lo era), dejó el gobierno al partido de Lerroux, limitándose a apoyarlo.

Las izquierdas contestaron a la derrota electoral.
Poniéndose “en pie de guerra”, como decía la Esquerra de Companys. Azaña y otros líderes presionaron (sin éxito) al presidente Alcalá-Zamora, para que diese un golpe de estado anulando los comicios y amañando otros que les dieran la victoria. La CNT lanzó su insurrección más sangrienta. Y el PSOE decidió que había llegado el momento de lanzarse a una revolución, que planificó textualmente como guerra civil, mientras Azaña intentaba un nuevo golpe en connivencia con Companys. Por fin la CEDA entró en el gobierno y así se llegó a la insurrección de octubre de 1934, que causó enormes destrucciones y 1.300 muertos en 26 provincias, sobre todo en Asturias, bastantes en Cataluña y en Madrid.

Aquella derrota debió haber causado el derrumbe de la izquierda, pero ocurrió lo contrario: los socialistas, Vidarte en primera fila, organizaron una masiva campaña dentro y fuera de España acusando al gobierno de haber practicado en Asturias una represión de crueldad infinita. Así pasaban de acusados a acusadores. Las denuncias, con relatos escalofriantes, cundieron de tal modo que durante decenios han sido recogidas sin examen crítico por historiadores, incluso de derecha. Creo haber sido el primero que las ha analizado a fondo, así como sus consecuencias políticas. Desde luego, se trató de embustes y exageraciones en un 90%. La campaña guardaba estrecha semejanza con las de Ferrer Guardia, Macià y otras anteriores, contra la “España inquisitorial, oscurantista y militarista”. Vidarte explica cómo lograron engañar a millones de personas por medio de las Internacionales socialista y comunista y de los organismos masónicos en el exterior: “La Masonería, la Segunda Internacional, la Liga de los Derechos del Hombre (creada por los masones) informaban al mundo de los crímenes cometidos por el fascismo español. Los partidos socialistas y comunistas del mundo entero enviaron al gobierno español sus más enérgica protestas. Y el diputado socialista francés Vincent Auriol organizó, junto con el presidente del Partido socialista belga, Émile Vandervelde, una campaña internacional”. Auriol y Vandervelde eran masones. Participaron el genio de la propaganda comunista Willi Münzenberg, diputados laboristas ingleses, etc., y consiguieron que la mayoría de las logias condenaran a Lerroux, él mismo masón aunque al parecer durmiente. Esta campaña tuvo un efecto histórico, pues devolvió la popularidad a las izquierdas y envenenó el ambiente social de un modo que explica la crueldad con que se reanudó la guerra en julio de 1936.

Así, la derecha católica y sus ocasionales aliados lerrouxistas, estos repito que muy masonizados, fueron brutal y golpistamente hostigados por las izquierdas a fin de desestabilizarlos e impedirles gobernar. ¿Podemos considerarlo una maniobra o serie de maniobras masónicas? En parte sí, muy claramente, pero tal como los autores principales del declive de Azaña fueron los anarquistas –entre quienes no faltaban masones–, el principal agente de la caída de Lerroux y de Gil-Robles fue Alcalá-Zamora, católico y ajeno a la Masonería, a la que critica en sus memorias (el museo de la Masonería en Salamanca lo presenta falsamente como iniciado). Según he analizado en varios libros, los dirigentes del PSOE fueron los responsables más directos de la guerra civil en 1934 y 1936, pero el mayor causante de ella fue Alcalá Zamora por sus manejos dudosamente legales, que le forzaron a convocar elecciones en febrero del 36.
En el derrumbe de la república hacia la guerra hay un episodio de interesantes connotaciones masónicas, la intriga para arruinar la carrera política de Lerroux y de rebote la coalición entre su partido y la CEDA: el escándalo del straperlo. Dos judíos holandeses habían inventado un juego más o menos de azar, llamado el straperlo, por los apellidos de ambos, Strauss y Perle, y quisieron explotarlo en España. Los juegos de azar habían sido prohibidos por Primo de Rivera y la prohibición no se había revocado. Los autores hicieron algunos regalos a políticos lerrouxistas, como relojes de oro, unos sobornos “de calderilla”, para que facilitaran la introducción del juego en el casino de San Sebastián y en un hotel de Mallorca. No estaba del todo claro si el straperlocontravenía la ley, pero en los dos sitios fue prohibido rápidamente. Los straperlistas se sintieron estafados y quisieron resarcirse. Y aquí entran en juego Azaña y Prieto (este último no era masón), que instruyen a Strauss para dar el mayor alcance político al asunto presentando una denuncia. Con ella medio presionaron , medio chantajearon a Alcalá-Zamora contra Lerroux, sabiendo que ambos se tenían inquina. Alcalá-Zamora terminó destituyendo a Lerroux de la jefatura del gobierno por una corrupción de poca monta que no le afectaba directamente. Enseguida las izquierdas desataron otra campaña de prensa para desacreditar tanto a Lerroux como, de rebote, a la CEDA y destrozar así la coalición entonces gobernante. Vidarte vuelve a darnos datos de interés: “Yo había conocido en París a Gaston Cohen Debassan, abogado muy compenetrado con nosotros y primer pasante de Henri Torrès. Recibí su visita en Madrid. Ahora me habló de un asunto que iba a traer muy graves consecuencias, el del straperlo. Me comunicó que Prieto y Azaña estaban perfectamente enterados”. Torres era el mismo que había orquestado la campaña de apoyo a Macià en 1926 y ejercía entonces de abogado de Strauss. He analizado el asunto en detalle en Los personajes de la República vistos por ellos mismos y aquí no puedo extenderme más allá de explicar sus efectos: el escándalo, muy magnificado, enterró políticamente a Lerroux, debilitó a la CEDA y fue utilizado por Alcalá-Zamora para atacar al sistema parlamentario, excluyendo a Gil-Robles del poder, y terminar imponiendo como jefe de gobierno a Portela Valladares, también masón y sin apoyo de las Cortes.

Así, hubo masones (y no masones) en la maniobra, pero el mayor responsable fue el católico Alcalá-Zamora. El resultado final fueron las elecciones fraudulentas de febrero de 1936, en las que se arrogó la victoria el Frente Popular. El general Núñez de Prado, masón, describió así el traspaso de poderes de Portela al nuevo gobierno de Frente Popular: “Parecía una ceremonia masónica. El Gran Maestre de la Gran Logia(Portela) da posesión a su sucesor (Azaña, también masón aunque algo escéptico), delante del Gran Oriente Español (Martínez Barrio) y en presencia de dos generales masones (Pozas y el propio Núñez de Prado)” “El Gobierno parecía haber nacido bajo nuestros auspicios”, pues contaba con siete ministros masones. Así lo relata Vidarte en Todos fuimos culpables (p. 47).

Aquellas elecciones significaron la definitiva aniquilación de la legalidad republicana por el Frente Popular y fueron el prólogo a la Guerra Civil, a su reanudación propiamente hablando. Durante la guerra, la gran mayoría de los masones (aunque no todos) defendió al Frente Popular aun sabiendo que este era un conglomerado de totalitarios marxistas del PSOE y del PCE, de anarquistas, de racistas del PNV y de golpistas como Azaña o Companys. Nada remotamente parecido a un bando democrático. La propaganda en el exterior, en parte masónica, se inclinaba netamente por las izquierdas –casi todas ellas contaban con numerosos masones–. A pesar de lo cual los gobiernos de Usa, Inglaterra o Francia procuraron aislar el conflicto español, para evitar su contagio. Franco, no es de extrañar, aumentó su aversión a los hijos de la Viuda y prohibió su actuación en España.
En Años de hierro (p. 380) extracté unos documentos de 1942, guardados en la Fundación Francisco Franco: “El espionaje franquista accedió, por medio de una agente, a mensajes alarmantes de círculos masónicos que parecían preparar psicológicamente la mutilación del país. Uno de ellos, de una Asociación Masónica Internacional, con sede en Ginebra, instruía sobre el peligro comunista, juzgando a Inglaterra la única potencia capaz de contrarrestarlo tras la deseada derrota alemana: “La reivindicación de Gibraltar y otros puntos para España y la conservación forzosa y sin consideraciones universales de Cabo Verde, Baleares y Canarias en sus soberanías actuales, constituyen un germen de destrucción del equilibrio mundial de la paz, por ser ventajoso a todos que un arma, potente y difícilmente manejable, esté en manos fuertes y expertas y no de las naciones caducas. La fuerza de Inglaterra es garantía plena –la Historia es testigo– de conservación de la Humanidad”. Los masones peninsulares eran exhortados a superar dudas, reservando “en lo hondo del corazón el sentimiento de un pueblo para apoyar el bien de todos los pueblos y por tanto del vuestro”. Propugnaba asimismo “desprestigiar la figura del Generalísimo Franco, ahondar en el malcontento entre Ejército y Falange, muerte política de Serrano Súñer”, así como “Abrir las puertas de las cárceles en que gimen, en dantesco infierno, rebaños desdichados de hombres honrados, prisioneros de la tiranía más espantosa que registra la Historia (…) sometido todo a la voluntad despótica de un solo hombre, pigmeo-idiota, engreído por la adulación más baja y servil que haya deshonrado a la Humanidad”. Otra comunicación atribuida a Martínez Barrio animaba a los masones, si bien eludiendo detalles escabrosos”. Nuevamente encontramos el servicio a Inglaterra en un amplio sector de la Masonería, en nombre de la “Humanidad”.

Dejo aquí de lado la evolución de la Masonería bajo el franquismo y la democracia, dado el exceso de de especulación sobre ella. Sí interesa señalar su peso en el Parlamento europeo, que según algunos cálculos de difícil comprobación supera en porcentaje al que se dio en las Cortes de la II República. La idea de una Unión europea después de la II Guerra Mundial, en su origen democristiana, tomó progresivamente un tinte socialdemócrata con influjo masónico y línea predominante anticristiana.

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viernes, 20 de diciembre de 2019

Medjugorje: pulmón espiritual del mundo


Los últimos datos recogidos registran que en el mes de noviembre en Medjugorje el número de Sagradas Comuniones fueron 62.000, el número de sacerdotes que han concelebrado las Santas Misas: 2.140 (71 por día).
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