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viernes, 10 de junio de 2022

***NOM: Ucrania y el supuesto derecho a las “migraciones”

Ucrania y el supuesto derecho a las “migraciones”
Carlos Pérez-Roldán Suanzes*
6.6.22

Las mafias migratorias llevan décadas usando y abusando del buenismo occidental en defensa de sus propios intereses, ya que la trata de personas ocupa actualmente el tercer puesto de los negocios más lucrativos del mundo, después del tráfico de drogas y armas.

El negocio de los nuevos esclavistas es sencillo: captar mediante engaños y falsas promesas a millones de personas en sus países de origen y lanzarlas a los países occidentales, utilizando como reclamo los placeres artificiales y los falsos lujos de un occidente empobrecido moralmente, pero saciado materialmente con los oropeles del consumismo.

En este negocio las mafias cuentan con la ayuda «desinteresada» de los gobiernos occidentales, y de cientos de organizaciones no gubernamentales que nutren sus arcas con dudosas donaciones realizadas por grandes multinacionales, y con las pequeñas aportaciones realizadas por los incautos ciudadanos movidos por el sentimentalismo.

Una vez en los países occidentales, y tras arriesgar su vida en el trayecto, la mayoría de los inmigrantes serán objeto de explotación laboral o sexual, cerrándose así el negocio de las mafias expertas en crimen organizado, que con la ayuda de los gobiernos «multiculturalistas», se lucran a base del sufrimiento de millones de seres inocentes.

Para adormecer a la estulta sociedad occidental los medios de desinformación insisten en la necesidad de acoger en nuestras opulentas sociedades a los inmigrantes, ya que huyen del hambre, la pobreza, o las guerras. Así, frente a las condiciones sociales y económicas adversas en sus países de origen, occidente prefiere hacer un mal uso de la hospitalidad antes que dedicar esfuerzos diplomáticos y económicos para remover dichas condiciones en sus países de origen. Así se ha justificado durante años la acogida de millones de emigrantes y refugiados subsaharianos, sirios y afganos, pero la crisis migratoria ucraniana amenaza con quitar la venda a todos los europeos que inadvertidamente habían comprado acríticamente el argumento del multiculturalismo humanitario.

Todos recordamos que en los primeros momentos del conflicto ucraniano los medios occidentales abrían su programación con las riadas de mujeres, ancianos, y niños, que abandonaban su país buscando refugio en Polonia, Rumanía, Moldavia y Hungría, y esos mismos medios nos informaban que los varones jóvenes eran interceptados en las fronteras para impedir su huida del país, al ser necesarios para defender Ucrania de la invasión rusa.

Parece que, con respecto a los varones jóvenes ucranianos, occidente ya no está dispuesto a utilizar los mismos argumentos que han servido durante décadas para defender las corrientes migratorias, pues ahora la huida de la guerra, de la pobreza, y de la miseria, no justifica el ingreso en las fronteras europeas de miles de varones. Parece que en el caso de los ucranianos la inmigración ya no es una oportunidad para Europa, y que ahora el interés de las élites globalistas no es tanto acoger a los que huyen de la guerra, como defender que ante un conflicto bélico y social es mejor luchar que huir.

Ahora occidente ha descubierto que la inmigración masiva no es ningún beneficio, y que para evitarla está dispuesto a gastar miles de millones de dólares para armar a la población ucraniana, y forzar a sus varones jóvenes a defender un país en el que no creen.

Evidentemente, tanto cuando las élites defendían la inmigración, como cuando defienden la necesidad de enfrentarse al enemigo, lo único que hacen es defender sus propios intereses, haciendo uso variable del humanitarismo, que antaño las llevaba a defender las migraciones, y hogaño las lleva a gastar millonarias cantidades de dinero para empeñarse en una defensa imposible. En el caso de los migrantes ucranianos hemos pasado de caer en las redes de tráfico de personas, para someternos a las redes de tráfico de armas.

Si de verdad occidente se moviera por criterios humanitarios, si de verdad quisiera combatir la pobreza y la miseria, no fomentaría con sus redes clientelares la inmigración, sino que para detener la hemorragia en Oriente Medio apoyaría a los grupos armados que resisten al Estado Islámico, removería en África subsahariana a los gobiernos corruptos, y descolonizaría económicamente a una Hispanoamérica que desde su falsa independencia de España permanece sumisa a un inhumano colonialismo anglosajón que impide su desarrollo.

Ucrania ha puesto en evidencia las vergüenzas de Occidente, más interesado en su propia destrucción mediante el gran reemplazo, que en defender su suelo natural, su tradición, y la historia forjada bajo el signo de la cruz.

*Editor de Tradición Viva y colaborador de AD