Píldoras Anti-Masonería

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jueves, 23 de julio de 2015

La bandera GAY ondea ya en el Código Penal Español por presión de USA: Cualquier crítica podrá ser DELITO de odio por género, orientación o identidad sexual (1897)

La bandera gay ondea ya en el Código Penal
La Gaceta-Eduardo García Serrano (17/7/2015): En USA el lobby gay inventó un KKK anti-homosexual y consiguió incluir en los delitos de odio cualquier agresión a un homosexual, aunque no sea ése el origen ni la motivación del delito. 
En los referente a la ampliación y endurecimiento de los delitos de odio sustanciados en la reciente reforma del Código Penal español todo apunta a una versión española de la célebre ley norteamericana Matthew Shepard, en la que se incluyeron, entre los delitos de odio ya codificados en 1969, los crímenes motivados por el género, orientación sexual o identidad sexual, con motivo del asesinato, en 1998, del homosexual Matthew Shepard.
Aquel crimen fue utilizado por los gays norteamericanos para conseguir que su hecho diferencial sexual fuese almenado por una especial protección en las leyes estadounidenses. Hicieron bandera política y social de un crimen abomionable que, como se vio en el proceso y el juicio del caso no estuvo motivado ni originado por la orientación sexual de la víctima. Matthew Shepard fue asesinado por la sórdida convergencia de un turbio asunto de drogas con el despecho de un exnovio que no aceptó que Matthew Shepard rompiera con él. Crimen, como todos, sin duda abominable, pero no perpetrado por la premeditada y alevosa voluntad de persecución, caza y captura del homosexual por el mero hecho de serlo, sino por la combinación explosiva de celos, pasión no correspondida y drogas. Si Matthew Shepard hubiera sido heterosexual, su asesinato no habría transcendido la comisaría de su distrito ni las páginas de sucesos del periódico de su ciudad. Pero era homosexual, y a partir de ahí la comunidad gay norteamerticana emprendió una exitosa campaña que consiguió la equiparación penal de las agresiones a los homosexuales, independientemente de los motivos que las generasen, con los delitos antisemitas y racistas. Así, tras aventar y promocionar una suerte de inexistente KKK anti-homosexual, el Congreso USA aprobó el 22-X-2009 la ley Matthew Shepard que, días después fue ratidicada por el presidente Obama.
La reciente reforma del Código Penal español sigue milimetricamente los pasos de la Ley Matthew Shepard. Na hace falta evidenciar la fuerza que en nuestro país tiene el lobby gay. En virtud de la codificación de un sentimiento como el odio, tan inaprensible como todos, cualquier crítica, por fundada que sea, contra la homosexualidad y el homosexualismo, podrá ser objeto y sujeto de la aplicación de las penas previstas en los delitos de odio. En definitiva, todo lo que no sea el aplauso, público y privado, y la exaltación de las bondades de la homosexualidad y de su bandera política y social: el homosexualismo, podrá ser objeto y sujeto de las penas codificadas en los llamados delitos de odio sencillamente porque la homosexualidad es uno de los dogmas fundamentales de esa nueva religión laica que conocemos como Ideología de Género, que se universalizó a partir de la Conferencia de Pekín en 1995, patrocinada por la ONU. Su objetivo, a través de una colosal operación de ingenieria social tóxica y disolvente, es cambiar la cosmovisión antropológica del mundo basada en la ley y el derecho natural y el los principios y valores del Cristianismo fomentando, fundamentalmente, el poder del lobby gay, el feminisnmo agresivo y radical, el matrimonio homosexual, el aborto como un derecho inalienable de la mujer, el control de la natalidad, la eutanasia y la eugenesia, el relativismo moral y el nihilismo social y político , además de la gibarización del papel del varón heterosexual en la familia, que se pretende destruir, y en la sociedad. El penúltimo aldabonazo en este sentido lo acaba de dar Hillary Clinton, destacada sacerdotisa de la Ideología de Género, al exigir que los Estados empleen toda su fuerza coercitiva para acabar con la influencia de la religión (fundamentalmente cristiana, por supuesto) en el mundo.
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miércoles, 22 de julio de 2015

El Alcalde de Zalamea: Por qué ya no puedo militar en VOX (1894)

VOTO Católico: 4 principios no negociables
HISPANIDAD-Eulogio López (21/07/2015): Rajoy tranquiliza a los catalanes: no tendrán que elegir entre Cataluña, España y Europa: No habrá independencia de Cataluña. Eso sí, se niega a decir cuáles son los medios del Estado para acabar con el secesionismo (3,7 millones de catalanes no pueden decidir por 47 millones de españoles).
Carta Pastoral del Arzobispo Reig Pla 
Píldoras AntiMasonería-Santiago Clavijo (776/2015): Denuncia de las corruptas contrapartidas diplomáticas del PP-Rajoy en la ONU por imposición del imperialismo transnacional del dinero y las estructuras políticas superiores para los planes de “Gobernanza" global del "Nuevo Orden Mundial".
Por qué ya no puedo militar en VOX
El Alcalde de Zalamea-Blas Piñar Pinedo (18/7/2015): El 20 de enero del año 2014, a los cuatro días de crearse VOX, di una serie de razones por las cuales decidí apoyar y trabajar por el éxito de un nuevo proyecto
En ese artículo también decía, con prudencia y desconfianza, que si me equivocaba sabría rectificar, consciente de que algunos pueden actuar movidos por lo que yo pueda decir... Es cierto que VOX nacía con una tara: ser el partido que debía mantener el puesto de Vidal Quadras en Europa. A pesar de eso, siempre he comprendido bien lo de los renglones torcidos y lo del trigo y la cizaña, y por eso creía con toda sinceridad que VOX podía y debía convertirse en el gran espacio de la derecha que defiende la unidad de España y ciertos principios básicos de nuestra tradición cultural cristiana, como después explicó de forma excelente Santiago Abascal en Libertadd Digital pero que muchos de los cargos de VOX no han tomado en serio y han ignorado. 
También es cierto que desde los inicios VOX había marcado ciertas líneas para delimitar a quiénes no quería admitir en esa casa de la derecha... Me acuerdo de sus sabias advertencias... Por miedo y complejos, por no parecer radical... Pero, ¿alguien cree que a Podemos le perjudica electoralmente su radicalidad o el apoyo de grupos de izquierda claramente antisistema? ¡Al contrario!
Tras el fracaso de las elecciones europeas, visto con optimismo como explico en mi libro Del PP a VOX, porque se podría reconducir al proyecto con fines más nobles que colocar a la gente, se desató una crisis interna que solo podía superarse modificando los estatutos y asegurando el liderazgo potente y efectivo de Abascal, el único líder que realmente podía ser nuestro capitán. Para ello, no se me olvidarán los días de Santander hace justo un año, donde viví una gran experiencia política -yo antes nunca había estado en ningún partido- preparamos con buenos amigos la asamblea del 26 de julio para votar los estatutos, tal y como explico en el libro que he citado. El debate sobre el tipo de partido era realmente interesante. Muchos teníamos clara la necesidad de un liderazgo de un presidente fuerte, elegido democráticamente pero con poder real y no gobernado por diferentes órganos que obstaculizan el partido como al final ocurrió, frente a la adoración de la democracia interna actual, que supone realmente una tomadura de pelo, una falsedad más, como vemos en todos los partidos. Sobre la tomadura de pelo de las primarias en los partidos hay muchas reflexiones interesantes, como las de Almudena Negro, porque lo que realmente demandan los ciudadanos no es colocar candidatos en los partidos, sino poder elegir representantes directos, esto es, acabar con las listas cerradas y tener un sistema en el cual el diputado responde ante los electores, no ante el partido que lo elige. Pero esto es otro tema...
Pasado este año y medio de lealtad al proyecto, tengo que decir que ya no puedo mantenerla. No pienso criticar ni juzgar a nadie en concreto, y mucho menos dar pábulo a cotilleos. Siento el máximo respeto por el papel de Santiago Abascal y por muchas personas que siguen en VOX. A Santiago le considero mi amigo y no voy a tener ningún inconveniente en seguir prestándole mi ayuda y consejo cuando me lo pida. VOX ha tomado una serie de decisiones que no comparto, he conocido una serie de hechos que me repugnan y no puedo participar en un proyecto político en el que no conozco ni las líneas fundamentales básicas, ni los objetivos de fondo, porque aquel liderazgo fuerte que propugnamos hace un año y que acabo de comentar se ha convertido en una camarilla incapaz de liderar el proyecto, incapaz de mantener la ilusión, que envía mensajes contradictorios y que, además, cuando quiere, dice cosas contrarias a las pocas líneas marcadas por el presidente del partido o a las ponencias escritas con esfuerzo por los miembros del consejo político y con la colaboración de centenares de afiliados. Hace unos días dimití del consejo político precisamente para evitar discusiones bizantinas y así poder seguir siendo leal al proyecto, porque pensaba que así evitaría quemarme. En estos últimos días he conocido formas de actuar y pensar que no vienen al caso pero que se han impuesto en el partido y que no se corresponden, en absoluto, ni con mi forma de ser ni con mi forma de pensar. Ya me costó seguir apoyando a VOX cuando se fueron personas como Joaquín Javaloys o Fernando Paz...
Creo sinceramente que el proyecto VOX ha perdido su oportunidad, como señalaba hace pocos días Pío Moa en Twitter. No soy de los que dicen, cuando ya es tarde, lo que se debía haber hecho, porque llevo desde enero de 2014 apoyando el proyecto lealmente y a veces con mucho trabajo y esfuerzo. En este tiempo he tenido discusiones desagradables con personas amigas y con miembros de mi familia y tengo que reconocer, pasados los meses, que yo no tenía la razón, que yo estaba demasiado ilusionado con mi militancia, quizá una mezcla de ingenuidad y apasionada lealtad, quizá también vivía un sueño desesperado en el que me empeñaba en que existiera una derecha decente en España... La militancia política en un partido es algo demasiado importante, demasiado serio, porque te identifica públicamente con una serie de ideas y personas. Pues bien, yo ya no puedo estar identificado con el proyecto de VOX. Me ha costado mucho escribir estas líneas, pero me cuesta mucho más no deciros la verdad. Lo siento por Santiago Abascal, creo en su papel político, pero su claridad de propuestas básicas y cercanas a lo que muchos españoles están demandando están ahora mismo secuestradas y bloquedas, no se de qué manera pero eso es lo que percibo, por una camarilla incapaz, que tiene muchos complejos y nula experiencia política. Se han ido muchas personas válidas de VOX que solo vinieron a apoyar, sin pedir nada a cambio. Eso no ha servido para reflexionar ni para rectificar. Ahora, VOX parece un club donde las decisiones más arbitrarias las toman dos o tres personas, donde las promesas de transparencia están bien escondidas y en el que se improvisan consignas en vez de preparar argumentos sólidos sobre las polémicas actuales, se trate de Grecia, de la crisis de la Unión Europea, de la memoria histórica o del fracaso del régimen de 1978 que padecemos hoy.
Todo esto es lamentable, porque uno tiene la sensación de haber perdido el tiempo, pero de todo se aprende. Quizá esta experiencia nos sirva para sumar y no cometer los mismos errores en el futuro. Porque dos cosas sigo teniendo claras: primero, que España necesita un partido que convoque, una fuerza patriota, con preocupación social por los españoles perjudicados por el despilfarro y la corrupción, sin complejos, enfocado en el tiempo actual, radicalmente antisistema y, segunda, que VOX ha renunciado a serlo.
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martes, 21 de julio de 2015

ABORTO tardío e INFANTICIDIO neonatal en Europa. Petición a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (1890)

Aborto tardío 
e Infanticidio neonatal en Europa 
Petición al Parlamento de Europa 
(Junio 2015)
Autores: Grégor Puppink PhD (Dir.), Claire de La Hougue PhD, Andreea Popescu, Christophe Foltzenlogel. Agradecimientos especiales a: Christina Hurst, Palmer Hurst, Esther Ortiz y Jessica Rigsbee. Centro Europeo por el Derecho y la Justicia 4, Quai Koch 67000 Strasbourg, France Tel.: + 33 3 88 24 94 40 info@eclj.org http://www.eclj.org 
El Centro Europeo por el Derecho y la Justicia (European Centre of Law and Justice/ ECLJ), es una organización internacional no gubernamental dedicada a la promoción y la protección de los derechos humanos en Europa y el mundo. El ECLJ mantiene el status consultivo especial con las Naciones Unidas/ ECOSOC desde el 2007. El ECLJ trabaja en las áreas judiciales, legislativas y culturales, implementando estrategias efectivas de defensa, educación y litigio. El ECJL defiende en particular el derecho a la libertad religiosa, la vida y la dignidad de las personas ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y por medio de otros organismos ofrecidos por las Naciones Unidas, el Consejo de Europa, el Parlamento Europeo y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). El ECLJ basa su acción en “los valores espirituales y morales que son patrimonio común de sus pueblos y la verdadera fuente de la libertad individual, la libertad política y el imperio del Derecho, principios sobre los cuales se funda toda auténtica democracia” (Preámbulo del Estatuto del Consejo de Europa).

lunes, 20 de julio de 2015

FIRMA carta a Manuela CARMENA, alcalde comunista-populista de Madrid, para que en vez de quitar los nombres de calles que tuvieron relación con el régimen franquista, dedique calles a los mártires de la persecución religiosa de la II República, masónica y marxista. Lista de MÁRTIRES asesinados en 1936-7 en Madrid (1889)

(13 Julio, 2015)

La alcaldesa comunista-populista de Madrid, Manuela Carmena, ha llegado al Ayuntamiento con revanchismo y una visión parcial de la Historia. Ahora quiere quitar los nombres de calles que tuvieron relación, a su juicio, con el régimen franquista. La lista de la Asociación de Memoria Histórica, en la que se basa Carmena, incluye incluso hasta a Salvador Dalí. ¿Qué quieren, ponerle a la Plaza Salvador Dalí el nombre de plaza del asesino Carrillo? Ese que mató sin piedad en Paracuellos, mucha de cuyas víctimas son ahora mártires beatificados. Si no son sectarios y buscan la paz, que pongan nombres de calle a los mártires asesinados en la persecución religiosa del siglo XX en España. Escribe a Carmena.
Carmena está demostrando que solo le interesa su ideología, no gobernar racionalmente Madrid. Quiere poner a Zerolo una plaza en Chueca y cambiar todos los nombres de calles que tuvieron que ver con el franquismo, con el presupuesto que eso supone. Ya que, de realizarse, se debe indemnizar a los vecinos y comerciantes de esas calles por el gasto que supone, por ejemplo, en cartelería (aunque este derecho normalmente sea rechazado).
Además, habría que cambiar hasta estaciones de Metro o de Renfe. ¿Te imaginas que la estación de Fanjul estuviera en la Avenida de la Pasionaria? ¿Qué sentido tendría?
Adicionalmente esta pretensión revisionista se basa en una gran falsedad: los de un bando eran malos malísimos mientras que los del otro, los dominados por los amigos de Stalin, eran buenos buenísimos. No permitas que falseen nuestra Historia, no permitas que empiece la purga en nuestra Historia, eliminando de ella a artistas como Dalí, militares como Milán Astray y en general nombres de compatriotas que con sus luces y sus sombras forman parte de nuestra Historia. Una Historia que no hay que reescribir ni inventar, sino conocer para repetir sus logros y evitar sus errores. Errores que quiere repetir Carmena gobernando solo para unos, abriendo heridas y falseando la Historia.
¿Quién fue el principal causante de la guerra? La izquierda radical que no quería en ningún caso una República de todos sino una República comunista.
¿Qué hubiera sido de España si los amigos de Stalin, la Pasionaria y Carrillo, aquel que se abrazaba al dictador Ceaucescu, depurado por su propio pueblo, hubieran ganado? España estaría ahora al nivel de Albania seguramente, sin preocuparnos por el euro y sus tensiones pues estaríamos a años luz de nuestra actual situación económica, por muy mala que nos pueda parecer y por tanta miseria que asola a muchos de los nuestros.
Si no se le ocurren nombres para ponerle a las calles (sin cambiar las ya existentes, sino calles de nueva creación), le proponemos los nombres de los mártires de la persecución religiosa del siglo XX que murieron en Madrid.
Firma para pedir a Carmena: que, en vez de dejarse llevar por el espíritu revanchista, dedique calles a los mártires madrileños. Abajo puedes ver la lista completa de mártires, enviada también a Carmena. (Se proporciona el nombre del mártir y la fecha de su martirio. Además, en algunos casos también aparece el lugar exacto de Madrid donde fue martirizado).
- San Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana, fue martirizado en las tapias del cementerio de la Almudena el 28 de julio de 1936.
- Monseñor Manuel Basulto Jiménez, Obispo de Jaén, fue martirizado el 12 de agosto de 1936 en el Pozo del Tío Raimundo, junto con D. Félix Pérez Portela, Deán de la Catedral de Jaén.
- Dorotea Llamazares Fernández (Sor Gertrudis), Juliana González Trujillano (María Asunta) y María del Consuelo Remuiñán Carracedo (Isabel). 24 de julio de 1936 en Hortaleza.
- Engracia Andiarena Sagaseta (Sor Daría), Clementina Arambarri Fuente (Sor Aurelia) y Justa López González (Sor Aurora), religiosas de las Siervas de María, fueron martirizadas el 6 de diciembre de 1936 en Aravaca.
- Adalberto Vicente Muñoz, Silvano Villanueva González, Daniel García Antón, Aurelio García Antón, Bartolomé Andrés Vecilla, Ángel Sánchez Rodríguez, Ángel Reguilón Lobato, Francisco Pérez Pérez, carmelitas, fueron martirizados el 18 de agosto de 1936 en Carabanchel Alto. Tenían entre 18 y 23 años.
- Julio Mediavilla Concejero, Manuel Pérez Jiménez, Laureano Proaño Cuesta, Felipe Ruiz Fraile, José María Ruiz Martínez, Felipe Valcabado Granado y José Osés Sainz, pasionistas, fueron martirizados el 23 de julio de 1936 en Carabanchel Bajo.
- Rita Josefa Pujalte Sánchez (Madre Rita Dolores) fue martirizada el 20 de julio de 1936 en Canillejas.
- Mª de los Ángeles Ginard Martí, Celadora del Culto Eucarístico, fue martirizada el 26 de agosto de 1936 en la Dehesa de la Villa.
- Elvira Moragas Cantarero, Carmelita Descalza, fue martirizada el 15 de agosto de 1936 en la Pradera de San Isidro.
- María Zenona Aranzábal Barrutia, Concepción Vázquez Áreas, Teresa Vives y Missé, Josefa Boix Riera, Sinforosa Díaz Fernández, Emilia Echeverría Fernández, María García Ferreiro, Aúrea González Fernández, Lucía González García, Felipa Gutiérrez Garay, María Dolores Hernández Santorcuato, Concepción Iglesias del Campo, María Prima Ipiña Malzárraga, Josefa Joaquina Lecuona y Aramburu, Rosa López Brochier, Purificación Martínez Vera, María Dolores Monzón Rosales, Magdalena Pérez, Luisa Pérez Adriá, Blasa Pérez de Labeaga García, Belermina Pérez Martínez, Dionisia Rodríguez de Anta, Mercedes Tuní Ustech y Manuela Arriola Uranga, adoratrices, fueron martirizadas el 10 de noviembre de 1936 en el cementerio de la Almudena.
- María del Carmen Barrera e Izaguirre (Josefa María), Amparo Hinojosa y Naveros (María Gabriela) y Laura Cavestany y Anduaga (Teresa María), Inés Zudaire y Galdeano (María Inés) Martina Olaizola Garagarza (Mª Ángela), salesas, fueron martirizadas en noviembre de 1936 en los Altos del Hipódromo.
- María Felicitas Cendoya y Arraquistain, salesa, fue martirizada el 23 de noviembre de 1936 en el cementerio de Vallecas.
- José Santoja Pinsach fue martirizado el 15 de agosto de 1936 en la Pradera de San Isidro.
- Primo Andrés Lanas, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, fue martirizado el 5 de febrero de 1937.
Hijas de la Caridad. Año 1936:
- Juana Pérez Abascal, María Severina Díaz-Pardo, Estefanía Saldaña Mayoral, Mª Asunción Mayoral Peña, Melchora Cortés Bueno, Mª Dolores Barroso Villaseñor, Concepción Pérez Giral, Dolores Cao Martín, Andrea Calle González, Pilar Sánchez Suárez, Lorenza Díaz Bolaños y Josefa Gironés Arteta. Juana fue martirizada el 12 de agosto de en Entrevías; Mª Severina, Estefanía, Mª Asunción, Melchora y Mª Dolores el mismo día en Aravaca; Concepción, Dolores y Andrea en Vallecas el 3 de septiembre; Pilar el 31 de octubre; y Lorenza y Josefa el 17 de noviembre de en las Vistillas.
Salesianos: (todos en 1936 salvo cuando se especifica):
- Joaquín Rodríguez Bueno (Hermano Irineo Jacinto) y Vicente López López (Hermano Virginio Pedro). 22 de julio en el cementerio de la Almudena.
- Victoriano Fernández Reinoso. 23 de julio.
- Emilio Arce Díez. 23 de julio en la Casa de Campo.
- Sabino Hernández Laso. 28 de julio.
- Ignacio González Calzada (Hermano Rogaciano). 24 de julio.
- Miguel Solas del Valle (Hermano Anselmo Pablo), Luis Herrero Arnillas (Hermano Esteban Vicente), Juan Lanza Palanca (Hermano Crisólogo), Guillermo Álvarez Quemadas (Hermano Oseas), Eugenio García Tribaldos (Hermano Agustín María), Alejandro González Blanco (Hermano Braulio José) y Pablo Díaz de Zárate Ortiz de Zárate (Hermano Norberto José). En la Casa de Campo el 30 de julio. .
- Eleuterio Mancho López (Eleuterio Román). 3 de agosto en Puente de Vallecas.
- Nicolás de la Torre Merino. 8 de agosto.
- José María Celaya Badiola. 9 de agosto en la enfermería de la Cárcel de las Ventas.
- Alberto José Larrazabal Michelena (Hermano Junián Alberto). 18 de agosto.
- Félix González Tejedor. 24 de agosto.
- Dionisio Ullívarri Barajuán. 30 de agosto en Aravaca.
- Eusebio Angulo Ayala (Hermano Luis Victorio). 7 de septiembre en Arganzuela.
- Teódulo González Fernández. 9 de septiembre en el Camino de Maudes.
- Pedro Bruch Cotacáns (Hermano Anastasio Pedro). 14 de septiembre en Hortaleza.
- Salvador Fernández Pérez. 18 de septiembre.
- Juan Codera Marqués y Tomás Gil de la Cal (postulante). 25 de septiembre.
- José Villanova Tormo, salesiano, Virgilio y Francisco Edreira Mosquera, seminaristas. 29 de septiembre.
- Carmelo Juan Pérez Rodríguez, Juan de Mata Díez e Higinio de Mata Díez (aspirante). 1 de octubre.
- Mateo Garolera Masferrer. 2 de octubre.
- Enrique Saiz Aparicio. 2 de octubre en la calle Méndez Álvaro.
- Ramiro Frías García (Hermano Vidal Ernesto). 28 de noviembre junto al Cementerio de Vicálvaro.
- Pablo García Sánchez. 15 de diciembre.
- Juan Lucas Manzanares (Hermano Braulio Carlos). 23 de febrero de 1937 en Puente de Vallecas.
Maristas:
- Aniceto Pablos Carbajal (Hermano Ángel Hipólito). 3 de noviembre de 1936 en Aravaca.
- Ramiro Frías García (Hermano Vidal Ernesto). 28 de noviembre de 1936 en Vicálvaro.
- Euquerio Llanillo García. 4 de enero de 1937 en la Cárcel Porlier.
- Vidal García García (Hermano Jorge Camilo). En Hortaleza el 21 de agosto de 1937 con 20 años.
Capuchinos: (todos en 1936 salvo si se especifica):
- Andrés de Palazuelo. 31 de julio en la Pradera de San Isidro.
- Fernando Olmedo Reguera. 2 de agosto en el Cuartel de la Montaña.
- Alejandro de Sobradillo. 15 de agosto.
- José María de Manila. 17 de agosto en el Cuartel de la Montaña.
- Aurelio de Ocejo. 17 de agosto.
- Saturnino de Bilbao. 26 de agosto.
- Gregorio de la Mata. 27 de agosto.
- Norberto Cembranos de la Verdura, oblato capuchino. 23 de septiembre.
- Primitivo de Villamizar. 19 de mayo de 1937.
Terciarios capuchinos: (todos en 1936):
- José Arahal de Miguel. 1 de agosto en la Pradera de San Isidro.
- Francisco Tomás Serer. 2 de agosto de 1936 en las tapias del Reformatorio Príncipe de Asturias.
- Agustín Hurtado Soler (Padre Domingo María). 15 de agosto en el Retiro.
- Timoteo Valero Pérez. 17 de septiembre.
- Crescencio García Pobo. 3 de octubre.
Dominicos: (todos en 1936):
- Abraham Furones Furones (Padre Luis) y Jacinto García Riesco. 20 de julio en plena calle.
- José María López Tascón. 25 de julio.
- Víctor García Ceballos, Manuel Moreno Martínez y Eduardo González Santo Domingo, en la Estación de Atocha el 5 de agosto.
- Buenaventura García Paredes. En Fuencarral el 12 de agosto.
- Inocencio García Díez y Reginaldo Hernández Ramírez, en una checa de Madrid el 13 de agosto.
- Maximino Fernández Merinas, dominico, en la Estación de Atocha el 15 de agosto.
- Pedro Ibáñez Alonso y José María López Carrillo, en Vallecas el 27 de agosto.
- Nicasio Romo Rubio, dominico, 30 de agosto en la Pradera de San Isidro.
- Leoncio Arce Urrutia, dominico, 10 de septiembre en la Cárcel de Porlier.
- José Gafo Muñiz, dominico, 4 de octubre a la salida de la cárcel Modelo.
- Cipriano Alguacil Torredenaida, 15 de octubre.
- Jesús Villaverde Andrés, 16 de octubre en la Checa de Fomento.
Sagrados Corazones: (todos en 1936):
- Leoncio López Ramos (Padre Eladio). 8 de agosto.
- Mario Ros Ezcurra (Padre Luis). 15 de agosto.
- Gonzalo Barrón Nanclares (Padre Fortunato) e Isidro Íñiguez de Ciriano Abechuco (Padre Juan). 2 de septiembre.

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domingo, 19 de julio de 2015

INQUISICIÓN Española: LEYENDA NEGRA de la IGLESIA Católica y de España. Mentiras de la Historia. «Arma cínica de una guerra psicológica», iniciada por el Imperio Inglés y continuada por el Iluminismo Masónico que gobierna el Imperio USA. Anglicanos y Masones son los principales autores de la Leyenda Negra contra España y la Iglesia Católica (1886)


¡Termínenla con la "Inquisición Española"!
InfoCatólica-Javier Olivera Ravasi 
(8.07.15) 
Siguiendo con el tema de los posts anteriores dedicados a la Inquisición, traemos aquí un trabajo de síntesis del catedrático Prof. Dr. Juan Fernando Segovia, prestigioso investigador argentino que se ha dedicado al tema.
La inquisición española
Origen[1]
En 1232 Gregorio IX dirigió un breve al arzobispo de Tarragona, ordenándole la búsqueda y castigo de los herejes (albigenses emigrados del sur de Francia). Los primeros tribunales inquisitoriales se formaron en España el año 1242, en base a lo resuelto por el Concilio provincial de Tarragona. Los tribunales dependían del obispo de la diócesis, correspondía al provincial de los dominicos en la Península nombrar a los inquisidores. Su actuación no ha sido motivo de censuras –porque en España el problema no era la herejía-, incluso no actuó en toda España: Castilla no la conoció y operó fundamentalmente en Aragón.
Con la llegada de los Reyes Católicos al poder[2], el Santo Oficio fue instituido. En 1478 los reyes consiguen que por una bula del Papa Sixto IV se autorice la introducción de la Inquisición en Castilla. Tras lamentar la existencia en España de los falsos cristianos, el Papa se hacía eco de la petición de los monarcas, a quienes facultó para designar inquisidores a tres sacerdotes mayores de cuarenta años, expertos en teología o en derecho canónico, así como para destituirles y sustituirles libremente[3].
Esto ya nos indica la especificidad de la Inquisición peninsular: las desviaciones doctrinales o morales procedieron del orden interno, vinculadas a los judíos. Dice un historiador judío de los conversos: “muy pronto condenaron abiertamente la doctrina de la Iglesia y contaminaron con su influencia a toda la masa de los creyentes” cristianos[4]. Los testimonios podrían reproducirse hasta el hartazgo, pero lo más notable es que muchos de ellos provienen de los mismos conversos, que acusan a los judaizantes de traicionar la fe católica que han aceptado[5]. Los testimonios de la época (especialmente Pulgar y Bernáldez) así como la mayoría de los historiadores coinciden en este punto: el problema específico que motiva la Inquisición castellana y española fue el de los falsos conversos, judíos devenidos católicos que conservaban doctrinas y prácticas judaizantes, y que estaban empinados en importantes funciones: sabios, canónigos, frailes, abades, letrados, contadores, secretarios, auxiliares de los reyes y de grandes señores, informa Bernáldez[6]
Se ha dicho que los Reyes Católicos introdujeron con la Inquisición una fuente de conflicto en la pacífica sociedad española, en la que convivirían entonces cristianos, judíos y moros pacíficamente. Por el contrario, Dumont[7] y otros han demostrado que la Inquisición española fue una necesidad del orden público: una decisión por la que los Reyes Católicos cortaron el sangriento enfrentamiento entre las comunidades de conversos(judíos y moriscos) y cristianos-viejos, que venía sucediéndose desde comienzos del siglo XIV. Según la interpretación de Menéndez y Pelayo, la sociedad española recibió con los brazos abiertos a los conversos[8], pero estos no correspondieron de la misma forma[9]. Veamos este aspecto de la cuestión.
La conversión de los judíos
La conversión de los judíos –forzada o no, es algo que no puede afirmarse de modo general para todos[10]- se produce en el siglo XIV y, desde entonces, los conversos progresan en la sociedad y en la administración real, tomando a su cargo –entre otras tareas importantes- la recaudación de impuestos a comienzos del siglo XV. Además del comercio y de las profesiones liberales, los conversos acceden a la administración de justicia, la diplomacia, la administración municipal e incluso la central. Algunos se ennoblecieron, otros ingresaron a la Iglesia llegando hasta las altas jerarquías.
En este contexto el dominico valenciano san Vicente Ferrer, a comienzos del siglo XV, apoyado por Benedicto XIII, propuso convencer a los judíos sin violencia, pero con presiones indirectas: se trataba de mantener separados a los rabinos de sus fieles y de ubicarlos en barrios especiales, vistiendo ropas distintivas, para que así comprendieran su estado miserable y dieran el paso definitivo hacia la conversión. Sus predicaciones multitudinarias en Valencia, Segovia, etc., consiguieron muy buenos frutos entre judíos y moros, como arrepentimientos entre los cristianos[11].
En este clima tuvo lugar la célebre Disputa de Tortosa (1413-1414), una catequesis en la que los más célebres rabinos expondrían sus dudas ante los teólogos cristianos -entre ellos, el converso Jerónimo de Santa Fe- para provocar la conversión por vía deductiva. Los resultados fueron positivos en lo inmediato, aunque no a mediano plazo[12].
Los primeros años del reinado de Enrique IV, sin señales de actividad represora, constituyen una etapa expansiva de la vida conversa; incluso su reinado, de 1454 a 1474, puede ser visto como un tranquilo intervalo entre las turbulencias pasadas y las que habrían de venir.
Es la conversión de los judíos y las prácticas judaizantes de algunos de ellos lo que provocará la reacción de los viejos católicos. Existió un cierto celo por las posiciones que algunos alcanzaron con los beneficios del poder. En el siglo XV, por caso, se produjeron tensiones para apartar a los conversos de cargos y oficios, hasta que el rey Juan II se vio obligado a ordenar, en 1444, que tales conversos fueran tratados como si hubieran nacido cristianos y se les reconociera la plenitud de derechos.
Pero el problema central era con los falsos conversos (judaizantes) que, además, medraban de las instituciones regias. En Toledo, en el año 1449, un grupo de rebeldes se levantó contra los judíos y dictó una Sentencia-Estatuto que establecía una serie de limitaciones legales aplicables a los conversos. La controversia llegó a Roma, y el papa promulgó tres bulas contrarias a los rebeldes y al movimiento anti-marrano[13].
Es de notar que en este conflicto siempre hubo del lado español de los cristianos viejos, defensores de los marranos, al igual que críticos. Los primeros aducían motivos religiosos y creían en la veracidad de la conversión, sin que existieran enconos raciales; los segundos no sólo acusaban a los marranos de ser judaizantes (no confiaban en una conversión verdadera) sino también por motivos políticos (hacerse del poder o entregar el poder a un tirano, en la cuestión de Toledo). Lo ocurrido en Toledo se repitió más tarde en Ciudad Real, Córdoba y en Segovia, entre otras ciudades en las que hubo enfrentamientos sangrientos.
A mediados de siglo, después de las primeros enfrentamientos violentos, ya era prácticamente imposible el retorno a los métodos de san Vicente Ferrer, porque algunos clérigos tenían miedo al contagio intelectual y religioso que unos y otros -judíos y conversos- podían provocar en la fe. Sobre todo preocupaba el relativismo moral y religioso de muchos conversos. Y antes de establecer la Inquisición, entre 1478 y 1480, se realizó una campaña previa de evangelización pacífica, aunque de resultados infructuosos[14].
El cronista de los Reyes Católicos, Fernando del Pulgar (converso y crítico de la Inquisición) da cuenta y asegura que algunos conversos judaizaban en secreto, es decir, el problema de los judaizantes era real, afectaba la paz de los reinos. Una obra compuesta en 1461 por fray Alonso de Espina, Fortalitium fidei, quien habría de ser años más tarde confesor de Isabel la Católica, manifestaba las mismas dudas y los mismos problemas. Los testimonios en el mismo sentido son abundantes[15].
Los Reyes Católicos, en 1478, pidieron al papa Sixto IV el establecimiento de la Inquisición; el Papa dictó la bula Exigit sincerae devotionis, de 1º de noviembre, que implantó finalmente la Inquisición en Castilla, considerando que los conversos eran un caso de herética pravedad (deshonestidad)[16]. Por dos años quedó sin aplicación –como las anteriores-, hasta que el 17 de septiembre de 1480 los Reyes Católicos designaron los primeros inquisidores. Fernando el Católico escribe al papa una carta, de 13 de mayo de 1482, en la que hace referencia a los “errores o delitos” de los conversos, habiéndose descubierto “cómo muchos que eran tenidos por cristianos vivían no sólo no cristianamente, sino que prescindían de cualquier ley”. Pidió al papa mayores poderes reales para la Inquisición en Castilla, y el 15 de marzo de 1482, el papa responde a la petición del monarca con la bula Dum fidei catholicae, que la autoriza con unos inquisidores que para ser nombrados deberían contar con el asentimiento pontificio.
Queda así claro a qué causa se debe la Inquisición española y cuál fue su finalidad. Los Reyes Católicos se vieron en la necesidad de castigar la herejía judaizante por dos motivos: para evitar una nueva matanza no sólo de judíos, sino, también, de los nuevos conversos. Se creía así evitar la expulsión del pueblo judío, como habían hecho de manera más o menos completa, los musulmanes en 1066, Inglaterra en 1290, Francia en 1182 y nuevamente en 1306 y 1394, Italia en 1342, los Países Bajos, en 1350, los países germanos entre 1424 y 1438 (y aun antes en 1348 y 1375); etc.[17]
Propósito
Inicialmente el tribunal fue creado para frenar la heterodoxia entre los bautizados: las causas más frecuentes eran las de falsos conversos judíos (marranos) y también los musulmanes conversos[18]. Pronto, sucedida la Reforma, se añadió el luteranismo (especialmente en Sevilla y Valladolid); y un movimiento pseudo místico, falsamente cristiano que se conoce como los alumbrados[19].
Dentro de los delitos contra la fe se consideraban la blasfemia, que podía ser expresión de herejía; y la brujería, la magia y otras supersticiones[20]. También se perseguían delitos de carácter moral como la bigamia o el adulterio. Estos casos, si bien no correspondían exactamente a la competencia del Santo Oficio, fueron perseguidos en tanto pudieran traducir algún desvío en materia de fe, y muchas veces, como observa Dumont, para aliviar los castigos de la justicia civil.
Promediando el siglo XVI se ha probado que la Inquisición juzgaba principalmente a los luteranos, también a los moriscos e incluso a viejos cristianos (por el delito de solicitación), disminuyendo sensiblemente la investigación de los judaizantes[21]. Más específicamente: los protestantes no afincados en la península, que transitaban como extranjeros, estaban protegidos por acuerdos internacionales (como el que firmó Felipe III en 1604 con el rey de Inglaterra). Los protestantes acusados solían ser curas y fieles católicos que apostataban silenciosamente de la fe[22]
Ya concluyendo el siglo XVIII, bajo los borbones, la Inquisición cumplió una función más bien política: fue un instrumento de lucha contra las ideas ilustradas y revolucionarias, especialmente francesas, y contra los movimientos que las apoyaban, como la masonería.
En consecuencia, el origen de la Inquisición española, tanto como su finalidad, no ha de hallarse ni en el antisemitismo[23] (porque no tenía jurisdicción sobre los no bautizados[24]), ni en el afán de enriquecimiento (apoderarse de los bienes de los conversos), ni en el control ideológico; simplemente, la Inquisición responde al aseguramiento de la ortodoxia cristiana, amenazada por las desviaciones de los cristianos nuevos y, consiguientemente, al logro de la paz en los reinos[25]. Como afirmaba Sixto IV en la bula recapitulatoria de 2 de agosto de 1483, la institución se justificaba porque
“había muchos que, comportándose aparentemente como cristianos, no habían temido ni temían seguir cada día los ritos y costumbres de los judíos, y los dogmas y preceptos de la perfidia y superstición judaica, y abandonar la verdad tanto de la fe católica y de su culto como la creencia en sus artículos”.
La unidad de la fe era –para Isabel y Fernando- el fundamento de la comunidad política, de donde deriva la noción de la monarquía católica, que implica el deber de custodiar la unidad de la fe frente a las amenazas que la ponen en peligro. Es cierto que este concepto de la España unida por la religión florece y se fortalece bajo Felipe II (1556-1598), pero cuando los Reyes Católicos España ya era católica. No era, como pretendió Américo Castro y hoy otros, una sociedad multicultural en la que convivían católicos, judíos y musulmanes. La catolicidad de España le viene de su misma formación como nación[26]; existían en ella otros pueblos, -especialmente los judíos, con los que los españoles alcanzaron un gran mestizaje[27]- pero no en condición de igualdad ni como expresión de un relativismo religioso o moral.
Que la finalidad era religiosa, pruébase también por dos actos típicos de la Inquisición: primero, antes de abrir su actuación en alguna ciudad, se publicaba un edicto de gracia concediendo plazo (30 a 40 días) para que voluntariamente se acusaran los herejes de sus delitos contra la fe, recibiendo si lo hacían el perdón e imponiéndoseles sanciones menores. Además, era habitual que el Tribunal expidiera edictos de gracia en cualquier momento de su actuación, cuando se advertía un rebrote de herejía, para evitar a judaizantes y otros herejes sanciones más graves. Luego, antes que de rigor, la Inquisición hacía gala de misericordia.
[1] Inquisicion-espanola: Véase José Antonio Escudero, “Los Reyes Católicos y el establecimiento de la Inquisición”, en Anuario de Estudios Atlánticos, n° 50 (2004), pp. 357-393; Llorca, Historia de la Inquisición en España, cap. III, pp. 61 y ss.
[2] Fernando era rey de Aragón y lo fue hasta su muerte (1479-1516). Isabel era reina de Castilla y León, y lo fue hasta su muerte (1474-1504). Casaron en el año 1469 y desde el fin de la guerra de sucesión castellana (1479) consolidaron la monarquía española: expulsaron a los moros y conquistaron el reino de Granada, conquistaron el reino de Navarra, expandieron el poderío español a suelo italiano (Nápoles), recuperaron el Rosellón y Cerdeña, se establecieron en el norte de áfrica, descubrieron y conquistaron América
[3] En el año 1484 se reinstala la Inquisición en Aragón y más tarde se extiende a América. Será definitivamente suprimida en 1834, muerto ya Fernando VII.
[4] Cecil Royh, A history of the marranos, Philadelphia, 1959, cit. en Dumont, Proceso contradictorio a la Inquisición española, p. 13.
[5] Dumont, Proceso contradictorio a la Inquisición española, pp. 153-155.
[6] Cit. en Juan Manuel Ortí y Lara, La Inquisición (1877), Ed. E. P. C., S. A., Barcelona, 1932, pp. 142-143.
[7] Dumont, Proceso contradictorio a la Inquisición española, pp. 222-235. Para el contexto histórico del establecimiento de la Inquisición, véase el resumen de Cristián Rodrigo Iturralde, La Inquisición. Un tribunal de misericordia, Vórtice, Buenos Aires, 2011, pp. 144 y ss.
[8] La recepción pacífica de oleadas de conversos se constata en las crónicas, que no registran incidentes entre cristianos viejos y nuevos hasta el s. XIV.
[9] Para la leyenda negra los padecimientos de España se deben a su oscurantismo que tiene su máxima expresión en la Inquisición. Con grave ironía escribió Menéndez y Pelayo: “¿Por qué no había industria en España? Por la Inquisición. ¿Por qué somos holgazanes los españoles? Por la Inquisición. ¿Por qué duermen los españoles la siesta? Por la Inquisición.” Marcelino Menéndez y Pelayo, La ciencia española, ed. 1953, p. 102.
[10] Los conversos fueron principalmente judíos que por las persecuciones religiosas se hicieron cristianos, dudándose de la autenticidad del acto, pues muchos de ellos solicitaron el bautismo para continuar practicando en secreto los ritos judaicos.
[11] Dumont, Proceso contradictorio a la Inquisición española, pp. 210-211.
[12] Por ejemplo: 13 de los 14 rabinos que intervinieron en la disputa se convirtieron al catolicismo. Dumont, Proceso contradictorio a la Inquisición española, p. 150.
[13] Alcanzado un acuerdo entre ambos bandos que trajo la reconciliación política, los rebeldes toledanos pidieron que el papa cancelara las bulas de 1449, lo que se consiguió con otras dos bulas que Nicolás V en 1451. El papa promulgó el mismo día a petición de Juan II una tercera bula, el 20 de noviembre, introduciendo la Inquisición no sólo en Toledo sino en todo el reino de Castilla. La reacción de los conversos fue rápida, pues el 29 de noviembre, el mismo papa promulgará otra bula más(Considerantes ab intimis), reiterando la doctrina tradicional respecto a la igualdad de conversos y cristianos viejos.
[14] Dumont, Proceso contradictorio a la Inquisición española, pp. 59-60.
[15] No puede menos que leerse la historia de duplicidad conversa de la familia Arias Dávila. Uno de ellos, Juan, llegó a ser obispo de Segovia, abandonando la sede y refugiándose en Roma luego de manifestarse abiertamente judaizante. Dumont,Proceso contradictorio a la Inquisición española, pp. 209-221.
[16] La bula pontifica hace referencia a la aparición de muchos que, “regenerados en Cristo por el sagrado baño del bautismo… y adoptando apariencia de cristianos, no han temido hasta ahora pasar o volver a los ritos y usos de los judíos”.
[17] Los datos están aportados en casi todas las historias de la Inquisición. Véase por caso Cristián Rodrigo Iturralde, La Inquisición. Un tribunal de misericordia, Vórtice, Buenos Aires, 2011, pp. 126-27.
[18] Dice el P. Juan de Mariana, Historia de España, libro XXIV, cap. XVII, que “por ver que la causa de la grande libertad de los años pasados, y por andar moros y judíos mezclados con los cristianos en todo género de conversación y trato, muchas cosas andaban en el reino estragadas. Era forzoso, con aquella libertad, que algunos cristianos quedasen inficionados: muchos más, dejada la Religión Cristiana, que de su voluntad abrazaran convertidos del judaísmo, de nuevo apostataban y se tornaban a su antigua superstición”. Las acusaciones más corrientes en los procesos inquisitoriales era precisamente que esos que se llamaban cristianos, no lo eran, porque trabajaban en domingo y descansaban en sábado; no comían la carne de los mataderos de los pueblos, porque ellos la querían matar a su manera; que asistían a las reuniones de las sinagogas y no iban a la Iglesia parroquial, etc.
[19] J. C. Nieto, «L’hérésie des Alumbrados», en Revue d’Histoire et de Philosophie Religieuses, nº 66 (1986), pp. 403-418.
[20] La brujería no alarmó tanto a la Iglesia como la herejía. El concilio de Valence de 1248, que se ocupa de los brujos y de los sacrílegos, no los trata de heréticos y los coloca ante el obispo, que no los
condena, aunque impenitentes, más que a la prisión o a otra pena más ligera. Pero la brujería ofrece muchas formas más o menos graves: la adivinación, la magia, el sortilegio, la alquimia y sobre todo el culto a los demonios y los pactos demoníacos que se realizan en el sabbat. La bula de Alejandro IV en 1264, Quod super nonnullusformula la distinción fundamental entre los sortilegios simples y los sortilegios con “sabor herético”: los primeros permanecen bajo la competencia de las curias diocesanas; pero las prácticas que manifestaban sabor de herejía pasan a la competencia de la Inquisición. Nicolás V resolvió en el año 1451 que los adivinos serían en adelante competencia de la Inquisición, aunque ellos no se dijeran herejes. Los quirománticos, los astrólogos y los simples adivinos fueron desde entonces asimilados a los demoníacos. La bula de Inocencio VIII, de 1484, Summis desiderantesfue el punto de partida de los tratados doctrinales para la investigación y el castigo de los demoníacos. Por otro lado, en la Inquisición española casi no hubo represión de la brujería, porque no la hubo hasta entradas las noticias y libros de Europa; en todo caso, considerada una enfermedad del espíritu, se la trató con indulgencia y predicación. Dumont, Proceso contradictorio a la Inquisición española, pp. 231-232.
[21] Iturralde, La Inquisición. Un tribunal de misericordia, pp. 113-114.
[22] Iturralde, La Inquisición. Un tribunal de misericordia, p. 239.
[23] Como lo ha pretendido el libro Los orígenes de la Inquisición en la España del siglo XV de Benzion Netanyahu (Crítica, Barcelona, 2000, 1269 pp.), en el que afirma que la institución se creó como un instrumento de política racista, que pretendía una «solución genocida»: el exterminio de los conversos. Véase la crítica de José Antonio Escudero, “Netanyahu y los orígenes de la Inquisición española”, en Revista de la Inquisición, n° 7 (1998), pp. 9-46.
[24] Dumont, Proceso contradictorio a la Inquisición española, p. 33.
[25] José Antonio Escudero, “La Inquisición en España”, en Historia 16, nº 48 (1996).
[26] Ver José Fermín Garralda Arizcún, “En torno a las raíces judías de España: España y Sefarad”, en Verbo, n° 299-300 (1991), pp. 1351-1378.
[27] Dumont, Proceso contradictorio a la Inquisición española, pp. 151-152.

Javier Olivera Ravasi 
(9.07.15)
Tópicos en torno a la Inquisición española

Javier Olivera Ravasi 
(11.07.15)
La tortura
En el proceso inquisitorial, para obtener la confesión, se apeló a la tortura, pero sobre fundamentos muy diferentes de los del antiguo derecho romano. Desde la segunda mitad del siglo XIII hasta fines del siglo XVIII, la tortura formó parte del procedimiento penal ordinario de la mayor parte de los estados de Europa y también de la Iglesia, sólo en caso de delitos cuyo castigo implicara la muerte o mutilación (ésta, no aceptada por la Iglesia, que expresamente la prohibió, diferencia de las inquisiciones protestantes). Para el canonista Bouix, no es medio intrínsecamente pecaminoso ni injusto[1].
La tortura estaba rodeada de protocolos de precaución: no podía ser desmedida ni causar muerte ni daños permanentes; debía ser del tipo ordinario, ya que se desaprobaban las nuevas torturas; debía hacerse en presencia un médico, y un notario debía elaborar un informe oficial del procedimiento. Aun en tales condiciones las confesiones obtenidas bajo tortura no eran válidas. Tenían que obtenerse igualmente después de aplicada la tortura[2]. La tortura no se aplicaba sino en casos en que la sentencia no fuese ni absolutoria ni condenatoria, es decir, únicamente en aquellos en que persistía la firme duda de herejía[3]. Nunca fue medio probatorio ni tampoco pena.
De más está decir que, frente a acusaciones infundadas, la compulsa de procesos en expedientes y archivos de la Inquisición, permite comprobar que el procedimiento inquisitorial estaba rodeado de garantías a favor del acusado. No me detendré en ellas, pues pueden leerse en los buenos libros.
El tormento ya era utilizado desde antes en los tribunales civiles, y en el de la Inquisición tuvo otra finalidad: al acusado confeso y arrepentido se lo libraba de la muerte, lo que no ocurría en el ámbito civil. En 1252 Inocencio IV autorizó, por primera vez, el uso de la tortura en casos de herejía (bula Ad Extirpanda). Para los inquisidores era una penitencia más que un castigo, servía a otro propósito, penitencial antes que punitivo, asegurar el arrepentimiento. Las torturas no llegaban a mutilar o matar al acusado. Los manuales de los inquisidores precisaban que la tortura no debía ser infligida sino en casos muy graves y cuando las presunciones de culpabilidad eran ya muy serias, requiriendo de una sentencia especial. Al igual que con la pena de muerte, las exageraciones forman parte del mito y no de la historia.
Según Escudero, se aplicaba la tortura cuando el reo entraba en contradicciones o era incongruente con su declaración; cuando reconocía una acción torpe pero negaba su intención herética; y cuando realizaba sólo una confesión parcial. “Los medios utilizados fueron los habituales en otros tribunales, sin acudir nunca a ninguna otra presión psicológica que la derivada del propio miedo al dolor.” Es decir, no fue un medio sistemático para obtener la confesión sino extraordinario para casos en que era dable presumir la mentira[4].
Un historiador clásico de la Inquisición, el norteamericano Charles S. Lea, ya en el siglo XIX reconoce que la tortura del Santo Oficio fue menos cruel que la estatal y menos frecuente, y que también era más restringida y limitada que aquella de que hacían uso los tribunales romanos. Y uno más actual, Kamen, afirma que “no debemos exagerar el significado de la tortura o de la pena de muerte. Salvo algunas excepciones importantes, la tortura se empleaba poco, y las cifras por muertes inquisitoriales han sido consistentemente exageradas.” [5]
Dumont afirma que si la Inquisición española entabló casi 50 mil procesos inquisitoriales, como sostiene el historiador Gustav Henningsen (49.092), usó de la tortura sólo en el 2% de los casos[6].
Las penas
Las sentencias condenatorias daban lugar a que el reo fuera penitenciado, reconciliado o quemado en la hoguera. Los penitenciarios debían abjurar de sus errores. Ante una cruz y con la mano puesta sobre los evangelios, el reo juraba acatar la fe católica. Si la falta había sido leve, aceptaba ya entonces, para el caso de una recaída futura, ser declarado impenitente con las penas oportunas. Si la falta había sido grave, se daba por enterado de que, caso de reincidir en ello, sería declarado relapso con el consiguiente castigo en la hoguera. Pero el arrepentido, es decir, el no pertinaz, era perdonado de su delito (desaparecía el crimen) y sólo se aplicaban penitencias canónicas y obras pías. Lo que prueba que se juzgaba, antes que el delito, la intención. Ante ningún tribunal civil el arrepentimiento era motivo de perdón; sí ante la Inquisición.
Las penas fueron regladas y fijas[7].
1º) El sambenito, o saco bendito, era un hábito penitencial cuyo uso arranca de la Inquisición medieval. Cuando el sambenito era impuesto como pena, era amarillo con la cruz de San Andrés bordada en la espalda y en el pecho. En los primeros tiempos se castigó a llevar el sambenito de por vida, pero luego las sentencias solían equiparar la obligatoriedad de su uso con el tiempo de reclusión o bien, imponían durante un cierto período.
Dentro de las penas menores también estaban las peregrinaciones y las obras pías.
2º) El castigo de los azotes fue muy corriente y tuvo carácter público. Los penitenciados, subidos en asnos y desnudos hasta la cintura, recorrían las calles con una capucha en la cabeza donde constaba su delito, mientras el verdugo iba propinando los azotes con la penca o látigo de cuero. Lo normal era recibir doscientos azotes.
3º) La cárcel fue también una pena muy común, oscilando el tiempo de reclusión entre unos meses (la prisión perpetua se remitía en unos pocos meses y nunca más de tres años)[8]. En los primeros años, fue frecuente el recurso de que cumplieran la reclusión en sus propias casas[9]. Desde mediados del siglo XVI se impuso el sistema de los establecimientos permanentes, conocidos como casas de la penitencia o de la misericordia, donde imperaba una cierta laxitud.
4º) La condena a galeras fue peculiar de la Inquisición española, dejó de emplearse a mediados del siglo XVIII. Para las mujeres, el castigo equivalente fue el trabajo en hospitales y casas de corrección.
5º) La pena de muerte en hoguera se aplicaba solamente al hereje contumaz no arrepentido (pertinaz) y al reincidente en delitos graves (relapso). Mas primero se le ahorcaba y luego era enviado al fuego; son muy raros los casos de condenados quemados vivos. Ha sido uno de los temas más discutidos y por el cual se ha acusado de genocidio a España y la Inquisición.
Recuérdese aquí la opinión de Santo Tomás de Aquino sobre las penas aplicables a los herejes:
“Respondo diciendo que en relación con los heréticos dos cosas deben ser consideradas, una por parte de los mismos heréticos, y otra por parte la Iglesia. Por parte de los mismos heréticos, es pecado por el que merecen no sólo ser separados de la Iglesia mediante la excomunión, sino aún excluidos del mundo por la muerte. Porque es más grave corromper la fe, que es la vida del alma, que falsificar la moneda que es medio de subvenir a la vida temporal. De donde, si los falsos monederos u otros malhechores son justamente castigados a la muerte por los príncipes seculares, con más fuerte razón los heréticos, desde que ellos están convencidos de herejía, pueden ser no solamente excomulgados, sino justamente asesinados.
“En cuanto a la Iglesia, como ella es misericordiosa y busca la conversión de los culpables, ella no condena inmediatamente al herético, pero lo exhorta una primera y una segunda vez, como dice el Apóstol (Tit. 3,10) al arrepentimiento. De manera que si el herético permanece obstinado y si la Iglesia desespera de su conversión, la Iglesia proveerá a la salud de los otros separándolos por medio de la excomunión y el abandono al juicio secular para que éste los extermine del mundo por la muerte.”[10]
Los muertos por la Inquisición
Las extraordinarias cifras que Llorente dio en el siglo XIX (más de 341 mil víctimas: 31.912 personas quemadas, otras 17.659 en efigie o estatua, y 291.450 condenadas a penas graves), han sido corregidas por los historiadores actuales. Por caso, Escudero afirma que, en cuanto al número de víctimas, la Inquisición no llegó probablemente a ejecutar a un 2% de los acusados, esto es unas 600 personas a lo largo de tres siglos[11]. Kamen lo pone de otro modo: 3 personas por año, contando España, Italia y América, muchos menos de los que mandaban a ejecutar los tribunales seculares.
Dumont, cuestiona incluso esta cifra menor: las ejecuciones fueron muy pocas, afirma, y no se ejecutaron científicos, escritores ni humanistas[12].
Más allá de la cifra verdadera, tan difícil de aportar pero jamás tan increíble como la inventada por Llorente, habrá que decir con Joseph de Maistre que si se comparan los muertos en España con los muertos que provocaron las guerras de instalación del protestantismo en Europa, la ventaja a favor de España es inmensa[13]. Efectivamente, compárese con los protestantes:
-Calvino en un solo día, mandó a la hoguera a 500 herejes;
-Calvinismo en Holanda y Suiza: ejecutaron a todos los curas y monjes de 400 iglesias y conventos;
-Enrique VIII de Inglaterra para instalar el anglicanismo mandó matar más de 200.000 católicos;
-María Tudor (Bloody Mary) ejecutó a casi 60.000 personas por brujería;
-Jacobo I de Inglaterra: se le atribuyen en su reinado (1603-1625) unas 500 víctimas al año;
-Anglicanismo: se estima que se condenaros a muerte más de 264.000 personas por diversos delitos, a razón de 800 por año; etc.
La censura
La idea de que la Inquisición fue un aparato de control ideológico tampoco resiste el análisis. La orden de no leer libros prohibidos se acató, pero no se cumplió, como han demostrado varios autores. La Inquisición, en realidad, luego de un primer enfrentamiento con los sectores más ilustrados, fijó su atención en el control de las capas sociales menos instruidas (mujeres, jóvenes, no universitarios)[14].
¿Control ideológico? Es un prejuicio ilustrado. En principio, la censura estaba a cargo, no del Tribunal, sino de los calificadores, teólogos expertos de las universidades de Alcalá y Salamanca[15]. Se olvida que en esos siglos el 90% de la población no sabía leer. Por lo mismo, para la Iglesia el púlpito era un recurso mucho más útil para enmendar los espíritus que la censura. Además, el sistema de licencias ejercido con bastante liberalidad permitió la circulación de las ideas y los libros en mayor medida de lo que suele reconocerse[16]. Finalmente, el extraordinario desarrollo intelectual que en letras y ciencias tuvo la España desde mediados del siglo XV hasta algo más de la mitad del siglo XVII, coincide con el período de mayor actuación de la Inquisición[17]. “Jamás se ha escrito ni más ni mejor en España que durante los dos siglos de oro de la Inquisición”, asienta Menéndez y Pelayo[18].
Digámoslo con Ortí y Lara:
“¡Estrechos los moldes de donde salió la filosofía de Suárez, la ciencia jurídica de Soto, la erudición de Vives, la lengua de Cervantes, el teatro de Calderón, el genio de Herrera y de Murillo!”[19]

Javier Olivera Ravasi
(13.07.15)
VI.- Algunas consideraciones finales
En primer lugar, se comete un error cuando a la Inquisición se la juzga desde un punto de vista político y no religioso, olvidando que ésta es la naturaleza del problema (la herejía) y de la institución (el Tribunal). Por ejemplo, un historiador tan cauto como lo es Kamen afirma: “No estamos considerando los problemas religiosos como tales, sino un problema sociopolítico en el cual la Iglesia jugaba un papel crucial.”[1]
Se pierde de vista, así, la finalidad de la institución, se desvirtúa por lo mismo su sentido[2], tribunal primordialmente religioso y secundariamente político, que apuntaba a la corrección del hereje como fin principal y, derivadamente, a la eliminación de la discordia resultante. La Inquisición española fue, en todo caso, un tribunal mixto, como afirman el P. Azcona y Junco, para entender en cosas de fe y religión[3]. Hay que tener siempre presente el sentido religioso de la Inquisición, que se fundamenta y sostiene en la tradición apostólica de velar y cuidar con ferviente celo el depósito de la fe.
Si dejamos de lado esta cuestión corremos el riesgo del historicismo y por ende del relativismo. Así, cuando Juan Pablo II pidió, en varias ocasiones, perdón por los errores y las culpas de los cristianos, e incluso por los “errores eclesiásticos”[4], juzga desde una perspectiva mundanamente condescendiente la Verdad de la Iglesia –que es sobrenatural, divina-, diluyéndola en actos humanos correspondientes a un tiempo y lugar dados, juzgados históricamente, con la mentalidad de la época que es ajena a la nuestra.
LEYENDA NEGRA: Mentiras de la Historia de la Iglesia 
«Arma cínica de una guerra psicológica»
Iniciada por el Imperio Inglés y continuada por el Iluminismo Masónico que gobierna el Imperio USA. Anglicanos y Masones: principales autores de la Leyenda Negra contra España y la Iglesia Católica

De todos modos, tal como reconoce Maltby, «fueran cuales fuesen los defectos de su gobierno, en la historia no hubo ninguna nación que igualara la preocupación de España por la salvación de las almas de sus nuevos súbditos». Hasta que la corte de Madrid no sufrió la contaminación de masones e «iluminados», no reparó en gastos ni en dificultades para cumplir con los acuerdos con el Papa, que había concedido los derechos de patronato a cambio del deber de evangelización.
Los resultados hablan; gracias al sacrificio y al martirio de generaciones de religiosos mantenidos con holgura por la Corona, en las Américas se creó una Cristiandad que es hoy la más numerosa de la Iglesia católica y que, a pesar de los límites propios de todas las cosas humanas, ha dado vida a una fe «mestiza», encarnada por el encuentro vital de distintas culturas. A diferencia de lo ocurrido en Norteamérica, en Centroamérica y Sudamérica el cristianismo y las culturas precolombinas dieron vida a un hombre y a una sociedad realmente nuevos respecto a la situación precolombina (Leyenda negra/6-pagina 47).
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sábado, 18 de julio de 2015

ALZAMIENTO Nacional del 18 de Julio de 1936: CRUZADA de Liberacion de la MASONERÍA y del Marxismo. Contra-Revolución preventiva a la del Frente Popular Estalinista en Agosto. Renacimiento de la HISPANIDAD de los Reyes Católicos y de la España imperial de los Austrias. Francisco Franco (1881)

(José Calvo Sotelo, el protomártir de la Cruzada)
Fernando García de Cortázar
(6/7/2015)
«Frente a ese Estado estéril, yo levanto el concepto del Estado integrador, que administre la justicia económica y que pueda decir con plena autoridad: no más huelgas, no más lockouts, no más intereses usurarios, no más fórmulas financieras de capitalismo abusivo, no más libertad anárquica, no más destrucción criminal contra la producción. Si ese es el Estado fascista, yo, que participo de la idea de ese Estado, yo, que creo en él, me declaro fascista.»
El 16 de junio de 1936, José Calvo Sotelo, líder del Bloque Nacional, realizó una de sus postreras intervenciones en las Cortes. Con un Gil Robles desplazado por la radicalización de la sociedad española, los discursos del diputado monárquico alcanzaban una gran resonancia por lo que tenían de oposición absoluta a las acciones y omisiones del régimen republicano y a su propia legitimidad de origen y ejercicio Entre todas las personalidades de la derecha más intransigente, el tribuno gallego fue ganando fuerza tras el regreso de su exilio y recoger el acta de diputado conseguida en las elecciones de 1933. Su oposición a la estrategia posibilista del caudillo de la CEDA le permitió adquirir un rango de singular potencia y proyección social cuando el triunfo del Frente Popular y el crecimiento de la violencia política en España clausuraron las expectativas e ilusiones que se habían forjado en los ámbitos más abiertos de la derecha. Sin haber tenido fortuna en su esfuerzo por reunir a todos los grupos resueltamente antirrepublicanos en el Bloque Nacional, sí pudo hacer que su palabra constara, en el relato profundo de la historia, como la voz de quienes estaban dispuestos a enfrentarse a aquel trance, convencidos de que la pasividad ante el desbordamiento de los sectores moderados del gobierno solo conduciría a una catástrofe nacional.
En la que fue la más tensa y aguerrida de sus intervenciones parlamentarias, interrumpida reiteradamente por las protestas de los diputados de izquierda, Calvo Sotelo estaba jugándose la vida. Se levantó para increpar al gobierno por su debilidad ante los desórdenes públicos y no dudó en declarar ilegítima la victoria del Frente Popular de febrero de 1936, lograda con los votos de una CNT que se consideraba ahora desligada de cualquier compromiso con el republicanismo. Denunció la agitación revolucionaria del marxismo que no pretendía alcanzar la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera, sino la pura y simple captura del poder para establecer la dictadura del proletariado. Criticó la pasividad del Estado ante los conflictos sociales, manifestando lo que en el mundo occidental de los años treinta iba a convertirse en evidencia: la necesidad de que los gobiernos intervinieran enérgicamente en las relaciones laborales para corregir las injusticias, aplacar las demandas inasumibles y proporcionar un orden económico al servicio del progreso de la nación y el bienestar de todos los ciudadanos. Era urgente, pensaba, modificar concepciones políticas basadas en un ingenuo liberalismo que perseguían volver la espalda a los fenómenos de intervención estatal que estaban dándose en Estados Unidos, Francia o Bélgica, y que se habían convertido en norma de las potencias fascistas.
La excitación del debate llevó a Calvo Sotelo a proferir unas palabras que, recogiendo en buena medida el extremismo de su propio pensamiento, iban a resultar fatales para su suerte personal: «Frente a ese Estado estéril, yo levanto el concepto del Estado integrador, que administre la justicia económica y que pueda decir con plena autoridad: no más huelgas, no más lockouts, no más intereses usurarios, no más fórmulas financieras de capitalismo abusivo, no más libertad anárquica, no más destrucción criminal contra la producción. Si ese es el Estado fascista, yo, que participo de la idea de ese Estado, yo, que creo en él, me declaro fascista.»
Podemos imaginar el alboroto que se produjo entre los diputados al escuchar una palabra que representaba el punto de ebullición de la política europea de aquellos años y que había sido el eje central del alegato de Casares Quiroga al tomar posesión de la presidencia del gobierno. Para algunos fascistas de primera hora, como el encarcelado José Antonio Primo de Rivera, poco amigo del dirigente monárquico, se trataba de una impostura más que denunció en su boletín clandestino de vida efímera y nombre retador "No importa". Para hombres como Gil Robles, venía a corroborar el proceso de fascistización en el que se refugiaban sectores de la clase media conservadora, que se sentían indefensos, y amplios ambientes de juventud que creían ver brillar en él una esperanza de patriotismo.
El debate parlamentario llegó a su momento de máxima tensión cuando el primer ministro advirtió al líder del Bloque Nacional del alcance subversivo de sus palabras: «Después de lo que ha dicho …de cualquier cosa que pudiera ocurrir que no ocurrirá, le haré responsable ante el país». La respuesta de Calvo Sotelo adquirió una premonitoria vehemencia : «Me doy por notificado de la amenaza de su señoría. …yo acepto con agrado y no desdeño ninguna de las responsabilidades que se puedan derivar de actos que yo realice, y las responsabilidades ajenas, si son para bien de mi patria y para gloria de mi España las acepto también. Yo digo lo que Santo Domingo de Silos contestó a un Rey castellano: ‘Señor, la vida podéis quitarme, pero más no podéis.’ Y es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio.»
Antes de cumplirse un mes de estas palabras, una noche de julio se adentró en el aire de Madrid. Parecía una noche más de aquel estío lleno de inquietud, atestado de incertidumbre, hundido en la cólera, el resentimiento y la conspiración. Era una noche que, cuando se inició, ni siquiera sabía que estaba destinada a ser la primera de una larga serie de noches de espanto que se abrieron paso en la atmósfera española desde aquel mes de julio de 1936. Cuando el pistolero socialista que formaba parte de una cuadrilla, engrosada con guardas de asalto, asesinó a Calvo Sotelo, aquella no era una noche más, sino el inicio de una sola, de una inmensa, de una atroz noche, a cuyo fondo de miseria moral y de conciencia a oscuras avanzó España entera, en un largo viaje sin orillas morales, sin cauces de compasión, sin horizontes de esperanza.
Fernando García de Cortázar
Sacerdote jesuita e historiador español. Galardonado con el Premio Nacional de Historia 2008, es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto
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