Desde que estallara la guerra entre Rusia y Ucrania, el pasado 24 de febrero, las amenazas y la tensión entre ambos bloques no ha parado de crecer. Ahora, con más de cuatro meses de conflicto, los rumores de una guerra nuclear, que antes se pensaban improbables, ahora son escenarios planteados por los propios presidentes de los países contendientes.
Vladímir Putin, máximo mandatario ruso, lanzó una amenaza de tal envergadura a los países de la OTAN y la UE el pasado sábado, cuando recibió en San Petersburgo a su homólogo bielorruso Alexander Lukashenko.
Este encuentro tenía como motivo principal la entrega de misiles de corto alcance, Iskander-M, al país vecino. Estos misiles tienen capacidad de portar cabezas nucleares.
Putin y Lukashenko, una alianza vital
“En los próximos meses vamos a entregar a Bielorrusia los sistemas tácticos Iskander-M, que, como se sabe, pueden emplear misiles balísticos y de crucero, tanto en configuración la habitual como en la nuclear”, dijo Vladímir Putin.
Asimismo, el presidente ruso recalcó la necesidad de garantizar la seguridad de todos los miembros de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, formados por Armenia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Rusia y Bielorrusia.
Putin: “Europa sería reducida a cenizas”
El argumento que da Vladímir Putin para justificar la entrega de estos misiles, es que Estados Unidos está haciendo lo mismo. Es decir, sobrevolando la frontera de Bielorrusia con estos aviones y portando cabezas nucleares a los seis países miembros de la OTAN. Además, lanzó la amenaza de una guerra nuclear de la que nadie quiere oír.
“Europa sería reducida a cenizas en una guerra nuclear con Rusia”, dijo Putin, pero también afirma que por el momento “no hay necesidad” de una respuesta de tal calibre.
El presidente ruso instó a Lukashenko que modernizara sus aviones Su-25 y que inicie el proceso de entrenamiento de los pilotos. Lukashenko, según las fuentes rusas, pidió la ayuda de Rusia para “ajustar” los aviones que tienen a su disposición, capaces de portar las ojivas nucleares porque “no se puede bromear con estas acciones de la OTAN”.
Estos misiles que Rusia está otorgando a Bielorrusia tienen un alcance de 500 kilómetros y capacidad para transportar cabezas nucleares.
Nuestro colaborador Fernando Baquero Oroquieta, autor de Biografía no autorizada del PNV (AQUÍ), actualmente uno de los libros más vendidos en Amazon, nos descubre la cara más oculta, desconocida y turbia del PNV y del separatismo vascongado en una interesantísima entrevista que para ÑTV le ha realizado Norberto Pico, director del programa de dicho canal Señas de Identidad. No se la pierdan.
Es precisamente la mudanza lo que hay que evitar en 2022. Y entre Pedro y Pablo, apuesto por Pedro. La tarea de Francisco es la misma que la de Pedro
Miércoles 29 de junio, día de San Pedro y San Pablo, el Día del Papado. Buen momento para recordar que los cristianos no somos críticos sino discípulos.
Este es el día del óbolo de San Pedro y naturalmente el día para rezar por el Papa, en este caso por Francisco.
Tampoco es el momento de cambios globales sino de conversiones particulares. El catolicismo ha pasado a ser minoría... pero el poder de Dios no ha disminuido ni un ápice
Lo más peligroso es que la antipatía se convierta en sedevacantismo, en oposición abierta al Papa, es decir de pasar de crítico a traidor. En primer lugar, por aquello de "no toquéis a mis ungidos". También porque, claro que Francisco ha cometido errores. El problema está en colocarse como árbitro de los errores del Papa, porque los árbitros también se equivocan, sobre todo cuando juzgan a alguien de "superior criterio".
Así que, la actitud del cristiano en este día de San Pedro y todos los días, es la de 'todos con Francisco'. Si no es el mejor Papa es el Papa verdadero y en tiempos de tribulación no conviene hacer mudanzas... que dijo el Papa Negro. Es precisamente la mudanza lo que hay que evitar... precisamente en 2022.
Si San Pedro hubiera vivido en nuestra época sería judío sefardí
Tampoco es éste el momento de cambios globales sino de conversiones particulares. El catolicismo ha pasado a ser minoría, aunque el poder de Dios no haya disminuido ni un ápice. Lo que quiero decir es que el hombre es libre para elegir entre el bien y el mal, no para cambiar el mundo, porque eso no depende de uno sino de todos... y sobre todo de Dios.
No vayamos a comportarnos, desde el punto de vista llamemos ortodoxo, como el heterodoxo Hans Küng, aquel ensoberbecido teólogo suizo, convencido de que él no debía ser Papa para no perder su don de la infabilidad.
El hombre es libre para elegir entre el bien y el mal, no para cambiar el mundo porque eso no depende de uno, sino de todos... y de Dios
En 29 de junio, festividad de San Pedro y San Pablo. A mí me gusta más Pedro que Pablo. Pedro era más bruto que un arado pero dispuesto a aprender sabiduría, bruto que se convirtió en un teórico de la paz, hambriento de poder que gobernó con más templanza que ninguno, más amigo del arrepentimiento que de la desesperación, poco templado pero a la postre prudente, valiente con la espada, cobarde con la criada. Era el prototipo del español. Si hubiera vivido siglos después, el judío Pedro sería sefardí, seguro.
Pablo es el apóstol brillante... pero Pedro se preocupó de la tarea más humilde y más importante: decidir qué es lo que Pablo debía predicar. No tocar la doctrina y encima hacerla comprensible a un mundo sin fe. ¡Anda!, como el de ahora mismo, para quien fue escrito aquello de "cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?".
La tarea de Francisco es más difícil que la de Pedro: en el siglo I la gente tenía conciencia de pecado, en 2022 la hemos perdido
Miren por dónde: la tarea de Francisco es la misma que la de Pedro. Y a lo mejor, hasta más difícil, porque la sociedad del siglo I tenía conciencia de pecado antes de oír hablar de Cristo. La sociedad de 2022 ha perdido su sentido del pecado... tras despreciar a Cristo. Los del siglo I tenían excusa, los del XXI somos recalcitrantes.
Oiga, y entonces, ¿usted no pega un brinco con cada noticia sobre el Papa actual? Todos los días, pero esa es otra historia: todos con Francisco y que dure muchos años.
Tras el discurso de clausura del Segundo Consejo Nacional de Falange, que tuvo lugar en el cine Madrid de la Plaza del Carmen, el 17 de noviembre de 1935, los dirigentes de la formación comenzaron a gestar la idea crear un himno que cerrara de manera solemne y grandiosa este tipo de actos y otras celebraciones organizadas por la Falange. La idea tuvo una aceptación inmediata, empezando por el propio José Antonio: «voy a reunir a una escuadra de nuestros poetas y hasta que no lo tengamos no los suelto». Entre los elegidos para componer esa escuadra de poetas se encontraban Agustín de Foxá, José María Alfaro, Rafael Sánchez Mazas, Pedro Mourlane Michelena, Jacinto Miquelarena y Dionisio Ridruejo. De la música se encargaría el compositor Juan Tellería. Tras asistir al estreno de la película “La Bandera”, parte de los elegidos se reunieron en casa de Marichu Mora, donde José Antonio los convocaría para el día siguiente: «Os espero mañana por la noche en la cueva del Or-kompon. Irá el músico. Si falta alguno, mandaré que se le administre el ricino». Al parecer la “administración de ricino” constituía un método infalible para aunar voluntades y evitar discrepancias.
La cueva del Or-Kompon era un restaurante vasco que se encontraba en la calle Miguel Moya. Agustín de Foxá recogería este momento en su libro “Madrid de corte a checa” y escribiría posteriormente en 1940 un relato ampliado para Ediciones Españolas con ilustraciones de Carlos Saenz de Tejada, donde narraba la gestación del himno aquella noche del 3 de diciembre de 1935. En su narración nos describía el restaurante: «Era una especie de cueva con acuarelas de Guipúzcoa en los zócalos, carros de bueyes rojos con lana sobre la testuz, caseros de boina, frontones, maizales y curas con paraguas bajo los cielos plomizos de Loyola», tal vez la presencia en el grupo de los vascos Mourlane Michelena, Miquelarena o Sánchez Mazas que se había criado en Bilbao, así como el maestro Tellería, influyó en la elección del local. Aquella noche solo se escribiría la letra del himno, la música había sido compuesta un año antes por Juan Tellería y llevaba por título “Amanecer en Cegama”, localidad natal del músico, a la que se añadirían posteriormente las estrofas que nacerían aquella noche en el Or-Kompon. A algunas personas el inicio de esta melodía les recuerda el comienzo de La Marsellesa.
José Antonio Primo de Rivera
con uniforme falangista durante un mitin
Además de los poetas ya citados y el propio José Antonio, formaban parte del grupo Agustín Aznar y Luis Aguilar, dos hombres de “acción” de Falange, famosos por lo contundente de sus métodos. La misión de ambos no era tanto vigilar ante un posible amenaza (en aquellos tiempos los enfrentamientos armados entre falangistas y miembros de otras organizaciones opuestas era algo habitual), como evitar la “deserción” de los allí reunidos hasta que la letra no estuviera compuesta. Si fallaba la amenaza del ricino, allí estaban Aznar y Aguilar como segunda línea de persuasión.
Nada mejor que el relato de Agustín de Foxá, uno de los testigos y protagonistas, para hacernos una idea de lo que ocurrió en la Cueva del Or-Kompon aquella noche:
El tema de la conversación de aquella noche fue el teatro y la música. Se comentó El joven piloto, zarzuela de Luis Bolarque y de Jacinto Miquelarena.
Había un gran jaleo de vasos; los mozos trajeron chacolí, sidra y bacalao; alguien dijo:
—Vamos a hacer una sangría.
Después de la cena, el maestro Tellería se puso al piano. Tocaba pasodobles y tangos.
—Oye; toca eso que hiciste el otro día.
Sonó una música enérgica, alegre y guerrera.
—¿Te gusta, José Antonio?
—Está bien. ¿A ver cuántos poetas hay aquí?
Nos contó, añadiendo:
—Vamos a hacer un himno para que lo canten los chicos.
Un mozo trajo unas cuartillas y nos desperdigamos por las mesas. Bolarque, con su fino oído musical, hacía los “monstruos”, es decir, las estrofas sin sentido que llenaban la música y que luego había que sustituir por otras poéticas. Recuerdo que uno de ellos era:
“Adiós, adiós, el Capitán se va.”
Hecho sin duda, bajo la influencia de la desoladora estrofa de José María Alfaro que ya hemos citado. Trazó el plan José Antonio.
—Nuestros muchachos exigen una canción alegre, de guerra y de amor, pero exenta de odio. No ha de ser engolada ni solemne. En la primera parte debemos hablar de la novia; luego, de la muerte, haciendo una alusión a la guardia eterna de las estrellas, y después algo sobre la paz y la victoria.
Con su voz caliente, un poco nasal, nos recitó media estrofa que ya traía pensada:
Traerán prendidas cinco rosas
las cinco flechas de mi haz.
El músico, despeinado, golpeaba las teclas. Yo escribía en una mesa entre migas de pan y las peladuras en espiral de la fruta. Quise poner un arranque brioso.
De cara al sol con la nueva camisa
que me bordaste ayer.
José Antonio y Rafael Sánchez Mazas hicieron algunas modificaciones. Se suprimió la preposición “de” y se puso “camisa nueva” por necesidades de rima. En el segundo verso se añadieron las palabras “tú”, que daba energía y perfilaba la idea de la novia, y “en rojo” porque resultaba corto ese verso. Hubo una larga pausa. Todos meditaban sobre las cuartillas y algunos mordían el lápiz y miraban al techo. Al final se nos acercó Ridruejo leyéndonos un papel arrugado. Había modificado una idea de José Antonio y añadido el verso completo.
Volverán banderas victoriosas
al paso alegre de la paz.
No fue tan fácil capturar el adjetivo “alegre”. En los primeros papeles (que Bolarque conservó hasta la revolución) aparecían los adjetivos “recio” y “fuerte”.
No recuerdo exactamente quién lo propuso. Únicamente sé que, cuando quedó flotando en el aire, hicimos el ademán de cogerlo con la mano. Eso era. Alegre.
—Eso, eso es magnífico.
Aznar, que vigilaba la puerta, preguntó por José María.
—Está arriba en la barra. Voy a buscarle.
No salía la segunda estrofa. A mí me resultaban barrocos todos los intentos basados en centurias formadas sobre nubes y desfiles pálidos de muertos. Bajó Alfaro y nos recitó la estrofa de la sonrisa de la primavera.
Volverá a reír la primavera
y será la vida, vida nueva.
Eran las dos y media de la madrugada. Encendí un pitillo, algunos querían marcharse pero Agustín Aznar y Luis Aguilar vigilaban la puerta.
—De aquí no sale nadie.
Campanudo y taciturno, don Pedro Mourlane, el canciller, como le llama José Antonio en las cenas de Carlomagno, tachaba con una línea de lápiz el segundo verso, que ya no iban a repetir los camaradas, y escribía con letra menuda encima unas palabras. Preguntó:
—¿No os gusta más esto?
Que por cielo, tierra y mar se espera.
Todos aprobamos unánimes y le felicitamos.
José María Alfaro acaba de encontrar la palabra decisiva, la promesa del amanecer de España. Escribió al lado de José Antonio:
¡Arriba, escuadras, a vencer,
que en España empieza a amanecer!
Impaciente propuso Bolarque:
—Aunque el himno está incompleto, vamos a cantarlo.
José Antonio se frotaba infantilmente las manos y nos agrupamos todos alrededor del piano. Se abrieron los primeros compases. Comenzamos a cantar. La música sonaba vibrante; eran voces juveniles que invocábamos a la muerte y a la victoria; nos poníamos firmes inconscientemente y levantábamos el brazo.
Era que estaba allí el himno arrebatándonos, sorprendiéndonos a nosotros mismos, vivo ya, independiente, desgajado de sus autores.
En los ojos de José Antonio brillaba una luz de entusiasmo velada por una ligera tristeza. Le parecía escuchar en la apartada calleja las pisadas rítmicas de sus camaradas que marchaban hacia un frente desconocido. Y se imaginó a sus mejores, pronunciando moribundos en la tierra, en el mar y en el aire, aquellas palabras que hacía unos minutos sobre el papel no eran nada y que ya no pertenecían a los poetas.
Comentaba José Antonio, todavía enardecido:
—Ha quedado estupendo.
Añadía:
—Le haremos cantar en la calle de Alcalá con acompañamiento de pistolas.
Exaltábale Rafael:
—Esto es lo bueno, lo popular, los consonantes fáciles: “lleva” con “nueva”.
Aludía a los dos versos de la primera estrofa.
Flotaba sobre las mesas el humo denso de los pitillos. Salimos de “Or-Kompon”. Hacía frío aquella noche. Subimos por Alcalá, entre faroles, levantándonos los cuellos de los abrigos. Al día siguiente en el despacho de mi padre –espadas, cotas de malla, viejos libros ilustrados por Gustavo Doré- encontré yo la estrofa de los caídos. José Antonio había interpretado poéticamente el más allá por medio de la estrellas. Fui fiel a su idea; pero, por razones métricas, escribí, en lugar de estrellas, “luceros”. Me quedó así la estrofa:
Si caigo aquí, tengo otros compañeros
que montan ya la guardia en los luceros,
impasible el ademán,
y están
presentes en nuestro afán.
Fui por la noche a buscar a José Antonio y se la leí. Como la estrofa resultaba corta con relación a la música, añadió él estos tres versos:
“Si te dicen que caí” y “volverán banderas victoriosas”
láminas de Carlos Saenz de Tejada (1940).
Si te dicen que caí, me fui
al puesto que tengo allí.
Le hice un reparo.
—Dos veces “caí” no me gusta.
—Tienes razón.
Entre los dos escribimos:
Formaré juntos a mis compañeros
que hacen guardia sobre los luceros.
Acabábamos de hacer la Canción de la Falange. Bajamos los dos por la calle de Ológaza y me despedí de José Antonio. Tardé varios días en volverle a ver. Por la Gran Vía pasaban grupos de gente que salían del “Cine Avenida”, donde acaba de estrenarse la película titulada La Bandera. Había neblina en los faroles.
Todo esto sucedía exactamente el cuatro de diciembre del año 1935.
Agustín de Foxá
El himno tendría su puesta de largo el 2 de febrero de 1936 en un multitudinario mitin en el cine Europa de Madrid de la calle Bravo Murillo, en el corazón del barrio de Tetuan, que era conocido por aquel entonces como “la pequeña Rusia” por la fuerte implantación que las formaciones izquierdistas y anarquistas tenían en la zona. Desde ese día el “cara al sol” pasaría a formar parte esencial de la estudiada simbología y cuidada puesta en escena que la nueva formación política incluía en todos sus actos públicos. Durante la guerra se convertiría en todo un clásico, tanto en las celebraciones y actos oficiales, como entre la tropa, que lo adoptó como un canto propio. Su popularidad fue en aumento en paralelo al aumento de la influencia que la Falange iba adquiriendo en la zona franquista, aunque para muchos esa influencia no era tal, sino que más bien se trataría de una fagocitación del naciente régimen del ideario falangista, necesitado de una base ideológica sobre la que sustentar su identidad. Esta “apropiación”, que implicaba también la fusión con los carlistas en una misma organización, causaría malestar entre muchos “camisas viejas” que entendían que se había perdido la esencia de los principios fundacionales. Este malestar llevaría a muchos de ellos a la cárcel, e incluso a ser condenados a muerte, como el propio Manuel Hedilla, sucesor de José Antonio al frente de la Falange tras la muerte de este, quien sería condenado a dos penas de muerte por conspirar contra Franco, penas que le serían finalmente conmutadas.
José Antonio Primo de Rivera con Julio Ruiz de Alda,
Raimundo Fernández Cuesta y otros falangistas,
fotografiados en febrero de 1936 a la salida de un mitin
en el cine Europa de la calle Bravo Murillo.
Finalizada la contienda, el “Cara al Sol” tomaría carácter de himno oficial del nuevo régimen junto con el “Oriamendi” y la propia “Marcha Real”. Su presencia era constante en la vida pública española, llegando incluso a cantarse en las escuelas. Seguramente ninguno de los asistentes a la cena en la Cueva del Or-Kompon en aquella fría noche de diciembre de 1935 imaginaron el destino que le esperaba a su creación.
Álvaro Romero es la voz más irreverente de Madrid. Directo e incorrecto pero siempre con la verdad -o, al menos, con su verdad- por delante, reparte andanadas a diestra y siniestra a partes iguales. Utópico y romántico, es de los pocos que aún creen que España no es un concepto discutido y discutible y que a la Patria se la puede amar como a una mujer, aunque no siempre será correspondido. Y, por si fuera poco, todavía aspira a conseguir la Justicia Social.
Daniel Miguel López Rodríguez (Huelva, 1980) es Licenciado en filosofía por la Universidad de Sevilla. Máster de Filosofía y Cultura Moderna. Doctor en Filosofía (Sobresaliente Cum Laude) bajo la tesis titulada "Materialismo y espiritualismo. La crítica del materialismo filosófico al marxismo-leninismo" e Investigador asociado a la Fundación Gustavo Bueno. Autor de “La Revolución de Octubre y el mito de la revolución mundial”, así como de numerosos artículos en la revista “Posmodernia. Recientemente ha publicado en 2021 “El coronavirus y el 8 de marzo”. ¿Por qué decidió escribir un libro sobre la historia del globalismo?
Porque es un tema que siempre me interesó mucho desde que lo conocí a raíz de la publicación en 2004 de La vuelta a la caverna. Terrorismo, guerra y globalización de Gustavo Bueno. El libro de Bueno, además de esclarecedor, era demoledor con la ideología de la Globalización oficial. Por tanto, al introducirme en estos temas con Bueno, nunca fui víctima del mito de la globalización. El «virus» del globalismo no me enfermó porque ya estaba «vacunado».
Pero el libro de Bueno era más bien una filosofía de la globalización y me pareció oportuno escribir una historia del globalismo, es decir, de las instituciones que defienden la globalización (y las que yo trato Bueno no citaba en su libro, y esa sería precisamente mi aportación).
Entonces la distinción que hace Bueno entre globalización positiva (que es realmente existente a través de los medios de comunicación y transporte) y la globalización aureolar (que aspira a una unificación de la humanidad a través de un sistema de gobernanza mundial, o directamente mediante un «Estado Mundial») me pareció muy potente, como otras clasificaciones que expone Bueno que también se aplican en mi libro, para entender la trama de las instituciones globalistas (lideradas por la plataforma anglosajona) y sus implicaciones con la globalización positiva que sí es efectiva y que, salvo hecatombe mundial (como pueda ser una guerra nuclear) es algo irreversible (esté la cosa más o menos interconectada).
A su vez, me pareció importante, dada la confusión y oscuridad general que hay sobre estos temas, explicar la trama de las instituciones globalistas (Mesa Redonda, Chatham House, CFR, Club Bilderbrerg, Comisión Trilateral) criticando las teorías de la conspiración mundial, que diagnostico como «conspiranoicas». Y al mismo tiempo arremeto contra el oficialismo ingenuo o más bien hipócrita.
Es un libro de filosofía de la historia de la globalización crítico con el llamado «Nuevo Orden Mundial» que ni conspiranoicos ni oficialistas quieren que el público lea. Es un libro incómodo tanto para los unos como para los otros. Pero en filosofía rigurosa, al margen de retórica y demagogia, lo que se pretende es ser rigurosos y no complacientes. ¿Cuál es la principal filosofía que hay detrás del Nuevo Orden Mundial?
La principal crítica que en el libro hago del llamado «Nuevo Orden Mundial» es su monismo, es decir, su fantasiosa pretensión de querer unificar la multiplicidad política que recubre el globo terráqueo en un sistema de gobernanza mundial.
Respondiendo a su pregunta, la filosofía de los «nuevoordenmundialistas» es, pues, el monismo, que plantea la realidad geopolítica como si algún día fuese posible que todo estuviese relacionado y conectado con todo, como si los países del planeta algún día se unificasen bajo un solo Estado. Cuando, si nos damos un baño de realidad, lo que necesariamente se impone es la pluralidad, la cual implica discontinuidad (frente al continuismo más o menos armónico de la filosofía monista).
Aquí está la crítica a la teoría de la conspiración mundial que, necesariamente, al menos desde nuestra óptica materialista pluralista, es conspiranoica, esto es, disparatada, descabellada y por ende imposible; frente a la necesidad prácticamente irreversible (salvo, insisto, por hecatombe mundial) de la globalización positiva. ¿Por qué se pregunta si existen sociedades con poderes omnímodos sobre la humanidad, cuando para muchos es evidente?
Esos «muchos» (y realmente lo son, aunque todavía son muchos más los oficialistas, porque controlan los principales medios de comunicación) tienen la evidencia que podían tener los hombres de la Antigüedad o la Edad Media, esto es, la evidencia de que el Sol gira en torno a la Tierra porque veían como salía por el Este y se ponía por el Oeste. Entonces era algo de sentido común, porque era lo que creían la inmensa mayoría de los mortales, al verlo con sus propios ojos. Pero desde hace unos siglos sabemos que eso es un disparate astronómico, por mucho que sigamos viendo cómo el astro rey sale por un horizonte y se precipita por el otro.
Para algunos es evidente que el mundo está controlado, o está en camino de ser controlado (de ahí lo de idea aureolar), por una camarilla de magnates que mueven los hilos a su antojo. Y a su vez creen que los demás seres humanos, prácticamente toda la humanidad, somos ganado. Pero el mundo es demasiado grande para estar en manos de una camarilla, por muy multimillonarios que sean sus miembros.
Lo que podemos llamar «época globalista», es decir, cuando los globalistas dominaron el mundo (no como Estado mundial sino como hegemonía mundial) a través de Estados Unidos como superpotencia unipolar, va desde la caída de la Unión Soviética hasta el apogeo de China y la remilitarización de Rusia en los últimos años, ha mostrado que el mundo es multipolar, pues aun con todo el poderío que tenía Estados Unidos tras el derrumbe soviético, no ha sido posible imponer un Estado mundial, que es tanto como hablar de un Imperio Universal (de hecho, la paraidea de Estado Mundial es una redefinición de la también paraidea o idea-límite de Imperio Universal, que plantearon tanto españoles, Imperio Católico, como los británicos).
Estados Unidos no ha podido homologar la democracia al resto del planeta, poniendo así el «fin de la historia», como decía Fukuyama en 1989 con su famoso artículo y en 1992 con su libro El fin de la historia y el último hombre. La pluralidad y las discontinuidades de la geopolítica real se han impuesto inexorablemente. ¿Cuáles son las principales sociedades mundialistas y cómo funcionan?
Las principales instituciones mundialistas (en el libro, siguiendo a Gustavo Bueno, se hace una distinción entre «globalización» y «mundialización» que aquí no podemos exponer) son los think tanks más influyentes geopolíticamente hablando: el Royal Institute of International Affairs del Reino Unido (la Chatham House), el Council on Foreign Relations de Estados Unidos, el Grupo Bilderberg y la Comisión Trilateral. Estas son las principales organizaciones que el mundo anglosajón (en alianza con las élites europeas a través del Bilderberg y también con las japonesas mediante la Trilateral) pone como palancas de su dominio internacional.
Funcionan discretamente aunque no son tampoco un completo secreto. De hecho todas estas organizaciones (que si bien son muy semejantes no son exactamente lo mismo) tienen su página web y todo el mundo a poco que investigue sabe que existen y que están ahí, y que tienen su influencia, que a veces es enorme. Eso sí, desconocemos los planes y programas que en sus reuniones y congresos llevan a cabo, aunque a veces y a través de testigos presenciales se filtran informaciones. ¿Por qué tienen como objetivo común establecer el llamado Nuevo Orden Mundial?
El llamado Nuevo Orden Mundial no es más que la hegemonía de las potencias anglosajonas que se sirven de estas instituciones, de los mencionados think tanks, para imponer su hegemonía mundial. Creen que sin su orden vendría el caos. «O nosotros o el caos», podría ser su lema. Es lo que Bueno llama mito apotropaico, pues los globalistas creen que sin su orden mundial, el orden mundial de las potencias anglosajonas (principalmente de Estados Unidos, aunque no hay que olvidar al Reino Unido dadas las riquísimas familias que allí hay, como la familia Rothschild), lo que vendría sería el caos mundial.
Este mito apotropaico lo dice expresó muy bien en 1997 Zbigniew Brzezinsky, la mano izquierda de David Rockefeller, en su libro El gran tablero mundial: «Las consecuencias perjudiciales de la explosión de la población, las migraciones motivadas por la pobreza, la urbanización radical, las hostilidades étnicas y religiosas y la proliferación de armamento de destrucción masiva pasarían a ser incontrolables si el marco existente y subyacente basado en los Estados naciones -pese a su rudimentaria estabilidad política- pasara a fragmentarse. Sin una participación estadounidense sostenida y directa, antes de mucho tiempo las fuerzas de desorden global podrían dominar la escena mundial. Y la posibilidad de tal fragmentación es inherente a las tensiones geopolíticas, no sólo a las de la Eurasia actual sino a las del mundo en general». ¿Por qué no se ha podido instaurar el Nuevo Orden Mundial?
Viendo lo que ha pasado en estas tres décadas tras la caída de la Unión Soviética es evidente que una sola superpotencia no puede quedarse con todo el poder mundial. La dialéctica se impone, porque es la misma realidad. En cambio, sí podríamos hablar de un nuevo orden mundial positivo, como lo fue una vez que el mundo dejó de estar dividido en dos bloques, dos superpotencais, tras el derrumbe soviético. Entonces, como decía Bush padre, se instauraba un nuevo orden mundial («a new world order»), esto es, el orden mundial de Estados Unidos como única superpotencia. Pero a este orden mundial le sucedió otro orden mundial en el que otras potencias compiten con Estados Unidos. El espectáculo de las dialécticas de Imperios continúa.
Muchos afirman que el experimento de la pandemia global estaba encaminado a ese fin.
Si los globalistas han pensado que con una pandemia tal y como la que hemos vivido en estos dos años y medios iban a imponer el Gobierno Mundial entonces son más ingenuos de lo que yo pensaba.
Ahora bien, eso es algo que le han atribuido teóricos que yo denomino como «conspiranoicos». Eso sí, hay que advertir, porque ocultarlo sería una impostura y los conspiranoicos me señalarían con toda la razón de desinformador, que el 18 de octubre de 2019 se celebró en Nueva York el Evento 201, un simulacro de pandemia de un coronavirus que saldría de Brasil y que acabaría con la vida de 60 millones de personas que organizaron el Instituto John Hopkins, la Fundación Rockefeller, la Fundación Bill y Melinda Gates y el Foro de Davos, es decir, los globalistas. ¿Casualidad?
Los hay que dicen que en política, y menos aún en geopolítica y globalismo, no existen las casualidades. No obstante, no hay pruebas de que haya causalidad entre el Evento 201, o los organizadores del mismo, con la pandemia de COVID-19.
El origen del virus viene a ser algo así como un misterio guardado en un secreto envuelto en un enigma. Podría ser perfectamente natural o no. Nadie se pone de acuerdo y hay versiones dispares. En mi libro El coronavirus y el 8 de marzo (Adarve, 2021) suspendo el juicio. Ignaramus, ignarabimus? ¿Cuál es el escenario geopolítico actual y sobre todo que considera que nos puede deparar el futuro?
El escenario geopolítico actual, marcado por la pandemia (que a ver si termina) y la guerra de Ucrania, ni que decir tiene que es muy complicado.
Ya no vivimos en el mundo unipolar en el que Estados Unidos era la única superpotencia una vez derrumbado el gigante con pies de barro soviético. Ahora seguimos teniendo a Estados Unidos como superpotencia (desde luego) pero China ya se puede decir, y desde hace unos años, que es una superpotencia (al menos en lo económico y en lo tecnológico). Y Rusia está demostrando que hay que contar con ella en el escenario geopolítico, como no puede ser de otra manera tratándose de una superpotencia nuclear (posiblemente la mayor del mundo).
Vivimos, pues, en un mundo tripolar, esto es, con tres superpotencias desiguales: Estados Unidos, China y Rusia. Aunque también hay que contar con el Reino Unido y con la India (un país con 1.300 millones de habitantes y con bomba nuclear).
La Unión Europea no tiene potencia geopolítica como muestra su vasallaje a Estados Unidos. Con la guerra de Ucrania esto se ha hecho más evidente (si es que cabía más evidencia, porque ésta ya era notable).
Sobre el futuro a largo plazo no voy a decir nada porque no soy profeta, pero a corto plazo no hace falta ser profeta para pronosticar que lo tenemos muy difícil. España está sometida a la UE (que no es más que el eje franco-alemán) y ésta a su vez -como digo- está sometida a Estados Unidos. Mucho tendrán que cambiar las cosas para encontrar una salida no tan desastrosa a esta crisis. Pero como el futuro está vacío… Pues ya se verá.
Javier Navascués Subdirector de El Correo de España. Presentador de radio y TV, speaker y guionista. Ha sido redactor deportivo de El Periódico de Aragón y Canal 44. Ha colaborado en medios como EWTN, Radio María, NSE, y Canal Sant Josep, Adelante la Fe, del que fue director, y Agnus Dei Prod. Actor en el documental del Cura de Ars y en otro trabajo contra el marxismo cultural, John Navasco. Tiene vídeos virales como El Master Plan o El Valle no se toca. En la actualidad cuenta con un blog en el prestigioso portal InfoCatólica y puntualmente participa en Somatemps, Ahora Información, Español Digital y Radio Reconquista en Dallas, Texas. Colabora con el programa de Javier Cárdenas de OKDIARIO.