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martes, 25 de octubre de 2022

FRANCO no fue un Dictador. Democracia Orgánica en España, Estado autoritario y corporativo. Pensamiento político del general FRANCO (1937-1971). ESPAÑA es la Cuna mundial del Parlamentarismo: 'Carta Magna' de Alfonso IX de León (1188)

Democracia Orgánica
FRANCO no fue un Dictador
Santiago Clavijo
10-setiembre-2018

La democracia orgánica es el sistema político instaurado en España por el franquismo en 1942, en el que la representación popular no se ejercía a través del sufragio universal sino a través de las relaciones sociales que la dictadura consideraba "naturales" como la familia, el municipio y el sindicato. Rechazaba los principios liberales y los partidos políticos.
La concepción orgánica de la sociedad se remonta a los estoicos. En la edad contemporánea, esta idea la hace suya el idealismo alemán con Hegel y la filosofía krausista, que tan en boga estuvo en Europa en todo el segundo tercio del siglo XIX, y que fue difundida en España por el catedrático Julián Sanz del Río y sus discípulos, Nicolás Salmerón, Federico De Castro y Fernández, Giner de los Ríos...
Teóricamente la democracia orgánica tiene su modelo histórico en la organización gremial de la Baja Edad Media. Mientras las ideologías libertarias son asociativas, las corporativistas son tradicionalistas y jerárquicas.
El franquismo no se proclamaba como dictadura, sino como democracia orgánica, régimen teorizado en España por socialistas como Fernando de los Ríos, conservadores, liberales como Salvador de Madariaga, masones krausistas de la Institución Libre de Enseñanza y católicos monárquicos de Acción Española.

Organicismo en la II República (1931-1939)
Tras la proclamación de la Segunda República Española se crea una comisión para elaborar un anteproyecto de Constitución. El anteproyecto suscrito por Ángel Ossorio y Gallardo responde al esquema orgánico que, siguiendo la línea corporativista del idealismo germano, habían defendido en España los krausistas. Proponía un bicameralismo para el poder legislativo: un Congreso elegido por sufragio universal en circunscripciones provinciales y un Senado corporativo. El Senado se compondrá de 250 Senadores: 50 elegidos por las Provincias o Regiones con sus Municipios; 50 por las representaciones obreras de los grupos de Agricultura, Industria y Comercio; 50 por las representaciones patronales; 50 por las Asociaciones de profesionales liberales, y otros 50 por las Universidades, Instituciones culturales y confesiones religiosas. La supresión del Senado de España se decidió por 150 votos contra 100 en la sesión de 27 de octubre de 1931. Tras perder la votación, Ossorio acusó a los diputados conservadores y agrarios, que se habían retirado del Parlamento, de no haberle apoyado para impedir el triunfo del unicameralismo que preconizaban los socialistas.
España Nacional (1936-1978)
El proceso de institucionalización jurídico-política del régimen franquista como “Estado autoritario y corporativo”, abierto con la primera Ley Fundamental, el Fuero del Trabajo (1939), se concretó en clave organicista a partir de la Ley de Cortes (1942-43). A lo largo de tal proceso, cerrado con la aprobación de la Ley Orgánica del Estado (1966-1967). se implantó la Democracia orgánica: Cortes Españolas, Consejo del Reino, Sindicalismo vertical, Consejo Económico y Social de España y Corporaciones profesionales.
A diferencia de las democracias liberales la democracia orgánica consideraba que en lugar de los partidos políticos, los órganos naturales de asociación eran tres: la familia, donde se nace; el municipio, donde se vive; el sindicato, donde se trabaja.
Fuente: wikipedia

León es la Cuna mundial del Parlamentarismo

Patrimonio documental de España  
Registro de la Memoria del Mundo (2013)
El corpus documental de Los “Decreta” (o Decretos) de León de 1188 contiene la referencia al sistema parlamentario europeo más antigua que se conozca hasta el presente. Estos documentos, cuyo origen se remonta a la España medieval, fueron redactados en el marco de la celebración de una curia regia, en el reinado de Alfonso IX de León (1188-1230). Reflejan un modelo de gobierno y de administración original en el marco de las instituciones españolas medievales, en las que la plebe participa por primera vez, tomando decisiones del más alto nivel, junto con el rey, la iglesia y la nobleza, a través de representantes elegidos de pueblos y ciudades.
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La Democracia Orgánica en España [1943-1967] 
Los teóricos y las ideas
Marzo 2009
Instituciones de la Democracia Orgánica en España 
Hacia un Estado autoritario y corporativo

Democracia orgánica y franquismo
15 febrero, 2016 

Y ya que nos centramos en el caso especial de España, haremos una breve exposición sobre el régimen franquista, que se definió como “democracia orgánica”. En ella los votos no iban a los partidos, tildados de montajes “artificiales”, sino que se ejercía a través de los organismos “naturales” como la familia (donde se nace), el municipio (donde se vive) o el sindicato (donde se trabaja), o las corporaciones profesionales y culturales. El sindicato vertical agrupaba a obreros y empresarios, y en los municipios se elegían los concejales, pero el alcalde, sin sueldo, era designado desde el gobierno. La institución superior de las Cortes, con 556 “procuradores” sin sueldo, se componía de representantes de los tres “tercios”; sindicatos, municipios y familias (este, desde 1967), más presidentes de los consejos supremos de Justicia y Economía, rectores de universidad, representantes de las Reales Academias y del CSIC, de colegios de abogados, médicos e ingenieros, arquitectos, agentes de Bolsa, científicos, etc., más personas distinguidas en los ámbitos militar, eclesiástico o administrativo y “los cuarenta de Ayete” designados directamente por Franco. Como puede observarse, se trataba de combinar la elección desde abajo con la presencia de personas a las que, por sus tareas culturales o administrativas, se les atribuía una visión más amplia de los intereses generales. El principio electivo, que podía dar el poder a oligarquías demagógicas, se contrapesaba con lo que podía llamarse una “oligarquía natural” meritocrática, menos dada, se esperaba, a veleidades populacheras.
En teoría, el voto orgánico, al ejercerse en ámbitos conocidos por las personas, por estar integradas en ellos, tenía ventajas sobre el voto inorgánico demoliberal, ejercido por masas anónimas de individuos aislados que eligen a personas y aparatos de poder de los que saben muy poco y a menudo erróneo. Hannah Arendt, en su estudio sobre el totalitarismo, achaca a la democracia liberal la producción de individuos desarraigados a partir de la propia concepción de los Derechos del Hombre, fundados supuestamente en la misma naturaleza humana. Con ellos, el individuo quedaba único dueño de sí mismo y árbitro de su conducta frente a la religión, la historia y la costumbre, contrarias supuestamente a “la naturaleza”. Pero esos derechos serían abstractos y sin garantía real, pues el estado, que debe asegurarlos, tiende también a vulnerarlos. Además, los individuos quedan así atomizados y aislados, manipulables y por ello propensos a seguir a demagogos fuertes y seguros que prometen paraísos totalitarios. Ortega, en La rebelión de las masas, hace una fuerte crítica del mismo tipo de individuo, el “hombre masa” “vaciado de su propia historia”, “falto de un “dentro”, de intimidad y vida personal”, que “tiene solo apetitos, cree que tiene solo derechos y no cree que tiene obligaciones” y víctima probable de cualquier demagogia.
Contra una opinión corriente, la idea de democracia orgánica tiene carácter más bien izquierdista. En España parte de la Institución Libre de Enseñanza, inspirada en el filósofo alemán Karl Krause; uno de sus promotores fue el intelectual socialista Fernando de los Ríos, miembro de la ILE. Teorizador destacado fue también Salvador de Madariaga, que en su obra Anarquía o jerarquía, quiere salvar el liberalismo a costa de la democracia. Según él, el sufragio universal movilizaba a masas ignorantes de la política y en el fondo desinteresadas de ella, lo que las inclinaba a seguir a dictadores. Votaban, además a pequeñas listas de personas seleccionadas secretamente por la “gente parcial e irresponsable” de los partidos: “Todos sabemos a qué descrédito ha llevado este sistema a los Parlamentos” . Por ello proponía limitar el voto a quienes demostrasen interés político, por ejemplo mediante “servicio voluntario a alguna institución pública de enseñanza o de beneficencia”. Sin embargo su voto sería solo municipal. Luego, los concejales elegirían a los diputados regionales, estos al Parlamento y este, en fin, al gobierno, con lo cual se impondría una jerarquía de los mejores o más expertos. Habría además un Consejo Económico Nacional. A su juicio, “El modo de regir un país para su máximo rendimiento en orden, salud física y mental y prosperidad se va haciendo cada vez materia menos opinable y más cognoscible por el estudio y la reflexión”, una idea que recogerá Fernández de la Mora y conducente a alguna forma de tecnocracia. Ya hemos visto también que comunistas y nazis partían de concepciones no alejadas en la forma, aunque sí en el contenido: con ellos la política pasaba a convertirse en ciencia, que eliminaba cualquier oposición o división de opiniones. Aunque conocemos los frutos de tales concepciones, el problema teórico del contraste entre la minoría más o menos sapiente y la masa más o menos ignorante, es real y permanente.
La democracia orgánica tiene sin embargo varias dificultades, porque el poder queda dividido en dos estratos, uno limitado al nivel sindical y municipal, que difícilmente puede tratar los intereses generales de la nación, y otro superior para el conjunto nacional, que en realidad queda autónomo y de casi imposible control para los ciudadanos. Por otra parte no impide conflictos internos a todos los niveles, como observaba el sociólogo J. J. Linz. Este tipo de democracia permitiría en principio una mayor efectividad en cuanto a logros prácticos para la sociedad, evitando las querellas y obstrucciones de partido, pero al mismo tiempo, y por ello mismo, debería restringir, incluso drásticamente, las libertades políticas, a fin de impedir las oposiciones juzgadas perturbadoras. Finalmente la oligarquía o élite más especializada en la política sería la que decidiera qué corporaciones tendrían derecho a representación, sobre todo cuando intentasen crearse algunas nuevas de acuerdo con la evolución espontánea de la sociedad.
La democracia orgánica franquista, pues, aspiraba a armonizar las dos fuerzas: la de la masa mayormente ignorante, excepto de sus intereses más particulares (municipales, familiares o sindicales), pero afectada por el poder y con algo que decir sobre él; y la minoría mucho más experta y con más amplia visión, pero inclinada a la demagogia por la necesidad de ganar los votos de los insipientes. El problema es real y nunca resuelto del todo en ningún sistema.
Definiendo la esencia de la democracia como consentimiento popular, es obvio que el franquismo dispuso de un consentimiento muy mayoritario hasta el final, pero es más dudoso que el mismo brotara a través de la democracia orgánica. Probablemente había tres fuentes de tal consentimiento: el prestigio y la adhesión a Franco (la misma oposición le mostraba un respeto supersticioso, dando por sentado que nunca conseguiría derrocarle ni cambiar nada esencial mientras viviera); la sensación de que el régimen representaba efectivamente la unidad nacional frente a injerencias externas o presiones balcanizantes; y el hecho real de la reconstrucción del país en su primera etapa y el extraordinario desarrollo económico en la segunda. Había un elemento más, negativo: el recuerdo de la república y el Frente Popular, disuasorio para la gran mayoría. Porque los mecanismos prácticos de democracia orgánica nunca despertaron demasiado interés en la población.

Democracia orgánica

01. La democracia efectiva y la justicia integral
Se invoca en las propagandas rojas la democracia, la libertad del pueblo, la fraternidad humana, tachando a la España nacional de enemiga de tales principios. A esta democracia verbalista y formal del Estado liberal, en todas partes fracasada, con sus ficciones de partido, leyes electorales y votaciones, plenos de fórmulas y convencionalismos, que confundiendo los medios con el fin, olvida la verdadera sustancia democrática, nosotros abandonando aquella preocupación doctrinaria, oponemos una democracia efectiva, llevando al pueblo lo que le interesa de verdad: verse y sentirse gobernado, en una aspiración de justicia integral, tanto en orden a los factores morales cuanto a los económicos-sociales; libertad moral al servicio de un credo patriótico y de un ideal eterno y libertad económica sin la cual la libertad política resulta una burla.
(19-IV-1937: Salamanca.- Discurso de Unificación.)
02. Verdadera democracia

El nuevo Estado español será una verdadera democracia en la cual todos los ciudadanos participarán en el Gobierno por medio de su actividad profesional y de su función especifica.
(X1-1937: Declaraciones al "New Service".)
03. Amor a la libertad

Los españoles amamos la libertad como el pueblo que más pueda estimarla; pero una libertad compatible con el orden, con el progreso social de los españoles, el engrandecimiento de la Patria y el destino eterno de nuestra especie.
(20-VI-1945: Radio Nacional de España.)
04. Personalidad humana y democracia orgánica

Para nosotros tiene más importancia lo que acentúa el valor de la personalidad humana, la plena valoración del individuo, que la democracia formalista y gárrula que lo explota. A esa democracia convencional nosotros oponemos una democracia católica y orgánica que dignifica y eleva al hombre, garantizándole sus derechos individuales y colectivos, que no admite su explotación por medio del cacicazgo y de los partidos políticos profesionales, sino que les abre cauce libre a través de las Hermandades, Sindicatos, Corporaciones u organismos provinciales y locales, en los que discurre su vida y en los que tiene pleno conocimiento.
(14-V-1946: Cortes españolas.)
05. La libertad y las esencias de la democracia

Nosotros no negamos la libertad ni las esencias de la democracia; nosotros no rehuimos la intervención del hombre en las tareas del Estado, que tiene entre nosotros más de un milenio de existencia. Nosotros lo que queremos es hacer compatible la libertad con el orden: lo que pretendemos es la seguridad social y la seguridad de España.
(1-X-1946: Burgos.)
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