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viernes, 7 de octubre de 2022

Analiza a fondo los puntos de la Agenda 2030 que son incompatibles con la fe católica

Javier Navascués
7.10.22 

Tomás López Pizcueta (Barcelona, 1965) se licenció en Geografía e Historia (Historia Medieval) por la Universidad de Barcelona y obtuvo el Doctorado en la misma Universidad, en mayo de 1995. Es autor de diversas publicaciones especializadas, así como de Historia de la Empresa y otras materias. Es investigador sobre temas de actualidad, especialmente en todo lo relacionado con la imposición del Nuevo Orden Mundial. Ha impartido diversas conferencias sobre Masonería y sobre la Agenda 2030.

¿Dónde radica la malicia en la Agenda 2030 y qué puntos en concreto son incompatibles con la doctrina y cosmovisión católica?

Para entender la malicia de la Agenda 2030, hay que tener en cuenta que ésta se basa en todos aquellos documentos de la ONU, publicados ya desde mediados de los años 60, así como en las conferencias mundiales de Dacca (1964), donde ya se alentaba a la homosexualidad; de Río de Janeiro (1992), donde se habla de la “nueva ética universal de vida sostenible”; de Bucarest (1974), en la que se habló del control de la natalidad y de impulsar el aborto; la Carta de la Tierra (1993); la Conferencia de El Cairo (1994), donde se promulgan los derechos sexuales y reproductivos -es decir, el aborto- así como la igualdad de género; y también, no menos perniciosa que las anteriores, la Conferencia de Pekín, (1995), en donde se insiste en la promoción de la ideología de género.

Se concluye, pues, que sus postulados no son nada nuevos y que es el culmen de un trabajo de años, llevado a cabo por parte de las élites mundialistas, que quiere ser -y de hecho es- la hoja de ruta para la instauración del Nuevo Orden Mundial.

Muchos son los puntos maliciosos de esta Agenda. Por sintetizar, podríamos resumirlos en los siguientes:

Es un planteamiento que reduce al hombre a un ser vivo más de la Creación, esto es, le despoja de toda dignidad, al incidir en el cuidado de la Tierra como ente dotado de vida, que todos los males y desastres que sufre son producidos por el hombre. Gorbachov así lo dijo: “Se necesita hacer la transición de la idea del hombre como rey de la naturaleza a la convicción que el hombre forma parte de ella”. (Entrevista a Mijaíl Gorbachov en “Los Ángeles Times”, 8 de mayo 1997).

Tiene, un planteamiento Malthusiano o Neomalthusiano, al promover toda práctica que lleve al control de la natalidad y a la reducción de la población. Dado que el hombre es el causante de todos los males que padece la Tierra, debemos exterminarlo o cuando menos, controlar su población y no permitir un crecimiento descontrolado.

Esto nos lleva al otro punto: de este modo, con la imposición de políticas antinatalistas, según ellos, se reduce la “huella de carbono”, que deja el hombre sobre la tierra.

Para llevar a cabo dicho control poblacional, se acude al aborto, a la eutanasia, a la eugenesia y a la ideología de género. Así lo dejó escrito Don Juan Claudio Sanahuja: “A través del cambio en los estilos de vida de las personas esta nueva ética dará la solución -dicen- al problema del crecimiento demográfico y el consumo de recursos naturales de la tierra, por ejemplo, teniendo en cuenta que determinar el tamaño de la familia es un asunto de interés mundial, “para poder adoptar esta ética de vida sostenible, los individuos deben reconsiderar sus valores y modificar sus comportamientos. La Sociedad debe promover los valores que estén en consonancia con la ética de vida sostenible, y desalentar aquellos que sean incompatibles con ella”. Luego, la maternidad y la paternidad dejan, de este modo, de ser decisiones personales para convertirse en un tema político. (Fuente: Juan Claudio Sanahuja, Poder global y religión universal).

De paso, promoviendo estas prácticas, se ataca a la familia, célula de la sociedad y, de este modo, se allana el camino para conseguir un cambio de mentalidad y de modos de vida. Así lo decía Gorbachov en la misma entrevista antes aludida: “Necesitamos encontrar un nuevo paradigma que reemplace los vagos conceptos antropológicos. Esos nuevos conceptos se deberán aplicar a todo el sistema de ideas, a la moral y a la ética, y constituirán un nuevo modo de vida” (Entrevista a Mijaíl Gorbachov en “Los Ángeles Times”, 8 de mayo 1997)

Otro punto controversial y directamente contrario con la Religión Católica reside en el hecho de que la Agenda 2030 quiere sustituir los valores Cristianos por una nueva ética universal, basada en valores ecológicos, entendiendo que de este modo, se llega a un punto en el que todo el mundo está de acuerdo: el cuidado de la Naturaleza. Esta nueva religión, está en directa oposición con la religión cristiana y, más concretamente, con la Católica, puesto que ese mandato de Dios en el Génesis, que ordenaba al hombre a someter la tierra y sojuzgarla y dominar las aves del cielo y los peces del mar, para muchos es lo que se llama “visión abrahámica”, por ello, entre todos los hombres, aquellos que más daño infligen a la Tierra son los descendientes de la tradición Judeocristiana.

También, y esto es algo más difícil de ver, es el hecho de que la Agenda 2030 no sólo despoja al hombre de su dignidad, sino que lo equipara con cualquier criatura, dejando de ser -siguiendo con la cita de Gorbachov- el rey de la Naturaleza y ser considerado una parte de ella.

Finalmente, es una iniciativa que podríamos decir que va “contra natura”. Aquí, pocos argumentos es necesario dar. En la entrevista que ya hemos citado a Mijaíl Gorbachov, éste decía cómo tratarán de realizar ese cambio de valores: “El mecanismo que usaremos, será el reemplazo de los Diez Mandamientos, por los principios contenidos en esta Carta o Constitución de la Tierra”.(Entrevista a Mijaíl Gorbachov en “Los Ángeles Times”, 8 de mayo 1997)

Sin embargo estos puntos no todo el mundo los ve claro o se atreve a denunciarlos…

Así es. Personalmente lo atribuyo a diversas causas o situaciones. La primera sería por desconocimiento de su misma existencia. No quiero ni pensar la cantidad de personas que no saben qué es ese pin de colores que llevan en la solapa muchos de nuestros políticos.

Luego están los que saben de su existencia, pero piensan que sus postulados no son perniciosos, puesto que nos hablan de reducir el hambre en el mundo, de cuidar la Naturaleza, de procurar trabajo digno, de que no falte el agua, etc. Son los que se quedan en un análisis muy superficial, y que, por desgana o desinterés, o lo que es peor, por aceptación de sus postulados, no quieren profundizar sobre el particular.

Los hay también, en tercer lugar, que sabiendo de su existencia y de que la Agenda 2030 tiene cosas incompatibles con la Fe Católica, piensan que tiene cosas “salvables”. Muchos de estos son cristianos que quieren acomodarse al mundo y, en lugar de tratar de transformar el mundo y sus nobles realidades humanas, piensan que bailando a su son, conseguirán mayores logros. Son los mismos que ponen en paralelo las obras de misericordia con los postulados de la Agenda 2030 para, de este modo, demostrar que el mensaje de Cristo es actual. ¡¡Menuda aberración!! No necesito que venga la ONU a decirme que el mensaje de Cristo es actual. Su mensaje siempre es, ha sido y será actual y permanente y los ODS no añaden nada, absolutamente nada, a las obras de misericordia.

Como ha dicho el gran secreto del engaño es que tiene puntos positivos (al menos en teoría) como erradicar la pobreza, mejorar la salud y la calidad de vida, contra la contaminación…

Este es su “secreto” o, mejor dicho, su trampa. Los puntos a los que usted alude son únicamente el envoltorio de sus perniciosos postulados. Es el banderín de enganche o el cebo, con el que se pretende que sea aceptada por todo tipo de personas, de cualquier ideología, credo o posición política.

Sin embargo, y hago referencia a la respuesta de la pregunta anterior, en estas “trampas” es donde se queda mucha gente -incluso gente buena y practicante devota de la Fe Católica-, que no ven malicia en los postulados de esta Agenda. Son aquellos que, aun viendo la maldad de este planteamiento, tratan de salvar lo “bueno”. Pero eso que llamamos “bueno” no es más que el envoltorio de celofán.

Esta táctica es vieja como el hombre. Es la argucia de Satanás que nos pinta de colores bonitos aquello que es malo y que nos aleja de Dios. Por ello, me da mucha pena que haya personas fervientemente católicas -y pienso ahora en personas concretas- e incluso instituciones con un claro e indiscutible ideario católico, que no se den cuenta de la maldad intrínseca que conlleva esta Agenda.

Hay que tener bien claro que la Agenda 2030 no es lo que nosotros nos gustaría que fuera, si no que es lo que es: una herramienta más de las élites mundialistas que, confabuladas con el Mal, tratan de destruir todos aquellos valores de raigambre católica que han hecho de nuestra sociedad algo que, durante 1000 años se llamó Cristiandad. Por ello, un católico que se tenga por tal, no puede aceptar los postulados de esta Agenda tal como están planteados, dado que son abierta y frontalmente anticristianos y antinaturales.

Así pues, podemos afirmar que cuando se habla del fin de la pobreza, se quiere decir, reducción de la población. Que cuando se habla de “hambre cero”, se refiere al monopolio de los alimentos. Que cuando se habla de agua limpia y saneamiento, no es más que hablar del negocio del agua. O que, cuando se habla de “reducción de las desigualdades”, no se apunta a otra cosa que a la existencia de leyes únicas para todos los países y, por supuesto, no basadas en el orden natural, sino en el consenso. Y así podríamos seguir, punto por punto, para tratar de desenmascarar esta herramienta del Enemigo.

¿Hay relación directa entre la Agenda 2030 y el Nuevo Orden Mundial?

Existe una clara e indiscutible relación entre esta Agenda y el Nuevo Orden Mundial. Basta con echar un vistazo a todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, para darse cuenta de que los postulados de dicha Agenda están presentes en todos los ámbitos de nuestra vida, llegando a contaminar -como ya ha quedado apuntado- instituciones católicas de gran prestigio en la sociedad, por haber sido -y esperemos que sigan siendo durante muchos años- diques de contención a tan perniciosas ideologías.

La Agenda 2030 es, además, la correa de transmisión de dicho NOM. Hay que darse cuenta de quién la promueve y lo que ellos mismos han dicho de ella. En el fondo, todos aquellos dirigentes políticos que no están alineados con los “mandamientos” de la ONU o que, cuando menos, no se caracterizan por ser globalistas, son denostados, arrinconados, silenciados, ridiculizados e incluso multados y juzgados.

La Agenda 2030 está promovida por las élites mundialistas (ONU, Foro de Davos, UE, etc.) y es un instrumento práctico y fácilmente entendible para todos, que trata de implantar en el mundo entero el Nuevo Orden Mundial. Dicho Nuevo Orden Mundial está diametralmente enfrentado con los postulados cristianos y, más concretamente con los católicos, de allí que la oposición a la Agenda 2030 no puede entenderse como una oposición “política”, sino como un combate espiritual que muchos tratamos de librar contra sus autores y postuladores que no son más que esbirros del Enemigo del hombre.

Démonos cuenta que muchos de sus postulados son antinaturales, es decir, no basados en el iusnaturalismo -en la Ley Natural- sino en un consenso. Este consenso, además, le llaman sostenible, lo cual no deja de ser una contradicción, dado que algo basado en un consenso no es perdurable en el tiempo, dado que en el momento en que falle el consenso, dejará de ser lo que era. Por tanto, las leyes humanas, los planteamientos políticos y de acción, deben basarse siempre en la Ley Natural -que, insisto, no es propiedad exclusiva del católico- ya que ésta es resumen y compendio de los principios insertos en la naturaleza de las cosas, y que son inmutables.

Finalmente, y dado que la Agenda 2030 está promovida por esas élites mundialistas que, a su vez, están empachadas de relativismo moral y positivismo jurídico, principios promovidos desde hace algo más de 300 años por la masonería, ésta busca lo que los masones han venido a llamar “lo común a todas las religiones”. Para ellos, aquello que todo el mundo aceptará sin rechistar es todo lo que hace referencia al cuidado del medio ambiente. Por tanto, la ecología pasa a ser una ideología (ecologismo), y de allí a una religión, que pretende vestirse con la sacralidad con la que ha despojado al Catolicismo. De este modo, esta “nueva religión”, no busca el bien moral del hombre (recordemos que según Gorbachov, el hombre debía ser despojado de su realeza para pasar a ser uno más entre los seres creados), sino el bien de la Tierra, llegando de este modo a su último escalón: el ecologismo panteísta que afirma, con Leonardo Bof, que la Tierra no tiene vida, sino que es vida y da vida.

¿Por qué la mayoría de los dirigentes y de personas se alinea con esta agenda?

Es de suponer que serán muchos los motivos por los que la Agenda 2030 está recibiendo tan buena acogida por los políticos mundiales. Muchos lo harán por convencimiento propio, otros por no tener claros los principios y dejarse llevar por la mayoría para no desentonar en su ambiente y seguir en el cargo. Sin embargo, considero que la inmensa mayoría lo hace por motivos puramente económicos, puesto que no acogerse a los elitistas planes mundialistas, puede provocar la defenestración política, la pérdida de una brillante carrera pública o, lo que es peor, la desestabilización del país, como ha ocurrido en Chile, por poner un ejemplo, que dicha desestabilización no ha cesado hasta conseguir una ruta y un comportamiento acorde con el Nuevo Orden Mundial.

Pensemos también que la gran mentira del cambio climático provoca toda suerte de beneficios económicos: ayudas gubernamentales, proyectos financiados por entes públicos y, por ende, con dinero público, etc. Decía Paul Watson, cofundador de Greenpeace: “No importa lo que es verdad. Sólo cuenta lo que la gente cree que es la verdad”. Y Timothy Wirth, Ex Subsecretario de Estado de EEUU durante la presidencia de Clinton y presidente de la UN Foundation, afirmaba: “Tenemos que conducir este asunto del calentamiento global. Aún si la teoría del calentamiento global está equivocada, estaremos haciendo lo correcto en términos de Política económica y ambiental”.

Además, la Agenda 2030 quiere ser, como afirma Pablo Muñoz Iturrieta: “Plan globalista que, suplantando la soberanía de las naciones, se erige como principio y guía de toda decisión, que tiene como fin fundamental la imposición del aborto, el control poblacional, la ideología de género como nuevo paradigma para entender al ser humano y que pone a la ecología –y no a la persona humana- como centro de toda decisión política” (Fuente: Entrevista a Pablo Muñoz Iturrieta, por parte del Padre Javier Olivera Ravasi, 12 de septiembre de 2021. Canal de youtube: “Que no te la cuenten –QNTLC”)

¿En qué medida la resistencia que haya puede retrasar el proceso o impedir que se lleve a cabo?

Si cada uno de nosotros hiciéramos lo que debemos hacer para defender nuestra Fe y no estuviéramos contemporizando con lo que no se puede contemporizar, algo hubiéramos conseguido ya. Es cierto lo que dice el Evangelio: “Los hijos de las tinieblas son más audaces que los hijos de la Luz”; sin embargo, si después de 2000 años de Cristianismo estamos como estamos, ¿no será hora de hacer un poco de examen personal y ver no tanto lo que hemos hecho mal como lo que no hemos hecho?”. La masonería en 300 años ha destruido gran parte del Edificio que a nosotros nos ha costado construir 2000 años.

En cualquier caso, siempre hay un espacio para la Esperanza. Y los cristianos, además de nuestra acción -cada uno donde pueda-, tenemos un arma que los demás no tienen: la oración y, más concretamente, el rezo del Santo Rosario. Puede parecer algo peregrina esta respuesta, pero tengo el convencimiento que la oración del Rosario es la que más agrada al Cielo y la que mayor fuerza tiene, después -obviamente- de la Santa Misa.

¿Es consciente de que denunciar estos temas le puede ocasionar problemas en el futuro o ya en el presente?

Si quiere que le sea sincero, me trae absolutamente sin cuidado lo que puedan pensar aquellos que me conocen. Mi batalla contra esta satánica Agenda es un deber de conciencia y por honestidad cristiana, personal y profesional y en defensa de mi Fe, considero una obligación el tratar de combatirla. No hacer nada al respecto, haría que no tuviera la conciencia tranquila.

Es peor el silencio y la inacción de los buenos, que la impiedad y los ataques de sus enemigos, puesto que lo más fácil para derruir una ciudadela es atacarla desde dentro o no saberla defender.

A los primeros cristianos les acarreó muchos problemas no ceder en lo que no se podía ceder. Hay muchos cristianos de hoy que no han entendido lo que realmente significa “estar en medio del mundo”. Consideran que es como un aggiornamento, y nada más lejos de la realidad. Hay que ceder en lo que se puede ceder, pero en lo que es un ataque frontal y directo contra nuestra Fe, no se puede contemporizar. Al final, lo que está en juego es la salvación de mi alma, por ello, para mí, no es una opción callar. Y como decía el hidalgo Don Quijote: “¿Ladran, Sancho? Luego cabalgamos.

Además, lo peor que podemos es caer en el buenismo, tratando de que no se despierte o no hacer enfadar a nuestros adversarios. Como dice San Pablo: “Veritatis, facientes in caritate”. La Verdad hay que defenderla con Caridad, y añado yo, pero lo primero es defenderla.

¿Qué libros recomendaría para informarse mejor sobre lo que es realmente la Agenda 2030?

Básicamente dos y del mismo autor, D. Juan Claudio Sanahuja: El Desarrollo Sustentable, Buenos Aires, 2003 y Poder Global y Religión Universal, Buenos Aires, 2016.

Además, conviene leer los documentos de la ONU y de las Conferencias mundiales y, sobre todo, la encíclica de León XIII, Humanum Genus, de condena a la masonería. Con su lectura, se entienden ahora muchas situaciones de nuestro tiempo.

Por Javier Navascués


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