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martes, 11 de mayo de 2021

**CISMA-Bendición de GAYS: Mirad bien las FOTOS del DESAFIO alemán

Mirad bien las fotos del desafío alemán
Por Carlos Esteban
10 mayo, 2021

Sé que es grave, pero eso ya lo hemos repetido a menudo en estas páginas. Es grave, lo sé, lo sé, pero… Pero he visto las fotos, los vídeos. Y ha sido como si se me encendiera una lucecita en la cabeza, iluminando algo que sé de sobra pero que, debido a la gravedad del desafío, no tenía inmediatamente en cuenta.

Los bancos de las iglesias en las que se ha perpetrado este ‘show’. Están casi vacíos, son un puñadito exiguo, estos ‘rebeldes’. Sí, cada uno tiene un alma inmortal y por cada uno ha padecido y muerto Cristo. Pero, como suceso histórico, pierde mucho en directo, disminuye y se empequeñece cuando se ve y se suma.

Y, luego, las edades. Es una Iglesia que no puede tener continuidad. Canas y arrugas, la juventud del postconcilio y la última fase de la postguerra, como tantos pastores entusiastas de una ‘apertura al mundo’ que ya fue, y salió mal.

Salió mal de la única manera que pueden medirse estas cosas; salió mal en el sentido de que la Iglesia no convirtió al mundo, sino que el mundo contaminó a la Iglesia. Fueron legión los que desertaron, los que siguen haciéndolo, muy especialmente en esa Iglesia alemana que abandera una ‘modernidad’ de hace medio siglo, una ‘vanguardia’ acomodada y añosa.

No hay jóvenes; no hay apenas jóvenes. 
Los jóvenes no están en esos bancos. 
No están donde los quiere el jesuita Jimmy Martin, 
no están en las arengas de Leonardo Boff 
ni están inspirándose en la obra del difunto Hans Küng.

Apenas hay jóvenes en esas ‘performances’. No porque los jóvenes alemanes no aplaudan entusiastas el matrimonio homosexual, como lo hacen con la teoría de género u otras mil cosas incompatibles con nuestra fe. Pero lo hacen desde fuera. Es, por otro lado, más honesto. Y más coherente y eficaz: si, al final, era el siglo el que tenía razón y la Iglesia la que se equivocaba, ¿qué sentido tiene seguir en ella? Aunque ahora ‘rectifique’, ¿no tiene más sentido estar entre los que le enseñaron “la verdad”, los que la tenían antes? ¿Por qué habrían de permanecer en el banco junto a un sesentayochista mustio de coleta cana, al lado de una vieja de los gatos que da palmas al ritmo de una versión dulzona de una canción de los Beatles?

Porque Cristo está en la Iglesia, y fuera de la Iglesia no hay salvación. Esa es, claro, una razón determinante, pero de ella se sigue que para ser la Iglesia, y no una iglesia, tiene que resistirse al mundo y oponerse al mundo y recordar verdades que no pasan con los años ni con los siglos, repitiendo un mensaje eterno que no pasará cuando hayan pasado este cielo y esta tierra.

Miradlos: son el último suspiro, no “el último grito”. Se nos pide que no tengamos miedo “al cambio”, aunque nuestra fe -ni en la Tradición ni en el Evangelio- no ha concedido jamás valor intrínseco alguno a otro cambio que el de nuestra alma hacia Cristo, la conversión del corazón. Nos piden, repito, que no tengamos miedo al cambio; pero estos ‘renovadores’ que he visto en las imágenes de esta mascarada llevan sin apenas cambios desde finales de los sesenta del pasado siglo. Y su tiempo está pasando muy deprisa.